Portada :: Espaa :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-06-2015

Corrupcin, poltica y 24-M

Iaki Gil de San Vicente
Rebelin


Los cinco artculos que aqu se ofrecen estn vertebrados por la corrupcin como necesidad estructural del capitalismo en su conjunto y del Estado espaol en concreto. Aun as, no siguen un orden lgico en su presentacin, no responden a un ndice temtico que facilite la exposicin de una teora general sobre la corrupcin. En realidad, cada artculo que aqu aparece viene a ser una especie de prefacio a otro artculo o ponencia anterior, publicado y a libre disposicin en la Red, prefacio en el que se investiga muy brevemente sus relaciones con la corrupcin.

Siguiendo el orden cronolgico: el primer texto, que tambin hace de presentacin de la serie, est escrito el 15 de abril de 2015 para relacionar siquiera rpidamente la corrupcin en general con la crisis socioecolgica, tema desarrollado en la ponencia Socialismo ecolgico antiimperialista (II). El segundo es del 2 de mayo de 2015 y trata sobre la corrupcin sindical, siendo una extensin del artculo 1 de Mayo entre la historia y el futuro. El tercero el del 13 de mayo y analiza la corrupcin en el socialismo, a raz del texto Origen y presente del socialismo. El cuarto es del 4 de junio y pretende hacer una crtica radical de la corrupcin, refirindose al artculo Principio de radicalidad. Y el quinto es del 19 de junio y reflexiona sobre los efectos de la corrupcin en el 24-M, segn la ponencia El 24-M y la crisis internacional del nacionalismo espaol.

1).- La corrupcion como necesidad estructural (15/04/2015)

Una de las razones de ser de El Hurn es el hurgar en esos mundos oscuros a los que no se atreve a llegar la industria poltico-meditica, as que con este primer artculo abrimos una seccin en la que intentaremos argumentar lgica e histricamente qu es la corrupcin, cul es su anclaje y funcin en el modo de produccin capitalista que no slo en el Estado espaol.

Como hemos dicho, la industria poltico-meditica no hurga con radicalidad en la razones materiales, sociales y culturales de la corrupcin estructural de la sociedad espaola, pasividad que intenta camuflar al hacer de la llamada lucha contra la corrupcin uno de sus apartados ms rentables en lo econmico. Es sabido que el morbo, la enva y el chismorreo de baja estofa, venden. Rentabilidad econmica que puede traslucirse en rentabilidad poltica, aunque esta resulte ser menor de la esperada. As lo sugieren la mayora de anlisis de los resultados electorales, al menos en el Estado espaol.

Por qu la lucha contra la corrupcin ofrece tan limitado rdito poltico-electoral a los pocos partidos, grupos y colectivos que la investigan y denuncian? Porque el capitalismo espaol se ha formado histricamente sin la depuracin de la podredumbre medieval realizada a sangre y fuego por una burguesa revolucionaria que, como sus hermana de clase, cortaba cuellos reales, aristocrticos y eclesisticos, que expropiaba por la fuerza las inmensas propiedades de obispos y duques, que liquidaba el ejrcito e ilegalizaba la Santa Inquisicin y la esclavitud, que desarrollaba un sistema judicial adecuado a los derechos burgueses, que avanzaba por primera vez en una poltica educativa y cientfica nunca antes existente, que racionalizaba el sistema de pesos, medidas y monedas, que reglamentaba la poca industria y el incoherente comercio, que

Ninguna se estas necesarias conquistas democrtico-burguesas se lograron de manera revolucionaria, vibrante y radical, como debiera ser para que arraigaran de manera irreversible en el subsuelo material y moral del dbil capitalismo espaol. Algunas de ellas fueron desarrollndose parcial y lentamente no por la valenta burguesa sino por la negociacin acobardada con las viejas clases dominantes, o incluso por gobiernos autoritarios y hasta dictaduras militares conscientes de que deban avanzar algo para no retroceder en todo hasta ser expulsados de su poder por los pueblos que malvivan en el Estado.

Iremos analizando la corrupcin --las corrupciones-- en esta nueva seccin, bien mediante artculos especficos, bien con presentaciones de artculos y textos que en apariencia poco o nada tienen que ver con esta caracterstica histrica del capitalismo desde sus balbuceos, mostrando en esas presentaciones la presencia interna de la corrupcin en tales textos.

Por ejemplo, una de las decisiones polticas que multiplicaron exponencialmente la corrupcin espaola fue la Ley del Suelo de 1997 dictada por el PP y mejorada en 1998. Liberalizado el suelo no urbanizable el capital se lanz como una hiena sobre ayuntamientos, diputaciones, gobiernos autonmicos y otras estructuras administrativas, estatales o no, para arramplar con cuanta mayor cantidad de suelo posible. La mayora de partidos polticos vieron en esas leyes medios de enriquecimiento masivo e instantneo. Y como la codicia es un valor inherente a la tica burguesa, la corrupcin se multiplic al instante para obtener las mximas ganancias aunque fueran por mtodos ilegales. El capital financiero-inmobiliario, el famoso ladrillazo, se uni a las grandes corporaciones energticas y del transporte, y a la industria del turismo, para forrarse en esta nueva California del oro, pero ahora del billete de 500 euros. Casi al instante, una masa incontrolable de dinero criminal, del narcocapitalismo y de las mafias, se sum al festn romano de cemento y droga: fue el famoso milagro espaol de la era Aznar.

No hace falta decir que fue la tierra, la naturaleza an protegida mal que bien hasta entonces al ser pblica y no urbanizable, fue ella la que pag los costos de la explosin inacabable de corrupciones, banquetes y caceras orgisticas de una minora crpula que se apropi de bienes y recursos naturales, privatizndolos.

Pues bien, el texto que sigue puede servir para dos cosas unidas en la praxis: entender correctamente cmo es la lgica ciega e irracional de la acumulacin ampliada del capitalismo que acta en lo subterrneo de la vida econmica y social segn nos es presentada por la industria poltico-meditica; y saber por tanto cmo podemos luchar contra su depredacin.

