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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-06-2015

Repblica Dominicana
Las repatriaciones, un abuso con sello racista y clasista

Lilliam Oviedo
Rebelin


Simn Bolvar situ en los lmites del continente las fronteras de la patria. Alrededor de 80 aos despus, Jos Mart declar que patria es humanidad. En qu contexto es calificable como ejercicio soberano el acto de expulsar a miles de personas sin tomar en cuenta el dao que esto pueda causarles?

El artculo 13 de la Constitucin redactada por el patricio Juan Pablo Duarte, dice que ningn poder es ilimitado, ni el de la ley tampoco.

No se fundamentan, pues, en el pensamiento de Duarte quienes afirman que, en virtud de las leyes migratorias del pas, se puede expulsar sin contemplaciones a toda persona que no haya dado los pasos contemplados en el Plan Nacional de Regularizacin de Extranjeros, puesto en marcha despus de la infame sentencia 168-13 del Tribunal Constitucional, que despoj de sus documentos como nacionales a miles de dominicanos de ascendencia haitiana.

No es cierto que el abuso contra miles de personas de nacionalidad haitiana contribuya a preservar los derechos de quienes puedan presentar documentos. Por el contrario, esta accin se inscribe en el ejercicio de coercin de clase.

El Estado que enva a Hait a grandes grupos de personas sin importar que no les haya sido pagado el trabajo realizado, que dejen aqu sus escasas pertenencias, y que se rompan las familias, es el mismo que comete abusos contra los nacionales que pueden demostrar que sus ascendientes tenan asiento legal aqu mucho antes del ao 1929 (suena ridculo, pero es la fecha contemplada en la sentencia infame).

De qu otro modo se debe calificar la poltica de exterminio a reales y potenciales delincuentes de los barrios pobres mientras se toleran las ms abominables formas de delincuencia de cuello blanco?

En cuanto a los derechos laborales, acaso no se niega a los trabajadores dominicanos el derecho a sindicalizarse y a organizarse? El patrono puede poner fin a un contrato de trabajo sin justificacin alguna y, en una economa de monopolio como es la nuestra, las empresas no tienen que presentar alegato alguno para cerrar las puertas de sus instalaciones a quien necesite vender su fuerza de trabajo.

Estn dadas las condiciones para prohibir la organizacin sindical, y se prohbe.

Esta situacin, lejos de dar validez al abuso contra los haitianos, indica que es preciso aumentar los niveles de organizacin y de lucha, porque, con o sin escndalo meditico, se estn violando derechos, y eso es intolerable.

Un esquema de ultraderecha

En los captulos de El Capital, que se refieren a la acumulacin, Carlos Marx describi la migracin en la sociedad capitalista como una necesidad creada por el paso de la actividad rural a la actividad industrial y de servicios. Rosa Luxemburgo (sobre todo en La Acumulacin Capitalista) y Antonio Gramsci, igual que otros pensadores marxistas, analizaron la migracin vinculndola a la divisin internacional del trabajo.

El mundo que sigue pateando a las personas migrantes y ponindoles el sello de ilegales, es regido por el esquema de ultraderecha aunque no est gobernado en cada realidad nacional por un ultraderechista.

En abril de 1981, Jeanne Kirpactrick (embajadora de Ronald Reagan ante la ONU), hablando en el Kenyon College, de Ohio, calific como una carta a Santa Claus la Declaracin de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Dijo que la subsistencia, al acceso a los servicios sociales y las buenas condiciones de vida en sentido general, son derechos que no estn limitados, salvo por la mente y los apetitos de sus autores, y no se basan ni en la experiencia, ni en la naturaleza ni en la probabilidad.

Kirpatrick era enemiga de todo gobierno que privilegiara el reconocimiento de esos derechos en lugar de ocuparse de cumplir con el pago a los acreedores estadounidenses y proporcionar garantas al gran capital. Por eso, tuvo un papel protagnico en el diseo y aplicacin de las polticas contra Cuba y contra Nicaragua.

El exceso de sinceridad de una estratega ultraderechista no es simple resabio. En Estados Unidos, la poltica migratoria ha servido histricamente a los intereses del gran capital. Basta consultar el historial de la legislacin en ese sentido para darse cuenta de que, durante dcadas, las personas nacidas en determinados pases han tenido prohibida la entrada a territorio estadounidense. Las leyes vigentes van dirigidas a seleccionar a los migrantes, sirviendo de apoyo al robo de talentos y a la guerra politiquera.

Algo similar ha ocurrido en Europa y en Canad. Un ejemplo bien registrado son las protestas que sacudieron a Francia en octubre del ao 2005, protagonizadas por franceses hijos de inmigrantes en demanda de que les fuera reconocida en forma plena su ciudadana.

El racismo, aunque no tiene una definicin puramente clasista, es una forma de discriminacin que alimenta la sociedad de clases y abona el despojo de derechos.

Trujillo y Balaguer como referentes

En Repblica Dominicana, el abuso contra la fuerza de trabajo y en particular contra la fuerza de trabajo haitiana, es herencia de la dictadura de Rafael Leonidas Trujillo (1930-1966) y de los gobiernos (constitucionales pero autoritarios y criminales) de Joaqun Balaguer.

En la divisin internacional del trabajo impuesta por la ultraderecha dominante en Estados Unidos y en las grandes potencias europeas, el territorio dominicano fue elegido como asiento de grandes empresas azucareras, bananeras y agroindustriales.

Entre las condiciones creadas para la reproduccin del capital estaba el uso de fuerza de trabajo barata y despojada de derechos laborales que eran reconocidos internacionalmente.

Por eso, el Estado fue partcipe de la contratacin (trata para ms precisin) de braceros haitianos para la caa y toler la contratacin irregular (con grandes ventajas para el capital) de mano de obra haitiana no calificada.

La condicin de indocumentados y la constante amenaza de repatriacin, eran limitantes para el reclamo de derechos en el agro, en la agroindustria, en el sector informal y hasta en el trabajo domstico.

La matanza de 1937 se produjo cuando Trujillo consider muy numerosa la poblacin haitiana en la frontera. Tuvo un sello racista y fue un proyecto de despojo de pequeas tierras, adems de que afianz el poder de Trujillo a nivel de la isla.

En La Palabra Encadenada y en Memorias de un Cortesano de la Era de Trujillo, dos libros en los cuales figura informacin muy manipulada, Joaqun Balaguer atribuye a la concepcin que tena Trujillo sobre su papel como gobernante y como patriota, esa matanza que, segn l estima, cobr la vida de 17 mil haitianos.

Balaguer fue parte de la negociacin para evitar las consecuencias que la matanza pudo tener para el rgimen de Trujillo (hay quienes califican como patriota esta actitud) y por eso, envuelta en condena moral, ensaya la justificacin poltica: Es cierto que Hait habra aniquilado prcticamente a la Repblica Dominicana si no se hubiera detenido a tiempo la afluencia de inmigrantes clandestinos a travs de las poblaciones fronterizas. Pero tambin es cierto que la superioridad militar de que dispona Trujillo sobre la nacin vecina, pudo haber hecho posible la expulsin de toda esa inmigracin indeseable sin derramamientos de sangre. (La Palabra Encadenada. Editora Corripio, 1993. Pg. 300).

La carga racista y la postura antihaitiana de Balaguer, asumida durante dcadas por los sectores beneficiarios de la explotacin y de las ms condenables formas de sobreexplotacin de la mano de obra, no hay que mirar muy hondo para identificarlas.

Los herederos polticos de Balaguer y Trujillo, junto al poder econmico, han dado carcter de doctrina a esta postura.

Por eso, quieren materializar en cada persona de nacionalidad dominicana la representacin de sus intereses de clase, y fomentan el racismo y el odio a las personas del vecino pas.

Proclaman que las grandes potencias quieren cargar a Repblica Dominicana el problema haitiano. En realidad, las grandes potencias explotan y saquean a Repblica Dominicana y a Hait, y cierran sus fronteras a los nacionales de ambos pases.

La incoherencia de este discurso se hace evidente cuando un representante de los mal llamados grupos nacionalistas, el exdiputado Pelegrn Castillo, dirigente de la Fuerza Nacional Progresista, favorece los intereses de Falcondo Xstrata Nickel mientras, junto a su familia, pide la construccin de un muro en la frontera. Como ministro de Energa y Minas (puesto al que renunci recientemente por su compromiso con Leonel Fernndez), se opuso a que Loma Miranda fuera declarada Parque Nacional para dejar abierta la posibilidad de que Falcondo realice sobre ella su actividad minera de depredacin. As han actuado siempre los grupos fascistoides!

El cardenal Nicols de Jess Lpez Rodrguez, favorecido por Balaguer con una millonaria Mansin Cardenalicia y otras contribuciones, manda a callar a todo sacerdote que se pronuncie contra el abuso a los haitianos y es partidario de la visin ultraderechista en torno a la inmigracin, pero no toma una actitud militante contra las grandes mineras o contra la propia injerencia yanqui.

Es grande la lista de incoherencias y de manifestaciones entreguistas y serviles; pero hay que mencionar tambin las mentiras en cuanto al gasto social.

No es cierto que la deficiencia en las escuelas y en los hospitales se origina en la inmigracin haitiana. El origen est en la corrupcin y la indolencia de los sucesivos gobiernos. Si el uso por los haitianos y haitianas de estos servicios hace crecer el gasto social oficial, es porque el Estado no les exige a sus empleadores pagar salarios siquiera aceptables (en la flexible normativa capitalista) y adaptar las cotizaciones de acuerdo con el uso que hacen de la fuerza de trabajo. Cotizan los empresarios del sector Construccin, por ejemplo, por los trabajadores haitianos que utilizan? Hasta cundo pretenden seguir usando mano de obra sin garantizarle siquiera cobertura mnima de seguridad social?

La voracidad de la clase dominante, junto a la corrupcin e indolencia de los polticos a su servicio, es determinante en la negacin a los trabajadores del derecho a servicios de salud y educacin eficientes.

Leonel Fernndez, Danilo Medina, Hiplito Meja, Miguel Vargas Maldonado y el propio Luis Abinader (con cara nueva, pero con ideas neoliberales y recalcitrantes) se mueven cmodamente en el esquema racista y en la coercin de clase y son aliados de la clase dominante en la accin de presentarlos como necesarios y de negar que forman parte del esquema impuesto por la ultraderecha.

Ejercicio de soberana y abuso contra los desposedos, son conceptos contrapuestos.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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