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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-06-2015

El Buen Vivir: una concepcin integral del desarrollo, la democracia, los derechos

Isabel Rauber
Red de Educacin y Economa Social y Solidaria

Ponencia presentada en el I Congreso Internacional Inventar la Democracia del Siglo XXI. Derechos Humanos, Cultura y Vivir Bien, Caracas, 28 al 30 de mayo de 2015


Las reflexiones que aqu comparto no se referencian ni se explican a partir de los paradigmas del pensamiento de izquierda predominante en el siglo XX. Nutrindose de ellos, las propuestas, conceptos y miradas que sostengo se inscriben en una concepcin que procura contribuir a una visin actualizada del sistema mundo regido por el capital en tiempos de la globalizacin de su hegemona [globocolonizacin, al decir de Frei Beto]. Y esto tiene que ver tanto con la crtica analtica del mundo en el presente, como con las reflexiones acerca de la posibilidad de superar el capitalismo en favor de la vida.

La crisis y decadencia global del capitalismo actual no responde a una casualidad, ni es consecuencia de errores o deficiencias en la aplicacin del modelo neoliberal de funcionamiento del mercado: es lo que el neoliberalismo busc y sembr; es lo que est en su naturaleza, es la perversin del sistema regido por la creciente e inagotable voracidad de las grandes corporaciones financieras, que se expresan a travs de la banca mundial y marcan hoy la escalada de un nuevo saqueo para un nuevo ciclo de acumulacin y colonizacin del capital a escala planetaria. Depredador de la naturaleza y de los seres humanos, el capitalismo carece de posibilidades para resolver el problema que genera, por el contrario, solo puede agravarlo.

Las fuerzas para resistir la embestida del capital y su avasallante pensamiento nico que pretende afirmar (imponer) que este es el nico mundo posible, emergen de las resistencias, de las creaciones y construcciones alternativas de los pueblos. En sus prcticas cotidianas ellos buscan y crean nuevos modos de producir y reproducir la vida, adelantando elementos de lo que un da ser integralmente‑ una nueva civilizacin, anclada en el buen vivir y convivir entre todos y todas, viviendo en comunidad en reencuentro con la naturaleza, en aras de hacer realidad emancipacin del mercado mediante‑, la plenitud y felicidad colectiva e individual de la humanidad.

La expresin Buen Vivir o Vivir Bien, propia de los pueblos originarios de Bolivia, Ecuador, Per... significa, en primer trmino, Vivir bien entre nosotros. Propugna una convivencia comunitaria con interculturalidad y sin asimetras de poder. Como afirm Evo Morales: No se puede Vivir Bien si los dems viven mal. Y esta expresin condensa lo central del planteamiento solidario: Se trata de vivir como parte de la comunidad, con proteccin de ella y protegindola, en armona con la naturaleza. Vivir en equilibrio con lo que nos rodea y tambin bien contigo y conmigo; es diferente del bienestar individualista promovido por el mercado, erigido de espaldas o en contra de los dems, y separado de la naturaleza a la que considera su objeto.

El Buen Vivir incluye la afectividad, el reconocimiento y el prestigio social; se corresponde con una concepcin integral de la sociedad que articula desarrollo y democratizacin, en la que desarrollo y democracia se basan y proyectan una opcin civilizatoria en la que late con fuerza la posibilidad de vida .

El Buen Vivir resume y proyecta principios claves para la construccin de la nueva civilizacin anclados en la solidaridad, el equilibrio y la complementariedad de las diferencias, el respeto de la naturaleza como fuente de identidad humana, que reubica a la vida como un don indivisible del ser en la naturaleza y la sociedad. No se trata de un compendio de dogmas que haya que seguir; no es un nuevo tipo de fundamentalismo, sino una fuente de energa civilizatoria que tiene su eje en la vida, a ella se debe, la defiende y en torno a ella proyecta su desarrollo. Por ello, se trata de una propuesta abierta a la creatividad de las generaciones humanas.

