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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-06-2015

Contra las cuerdas: una lectura de F.B.I. de Antonio Mndez Rubio

Arturo Borra
Rebelin


En la lnea de La desaparicin del exterior: Cultura, crisis y fascismo de baja intensidad (Eclipsados, Zaragoza, 2012), FBI (fascismo de baja intensidad) de Antonio Mndez Rubio -editado por La Vorgine, Santander, 2015- reincide en una de esas verdades del capitalismo que podran calificarse de insoportables, ante todo, porque nos pone contra las cuerdas. Si bien FBI como sigla podra remitir a la Agencia Federal de Investigacin de EEUU y mediante esa remisin metonmica al encumbramiento del estado policial en nuestra poca, aqu el significante FBI va ms lejos aun: reenva al fascismo de baja intensidad que coloniza nuestras formas de vida (algo que Foucault ya vislumbraba en su Introduccin a una vida no fascista que precede el Antiedipo. Capitalismo y esquizofrenia de Deleuze y Guattari).

Al plantear este vnculo con nuestro mundo cotidiano, Mndez Rubio nos hace mirar en direccin de lo que nos negamos a ver. Como deca Lacan en un contexto diferenciado, se trata de saber algo de eso de lo que no se quiere saber absolutamente nada, ante todo, porque pone en riesgo nuestras vidas e incluso lo ms ntimo de nuestro ser. No por azar la cita de Pasolini se repite: Todos estamos en peligro. Cuando se sobrevive en un orden criminal como el presente, nadie permanece indemne. Desde el primer fragmento, somos lanzados ah, con la sospecha de que () destruir la vigencia del rgimen fascista implica destruir una parte de mi corazn (Mndez Rubio, op.cit., pg. 5).

Como clave interpretativa parcial pero decisiva, el fascismo de baja intensidad nos compromete en primera persona por el vnculo totalizador que plantea con respecto al contexto presente, planteando una presin mnima a la vez que continua sobre cada uno de nosotros. En esta versin renovada de la vida fascista, ms centrada en el mercado que en el estado, la baja intensidad ni siquiera es excluyente de la alta intensidad de los conflictos blicos, la represin policial o el uso (para)legal de la fuerza.

Sin detenerme en la argumentacin del autor, deliberadamente fragmentaria y entrelazada a otras voces desde Reich o Benjamin hasta Bauman o Sloterdijk, por citar slo algunos nombres-, quizs lo central de esta intervencin crtica sea poner sobre la mesa, de manera rotunda, lo que desde hace algunas dcadas algunas posiciones crticas vienen sosteniendo, en concreto, la alianza estructural entre capitalismo y fascismo o, si se prefiere, la relacin entre una incitacin ilimitada al consumo, el industrialismo voraz y el nacional-estatalismo moderno, desplazado en el presente (al menos en parte) por la dictadura de los mercados.

Semejante reflexin crtica, desde luego, implica referirse a la cultura de masas y en particular, a la tendencia a la pantallizacin de nuestras vidas que no slo involucra el aislamiento, sino la disminucin de la empata ante el sufrimiento de los otros y la estandarizacin de nuestros modos de pensar y actuar, entre otras consecuencias. Solamente como apunte, resulta de especial relieve la crtica de Mndez Rubio a las tecnologas de la informacin y la comunicacin, en particular, al autismo compartido que promueven, como si en la matriz uterina del Capital el afuera fuera algo ilusorio y cargado de peligros. Es sintomtico que los discursos hegemnicos, aun aquellos que mantienen algn tinte reformista, no cesen de ligar cualquier alternativa poltica diferente al mero desastre o al caos, como si no estuviramos ya bailando en un abismo, en un espacio irrespirable.

