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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-06-2015

Egipto
Dialctica entre revolucin y contrarrevolucin

Esam Al-Amin
Middle East Eye

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez


Recrear el momento de unidad manifestado en la Plaza Tahrir es el primer paso para poner fin al rgimen neomubarakista de Sisi.

Husam Al Sanei, Taisir Abu Sneima y Ahmad Al Yabari fueron tres palestinos de Gaza que murieron o fueron asesinados por Israel entre 2008 y 2012. El primero muri durante la guerra de Israel contra Gaza de finales de 2008, mientras el segundo era asesinado en 2009 tras ser acusado de tomar parte en el secuestro de Gilad Shalit, el soldado israel retenido por Hamas durante ms de cinco aos hasta que Israel accedi a liberar a ms de mil presos palestinos en octubre de 2011. El tercero era un alto comandante del ala militar de Hamas y su asesinato en 2012 encendi en noviembre de ese mismo ao la guerra entre los dos archienemigos. Otro palestino, de nombre Hasan Salamah, fue sentenciado por Israel en noviembre de 1996 a 48 penas de cadena perpetua y se encuentra encarcelado desde entonces, la mayor parte del tiempo en rgimen de aislamiento.

Lo que estos cuatro palestinos tienen en comn es que esta semana fueron sentenciados a muerte por un tribunal egipcio por haber ayudado a liberar a cientos de personas, incluido el derrocado presidente Mohammad Morsi, en una fuga que se produjo el 29 de enero de 2011 en una prisin en las afueras de El Cairo, en medio del levantamiento popular de Egipto.

Pero las sentencias de muerte de estos y otros setenta palestinos constituyeron tan slo la atraccin secundaria de la principal historia, en la que el mismo tribunal sentenci a muerte a 122 personas, incluido Morsi, la mayora de ellos altos dirigentes de la Hermandad Musulmana: el jeque Yusuf Al-Qaradawi, el clrigo ms importante del mundo sunn, acadmicos, activistas e incluso una joven estudiante que formaba parte del equipo presidencial de Morsi.

Este y otros juicios han sido ampliamente condenados en todo el mundo. Amnista Internacional ha tildado el juicio de charada y de manifiestamente injusto. En consecuencia, el politizado poder judicial egipcio se ha convertido en el hazmerrer del mundo al estar sirviendo claramente de oportuna herramienta de represin contra los opositores al rgimen desde que se produjo el golpe de julio de 2013 que derroc a Morsi y frustr el camino de Egipto hacia la democracia. Es poco probable que el poder judicial egipcio desconozca estos hechos. Pero a estos jueces eso les trae sin cuidado, dedicados como estn a implantar de nuevo la atmsfera de miedo que envolvi a la sociedad egipcia antes de ser diezmada tras el derrocamiento del ex presidente Hosni Mubarak en febrero de 2011.

Fue nada menos que el general Sami Anan que era jefe del estado mayor del ejrcito en aquel momento- quien refut la esencia de las falsas acusaciones cuando dijo que no tena conocimiento de que se hubiera producido violacin fronteriza alguna durante aquellos tumultuosos das por parte de operativos de Hamas o Hizbol, como los fiscales del gobierno afirmaron ahora en ese juicio poltico.

Las graves violaciones de los derechos humanos del rgimen del lder del golpe, el general Abdel Fatah al-Sisi, estn bien documentados, y entre ellos se incluyen el asesinato de ms de mil personas y las lesiones causadas a ms de 27.000, el uso sistemtico de violaciones, torturas, secuestros y desapariciones forzosas como instrumentos para doblegar al pueblo egipcio (de forma similar a los desaparecidos disidentes durante el gobierno de la junta argentina a finales de la dcada de los setenta y principios de los ochenta) y el encarcelamiento de ms de 41.000 opositores.

No obstante, a pesar de las duras sentencias y las brutales medidas utilizadas a lo largo de los ltimos dos aos, el gobierno de los militares y sus partidarios contrarrevolucionarios no han sido capaces de tener controladas las calles ni de conseguir una situacin estable. El ejrcito ha estado luchando contra grupos militantes en el Sina y perdiendo soldados cada semana, mientras las fuerzas de seguridad golpeaban y masacraban al tuntn y hasta el cansancio a todos los grupos y activistas de la oposicin.

