Portada :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-06-2015

Las ideas comunistas en el mundo de hoy

Armando B. Gins
Rebelin


Declarase comunista puede tener consecuencias individuales contraproducentes muy serias y negativas para el portador de tan maligno virus, tanto en la esfera laboral como en la vida cotidiana. La insistente propaganda capitalista ha convertido tales ideas en el enemigo pblico nmero uno del sistema: cuando las cosas se ponen feas para las elites, mentar la bicha comunista suele atizar el miedo colectivo y sembrar de dudas emocionales las posturas coherentes y las propuestas razonables de cualquier izquierda que pretenda plantar cara a la ideologa derechista en sus diferentes advocaciones polticas, segn cada momento histrico: conservadores, reformistas, pragmticos, tecncratas, neoliberales

Hoy solo se puede aspirar sin que salten las alarmas de peligro inminente, a manifestarse pblicamente como liberal o socialdemcrata, versiones o etiquetas homologadas por la ideologa capitalista imperante para ser lo que se debe ser de modo correcto y templado. Fuera de este contexto se cae en el infierno de lo innombrable y sucio: radical, activista, antisistema, anarquista, extremista, terrorista, socialista y comunista.

Salvo en la academia, el pensamiento comunista no ocupa lugar de pleno derecho en el debate social y poltico. Las ideas comunistas han quedado reducidas al mbito universitario, siendo objeto intelectual de algunos autores muy valientes que continan manteniendo la llama viva de un compromiso meritorio contra viento y marea. Por tanto, al comunismo residual se le ha asignado un espacio casi inofensivo de mera reflexin terica, con poca capacidad para llegar e influir en el teatro diario y abierto de nuestras sociedades del espectculo consumista.

Badiou, Balibar, Fernndez Liria, Jameson, Negri y Zizek son algunos de los autores de mayor prestigio internacional que continan abordando el estudio del marxismo y el comunismo desde distintos y singulares puntos de vista, a veces bastante opuestos en sus respectivos anlisis, pero todos ellos procurando establecer un dilogo constructivo para aportar soluciones crticas de largo aliento a eso de ser comunista en los tiempos contemporneos. Son herramientas de referencia internacional inexcusable que afianzan el corpus ideal comunista como un hito fundamental en la historia mundial contra las injusticias del rgimen capitalista.

Desde el derrumbe de la URSS, los comunistas viven en la clandestinidad o en el limbo de las causas perdidas, si bien rascando ms all de la superficie sociopoltica muchas de sus ideas permean o dan consistencia latente a las proclamas de muchos movimientos sociales e iniciativas de reciente raz y cuo.

Todas las nuevas izquierdas emergentes, puntuales o con vocacin de durar ms all de las coyunturas y avatares contextuales o cclicos, son adaptaciones al terreno ms o menos fieles, en principio tcticas, para sortear los prejuicios anticomunistas de la gran masa y obtener as adhesiones y votos menos ideologizados y ms cercanos a la piel del sentimiento o el impulso inmediato. Sucede, no obstante, que una vez alcanzada alguna cota de poder la tctica a corto plazo se transforma en estrategia y las ideas comunistas, bajo la presin de la realpolitik y la moqueta consensual, se abandonan como trastos viejos u obsoletos haciendo suyas de forma compulsiva los dirigentes ms mediticos las nuevas ideas, ideas aejas en verdad, de libertad esttica, democracia parlamentaria al uso occidental y pacto contumaz con las elites propietarias.

El proceso de diluir la lucha por lo comn y lo pblico en categoras filosficas grandilocuentes y de impacto emocional genrico como libertad, democracia y dilogo, deja fuera de juego el compromiso fuerte por una sociedad comunista, dejndose embaucar varios movimientos contestatarios y formaciones polticas por los cantos de sirena del mito del mercado neutral y de la economa social como asignadores casi automticos de recursos equitativos a escala mundial.