2).- Corrupcin sindical (02/05/2015)

Si bien la corrupcin estructural que caracteriza al Estado espaol y a su economa ha vuelto a quedar al descubierto con la detencin de Rodrigo Rato, que analizaremos en otro escrito, y en varios episodios recientes, ahora mismo queremos comentar algo bsico sobre la corrupcin en el sindicalismo reformista. Una de las razones que explicarn la debilidad de las manifestaciones y actos del sindicalismo reformista el prximo da 1 de mayo ser la indiferencia por la corrupcin sindical.

No hace mucho, hemos sabido que un histrico militante sindicalista asturiano, con altos cargos de responsabilidad en UGT, fue descubierto cuando intentaba lavar y legalizar ms de un milln de euros que haba acumulado mediante trampas, robos y chanchullos. Es difcil descubrir casos tan flagrantes de corrupcin sindical como el ahora analizado porque son escasos, o eso deseamos

El problema de la podredumbre en el sindicalismo reformista es, sin embargo, ms grave, mucho ms grave porque se desarrolla de manera normalizada, hasta legalizada, e imperceptible a simple vista. Solamente cuando se adquiere experiencia sindical prctica y cuando sta es reforzada por estudios tericos e histricos sobre el caso, solo entonces se adquiere conciencia de la densa y pegajosa red de corruptelas, privilegios, ventajas y beneficios que caracterizan al sindicalismo reformista, el que no es sino un lubricante muy dctil y fino de la mecnica de compra-venta de la fuerza de trabajo por la burguesa.

El sindicalismo que bajo la dictadura fue de lucha a la fuerza porque ya tena una ideologa interclasista, pas a la normalidad democrtica en muy poco tiempo. Un ejemplo fulminante lo tenemos en los demoledores Pactos de la Moncloa de octubre de 1977 que significaron la muerte del sindicalismo consecuente y del movimiento obrero con conciencia de serlo. A partir de esa fecha, se aceler el desplome al realismo sindical, claudicante, excepto muy contadas huelgas generales que nunca tuvieron como objetivo avanzar hacia la destruccin del sistema sociopoltico vigente, heredado del franquismo.

Fueron purgados y expulsados de las estructuras sindicales decenas de secciones sindicales crticas, ramas enteras de afiliados y delegados combativos que se enfrentaron al tsunami reformista; y su lugar fue ocupado por nuevos miembros sin apenas conciencia, que no se haban arriesgado apenas en la lucha sindical bajo el franquismo y mucho menos en la lucha clandestina poltico-sindical, carentes de la mnima formacin poltica e intelectual, y obedientes al aparato, muy obedientes.

Hablamos del sindicalismo corporativo, amarillo, reformista, exclusivamente orientado a mediar entre los obreros y los empresarios segn criterios de cooperacin y colaboracin de clase ms que de enfrentamiento y lucha, y mucho menos de lucha de clases destinada a acabar con el sistema de explotacin salarial. Este sindicalismo asume como principio que su funcin es la defensa de salarios y condiciones de trabajo mediante la negociacin segn las leyes existentes y sus cauces legales. Nunca forzndolos para ir ms all, a excepcin de algunas huelgas a las que no tienen ms remedio que sumarse para no quedar definitivamente descolgados de la dinmica social.

Sus delegados, afiliados y simpatizantes son formados en estos criterios, actan en conformidad con ellos. En situaciones de normalidad social, cuando la lucha de clases no ha entrado en una fase aguda y cuando la economa permite ciertas concesiones, el sindicalismo reformista est en su momento de gloria: puede presionar y obtener algunas victorias. Pero a la vez, los delegados van entrando en la red de araa que envuelve la compleja dinmica negociadora, el enmaraado sistema legal y el permanente contacto con la administracin de la empresa.

Va surgiendo una casta sindical en proceso ms o menos rpido de burocratizacin anquilosada y alejada de la realidad laboral diaria, cada vez ms distanciada de las vivencias de las y los compaeros de trabajo, sobre todo de las mujeres, juventud precarizada y migrantes, que son los sectores ms explotados, por no hablar de la llamada economa sumergida en donde reina sin tapujos la dictadura patronal. Se forma una gerontocracia burocratizada monopolizadora del saber legal, de los contactos y relaciones con la abogaca laboral, y entrampada en una forma de vida cmoda y estable, segura.

La patronal no es idiota. Sabe que la ideologa reformista sindical crea en la mente de sus delegados una personalidad democrtica, dialogante, comprometida con los intereses colectivos de la empresa. Sabe que muchos delegados no rechazan comidas pagada por la empresa en restaurantes de medio lujo despus de las reuniones, no rechazan ciertas prebendas y diferencias de trato diario en comparacin con los dems trabajadores, nimiedades cotidianas que mejoran su vida y la hacen menos dura.

Paulatinamente van limndose las speras aristas que impiden el clima normal necesario para las buenas negociaciones. Aparecen los favores de los que nadie se entera, excepto el patrn y el delegado, el que los concede y el que los acepta. Pero todo favor personal es una deuda sindical y poltica, y sobre todo es una derrota en la conciencia del delegado reformista. Junto a esto, el sindicalismo reformista ha abandonado todo programa sistemtico de concienciacin sociopoltica de sus miembros, limitandose a la estrictamente necesaria formacin tcnica en la accin sindical de negociacin y concertacin. Tras varios aos de insercin en esta mecnica legalista y mentalmente sumisa, el delegado termina aceptando o al menos no oponindose de ningn modo a la normalidad.

Lo peor viene cuando estalla la crisis econmica, cuando se esfuman en la nada las ilusiones de la unidad de intereses, de la armona social y el empresariado, la clase burguesa y su Estado aparecen al desnudo tal cual son en la realidad. Entonces el sindicalismo reformista muestra su podredumbre, esa corrupcin moral y rastrera asentada en infinidad de corruptelas y chanchullos ms o menos nimios, cotidianos, diarios incluso, que sin grandes traiciones a su clase y sin ostentaciones de suntuosidad consumista, ha ido pudriendo desde dentro cualquier atisbo de dignidad.

Las crisis desatan lo ms inmoral y egosta de la apenas invisible mentalidad corrupta del reformismo sindical, porque es en ellas cuando los delegados de una empresa no dudan en sacrificar a algunos o a muchos, incluso a todos, de sus antiguos compaeros, aunque, lgicamente y por eso del qu dirn presiona para que se cierren otras empresas salvando la suya a costa de los sacrificios salariales de todos, excepto de la patronal.