Una concepcin integral del desarrollo, la democracia, los derechos

El respeto a los derechos humanos y colectivos, el sentido de pertenencia, la seguridad, el respeto a las formas de organizacin social y los derechos de las minoras y mayoras constituyen parte del ncleo central del Buen Vivir. Estas razones, entre otras, hacen del debate del desarrollo un debate poltico, social, cultural y tico, adems de econmico , concepcin que -en nuestras tierras- se articula directamente con el debate de la pobreza y la riqueza, de la propiedad de los recursos energticos, del acceso a los servicios, del goce de los derechos, es decir, con la democracia. [1]

Atender a todos esos problemas, buscar soluciones estables para ellos, es apuntalar procesos de desarrollo que son, a la vez, de democratizacin intercultural, y viceversa. Desarrollo, democracia, interculturalidad y descolonizacin guardan en esta concepcin del mundo una relacin directa biunvoca, incompatible con la esquizofrenia capitalista que contrapone economa y sociedad, sociedad y poltica, humanidad y naturaleza, lo pblico y lo privado, lo macro y lo micro. Los viejos paradigmas sobre civilizacin, desarrollo, bienestar y progreso social basados en el consumismo, el derroche y el uso abusivo de la naturaleza, se revelan hoy ms que nunca antes en su irracionalidad y resultan insostenibles.

La naturaleza en el centro de la vida

La concepcin mercantil-cuantitativa del desarrollo considera a la naturaleza como un objeto que la humanidad puede y debe conquistar, dominar y explotar en aras de su bienestar. El capitalismo transform a la naturaleza en objeto-mercanca, en un territorio que, mediante su loteo y apropiacin privados, puede ser vendido, comprado, expropiado, saqueado, vaciado, bombardeado, enajenado, etctera. Se consider a la naturaleza como una especie de barril sin fondo y sin capacidad de reaccin hasta que dio claras muestras de lo contrario: el creciente agujero en la capa de ozono, los tsunamis y terremotos, el agotamiento de los recursos energticos, las sequas o las inundaciones, las contaminaciones han sido parte del lenguaje y el mensaje de la naturaleza.

Hoy est claro (y se reconoce) que la biosfera no solo es fuente generadora de vida, de recursos energticos, sino tambin reguladora del equilibrio global del sistema. Y esto coincide plenamente con lo que los pueblos andinos llaman, desde hace siglos, la Pachamama (Madre tierra, madre agua, madre selva). Desde esta perspectiva, la naturaleza no solo es vista como fuente de recursos y materias primas sino como responsable de importantes equilibrios indispensables para mantener el patrimonio de biodiversidad para las futuras generaciones.

En esta dimensin ecolgica de la realidad, los seres humanos nos reconocemos como parte intrnseca e indivisible de la naturaleza. Tal es la perspectiva cosmo-cntrica que posibilita pensar en el futuro humano con un sentido y concepcin diferentes del progreso y bienestar. Esto se resume en el Vivir Bien, raizalmente defensor-promotor de la humana en armona con la naturaleza. En tal sentido, resulta claro que las cuestiones ecolgicas o referidas a la naturaleza no pueden ser analizadas de modo aislado, como tampoco lo relativo a pobreza, desarrollo, democracia Es indispensable el enfoque integral sistmico (economa, poltica, cultura, modo de vida) de la vida en las realidades sociales en cada momento.

Sacudirse las anteojeras culturales del pasado

Sacudirse las anteojeras culturales propias de otros tiempos y desarrollar las capacidades para hacer frente a las nuevas realidades, situaciones y problemticas, resulta tambin parte del corazn de las transformaciones polticas de los procesos de democratizacin y justicia social que se desarrollan en pases de Latinoamrica.