Tras eufemismos tan dulces, sonoros y sutiles, el capitalismo ha camuflado sus tesis ms duras y ha conquistado el alma comunista de algunos lderes seeros cooptados a la elite por la estructura capitalista. El comunismo inicial se ha amortizado con retricas exquisiteces intelectuales bien elaborados que han comprado a precio de saldo la voluntad y la mente de dirigentes venales en estrecho contacto con sus pares capitalistas. Dos que duermen en la misma cama o comparten asiduamente despacho suelen volverse de idntica condicin o llegan a pensar de similar manera.

El capitalismo ha demostrado tener una cintura de avispa encomiable capaz de amoldarse a escenarios muy dispares, siempre bajo la presin de las luchas sociales. El Estado del Bienestar se origin por el pnico de las elites a que los comunistas y el movimiento obrero en auge hicieran de su conciencia de clase un elemento de enganche masivo que pusiera fin al impero capitalista en formacin por entonces. La presin comunista propici un dilogo y una conquista institucional de poder por parte de la clase trabajadora, manteniendo la supremaca el gran capital pero a costa de concesiones sociales y econmicas de enorme relieve. A cambio, la socialdemocracia acept el veto antidemocrtico implcito a la entrada de los partidos comunistas en los gobiernos nacionales.

No obstante, los comunistas continuaron atesorando un gran poder de movilizacin y negociacin a travs de los sindicatos de clase, que intentaron hacer de la necesidad virtud e implementar polticas en las empresas que permitieran la participacin directa de los trabajadores en la direccin de las mismas. Los empresarios se negaron a ello de modo tajante, inventndose posteriormente una solucin de emergencia que denominaron capitalismo popular. Esta nueva y genial ocurrencia pretenda convertir en socios accionistas minoritarios a sus trabajadores y cuadros medios, incluso promoviendo el divertido juego de apostar en Bolsa los ahorros salariales. La clase media situacionista se volvi loca de contento.

Ese tiempo ya pas, pero sirvi de cortafuegos a las aspiraciones sindicales de acceder al poder y direccin compartidos en el mundo empresarial. El capitalismo popular vendi la idea maquiavlica de que todos podemos ser propietarios en el reino del mercado fantasma, alegre y venal de la incipiente mundializacin neoliberal; una quimera que muchos se creyeron a pies juntillas y que indujo una fiebre de oro burstil por hacerse nuevos ricos a velocidad de vrtigo.

El capitalismo popular cumpli con creces con sus metas: ganar tiempo, desactivar el sueo comunista y apuntalar el edificio de la siguiente etapa: el pleno empleo, la sociedad del ocio y el conocimiento sin trabas ni fronteras fsicas ni mentales. Sobre estos tres anzuelos ideolgicos se construy la rapia neoliberal, que ya haba tenido laboratorios de excepcin en Amrica del Sur, antes que en ningn sitio en la dictadura de Pinochet en Chile con las tesis ultraliberales y reaccionarias del archifamoso Milton Friedman.

Desde Europa, la izquierda mir los acontecimientos dramticos sudamericanos con cierto desdn y distancia calculada, tal como ahora sucede con las experiencias alternativas en Venezuela, Bolivia y Ecuador. El ombliguismo de superioridad eurocntrico tambin es un mal o complejo freudiano de la izquierda que reside en el Viejo Continente colonialista. Solo las leyendas revolucionarias y picas del Che y Cuba, as como las guerras de liberacin en Nicaragua, El Salvador y el surgimiento de los zapatistas en Mxico tuvieron un efecto romntico en la decadente, depauperada y desorientada izquierda plural de Europa, incluido el campo comunista. Cositas banales de mucha esttica sentimental, de usar y tirar como alimento nocturno para almas diletantes.

