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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-06-2015

El 24-M y la crisis internacional del nacionalismo espaol

Iaki Gil de San Vicente
Rebelin


1. Las pasadas elecciones del 24-M han confirmado varias tendencias ms o menos previstas por cuanto previsibles para cualquier colectivo que hubiera seguido con atencin el desenvolvimiento de la crisis internacional que azota al capitalismo espaol. La fundamental es la tendencia al reforzamiento del nacionalismo espaol en sus dos vertientes, la progresista y la tradicional; es decir, por mucho que el bipartidismo del PP-PSOE haya bajado electoralmente como nunca antes, sin embargo se constata que ha surgido un espaolismo democrtico, tan tolerante que hasta habla -habla- de la posibilidad de debatir algn da sobre eso que ahora llaman derecho a decidir, y que no ha dudado en coaligarse con fuerzas sociopolticas, sindicales y culturales que si defienden los derechos nacionales de los pueblos oprimidos.

2. Por qu iniciamos esta charla-debate con la cuestin del nacionalismo espaol y no con otras ms frecuentes y casi obligadas desde una perspectiva tradicional como son los resultados electorales, las posibles alianzas, los futuros que pueden tener opciones como Podemos, Ahora Madrid, Barcelona en Comn, Compostela Aberta, Marea Atlntica y una casi inacabable lista de grupos similares que se han presentado al 24-M? Pues porque los avatares del nacionalismo espaol son el mejor termmetro para mostrar la gravedad de la crisis que histricamente hace crujir al capitalismo estatal, y a la vez el mejor barmetro que avisa de la posible fuerza de los temporales que se avecinan.

3. Por qu hablamos de una crisis internacional del Estado espaol? Porque es una crisis que azota a su esencia de crcel de pueblos: es un Estado basado en la opresin de otras naciones dentro de sus mismas fronteras, lo que hace que en realidad su unidad nacional sea la negacin por la fuerza de una realidad internacional objetivamente existente en su interior; y porque tambin la mundializacin capitalista hace que tanto las reivindicaciones de las naciones que oprime como su propio futuro estatal sean incomprensibles al margen del contexto europeo y mundial. Zonas de Euskal Herria y los Pasos Catalans tambin estn ocupadas por el Estado francs, y la supervivencia nacional de Galiza est cada vez ms conectada con el reintegracionismo lingstico galego-portugus.

4. La ideologa nacionalista espaola es una ideologa creada por el Estado del bloque de las clases dominantes, es por tanto un nacionalismo de Estado, un nacionalismo burgus. Adems, ese Estado se ha construido gracias a y se sostiene sobre la opresin nacional de pueblos, siendo en su base, por tanto, un nacionalismo imperialista. Ahora bien, por las mismas contradicciones sociales que recorren a todo Estado capitalista, la ideologa que genera, aun siendo la ideologa nacionalista dominante, debe coexistir con subideologas igualmente nacionalistas pero vergonzosas, progres y hasta democrticas dentro de sus lmites, subideologas que no niegan lo esencial de la nacin espaola tal cual se expresa en la Constitucin de 1978 aunque si llegan a veces a proponer su modernizacin. La historia de las subideologas espaolistas del PSOE, del PCE-IU, de otras organizaciones que se dicen revolucionarias y de gran parte del anarquismo, as lo demuestra.

5. La ideologa nacionalista tiene una amplia autonoma relativa con respecto a la evolucin socioeconmica y a las polticas inmediatas del Estado, porque se ancla profundamente en la estructura psquica alienada de la sociedad, evolucionando con cierta lentitud, tal como se comprueba en la fidelidad de voto al PP y al PSOE, por ejemplo. Sin embargo, en contextos largos de crisis sistmicas que destruyen pilares centrales de la quietud, rutina y normalidad cotidianas, se reduce pronto esa autonoma relativa para reaparecer su dependencia ltima y estructural de las relaciones de propiedad y de produccin. Resurgen entonces con ms fuerza tanto las diferencias secundarias entre el nacionalismo dominante y las versiones menores, a la vez que por una parte ms o menos reducida exacerba y despierta el contenido imperialista del nacionalismo espaol.

6. En efecto, por su duracin e intensidad la crisis sistmica actual est poniendo frente al espejo las diversas variantes del nacionalismo espaol, desde la ms franquista y nacional-catlica, hasta la de Podemos con sus loas al empresario patriota, pasando por la extensa gama que va de la recentralizacin espaolista del PP al federalismo espurio de IU, sin olvidarnos del casi extinto rescoldo del esperpento habermasiano del patriotismo constitucional. Y es que la cudruple gravedad de la presente crisis inciden de pleno en las races sociales de la nacin espaola.