Nos sorprende entonces que cada vez menos obreros acudan a las manifestaciones y actos organizados por el sindicalismo reformista, mientras que aumenta la asistencia a las jornadas de lucha del 1 de Mayo organizadas por los sindicatos sociopolticos, en especial lo que lucha por la liberacin nacional de clase y antipatriarcal de sus pueblos y que atraen a la mayora de la juventud obrera?

3).- Corrupcin en el socialismo (13/05/2015)

Dijimos al presentar este apartado de El Hurn dedicado exclusivamente a la denuncia de las corrupciones, que comenzaramos cada artculo con un anlisis especfico de las distintas formas de corrupcin relacionadas con el contenido del artculo ofrecido en ese momento. Hasta ahora hemos visto la podredumbre generalizada del Estado espaol a raz, entre otras cosas, de la ley del suelo dictada por el PP y sus repercusiones en la crisis medioambiental y socioecolgica; tambin hemos hablado de la corrupcin en el sindicalismo reformista, amarillo y corporativo a raz del 1 de mayo.

Ahora nos enfrentamos a un problema cualitativamente diferente a los dos anteriores: la corrupcin en el socialismo. Difiere en calidad porque mientras que la sociedad burguesa gira alrededor de la mxima acumulacin individual de capital, o de dinero para entendernos ahora, obtenible incluso violando su propia legalidad, la militancia socialista se caracteriza por el contrario por una conciencia revolucionaria en la que el dinero, el capital, es el enemigo irreconciliable a batir. Como veremos, las corrupciones que ha habido en lo que podramos denominar sin mayores precisiones como pases socialistas han sido y son infinitamente menores en todos los sentidos que la estructural, endmica y necesaria corrupcin capitalista.

Para corromperse, el militante socialista ha de serlo slo de boquilla, en la forma, con una conciencia muy dbil en sus concepciones ticas que no tan slo polticas y tericas. La tica marxista es decisiva para superar las tentaciones de corrupcin que surgen por doquiera en la sociedad capitalista, pero lo es mucho ms todava cuando se ha tomado el poder y surgen posibilidades de enriquecimiento, nepotismo, etc., como ha ocurrido.

Vase que hablamos de militancia socialista, es decir, de praxis revolucionaria comunista, y no de afiliacin socialista en el sentido de estar afiliado a los partidos socialdemcratas, integrados en su burocracia y cobrando de ella y de las instituciones burguesas en las que se trabaja --ayuntamientos, diputaciones, gobiernos autonmicos, instituciones varias, servicios sociales y pblicos, empresas pblicas, ministerios y aparatos del gobierno, burocracias del Estado, etc.--, de modo que dejamos fuera de la militancia revolucionaria a estos pozos podridos de nepotismo, corruptelas y corrupciones varias.

Tambin excluimos a la parte de la burocracia eurocomunista y de otras ex izquierdas que se pasaron al reformismo blando o duro desde el famoso desencanto de la segunda mitad de los 80, que paulatinamente fue enquistndose en la densa y pegajosa red de araa institucional, siendo abducida por el agujero negro de la democrtica corrupcin. Recordemos aquella expresin peyorativa de marxismo-ladrillismo que haba sustituido al marxismo-leninismo de los aos 60 y 70 de algunas organizaciones y partidos polticos que se decan comunistas.

Y tenemos que reivindicar el honor y la tica comunista de miles de mujeres y hombres que nunca claudicaron ante lo cantos de sirena del sistema dominante. Como militante independentista y socialista vasco que soy, reivindico la rectitud de la izquierda abertzale a la que nunca se le ha podido acusar de la mnima corrupcin a pesar de la sofisticada y permanente investigacin a la que es sometida desde su origen por todos los aparatos del Estado, as como por los partidos y medios de prensa unionistas y autonomistas. Estn ansiosamente prestos a despedazar a la izquierda abertzale slo con el primer rumor de mnima corruptela por falso e interesado que resulte ser.

Partiendo de aqu, comparemos las situaciones histricas en las que han chocado dos poderes radicalmente opuestos: el capitalista y el pueblo trabajador, y veamos cules han sido las prcticas corruptas de ambas. Los rganos de poder de la revolucin de 1848 chocaron con un rgimen podrido, descrito brillantemente por Marx en su obra El 18 Brumario de Luis Bonaparte. La lectura de este sorprendente libro nos descubre un mundo burgus infecto, pestilente, repulsivo hasta la nusea pero, debido a eso mismo, fiel espejo de la civilizacin del capital. La Comuna de Pars de 1871 se autoorganiz de manera democrtica, comunera, descentralizada en muchas cuestiones y centralizada en las decisivas, la de defensa, por ejemplo, pero segn Marx y Engels cometi el error de no haber sido suficientemente radical: deba haber nacionalizado la banca para as adquirir las armas y la comida que necesitaba vitalmente. La limpia tica comunera, que la marxista integra y asume, fue una leccin al mundo entero que an perdura en la memoria popular, mientras que la crueldad asesina de la contrarrevolucin slo fue superada por la masiva corrupcin de un rgimen militar que nicamente deseaba recuperar sus propiedades y privilegios a costa de miles de muertos y deportados.

Una de las razones que explican el arraigo creciente del socialismo en el capitalismo industrial de finales del siglo XIX, y anteriormente del anarquismo en el capitalismo comercial y campesino, fue su coherencia moral y honestidad a toda prueba, comparada con la cnica doble moralidad tpica de la burguesa y con la inmoralidad de las iglesias cristianas. En los EEUU a la pestilencia de su clase dominante se le sum la corrupcin de sus mafias armadas privadas que, en connivencia con policas y jueces, asesinaban trabajadores y sindicalistas. La revolucin de 1905 en Rusia y la oleada de luchas en otros pases volvieron a demostrar que emancipacin popular y corrupcin se repelen como el aceite y el agua. Otro tanto sucedi en la revolucin mexicana de 1910 realizada por pueblos explotados que, adems de otras reivindicaciones, exigan acabar con los caprichos y cambalaches de los grandes hacendados.