En este sentido, el problema central no se plantea al decir de Laclau (2004)‑, con los valores de la democracia liberal:Libertad, igualdad fraternidad, sino con el sistema de poder que redefine y limita en cada momento la operacin de esos valores. Por eso, en tiempos de disputa de poder como ocurre hoy en los procesos de Venezuela, Bolivia, Ecuador florecen las luchas de pueblos: en las comunas y consejos comunales, en las comunidades indgenas, de campesinos/as y en diversos sectores sociales interesados en participar plenamente en la democracia, es decir, amplindola, luchando para hacer extensivos los principios de igualdad y libertad en sus relaciones sociales, econmicas, culturales y polticas.

Se trata de una transformacin raizal de la democracia que se propone profundizar-cambiar las herramientas que ella misma ofrece en aras de poner fin a las relaciones de poder instauradas por la democracia excluyente y elitista del capital, adentrndose en procesos de construccin ‑desde abajo‑ de otra democracia, otro poder, otro Estado, otra relacin Estado-sociedad-ciudadana, otra hegemona: la de los pueblos en defensa de la vida. Hay que estar atentos para evitar la trampa del paradigma neoliberal que considera a la democracia (y el Estado) como un mbito abstracto, un terreno carente de conflictos, un espacio neutral de competencia de intereses.

La construccin desde abajo de una nueva hegemona, de un nuevo poder, de un nuevo Estado para el Buen Vivir y Convivir, requiere de un tipo de organizacin y conduccin polticas raizalmente diferentes de las modalidades y los mtodos de trabajo, de organizacin y de gestin, particularmente en el mbito de lo pblico. Se trata de una lgica que busca articular y construir protagonismo y conciencia colectivos como sustrato del poder popular, basado en la solidaridad y el encuentro, en el reconocimiento y la aceptacin de las diferencias sin pretender su eliminacin, entendindolas como factores enriquecedores y no como defecto. Esta lgica no puede basarse en la antagonizacin ‑y exclusin‑ de lo diferente, sino en la bsqueda de espacios donde la diversidad sea cada vez ms naturalmente incorporada, propiciando el trabajo interarticulado, intercultural, de lo diverso.

Recuperar la dimensin sistmica de la categora modo de produccin

Los debates acerca del desarrollo, la democratizacin, la participacin ciudadana, la educacin, la jurisprudencia, la ecologa, etc., son parte de los actuales procesos de bsqueda, creacin y construccin de alternativas civilizatorias (prcticas y epistemolgicas) superadoras de la civilizacin capitalista. En ellas destaca un nuevo principio rearticulador de la civilizacin: laindivisible interrelacin naturaleza-sociedad, parte de las claves para la defensa integral de la vida.

Este anclaje epistemolgico-cosmovisivo es fundamental, pues resume las bases conceptuales de partida para la creacin deun nuevo modo de produccin y reproduccin de la vida social, es decir, de un nuevo modo de vida, anclado en la indivisibilidad de la vida humana y la naturaleza. En tal sentido, esta principio cosmovisivo constituye parte del nuevo horizonte civilizatorio. Marx lo descubri al analizar la genealoga del capital y las claves sociales de su reproduccin:

El modo de producir los medios de vida de los hombres depende, ante todo de la naturaleza misma de los medios de vida con que se encuentran y que hay que reproducir.

Este modo de produccin no debe considerarse solamente en el sentido de la reproduccin de la existencia fsica de los individuos. Es ya, ms bien, un determinado modo de la actividad de estos individuos, un determinado modo de manifestar su vida, un determinado modo de vida. Lo que son coincide, por consiguiente, con su produccin, tanto con lo que producen como con el modo de cmo producen . Lo que los individuos son depende, por tanto, de las condiciones materiales de su produccin. [2] [Engels, F. y Marx, C., 1976 (I): 16] (Cursivas de los autores. Negritas de IR)

En su crtica al capitalismo Marx articul produccin econmica con reproduccin social y puso al descubierto que lascondiciones de produccin constituyen a la vez las de reproduccin. En tanto la reproduccin social forma parte de la reproduccin econmica, garantiza ‑en el capitalismo‑ la reiteracin ampliada del sistema de clases sociales que le es propio, afianzando-profundizando en cada ciclo la condicin de vendibilidad de la mano de obra y tambin de la naturaleza (transformada por el mercado en objeto, en materia prima, etc.), y ampliando la accin material-espiritual de los mecanismos del mercado (hegemona).