7. Una faceta de esa cudruple crisis es la ostentosa falsedad del nacionalismo prctico de la burguesa espaola, que predica de patriotismo pero hace lo contrario: las grandes empresas del Ibex 35 defraudan, roban y se apropian de todo lo posible. La corrupcin es generalizada. Los sucesivos gobiernos desde los 80 han vendido al capital privado extranjero y estatal hasta las joyas de la corona del Estado, ms de 120 empresas pblicas, y tienen pensado vender lo poco que queda de patrimonio pblico. Su solidaridad nacional con el pueblo cada da ms empobrecido y machacado se limita a magras limosnas cada vez ms pequeas. Ha dejado en la estacada improductiva a una generacin joven cuyo nico futuro es el paro y la delincuencia, la emigracin, la protesta o la revolucin. Apenas funciona ya el reclamo integrador del nacionalismo burgus: el estatus de clase media.

8. Otra faceta es la ostentosa anacrona del sistema poltico en su conjunto para, primero, prever la crisis y prepararse contra ella desde criterios de solidaridad nacional; segundo, contactar con la sociedad y frenar la corrupcin; y tercero, mantener una mnima dignidad nacional espaola frente a las exigencias de la UE y EEUU: el sistema poltico obedeci desde los 80 las rdenes exteriores, abandon la industria y la ciencia, terciariz la economa, liquid derechos y libertades, reform a peor la constitucin, cambi de rey, y sigue entregando trozos de la nacin espaola a la OTAN. El sistema poltico ha acelerado la desertizacin nacional-cultural para as multiplicar los beneficios de la industria cultural burguesa transnacionalizada.

9. Por otra parte, la cada vez ms dbil productividad del capitalismo espaol, de su decreciente acumulacin de capital industrial, el retroceso apreciable ya en los aos 60 a pesar de los esfuerzos del Plan de Estabilizacin de 1959, este declive estalla en forma de crisis no por los altos salarios que, por serlo, frenaran los beneficios empresariales, las inversiones y el crecimiento, como dice la derecha; ni tampoco por los bajos salarios que, por serlo, frenaran un aumento del consumo y por tanto de la produccin interna, tal cual creen los keynesianos del mundillo de IU y Podemos. La crisis es resultado de la dialctica entre las leyes econmicas endgenas: cada tendencial de la tasa media de beneficios, etc.; y las exgenas: burguesa indiferente a la tecnociencia, ineficiencia estatal, corrupcin generalizada, etc. La crisis sistmica surge de las contradicciones irresolubles de la totalidad concreta llamada Espaa, formacin econmico-social que no ha podido constituirse en nacin burguesa clsica.

10. Por ltimo, la lucha entre el Capital y el Trabajo en el Estado espaol agudiza la crisis global y las tres facetas descritas. Una de las expresiones esenciales de la lucha entre el Capital y el Trabajo son los procesos de liberacin nacional de clase de los pueblos oprimidos por el Estado: la llamada crisis del rgimen del 78 no se hubiera producido sin esta esta lucha de clases, pero tampoco sin los procesos independentistas de las naciones oprimidas. A escala cualitativamente menor, las diferencias dentro del Capital, dentro del bloque de clases dominante entre burguesa centralista y autonomistas-regionalistas, no suponen problemas insolubles para las relaciones de propiedad y produccin capitalistas, s pudiendo llegar a ser difciles en lo relacionado con la territorialidad poltica de ramas productivas y del reparto interburgus de los beneficios obtenidos con la explotacin asalariada. Pero estas diferencias interburguesas se disuelven como tocino al fuego ante la necesidad de multiplicar la explotacin nacional de clase de los pueblos trabajadores que generan la plusvala.

11. La cudruple crisis tensiona al extremo el nacionalismo espaol como lubricante ideolgico de la acumulacin material y simblica de capital en el Estado: las fuerzas centrfugas que nunca han sido resueltas porque son irresolubles motivan fuerzas centrpetas diferentes en sus expresiones pero idnticas en su ideario nacionalista espaol. Sin analizar por razones obvias las subideologa del PP, PSOE y C,s, s es claro que el nacionalismo espaol de Podemos, hasta ahora difuso, ha ido saliendo a la luz conforme lo necesitaba para atraer sectores de centro, tranquilizar al capital financiero y a las fuerzas fcticas del Estado.

