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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-06-2015

Las mariposas, el queso y los gusanos
Sobre las esperanzas y la decepcin en el Socialismo del siglo XXI, de Andr-Nel Roth

Jos Francisco Puello-Socarrs
Rebelin


El artculo: SOCIALISMO DEL SIGLO XXI: de la esperanza a la decepcin escrito por el profesor Andr-Nel Roth y publicado recientemente en el portal: Palabras al Margen (http://bit.ly/1ebKAnW), se propone realizar un balance actualizado sobre las situaciones y los procesos en los pases del socialismo del siglo XXI: Venezuela, Bolivia y Ecuador. Estas revoluciones democrticas de un nuevo tipo, al decir de Roth, en contraste con la esperanza y los entusiasmos que habran generado en sus inicios (no slo en sus propios pases sino tambin en otras partes del mundo), hoy provocaran todo lo contrario: escepticismo y decepcin.

Varios de los juicios hechos por Roth resultan vlidos y ciertamente contribuyen a los debates acadmicos y polticos que hoy por hoy, desafortunadamente, brillan por su ausencia. Sobre todo cuando en varios contextos, entre ellos Colombia, las aproximaciones a este asunto se caracterizan por la irreflexividad y en otros casos ms puntuales simplemente por la deformacin desinformativa. No obstante, el artculo al que hacemos referencia en su conjunto cae en varios lugares comunes desde los cuales valdra la pena interponer algunas precauciones y pensar este asunto a partir de nuevas premisas instalando una mirada complementaria que explore este tema bajo nuevas claves.

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Proponer los Socialismos del Siglo XXI (en adelante: SSXXI) como revoluciones democrticas y desde all sacar conclusiones definitivas, resulta ser un ejercicio interpretativo ambiguo para caracterizar los procesos registrados recientemente en Venezuela, Bolivia y Ecuador.

Stricto sensu los episodios aludidos no son revoluciones. Si quisiramos describir grosso modo el significado poltico de los procesos venezolano, ecuatoriano y boliviano deberamos precisar mejor a qu nos referimos con revolucionario.

Si se respetan ciertos niveles de anlisis sobre la realidad se puede advertir que una cosa es un proyecto revolucionario, el cual tiene como horizonte poltico transformar el modo de produccin y reproduccin de las relaciones sociales vigentes (hoy capitalistas); y, otra cosa es un programa poltico y/o de polticas revolucionarias, es decir: parte de un proceso que est materializando la Revolucin. Un proyecto poltico, desde luego, puede (auto)proclamarse revolucionario. Sin embargo, esta sola enunciacin no es performativa y, por lo tanto, no permite decir que el proyecto efectivamente lo sea. Bien recordaba Hugo Chvez en Golpe de Timn: la revolucin no se decreta, de lo contrario tambin lo plante Marx estaramos al borde de caer en un cretinismo constitucional. Para el caso que nos ocupa, los SSXXI presenciamos a lo sumo una enunciacin de un propsito, la proyeccin de un horizonte, lo que potencialmente puede ser (o no ser): La Poltica. Un asunto diferente es referirse al diagnstico sobre el aqu y el ahora: las trayectorias de lo actualmente existente: Lo Poltico.

Por lo tanto, para ser y estar en medio de un proyecto poltico revolucionario el cual pretende materializarse, entre otras cosas, mediante un programa poltico y de polticas revolucionarios, habra que hacer antes la revolucin. No es el caso de los SSXXI.

Venezuela, Bolivia y Ecuador son, ante todo, reformismos radicales ya que la ruptura revolucionaria es un horizonte deseado pero no una realidad en concreto ni firme. Los SSXXI se diferencian de otros casos en principio tomando en cuenta el grado de profundidad de las reformas (a lo que Roth apunta al referirse a las vas socialdemcratas o moderadas por las que han optado otros procesos; sin referirse cules son esos casos) slo por contraste y comparacin. Estas diferencias seran distinciones de grado. La disyuntiva entre reforma o revolucin como alguna vez la postul Rosa Luxemburgo en trminos dicotmicos no aplica para un contexto drsticamente distinto como el de los SSXXI.

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La anterior aclaracin tiene otras implicaciones. Dado que no estamos en presencia de gobiernos revolucionarios hic et nunc sino de reformistas radicales con un horizonte revolucionario, los procesos de los SSXXI estn a su vez sometidos y condicionados a lo que podramos denominar las oportunidades y restricciones de una doble transicin.