A pesar de lo expuesto, en la retaguardia tctica, dentro del activismo social o en los cenculos del pensamiento acadmico, las ideas comunistas siguen inspirando y tejiendo discursos, acciones puntuales y programas polticos de base. Son ideas invisibles, sin autora cierta o reconocible, pero existen como humus para plataformas de muy variado signo y propsito. Es el conducto obligado para estar sin ser vistos o detectados con presencia e identidad propias en el complejo y unilateral mundo de hoy. El comunista de corazn y praxis sabe perfectamente que su protagonismo demasiado evidente puede restar adeptos de buena fe a causas importantes. Por ello, prefiere quedarse en una asptica segunda fila.

Adems de por su experiencia y densidad histricas y por su triple fuerza ideolgica, social y poltica, las ideas comunistas resultan imprescindibles para dotar de cohesin y coherencia internas a todos los frentes de batalla abiertos en la actualidad, que no son distintos a los del siglo pasado, aunque cierto es que han cambiado de faz tangible a ojos de la realidad objetiva. Son lneas de batalla que operan como trincheras de resistencia numantina desde donde el capitalismo pretende salvar los muebles de sus estructuras globalizadas. En este trabajo sordo contra esas verdades instrumentales de dominio de la elite sobre la clase trabajadora, las ideas comunistas son de un precioso valor y un aroma intenso a autenticidad sin dobleces o medias tintas. En el fondo, son las nicas que pretenden transformar el mundo ms all de retoques pasajeros de la todopoderosa maquinaria tecnolgica del rgimen capitalista.

La ideologa es un campo de batalla transversal y formidable, un puntal de la guerra de guerrillas contra la rebelda mundial. Valindose de la publicidad y de otros resortes simblicos, el capitalismo piensa por nosotros la sociedad en la que vivimos, justificando las relaciones sociales y los funestos daos colaterales de su devenir econmico: pobreza, hambre, paro laboral, injusticia, conflictos blicos, desastres ecolgicos, machismo Todo tiene causas naturales se nos viene a decir con amabilidad meliflua y cuando no se puede argir la primera falacia se sacan de la manga adversarios malficos e irreconciliables de la verdad omnmoda capitalista: terroristas, marginados, inmigrantes, comunistas. Contra ellos, todo vale. Mientras haya partidos del siglo a jugar cada cierto tiempo para desviar la atencin sobre aspectos de la realidad de mayor enjundia y calado poltico, el capitalismo de ficcin perdurar incluso pisoteando sus propias cenizas existenciales.

 Casablanca, Bogart y la causa

Dado que la ideologa no se presenta como tal, en ocasiones es imposible ponerle nombre y domicilio conocido. En la legendaria pelcula Casablanca, se enfrentan dos antagonistas de postn: por una parte, Bogart, representando el individualismo feroz coloreado de romanticismo trgico, en una combinacin extraa e incompatible de fatalismo y libre albedro; por la otra, Laszlo, comunista, casado de manera enfermiza con la causa como un autmata posedo por la Idea Dogmtica y Absoluta. En medio, la mujer, protagonizada por Ingrid Bergman, como objeto subalterno de la contienda poltica e ideolgica: un trofeo del hombre, superfluo, sin ms aditamentos. Este argumento ha hecho por el capitalismo ms que un milln de mensajes publicitarios durante varias generaciones de entregados cinfilos.

La ideologa, como advertimos en este universal ejemplo meditico, se encuentra en el rincn ms insospechado, neutro y mnimo de las rutinas habituales. Por supuesto, el hroe es Bogart, cnico, canalla, duro, sentimental y dotado de una ternura inefable en su soledad alcohlica, hombre de mundo, perdedor irreductible y fiel a la irracionalidad capitalista. Laszlo, en cambio, es fro y calculador; se debe a un objetivo abstracto que no le permite ser dueo de emociones humanas particulares. La mujer (Bergman), se va con su esposo, con la obligacin matrimonial, pero su amor est con Bogart, con la libertad de comercio y la verdad capitalista. La mujer debe sacrificarse por el statu quo, siempre supeditada a la voluntad poltica y domstica del varn. Genial guin y subyugante historia que nos mete en el cerebro un esquema de pensamiento espurio y vicario de las relaciones de poder capitalistas.