12. Un smbolo de lo que decimos lo tenemos en el regalo de Podemos al rey el da de la II Repblica; otro en sus declaraciones sobre el ejrcito espaol y en sus silencios sobre las formas concretas del llamado derecho a decidir; otro en el concepto de empresario patriota y en el mapa estatal de la sala de prensa, etc. Pero sin duda, el smbolo perfecto del nacionalismo de Podemos es el crculo de su logo: la perfeccin aristotlica que se remite a s misma, sin principio ni fin, sin contradicciones ni rupturas, sin movimiento ms all de su eje inmvil adecuado a la megalomana de su direccin burocrtica, vertical y sublime como el imperio del centro que dirige con la sabidura de los intelectuales acadmicos los destinos de la Espaa de los ciudadanos abstractos.

13. A regaadientes, el eficaz simplismo simblico del nacionalismo espaol de Podemos ha tenido que adaptarse a las complejas sntesis de identidades y sentimientos que se han ido formando sobre todo en las naciones oprimidas y menos en los pueblos con raz cultural-popular machacada por la uniformizacin estatal. Un caso claro es el de la parte de Euskal Herria bajo dominacin espaola, y en especial su referente histrico, Nafarroa; otro es la complejidad de los Pasos Catalans y de Galiza entera. La impotencia de la versin progre del nacionalismo espaol para absorber estas identidades progresistas y revolucionarias no espaolas es manifiesta, aunque ello no signifique que abandone ese sueo.

14. En estas tres naciones la cpula de Podemos ha tenido que ceder en cuestiones importantes segn los casos, viendo incluso cmo la direccin de Barcelona en Comn ha girado oportunamente hacia el soberanismo catalanista. En Galiza, Podemos ya vio cmo hasta IU le superaba en una visin menos centralista del nacionalismo espaol. En las tres, ha retrocedido mucho el PP y en general lo han hecho las formas ms reaccionarias del nacionalismo estatal. Sin embargo, con diferencias comprensibles en las tres sigue existiendo condiciones objetivas que pueden facilitar un cierto crecimiento del nacionalismo Podemos si, por un lado, su burocracia madrilea se adapta con astucia oportunista, y si por otro lado, el independentismo socialista no sabe reaccionar a tiempo.

15. En lo relacionado con el nacionalismo espaol en el capitalismo mundializado y en la UE, su crisis de Estado agudiza la contradiccin expansivo-constrictiva inherente a la definicin simple de capital: por un lado, en su movimiento de distole expansivo para la obtencin de beneficio ha de explotar a pueblos y clases lo que provoca resistencias; por otro lado, en su movimiento de sstole constrictivo para asegurar la realizacin del beneficio obtenido ha de reafirmar su nacionalismo imperialista. Esta pugna entre dos extremos totales atenaza a los muchos votantes, y pocos militantes de las polidricas candidaturas de centro-izquierda que han realizado la viviseccin del PP y PSOE: reivindican derechos prohibidos, lo que les hace proclives a asumir formas nebulosas del derecho a decidir, pero a la vez la crisis del Estado y el distole/sstole del capital presionan sobre su nacionalismo hacindole avanzar hasta asumir la independencia de los pueblos oprimidos, o a retroceder hasta una negociacin autonmica.

16. La unidad de base del nacionalismo espaol actual es la crcel constitucional adaptada en 2011 a las exigencias del capital financiero, reforzada con el cambio de rey y con la frrea disciplina presupuestaria de la UE, siendo las presiones de EEUU sobre Grecia en el G7 el ejemplo ms reciente. La imposicin primero de TTIP y luego del TiSA, as como la paulatina virtualizacin del dinero material, estos y otros proyectos imperialistas sern terribles golpes a la soberana de los Estados dbiles como el espaol, formalmente independientes, por no hablar de la suerte que correremos las naciones oprimidas. Bajo estas condiciones, el nacionalismo confuso y fcil, equidistante y tolerante, deber optar por un extremo u otro, o hacerse cmplice silencioso y pasivo del imperialismo.

17. Contra el Estado y su nacionalismo militan dignas y admirables organizaciones revolucionarias internacionalistas. Deben superar dificultades diarias diferentes y ms adversas en su contexto que a las que nos enfrentamos nosotras y nosotros. No somos quienes para decirles qu deben hacer --justo sabemos lo que no debemos hacer nosotros--, pero s debemos ofrecerles la posibilidad de una de una reflexin internacional sobre lo que discutimos ahora.

18. Las elecciones del pasado 24-M han sacado a la luz esta problemtica soslayada por la prctica totalidad de los anlisis realizados desde la perspectiva estatalista, exceptuando error u omisin por mi parte. Pero se trata de una problemtica decisiva en todos los sentidos, a la que deberemos dedicar una atencin creciente segn se agrave la crisis internacional del nacionalismo espaol.

* Este artculo es el guin de la charla-debate para la asamblea de Askapena.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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