Si los procesos de ruptura revolucionaria en el siglo XX se plantearon como transiciones socialistas, los reformismos radicales del nuevo milenio enfrentan el desafo de lograr primero una transicin desde el neoliberalismo, donde el punto de partida es cierto, pero el de llegada es incierto. Posteriormente y en segundo lugar, se advierte otra transicin hacia el socialismo durante siglo XXI, donde el punto de llegada es un locus de incertidumbre, un proceso en construccin y por construir; si se quiere, un no-lugar que no pretende ser calco ni copia (Maritegui). Esta distincin debe incorporar adems el contexto poltico bajo el cual se han desplegado estos procesos neo-socialistas y, especialmente, lo que significa el dispositivo democrtico, el cual - hay que subrayarlo fue la democracia reducida al mbito (neo)liberal-electoral. Los mrgenes para maniobrar polticamente aqu son drsticamente distintos.

En la muestra especfica de casos a los que alude Roth como los SSXXI, por ejemplo, ninguno de los candidatos presidenciales llega al poder con un discurso socialista. Adicionalmente, estamos hablando de conquistas electorales del poder gubernamental, es decir, un nivel bastante bien acotado en las relaciones sociales e institucionales del poder, en sentido ms amplio. Las primeras victorias electorales de Hugo Chvez, Evo Morales y Rafael Correa se destacaron por ser discursos reformistas los cuales, incluso, en su momento fueron calificados de tercera va (es decir, un reformismo en y no del neoliberalismo). Cmo no recordar que el proyecto boliviano giraba inicialmente en torno a un capitalismo amaznico! (Garca Linera).

A diferencia de los dems casos (aqu no omitimos los ms representativos: Argentina, Brasil, Uruguay) una vez en el poder de gobierno la retrica anti-neoliberal de los SSXXI fue poco a poco procesando, adoptando y adaptando diferentes perspectivas sociales y, al final, transformndose. Pasaron de ser una resistencia meramente defensiva anti-neoliberal hacia un programa poltico y de polticas ofensivo contra el neoliberalismo. O para decirlo coloquialmente: en los casos de Venezuela, Bolivia y Ecuador, polticamente, se pas de los NOs a los S͒s, y en esa medida se constituyeron distintos programas polticos que no slo pretendan el cambio de las polticas en el neoliberalismo sino enarbolaron la posibilidad de procesos que condujeran hacia la desinstitucionalizacin y destitucin del neoliberalismo, dos cosas que tambin son distintas sobre todo en relacin a los otros casos.

Finalmente, bajo distintas versiones: Socialismo del Siglo XXI (VEN), Revolucin Ciudadana (ECU) o Socialismo Comunitario (BOL) se constituyeron horizontes (proyectos) polticos revolucionarios aunque en medio de una (primera) transicin que hoy por hoy se encuentra en curso y que resulta - adems - sumamente compleja en tanto articula toda una variedad de relaciones de poderes y dimensiones, actores y sujetos de las sociedades nacionales y tambin del escenario internacional.

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La metamorfosis que conduce hacia la instalacin de los SSXXI hay que valorarla entonces no moralmente sino por el significado poltico que implica para la economa poltica global en el siglo XXI.

No hay que omitir que, al inicio de este milenio, nos encontrbamos, aqu s, en medio de la gris pesadilla y la desesperanza absoluta del holocausto neoliberal, recordmoslo: la fase del capitalismo tardo donde se exacerban todos los salvajismos inherentes a sus lgicas y contradicciones, tales como la explotacin econmica (humana y de la naturaleza), la opresin social, la alienacin ideolgica, y las violencias constitutivas que lo inauguran desde la dcada de 1970s con el debut de las dictaduras cvico-militares. De hecho, menos de una dcada antes de que Hugo Chvez llegara al Palacio de Miraflores, se haba sentenciado histricamente el triunfo definitivo del capitalismo y afincado la frustracin segn el destino de la humanidad no poda ser otro que el del neoliberalismo, con todo lo que ello implica.

De all que la autntica decepcin (primera, digamos, para no hacer desde ya futurologa), en medio de todos estos acontecimientos histricos son los procesos que bajo una retrica anti-neoliberal y reformista volvieron al neoliberalismo, y actualmente lo refuerzan, ms all que esta vez sea un neoliberalismo de nuevo cuo, menos visible pero no por ello menos peligroso que el del siglo inmediatamente anterior. Porque si por algo se caracterizan los (auto)proclamados neo-desarrollismos (argentinos, brasileos, uruguayos) es haber aprovechado en forma oportunista la crisis neoliberal, la oleada de contestaciones sociales contra el neoliberalismo y, aqu s, las esperanzas populares, para redimir al capitalismo neoliberal bajo una nueva versin.