En el curso de la lucha sostenida contra los valores del capitalismo, una vez desentraadas sus falsedades ideolgicas, cabe preguntarse con Lenin, qu hacer? Ah concluye todo? No, segn Marx, ahora hay que transformar el mundo. De nada sirve nominar la realidad objetiva mediante conceptos atrayentes y neologismos bien avenidos (sociedad del riesgo, posmodernidad, sociedad lquida) si nos contentamos con permanecer en la mera teora brillante y complaciente. El impulso por una sociedad nueva hace que las ideas comunistas sirvan de faro hacia un futuro mejor y ms democrtico.

Precisamente, ese futuro que nunca se instala de manera definitiva ha sido contrarrestado con modelos de pensamiento muy afinados por las fbricas de ideas del neoliberalismo de nuestros das. Habitamos sin apercibirnos de ello en un futuro permanente plagado de novedades para sacarnos literalmente de la realidad objetiva y del presente a conciencia. De esta forma, renovando cada nada las mercancas y la insaciable capacidad deseante, se sortean los momentos de reflexin dialctica y emptica con el otro, en los que a travs del reposo y el dilogo crtico puedan conocerse o atisbarse las relaciones de poder existentes entre todos los actores y sujetos del espacio social.

El futuro permanente est ah para que solo veamos cosas, rfagas, destellos y luces que se apagan y se encienden de forma intermitente, pero nunca para interpretar y comprender la historia interna de las mismas y las conexiones profundas entre ellas, el entorno y los seres humanos. Producir novedades sin fin, tambin valores intangibles, es la fase actual del capitalismo de consumidores en masa. Una de las causas posibles del fracaso de los comunismos reales de antao fue el querer competir con el capitalismo fabricando cosas idnticas aunque por otros medios. Al final, los valores comunistas originales fueron absorbidos por la competitividad extrema y el estajanovismo doctrinal. Ms armas destructivas, ms industria pesada, ms cohetes espaciales, ms velocidad. Ms madera, como dira Groucho Marx, hasta que el tren al completo desaparzca ante la voracidad del fuego productivista a ultranza.

Las ideas comunistas genuinas han de conjugar el ms con el menos sabia y ponderadamente. Producir bajo demanda mercancas que cubran necesidades materiales objetivas, si, pero siempre manteniendo a la ciencia aplicada a raya al tiempo que se salvaguarda lo orgnico e insustituible del ser humano. No podemos dejar que la cultura sofisticada del ms tecnolgico ahogue o dilapide las esencias y particularidades inherentes a nuestra peculiar condicin animal y tica.

Hay ideas comunistas para rato. Los estallidos de furia de mayo del 68, el 15M y Occupy Wall Street dijeron no con rotundidad a las severas consecuencias sociales del capitalismo salvaje y del aburrimiento anmico de los valores que preconiza. Sin embargo, haca y hace falta un paso ms para dotar de contenido sabroso e histrico a ese grito espontneo y colectivo lanzado a los cuatro vientos.

Tenemos el objeto de crtica, el neoliberalismo de individuos en precariedad vital buscando su salvacin a golpe de talonario egosta y competitividad asfixiante. Sera necesario dar nombre al dnde queremos llegar: una sociedad nueva, comunista tal vez? Y, por supuesto, quin habra detrs de ese queremos annimo? Sin sujeto no hay frase inteligible. Multitud y ciudadana se antojan conceptos vagos, sin fuste, que se pueden desvanecer por su propia laxitud gentica.

Dejemos los interrogantes aqu, a la espera de respuestas colectivas convincentes y racionales. Lo comn es patrimonio de toda la gente trabajadora y las ideas comunistas no han dicho todava su ltima palabra. Querer es poder o poder es querer? Ahora bien, qu podemos? Y, antes que nada, qu queremos?


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter