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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-07-2015

El ataque de la industria del sexo contra las feministas

Meghan Murphy
Truthdig.com

Traducido del ingls para Rebelin por Sara Plaza.


Los porngrafos llevan mucho tiempo defendiendo como "libre expresin" los productos y prcticas de su extremadamente lucrativa industria, incluso cuando estos sexualizan el poder y la violencia de los hombres contra las mujeres. De modo parecido, quienes defienden la prostitucin, a la que estratgicamente llaman "trabajo sexual", plantean el movimiento a favor su legalizacin y normalizacin como liberador.

Pero estos grupos solo apoyan la libre expresin y las libertades en la medida en que sirven a sus intereses. Aquellos que se manifiestan contra la industria del sexo estn excluidos de su versin de "libertad".

Tuvimos pruebas de ello en marzo, cuando varios lobbies de la prostitucin amenazaron con boicotear una conferencia en Vancouver, Columbia Britnica, que iba a contar con la presencia de Chris Hedges, destacado periodista y columnista de Truthdig, como ponente principal. Estos grupos de presin intentaron impedir su participacin por haber escrito un artculo en el que defina la prostitucin como "la quintaesencia del capitalismo global", y lo habran conseguido si no hubiera sido por la respuesta apasionada de grupos locales de mujeres.

Las campaas de desprestigio contra las feministas y sus aliados que se atreven a decir la verdad sobre el poder y la violencia de los hombres no son algo nuevo. En los aos noventa los porngrafos lanzaron una campaa contra la profesora Catharine MacKinnon y la feminista Andrea Dworkin comparndolas con los nazis y acusndolas de suprimir la libre expresin cuando, en realidad, la ordenanza anti-pornografa que ellas haban redactado en Minneapolis en 1983 definiendo la pornografa como una violacin de los derechos civiles de las mujeres no fue un intento de censurar la libre expresin sino de abordar el dao causado a las mujeres por la industria de la pornografa.

Para atraer a los progresistas bienintencionados, se invent un movimiento por los "derechos de las trabajadoras sexuales" en oposicin a aquellas feministas que crean que la prostitucin era la extensin y la perpetuacin del poder y la violencia del hombre. El lobby de la prostitucin adopt el lenguaje del movimiento obrero para defender los derechos de los hombres a abrir burdeles y a comprar servicios sexuales de las mujeres, y tambin el lenguaje del movimiento feminista para plantear la prostitucin como una eleccin de la mujer.

Estos grupos de presin tienen a los medios de comunicacin de su parte, as como a los proxenetas y los puteros. De acuerdo a sus intereses capitalistas, los medios oficiales presentan la pornografa y la prostitucin como iniciativas empresariales y, en consonancia con sus bases patriarcales, aceptan como norma la idea de los cuerpos de las mujeres como objetos consumibles.

En los ltimos aos la industria del sexo ha colaborado con los medios para descontextualizar completamente el sistema de la prostitucin. Este enfoque neoliberal es parte de un esfuerzo constante para desarmar a los movimientos que desafan los sistemas de poder: si somos simplemente individuos que miran por su propio empoderamiento (empowerment) personal y, por lo tanto, los nicos responsables de nuestros propios "xitos" y "fracasos", entonces no hay necesidad de organizarse colectivamente. Y esto es precisamente lo que quera decir Margaret Thatcher al afirmar que no existe la sociedad, solo individuos que ante todo deben ocuparse de s mismos.

Al plantear un sistema que canaliza a las mujeres particularmente a las mujeres marginadas hacia la prostitucin no solo como una eleccin de las propias mujeres sino como potencialmente liberador, estos grupos consiguen ocultar el modo en que la pornografa sostiene el poder de los hombres, descargando la responsabilidad de la subordinacin de las mujeres en las propias mujeres. Al sealar la presin social para la auto-objetivacin como empoderamiento, se permite a la sociedad ignorar las razones por las que las mujeres buscan empoderarse a travs de la sexualizacin y la mirada masculina. Al centrarnos en la capacidad de accin consciente (agency) de las mujeres, pasamos por alto el comportamiento de los hombres.

Lo que verdaderamente estn defendiendo los grupos que piden hacer presin a favor de los "derechos de las trabajadoras sexuales" no son, desde luego, los derechos humanos de las mujeres sino los intereses econmicos y sexuales de los hombres. Y por eso en el discurso se evita deliberadamente abordar el dao que causan estos hombres.

La campaa para presentar la presin a favor de la prostitucin como un esfuerzo de base para ayudar a las mujeres marginadas ha sido todo un xito. Al ignorar la dinmica de poder inherente a la compra por parte de un hombre de los servicios sexuales de una mujer, y llevar el debate hacia la eleccin de las mujeres, quienes podran considerarse a s mismas feministas se ven en una encrucijada: "Debo defender el derecho de las mujeres a elegir?" La respuesta obvia es s. Pero esa pregunta es engaosa. La verdadera pregunta es: "Apoyo el derecho de las mujeres pobres y marginadas a tener una vida mejor que la que les ofrecen los hombres explotadores?"

