Portada :: EE.UU. :: Katrina, con el neoliberalismo al cuello
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-09-2005

Paramedicos que asistan a una conferencia se vieron atrapados por el Huracn Katrina en Nueva Orleans. Este es su testimonio
"En todas partes, las fuerzas oficiales de socorro fueron insensibles, ineptas y racistas"

Larry Bradshaw y Lorrie Beth Slonsky
Cubadebate


Dos das despus que el Huracn Katrina azotara Nueva Orleans, la tienda Walgreen, ubicada en la esquina de las calles Royal e Iberville, permaneca cerrada. A travs de los cristales, se poda ver claramente la vitrina de los productos lcteos. Ya haban pasado 48 horas sin electricidad ni agua corriente. La leche, el yogur y los quesos estaban comenzando a deteriorarse con una temperatura de 32 grados. Los propietarios y gerentes haban cerrado con llave la comida, el agua, los culeros y las medicinas y haban huido de la ciudad. Afuera de la tienda, los residentes y turistas tenan cada vez ms sed y hambre.

La tantas veces prometida ayuda federal, estatal y local nunca se materializ y los cristales de la tienda Walgreen cedieron ante los saqueadores. Haba una alternativa. Los policas podan haber roto una pequea ventana y distribuido las nueces, los jugos de frutas y las botellas de agua de forma organizada y sistemtica, pero no lo hicieron. Por el contrario, se pasaron horas jugando al ratn y el gato, persiguiendo a ratos a los saqueadores.

Finalmente, nos sacaron por aire de Nueva Orleans hace dos das y llegamos a casa ayer (domingo). Todava no hemos visto la cobertura de la televisin ni hemos ledo los peridicos. Esperamos no encontrarnos imgenes de video ni fotos en primera plana de turistas europeos o blancos opulentos saqueando la tienda Walgreen en el Distrito Francs.

Tambin sospechamos que los medios de difusin estaran inundados de imgenes de hroes de la Guardia Nacional, el ejrcito y la polica esforzndose por ayudar a las vctimas del Huracn. Lo que ustedes no vern, pero s presenciamos nosotros, es a los verdaderos hroes y heronas que realizaron los esfuerzos de socorro: la clase obrera de Nueva Orleans. Los trabajadores de mantenimiento que utilizaron un montacargas para trasladar a los enfermos y discapacitados. Los ingenieros que montaron, alimentaron y mantuvieron funcionando los generadores. Los electricistas que improvisaron gruesas extensiones de cables a lo largo de cuadras para compartir la electricidad que tenamos a fin de liberar los autos que estaban atascados en las zonas de parqueo de los techos. Las enfermeras que se convirtieron en ventiladores mecnicos y estuvieron muchas horas administrndole aire manualmente a los pacientes inconscientes para mantenerlos con vida. Los porteros que rescataron a las personas que se haban quedado trabadas en los elevadores.

Los trabajadores de la refinera que entraron a la zona de los botes y los robaron para rescatar a sus vecinos que permanecan en los techos en medio de las inundaciones. Los mecnicos que ayudaron a puentear los carros que pudieron encontrar para sacar a la gente de la ciudad. Y los trabajadores del servicio de alimentos que fregaron las cocinas comerciales improvisando comida comunitaria para cientos de desamparados. La mayora de estos trabajadores haban perdido sus casas y no tenan noticias de los miembros de sus familias, sin embargo, se quedaron y ofrecieron la nica infraestructura para el 20% de Nueva Orleans que no estaba bajo el agua.

El segundo da, quedamos unas 500 personas en los hoteles del Distrito Francs. ramos una mezcla de turistas extranjeros, asistentes a la conferencia como nosotros, y personas del lugar que se haban alojado en los hoteles para obtener seguridad y refugiarse del Katrina. Algunos tenamos contacto mediante telfonos celulares con nuestros familiares y amigos fuera de Nueva Orleans. Nos dijeron repetidas veces que estaban entrando a la ciudad todo tipo de recursos, incluida la Guardia Nacional y muchos mnibus. Los mnibus y otros recursos deben haber sido invisibles porque nunca los vimos.

