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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-09-2005

EEUU monta un 'Guantnamo' con jaulas y alambradas para saqueadores en Nueva orleans

Carlos Fresneda
El Mundo


La crcel est bajo el agua, pero en cuatro das se construyeron a toda prisa unas jaulas con alambradas que recuerdan a Guantnamo para los presos en la estacin de autobuses. La imagen de Nueva Orleans, ciudad sin ley, pas a la historia.

Ms de 250 supervivientes han pasado ya por la prisin provisional, y los que an quedan.

Si queremos reconstruir la ciudad, tenemos que pensar primero en la seguridad, afirma Burl Cain, 63 aos, alcaide en funciones de esta improvisada rcel atestada de saqueadores y saqueadoras.

A los que roban comida y agua no les arrestamos: lo hacen por pura supervivencia. Pero a todos stos los hemos pillado robando posesiones y objetos por ms de mil dlares. Es inmoral que la gente pueda hacer eso en estas circunstancias.

Cain est orgulloso en su papel de carcelero de Nueva Orleans.Sin quitarse la gorra de bisbol que le identifica como guarda de la prisin estatal de Angola, nos pone al tanto de cada mnimo detalle en la prisin provisional: Aqu, la oficina del fiscal del distrito; all, la del fiscal federal. Respetamos los derechos constitucionales de los reos, les tratamos con dignidad y respeto, comida y agua no les falta.

Con aplomo y firmeza, aderezados con brotes de humor sureo, el alcaide Cain deja atrs el vestbulo de la estacin y nos invita a pasar a los andenes, donde se han construido media docena de jaulas, con alambradas que traen inmediatamente el recuerdo de Guantnamo.

En la jaula colectiva de hombres hay 15 presos, vestidos con los mismos andrajos con los que fueron detenidos, codendose en 20 metros cuadrados.

En una esquina hay un urinario porttil; el resto es asfalto puro y duro. Hay algn que otro charco en el suelo, pero al menos estn protegidos por la sombra. Se les ve resignados, en eterna actitud de espera. Les hierve el deseo por poder salir de all: Eh, vosotros, tenis un cigarrillo.

Aqu los dejamos 24 o 48 horas, explica el alcaide. Luego los mandamos al centro correccional de Hunt, donde vern a un abogado... Todos stos estn ah por saquear; a los ms peligrosos los encerramos aparte. En la jaula de las mujeres contamos hasta nueve presas de todas las razas (incluida una con apariencia de turista japonesa que esconde el rostro a todas horas). La voz cantante la lleva una ciudadana blanca de unos 40 aos, identificada como Elizabeth Nette y detenida recientemente mientras robaba metadona, oxycon y otras drogas legales en una farmacia de Nueva Orleans.

Elizabeth lleva una camiseta sucia donde puede leerse I love USA (Amo a Estados Unidos). Su cuerpo y su rostro delatan su adiccin a las drogas. Suspira por un cigarrillo. No les dejan fumar.

Por lo que a m respecta, la gente que est en la droga son delincuentes como los otros, sentencia Cain. Aqu no reciben ningn tratamiento especial: los encerramos juntos y slo aislamos a los que nos parecen ms peligrosos, aade el alcaide.

Nueva Orleans es una de las ciudades americanas ms azotadas por la droga. Los primeros saqueos tras la inundacin fueron precisamente a grandes farmacias, a la busca de drogas legales con las que combatir el mono.

Durante el encierro del Superdome, segn testigos, gran parte de los problemas los causaron los adictos que quedaron desasistidos y a los que en varias ocasiones se les lleg a ver golpendose la cabeza contra las paredes.

La inseguridad ciudadana fue tambin el caldo de cultivo de lo que ocurri despus del huracn. Con 200 asesinatos en el ltimo mes, Nueva Orleans se disputa con Detroit el ttulo de la gran ciudad ms peligrosa de Estados Unidos.

Despus de las farmacias, los saqueadores entraron en las armeras y en los supermercados e hicieron acopio de pistolas y municiones en el caos que sigui al huracn Katrina.

Los 1.200 policas de Nueva Orleans no pudieron hacer frente a la avalancha humana que luchaba con desesperacin por ponerse a salvo o saciar el hambre o la sed. Decenas de agentes desertaron, al menos uno se suicid y la ciudad qued a expensas de bandas armadas y francotiradores que dispararon contra los enfermos, los autobuses y los helicpteros en plena evacuacin.

Tuvo que llegar el Ejrcito para devolver la normalidad a las calles: hoy por hoy, Nueva Orleans es una ciudad invadida por ms de 20.000 soldados que vigilan desde sus camiones y sus tanquetas con el mismo celo que si estuvieran en Bagdad. La seguridad ha mejorado mucho, presume el alcaide Cain. Los saqueadores saben lo que les espera, y tambin los delincuentes comunes.Estos das he visto rostros que me resultaban familiares, de gente que ha pasado por la crcel o que logr escapar de prisin tras el huracn Katrina.

Cain lleva un registro de todo el que pasa por las jaulas: 194 saqueadores, 26 ladrones de coches, 25 con posesin ilegal de armas, 22 por resistirse a la autoridad, uno por disparar contra un helicptero, otro por intento de violacin, otro por asesinato de primer grado...

Los delincuentes habituales siempre los vas a tener, pero lo que a m me duele son los saqueadores, reconoce el alcaide.

Yo soy una persona muy religiosa, baptista del sur, y todo lo que hemos visto estos das me parece inmoral. Para m, los saqueadores estn al mismo nivel que los ladrones de tumbas, sentencia Burl Cain.



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