Vendibilidad y enajenacin, claves de la hegemona del capital

El capitalismo tardo gener un sistema perverso anclado en la muerte. Siembra guerras interminables como mecanismo de dominacin de estados‑naciones transformndolos en ingobernables. Paralelamente promueve como nunca antes el consumismo desenfrenado, la ansiedad por los objetos, la cosificacin de la alegra y la felicidad, la cosificacin de la vida toda Esto indica que el mercado capitalista ha logrado un alto poder de naturalizacin de lo que fue originariamentecoaccin: la vendibilidad de los seres humanos en el mercado convertidos en fuerza de trabajo, en mercanca. As, la humanidad fragmentada y enajenada, redujo su condicin de ser humano a la funcin de su vendibilidad. Por eso, para adentrase en los mecanismos de la hegemona del capital, la categora vendibilidad es clave.

Vendibilidad es la capacidad de transformar cualquier ente en objeto vendible. Y esta es la lgica del mercado: transformar todo lo existente en objetos vendibles, en mercancas. Lo que no se puede comprar y vender no existe para el mercado, carece de sentido y, peor, no merece existir.

El concepto vendibilidad est en la analtica de las claves fundamentales de la estructuracin del capital, y tiene un alto valor para los estudios actuales acerca de la lgica del dominio del capital en el mundo. El capital, defini Marx, no es solamente una forma econmica de existencia, abarca todas las esferas y las dimensiones de la vida social, colectiva e individual.

Ni el dinero ni la mercanca son de por s capital, como no lo son tampoco los medios de produccin ni los artculos de consumo. Necesitan convertirse en capital. Y para ello han de concurrir una serie de circunstancias concretas, que pueden resumirse as: han de enfrentarse y entrar en contacto dos clases, muy diversas de poseedores de mercancas ; de una parte, los propietarios de dinero, medios de produccin y artculos de consumo, deseosos de valorizar la suma de valor de su propiedad mediante la compra de fuerza ajena de trabajo; de otra parte, los obreros libres, vendedores de su propia fuerza de trabajo y, por tanto, de su trabajo. [Marx, 1973: 655 Cursivas del autor. Negritas mas.]

En el feudalismo el siervo en no poda vender nada sin el consentimiento del seor, y el burgus no poda tampoco ejercer el comercio sin permiso del rey. El supremo ideal de entonces, era que cada quien pudiera enajenar libremente lo que le perteneca, incluyndose uno mismo en la oferta. Obviamente, primero hubo que crear ex profeso-, las condiciones para esavendibilidad: la expulsin de las tierras de los campesinos, la persecucin y el castigo de la mendicidad, la obligatoriedad de emplearse (a cambio de monedas) o quedar expuesto a la muerte. As, la vendibilidad de la fuerza de trabajo fue de la mano con la disponibilidad del burgus para contratar libremente. Todo regulado por el mercado: el hambre, la expulsin de las tierras, la conversin del esclavo en ciudadano libre, obligado por el terror a autoenajenarse en la mercanca fuerza de trabajo, para venderse en el mercado de trabajo o morir. El modo de produccin cambiaba, de feudal a burgus, pero no se modific el carcter privado de los medios de produccin. As, resumidamente, vendibilidad, enajenacin y autoenajenacin del trabajo se anudan en un ncleo: el mercado capitalista. Tal la mistificacin exaltada de la libertad del burgus.

La identificacin entre enajenacin y cosificacin (reificacin), es parte del proceso de formacin del mercado capitalista, el fundamento constituyente de la sociedad capitalista.

