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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-06-2015

Guerra civil en Sudn del Sur
La triste vida de los nios-soldados

Nick Turse
TomDispatch

Traducido del ingls para Rebelin por Carlos Riba Garca.


Mi Da del Veterano

Introduccin de Tom Engelhardt

En los ltimos aos ha habido un acontecimiento tan increble como silencioso. El poder militar de Estados Unidos se ha hecho presente en el continente africano en una forma importante; excepto Nick Turse (y Craig Withlock, del Washington Post), prcticamente nadie se ha dado cuenta de lo acontecido. En cierto sentido, esta es la historia con la que suea un periodista. Algo importante est pasando delante de nuestros ojos, algo que con toda su complejidad podra cambiar nuestro mundo, y nadie le presta atencin. Por supuesto, en Occidente, los acontecimientos africanos se han visto de esta manera durante siglos: han pasado desapercibidos casi por completo. Pensad en frica como un continente invisible. No existe otro lugar en el mundo que haya estado tan poco presente en la conciencia de los estadounidenses, o incluso de los occidentales, hasta muy recientemente. Esto, por supuesto, est cambiando rpidamente en Europa como consecuencia de la oleada de desesperados emigrantes procedentes de una fragmentada frica, que mueren en cantidades espeluznantes en su intento de cruzar el Mediterrneo en todo tipo de destartaladas embarcaciones.

En los ltimos aos, el continente africano ha sido una caldera a presin, un fenmeno al que el poder militar de Estados Unidos no ha hecho ms que contribuir con su desestabilizante guerra contra el terror en sus acostumbradas y perturbadoras tcticas; Turse siempre ha estado al pie del can. Tanto su reportaje para TomDispatch como su libro ms reciente, Tomorrow's Battlefield: U.S. Proxy Wars and Secret Ops in Africa han contribuido mucho para que se conozca lo que el Comando frica de Estados Unidos ha estado haciendo en el continente. En la ltima nota para TomDispatch sobre un Sudan del Sur desgarrado por la guerra civil, Turse se centra por primera vez en el fenmeno de los nios-soldados y en la forma en que la administracin Obama que ha denunciado est prctica en pases que no son sus aliados mira ahora hacia otro lado mientras el poder militar sursudans que esa administracin ha ayudado a construir los utiliza. No es un relato muy agradable. Hoy, en la lnea de la implicacin estadounidense en la guerra civil de Sudn del Sur, Turse regresa con la ms triste de todas las historias, la que cuentan los propios nios guerreros y sus preocupaciones, expresadas en las entrevistas que l hizo a los soldados ms jvenes de Sudan del Sur.

 

* * *

 

Los nios veteranos de Sudan del Sur quieren saber el porqu de la ayuda estadounidense

PIBOR, Sudn del Sur Nunca he sido soldado, le dije al desgarbado veterano de grandes ojos que estaba sentado frente a m. Cuntame de tu vida militar. Cmo es?. l mir hacia arriba como si pudiera encontrar la respuesta en el brillante azul del cielo, sonri avergonzado y despus fij su mirada en sus propios pies. Dej que nos envolviera el silencio y esper. Pareca estar en un apuro. Tal vez era por mi presencia.

Algunas veces las entrevistas pasan por esos momentos incmodos y callados. En esos aos haba hablado con centenares de veteranos. Por una u otra razn, muchos haban sido reacios a comentar sus experiencias militares. Eso es tpico. Pero este no era un veterano tpico, al menos para m.

Osman tena tres aos de servicio militar, algunos de ellos en tiempo de guerra. l haba combatido y conoca la aburrida monotona de la vida del soldado. Haba dejado el ejrcito justo un mes antes de que yo lo conociera.

Osman tiene 15 aos.

En todo el mundo hay jvenes que se unen a alguna milicia por incontables razones: por una paga estable, por la necesidad de pertenecer a algo ms grande que ellos mismos, para dar la talla, para escapar de su casa, porque ansan una estructura, o algo excitante, o una vida de aventura, porque no tienen una opcin mejor, porque son forzados a hacerlo... Osman entr en una milicia llamada faccin Cobra, me dijo, despus de que unos soldados del Ejrcito Popular de Liberacin de Sudn (SPLA, por sus siglas en ingls) las fuerzas armadas nacionales de Sudan del Sur le dispararan a su padre y lo mataran. Aquella pareca ser la nica opcin para l. Le proporcionaba proteccin, cuidado y una casa.