A nivel econmico, Egipto est al borde del colapso a pesar de la inyeccin de ms de 50.000 millones de dlares en los ltimos dos aos por parte, principalmente, de los patrocinadores del golpe, los Emiratos rabes Unidos y Arabia Saud. La infraestructura del pas est deteriorada, el desempleo por las nubes, la moneda cayendo, la inflacin aumentando y el ndice de miseria entre los ms elevados del mundo. La industria turstica est devastada y el pas prcticamente en bancarrota, con una reserva de divisas de 20.000 millones de dlares y tan slo un total de 6.000 millones de dlares que no est en manos extranjeras, incluidos 3.000 millones de dlares en activos de oro no convertibles. El gobierno de Sisi se vio recientemente obligado a pedir un prstamo de 1.500 millones de dlares a la muy alta tasa de inters del 6,25%, aunque la tasa de inters que cobran los bancos ha fluctuado durante aos entre cero y 0,25%, segn lo establecido por la Reserva Federal. Cada da, el pas tiene que endeudarse internamente en casi 130 millones de libras egipcias (1.585 millones de dlares) tan slo para cubrir su dficit presupuestario, a pesar de la drstica reduccin de la mayor parte de los subsidios. La deuda interna ha sobrepasado los 262.000 millones de dlares (el 96% de su PIB), mientras la deuda interna llegaba a los 40.000 millones de dlares.

Por tanto, por qu Sisi se empea en seguir por esta senda autodestructiva? Para responder a esta pregunta hay que entender la composicin del actual panorama poltico del pas.

Cuatro facciones polticas

La historia moderna reciente de Egipto, que empez con el incruento golpe de Estado, vino marcada por el surgimiento de un Estado controlado por el ejrcito. Los primeros cuatro presidentes fueron oficiales militares (Naguib, Naser, Sadat y Mubarak). Entre mediados de la dcada de 1950 y 1970, Naser domin la escena y se embarc en un discurso neosocialista intentando redisear las estructuras polticas del poder en el pas. Se prohibieron los viejos partidos polticos y se ahog la vida poltica a la vez que nacan las nuevas elites polticas de un Estado autoritario dominado por los oficiales militares

La derrota de 1967 a manos de Israel sacudi esta nueva realidad, llevando finalmente a la apertura controlada de Sadat, que dio origen a una plutocracia, una nueva clase de elites econmicas y polticas dominadas por un capitalismo descontrolado, empresarios corruptos y oficiales militares retirados y sus compinches. Cuando Mubarak tom el poder tras el asesinato de Sadat en 1981, permiti que el ejrcito levantara su propio imperio econmico y toda una serie de empresas comerciales que financiaran los estrafalarios estilos de vida de sus altos directivos, convirtindose en ltima instancia en competidores directos y en una amenaza para muchas de las empresas y conglomerados dominados por las nuevas elites econmicas del pas.

Mientras tanto, Mubarak consolidaba su poder con el segundo grupo, especialmente cuando su hijo Gamal empez a finales de la dcada de 1990 a tomar el control directo del aparato estatal preparndose para convertirse en el siguiente presidente de Egipto. Pero estas dos facciones, la militar y la de los fulul (los residuos del rgimen de Mubarak segn se les empez a conocer tras el levantamiento de 2011) se mantuvieron decididamente bajo el control de Mubarak durante su reinado, que saba bien cmo manejarlos.

Al mismo tiempo y desde la dcada de 1970, la poltica de la calle haba ido entrando de forma gradual bajo la influencia de organizaciones de base dominadas por movimientos sociales islamistas encabezados por la Hermandad Musulmana. Sin embargo, las autoridades toleraron sus amplias redes de beneficencia y trabajo social porque complementaban la carencia de servicios que el gobierno no proporcionaba a las clases pobres y medias bajas. Con el cambio de siglo hubo un entendimiento tcito entre estas tres facciones. Cada una de ellas era consciente de la existencia de las otras dos pero se limitaba a su esfera de poder e influencia: los militares, con su alto estatus social y privilegios econmicos; los plutcratas, con su creciente influencia y control de las instituciones estatales, de la economa y de la vida poltica cuidadosamente gestionada; y los islamistas, con su expansin y dominio de las redes sociales, las mezquitas y la calle.

