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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-06-2015

El loco mandato de la superpotencia nica
El pensamiento ilusorio de Washington

Michael T. Klare
TomDispatch

Traducido del ingls para Rebelin por Carlos Riba Garca


Una superpotencia angustiada

Introduccin de Tom Engelhardt

Tomadlo como la actualizacin de una pequea locura imperial... he aqu el trasfondo de la historia. En los aos que siguieron a la invasin de Iraq y la disolucin de las fuerzas armadas de Saddam Hussein, Estados Unidos invirti alrededor de 25.000 millones de dlares en la puesta en pie de un nuevo ejrcito iraqu. Sin embargo, para junio de 2014, ese ejercito, compuesto de por lo menos 50.000 soldados fantasma solo exista en la imaginacin de sus generales y quizs en Washington. Cuando los relativamente pocos militantes del Estado Islmico (EI) asolaron el norte de Iraq, esa fuerza se derrumb, abandon cuatro ciudades entre ellas, Mosul, la segunda ciudad del pas y dej detrs de s una enorme cantidad de armas y equipos desde tanques y vehculos Humvee hasta artillera y rifles estadounidenses. Esencialmente, Estados Unidos estuvo entonces poniendo en pie a su futuro enemigo en una forma a la que no estaba acostumbrado; al contrario de la colapsada fuerza militar iraqu, las unidades del EI se mostraron muy capaces de utilizar ese armamento sin que mediara instructor ni asesor extranjero alguno.

La respuesta de la administracin Obama fue enviar a miles de nuevos asesores e instructores y comenzar a despachar por va martima montaas de nuevo armamento para volver a equipar al ejrcito iraqu. Tambin llen el cielo iraqu de aviones estadounidenses con sus armas cargadas para destruir, entre otras cosas, el armamento de origen estadounidense capturado por el EI. Despus se dedic a poner en pie una nueva versin ms reducida de ejrcito iraqu. Ahora, dmos un salto adelante de casi un ao y veremos que en una escala algo menor el proceso se ha dado una vez ms. Hace menos de dos semanas, los combatientes del Estado Islmico tomaron Ramadi, la capital de la provincia de Anbar. Las unidades del ejrcito iraqu, entre ellas la Divisin Dorada, entrenada por EEUU, fueron desarticuladas y huyeron, dejando detrs de s sin duda, la noticia impacta otro importante alijo de armamento y equipo, entre los cuales, tanques, ms de 100 vehculos Humvee y otros, artillera y dems.

La administracin Obama reaccion de una manera absolutamente novedosa: empez inmediatamente a embarcar nuevos envos de armas y equipos, comenzando por 1.000 proyectiles antitanque para que el reconstituido ejrcito iraqu pudiera hacer frente a vehculos bomba suicidas (algunos de los cuales, supuestamente, sern aquellos vehculos capturados en Ramadi). Mientras tanto, los aviones estadounidenses vuelven a volar sobre esa ciudad iraqu tratando de destruir lo que puedan del equipo capturado por los militantes del EI.

Se nota algo repetitivo en todo esto, aparte de la bonanza de la industria armamentstica de Estados Unidos? Lgicamente, para la administracin Obama sera ms barato armar directamente al Estado Islmico antes de atacarles por aire. En cualquier caso, qu microcosmos de desmedido orgullo imperial y locura ha demostrado ser toda esa poltica de entrenar y equipar un ejrcito iraqu del siglo XXI! Empezando con la decisin tomada por la administracin Bush, tras su invasin, de licenciar totalmente el ejrcito de Saddam y dejar en la calle a cientos de miles de sunnes tanto a soldados como a toda la oficialidad en medio de la catica realidad del nuevo Iraq; he aqu la mejor frmula para la creacin de un movimiento de resistencia sunn. Y despus est Camp Bucca, la prisin militar iraqu convertida por los militares estadounidenses en un pequeo campo de adiestramiento extra para desempleados oficiales clave... Voil, he aqu el caldo de cultivo ms apropiado para el crecimiento del liderazgo del Estado Islmico.

Multiplicad esta sorprendente astucia tctica varias veces en todo el mundo y, tal como nos lo dice claramente hoy Michael Klare, colaborador regular de TomDispatch, y tendris lo que podra llamarse la locura del gran mandato de la superpotencia nica.