La revolucin bolchevique de 1917 fue tambin otro ejemplo incuestionable, y lo ha seguido siendo en parte hasta finales de la dcada de los 80. La corrupcin generalizada slo se impuso tras la disolucin del PCUS, al desaparecer los controles que la frenaban. No es que no hubiera prcticas corruptas, las haba y cada vez ms desde que el grupo de Brzhnev terminara de controlar los resortes del poder en la segunda dcada de los 60, aumentando progresivamente a costa del desarrollo global de la URSS. La famosa perestroika iniciada en 1985 tena tambin como objetivo acabar con tales prcticas que gangrenaban an ms una situacin que haca aguas. Sin embargo, la diferencia cualitativa y objetiva entre las corrupciones de aqul sistema y las capitalistas es que aquellas se realizaban en su sistema en el que no exista propiedad privada de las fuerzas productivas, como en el capitalismo, rgimen en el que pertenecen a la burguesa. No haba derecho de herencia de grandes propiedades, es decir, el enriquecimiento por corrupcin, crimen, ilegalidades, etc., inherente a la civilizacin del capital, no poda privatizarse ni acumularse en una nica familia, ni menos an clase social en el sentido marxista del concepto.

Se fue formando una casta nomenklatura- que s detentaba poder estatal y que s obtena beneficios socioeconmicos por su posicin: mejores casas, coches oficiales, mejores y ms bienes de consumo, posibilidades de viajar al extranjero, muy pequeas acumulaciones de propiedad bsica individual, etc., pero apenas ms. Para que esta casta diera el salto a clase social propietaria privada de las fuerzas productivas, tuvo que vencer la contrarrevolucin que (re)instal un capitalismo tan podrido como los dems, pero con la diferencia de que en el ruso esa podredumbre era pblica porque no tena tiempo para ocultarla legalizndola. Hay una demostracin contundente que confirma lo exiguo de la acumulacin de propiedad individual en las castas de aqul sistema: conforme se hundan los llamados regmenes del Este la prensa capitalista se desesperaba porque no encontraba grandes fortunas privadas en los dirigentes y por tanto no poda manipularlas como ejemplos para demostrar la superioridad del capitalismo. No existe punto de comparacin entre las pobres fortunas personales y no heredables de la nomenklatura y las gigantescas propiedades burguesas del imperialismo. Tampoco lo existe si queremos compararlas con las fortunas privadas acumuladas por los reyezuelos, militarotes y tiranos de toda laya que el imperialismo ha puesto y depuesto en el mundo entero para defender sus intereses.

La tendencia al aumento de la corrupcin en los pases socialistas se acelera en la medida en que se desarrolla el llamado socialismo de mercado, que como tal es imposible en s mismo: o existe el primero o existe el segundo. Esto ya se demostr al poco tiempo de existencia de la NEP en la URSS desde comienzos de 1921, que intentaba reactivar la destrozada economa mediante la concesin de algunos derechos de economa privada, o segunda economa, es decir, de capitalismo incipiente supeditado al control del Estado y de la democracia socialista. Fue el atraso zarista, la guerra de 1914, la contrarrevolucin internacional desde inicios de 1918 y el sabotaje masivo de la burguesa y la clase terrateniente rusa la que arruin el pas obligando a la instauracin de la NEP como medida desesperada de supervivencia. Sin poder desarrollar ahora esta decisiva cuestin, hay que decir que desde entonces, con altibajos, la pugna entre mercado y planificacin estatal ha recorrido la historia prctica y terica del socialismo hasta hoy mismo, y la recorrer siempre que siga creyndose que el socialismo es compatible con el mercado que es el foco de las corrupciones y del capitalismo dentro del socialismo.

Nada de esta pugna a muerte puede entenderse sin otros cuatro conceptos imprescindibles: democracia socialista y Estado obrero; comunidad internacionalista de Estados obreros; casta burocrtica y Estado corrupto; y agresin imperialista. Segn contextos y coyunturas la interrelacin de estos cuatro vectores bsicos puede explicar la evolucin de las corrupciones dentro del sistema socialista. El caso de China Popular es paradigmtico: la opcin oficial por el socialismo de mercado de los aos 90 y comienzos del siglo XXI se ha vuelto en opcin por una especie de capitalismo socialista en el que el primer componente va devorando al segundo mientras que aumentan las resistencias populares y la corrupcin especficamente burguesa --se permite la afiliacin al PCCH de grandes capitalistas, por ejemplo-- ha penetrado en el interior del partido, a pesar de las peridicas purgas extremas que llegan a ser ejecuciones de altos burcratas. Mltiples formas de corrupcin se mantendrn y aumentarn conforme decrezca la propiedad estatal y aumente la propiedad mixta y sobre todo privada, en especial la de las grandes corporaciones chinas que ya explotan no slo al pueblo trabajador chino y a las etnias internas, sino tambin a otros pueblos y naciones en el mercado mundial con su expansin subimperialista.

Concluyendo, un reto decisivo para el socialismo presente y futuro es el de luchar contra la corrupcin en s misma, sea en el interior de los pases socialistas como en el capitalismo. Para ello es imprescindible recuperar la tica marxista, la teora de la transicin revolucionaria al comunismo y a la vez, la implacable lucha contra la burocratizacin de las organizaciones polticas, sindicales, sociales, culturales, etc., que se dicen socialistas, porque uno de los primeros focos de corrupcin es la burocracia interna.

4).- Critica radical de la corrupcin (04/05/2015)

Como se dice al inicio del artculo que viene abajo, ser radical es ir a la raz de las cosas. Siguiendo con nuestro objetivo en El Hurn de relacionar la temtica del artculo que se ofrece con la corrupcin como necesidad estructural del capitalismo, hoy vamos a ser radicales en una de las fundamentales facetas de la corrupcin.

En el capitalismo la lucha contra la corrupcin no concluir nunca hasta que no se llegue a su raz, es decir, a la produccin de plusvalor que ha de transformarse en plusvala y en ganancia. Muchos son los frenos, obstculos y muros que dificultan y hasta paralizan el circuito entero que se inicia en la produccin, pasa por la circulacin, se materializa en el beneficio y, tras necesarias operaciones, vuelve a empezar a una escala superior de produccin ampliada.