Con la llegada de las redes de televisin por satlite y los medios sociales surgi una nueva generacin de jvenes hartos de lderes corruptos y descontentos con la agenda y el cauto pragmatismo de los grupos islamistas. Estos activistas empezaron a organizarse en grupos como el Movimiento del 6 de Abril, emprendiendo iniciativas que desafiaban las polticas sociales y econmicas del gobierno. Otros grupos independientes de la oposicin se organizaron tambin bajo el paraguas del movimiento Kifaya (Basta ya!).

Con cada desafo, el grupo se iba haciendo ms atrevido y muchos partidos de la oposicin tradicional les apoyaban tras las bambalinas o les animaban desde la barrera, entre ellos varios integrados en la Hermandad Musulmana. De hecho, muchos miembros jvenes de la Hermandad se incorporaron calladamente a esas actividades e incluso algunos empezaron a formar sus propios grupos independientes, volvindose ms francos y atrevidos. Fueron los esfuerzos colectivos de estos grupos los que en ltima instancia provocaron el levantamiento popular del 25 de enero de 2011 y derrocaron a Mubarak. Aunque la Hermandad Musulmana jug un papel crucial y decisivo durante los trascendentales das que llevaron al derrocamiento de Mubarak, su entrada oficial en la senda revolucionaria contra el gobierno fue el 28 de enero, tres das despus de que se iniciaran las protestas en la Plaza Tahrir.

Cuatro facciones y cuatro fechas: 24 de enero, 3 de julio, 29 de junio y 12 de febrero

La unidad que brillantemente demostraron las facciones revolucionarias durante los electrizantes das de enero y febrero de 2011 dio paso a recriminaciones y tensiones tan pronto como el ejrcito de Egipto se hizo con el poder tras el derrocamiento de Mubarak. Dos posiciones opuestas aparecieron sobre la marcha: una favorecida por el bloque islamista y otra por los grupos revolucionarios de jvenes. Los grupos de jvenes abogaban por una va revolucionaria centrada en la redaccin de una nueva constitucin que reestructurara el contrato social entre el Estado y sus ciudadanos. Los islamistas estaban a favor de una agenda reformista y endosaron una va electoral bajo el control del ejrcito porque saban que estaban destinados a ganar. El primero de los grupos acus al segundo de traicionar cnicamente los objetivos revolucionarios y de formar una alianza tcita con el ejrcito. Durante la mayor parte del perodo transitorio bajo el control directo del consejo militar, los movimientos de jvenes revolucionarios se enfrentaron al Estado, mientras la HM llamaba a la calma porque haba conseguido cinco victorias electorales, incluida la mayora de escaos en el parlamento, as como la presidencia.

Cuando Morsi se convirti en presidente en julio de 2012, el manual de maniobras polticas estaba claro. Dos de las cuatro facciones se aliaran de momento entre ellas y derrotaran a una tercera, mientras la cuarta observara desde la barrera. A principios de 2011, los islamistas y los jvenes se haban aliado contra los fulul, mientras el ejrcito observaba, ya que consideraba que le beneficiaba parar la ascendencia del hijo de Mubarak, que no proceda de sus filas. Poco despus, los intereses de los islamistas y del ejrcito se alineaban porque los primeros queran ganar legitimidad a travs de las victorias electorales mientras los segundos queran mantener el statu quo hasta fraguar una estrategia que revertiera el impulso revolucionario.

Cuando los intereses de estas dos fuerzas se alinearon, se ignoraron las demandas de los jvenes revolucionarios y las filas de estos quedaron devastadas tras ser sometidos miles de ellos a juicios militares mientras los islamistas miraban para otro lado. Durante este perodo, los fulul observaban desde la barrera lamindose an las heridas de la cada de su jefe benefactor. Cuando los islamistas llegaron al poder en el verano de 2012, los fulul haban recuperado su posicin, envalentonados por los doce millones de votos que el ltimo primer ministro de Mubarak, el general Ahmad Shafiq, haba obtenido en su derrotada campaa presidencial contra Morsi.

Justificadamente o no, a finales de 2012, los grupos revolucionarios de jvenes se sintieron traicionados por la HM y la acusaron de consolidarse en el poder para promover su agenda social y poltica. Mientras tanto, el presidente de la HM se quejaba amargamente de que los socios revolucionarios le estaban abandonando y permitiendo que los grupos contrarrevolucionarios les manipularan. Mientras el ejrcito, entonces dirigido por el general Sisi y el aparato de seguridad estatal, segua observando desde la barrera, las posiciones se endurecieron y la desconfianza creci entre los antiguos socios revolucionarios. Debido a la inexperiencia, la ingenuidad poltica o al error de clculo, la HM no ofreci los compromisos suficientes a sus antiguos aliados pensando que sin el apoyo del ejrcito (con el que la Hermandad crea equvocamente contar), los otros grupos no podran imponer su voluntad.

