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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-06-2015

La maldicin de la liberacin de Iraq

Pedro Rojo
Revista Pueblos


Mucho se ha hablado estas pasadas semanas del viejo discurso que ha repetido Benjamin Netanyahu en el Congreso estadounidense. Ahora es Irn, pero en 2002 fue Iraq y su visin de un mundo sin Saddam: Si se deshacen de Saddam, de su rgimen, los efectos en la regin sern enormemente positivos. Netanyahu y los gobiernos occidentales saban que no existan las armas de destruccin masiva ni el programa nuclear en el que se respaldaba este llamamiento del ahora primer ministro israel. La realidad, doce aos despus, es un pueblo iraqu deshecho, con su estado en manos de milicias paramilitares sectarias a las rdenes de potencias extranjeras y el 30 por ciento de su territorio sometido a la barbarie de un grupo extremista que ha aprovechado el caos generado por la ocupacin.

La estrategia de la ocupacin estadounidense, ms propia de un experimento ideolgico ultraliberal que de un serio intento de aprovechar la aventura militar para expandir su influencia en la regin, tuvo como resultado la derrota estratgica [1] de EEUU en Iraq, como reconoce Ali Khedery, asistente especial de cinco embajadores estadounidenses en Iraq y de tres directores del Comando Central entre 2003 y 2010. En aquel momento Irn era el epicentro del Eje del Mal, a pesar de lo cual se fragu una estrecha colaboracin en la gestin de los asuntos de Iraq a travs de los partidos proiranes, como Al Dawa (de los primeros ministros Al Yaafari, Maliki y ahora Haidar al Abadi) o el Consejo Supremo de la Revolucin Islmica de Iraq y sus milicias Bder, que pasaron a ser en mayo de 2003 la columna vertebral de las nuevas fuerzas de seguridad del nuevo Iraq tras la disolucin de todos los antiguos aparatos de seguridad y del partido Baaz, por orden de Paul Bremer, procnsul de la ocupacin.

Con mucha inteligencia, paciencia y ningn escrpulo, el rgimen iran fue desplazando en todas las esferas de poder a los estadounidenses. En las elecciones legislativas de 2010 el gobierno de Obama escenific su derrota en la figura de su vicepresidente, Joe Biden, que viaj a Bagdad para defender a sus candidatos de la lista Al Iraquiya pero sali con el rabo entre las piernas con un escueto no interferimos en los asuntos internos de Bagdad. Como reconoce Khedery, el gabinete de Maliki de 2010 fue ideado por los generales iranes desde Tehern.

La retirada de los militares estadounidenses en diciembre de 2011 permiti elevar el grado de sectarismo de las polticas del gobierno de Bagdad, sobre todo el castigo contra la minora sunn. Esta opresin, sumada a la corrupcin y la falta de servicios, desencaden la Revolucin Iraqu, que peda el fin de la injerencia extranjera y la recuperacin de la soberana nacional. Esta revolucin no tuvo el seguimiento meditico de la egipcia o la siria, que estallara pocas semanas despus: Iraq era una democracia y gozaba de libertades tal y como impuso el ocupante; el pueblo iraqu no tena derecho a levantarse contra su gobierno. Pero los iraques estaban cansados de ver cmo su rico y formado pas era saqueado y destruido, cmo se les empujaba a sentirse ofendidos por sus vecinos de otra confesin religiosa, forzados a desplazarse a otras partes del pas para agruparse por confesiones religiosas. La represin a sangre y fuego de esta revolucin por el ejrcito iraqu la transform en una revolucin armada en enero de 2014. Washington estuvo jugando con una ambigedad calculada para ver si la revolucin poda servir de contrapeso a la influencia iran en Iraq. La cada de Mosul en junio de 2014 signific la entrada de lleno en el conflicto del Daesh (Estado Islmico de Iraq y Levante).