En febrero pasado, Osman fue liberado de su servicio militar y no estaba solo. En los ltimos meses, ms de 1.700 menores han sido desmovilizados por la faccin Cobra. Pero ellos son la excepcin en Sudn del Sur. Hoy da, hay unos 13.000 nios sirviendo en el SPLA o en el Ejrcito Popular de Liberacin de la Oposicin Sudanesa, una fuerza rebelde en guerra contra el gobierno, y en otras milicias y grupos armados enfrentados por el poder en ese pas devastado por la guerra civil.

A pesar de que en Estados Unidos existe una ley que prohbe el reclutamiento militar de menores, este pas mira hacia otro lado mientras esto sucede y proporciona asistencia al SPLA aunque utilice nios-soldados. Ao tras ao, el presidente Obama decreta exenciones para esquivar el cumplimiento de la ley de prevencin del empleo de nios-soldados de 2008, con la que el Congreso prohibi a Estados Unidos proporcionar ayuda militar a gobiernos que integran a nios en sus unidades militares. Esta es apenas una faceta de una poltica de apoyo que empez en los ochenta del siglo pasado, que con el apoyo de la comadrona EEUU como dijo el por entonces presidente de la Comisin de relaciones Exteriores del Senado, John Kerry, vio nacer Sudan del Sur.

Durante casi una dcada de un trabajo que condujo a la declaracin de independencia de 2011, la causa de la nacin y sus ciudadanos fue una muy querida y cercana al corazn de dos sucesivas administraciones estadounidenses y algunos de sus pensadores y polticos ms avezados y eficaces, escribi el aos pasado Patricia Taft, asociada principal de la Fundacin por la Paz (FFP, por sus siglas en ingls) en un anlisis de Sudan del Sur. Con el objetivo de asegurar que esta constructora de naciones gane, tanto la administracin de Goerge W. Bush como la de Barack Obama volcaron toneladas y toneladas de ayuda en Sudan del Sur, en todas las formas imaginables. Desde ayuda militar hasta alimentaria o la provisin de experticia tecnolgica; Estados Unidos ha sido el mayor aliado y respaldo, asistiendo ardientemente en el parto de un pas por todos los medios necesarios.

En la cuestin de los nios-soldados, las exenciones fueron vistas como una necesidad para ayudar a construir una fuerza armada confiable y profesional, segn palabras de Andy Burnett, de la Oficina del Enviado Especial a Sudan y Sudan del Sur, es decir, una fuerza armada tica y moderna que en ltima instancia evitara reclutar a nios. El SPLA se fractur en diciembre de 2013 y muy pronto se vio implicado en masivas atrocidades y un cada vez mayor reclutamiento de nios-soldados. Desde entonces, la guerra convulsiona el pas y es particularmente ruinosa para la juventud de Sudan del Sur. Segn el Fondo de Naciones Unidas para la Niez (UNICEF, por sus siglas en ingls), aproximadamente 600.000 nios sufren de dificultades psicolgicas, 400.000 se han visto obligados a abandonar la escuela, 235.000 estn en grave riesgo de desnutricin aguda y ms de 700 han sido asesinados durante un ao y medio de guerra civil.

Comandante Cobra

Me encontr con Osman y una docena de ex nios-soldados en un pueblo aislado a unos 270 kilmetros de la capital de Sudan del Sur, Juba. La temperatura pareca ms alta en Pibor, el aire ms seco y lleno de polvo. Acababas el da agotado y marchito. El sol te obliga a entrecerrar los ojos todo el tiempo y el viento sopla caliente; como salido de un horno encendido.

En Pibor, el suelo est reseco y resquebrajado. El grisceo paisaje lunar est roto en miles de trozos formando una telaraa de grietas, fisuras y hendiduras especialmente aptas para romperte las rodillas y hacer caer la silla cuando te sientas en ella. Adems, las moscas. Nubes de moscas por todas partes. Yo ya haba convivido con moscas, moscas a las que no consigues apartar de tu comida, tantas que dejas de dar manotazos y pides una tregua; tantas que al fin acuerdas compartir plato y tenedor con ellas, compartiendo tanto que ellas pueden convertirse en parte de lo que comes si no se vuelan lo suficientemente rpido. Pero las moscas de Pibor son otra cuestin: son implacables, enloquecedoras, despiadadas; aterrizan sin cesar en tus manos y brazos y mejillas y nariz sudados, en la carne de cabra faenada cerca o en tu botella de agua. Matas una y llegan otras cuatro para sustituirla... Hasta ms o menos las 7.30 de la tarde cuando, como por arte de magia, sencillamente desaparecen.