Una vez que el polvo se asent tras el golpe de Estado, qued muy claro que a Morsi no le iban a permitir nunca gobernar y que los grupos revolucionarios eran fcilmente manipulados por el Estado profundo, mientras los fulul proporcionaban todo el apoyo logstico y de medios de comunicacin para derrocar el Estado de la Hermandad. Pero en esta ocasin, fueron las otras tres facciones las que se aliaron contra una con consecuencias devastadoras. El pas se hallaba profundamente polarizado mientras los niveles de odio, desconfianza y rabia alcanzaban niveles sin precedentes. El ejrcito jugaba hbilmente con todos, presentndose de nuevo a s mismo en la persona de Sisi como el salvador del pas, de la inestabilidad y la guerra civil. Pero a pesar de la euforia que se produjo con la eliminacin del primer presidente elegido democrticamente, los grupos revolucionarios aprendieron pronto que el ejrcito no comparta precisamente sus nobles ideales. En su afn por poner fin al reinado de Morsi, traicionaron sus propios principios de rechazar el gobierno militar. En cuestin de meses, todos los principales lderes de los jvenes revolucionarios estaban en prisin, exiliados, silenciados o fugados.

Sisi se convirti en presidente en mayo de 2014 en un simulacro de elecciones donde recibi ms del 96% de los votos. Tras un ao de su mandato, no ha conseguido ningn logro destacado y las alianzas tcticas se han venido abajo porque cada faccin no slo se haba alienado de su enemigo ideolgico sino que tambin desconfiaba de su propio aliado ideolgico natural. Los fulul seguan nerviosos porque los proyectos de inversiones ms importantes haban quedado subsumidos por la poderosa maquinaria econmica del ejrcito, contra quien es prcticamente imposible competir econmicamente porque se aprovecha de una mano de obra prcticamente gratuita, no paga impuestos, utiliza energa subvencionada, una fuerza laboral ingeniera cualificada y posee valiosos bienes races.

En menos de un ao, Sisi ha conseguido al parecer su principal ambicin al cumplir el dicho de que Egipto no es un Estado con ejrcito, sino un ejrcito con Estado. Adems, Sisi continu exigiendo considerables concesiones y grandes contribuciones a los empresarios ricos sin ofrecerles mucho a cambio. A nivel poltico, Sisi nunca confi totalmente en los antiguos compinches de Mubarak, tampoco ha construido su propio electorado poltico. Como consecuencia, sigue aplazando las elecciones parlamentarias al temer que los fulul puedan dominar y reducir su autocrtico gobierno.

Por su parte, los fulul encontraron un nuevo mascarn de proa en Shafiq, el candidato perdedor en la competicin presidencial de 2012. Tras las elecciones, huy a los EAU por temor a ser arrestado o a que le acusaran de corrupcin. Incluso despus de que el politizado poder judicial absolviera o revocara todas las condenas de Mubarak, sus hijos y sus compinches, entre ellos el mismo Shafiq, sigui en el exilio sabiendo que Sisi no iba a permitirle jugar ningn papel poltico aunque fundara un partido y se comprometiera a dirigirlo hacia la victoria parlamentaria.

Esta tensin salt recientemente a la palestra cuando Shafiq dio una entrevista cuestionando la legitimidad de Sisi y comprometindose a desafiar los resultados electorales de 2012. Al parecer, Shafiq dijo en la entrevista: Yo s muchas ms cosas que los servicios de inteligencia. Es mejor que todo el mundo mantenga la boca cerrada y lo mismo har yo. Nadie puede atreverse a decirme que no me presente para el parlamento. A su vez, Sisi impidi que la entrevista se emitiera en Egipto incluso despus de que fuera intensamente promocionada. Adems, Sisi declar durante su reciente viaje a Alemania, en claro rechazo a Shafiq, que no haba duda de que Morsi era el verdadero ganador de las elecciones de 2012 pero que la gente se haba vuelto en su contra. Posteriormente, Sisi envi a su jefe de inteligencia a que pidiera a los gobernantes de los EAU que frenaran a Shafiq. Muchos observadores polticos creen ahora que las fuerzas dentro del Estado aliadas con Safiq fueron muy probablemente la fuente de las frecuentes filtraciones de audio que revelan la corrupcin e incompetencia del gobierno de Sisi durante los ltimos dos aos.