Las crisis parciales, sectoriales, de ciclo corto que estallan en el capitalismo con ms frecuencia de lo que creemos, son en realidad resultado de la interaccin confluyente de todas las contradicciones particulares insertas en el interior de esas formas especficas del proceso de valoracin del capital: crisis industriales, de servicios, financieras, etc. Pues bien, una de las formas ms comunes de las empresas para adelantarse a esas crisis es la corrupcin que sirve de aceite que lubrica el funcionamiento integrado de las diversas instancias que forman la esfera industrial, mercantil y comercial, de servicios de los capitalismos concretos.

Estudios recientes muestran que en el capitalismo espaol nada menos que el 69% de los directivos reconocen que aceptan sobornos y corrupciones, habiendo aumentado cuatro puntos desde 2013. El capitalismo ms corrupto es el portugus, con un 82% de empresarios que reconocen aceptar sobornos y corrupciones, siguindoles a la par los de Grecia y el Estado espaol, estando la media europea en un 35% y siendo el ltimo Dinamarca con el 4%. La media de sobornos y corrupcin en los BRICS es del 61%. El sibaritismo de la corrupcin empresarial se aprecia sabiendo que el 34% de los sobornos son regalos personales, el 31% regalos para el ocio, y el 16% dinero en metlico.

De cualquier modo, hay que saber que los porcentajes son mayores en la realidad porque la gente, y ms los burgueses por su cnica doble moral, tiende a mentir en las encuestas que estudian su comportamiento tico presentndose como mejores de lo que son, ms demcratas y tolerantes, y menos reaccionarios e intolerantes. Tambin exageran en las encuestas sobre sus prcticas sexuales, disminuyendo su miseria sexual, como tambin ocultan su pobreza econmica.

Los sobornos, la mordida, los sobres, los regalos, los porcentajes, forman parte de la cultura econmica espaola --y tambin poltica---, como se afirmaba en un especializado blog econmico el pasado 15 de mayo, de manera que la corrupcin es el modus operandi de los negocios en Espaa, una cultura que se ejerce con tal desvergenza y descaro que la percepcin social de las corrupciones que se tiene en el Estado espaol es superior a la que existe en Italia, Egipto, Turqua o Rusia, que deben ser dechados de virtudes calvinistas en los negocios.

Pero la corrupcin en el Estado espaol est garantizada y reforzada por la altsima tasa de economa sumergida que si en 2008 representaba el 16,8% del PIB estatal ha subido al 24,6% en 2014 como respuesta a la crisis. Otras estadsticas sugieren que con la activacin estival de la industria turstica, ese porcentaje puede llegar al 30% en los meses veraniegos. Pero las grandes empresas no pueden dar lecciones de moralidad a la economa sumergida porque al amparo de la crisis las empresas del Ibex 35 han aumentado en un 44% su presencia en los parasos fiscales.

La corrupcin es consustancial a la economa sumergida como las mafias son inherentes a la economa criminal que mueve miles de millones-. Slo en La Lnea de Cdiz, donde la tasa de desempleo llega al 40%, 30 mafias controlan el masivo trasiego de contrabando dando empleo a miles de familias que mueven un negocio valorado en centenares de millones-, lo que supone un fraude de 325 millones- a la Hacienda espaola. Pero estas cifras son muy pequeas si tenemos en cuenta la totalidad de la llamada economa criminal en el Estado espaol.

Ahora bien, slo estamos tocando la superficie del problema, las ramas del rbol. Si queremos atacar radicalmente la corrupcin tenemos que saber los lmites de las propias leyes burguesas anticorrupcin para no caer en el pozo reformista que cree que el llamado sistema democrtico, adems de neutral e imparcial tiene instrumentos legales que acaban con la corrupcin o la debilitan al mximo. Por ejemplo, la prensa ha aplaudido con las orejas al informar que la Reserva federal y el Departamento de Justicia de EEUU han multado con nada menos! que 5.200 millones- a cinco grandsimos emporios financieros por sus trampas trileras: JP Morgan, Citigroup, Barclays, RBS y UBS; han manipulado durante cinco aos los tipos de cambio de divisas.

Sin embargo esa multa es irrisoria por dos motivos: porque justo toca a algo ms de 1000 millones- por banco, algo apenas ridculo para estas gigantescas corporaciones; y porque a buen seguro que los abogados y consejeros de estos y otros bancos habrn calculado con antelacin qu ganancia neta obtienen con sus negocios ilegales una vez pagadas las multas recibidas. En efecto, se calcula que las ganancias ilegales obtenidas durante estos cinco aos superan los 9.000 millones-, o sea ms de 4.000 millones- de ganancia neta despus de haber cumplido con la justicia.

No es nada nuevo en la historia del capitalismo: Se trata de la contabilidad en B que es tan vieja como los primeros tratados de contabilidad en el norte de la Italia renacentista. Lo cierto es que estas multas se han impuesto varios aos despus de que la alocada e incontrolable ingeniera financiera rompiera las dbiles barreras de contencin haciendo estallar la crisis actual que va generando otra vez burbujas especulativas muy parecidas a las de entonces. La diferencia es que ahora son determinados Estados los que protegen las cuentas reales de las grandes empresas: a finales de 2014 se supo que Luxemburgo daba un trato de favor a ms de 300 grandes transnacionales para que pagasen menos impuestos.

A finales del siglo XIX se fund el banco HSBC cuya principal funcin consista en administrar y hacer rentables los ingentes beneficios que el colonialismo europeo extraa de las plantas de opio en Asia y sobre todo de la vencida China. HSBC fue expandindose por el mundo especialmente a partir de 1920, siempre relacionado con los negocios oscuros, de modo que en 2007 sus beneficios ascendieron a 24.000 millones-$, siendo el 60% de ellos procedentes de las economas emergentes.

Una investigacin demostr que en entre 2007 y 2008 el HSBC haba lavado alrededor de 9.000 millones-$ procedentes del narcotrfico y otros negocios solamente en Mxico y en las Islas Caimanes. Otras cifras sobre actuaciones similares del banco entre 2006 y 2008 hablan de 15.000 movidos entre Mxico y Rusia, por citar slo algunos datos. A finales de 2012 pag una multita de 1.900 millones-$ por sus actuaciones ilegales.