Partida a tres bandas, pierde el pueblo iraqu

Como ha pasado con todas las revoluciones rabes, y sobre todo con las contrarevoluciones, el gran perdedor de la iraqu han sido los propios iraques. Al levantarse en armas contra el gobierno central y conquistar la mayor parte de las provincias al norte de Bagdad crearon un vaco de poder que aprovech Daesh para volver a entrar desde Siria e ir controlando las ciudades que liberaban los rebeldes que marchaban hacia Bagdad. Por primera vez se atisbaba una posible solucin a la cada en barrena en la que lleva envuelto el pas de los dos ros desde la invasin estadounidense. Bagdad estaba cercada por los consejos militares de los rebeldes que pedan un gobierno de unidad nacional y la refundacin no sectaria de las fuerzas armadas. EEUU baraj esta opcin en la Conferencia de Ammn (julio de 2014), donde reuni a buena parte de la oposicin iraqu. Pero ya fuese la imposibilidad de imponer su plan para esta oposicin, la falta de valenta poltica para reconocer el fracaso de su proyecto para Iraq o la lentitud a la hora de tomar una decisin, la realidad les super y una vez ms otros actores decidieron por los estadounidenses.

Tanto para Irn como para el EI la creacin de un gobierno realmente representativo y fuerte en Bagdad es una amenaza. Para los primeros porque significaba perder el control de la poltica iraqu. Para los segundos porque saben que un ejrcito nacional que cuente con el apoyo de la poblacin es la nica forma de acabar con su presencia en Iraq [2] . En el verano de 2014 lo que pedan los rebeldes iraques a Occidente era que no interviniese, que dejasen a los iraques decidir su futuro. Tenan plena confianza en poder tomar Bagdad o, por lo menos, forzar al gobierno a negociar seriamente un proceso transitorio. En ese momento crucial, Daesh incrementa un grado ms su presin a la opinin pblica occidental para obligar a EEUU a implicarse en la guerra con la matanza de yazides y cristianos, pero sobre todo con un amago, poco serio, de atacar Erbil, la capital del Kurdistn iraqu y centro neurlgico de la inteligencia y los negocios internacionales de la zona.

El 8 de agosto Obama apuesta por la solucin ms fcil: entrar cosmticamente en el conflicto bombardeando desde el aire, sabiendo que lo nico que hara sera perpetuar la violencia. Con un coste diario de 8 millones de dlares, los bombardeos se saban insuficientes para acabar con Daesh sin una fuerza terrestre que luchase cuerpo a cuerpo con unos combatientes que rompen los parmetros del combate tradicional, ya que no slo no temen a la muerte, sino que la buscan con acciones temerarias. Pero los efectos de estos bombardeos, ms all de aplacar la conciencia de la opinin pblica yanqui, fueron el certificado de defuncin de la Revolucin Iraqu y, por lo tanto, la supervivencia de la ecuacin sectaria que se retroalimenta: el gobierno sectario chi de Bagdad y su contrincante extremista sunn del EI. La lucha contra el terrorismo ha rehabilitado al gobierno de Bagdad con una operacin de ciruga plstica en la que se ha cambiado a Maliki por Abadi para que cambie la cara pero todo siga igual: bombardeos contra poblacin civil y castigo sistemtico contra la poblacin sun. Para Daesh signific la tranquilidad de saber que en Bagdad seguira un gobierno por el que la poblacin local no se jugar la vida luchando contra su barbarie, pues la alternativa de volver a ser controlados por las milicias proiranes no es ms halagea que la sinrazn del califa Ibrahim, pero sobre todo logra un elemento fundamental para su campaa de reclutamiento internacional: ya no luchan slo por el establecimiento de un califato islmico sino que combaten al gran Satn yanqui. En este ro revuelto, quien ha salido perdiendo una vez ms han sido la poblacin iraqu y su revolucin.

Lo acontecido despus del 8 de agosto no es ms que la acomodacin de los actores externos sobre el terreno. Los iranes y sus milicias, en el poder en Bagdad; el Daesh, en los territorios bajo su control (una extensin similar a Gran Bretaa), y la comunidad internacional con la conciencia tranquila porque estn cumpliendo en la cruzada contra el terrorismo, aunque para ello refuercen una mquina de violacin de los derechos humanos. Los 300 soldados que Espaa ha desplegado en Iraq en febrero de 2015 van a entrenar a unas fuerzas de seguridad denunciadas por Naciones Unidas [3] y por Human Rights Watch [4]. Unas fuerzas de seguridad apoyadas en unas milicias sectarias que, segn Amnista Internacional [5], actan al margen de la ley y son una causa y un resultado de la creciente inestabilidad del pas. Impiden cualquier posibilidad de crear unas fuerzas de seguridad que realmente defiendan a todos los sectores de la poblacin. Se trata de milicias comandadas por personajes como Hadi al Amari, parlamentario y lder de las Brigadas Bder, que lucharon en la guerra irano-iraqu en el bando iran, o Abu Mehdi al Muhandis, lder de Hezbol Iraq, condenado por el atentado contra la embajada estadounidense en Kuwait en 1983. sta es la fuerza de choque en la que Occidente confa para recuperar el territorio controlado por Daesh.