A Osman, un muchacho de la zona, no parecan molestarle las moscas ni el calor. Quizs es por esto que para l esta vida es mejor que la que vivi cuando llevaba su fusil de asalto y era escolta de un oficial de alta graduacin, un trabajo tpico para un nio-soldado de la faccin Cobra, que es una milicia rebelde que hasta el ao pasado estaba en guerra contra el gobierno. Korok, un muchacho de 16 aos y rasgos aniados originario de Pibor, me dijo que l haba hecho lo mismo durante sus dos aos de servicio. Me dieron un arma, dice mientras sus grandes y vivaces ojos recorren rpidamente los alrededores. Yo segua a los grandes hombres all donde iban.

Despus de que su padre fuera tiroteado y su madre muriera de malaria, Korok se qued solo. Su hermano estaba lejos sirviendo en el SPLA cuando unos soldados de esa misma fuerza irrumpieron en la zona de Pibor para castigar a la poblacin local hombres, mujeres y nios de la tribu murle por el alzamiento de un nativo del lugar, el rebelde de siempre David Yau Yau.

Yau Yau, que haba sido estudiante de teologa, trabaj alguna vez en la secretara del condado de Pibor de la Comisin de Ayuda y Rehabilitacin de Sudan del Sur, una agencia federal dedicada a la reintegracin y reasentamiento de refugiados y personas desplazadas dentro del pas. Sin embargo, en los ltimos cinco aos se haba alzado varias veces contra el gobierno. Joven advenedizo de la minora murle, Yau Yau se haba opuesto a los ancianos tribales y, en abril de 2010, presentado como candidato independiente para el Parlamento. Despus de perder en forma aplastante, Yau Yau tom otro camino hacia el poder, esta vez mediante un levantamiento armado junto con 200 combatientes a sus rdenes. Justo un ao ms tarde, despus de algunas escaramuzas con las fuerzas del gobierno y actos de bandidaje, Yau Yau acept una oferta de amnista; segn algunas informaciones, ahora sera un general del SPLA.

En marzo de 2012, el SPLA lanz una campaa de desarme en la zona habitada por los murles alrededor de Pibor, una campaa marcada por atrocidades, entre ellas violaciones y ataques. Yau Yau volvi muy pronto a rebelarse; atrajo a jvenes como Korok y Osman a su ejrcito del Movimiento Democrtico de Sudan del Sur, tambin conocido como el SSDM/A-Cobra. En agosto de 2012, con miles de adherentes a su causa equipados con armamento ms pesado, Yau Yau lanz su primer ataque de importancia, una emboscada que mat a ms de 100 soldados del SPLA, segn Small Arms Survey, un grupo de investigacin independiente con sede en Ginebra. Los combates entre la faccin Cobra y el SPLA se hicieron ms intensos segn avanzaba 2013; el sufrimiento de los civiles en los alrededores de Pibor no se ha detenido.

Documentos del tribunal militar del SPLA obtenidos por TomDispatch dan testimonio de la violencia reinante en la zona. El 31 de julio de 2013, por ejemplo, el sargento Ngor Mayik Magol y el soldado Bona Atem Akot tirotearon y mataron a dos mujeres murles e hirieron a un nio en el condado de Pibor (juzgados y declarados culpables, fueron condenados a pagar una compensacin de sangre consistente en 45 vacas por cada mujer, a pasar cinco aos en prisin y a pagar una multa de 2.000 libras sudanesas cada uno). De hecho, segn Human Rights Watch, entre diciembre de 2012 y julio de 2013, 74 civiles murles entre ellos 17 mujeres y nios fueron asesinados.