Pero si de las ilegalidades de las grandes corporaciones financieras pasamos a las formas de hacer negocio que se mueven justo en los bordes de lo permitido, es decir, a los llamados lobbys vemos que Microsoft est a la cabeza de los 7.500 lobbys que funcionan en Bruselas y que Google es la firma que ms dinero invierte en sus consejos comerciales en Washington. Se calcula que en la UE, y sobre todo en Bruselas, actan unos 30.000 lobbystas mientras que el nmero de funcionarios es de 60.000 que en la Eurocmara aconsejan a los polticos de turno: un lobbysta para aconsejar a dos funcionarios, tarea fcil.

Por tanto, en el capitalismo --recurdese lo que anteriormente escribimos sobre la corrupcin en el socialismo-- la corrupcin slo ir desapareciendo en la medida en que lo hagan el capital financiero-industrial y la produccin de mercancas. Volveremos sobre esta decisiva cuestin.

5).- Corrupcin y 24-m (19/05/2015)

En esta introduccin para El Hurn del artculo sobre las elecciones municipales y autonmicas del pasado 24-M, nos enfrentamos a uno de los anlisis ms complejos y difciles de realizar sobre los resultados globales, y sobre los particulares de las negociaciones, pactos y repartos posteriores, que es, sin duda, el de la influencia poltica de la corrupcin, el de calibrar con alguna aproximacin cunto voto han podido perder la dos grandes fuerzas polticas en el Estado espaol debido a la corrupcin. Intentaremos analizar muy brevemente qu posibles influencias ha podido tener en dichos resultados la corrupcin estructural que caracteriza al capitalismo espaol y a su Estado.

Una de las razones que explican esa dificultad, probablemente la fundamental, estriba en que la corrupcin normalizada no es mal vista en el Estado, y menos en lo que se denomina mundo empresarial, tal como hemos expuesto en artculos anteriores. Esto hace que slo sea cuantificable y calificable en sus expresiones manifiestas, pero apenas en la anodina vida cotidiana.

Otra de las razones es que la llamada ciencia social, la sociologa, para entendernos, no est capacitada para estudiar las corrupciones por dos obstculos cualitativos insuperables para esta llamada ciencia social: uno, que la raz de la corrupcin es la misma que la raz de la economa mercantil desde sus orgenes histricos; y otra, que esta raz se entrelaza rpidamente con otras motivaciones sociopolticas formando una totalidad, cuyo estudio exige recurrir al mtodo dialctico, algo tambin imposible para el mecanicismo positivista y neokantiano de la sociologa que, con su clebre cuantofrenia denunciada por Sorokin, absolutiza el individualismo metodolgico burgus.

Resultado de ello es que la sociologa ni quiere ni puede prestar atencin a la unidad entre economa y poltica, unidad que tiene en las corrupciones uno de los engranajes de influencia recproca ms efectivos. Si la sociologa intentase profundizar en las relaciones poltico-econmicas tendra que hacer un doble esfuerzo: superar sus propias limitaciones pero tambin las de la contabilidad de la economa capitalista. La entera estructura conceptual de la economa poltica est diseada para negar u ocultar lo ms posible la explotacin asalariada, el proceso de extraccin de plusvala mediante la explotacin burguesa de la fuerza de trabajo. La ignorancia sociolgica al respecto es involuntaria solo en parte, frecuentemente es consciente: estricta voluntad de no saber qu es y cmo funciona el modo de produccin capitalista.

Ahora bien, la cuantificacin s sirve para descubrir algunos efectos externos que nacen de las internas contradicciones del capitalismo. Permite saber, por ejemplo, que la corrupcin supone aproximadamente el 1% del PIB de la UE; que las mafias ganan alrededor de 5.500 millones- anuales con trfico de personas de frica a Europa y de Nuestra Amrica a EE.UU., y que han obtenido no menos de 15.700 millones- en los ltimos quince aos con el trfico humano entre frica y la UE; que el narcotrfico y la prostitucin suponen el 0,85% del PIB del Estado espaol; que en 2014 aproximadamente el 33% de la clase obrera del Estado trabajase en negro, con el demoledor impacto que ello supone para la recaudacin fiscal, ya de por s muy debilitada por las amnistas fiscales, prebendas, ventajas y descuentos legales que el Estado burgus concede a las grandes fortunas, mientras que casi 1.300.000 pequeos ahorradores han sido estafados en menos de diez aos mediante las ofertas preferentes de la banca.

Todo esto y ms puede descubrir la contabilidad econmica siempre que tenga medios adecuados y sobre todo voluntad poltica, lo que depende de las disputas entre las fracciones de la burguesa, las presiones del reformismo y la fuerza de masas de la izquierda, cuestin sobre la que nos extenderemos en otros escritos. A pequea escala tambin es difcil luchar contra la corrupcin en talleres, bares, restaurantes y comercios, aunque se incoen expedientes a algo ms de un centenar de talleres de coches en la Comunidad de Madrid; o como en el caso de la Comunidad Autnoma Vasca se descubra que el 90% de los bares y restaurantes tienen contabilidad B: casi al instante han respondido asociaciones de pequeos empresarios poniendo en solfa o minimizando el asunto incluso con argumentos legales basados en las ambiguas lagunas de la jurisprudencia al respecto. De cualquier modo, una doble contabilidad bien manipulada deja un beneficio extra an despus de haber pagado la multa siempre que la ley vaya por detrs de la trampa

La corrupcin estructural en lo econmico se materializa en lo sociopoltico mediante complejos y mltiples canales a travs de los que se redistribuyen parte de los beneficios legales e ilegales, tambin grises, que siempre nos remiten a alguna forma de ganancia directa y/o indirectamente material: dinero, regalos, sexo, poder, influencias, etc. Ms aun, en las intrincadas redes relacionales cotidianas, siempre dependientes del reparto de estos y otros beneficios y lubricadas por este mismo reparto, laten los embriones de formas micro mafiosas de accin econmica y sociopoltica: que no lleguen a dar el salto a pequeas organizaciones que bordean la ilegalidad puede ser debido a muchas razones.