El centro del mecanismo de funcionamiento del capital radica en que los seres humanos son cosificados a travs del mercado, es decir, convertidos en objetos, en cosas. Una vez convertidos en cosas, son vendibles, dnde?, en el mercado. En calidad de qu?, de fuerza de trabajo. Eso en primer lugar.

La vendibilidad no conoce de lmites ni barreras. A lo largo de siglos el mercado ha ido perfeccionando las condiciones para lacosificacin humana y su vendibilidad: en la era de la globalizacin del mercado capitalista todo es factible de ser vendido y de ser comprado. La transformacin del sujeto en objeto que vive para el mercado, es parte del proceso de hegemona global del capital. Tal la dimensin destructiva y deshumanizadora de la civilizacin del capital. Y tales las claves materiales, ideolgicas y culturales a tener en cuenta para buscar caminos para su superacin a favor de la vida.

La disputa de la subjetividad

En el debate poltico acerca de las alternativas de nuestra poca, la disputa de la subjetividad es clave, pues se encamina a la construccin de subjetividades ajenas a la hegemona destructiva del mercado, es decir, subjetividades alterhegemnicas.

En el mbito de la subjetividad est la conciencia. La conciencia no es solamente lo conciente racional, es todo lo que hace que uno tenga una determinada concepcin del mundo y de su lugar en el mundo. Por eso abocarse a cambiar la subjetividadconstruida por el mercado capitalista no es perder el tiempo con necedades, ni confundir (nuevamente) subjetividad con lo subjetivo.

El debate de la subjetividad es ante todo la pelea contra la cosificacin y vendibilidad de los sujetos, dando la batalla ideolgica y cultural para que los sectores populares descubran en sus realidades, en sus modos de vida, cmo el capital los va transformado cada vez ms en objetos que viven para el mercado, convencindolos de que la felicidad radica en el consumo.

En este sentido hay que volver a discutir la revolucin, la re-construccin del sujeto, la construccin del poder popular en pos de la liberacin.

La extensin universal de la vendibilidad, o sea, la transformacin de todas las cosas (y seres humanos) en mercancas, implica la cosificacin de las relaciones humanas. Por eso, segn Marx, el mercado cosifica en relaciones mercantiles lo que ha construido a partir de las relaciones humanas enajenadas y cosificadas. La fragmentacin del cuerpo social en individuos aislados que persiguen objetivos particulares entregados por la servidumbre de la necesidad egosta, hace una virtud de ese egosmo en el culto de la vida privada (egosta).

De ah se deduce que si alguien trata de liberarse solamente de una cara de la oposicin, su solucin resultar ficticia y enajenada. Y esto, por supuesto, se aplica a ambas caras tomadas separadamente. La simple abolicin de lo privado es tan artificial y enajenada como la fragmentacin, atomizacin, privatizacin de lo pblico. La absolutizacin de cualquiera de los dos lados significa o que el hombre est privado de su individualidad y convertido en un productor pblico abstracto, o que, privado de su sociabilidad, se transforma en un consumidor privado igualmente abstracto. Ambos son hombres mercanca, con la diferencia de que mientras uno define su propia esencia como productor de mercancas, el otro encuentra su autoconfirmacin en ser un consumidor de mercancas autocontenido. [Mszros, 1978: 172-173]

La vendibilidad en realidad lo que esta expresado es cmo se produce la enajenacin en el capitalismo, cmo se produce la transformacin de los sujetos en objetos, como se produce el acto de cosificacin, la conversin de los seres humanos encosas para el mercado y del mercado. Porque el mercado, en tanto y en cuanto decide quien puede comer y quien no, se transforma en el determinante de la vida. Ese ha sido su objetivo, ese ha sido su logro, la clave de su hegemona. Y hasta ah hay que llegar en la analtica crtica en bsqueda de caminos para la superacin de la enajenacin.

