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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-06-2015

Derechos y coherencias de una transicin. Apuntes (7)
Bombardeos, titulares, fragmentos, debate

Carlos Alberto Ruiz Socha
Rebelin


1. Bombardeos

El martes 2 de junio en el diario El Tiempo, el periodista Hernando Corral se despacha crticamente contra la insurgencia (El miedo a las FARC), expresando que insultan en forma grosera a quien se atreva a hacerles alguna crtica. Corral rechaza el lenguaje que l juzga no conciliador, inapropiado, entre amenazante y soberbio, que segn su opinin crea desazn, pero ante todo mucha prevencin sobre lo que seran las Farc en el futuro poltico del pas. Afirma que hay sectores medios o acomodados de la sociedad con los que l dialoga, que temen que esa guerrilla se convierta en una organizacin poltica que pueda ser una alternativa real de poder en nuestro pas.

Coincide con lo que expres el saliente ministro de defensa, Pinzn, quien semanas antes se refiri de forma cafre o rabisalsera a los guerrilleros como ratas y cuando se anunci su nuevo cargo como embajador en Washington sentenci de nuevo de modo camorrista que la paz no puede ser el "camino alternativo para que alcancen el poder quienes han ejercido la violencia" (www.elheraldo./conacional/la-paz-no-puede-dar-poder-los-violentos-juan-carlos-pinzon-196036). A las pocas horas de estas palabras se ejecutaba una cadena de operaciones militares ya preparadas, dirigidas por el alto gobierno, que dieron como resultado ms de cuarenta guerrilleras y guerrilleros muertos en un lapso de 5 das.

Razn no le falta al comandante Jess Santrich, de la Delegacin de Paz de la FARC-EP, quien ante estas palabras de Pinzn expres: significan la reedicin de lo que hace exactamente treinta aos fue marcado como punto de partida para las rdenes de aniquilacin o exterminio de la Unin Patritica y de otras alternativas y organizaciones de la izquierda y de movimientos sociales (http://resistencia-colombia.org/index.php/farc-ep/articulos/4118-a-proposito-del-relevo-de-pinzon).

No conozco ninguna nota de periodista alguno de los medios de comunicacin dominantes, severamente criticados por Santrich, amonestando al ministro Pinzn por su vocabulario, ni, lo ms grave, he encontrado, porque parece no hay, reprobacin alguna a los golpes de madera de sarcfago que contiene su alarma sobre lo que se supone tanto les asusta, siendo uno de los objetivos pactados de la transicin a la democracia: que la paz s sea la alternativa para que una opcin de izquierda ejerza en la legalidad espacios decisivos de poder transformador.

2. Titulares

Hace pocos das William Ospina (El Espectador, 31 de mayo de 2015: Ante las puertas de la ley) deca que los sectores dominantes vean con terror las voces alternativas; para esa dirigencia estamos en un pas de cafres, donde el pueblo en el poder (es) un sinnimo de barbarie, y la igualdad un seuelo para atrapar incautos.

Sin que la palabra cafres tenga unnime sentido, diramos en un coro de escepticismo que s estamos en un pas donde abundan, o abundamos, un pas feria de vanidades e impunidades, en el que no slo abajo, sino arriba, muy arriba, impera la huella evasiva y la obstruccin del leguleyo de casta, o sea la hipocresa de las elites legisladoras y transgresoras de su propia ley, que en vez de tomar decisiones polticas para que la paz avance, prefieren dejar que la paz se convierta en un debate jurdico: no sobre reformas y transformaciones histricas que aclimaten la paz en las veredas, en las barriadas y en el corazn de los ciudadanos, sino una pelotera intil sobre tribunales, crceles, acusaciones y golpes de pecho (Ospina).

Ese mismo da dominical y gris, aparecen dos sendas entrevistas a comandantes de las FARC-EP. Al Jefe de la Delegacin de Paz en La Habana, comandante Ivn Mrquez (diario El Espectador), y al comandante Pastor Alape (diario El Tiempo). Sobre las palabras del primero el titular es: El tema de la justicia es una mula muerta en el camino de la paz. Y sobre lo afirmado por el segundo jefe insurgente, el ttulo periodstico es: Farc no descartan reclusin especial.

Llamativas frases, sin duda. Y altamente provocadoras. Agrego: crean confusin. Creo que adrede. Por parte de la prensa. Nada menos y nada ms que sobre un tema fundamental: el Derecho en una transicin.

Continuemos con Ospina, para quien la verdadera responsable de toda la desgracia nacional es la vieja y perfumada dirigencia nacional, que nos gobierna desde hace ms de un siglo.