Lo fundamental es que estas corruptelas de baja intensidad de la que ya hemos hablado en alguna ocasin y a las que tendremos que volver en otros comentarios por su enorme importancia, son extremadamente difciles de cuantificar y menos en los resultados electorales porque su masiva penetracin cotidiana est asentada y asegurada por la quntuple funcin del dinero como medida del valor; medio de circulacin; medio de acumulacin; medio de pago y como dinero mundial. La totalidad de la vida social est determinada por esta quntuple funcin del dinero, determinacin tanto ms omnipotente cuanto que adems est desmaterializada por el perverso y reaccionario efecto del fetichismo de la mercanca.

La normalidad cotidiana con la que se acepta y practica esta pequea corrupcin surge de la imbricacin de los factores expuestos dentro de la vida ms o menos precaria, pero siempre precaria, que sufre la poblacin explotada que vive de salario directo, social, pblico, diferido, indirecto. La burguesa tiene otra forma de ver y practicar la corrupcin. Solamente cuando la amarga experiencia acumulada durante varios aos en los que, junto a los efectos empobrecedores de la crisis, las masas van viendo que la corrupcin y la podredumbre generalizadas multiplican su malestar a la vez que enriquecen a la minora en el poder, slo entonces empiezan a notarse los directos efectos polticos que causa la podrida realidad corrupta, pero no siempre sucede as.

La sociologa no est preparada para investigar --ni tampoco quiere hacerlo-- las concatenaciones entre los procesos socioeconmicos y psicopolticos que, bajo la presin de las corrupciones mltiples, terminan influyendo en los resultados electorales. En los ltimos aos han emergido a la prensa tantas corrupciones soterradas durante tiempo que han sido uno de los detonantes del drstico agravamiento de la crisis internacional del nacionalismo espaol. Nos encontramos ante la clsica sinergia de contradicciones parciales que generan una compleja contradiccin cualitativamente superior cuyo estudio exige el empleo del mtodo dialctico, verdadero satn bolchevique para el academicismo neokantiano de la sociologa neutral, subvencionada por empresas privadas y burocracias estatales. A pesar de la innegable actualidad e influencia sociopoltica y econmica de la corrupcin estructural, multiplicada en los ltimos aos, es extremadamente difcil encontrar investigaciones serias realizadas desde la sociologa.

Nuestra bsqueda ha dado muy pocos resultados, exceptuando los cuatro textos que citamos, y el cursillo de verano sobre la corrupcin poltica organizado en Donostia por la fiel UPV, utilizado por el PNV, en representacin y defensa de la burguesa vasca, para emborronar el problema. Los cuatro textos son: F. Gordillo, J.M. Arana, L. Mestas y J. Salvador:  Compatibilidad y confianza entre votante y candidato Es posible un sistema de votacin ms justo?. Psicologa Poltica, Valencia, N 45, 2012, pp. 27-41. R.F. Gonzlez; L.F. Garca y Barragn y F. Laca Arocena: Validacin de una batera para identificar el papel de la ideologa en las decisiones electorales Psicologa Poltica, Valencia, N 49, 2014, pp. 59-82. Sandro Giachi: Dimensiones sociales del fraude fiscal: confianza y moral fiscal en la Espaa contempornea. Revista Espaola de Investigaciones Sociolgicas, Madrid N 145, 2014, pp. 73-98. Y J. M Garca Blanco: Burbujas especulativas y crisis financieras. Una aproximacin neofuncionalista, Revista Espaola de Investigaciones Sociolgicas, Madrid N 150, 2015, pp. 71-88.

Dejando de lado otras crticas comunes a los cuatro artculos que nos remiten a lo arriba expuesto sobre las limitaciones de la ciencia social, s hay que decir que aunque sus temticas tienen relaciones estrechas y hasta muy estrechas con la corrupcin, y a pesar de que han sido escritos en unos aos en los que la corrupcin y las elecciones estn en primera plana meditica por razones obvias, pese a ello las corrupciones no estn presentes. Como si no existieran. Semejante vaco impide conocer una de las motivaciones ideolgicas y psicopolticas que estn determinando el ciclo electoral en el que estamos inmersos.

Antes de seguir debemos advertir que una cuestin muy importante a tener siempre en cuenta es el tipo de elecciones que analicemos municipales, forales y autonmicas, estatales y/o europeas-, diferencia que en determinados contextos y coyunturas, y sobre todo realidades de naciones oprimidas, pueden llegar a ser determinantes. Pero ahora, en este texto y por exigencias de espacio y tiempo ya que slo podemos analizar tendencias muy generales, nos vemos en la necesidad de soslayar tales diferencias recordndolas cuando sea imprescindible.

Conviene recordar que durante los aos de burbuja financiero-inmobiliaria y de aparente progreso econmico, aument el endeudamiento de las clases trabajadoras debido a las polticas de los gobiernos del PP desde 1996 potenciando un irracional y suicida consumismo que reforzaba la sensacin de libertad. En esta coyuntura, las noticias sobre la corrupcin apenas generaban efectos poltico-electorales si los comparamos con los actuales: en 2000 el PP obtuvo el 44,5% del censo, casi seis puntos ms que en 1996. Con semejante apoyo masivo la burguesa despleg triunfante su cnica doble moral: rezar y corromper. Pero un rosario de escndalos, manipulaciones y desprecios --Prestige, Foto de las Azores, manipulacin de los atentados islamistas en Madrid, etc.-- dieron la victoria en 2004 al PSOE con el 42,64%, mientras que el PP se desplomaba al 37,33%.

A finales de 2004 el llamado milagro espaol pareca tener visos de eterna realidad y el sistema poltico no prest atencin ninguna a las crisis internacionales que desde la mitad de los 90, si no antes, anunciaban la proximidad de una debacle que ya para 2006 apareca como inminente. Al calor de la ficcin, el PSOE volvi a ganar en 2008 subiendo incluso al 43,87% quedndose el PP en el 39,94%. Los primeros datos de la Gran Crisis aparecieron en EEUU a finales de 2006 y estallando en 2008, momento en el que las ya endeudadas clase trabajadora, clase media y pequea burguesa de los pueblos oprimidos por el Estado empezaron a cerciorarse de que sus deudas eran cada vez ms pesadas, que se hunda la capacidad de compra, que ascenda el paro, que el gobierno no saba qu hacer, y que la corrupcin adems de generalizada arruinaba a muchos y enriqueca a pocos.