Mientras tanto, las filas revolucionarias han pasado tambin sus rencores y recriminaciones. Los grupos de jvenes revolucionarios acusan a la HM de volverles la espalda en la revolucin una vez conseguido el poder poltico. La Hermandad acusa a estos grupos de facilitar el golpe de Estado y justificar la restauracin del poder militar y la vuelta al Estado policial. Sostiene adems que si cometi errores cuando estaba en el gobierno, nunca puede justificarse una alianza con los contrarrevolucionarios. Seala el hecho de que desde el golpe de Estado se ha negado categricamente a comprometerse con el gobierno militar y, por consiguiente, han sido los que ms han sufrido a manos de los golpistas, con miles de sus dirigentes, miembros y simpatizantes asesinados, heridos o en el exilio, mientras se confiscaban sus activos y se prohiban sus instituciones y organizaciones de beneficencia.

Cada faccin pretende devolver a Egipto a una determinada fecha del pasado. Los fulul esperan devolver a Egipto al 24 de enero de 2011 y restaurar su dominio poltico y econmico. Su fuerza se basa, parcialmente, en el apoyo que les presta un fragmento importante del Estado profundo, gran parte de la corrupta pero experimentada maquinaria poltica de Mubarak y muchos oligarcas y magnates de los negocios con sus imperios en los medios de comunicacin, que jugaron un papel crucial alienando al pueblo de Morsi y la HM, pero que ahora estn cada vez ms dispuestos a criticar a Sisi. Al parecer, este grupo ha contado con el apoyo tcito de los EAU, a quienes Sisi rog recientemente que silenciaran a Shafiq. Y en cuestin de das, Shafiq renunci como jefe de su recin establecido partido, denominado Movimiento Patritico Egipcio, pero se comprometi a seguir formando parte del mismo.

El ejrcito, dirigido por Sisi y un estrecho crculo a su alrededor, clama por el 3 de julio de 2013, el da en que Morsi fue derrocado y detenido e inici su ascenso al poder como si se tratara de un nuevo amanecer en Egipto. A Sisi le encanta recordar a la gente que tuvo que deponer a Morsi para evitar una guerra civil, a pesar de que no hay pruebas de que el anterior presidente ordenara reprimir a la oposicin. Hablar del gobierno autoritario de Morsi palidece al comparrsele con quienes le sucedieron. Adly Mansur, instalado por Sisi como presidente interino, ocup a la vez los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, al ser simultneamente el presidente en funciones y el jefe del Tribunal Constitucional Supremo, gobernando por decreto cuando Sisi suspendi la constitucin.

La fuerza de este grupo radica desde luego en el apoyo del ejrcito, que todava disfruta de un enorme grado de reverencia y respeto por parte de un nmero significativo de egipcios, as como por el miedo de muchos a la inestabilidad si el ejrcito pierde su poder en el pas. Sin embargo, hasta el momento, Sisi ha fracasado a la hora de articular una visin de altura para el pas o a la hora de unir a sus profundamente polarizados ciudadanos. Para consolidar su gobierno ha confiado en gran medida en las tcticas del Estado policial y en el agotamiento del pueblo egipcio tras cuatro aos de incertidumbre e inestabilidad. Es muy dudoso que pueda sacar a Egipto del abismo o tener xito en la lucha contra la agitacin poltica, los desafos econmicos y la polarizacin social.

La HM ha vivido el ascenso y cada ms veloces de cualquier grupo poltico en la historia moderna de la regin. En su favor puede decirse que se neg a dar legitimidad al golpe de Estado o a comprometer su posicin de principio de rechazar el gobierno militar, y ha insistido en llevar ante la justicia a quienes perpetraron las atrocidades contra el pueblo egipcio. Sin embargo, pretende devolver a los egipcios al 29 de junio de 2013, insistiendo en la vuelta de Morsi como presidente legtimamente elegido, en la restauracin de la polarizada constitucin de 2012 y de las instituciones electas parlamentarias desestimadas por Sisi. Su objetivo inmediato es revertir los efectos del golpe de Estado y deslegitimizar las consecuencias de las manifestaciones del 30 de junio.