Los hechos son contundentes para quien quiera escucharlos: ejecuciones sumarias de poblacin local tras liberar pueblos, como sucedi en Yurf al Sajr el 26 de octubre de 2014, destruccin de viviendas, decapitacin de supuestos combatientes, etc. Para recuperar las zonas controladas por Daesh, mayoritariamente sunes, el gobierno de Bagdad ha creado una nueva milicia paramilitar, ms cruel si cabe, Al Hashad al Shaabi (Movilizacin Popular) acusada por organizaciones internacionales de derechos humanos como HRW [6] de aumentar la escalada de violacin de derechos humanos y cometer posibles crmenes de guerra. Pero la preocupacin es mayor todava por la orgullosa ostentacin que hacen estas milicias de sus barbaridades colgando impunemente en redes sociales vdeos jugando con cabezas decapitadas o ejecutando a nios maniatados.

Es absurdo pensar que sta es la solucin, pues ya se ha mostrado fallida en lo militar: Beiyi, la nica gran ciudad recuperada por las fuerzas de seguridad iraques (noviembre de 2014), volvi a estar a las pocas semanas en manos de Daesh. Y aunque la solucin militar en marcha tuviese xito contra Daesh, volveramos al punto de partida si no se resuelve el problema poltico y social del rechazo de la poblacin a las fuerzas de seguridad y al gobierno de Bagdad. El discurso pblico estadounidense asume que sin una solucin poltica no se acabar con el problema, como reconoce la portavoz del Departamento de Estado, Marie Harf [7]: no podemos ganar esta guerra matndolos. Tenemos que ir a la raz de las causas. Pero los hechos dejan claro que se priorizan los parches a corto plazo antes que una solucin real que pase por tener que presionar a Irn para que salga de Iraq. El presidente Obama, obsesionado por alcanzar un acuerdo nuclear con Irn, no tiene problema en mantener a cambio el caos en la regin, pero Europa debera negarse a combatir la barbarie con ms barbarie, ya que slo hundir a Iraq a infiernos ms profundos en una espiral que se extiende. Ni el aviso de Charlie Hebdo y Tnez ni la creciente presencia de Daesh en Libia, Argelia o Egipto han hecho cambiar la sumisa poltica europea y empezar a escuchar las demandas de nuestros vecinos rabes, pero las de sus pueblos, no las de los dspotas dirigentes que apoyamos.


Notas:
  1. Khedery, Ali: Iraqs Last Chance, en The New York Times, 15/08/2014. Ver en www.nytimes.com.
  2. As expulsaron a Al Qaeda de las ciudades iraques en 2007 y 2008 las tribus armadas en torno a los Consejos del Despertar. Ver: www.iraqsolidaridad.org/2009/docs/13_05_09_Pedro.html
  3. Human Rights Council convenes a Special Session on abuses committed in Iraq by ISIL, 02/09/2014. Ver en
    www.ohchr.org. Extracto: Ha recibido informes de violacin de derechos humanos y del derecho humanitario cometidas por las Fuerzas de Seguridad iraques y los grupos armados que luchan contra el Estado Islmico de Iraq y Levante, violaciones que incluyen ejecuciones arbitrarias de detenidos.
  4. Iraq: Campaign of Mass Murders of Sunni Prisoners, 11/07/2014. Ver en www.hrw.org. Extracto: Se han producido asesinatos sectarios por parte del gobierno y de las fuerzas cercanas al mismo.
  5. Iraq: Evidence of war crimes by government-backed Shia militias, 14/10/2014. Ver en www.amnesty.org.
  6. Iraq: Militias Escalate Abuses, Possibly War Crimes, 15/02/2015. Ver en www.hrw.org.
  7. We cannot kill our way out of this war, 18/02/2015. Ver en www.msnbc.com.


Pedro Rojo es arabista y presidente de la Fundacin Al Fanar para el Conocimiento rabe.

Artculo publicado en el n65 de Pueblos Revista de Informacin y Debate, segundo trimestre de 2015.



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