Si bien el lenguaje manipulador diseado para atraer a las masas liberales es una parte fundamental de la iniciativa para despenalizar a los proxenetas y a los puteros, otro componente clave es la fcil derrota de las feministas que desafan ese discurso.

Los defensores de esa industria no se detendrn ante nada para silenciar las voces de quienes se pronuncien en contra de sus intereses. Tachadas de mojigatas, conservadoras religiosas, opresoras y fanticas, la guerra contra estas feministas culmin recientemente en el intento generalizado de impedir que quienes disienten de su proyecto tengan acceso a plataformas desde las que expresar sus puntos de vista.

Cuando hace un ao la periodista sueca Kajsa Ekis Ekman iba a presentar en Londres su libro "Being and Being Bought: Prostitution, Surrogacy and the Split Self" ["El ser y la mercanca: prostitucin, vientres de alquiler y disociacin"], la librera que organizaba el acto fue amenazada con boicots.

El clima actual en el feminismo anglosajn es el que apoya la caza de brujas, me dijo Ekman. Esa caza de brujas comienza con "campaas difamatorias, parece que viene 'de abajo', y sobre las feministas famosas dice que estn obnubiladas por el poder tildndolas de elitistas, 'cis-sexistas', racistas y 'putafbicas'", explic. "Luego lleva adelante autnticas campaas de silenciamiento, amenazas de boicot, demandas, y aislamiento de cualquiera que se ponga del lado de las feministas y, por asociacin, del lado de la culpa".

En el ao 2003, Melissa Farley, una psicloga clnica y fundadora de la organizacin sin nimo de lucro Prostitution Research and Education, dirigi una investigacin en Nueva Zelanda sobre la violencia y los trastornos de estrs postraumtico en personas prostituidas, y despus tuvo que declarar ante el Parlamento de aquel pas por las entrevistas que haba realizado. Un defensor de la prostitucin neozelands que estaba en desacuerdo con su investigacin present una queja contra ella ante la Asociacin Americana de Psicologa (APA, por sus siglas en ingls). La queja fue ignorada por la APA y no fue tenida en cuenta por sus colegas, pero el lobby de la prostitucin la presenta como legtima y la utiliza como excusa para presionar a otros para que descarten su exhaustiva e iluminadora investigacin.

Julie Bindel, periodista feminista que lleva aos informando sobre el comercio sexual mundial, ha revelado que el Sindicato Internacional de Trabajadoras del Sexo en Gran Bretaa era poco ms que un portavoz de los proxenetas y los dueos de burdeles. Tambin ha estado informando sobre los importantes fallos de la legalizacin de la prostitucin en Amsterdam. En marzo, despus de las quejas emitidas por los grupos de presin a favor de la prostitucin, su nombre fue retirado de un panel de discusin de una pelcula estadounidense sobre prostitucin.

Las supervivientes de la prostitucin tambin se ven enfrentadas a una campaa de silenciamiento. Bridget Perrier, educadora indgena y co-fundadora de la organizacin Sextrade101 de supervivientes del comercio sexual y abolicionistas con sede en Toronto, explic que los esfuerzos del lobby a favor de la prostitucin se centran en invalidar las experiencias de las mujeres que han abandonado el negocio, a menudo poniendo en duda sus historias.

Rachel Moran sobrevivi siete aos a la explotacin sexual en Irlanda y ha publicado un libro sobre sus experiencias, en el que aborda muchos de los mitos y las mentiras que ha perpetuado el lobby del trabajo sexual. Por su delito contar la verdad ha sido objeto de acoso continuo y acusada en ms de una ocasin de inventarse su historia.

"He sido difamada, calumniada, amenazada, atacada fsicamente y gritada", me dijo Moran. "Mi direccin postal, los detalles de mi cuenta bancaria y mi direccin de correo electrnico personal han estando circulando entre las personas aparentemente ms desequilibradas, las cuales me han tuiteado partes de mi direccin postal con ese estilo claramente amenazante del tipo 'sabemos donde encontrarte'".

Y aadi: "Sistemticamente se alega que yo nunca estuve en la prostitucin, aunque los registros que prueban que lo estuve estn en manos de los servicios sociales irlandeses y del Juzgado de Distrito de Dubln de Menores".

Negar verdades que podran perjudicar el intento de presentar una versin expurgada de la industria del sexo, que vende la prostitucin como "simplemente un trabajo como cualquier otro", es un elemento clave de la campaa a favor de su legalizacin.