Sabemos que el gran escritor Ospina critic con poderosa razn al actual presidente Santos en la coyuntura electoral de 2014, y que para ello (haba podido no hacerlo de ese modo) se abraz en el mismo silogismo del setenta veces indiciado lvaro Uribe Vlez, ste y sus seguidores por miles en una tramoya de aspaviento cnico del pas macarra que buscaba acabar el proceso de paz.

En fin, lo importante a destacar hoy es que vuelve Ospina a exclamar que la paz est siendo usada por Santos y por Uribe para su propia visin, la de cada uno y sus huestes, en un diferendo entre sectores del poder, interesando a ambos una paz sin cambios sustanciales, sin obras de justicia. O entienden sta como Ospina lo seala: entre crcel y bombas, en un pas donde la ley est en todas partes y la justicia en ninguna; fingiendo que estn ante las puertas de la ley, que esto es un problema de crceles y de tribunales, sabiendo que estn en un pas donde las nicas soluciones que no existen son las soluciones jurdicas.

3. Fragmentos

Llegado a este punto, quien esto escribe suscribe, no slo afirmaciones sino tambin preguntas que se suscitan, e intenta interpretar lneas sin glosarlas. Es una tentativa para pensar(nos), no slo frente a lo que asevera Ospina con razn, no slo ante lo que son dos importantes ideas (fcilmente tergiversadas o tergiversables) de los dos comandantes del Secretariado de las FARC-EP, tal y como se ha reseado, sino ante lo destacado en los grandes encabezados de la prensa y sus efectos.

Para ello una salvedad: no comulgo con la idea de que la Justicia verdadera sea un estorbo a la paz, siendo s una obstruccin la justicia amaada por los de arriba contra los de abajo; ni creo tampoco que deba la guerrilla colombiana someterse a un reclusin especial per se, sin discutirse otras cosas, como las garantas de no repeticin por su contraparte, que es la que permanecer armada en nombre de los derechos de todos.

De nuevo estamos ante fragmentos (titulares de prensa). Ante fragmentos (letales, como los de bombas cadas en Guapi u otros sitios en una semana triunfante de despedida ministerial y relevos). Fragmentos que no seran trascendentes, de no ser porque se clavan en la explosin simblica de un pas en parte paramilitarizado y acostumbrado a la sangre, con una media y diversidad de cafres en la que todos tenemos que ver, llegando directamente cada pieza o fragmento mortal al corazn, o a la yugular de quien grita (o no), o a la femoral de quien anda (o no).

O fragmentos que se clavan en la mente de un pas con normalidad de ciudadano enfermo, encorsetado en el arribismo y la servidumbre, en el mercado de ganga chauvinista y al tiempo de sumisin global, en el egosmo plstico, en la banalizacin y la indolencia, cuya colectividad o masa tiene voz en cifras manipulables, que usa el poder para sealar, a esos que un da se levantaron en armas, el dilema de dos caminos: hacia la prisin, o hacia la fosa como NN, o hace pocos das, por orden presidencial, la senda del cementerio para fondear all como alguien con nombre y dolientes con un cuerpo en la memoria para llorar.

Valga una reflexin corta sobre esa nacin, ya no pensando en el uso que la izquierda da al conjugado utpico del vocablo pueblo en una representacin quimrica y radicalmente necesaria de la produccin humana e histrica que se ancla en la esperanza de sujetos en conciencia de liberacin, sino pensando en cmo utiliza la derecha ese trmino con el tamborileo de expresiones como sociedad civil, ciudadana, las mayoras colombianas de encuestas y estadsticas que sirven para legitimar una suerte de ultimtum que de nuevo desciende a los infiernos de la crcel o la tumba, para que la insurgencia escoja.

Se est probablemente ante una aplicacin romntica y enteramente responsable de la apelacin en la que concurre la palabra pueblo como exhalacin y exaltacin de quienes piensan en el buen vivir comn, u otra similar que equivalga para la idea que trascienda hacia la encarnacin de fuerzas de emancipacin, como suele dibujarla en general la izquierda (consecuente), y est lo otro: el pas, la gente de bien, la ciudadana, los millones de colombianos abonados sin saberlo a la consigna del orden de uno de los pases ms desiguales del planeta, y ms miserables, si nos fijamos en las relaciones de depredacin del objeto (otro), sin alteridad, sin otredad o lmites.