No parece descabellado recuperar la confesin de Ana Frank en su Diario, cuando, en su encierro del 42 al 44 en uno de los tantos escondites que proliferaban en una Holanda ocupada por las fuerzas alemanas, deca: Me angustia ms de lo que puedo expresar el que nunca podamos salir fuera, y tengo mucho miedo de que nos descubran y nos fusilen. Eso no es, naturalmente, una perspectiva demasiado halagea (1). Es sabido que Ana Frank slo pudo salir de camino hacia su muerte, tras su paso por Auschwitz y Bergsen-Belsen. Su angustia daba cuenta de una claustrofobia que tambin podra ser la nuestra. Alguien podra objetar que nosotros, a diferencia de Ana Frank, s que podemos salir al exterior. Pero es esa lectura (o coartada interpretativa) lo que est en cuestin en FBI, incluso si el muro ya no est fuera sino que ha sido interiorizado por el sujeto.

De ah que contra la reduccin del fascismo al nazismo alemn, como si se tratara de algo pasado y ajeno a nosotros (aunque rentable para la industria cultural), lo que perturba de esta pequea mquina de guerra que es FBI es la conexin de la actualidad con lo que el autor llama constelacin fascista, tomando distancia de toda bsqueda conceptual de una esencia del fascismo. Ms bien, se trata de pensar esta constelacin como un fenmeno complejo y polidrico que presenta al menos cuatro rasgos interrelacionados, referidos a la masificacin autoritaria, la base industrialista de la modernidad, el despliegue de un proyecto de control ilimitado y lo que el autor llama la liberacin emocional de una serie de pasiones movilizadoras que giran en torno a la experiencia del colapso y el acorazamiento del individuo masificado (y que bien podra vincularse a la bancarrota del sujeto ante la presin ambiental y a un repliegue narcisista bastante extendido que significa la alteridad como amenaza).

No menos inquietantes son los efectos apuntalados por Mndez Rubio sobre esta forma especfica de fascismo, relacionados al crimen masivo que produce y al grado de resignacin, cuando no de indiferencia brutal, con que tendencialmente los dems viven (o vivimos) el imparable exterminio humano tanto en las fronteras convertidas en cementerios como en regiones donde la maquinaria de muerte (el despliegue policial-militar) sigue haciendo sus estragos. Otro tanto habra que decir sobre las referencias a la produccin industrial de miseria como adiccin del capitalismo y a la explotacin omnipresente en la que malvivimos. Las preguntas no cesan de proliferar: cmo conectar en trminos analticos este neofascismo a otras claves interpretativas, no menos relevantes, como es la crisis de subjetividad contempornea, la expansin de mltiples formas de racismo, la primaca cultural del cinismo o la interminable economa del sacrificio en la que sobrevivimos? Y, en clave vital, cmo construir maneras efectivas de desplazarnos de ah, en las condiciones asfixiantes del presente, deconstruyendo no slo el discurso del amo sino tambin la metafsica de la derrota?

Aunque lo dicho no invita a un optimismo irrestricto, pensar la hegemona del fascismo de baja intensidad, lejos de conducirnos a un callejn sin salida, sigue siendo imprescindible para hacer hueco a lo que se asfixia, comenzando por nuestro pulso deseante y nuestros sueos. Es previsible, sin embargo, que ms de uno opte por matar al mensajero o, inclusive, llamarse al silencio ante un texto de combate como ste.

Puede que el riesgo ms ntimo de un planteo crtico semejante no sea otro que el desconocimiento, ante todo, porque al producir un saber sobre eso de lo que no queremos saber nada, desafa la omnipresencia de un discurso de la seduccin que se pretende inofensivo. Como ha sealado Adorno (2): Despus de que millones de hombres inocentes han sido asesinados, comportarse filosficamente como si an hubiese algo inofensivo sobre lo que discutir, () y no filosofar de manera que uno tenga que avergonzarse de los asesinos, sera ciertamente para m una falta contra la memoria, contra esa mnemosyne, que ya desde Platn es el nervio de la filosofa. Desde ese nervio, Mndez Rubio sigue contribuyendo a pensar la catstrofe del presente y toda la arquitectura sistmica que la sostiene.

Notas:

  1. Frank, Ana (2004): Diario, trad. D. Puls, De Bolsillo, Barcelona, pg. 39.

  2. Adorno, Theodor (1991): Terminologa filosfica I, Taurus Humanidades, Madrid, pg.126.

Blog del autor: http://arturoborra.blogspot.com

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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