En tal sentido, el concepto vendibilidad resulta insoslayable para comprender el mundo en su integralidad objetivo-sujetiva; un planteamiento dialctico materialista fundamental que ha sido prcticamente ocultado o negado por el dogmatismo marxista mecanicista que, incapaz de aprehender la naturaleza dialctica del movimiento social, pretendi ser cientfico separando lo objetivo de lo subjetivo. As, su ciencia social construy realidades enfrentadas: una realidad objetiva, y una realidad subjetiva, como si fueran mundos diferentes, paralelos. En virtud de ello consider ‑y aun considera‑, que en la sociedad existen separadamente-, condiciones objetivas, y condiciones subjetivas. Existe una abrumadora literatura marxista del siglo XX, donde pueden leerse tesis acerca de la existencia de condiciones objetivas maduras enfrentadas a condiciones subjetivas inmaduras o rezagadas a las que, para resumir, se identific como factor subjetivo o el estado de la conciencia social. El peor desenlace de ese presupuesto marxista-kantiano, ocurri cuando las autoproclamadas vanguardias polticas consideraron que ellas eran las nicas que tenan conciencia plena (verdadera) de las condiciones objetivas, diferencindose de los trabajadores y el pueblo todo, a quines consideraron enajenados por el capitalismo y, por tanto, retrasados en el desarrollo de su conciencia.

Superar la civilizacin del capital, implica cambiar su modo de pro...

La superacin de la civilizacin signada por el capital implica cambiar la raz de su vertiente existencial: su modo de produccin y reproduccin de la vida social y de interrelacin con la naturaleza. No habr nueva civilizacin, ni liberacin, ni vida posible, si los cambios se limitan a sustituir a los patrones de los centros del poder de mando del capital, pero dejan intactos sus mecanismos de funcionamiento, que son los de su produccin y reproduccin.

Esta hiptesis perfila uno de los grandes desafos culturales, econmicos, polticos y sociales del proceso de sustitucin-superacin del capitalismo: transformar de raz el modo de produccin econmico-social. Y esto conlleva un proceso histrico-cultural de creacin-aprendizaje de la humanidad, orientada en su quehacer hacia un nuevo horizonte histrico, anclado en los principios del buen vivir y convivir entre nosotros y con la naturaleza. No es equiparable, por tanto, con proyectos coyunturales que, por ejemplo, se proponen cambiar la matriz productiva. A pesar de las buenas intenciones, estos cambios apuntalan la modernizacin del modo de produccin capitalista.

Hacerse cargo de este desafo histrico-cultural implica apostar a desarrollar integralmente, desde abajo, la capacidad econmica productiva-reproductiva de los pueblos, nicos capaces de buscar, crear y construir un metabolismo social superador al actualmente conocido, inspirado en los principios del buen vivir y convivir, es decir, que no est sometido a la regulacin de los mecanismos del mercado.

Pero como seal el Presidente Nicols Maduro recientemente [3]: El proyecto socialista est avanzado en lo poltico, en lo social, pero rezagado en lo econmico. Esto es: sujetado al mercado capitalista y su lgica de funcionamiento depredadora, jerrquica, subordinante y excluyente. Y ello constituye una de las mayores limitaciones y desafos para el florecimiento de alternativas socialistas renovadas.

Encarar con fuerza la bsqueda y construccin de alternativas para un nuevo modo de produccin y reproduccin, fundamento para un modo de vida superador del impuesto por el capitalismo, se torna pues entre las primeras tareas polticas y culturales del proyecto civilizatorio socialista de emancipacin. Y en Latinoamrica, constituye una de las vertientes del debate terico prctico que hoy llevan a delante los pueblos, en sus comunas y comunidades, en sus campos, en sus barrios, en las universidades

Vivimos un tiempo de bsqueda, creacin y alumbramiento de lo nuevo. Esto habla de un tiempo de transicin, transicin que caracteriza a los actuales procesos revolucionarios descolonizadores que tienen lugar en tierras de Nuestra Amrica.