Se haba gestado la tormenta perfecta: durante 2010 se agudizaron estas y otras certidumbres agravadas por los primeros recortes sociales aplicados por el PSOE y sobre todo por el PP de Madrid con sus salvajes ataques a servicios pblicos bsicos como sanidad, educacin, transporte, precisamente en la ciudad ms endeudada del Estado debido a la mezcla explosiva de corrupcin, neoliberalismo e ineficacia del PP. En la primavera de 2011 surge la indignacin y las mareas sociales como sntesis de una interaccin entre espontaneidad y grupos, colectivos y asociaciones de base organizadas activas muchas de ellas desde las protestas contra la invasin de Irak en 2003; en ese verano se reforma el artculo 135 de la Constitucin por presiones exteriores, y en noviembre el PSOE pierde el gobierno al hundirse en el infierno del 28,73% y el PP toca el cielo con el 44,62%. En la Comunitat Valenci, emporio de podredumbre, el PP obtuvo la friolera del 48,61%. En el Principat Catal las toleradas corruptelas de CiU no impidieron que ganase en 2010 con el 38,43%, varios puntos ms que en 2006.

La aplastante victoria del PP en 2011 y en ascenso de CiU en 2010 significaba que la corrupcin todava no era un problema grave para una amplia masa de votantes. Dentro de las mareas sociales, de los indignados, del 15M, de otras luchas obreras y populares aumentaba rpidamente la conciencia crtica sobre el terrible efecto de las corrupciones y su conexin interna con la debacle socioeconmica y la incapacidad poltica, pero an era una conciencia restringida a sectores intelectualmente formados y combativos. Iba a hacer falta la fusin en la malvivencia cotidiana de empobrecimiento masivo, represin creciente, reivindicaciones nacionales, corrupcin ostentosa, crisis galopante y avance organizativo de las luchas populares, entre otras condiciones, para que la tormenta perfecta se transformase en crisis perfecta del bipartidismo.

Que algo s empezaba a cambiar se pudo intuir en el retroceso de CiU del 38,43% de 2010 al 30,68% en diciembre de 2012: un retroceso incomprensible si no tenemos en cuenta la diferencia cualitativa que impone la opresin nacional espaola que agudizaba el ascenso soberanista e independentista, pero que, en cuanto sociedad con uno de los mayores niveles de corrupcin del Estalo, s poda expresar el creciente rechazo social de esas prcticas, como se comprueba con el retroceso de CiU al 21,49% en 2015, aun admitiendo que la derecha catalanista tiende a bajar en las municipales para recuperarse en las autonmicas y estatales.

Otros indicios sobre movimientos de fondo los encontramos en las elecciones europeas de 2014 y en las autonmicas andaluzas de comienzos de 2015. Comparando las europeas de 2009 con las de 2014, salvando tambin todas las distancias, vemos las espectaculares cadas del PP del 42,12% en 2009 al 26,06% y del PSOE del 38,78% al 23%, y la irrupcin de Podemos con el 7,97%. En cuanto a las andaluzas se repite el desinfle del PP que en 2012 tuvo el 40,66% bajando al 26,72% en las adelantadas de 2015, mientras que el PSOE retrocedi del 39,52% al 35,43%, apareciendo podemos con 14,84%. Pensemos una cosa: si al 9,28% de C,s le sumamos lo del PP tenemos que la derechas ms espaolista obtuvo el 36% en Andaluca. Resulta significativo que en su conjunto el bipartidismo en Andaluca -PSOE y PP/C,s- baje por igual, poco ms de cuatro puntos, teniendo en cuenta la enorme corrupcin poltico-sindical.

En las municipales estatales de 2007 el PP tuvo el 36,1%, en 2011 el 37,53% y en 2015 el 27,05%. Por su parte la evolucin del PSOE ha sido el 35,31%, 27,79% y 25,02%, respectivamente. Sumando los resultados entre los dos grandes partidos, vemos que en las municipales del 2007 llegaron al 71,41% del censo, bajando al 65,32% en 2011 y cayendo al 52,07% en 2015; es decir, el bipartito ha perdido el 19,34%. Como venimos diciendo, es muy difcil cuantificar con alguna exactitud la influencia de la corrupcin en este retroceso. Sabemos que C,s, con su demaggica campaa de limpieza, ha obtenido un muy magro 6,55% a pesar de los altibajos del apoyo meditico. Si sumamos PP y C,s vemos que el nacionalismo espaol ms reaccionario ha obtenido el 33,60% comparado con el 37,53% de las municipales de 2011, slo un 3,93% menos: poco castigo limpiador para tanta corrupcin.

Es ms arriesgado hacer estas mismas cuentas entre el PSOE y Podemos e IU y otras candidaturas surgidas recientemente, porque la mayora no existan en las municipales de 2011. A todo esto hay que aadir un dato muy significativo: la participacin ha sido del 63,27% en 2007, el 66,23% en 2011, y el 64,93% en 2015, o sea, que la abstencin ha aumentado un 1,30% en medio de la crisis perfecta, lo que ha ido sobre todo en detrimento de la derecha, pero no en forma de oposicin frontal a su poltica y a su corrupciones, sino como llamada de atencin dentro del mismo bloque reaccionario.

Resumiendo, todo indica que los efectos de la corrupcin han hecho ms dao al centrismo reformista de PSOE-Podemos, y a las fuerzas de izquierda que le han apoyado o se han presentado por su cuenta, que al bloque de centro derecha hegemonizado por el PP. Las encuestas de intencin de voto para las prximas elecciones generales de noviembre de 2015 realizadas tras el 24-M sugieren, hasta ahora, una relativa tendencia a la recuperacin del PP y del PSOE a costa de un estancamiento de C,s y Podemos, respectivamente. De confirmarse esta dinmica de recuperacin se validara la tesis de que no debemos sobrevalorar el efecto concienciador de las corrupciones en la lucha por democratizar la poltica estatal ya que, en realidad, est arraigado en lo ms hondo del nacionalismo espaol, lo que resulta muy preocupante, muy preocupante, como iremos viendo.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter