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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-06-2015

La decadencia del PP y el sndrome de Estocolmo

Juanlu Gonzlez
Bits rojiverdes


Los asesores demoscpicos del Partido Popular deben estar que echan humo. Todo indica que el banco de confianza ciudadana se ha contagiado de las prcticas de las entidades financieras y, en una especie de venganza potica, han cerrado el grifo del crdito al PP. No cabe duda de que an mantienen cierta parte de su granero estable de votos, pero las prdidas de fieles entre comicios se cuentan ya por millones; y ello a pesar del mal hacer de los fogones del CIS, cada da ms convertida en un chiringuito digno de Pesadilla en la Cocina.

De cualquier forma, lo extrao era justo lo contrario. Despus de incumplir una a una todas las promesas que les hicieron llegar al poder, lo raro es que an mantuvieran apoyo alguno fuera de su mbito de incondicionales hooligans. La coartada del desconocimiento del estado real de las cosas, de la herencia recibida cuando llegaron al poder, les pudo funcionar slo porque la derecha tiene ms poder meditico del que ningn otro partido haya acaparado jams. Pero nadie en su sano juicio podra creerlo, sobre todo cuando la deuda del gobierno del PSOE aflorada post mortem perteneca en gran mayora a comunidades gobernadas por el PP. An en el peor de los casos, se trata de cuestiones de puro principio neocon. Si se canta como un mantra en la oposicin que los impuestos hay que bajarlos en situaciones de crisis para recuperar la economa cmo los subieron casi 50 veces en cada viernes de dolores si ellos mismos agravaron la crisis? cmo pudieron abjurar tan fcilmente de sus ideales?

La primera parte de la legislatura la tuvieron muy fcil. Lograron hacer ver, tras insanas sobredosis de propaganda, que todos y todas habamos vivido por encima de nuestras posibilidades y que, por eso, nos corresponda realizar un esfuerzo colectivo: debamos pagar una penitencia al dios de los mercados por herejes. Para que lo entendisemos, se nos hacan smiles facilones, comparando la economa domstica con la regencia de un pas. Cmo si los hogares tuvieran la capacidad de emitir moneda, de jugar con los tipos de inters o de renegociarla ad eternum esperando pocas de inflacin o de hiperinflacin. Pero lo cierto es que la idea, por simple y machacona, cal entre la poblacin. Quiz sea por nuestra supuesta pertenencia a lo que se viene en llamar cultura judeocristiana (o a los PIGS como diran otros), lo cierto es que fuimos presos de un sndrome de Estocolmo colectivo y permitimos que nos flagelaran con gusto o, peor an, nos autoflagelamos con morbosa fruicin opusiana.

Se las prometan muy felices los arriolas y los equipos de manipulacin y replicacin de los argumentaios matutinos del PP. Con un PSOE descompuesto, pagando su ensima traicin a la clase trabajadora y la cantinela de que no se puede hacer otra cosa, se pasaba el tiempo a la espera de un cambio de ciclo econmico insuflado por los bajos precios del petrleo y las tardas medidas macroeconmicas adoptadas por el Banco Centro Europeo. La maniobra era bien sencilla: presentar los mnimos logros en el haber de nuestro pas como resultados de las polticas de recorte de derechos, libertades y de las sacrosantas bases del estado del bienestar. Incluso el rescate de los bancos se logr vender como un mal menor para la defensa de los ahorradores, cuando en todo caso era para proteger slo a aquellos que mantenan ms de 100.000 euros en cuenta por titular y por banco y a los accionistas. Vamos, lo que viene siendo la inmensa mayora de la ciudadana De nuevo el reparto de sacrificios y el mea culpa colectivo como si fusemos culpables de polticas neoliberales que en nada tienen que ver con la salida de la crisis o que, en muchos casos, slo la agravan. No hay ms que ver el resultado de las recetas terroristas de la Troika sobre nuestros hermanos helenos para entender lo que se nos vena encima.

As, tenamos a media Espaa comulgando con ruedas de molino y, a pesar de la existencia de cierta contestacin, bastante resignada en su conjunto con la idea de repetir gobierno im-popular a finales de 2015. Qu sucedi para que la gente despertase del letargo y comenzara el declive del PP? La irrupcin de Podemos y la creacin in extremis de Ciudadanos tienen mucho que ver, pero nada es casual, son slo reflejos de la situacin general. Incluso Rajoy lo ha reconocido: el acicate de todo este proceso ha sido la corrupcin y el martilleo con el que algunos medios pocos han golpeado las conciencias. Ni que decir tiene que, si la inmensa mayora de los casos de corrupcin hubieran afectado a partidos del espectro de la izquierda real o de la socialdemocracia, hubisemos asistido a casos de linchamiento meditico que en nada se parecen a lo sufrido por el Partido Popular con una ingente masa de medios, tertulianos y periodistas pesebreros jugando a su favor.

Pero, aunque hayan sido a lo sumo poco ms que un conjunto de cariosas reprimendas, s que han servido de catalizador para hacer reaccionar a una poblacin adormecida. Hay que reconocer que ver a un presidente jaleando a un delincuente por SMS es poco edificante, como tampoco lo es el saber que casi toda la cpula del Partido Popular cobraba sobresueldos en negro procedentes de donaciones ilegales. Con qu fuerza moral pueden demandar esfuerzos tributarios aquellos que han defraudado a Hacienda nada ms y nada menos que con la remodelacin de la sede principal de su partido? Cuando la ciudadana ha comprobado qu significa de veras para los de arriba vivir por encima de sus posibilidades, es cuando las reprimendas, la manipulaciones o los sentimientos de culpa dejan inmediatamente de funcionar. Si aquellos que pontifican y claman austeridad y apretones de cinturn ya no estn investidos de ningn tipo de autoridad moral; si hemos visto a muchos de ellos entrar en la crcel o hacer el paseillo hasta un juzgado; si los hemos odo contar billetes o decir de viva voz que estaban en poltica slo para forrarse; si se han gastado centenares de miles de euros en clubes nocturnos, tiendas religiosas, viajes, coches de alta gama, comilonas o hasta en fiestas infantiles ya nadie admitir ni una leccin, ni un reproche, ni la demanda de un sacrificio ms que venga por boca de aquellos que han convertido al partido en el gobierno en poco ms que una banda organizada para delinquir, recaudar, blanquear o repartir dividendos entre los jefes de este verdadero sindicato de intereses que se hace llamar Partido Popular.

Fuente: http://www.bitsrojiverdes.org/wordpress/?p=11668



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