En mayo de 2014, varios meses despus de que empezara una autntica guerra civil con unas fuerzas rebeldes al mando del ex vicepresidente Riek Machar, el presidente de Sudn del Sur Salva Kiit y Yau Yau llegaron a un pacto de paz. Ms tarde, el antiguo jefe rebelde solicit la desmovilizacin de los nios que servan en su fuerzas.

En enero, la faccin Cobra empez a liberar a jvenes de entre nueve y 17 aos, algunos de los cuales haban estado combatiendo durante cuatro aos. En la primera ceremonia de desmovilizacin, supervisada por la comisin nacional de desarme y desmovilizacin de Sudan del Sur con el apoyo de UNICEF, 280 adolescentes entregaron sus armas y uniformes. Desde entonces, cerca de 1.500 ms han sido liberados. Estos nios han sido forzados a hacer y ver cosas que ningn nio debera haber vivido nunca, dijo el representante de UNICEF en Sudan del Sur, Jonathan Veitch. La liberacin de cientos de nios requiere una respuesta multitudinaria para proporcionar el apoyo y la proteccin debidos que estos nios necesitan para reconstruir su vida.

Zuagin me dice que tiene 15 aos, pero parece dos aos ms joven. Sus piernas parecen estar perdidas dentro de sus pantalones y su camisa es demasiado grande. Nacido en el cercano pueblo de Gumuruk, ha servido alrededor de dos aos antes de ser desmovilizado en febrero. Al igual que otros de su edad, ahora pasa los das en el centro provisional de cuidados (ICC, por sus siglas en ingls) de Pibor, un conjunto de edificaciones dominado por una iglesia de adobe con una rudimentaria imagen de Cristo pintada en su exterior.

UNICEF construye y administra los centros con nuestros asociados; durante cierto tiempo proporcionan cuidados y techo a los nios liberados mientras buscamos a su familia, me cuenta Claire McKeever, de UNICEF. Tambin hemos entrenado a equipos locales de trabajadores sociales, cocineros y cuidadores que trabajan en los centros. Los nios tienen comida, techo y algunas cosas como mosquiteros, esteras, jabones, ayuda psicolgica y actividades recreativas. Es un programa que se prolongar durante dos aos en Pibor, pero esperamos que cuando los ltimos nios hayan regresado a su casa, estos complejos puedan convertirse en centros juveniles.

Los nios-veteranos de los ICC son como los nios de cualquier otro sitio. Algunos son curiosos pero temerosos, otros cautelosos e inseguros; unos pocos entre los ms mayores actan como si fueran ms fuertes y ms tranquilos de lo que en realidad son. Estn en algn lado de esa tan sutil lnea divisoria de la adolescencia; algunos con los rasgos suaves y redondeados de los ms pequeos, otros empezando a tener los rasgos ms marcados de un adulto joven; algunos con voz fina y falsetes, otros con su voz de bartono. Sin embargo, hay algo en comn entre ellos: son delgados y estn enfundados en sus camisas abotonadas o en sus camisetas de ftbol. Muy pocos entre ellos llevan una camiseta con un nombre estampado: Obama. Muchos tienen energa que quemar y un ansia de algo ms. Algunos de ellos parecen disfrutar atormentando a uno de sus cuidadores, un hombre que lleva en su mano una vara larga y fina para mantener a raya a los jvenes; los amenaza con ella, aunque con pocas posibilidades de darles a estos giles veteranos. Estos, a su vez, se burlan de l y le roban la vara si la deja un segundo en algn sitio. El cuidador me dice que le agradan estos chicos, que son unos buenos muchachos. Tambin me pregunta si acaso puedo ayudarle a conseguir otro tipo de trabajo para l; cualquier cosa, lo que sea.

Zuagin era otro guardaespaldas de la faccin Cobra que pasaba su tiempo de servicio en la proteccin de un hombre ms mayor de alto rango. l me trataba bien; me respetaba, dice, aunque asegura que la vida que lleva ahora es mucho mejor que en los tiempos con la milicia. Tiene grandes planes para el futuro. Quiero ir a la escuela, me cuenta. Quiero ser mdico. Nosotros necesitamos un sistema de salud. Cuando sea mdico podr ayudar a la comunidad.