Decidimos que tenamos que salvarnos por nuestra cuenta. Por lo tanto, reunimos nuestro dinero y llegamos a 25,000 dlares para pagar diez mnibus y salir de la ciudad. Los que no tenan los requeridos 45.00 dlares para el pasaje fueron ayudados por otros que tenan dinero extra. Esperamos 48 horas a que vinieran los mnibus y estuvimos al menos 12 horas esperando afuera del hotel, compartiendo el agua, la comida y las ropas escasas que tenamos. Creamos una zona de abordaje de prioridad para los enfermos, ancianos y recin nacidos. Esperamos hasta bien entrada la noche por el arribo inminente de los mnibus, que nunca llegaron. Luego supimos que en cuanto llegaban a los lmites de la ciudad eran requisados por el ejrcito.

Al cuarto da, los hoteles se haban quedado sin combustible y sin agua. Las condiciones sanitarias eran terribles. A medida que aumentaba la desesperacin y la angustia, comenzaron a incrementarse los crmenes en la calle y el nivel del agua. Los hoteles nos echaron y cerraron sus puertas, dicindonos que los funcionarios dijeron que nos dirigiramos al centro de convenciones para esperar los mnibus. Cuando entramos al centro de la ciudad, finalmente encontramos a la Guardia Nacional. Los guardias nos dijeron que no podamos entrar al Superdome ya que el refugio primario de la ciudad se haba convertido en un infierno humanitario y de salud. Los guardias nos informaron que el otro refugio que quedaba, el Centro de Convenciones, tambin se estaba sumiendo en el caos y la suciedad y que la polica no estaba dejando entrar a nadie. Naturalmente, nos preguntamos: Si no podemos ir a ninguno de los dos refugios de la ciudad, cul es nuestra alternativa? Los guardias nos dijeron que ese era nuestro problema y que no tenan agua extra para darnos. Este sera el comienzo de nuestros numerosos encuentros con insensibles y hostiles funcionarios de mantenimiento del orden.

Caminamos hasta el centro de mando de la polica de Harrah, en la calle Canal, y nos dijeron lo mismo, que estbamos por nuestra cuenta, y que no tenan agua para darnos. Ya sumbamos varios centenares de personas. Celebramos una reunin masiva para decidir nuestro curso de accin. Acordamos acampar fuera del puesto de mando de la polica. Estaramos bien visibles para la prensa y constituiramos una situacin bien embarazosa para los funcionarios de la ciudad. La polica nos dijo que no nos podamos quedar. No obstante, comenzamos a acampar. En poco tiempo, el jefe de la polica cruz la calle y se dirigi a nuestro grupo. Nos dijo que haba una solucin: debamos caminar hasta la autopista de Pontchartrain y atravesar el mayor puente de Nueva Orleans donde la polica tena mnibus esperando para sacarnos de la ciudad. La multitud se alegr y comenz a moverse. Llamamos a todos para que regresaran y le explicamos al jefe que nos haban desinformado mucho y le preguntamos si estaba seguro de que los mnibus nos estaban esperando. El jefe se volvi hacia la multitud y dijo enfticamente: Les juro que los mnibus estn all.

Las doscientas personas nos organizamos y salimos hacia el puente con gran entusiasmo y esperanzas. Cuando pasamos por el centro de convenciones, muchas personas del lugar vieron nuestra actitud decidida y optimista y nos preguntaron hacia dnde nos dirigamos. Les contamos las buenas nuevas. Inmediatamente, las familias tomaron sus pocas pertenencias y nuestro grupo se duplic, y se volvi a duplicar. Se nos unieron bebs en coches, personas con muletas, ancianos con bastones y en sillas de ruedas. Caminamos las 2-3 millas hasta la autopista y subimos por la pendiente hacia el puente. Comenz a llover, pero esto no agu nuestro entusiasmo.

A medida que nos acercbamos al puente, los alguaciles de Gretna formaron una lnea a lo largo del final del puente. Antes de acercarnos lo suficiente para hablar, comenzaron a disparar sobre nuestras cabezas. La multitud corri en diferentes direcciones. Mientras la multitud se disgregaba y disipaba, algunos de nosotros nos acercamos poco a poco y logramos conversar con algunos de los alguaciles. Les contamos nuestra conversacin con el jefe de la polica y lo que nos asegur. Los alguaciles nos informaron que no haba mnibus esperando. El jefe de la polica nos minti para que nos furamos.

Preguntamos por qu no podamos cruzar el puente, especialmente si haba poco trfico en la autopista de 6 carriles. Respondieron que el West Bank no se iba a convertir en otro Nueva Orleans y que no habra Superdome en esa ciudad. Estas eran palabras en cdigo que queran decir que si eras pobre y negro no podas cruzar el Ro Mississippi y no podas salir de Nueva Orleans.

Nuestro pequeo grupo retrocedi hacia la Autopista 90 para buscar refugio de la lluvia bajo un paso superior. Analizamos nuestras opciones y al final decidimos construir un campamento en el medio de la Autopista Ponchartrain en la divisin central, entre las salidas OKeefe y Tchoipitoulas. Pensamos que estaramos a la vista de todos, que tendramos alguna seguridad al estar en una autopista elevada y que podramos esperar y vigilar la llegada de los susodichos mnibus.

Durante todo el da, vimos a otras familias, individuos y grupos dirigirse a la pendiente con el fin de cruzar el puente, solo para ser rechazados. Algunos fueron dispersados a tiros, otros recibieron un no y otros fueron verbalmente vituperados y humillados. A miles de ciudadanos de Nueva Orleans les impidieron y les prohibieron autoevacuarse de la ciudad a pie.

Mientras, los nicos dos refugios de la ciudad se hundan en la mugre y la desesperacin. La nica forma en que se poda cruzar el puente era en un vehculo. Vimos a trabajadores robar camiones, mnibus, camiones de mudanzas, camionetas y cualquier auto que pudiera ser puenteado. Todos estaban atestados de personas que trataban de escapar de la desgracia en que haba cado Nueva Orleans.

Nuestro pequeo campamento comenz a crecer. Alguien rob un camin de entrega de agua y nos lo trajo. Que digan que fue saqueo! A una milla del lugar, en una curva muy cerrada, un camin del ejrcito perdi un par de pallets de raciones enlatadas para campaa. Trasladamos la comida hacia nuestro campamento en carritos de supermercados. Ya seguros con nuestras dos necesidades cubiertas, comida y agua, floreci la cooperacin, la comunidad y la creatividad. Organizamos una limpieza y colgamos las bolsas de basura de los postes. Hicimos camas con los pallets de madera y cartn. Designamos un desage de aguas de lluvia como bao y los muchachos construyeron una estructura elaborada de plstico, sombrillas rotas y otros materiales de desecho para nuestra privacidad. Hasta organizamos un sistema de reciclaje de la comida para que las personas pudieran intercambiar los alimentos (compotas de manzana para los bebs, caramelos para los nios).

Esto lo vimos muchas veces luego del paso de Katrina. Cuando la gente tena que luchar por conseguir comida o agua, tena que buscarla por s misma. Haba que hacer lo que fuera para encontrar agua para los nios o comida para los padres. Cuando estas necesidades bsicas estaban satisfechas, la gente empezaba a preocuparse por los dems, a trabajar juntos y construir una comunidad.

Si las organizaciones de socorro hubieran saturado la ciudad de alimentos y agua en los primeros 2 3 das, no se hubiera producido una situacin de desespero, frustracin y peligro. Satisfechas nuestras necesidades, ofrecimos comida y agua a las familias e individuos que pasaban por all. Muchos decidieron quedarse y unirse a nosotros. Nuestro campamento creci hasta llegar a 80 90 personas. Supimos por una mujer que tena un radio porttil que la prensa estaba hablando de nosotros. Como estbamos a plena vista desde la autopista, todas las organizaciones de socorro y noticiosas nos vieron cuando se dirigan a la ciudad. A los funcionarios les preguntaban qu iban a hacer con todas las familias que estaban viviendo en la autopista. Los funcionarios respondieron que se iban a ocupar de nosotros. Algunos de nosotros sentimos una sensacin de hundimiento. Ocuparse de nosotros tena un tono siniestro.