Moran me cont que le haba impactado muchsimo la falta de compasin que mostraron hacia ella los defensores del negocio del sexo que aseguran tener un inters particular en la seguridad de las mujeres. "Sencillamente les importa un bledo estar llevando a cabo una campaa deliberada y organizada de intimidacin contra una mujer que fue sistemticamente abusada sexualmente por hombres adultos desde los quince aos", manifest. "Mis verdades no les gustan, por eso hay que silenciarlas".

Desesperados, sin ser capaces y sin estar dispuestos a responder a los argumentos feministas y socialistas bsicos contra el negocio del sexo a saber, que se ha levantado sobre la base del poder del hombre y del capitalismo, perpetuando ideas misginas sobre las "necesidades" del hombre y los cuerpos de las mujeres como los objetos para satisfacer esos deseos socializados sus lobbies recurren a las mentiras y a la calumnia.

Estos grupos intentan hacer pasar las campaas difamatorias por "crtica", pero son cualquier cosa meno eso, seal Ekman, la periodista sueca. "Lo que est ocurriendo no tiene nada que ver con la crtica. Recuerda ms bien a una revolucin cultural maosta a gran escala".

"Si eres una destacada feminista, no te escapars", continu. "Si todava no te han atacado lo harn, o no eres lo suficientemente peligrosa".

Llevo aos escribiendo sobre la industria del sexo y la legislacin de la prostitucin en Canad. Los ataques contra mi persona y mi trabajo han sido implacables. En las ltimas semanas varios grupos de presin canadienses a favor de este negocio organizaron una importante campaa difamatoria en lnea, tachando los argumentos contra la objetivacin, explotacin y abuso de las mujeres de "fanatismo", distorsionando intencionalmente mi trabajo y mis opiniones hasta volverlos irreconocibles.

Las acusaciones absurdas e infundadas lanzadas contra m "transfbica", "putafbica", racista y dems reproducen las utilizadas contra todas las mujeres que desafan el statu quo en este sentido. La intencin no es hacer justicia, sino calumniar a las feministas para que sus argumentos puedan ignorarse y descartarse, y tambin acosar a otros hasta que hagan lo mismo. La nica cosa que nunca mencionan es la verdad.

La mujeres que se prostituyen tienen 18 veces ms probabilidades de ser asesinadas que la poblacin en general, y los hombres responsables tienen muchas menos probabilidades de ser condenados cuando se trata de una prostituta. En Canad las mujeres indgenas estn sobrerrepresentadas en la prostitucin y, en general, sufren mayores niveles de violencia que las mujeres no-indgenas. La legalizacin ha demostrado no ser una solucin para la explotacin, la violencia y el abuso.

Estos individuos y grupos cooptan las luchas de las personas marginadas para defender una industria multimillonaria que cada ao se cobra la vida y la humanidad de miles de mujeres y nias en todo el mundo. Para impedir que quienes manifiestan su desacuerdo amenacen sus intereses con palabras y argumentos, recurren a tcticas poco limpias para silenciar a escritoras y periodistas feministas independientes. Identifican nuestras palabras como "violencia" pero no hacen nada para luchar contra los responsables de la violencia real. Estos grupos nunca han participado en ninguna campaa pblica contra un maltratador, nunca han presentado una demanda solicitando el despido de un putero violento, nunca han llamado "fanticos" a quienes fuerzan a las nias a prostituirse en burdeles o en las calles. Sus objetivos no son el capitalismo corporativo o los traficantes de sexo, tampoco los reyes del porno o los dueos de los burdeles maltratadores. No. Sus objetivos son las feministas.

En su ensayo "Liberalism and the Death of Feminism" ["Liberalismo y la muerte del feminismo"], MacKinnon escribi que "una vez hubo un movimiento feminista": un movimiento que entendi que criticar prcticas tales como la violacin, el incesto, la prostitucin y el abuso no era lo mismo que criticar a las vctimas de esas prcticas. "Era un movimiento que saba [que] cuando las condiciones materiales descartan el 99% de tus opciones, no tiene sentido llamar al 1% restante lo que haces tu eleccin". Escribi estas palabras hace 25 aos y an seguimos librando las mismas batallas. Pronunciarse hoy contra los sistemas patriarcales significa que tu medio de vida se ver amenazado, as como tu credibilidad y tu libertad para hablar.

No puedes pretender ser progresista y manifestarte en contra de la democracia. No puedes pretender ser feminista y apoyar el silenciamiento de las mujeres. Este nuevo macartismo no nos liberar. Nos deja en manos de quienes quieren nuestra desaparicin.


Meghan Murphy es una escritora y periodista de Vancouver, Columbia Britnica. Su pgina web es Feminist Current.

Fuente: http://www.truthdig.com/report/page3/the_sex_industrys_attack_on_feminists_20150529



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