Para quien lea no el titular sino el discurrir de una propuesta compleja, congruente, arraigada y sistemtica, como la que las FARC-EP hacen, sirviendo para ello las dos ltimas entrevistas citadas hechas a los comandantes del Secretariado de las FARC-EP, Mrquez y Alape, queda expuesto que no se trata de que la justicia sea una mula atravesada en el camino de la paz, sino que se refiere el dirigente guerrillero a esa justicia que no es tal, a la transicional del castigo perverso para quien os resistir, la de la ley huera sin transicin, punitiva, parcial, de los poderosos, esos a los que Ospina ese mismo da se refiri: los que buscan derrotar a la guerrilla pero no las causas objetivas de una rebelin que cumple 51 aos. Una justicia sin paso a la democracia.

Dice el comandante Mrquez: Si se va a hablar de justicia se necesita la verdad porque aqu se habla de justicia pero aplicable a los malos pero no de los responsables supremos, que es el Estado. Agrega: Nosotros creemos que podemos encontrar una frmula de reconciliacin sobre las bases de verdad histrica, justicia transformadora, reparacin integral y no repeticin (...) las benditas encuestas dicen que la mayora pide crcel para las Farc y uno se pregunta si no estarn mal planteadas los cuestionarios de las encuestas. Qu pasara si les preguntan si estn de acuerdo con que la casta poltica corrupta vaya a la crcel?.

Clarsimo. Luego el titular es impropio en el contexto y el espritu de la entrevista.

En ella Ivn Mrquez seala, refirindose a ese pas de cafres y leguleyos: en Colombia hay obsesivos de colocar tras las rejas a la guerra, punitivistas de ltima hora que inventan ficciones jurdicas que dicen que si no hay crcel no hay nada. Pero hablemos de determinadores. Imagnese a un general hablando de falsos positivos, qu va a decir, que es producto de una directriz presidencial, y el presidente va a ir a la crcel?.

A riesgo de comentar pero tambin de averiguar por lo que merece y debe aclararse, seguramente cuando el comandante Pastor Alape dice que las FARC-EP aceptaran, no descartaran o tomaran en cuenta alguna frmula de reclusin especial (restriccin de la libertad como pena), lo es como compromiso slo en caso o eventualmente de que tambin la asuman los mximos responsables de crmenes de Estado o del Establecimiento. La pregunta fue: Si adems de las Farc van empresarios, polticos, militares, en fin, y se decide que todos deben pagar una pena de reclusin, no necesariamente en una crcel tradicional, las Farc aceptaran la reclusin en ese caso?. Y la respuesta fue esa: las FARC-EP no lo descartan. Clarsimo tambin: depender de despejar qu hechos no conexos a la rebelin mereceran esa pena, quin tiene la autoridad de imponerla y para qu; ah! Y que los de arriba, responsables de crmenes de lesa humanidad tambin acepten ser sujetos de penas.

4. Debate

Sin embargo, ms inquietante, mucho ms, es otra hiptesis derivada de una pregunta y de una respuesta en la entrevista al comandante Pastor:

Un perdn debera incluir tambin a los militares, a los empresarios o a esos polticos que se aliaron con los paramilitares? / Si aqu no va un guerrillero a la crcel y maana van a llevar al seor (lvaro) Uribe, no se va a resolver el problema. Ese seor tiene incidencia, dinero, y ah se va a generar otra violencia. Aqu tenemos que cerrar las heridas de todos, decir reconciliacin y vamos a reconstruir el pas. De lo contrario aqu no va a haber paz. No es llevando a la crcel.

De lo anterior es fcil que algunos deduzcan ntidamente que hasta ah lleg el compromiso de las FARC-EP de no canje de impunidades, el mismo da en que el comandante Mrquez Jefe de la Delegacin ratific en la entrevista El Espectador: Nosotros no vinimos a La Habana a intercambiar impunidades.

En una lluvia de titulares bomba, las palabras del comandante Alape, manipuladas como creo que fueron, podran dar a entender que se desprende alguna contradiccin, en la medida en que, frente a una situacin de fondo y definitiva por su naturaleza tica, la guerrilla que se considera noble y altruista se iguala tristemente como rebelde con el capo de capos. Objetivamente con un supremo mximo responsable de lo ms inmundo que ha producido Colombia.

Sabemos que no es as, quienes podamos leer no fragmentos editados, preguntas capciosas o arteras, que inoculan el veneno del interrogante en la inteligencia de la contestacin del insurgente, sino leyendo sta, la repuesta lcida inserta en el conjunto, bajo una visin holstica y sistemtica del discurso encarnado de los rebeldes.

Quiz a rengln seguido la entrevistadora propensa a una pretensin, ha debido dejar lugar para que se precisara por el comandante Pastor Alape que Uribe s podra gozar de beneficios a cambio de que contara la verdad plena, reparara integralmente, quiz expropindose por razones de inters social gran parte de sus descomunales propiedades, y que prestara garantas de no repeticin: en primer lugar renunciando a su tenebrosa vida de poltico cafre.