Desafortunadamente, nuestra sensacin de hundimiento (junto con la ciudad sumergida) demostr ser cierta. Al caer la tarde, se apareci un alguacil de Gretna, se baj del carro patrullero, apunt con su pistola a nuestros rostros y grit: Salgan de la condenada autopista. Un helicptero lleg y utiliz el aire que provocan las aspas para tumbar nuestras endebles estructuras. A medida que nos retirbamos, el alguacil carg un camin con nuestros alimentos y agua. Una vez ms, a punta de pistola, nos obligaron a salir de la autopista. Todos los rganos de mantenimiento del orden parecan amenazados cuando nos congregbamos o formbamos grupos de 20 o ms. En cada congregacin de vctimas ellos vean un tumulto o un motn. Nosotros nos sentamos seguros con el grupo. Nuestro objetivo de tenemos que permanecer juntos era imposible porque los rganos policiales nos obligaban a separarnos en pequeos grupos.

En el pandemonio de la invasin y destruccin de nuestro campamento, nos dispersamos una vez ms. Reducidos a un grupo de 8, en la oscuridad, buscamos refugio en un mnibus escolar abandonado, bajo la autopista de la Calle Cilo. Nos escondamos de posibles elementos criminales, pero de igual forma, nos escondamos de la polica y los alguaciles con sus polticas de ley marcial, toque de queda y disparar a matar.

En los das siguientes, nuestro grupo de 8 personas camin la mayor parte del da, entr en contacto con el Departamento de Bomberos de Nueva Orleans y fuimos posteriormente sacados por aire por un equipo de bsqueda y rescate urbano. Nos dejaron cerca del aeropuerto y logramos trasladarnos en vehculos de la Guardia Nacional. Los dos guardias jvenes se disculparon por la respuesta limitada de los guardias de Louisiana. Explicaron que una gran seccin de su unidad se encontraba en Iraq y que eso significaba que les faltaba personal y no podan cumplir con todas las tareas asignadas.

Llegamos al aeropuerto el da en que comenzaba un puente areo de grandes proporciones. El aeropuerto se haba convertido en otro Superdome. Los 8 nos vimos atrapados en una multitud porque los vuelos se demoraban varias horas mientras George Bush aterriz brevemente en el aeropuerto para tomarse unas fotos. Luego de ser evacuados en un avin de carga de guardafronteras, llegamos a San Antonio, Texas.

All continu la humillacin y deshumanizacin de las fuerzas oficiales de socorro. Nos montaron en mnibus y nos llevaron a un extenso campo donde nos obligaron a sentarnos durante horas y horas. Algunos de los mnibus no tenan aire acondicionado. En la oscuridad, cientos de nosotros tuvimos que compartir dos orinales sucios y desbordantes. Los que lograron traer algunas pertenencias (generalmente en bolsas plsticas destartaladas) eran sometidos a dos cateos diferentes con perros.

La mayora de nosotros no haba comido en todo el da porque nos haban confiscado las raciones de campaa en el aeropuerto al desatarse la alarma de los detectores de metal. Sin embargo, no le dieron comida a los hombres, mujeres, nios, ancianos, discapacitados que estuvieron horas sentados esperando a ser examinados mdicamente para asegurarse de que no tenan enfermedades contagiosas.

Este tratamiento oficial contrastaba grandemente con la calurosa y sentida recepcin que nos dieron los texanos comunes y corrientes. Vimos a una trabajadora del aeropuerto darle sus zapatos a otra persona que estaba descalza. Desconocidos en la calle nos ofrecieron dinero y artculos de tocador con palabras de bienvenida. En todas partes, las fuerzas oficiales de socorro fueron insensibles, ineptas y racistas. Hubo ms sufrimiento que el que deba haber. Se perdieron vidas que no debieron perderse.



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