Zuagin ya ha pensado en una solucin para el derramamiento de sangre de Sudan del Sur y la aparentemente interminable guerra civil que lo provoca. Lo que necesitamos para parar la violencia es el desarme, deben recogerse todas las armas. Despus de eso, todos los jvenes deberan ir a la escuela. Yo escucho y le muestro mi acuerdo, mientras pienso en la campaa de desarme que condujo directamente a la violencia aqu en Pibor, la violencia que se cobr la vida del padre de Osman, la violencia que forz a tantos de los colegas de Zuagin a coger las armas de la faccin Cobra y convertirse en nios-soldados. Decid no hablar sobre eso.

Tambin Osman tiene pensada su sencilla solucin: pleno empleo. Para tener paz deberan dar un trabajo a todo el mundo, dice con voz suave y spera. Si dan un trabajo a todo el mundo, todos estarn ocupados y no habr tiempo para pelear.

Como el resto de los muchachos, Peter parece ms joven que los aos que dice tener: 16 aos. Y, como muchos de ellos, fue maltratado por el SPLA; esto le llev hace dos aos a abandonar su casa y unirse a la faccin Cobra. Le pegaban a la gente. Incluso me robaron la ropa, me dice mientras estamos sentados bajo la escasa sombra de un rbol cerca de la iglesia del complejo ICC. La vida en la milicia era dura: cocina, tareas domsticas, servicio de guardaespaldas, combate. El joven de brillantes ojos dice que ahora tiene tiempo libre y que su vida ha mejorado mucho. Tambin l piensa en ir a la escuela, pero no tiene las 20 libras sursudanesas necesarias para matricularse. La misma historia que cuenta Osman, que desea ir a la escuela pero no tiene el dinero que hace falta.

Conseguir que todos los nios de Pibor vuelvan a la escuela es prioritario; despus de muchos aos de falta de recursos, los servicios se est restableciendo poco a poco, me dice McKeever, de UNICEF, en un correo electrnico. Hoy en da hay casi 3.000 menores matriculados en Pibor [y en los cercanos] Gumuruk y Lekuangule; uno de cada tres de los nios desmovilizados nativos de Pibor estn en programas de aprendizaje intensivo.

Da del Veterano?

El ICC es una instalacin que segn los estndares occidentales podra considerase espartana; las comodidades de las que disponen los nios son pocas, pero los veteranos de la faccin Cobra lo tienen bastante mejor que muchos de sus pares, que se encuentran hambrientos, desnutridos, desplazados, sin hogar ni esperanza alguna. La vida es muy buena aqu, me dice Osman; la libertad de ir y venir donde le plazca y de vestir de paisano domina su pensamiento. Adems, estoy comiendo gratis, aade. Cuando le pregunto si alguna vez quisiera volver a ser soldado, me lanza una mirada indignada, pero inmediatamente sonre y lanza una carcajada. No, eso no me gusta nada; lo peor de todo era combatir.

Zujian, que habla un poco de ingls, est de acuerdo. Con una voz de nio que an debe cambiar, jura que la vida que lleva ahora es mucho mejor que la que llevaba cuando portaba un arma y que para l la vida de soldado acab para siempre. Todos los muchachos con quienes hablo me dicen los mismo, a pesar de que no est garantizado que algunos de ellos acaben regresando a la vida militar en los prximos aos. Sin embargo, todos ellos quieren algo mejor. Todos estn buscando la forma de abandonar esa vida.

Peter me pide sin rodeos que coja a un par de chicos y me los lleve a Estados Unidos de modo que puedan contar su historia personalmente. Insina con fuerza que a l le gustara ser uno de ellos. Mientras tanto, dice, rezar por la paz. Korok tambin est rezando: por la paz y por un liderazgo mejor para su pas. Hay alguna posibilidad, pregunta, de que el pueblo de Estados Unidos construya escuelas de modo que los nios puedan ir a clase en lugar de convertirse en soldados?

Sudan del Sur necesita desarrollo. Necesita hospitales, no la lucha, me dice Zujian con una sonrisa reflexiva. Lleva toda la razn, pero yo me pregunto si hay alguna posibilidad de que eso se concrete. Las recientes ofensivas militares estn destruyendo todo, matando e hiriendo a civiles y prcticamente nadie se hace responsable de lo que acontece. El gobierno obtiene ms del 90 por ciento de sus ingresos no de los ciudadanos a quienes debe proporcionar servicios y transparencia sino de empresas petroleras extranjeras. Ahora tambin est en deuda con el Banco Nacional de Qatar, entidad con la cual Sudan del Sur se ha hipotecado. Sus militares estn implicados en enormes atrocidades, como tambin lo han hecho las fuerzas rebeldes que se les oponen. Ambas fuerzas continan utilizando a nios-soldados. El pas est en lo ms alto de la lista de las 178 naciones ms frgiles del mundo elaborada por la Fundacin por la Paz, y ocupa un puesto excepcionalmente alto en trminos de pobreza y corrupcin, pero entre los ms bajos si se trata de la educacin, la infraestructura, la libertad de prensa y los derechos humanos. Sudan del Sur es uno de los peores lugares del mundo para quienes son madres o nios. Su economa est desquiciada; se espera que cerca de cinco millones de personas se enfrenten con una grave escasez alimentaria en los prximos meses. Dado el hecho de que en buena parte de los ltimos 60 aos la parte surea de Sudan ha estado involucrado en guerras, una serie de conflictos que han arruinado el pas, acabado con la vida de millones de seres humanos, amargado a otros tantos y avivado los fuegos de la venganza, el futuro parece sombro.

Al final de nuestra entrevista, Zujian me mir fijamente, luego entrecerr los ojos como si buscara algo y comenz a entrevistarme a m. Quiere saber qu persigo yo; por qu he viajado tanto hasta llegar al ICC para hablar con el y los dems muchachos.

Yo trato de explicarle que mi pas ha ayudado al reclutamiento de nios-soldados en el suyo, a pesar de que la comunidad internacional condena esa prctica y del hecho de que nuestras leyes la prohben, lo mismo que las leyes de Sudan del Sur. Le digo que la gente de Estados Unidos conoce poco y nada del flagelo de los nios-soldados en el mundo. Es importante, agrego, que esta gente se entere de lo que a los nios les gustara decirles sobre la cuestin.

He venido aqu, le explico, a escuchar su historia y har todo lo que pueda para contarla a mis conciudadanos. Puedo sentir la decepcin de Zujian. Como muchos de los nios, l esperaba mucho ms de m, quizs incluso cierto tipo de ayuda tangible. Su expresin es escptica y se queda en silencio hasta que llegamos al borde de la incomodidad. Entonces, sbitamente, dibuja una amplia sonrisa y con toda elegancia me saca del atolladero.

Claramente, la ayuda y las acciones de construccin de naciones que Estados Unidos realiza en Sudan del Sur han producido cualquier cosa menos los efectos deseados tanto por Washington como por Sudan del Sur. No es menos claro que la jugarreta del presidente Obama de mirar hacia otro lado cuando se trataba de nios-soldados facilitara que a la larga se produjera el colapso de su utilizacin en 2013 con devastadores resultados. A pesar de esto, Zujian no se queja de Estados Unidos o de sus ciudadanos. De algn modo, pese a todas sus decepciones, incluyendo mi participacin en la cuestin, l contina teniendo fe.

Estoy contento de haber hablado contigo, dice con un movimiento de cabeza, sin parar de sonrer, mientras estamos sentados al sol en este reseco atardecer de una estacin incierta, literalmente en una tierra de nadie situada en algn lugar entre la guerra y la paz, entre la juventud y la adultez. Si el pueblo estadounidense lee esto sobre nosotros, tal vez resulte algo bueno.

 

Nota: A pedido de UNICEF, los nombres de los nios-soldados han sido cambiados para proteger su identidad.

Nick Turse es editor ejecutivo de TomDispatch.com e integrante del Nation Institute. En 2014, gan los premios Izzy y el American Book por su libro Kill Anything That Moves. Ha informado regularmente desde Oriente Medio, el sureste de Asia y frica; sus notas han sido publicadas por New York Times, Los Angeles Times, Nation y TomDispatch. Acaba de publicarse su ltimo libro, Tomorrow's Battlefield: U.S. Proxy Wars and Secret Ops in Africa. La cobertura de esta nota ha sido posible gracias a la generosidad de la Fundacin Lannan.

 

Nota relacionada: La historia no contada de las exportaciones militares israeles a Sudan del Sur, en Rebelin, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=199750

 

Fuente: http://www.tomdispatch.com/post/176006/tomgram%3A_nick_turse%2C_my_very_own_veteran%27s_day/#more



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