En estos casos s que se advierten las decepciones y sobre todo las frustraciones. Aqu los gusanos que salieron del queso no llegaron a mariposas. Y en medio de esta coyuntura ni siquiera emergieron alternativas ni alguna nueva utopa tan necesaria como urgente que sirviera para caminar (deca Eduardo Galeano) o, al menos, empezar a desandar la larga noche neoliberal como un primer paso para intentar salir del horror que hoy por hoy representa el capitalismo y su crisis. Pues no hay que olvidar que este sistema actualmente amenaza con acabar la civilizacin humana, nada ms y nada menos; conspiracin en la cual no sobra aadir - estn comprometidos regmenes del neoliberalismo recargado y su clases dirigentes como sucede en Colombia, los cuales por ahora no los sometemos a la discusin pues en estos casos el queso ni siquiera germin los gusanos.

Para ilustrarlo de otra manera: una cosa es proponer la reconstruccin de un Capitalismo en serio (frase de Nstor Kirchner y Cristina Fernndez de Kirchner) o capitalismo humano (una contradiccin en los trminos) para el nuevo milenio y otra muy distinta, polticamente hablando, es postular el Socialismo Comunitario como proyeccin del siglo XXI.

Una cosa es la apuesta (fallida, bien es cierto) Yasun en Ecuador, donde despus de varios aos y esfuerzos no se logr una compensacin para el pueblo ecuatoriano ante la decisin de no explotar los recursos naturales, y contribuir al medioambiente y las ecologas comunales (finalmente se explotar el 10% de la cuenca), y otra - bastante bien lejos de esa apuesta - es el yacimiento de Vaca Muerta en Argentina donde YPF utiliza fracking bajo la figura neoliberal de la asociaciones pblico-privadas y en la cual el principal socio es uno de los ms infames ecocidas del planeta: la usamericana Chevron.

As tambin saltan a la vista las diferencias polticas de lo que significara la explotacin de hidrocarburos por YPFB (Yacimientos Petrolferos Fiscales Bolivianos, la empresa estatal) y sus alianzas estratgicas donde el gobierno retiene un alto porcentaje de regalas (70% circa) para programas sociales, y otra, lo que significa YPF (Yacimientos Petrolferos Fiscales), empresa donde el Estado argentino tiene un 51% de las acciones y el porcentaje restante es propiedad de capitales privados transnacionales (incluyendo a las redes empresariales pertenecientes al hombre ms rico del planeta: Carlos Slim).

Ejemplos anlogos que muestran los contrastes de este tipo sobran y sera engorroso alargarlos para insistir en una distincin polticamente evidente. As las cosas, hay que pensar en qu tipo de proyectos y horizontes polticos se plantean (incluso, en su dimensin formal) los diferentes procesos, y articularlos con los programas polticos y de polticas que materializan distintas trayectorias reales. Aqu las vas son por completo distintas y conducen hacia distintos caminos, una clave que a la hora de los anlisis, resulta crucial.

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Existe un lugar comn desde el cual se desarrollan los anlisis sobre los SSXXI que instalan una mirada simplificadora sobre las realidades y que afectan los balances sobre el significado poltico que implican estos acontecimientos.

Interpretar que el desarrollo de estos y otros procesos se debe, casi exclusivamente, a una serie de personalidades, carismticas o no (carismticas respecto a quin?, es una interrogante que la ms de las veces no se responde ni se explica), es un error analtico sobresaliente. Para el caso de los SSXXI, es innegable la impronta especfica de personalidades polticas como Chvez, Correa o Morales. Sin embargo, simplificar al extremo que estos procesos son producto de estos personajes sera estrangular las aproximaciones.

Los sucesos relativos a los SSXXI han sido fruto de complejos procesos social-populares. De all que la Revolucin Bolivariana no es privativa de Chvez o Maduro y tampoco el Socialismo Comunitario del Suma Qamaa pertenece a Evo Morales o lvaro Garca Linera. Identificar estos procesos con individualidades, por ms importantes que puedan ser para su construccin (incluso si la tesis es la degeneracin) es un ejercicio que slo puede permitirse como una reduccin didctica. Pero al nivel analtico resulta ser un obstculo que atenta contra la comprensin y explicacin de los mismos. Otra cosa distinta es que los SSXXI se han personificado como sucede en todos procesos sociales pues stos se revelan as, son realizados por seres humanos en singular y en plural y que tambin exista un grado (para algunos, inquietante) de personalizacin.