El cambio cultural (social, econmico, poltico) est en curso. Con el protagonismo de sectores histricamente discriminados y marginados, hoy (auto)reivindicados como ciudadanos de pleno derecho, va surgiendo ‑desde las prcticas‑, una nueva mentalidad, un nuevo mundo.

No hay garantas de xito, pero est claro que la esperanza late en la terquedad de los pueblos que sin doblegarse se atreven a crear lo nuevo y a experimentar los sinuosos y no pocas veces dolorosos‑, caminos de su bsqueda.

La centralidad de los/as sujetos/as

La transformacin social supone como todo lo social‑ un caminar abierto, lleno de incertidumbres y obstculos, pero tiene una trinchera clave para avanzar en aras de la nueva civilizacin: la (auto)construccin permanente del sujeto poltico revolucionario colectivo.

Si de superacin raizal del poder‑saber colonial se trata, toda construccin‑apropiacin de poder por parte de sectores populares est mediada por la destruccin/superacin del viejo poder‑saber colonial del capital y sus tentculos hegemnicos, simultneamente con la construccin de un poder nuevo, popular, raizalmente diferente, revolucionario, descolonizado e intercultural. Esto abre cauces a procesos de empoderamiento colectivos (y a la vez particularizados) de los actores sociopolticos.

La transformacin de las relaciones hegemnicas preexistentes y la construccin de la nueva hegemona popular revolucionaria, resulta clave. Esto es as porque en la disputa anticolonial se produce una interpenetracin dialctica constante entre poder preexistente, poder apropiado y nuevo poder propio construido. En ese sentido afirmo que se toma lo que se construye. Porque no se trata de tomar el poder que existe, sino de ocuparlo temporalmente para transformarlo desde la raz. En esto radica, precisamente, uno de los grandes desafos de los actuales gobiernos que impulsan procesos democrtico‑revolucionarios en Latinoamrica.

La interdialctica poder propio construido‑‑poder apropiado es liberadora y abona el camino de liberacin si es resultante y sntesis del empoderamiento pleno (multifactico) y protagnico de los actores sociales y polticos que lo construyen. Implica la conformacin de un complejo proceso colectivo social, cultural, ideolgico y poltico, articulado y orientado a la superacin del sistema colonial del capital y sus instituciones, sobre la base de una (nueva) tica y una (nueva) lgica del metabolismo social construida desde abajo por los diversos actores articulados en cada momento acorde con las tareas y demandas sobre la base de la descolonizacin e interculturalidad que tambin como el proceso revolucionario transformador‑, irn desarrollndose histricamente.

Esto es as porque la ideologa del cambio ‑como sus definiciones estratgicas‑, son parte del proceso social vivo, de sus dinmicas y contradicciones. No es un dogma establecido desde fuera de las luchas de los pueblos por la vanguardia de algn partido de izquierda, que los dems solo tendran que asimilar.

La ideologa, que es parte de la conciencia poltica, se forja y crece en los procesos de resistencia, lucha y construccin de alternativas por parte de los sujetos. Las definiciones, como los rumbos y objetivos estratgicos, las van construyendo (y modificando) los sujetos a partir de sus modos de vida y sus experiencias de lucha y sobrevivencia, que son diversos en cada sociedad, en cada comunidad.

En el tiempo poltico abierto por los gobiernos populares el debate estratgico est abierto. Y se manifiesta particularmente en las luchas poltico-sociales protagonizadas por los sujetos del cambio, que se organizan y construyen alternativas buscando avanzar en las definiciones, la implementacin, el perfeccionamiento o la profundizacin raizal de los cambios logrados en de cada proceso. Esto, a la vez que van construyendo simultneamente caminos que cuestionan integralmente el actual sistema‑mundo y lo van rediseando determinados a ir ms all del dominio del capital [Mszros].

En este empeo, resulta central articular los procesos de construccin de poder popular desde abajo con los procesos poltico‑pedaggicos contenidos en las prcticas cotidianas de los sujetos en sus territorios. Ellas son democratizadoras y descolonizadoras y constituyen un pilar fundamental de la formacin/fortalecimiento de la fuerza social y poltica de liberacin.