Para decepcin de sus crticos dentro de las filas revolucionarias, se niega an a reconocer la poltica profundamente polarizada que practic contra sus antiguos socios revolucionarios, que allan el camino a los acontecimientos del 30 de junio y a la actual crisis. Por otra parte, sus crticos sostienen que su retrica de una va revolucionaria contradira la senda constitucional que sus seguidores estn siguiendo al insistir en exigir la vuelta de Morsi al poder y la constitucin de 2012. Una senda constitucional, argumentan, que no permite la purga revolucionaria del politizado poder judicial, de los corruptos fiscales y de los medios de comunicacin comprometidos con ellos. Tambin protege al ejrcito y otorga a sus altos oficiales protecciones y privilegios inmerecidos.

El grado de brutalidad contra la Hermandad del gobierno de Sisi ha superado todas sus experiencias del pasado de represiones gubernamentales perpetradas a partir de la dcada de 1940, golpeando hasta el fondo a sus miembros, pero la fuerza de la organizacin ha quedado demostrada al mantenerse en gran medida intacta a pesar de los niveles sin precedentes de sufrimientos y abusos. Tras un perodo de desafo que termin pblicamente con varias masacres en julio y agosto de 2013, muchos miembros de la HM que pudieron escapar al aparato de seguridad y dejar el pas emprendieron un vigoroso debate interno.

En abril de 2014, la reevaluacin se resolvi a favor de un nuevo liderazgo que, segn los miembros ms importantes de la HM fuera de Egipto, comprende el 65-70% de la joven generacin de menos de 45 aos. Las dinmicas internas dentro del grupo salieron recientemente a la luz cuando uno de los lderes de la vieja guardia emiti un comunicado rechazando la violencia y el nuevo liderazgo. En cuestin de horas, este nuevo liderazgo descart tales afirmaciones y renov su llamamiento a favor de una va revolucionaria intransigente hasta la cada de Sisi y su rgimen represor. El joven liderazgo interno en Egipto emiti pronto otro llamamiento haciendo suyo ese enfoque inflexible.

Mientras tanto, los grupos de jvenes revolucionarios han estado defendiendo desde el principio mismo la vuelta a una senda puramente revolucionaria que evoque los emocionantes das de la revolucin de 2011. Sostienen que su revolucin ha sido abortada y que debe recuperarse como si fuera el 12 de febrero de 2011. El mayor error, postulan, fue que los revolucionarios se fueran a casa y aceptaran el gobierno del consejo militar. Uno de los ms importantes de entre estos grupos es el Movimiento del 6 de Abril, cuyos lderes, como Ahmed Maher y Mohammad Adel, y el activista Ahmed Doma, fueron encarcelados por Sisi. Los Socialistas Revolucionarios han sido tambin reprimidos, y otros lderes, como Alaa Abdel Fatah, han recibido sentencias de cinco aos de crcel por desafiar al gobierno militar.

Sus crticos, especialmente desde el campo islamista, sostienen que la mayor parte de estos grupos revolucionarios destacan en retrica pero carecen de sustancia, sofisticacin y de apoyo amplio. Es ms, muchos de los jvenes revolucionarios que jugaron papeles clave durante los primeros momentos de la revolucin y que no fueron muy perseguidos por el gobierno estn exiliados, han abandonado la lucha o han permanecido en silencio, incluido Wael Ghoneim, uno de los jvenes ms destacados a la hora de impulsar la revolucin de 2011. Adems, los ultras del ftbol han desempeado tambin un papel significativo al oponerse a las medidas represivas del actual rgimen. Su implicacin futura podra ser crucial porque han demostrado coraje, determinacin y organizacin, tres ingredientes necesarios para un cambio revolucionario autntico.

El camino a seguir

En pocas ocasiones la historia se repite a s misma pero lo inteligente es aprender siempre de esas lecciones. El levantamiento egipcio de 2011 fue un acontecimiento extraordinario que despleg muchos atributos positivos respecto a los jvenes egipcios y sus aspiraciones futuras. Pero en el momento en que los socios revolucionarios rompieron filas, a los pocos das de derrocar a Mubarak, perdieron muchas posibilidades de seguir avanzando hacia una autntica transformacin. No result muy complicado secuestraerles sus sueos. Quienes defendan un cambio gradual y una agenda reformista pusieron su confianza y sometieron esa agenda a los mismos elementos que ms se haban beneficiado de la corrupcin y del gobierno de Mubarak.