* * *

La desesperada situacin de una superpotencia en decadencia

Si se echa una mirada a todo el mundo es muy difcil no llegar a la conclusin de que Estados Unidos es una superpotencia declinante. Ya sea en Europa, Asia u Oriente Medio, unos cuantos aspirantes a potencia estn haciendo ejercicios de calentamiento, ignorando los dictados de Washington o combatindolos activamente. Rusia se niega a reducir su apoyo a los separatistas armados en Ucrania; China se niega a abandonar su empeo de construccin de bases en el mar de la China meridional; Arabia Saud se niega a aprobar el tratado nuclear de gestin estadounidense con Irn; el Estado Islmico se niega a rendirse ante el poder areo de EEUU. Qu se supone que una superpotencia en decadencia debe hacer ante semejante desafo?

No se trata de un asunto menor. Desde hace unas cuantas dcadas, el hecho de ser una superpotencia ha sido el rasgo definitorio de la identidad estadounidense. El hacerse con la supremaca mundial empez despus de la Segunda Guerra Mundial, cuando Estados Unidos asumi la responsabilidad de resistir al expansionismo de la Unin Sovitica en todo el mundo, cuando asumi la responsabilidad exclusiva de combatir el nuevo despliegue total de tratados internacionales. Tal como exclam el general Colin Powell, hacindose famoso, en los ltimos das de la era sovitica: Tuvimos que poner una placa en nuestra puerta que deca La superpotencia vive aqu, sin que nos importara qu hacan los rusos. Aunque evacuaran la Europa del Este.

Washington ante el lmite de los recursos del Imperio

Estratgicamente, en los aos de la Guerra Fra, los gestores del poder en Washington asumieron que siempre habra dos superpotencias enfrentadas continuamente por la supremaca mundial. En la estela de la absolutamente inesperada cada de la Unin Sovitica, los estrategas estadounidenses empezaron a imaginar un mundo de apenas una potencia, de una superpotencia nica (alias la Roma del Potomac). En lnea con esto, la administracin de George H.W. Bush muy pronto adopt un plan de largo plazo destinado a proteger indefinidamente ese estatus. Conocido como el Plan de Gua de Defensa para los Aos Fiscales 1994-1999, declaraba: Nuestro primer objetivo es prevenir el resurgimiento de un nuevo rival, sea en el territorio de la antigua Unin Sovitica o en cualquier otro sitio, que suponga una amenaza similar a la planteada antiguamente por la Unin Sovitica.

El hijo de H.W., a la sazn gobernador de Texas, en la campaa presidencial de 1999 articul una visin parecida de una globalidad que abarcaba la Pax Americana. Si era elegido, les dijo a los cadetes en la Ciudadela de Charleston, su principal objetivo sera aprovechar la tremenda oportunidad concedida a pocas naciones en la historia de prolongar la paz actual hacia el lejano futuro. Una posibilidad de proyectar la influencia de un Estados Unidos pacfico no solo en el mundo sino tambin hacia el futuro.

Para Bush, por supuesto, extender la paz significara la invasin de Iraq y el inicio de una devastadora conflagracin regional que no hizo otra cosa que crecer y propagarse hasta nuestros das. Incluso despus de iniciada [la guerra de Iraq], Bush no dud tampoco lo hace hoy, a pesar de su reputada sabidura retrospectiva que este era el precio que EEUU deba pagar para retener su cacareado estatus de nica superpotencia mundial.

El problema, tal como reconocen los observadores ms aceptados, es que una estrategia como esta, que apunta a perpetuar la supremaca de Estados Unidos en el mundo a cualquier costo, siempre ha acabado encontrando lo que Paul Kennedy, historiador de Yale, escribi en su libro Auge y cada de las grandes potencias: el lmite de los recursos imperiales. Kennedy, con total clarividencia, lo escribi en su estudio de 1987: se llegara a esa situacin cuando la suma total de los intereses y obligaciones globales de Estados Unidos sea mucho mayor que la capacidad del pas de defenderlos todos a la vez.

Ciertamente, hoy Washington se encuentra exactamente encerrado en ese dilema. Sin embargo, lo extrao de todo esto es la rapidez con que este pas alcanz ese lmite, un pas que hace escasamente 10 aos era saludado como la primera hiperpotencia del planeta, un estatus todava ms exaltado que el de superpotencia. No obstante, fue despus del error de clculo en Iraq de George W. y de otros pasos en falso que dejaron a EEUU frente a un Oriente Medio arrasado por la guerra con un poder militar consumido y un tesoro agotado. Al mismo tiempo, potencias mayores y regionales como China, India, Rusia, Arabia Saud y Turqua han ido construyendo su propio poder econmico y militar y, conscientes de la debilidad que acompaa a la limitacin imperial de los recursos, estn empezando a desafiar la preponderancia de Estados Unidos en muchas regiones del planeta. La administracin Obama ha estado intentando, de una manera u otra, responder en todas esas regiones entre ellas Ucrania, Siria, Iraq, Yemen y el mar de la China meridional pero sin capacidad para prevalecer en ninguna de ellas.

Sin embargo, a pesar de unos cuantos reveses, nadie de la elite del poder en Washington los senadores Rand Paul y Bernie Sanders son la excepcin que prueba la regla tiene la menor urgencia por abandonar el papel de nica superpotencia, o al menos retrotraerse de l significativamente. El presidente Obama, que claramente es del todo consciente de las limitaciones estratgicas de su pas, se ha hecho tpico por su escasa voluntad de retirarse de esa visin supremacista. Estados Unidos es una nacin indispensable y continuar sindolo, les dijo en mayo de 2014 a los cadetes de West Point en la ceremonia de su graduacin. Esto ha sido as en los ltimos 100 aos y lo ser en los prximos 100 aos.

Entonces, cmo conciliar la realidad de de una superpotencia demasiado exigida y en declive con un inflexible compromiso de supremaca global?

La primera aproximacin de Washington a este acertijo podra ser visto como un nmero circense de equilibrismo en la cuerda floja. Esto implica realizar constantes juegos malabares con las capacidades y compromisos, y con los limitados recursos (sobre todo de ndole militar) trasladados rpidamente con resultados relativamente infructuosos de un sitio a otro en respuesta a crisis diversas, mientras se intenta evitar ms y mayores enredos. Esta ha sido en la prctica la estrategia seguida por la administracin actual. Llamadla la Doctrina Obama.

Despus de llegar a la conclusin, por ejemplo, de que China ha aprovechado el hecho de que Estados Unidos estuviese enredado en Iraq y Afganistn para avanzar en funcin de sus propios intereses estratgicos en el Sureste Asitico, Obama y sus principales asesores decidieron reducir la presencia estadounidense y liberar recursos para robustecer su posicin en el Pacfico occidental. Cuando en 2011 el presidente anunci este giro primero se llamara pivotar hacia Asia y despus reequilibrar en esa regin fue muy explcito sobre el malabarismo que estaba haciendo.

Despus de una dcada en la que combatimos dos guerras que nos han costado muy caras, tanto en vidas como en riqueza, Estados Unidos est girando su atencin al enorme potencial de la regin Asia-Pacfico, les dijo a los parlamentarios australianos ese noviembre. Mientras terminamos nuestras guerras de hoy, he encargado a mi equipo de seguridad nacional que haga de nuestra presencia y misin en la zona Asia-Pacfico la ms alta prioridad. Como resultado de ello, los recortes en los gasto de defensa de EEUU no alcanzarn repito, no alcanzarn a la regin Asia-Pacfico.

Despus, por supuesto, el EI lanz su ofensiva iraqu en junio de 2014 y el ejrcito de Iraq entrenado por EEUU se derrumb perdiendo cuatro ciudades norteas. Luego llegaron los vdeos de decapitaciones de rehenes estadounidenses junto con la amenaza inminente al gobierno de Bagdad respaldado por Estados Unidos. Otra vez, el presidente Obama se encontr pivotando, ahora enviando de regreso a miles de asesores estadounidenses a ese pas y poniendo el poder areo de EEUU en el aire para dejar el terreno preparado para otro importante conflicto en la zona.