De nuevo, en apariencia, se enfrentan los clculos o motivaciones prcticas e instrumentales con la razn tica. Cuando en realidad hay caminos intermedios que hacen valer enunciados de dignidad y justicia colectiva, histrica y transformadora en un sentido tambin pragmtico en cuanto operador de negociaciones constructivas, no de negaciones demoledoras.

Juicio tiene el comandante rebelde Alape cuando afirma con inspiracin humanista que (ac parafraseo) no es llevando a la crcel a Uribe como se resolver la problemtica. Totalmente de acuerdo. Pero distingo en algo tan delicado y sagrado con lo siguiente.

Tiene probable base quijotesca la enunciacin del insurgente en la comprensin y en el don que ejerce una clase oprimida que no se desquita, que no es revanchista, sino que busca justicia, como en trminos de Marx se defini a una esfera de la sociedad (el proletariado y otras fuerzas) que debido a sus dolores universales posee un carcter universal y no reivindica ningn derecho particular (cita de Vincenzo Guagliardo De los dolores y las penas, del texto de J.T. Godbout Lo spirito del dono).

Pero antes de ese pronunciamiento generoso e inconcluso del comandante Pastor, referido al perdn, conviene escuchar a las madres, padres, hijas, hijos y hermanos de las y los miles de desaparecidos por el terrorismo de Estado que Uribe comand; escuchar a las miles de familias vctimas de los falsos positivos, de las acciones paramilitares, a representantes de los millones de desplazados, a los despojados, a quienes esperan que alguien aclare por qu en lugar de usar la motosierra o el horno crematorio, no les llevaron a la crcel a los sospechosos de subversin.

Ya hemos escrito en anterior anlisis (www.rebelion.org: La tal justicia: una trampa moral a las FARC-EP?) sealando los riesgos de un devenir en el que la trampa moral que los poderosos han tendido contra la insurgencia surta consecuencias positivas para los cafres de arriba: cuando se permita que usen este proceso de paz para lavar sus crmenes llevando a que la insurgencia convalide por gestos ingenuos que no debe producir ni reproducir, pues nada le obliga a eso, una fuente de beneficios simtricos, para ambos lados, o estampar su firma en los papales de esa falacia de justicia transicional, la de todos en la cama o todos en el suelo, cuando esa proposicin no es correcta moralmente en cuanto perversa: no es lo mismo hacer parte de una casta de opresores o servirles con las armas, para enriquecerse matando sistemticamente, que ser los otros en resistencia, seres rebeldes que emergieron en la historia con sacrificios y con yerros, como lmites ante el oprobio, para cambiar este pas de injusticia.

Hay que pensar en los Uribe (lvaro y Santiago), por supuesto, y en las garantas de defensa que se les debe brindar, ms ahora cuando un valiente juez de Itag (Antioquia) determin el pasado 12 de mayo de 2015 que el jefe paramilitar Pablo Hernn Sierra, alias Alberto Guerrero, no era responsable de los delitos de injuria y calumnia cuando seal que los dos hermanos Uribe eran creadores de una poderosa estructura paramilitar responsable de cientos de crmenes.

Hay que pensar en Uribe, de quin no sabemos a quin delatar cuando se le pregunte de quin, ms arriba, recibi rdenes o instrucciones. Es ms fcil que diga a qu cientos de familias, ncleos de inters, planes geoestratgicos y multinacionales favoreci desde sus tiempos mozos en los que concedi licencias para pistas y aeronaves de la mafia, pasando por las decenas de masacres de campesinos, hasta el presente en que busca bombardear este proceso de paz que aspiramos otros a que se mantenga con seriedad y firmeza, y se oriente al cambio social.

Por eso la posibilidad de que los responsables de crmenes de Estado obtengan algunos beneficios judiciales, no es rechazable, sera viable, claro que s, pero slo puede admitirse en la tensin tico-poltica en la que se inscribe una organizacin revolucionaria que no renuncia a la justicia elemental, en la medida que esa favorabilidad para las instituciones y sus gestores se produzca a cambio de que, por poner un ejemplo, Uribe no oculte ms la verdad, repare plenamente y se desmovilice: que se reintegre al camino de una sociedad en paz. Como esto parece un imposible por ahora, de ah que deba comenzarse ms abajo, abordando a los cientos de militares o policas de medio o bajo rango presos, o a empresarios de provincia, para llegar a travs de sus revelaciones judicializadas a los cafres de corbata con emolumentos vitalicios.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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