Son las pedagogas de la esperanza. Aquellas con que los sujetos oprimidos transforman da a da sus realidades de exclusin y discriminacin, abonando al proceso colectivo de construccin de los intersticios interculturales claves para transformar la sociedad actual, creando y adelantando en sus prcticas elementos de la nueva civilizacin, fortaleciendo lazos solidarios, relaciones de equidad entre etnias, gneros y clases diversos en bsqueda de su equiparacin en el nico calificativo universalmente pleno: el gnero humano.

En tal sentido, pedagogas de la esperanza son todas aquellas que alimentan y cultivan la conciencia y creatividad colectivas, las que se construyen y fortalecen a partir de la confianza en la vitalidad epistemolgica, poltica y cultural de los pueblos, con voluntad y fe en que es posible cambiar el mundo abrindolo a la justicia, la equidad, la convivencia solidaria en diversidad, la complementariedad, la armona, la paz y la felicidad.

Lo central, el nudo gordiano de la nueva civilizacin y la vitalidad y proyeccin estratgica que puedan alcanzar las luchas y creaciones colectivas en el presente, reside en los hombres y las mujeres del pueblo. Ellos resisten los embates del capital y van creando lo nuevo. Y haciendo realidad los cambios se autoconstituyen sujetos de su historia.

En revolucin, los pueblos construyen su democracia cotidianamente, la democracia del pan, de la vivienda, del trabajo, de la educacin y la cultura, de la igualdad, de la justicia, de la solidaridad y el reencuentro con la naturaleza, en resumen, del Buen Vivir.

Notas:

[1] La clave del desarrollo radica en suprimir la estructura de dominacin cultural y de discriminacin racial vigente e instituir una prctica de dilogo, cooperacin, complementacin, reciprocidad y entendimiento. De esta manera el crecimiento econmico se concibe como el proceso de consolidacin, fortalecimiento e interaccin de identidades, como la articulacin de redes de intercambio e interculturalidad. PND (2006: 16).

[2] Ntese que el concepto produccin no se refiere a lo estrictamente econmico, sino a todas las interrelaciones de la vida social y espiritual de los seres humanos entre s y con la naturaleza.

[3] Entrevista con Tarik Al, 24 de julio de 2014. En http://multimedia.telesurtv.net/web/telesur/# !en/video/special-interview-with-president-nicolas-maduro.

Bibliografa citada:

‑ Engels, F. y Marx, C., 1976. Obras Escogidas en 3 Tomos, Tomo I. Ed. Progreso, Mosc.

- Laclau, Ernesto y Mouffe, Chantal. 2004. Hegemona y estrategia socialista. Hacia una radicalizacin de la democracia. Fondo de Cultura Econmica. Buenos Aires.

‑ Maduro, Nicols. Entrevista con Tarik Al, 24 de julio de 2014. http://multimedia.telesurtv.net/web/telesur/# !en/video/special-interview-with-president-nicolas-maduro

‑ Marx, Carlos. 1973. El Capital. Ciencias Sociales. La Habana.

‑ Mszros Istvn. 2001. Ms all del capital. Vadell. Caracas.

-------------------------1978. La teora de la enajenacin en Marx. Era. Mxico

‑ Plan Nacional de Desarrollo (PND). 2006. Ministerio de Planificacin. La Paz.

‑ Rauber, Isabel. 1994. Construyendo poder desde abajo. Cipros, Santo Domingo.

-----------------------2000. La construccin de poder desde abajo. Claves para una nueva estrategia. Cipros, Santo Domingo.

-----------------------2012. Revoluciones desde abajo. Continente-Pea Lillo. Buenos Aires.

Fuente: http://educacionyeconomiasocial.ning.com/forum/topics/isabel-rauber-el-buen-vivir-una-concepci-n-integral-del



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