Ahora bien, esta caracterstica resulta ser un atributo de los SSXXI?, o por el contrario: no se trata de una herencia de la poltica latinoamericana y caribea, especialmente, un legado inercial de la particular institucionalizacin de las democracias regionales producto de las transiciones desde los regmenes burocrtico-autoritarios (las dictaduras cvico-militares de las dcadas 1960s-1980s) tentativas que precisamente instalan los proyectos polticos y modelos econmicos del neoliberalismo en Amrica Latina y el Caribe? Los perturbadores deslizamientos autoritarios que representan los liderazgos carismticos y personalistas - para varios analistas, parte de la tradicin regional de larga data -, no se refuerzan y profundizan en los SSXXI en particular sino en la poca neoliberal en general. Este tipo de democracias con grados llamativos de autoritarismo, conceptualizadas por Guillermo ODonnell como Democracias Delegativas, estn relacionadas genticamente con el tipo de democracias neoliberales, no con los SSXXI. Este es un sendero de dependencia que hay que identificar no para avalarlo sino, precisamente, para todo lo contrario, advertirlo y revaluarlo.

Nadie niega el peso poltico que le imprimen las personalidades a los SSXXI en positivo o en negativo, insistimos. Pero mantener esta afirmacin sin hacerla reflexiva sera desconocer que existe una dimensin ms compleja donde existen procesos de personalizacin y tambin de personificacin polticas en los procesos sociales. Es bien cierto tambin que bajo diferentes circunstancias personalizacin y personificacin coinciden para bien y para mal.

A partir de lo anterior, y segn se exalta en la tesis de la personalizacin, proponer que existen en los SSXXI tendencias ya no autoritarias sino directamente autocrticas, resulta ser una extralimitacin.

Primero, como planteamos antes, porque esto desconoce la formacin primordial caracterstica de los regmenes realmente existentes en la regin: una coalescencia entre grados de autoritarismo e instituciones democrticas (as stas sean formales y aquellos muy reales; el caso ms llamativo como lamentable y excepcional es Colombia donde hace dcadas no se desarroll una democracia delegativa sino que subsiste y se refuerza un rgimen anocrtico: mitad dictadura, mitad democracia). En segundo lugar, porque es improbable al menos desde los pronsticos humanamente posibles pensar en un regreso o instalacin de la autocracia (cosa diferente al autoritarismo, incluso si se lo piensa estrictamente en tanto cuestin de grado) como tendencia poltica regional ni en los SSXXI ni en otras muestras. De hecho, ni siquiera existen elementos que permitan suponer esta idea en Colombia, el caso ms extremo de la combinatoria demo-dictatorial.

No se puede negar que los avances relativos o absolutos en los intentos por profundizar los elementos democrticos (no slo polticos sino trayendo a colacin el significado de la democracia ms all del componente representativo-electoral, incluyendo las dimensiones econmicas y sociales), con todas las contradicciones que eso pueda suponer ponen al frente de la grilla regional a los denominados SSXXI. Baste revisar empricamente algunos ejemplos puntuales: las novedades constitucionales respecto a distintos dispositivos ideolgicos e institucionales (lo comunal, lo protagnico, los umbrales paradigmticos del Suma Qamaa, Sumaj Kausay, andereco), as como tambin diferentes resultados concretos que se evidencian en varios indicadores de todo tipo, y que verifican esta afirmacin.

Eventualmente se podra objetar que estos ejemplos son mera retrica poltica, una especie de engaifa y que - valga la redundancia - simplemente en la realidad real son inexistentes, letra muerta o eclipsada. Sin embargo, si se analizan en relacin a otros acontecimientos regionales del mismo ciclo, la conclusin no deja duda y, al menos, en los SSXXI estos elementos permiten pensar en senderos autnticamente alternativos. Estos insumos posibilitan forjar expectativas y esperanzas en tanto instrumentos institucionalizados que potencialmente permitiran radicalizar varios aspectos de la democracia, un dficit que precisamente resulta ser uno de los principales obstculos que impiden el convivir sociopoltico y econmico que por siglos los pueblos y naciones latinoamericanas y caribeas han soado. En otros casos, - hay que subrayarlo - estas alternativas formales ni siquiera existen o se encuentran dbilmente institucionalizadas lo cual aumentara las probabilidades de su desconocimiento o regresin. Por eso mismo, en estos ltimos la desesperanza y la decepcin polticas sobre un no-futuro, ms all de las propuestas enarboladas por las minoras hegemnicas, s que se verifican.

Los avances alcanzados en los SSXXI al igual que en otros proyectos o programas polticos de distinto tenor nunca podran ser defendidos, materializados, profundizados o radicalizados exclusiva ni linealmente por personalidades individuales, por ms carismticas o poderosas que sean. Son los sujetos sociales, actores y agentes histricos concretos, los protagonistas principales de estas propuestas que en el devenir de los acontecimientos se construyen (tambin se deconstruyen y reconstruyen dinmicamente) especialmente cuando hablamos de la historia en presente, es decir, la dialctica entre lo poltico y la poltica, como bien advirti Antonio Gramsci.

Agotar el anlisis de estos procesos a la suerte de la dependencia de las personalidades o liderazgos, y de all extrapolar rasgos autocrticos como signo de los SSXXI, es una hiptesis falseable y, sobre todo, inconveniente para analizar crticamente estos procesos.

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Lo anterior no pretende sugerir que cualquier anlisis sobre la economa poltica latinoamericana y caribea ms reciente, debe automticamente eximir de responsabilidades, virtudes o errores, a los SSXXI, como si esos proyectos en abstracto o sus trayectorias en concreto fueran una suerte de parasos de mermelada y en los cuales la avenida hacia el cumplimiento riguroso de sus promesas estara asegurada. No. Al contrario.

Estos procesos estn repletos de complejidades y contradicciones y en los cuales constantemente existen mltiples desafos. Sobre todo: amenazas, internas y externas, pues respecto a sas ltimas se caera en una ingenuidad cndida si se cree que la regin en general y estos proyectos en particular, ms all o ms ac de su retrica o autenticidad contra-hegemnica, no estn expuestos al podero poltico, econmico y militar estadounidense. Si los EEUU an sostienen que somos su patio trasero! Es una obligacin identificar las desviaciones, tambin las exigir rectificaciones, en las conducciones de este tipo de procesos.

Sin embargo, pedirle a Venezuela, Bolivia y Ecuador que resuelvan, en una especie de fiat, todas y cada una de las contradicciones del capitalismo en sus respectivas fronteras y que, adems, lo hagan en un abrir y cerrar de ojos, es algo que se resiste a cualquier anlisis. Hay que aadirle una pizca de pensamiento geoestratgico y pensar qu significan estos pases en la dinmica global (inclusive, en la regional). El tipo de transiciones de las que hablamos implican diferentes ritmos, desafos y amenazas. Ahora bien, si se evaluara comparativamente la velocidad de estos procesos polticos no hay duda que los mecanismos, secuencias y episodios que sintetizan los SSXXI en general se caracterizan por haber sido excepcionalmente verstiles en su profundidad y rapidez, especialmente, al principio. No por casualidad se les ha otorgado el mote de radicales.

Esta observacin que surge de estos fenmenos es lo que permite concluir que si los procesos de este tipo no se siguen profundizando y radicalizando con relativa celeridad y resolucin pueden tender a disolverse y, aqu s, correr el riesgo de regresiones y degeneraciones las cuales, evidentemente, atentaran contra los horizontes democrticos (poltica, econmica, social, etctera) que ellos mismos originalmente han enarbolado.

Esta es una dinmica compleja, no-lineal y que debe combinar audacia. Pero tambin, para ser slida polticamente, exige parsimonia, tctica y estratgica. Por eso estos procesos en especial hay que analizarlos en-alerta sopesando sus idas y venidas y, sobre todo, atendiendo si haciendo el camino al andar no est ensombreciendo el sendero.

No hay que confundir pues desesperanza con desesperacin. Las reflexiones simultneamente deben combinar una perspectiva de interpretacin ntegra e integral, articulada siempre en perspectiva histrica y siendo conscientes que las lgicas y contradicciones presentes en este asunto no nos cansaremos de insistir - son sumamente complejas. Hay que asumir una perspectiva que permita estructurar la multiplicidad de dimensiones que exigen diagnsticos sobre fenmenos polticos de este tipo equilibrando ciudadosa aunque no selectivamente los avances (los hay!) y los retrocesos (los hay!).

De lo que se trata en ltimas es de continuar como lo propone Eric Ollin Wright envisionando esta utopa pues hasta el momento resulta ser la nica que posibilita contrarrestar la contra-utopa del capitalismo neoliberal y, por lo tanto, parafraseando al Che Guevara: seguir siendo realistas, exigiendo y construyendo lo que parece imposible.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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