Mientras tanto, los republicanos crticos del presidente, quienes sostienen que l est haciendo demasiado poco en su accin perdedora en Iraq (y Siria), la han emprendido contra l por no hacer lo suficiente para implementar el giro hacia Asia. En realidad, mientras sus malabarismos siguen tanto en Iraq como en el Pacfico sin contentar a nadie, Obama se las ve muy difcil para encontrar los medios para confrontar eficazmente con Vladimir Putin en Ucrania, con Bashar al-Assad en Siria, con los houtes en Yemen, con las diferentes milicias que se disputan el poder en una fragmentada Libia, etctera, etctera.

El partido de la negacin absoluta

Est claro que frente a la multiplicacin de las amenazas los juegos malabares nunca han sido una estrategia conducente. Ms temprano que tarde, las bolas caern y todo el sistema se har pedazos. Pero con todo lo arriesgado que el malabarismo pueda llegar a ser, nunca ser tan peligroso como la otra respuesta de una superpotencia declinante: la negacin absoluta.

Para quienes acuerdan con esta visin de las cosas, no se trata de la erosin de la talla global de Estados Unidos, sino de su disposicin, es decir, de su falta de disposicin para dialogar y actuar con firmeza. En Washington era cuestin de, sencillamente, hablar con voz ms alta, como si esto bastara, y de blandir garrotes ms grandes: todos lo desafos se derretiran como un terrn de azcar en el caf. Por supuesto, un enfoque como este solo puede funcionar si se est preparado para respaldar con una fuerza real las bravatas que se formules; es decir, con un poder duro, como a algunos les gusta llamarlo.

Entre los ms explcitos de quienes venden esta lnea de accin est el senador John McCain, presidente de la Comisin de las Fuerzas Armadas del Senado y tenaz crtico del presidente Obama. Durante cinco aos, a los estadounidenses se les ha dicho que la marea de la guerra se est retirando, que podemos dar un paso atrs del mundo a un bajo costo para nuestros intereses y valores, escribi en marzo de 2014 en un artculo de opinin en el New York Times. Esto ha alimentado una percepcin de debilidad de Estados Unidos, y para gente como el seor Putin, la debilidad es provocativa. La nica manera de prevenir comportamientos agresivos por parte de Rusia y otros adversarios, declar McCain, es restaurar la credibilidad de Estados Unidos como lder mundial. Esto significa, entre otras cosas, armar a los ucranianos y a los sirios contarios a al-ssad, reforzar la presencia de la OTAN en el este de Europa, combatir el importante desafo estratgico que supone Irn y desempeando un papel ms vigoroso (vale decir, ms botas en ms sitios) en la guerra contra el Estado Islmico.

Por supuesto, esto significa la voluntad del uso del poder militar. Cuando gobernantes agresivos o fanticos violentos amenazan nuestros ideales, nuestros intereses, a nuestros aliados y a nosotros mismos, declar el senador McCain el pasado noviembre, lo que en ltima instancia marca la diferencia... es la capacidad, la credibilidad y el alcance del poder duro de Estados Unidos.

Una aproximacin parecida en algunos casos todava ms belicosa ha sido articulada por el grupo de candidatos republicanos que ya estn en carrera hacia la presidencia; una vez ms, excepto Rand Paul. En una reciente Cumbre por la Libertad en la temprana eleccin primaria del estado de Carolina del Sur, los contendientes hicieron todo lo posible por rivalizar para ver quin era el ms duro. El senador por Florida, Marc Rubio, fue vivado estentreamente por haber prometido hacer de EEUU el poder militar ms fuerte del planeta. El gobernador de Wisconsin, Scott Walter, recibi una notable ovacin por su pedido de escalar ms an en la guerra contra el terrorismo internacional: Yo quiero un lder que est dispuesto a combatir a los terroristas antes de que ellos se dispongan a luchar contra nosotros.

Ciertamente, en este recalentado entorno, la campaa presidencial de 2016 est dominada por los llamamientos al incremento del gasto militar, una postura ms firme frente a Mosc y Pekn y una presencia militar an mayor en Oriente Medio. Sea cual sea el punto de vista personal de Hillary Clinton, presumiblemente la candidata demcrata, se ver obligada a demostrar su fibra blica adhiriendo a posiciones similares. Para decirlo con otras palabras: sea quien sea el prximo inquilino del Despacho Oval en enero de 2017, de esa persona se espera que empue un garrote bastante ms grande en un mundo considerablemente menos estable. Como resultado de ello, a pesar de la ltima dcada y media de desastrosas injerencias militares, es probable que veamos una poltica exterior todava ms intervencionista con un impulso an mayor por el empleo de la fuerza.

Ms all de lo gratificante que en principio pueda ser esta retrica para John McCain y su creciente squito de halcones en el Congreso, sin duda en la prctica ha demostrado ser un desastre. Quienquiera que piense que hoy se puede hacer que el reloj gire al revs y el tiempo retroceda hasta 2002, cuando el podero de Estados Unidos estaba en el cenit y la invasin de Iraq todava no haba agotado la riqueza y el vigor estadounidenses, no cabe la menor duda de que debe estar afectado de pensamiento delirante. China es mucho ms poderosa de lo que era hace 13 aos, Rusia se ha recuperado ampliamente de su cada tras la Guerra Fra, Irn ha reemplazado a Estados Unidos en su papel de actor extranjero dominante en Iraq, y otras potencias han conseguido una libertad de accin significativamente mayor en un mundo inseguro. En estas circunstancias, una poltica agresiva de Washington consistente en mostrar msculo es probable que acabe en calamidad o en humillacin.

Es tiempo de dejar de aparentar

Regresemos entonces a la pregunta con la que empezamos: Qu se supone que una superpotencia en decadencia debe hacer ante semejante desafo?

En cualquier lugar salvo en Washington, la respuesta obvia sera parar de fingir ser lo que no se es. El primer paso de cualquier programa para la recuperacin del agotamiento imperial implicara aceptar el hecho de que el poder de Estados Unidos es limitado y gobernar el mundo una fantasa imposible. Tambin debera aceptar esta evidente realidad: EEUU, le guste o no, comparte el planeta con un grupo exclusivo de otras importantes potencias, ninguna de ellas tan fuerte como lo somos nosotros pero tampoco tan dbiles como para ser intimidadas por la amenaza de una intervencin militar estadounidense. Despus de haber asimilado una evaluacin ms realista del poder estadounidense, Washington debera centrarse en la cuestin de cmo coexistir con esas potencias Rusia, China e Irn, entre ellas y gestionar con ellas sus propias peculiaridades sin desencadenar nuevos y desastrosos incendios regionales.

Si los malabarismos estratgicos y la negacin a ultranza no estuvieran tan incrustados en la vida poltica de la capital blica de este pas esto no sera una infranqueable dificultad estratgica, como algunos han sugerido. Por ejemplo, en 2010, Christopher Layne, de la escuela George H.W. Bush de Texas, argument en American Conservative que Estados Unidos ya no podra sostener su estatus de superpotencia mundial y que en lugar de verse forzado a hacer un sbito ajuste debido a una importante crisis... tendra que adelantarse a esa situacin modificndola poco a poco y ordenadamente. Layne y otros explicaron en detalle qu poda implicar esta poltica: menos compromisos militares en el extranjero, contencin en la aspiracin de ser la guarnicin del mundo, reduccin del gasto militar, ms confianza en los aliados, aumento de los fondos para la reconstruccin de una infraestructura decrpita de una sociedad dividida y disminucin de la huella militar en Oriente Medio.

Sin embargo, para que todo esto ocurra, los responsables de formular las polticas deberan antes que nada abandonar la pretensin de que Estados Unidos sigue siendo la nica superpotencia mundial, y esta puede ser una pldora muy difcil de tragar para el pensamiento estadounidense de hoy (y para las aspiraciones polticas de algunos candidatos republicanos). Est del todo claro que de este sector negacionista solo provendrn aventuras militares en el extranjero de dudosa concepcin y, ms temprano que tarde, pero en circunstancia an ms nefastas, el choque de los estadounidenses contra la realidad.

Michael T. Klare , colaborador habitual de TomDispatch, es profesor en las carreras de Paz y Seguridad Mundial en el Hampshire College; tambin es autor del muy reciente libro The Race for Whats Left. Una versin cinematogrfica documental de su libro Blood and Oil est disponible en Media Education Foundation.

Fuente: http://www.tomdispatch.com/post/176003/tomgram%3A_michael_klare%2C_superpower_in_distress/#more



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