La senda revolucionaria no significa necesariamente tener que recurrir a la violencia o al caos. Significa una ruptura total con el anterior gobierno, sus instituciones y las personalidades con l comprometidas, y la construccin un nuevo Estado desde los cimientos. Una tarea as es sin duda inmensa, pero el Estado egipcio est tan profundamente enraizado en la represin y en la corrupcin, que todo lo que no sea su total desmantelamiento no va a producir, sencillamente, cambio significativo alguno.

Sin embargo, el xito de la senda revolucionaria presenta un dilema. No puede tener xito sin la Hermandad debido a su disciplina y capacidad para movilizar a grandes segmentos de la sociedad. Pero tampoco puede progresar slo con ella. Recrear aquel momento de unidad exhibido en la Plaza Tahrir que ayud a derrotar a Mubarak y romper su aparato de seguridad sera el primer paso para poner fin al gobierno neomubarakista de Sisi. Adems, ambas partes tienen que ponerse de acuerdo en los objetivos estratgicos de esta renovada asociacin y ofrecer medidas reales que fomenten la mutua confianza.

Esa estrategia deber centrarse en una senda revolucionaria, que todos han defendido, para conseguir tres objetivos fundamentales: a) el fin de la involucracin del ejrcito egipcio en la poltica, el retiro forzoso de sus ms altos oficiales y la reestructuracin de sus instituciones, a fin de que se centren nicamente en la defensa del pas contra las amenazas externas, junto con el desmantelamiento total de su imperio econmico; b) el desmantelamiento del Estado profundo en todos sus aspectos: polica, aparato de seguridad y agencias de inteligencia, del involucrado poder judicial, de las corruptas agrupaciones empresariales y de sus imperios en los medios de comunicacin; y c) el futuro Estado debe formarse sobre la base de la construccin de autnticas instituciones democrticas que garanticen los derechos, libertades y protecciones de las minoras, as como la promesa por parte de todos los socios de no imponer sus agendas sociales ni promover o buscar polticas competitivas hasta que se haya desmantelado el Estado profundo y su sitio est ocupado por instituciones democrticas competentes.

Una vez acordada la estrategia principal, deben establecerse medidas de fomento de la confianza. El controvertido tema del retorno de Morsi al poder parece ser el punto conflictivo. Por una parte, la HM sostiene que es importante mantener la legitimidad y respeto a la voluntad de la gente y rechazar a quien usurp el poder y todas las consecuencias del golpe de Estado, especialmente en el frente econmico. Por otra parte, los jvenes revolucionarios afirman que no estn dispuestos a levantarse contra Sisi para limitarse a restaurar a Morsi, contra quien bastantes de ellos se haban rebelado en 2013.

Ambos grupos tienen razn y es preciso que este ltimo grupo supere el punto muerto reconociendo que Morsi fue legtima y democrticamente elegido como presidente por la mayora de los ciudadanos egipcios. Es ms, en tanto la revolucin est en marcha y Sisi tenga el control, todos los grupos revolucionarios deben aceptar este hecho y reconocer que respetan la voluntad del electorado y as aceptar a Morsi como presidente electo, si bien secuestrado, de Egipto. Si de algn modo Morsi fuera restaurado en el poder por cualquier otro medio, entonces reasumira su presidencia. Sin embargo, si Sisi cae a travs de una va revolucionaria, entonces, todas las partes, incluida la HM, deben reconocer la nueva realidad de una revolucin triunfante de donde deber surgir una nueva va, una nueva estructura y una nueva constitucin sin atadura alguna con el pasado.

Las revoluciones son escasas en la historia porque para que puedan darse es necesario que determinados factores y condiciones coexistan de forma dinmica y simultnea. Cuanto antes resuelvan sus diferencias los socios revolucionarios y empiecen a trabajar en la creacin de esas condiciones, antes podr Egipto sacudirse del yugo de la opresin y devolver el honor y la dignidad a su pueblo, as como a los palestinos muertos y sentenciados.

Esam Al-Amin es escritor y experto en temas de Oriente Medio y de poltica exterior de EEUU y un colaborador habitual de numerosas pginas en Internet. Es autor de The Arab Awakening Unveiled: Understanding Transformations and Revolutions in the Middle East.  

Puede contactarse con l en: [email protected] 

Fuente: http://www.middleeasteye.net/essays/egypt-dialectics-between-revolution-and-counterrevolution-950389130



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