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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-07-2015

Entropa y austeridad

Jaime Richart
Rebelin


Cuando estn tocando las trompetas del Apocalipsis, y no slo en Grecia sino en el mundo entero como consecuencia de un cambio del clima global que parece irrevocable cuyos efectos en las cosechas y en el agua potable ya hace tiempo que se vienen haciendo notar, no son oportunos anlisis minuciosos de lo que nos espera; lo mismo que es un dicho popular, que no es prudente hacer cambios en tiempos de tribulaciones. Pero esto es hasta ayer, porque dadas las circunstancias que atraviesa la Europa Vieja y sus pases aclitos del sur del continente en los que para muchos precisamente son tiempos de tribulaciones, los cambios profundos tanto en la poltica como en toda la sociedad son absolutamente imprescindibles.

No obstante y pese a que peligran la estabilidad de esa Europa y los intereses de los grandes poseedores, la vida no se acaba con la crisis griega ni con la futura crisis espaola ni con la de ning otro pas. Con euro y sin euro, lo que piden a gritos millones de seres humanos es remover la brutal desigualdad social. Y para ello es preciso un cambio de mentalidad. Un cambio brusco de mentalidad, tanto de los gobernantes que debieran dar un ejemplo que no dan, como la de los gobernados con un pasar o sencillamente acomodados. Pues lo que est en juego por encima de todo es la vida del planeta y la vida humana en el planeta. Por eso es efectivamente ineludible la austeridad que imponen casi manu militari unos aunque no se la aplican a s mismos, para afrontar las graves carencias y carestas para todos que se vislumbran ya en el horizonte. Por eso mismo, porque quienes combaten la austeridad han de saber esto pese a ser jvenes, hemos de colegir que no es la austeridad en s misma lo que rechazan, sino el humillante reparto de las cargas y privaciones entre los dirigentes y sus socios, sus bancos y el poder financiero, por un lado, y las grandes masas de poblacin por otro; que la solucin macroeconmica ha de pasar por la fina eleccin de prioridades en el gasto de los Estados y la ms fina seleccin de los recortes...

Porque la vida, tal como la hemos vivido hasta ahora, se ha terminado; no ya para la mayora de los habitantes de la Europa Vieja gobernadas por ricos acreedores, sino para la mayora de los seres humanos. No haba ninguna necesidad de llevar poltica y econmicamente en Europa hasta sus ltimas consecuencias, y sobre todo de la manera que la exigen, la austeridad despus de dos dcadas celebrando la abundancia. Hubiera sido deseable el ejemplo ostensible de los dirigentes apretndose el cinturn. Y eso hubiera bastado, para hacer luego llamamientos a los pueblos a soportar las restricciones. Sin embargo, no slo no ha sido ni es as , sino que han llevado demasiado lejos los abusos contra grandes bolsas de poblacin y contra la Naturaleza. As, entre los que han venido abanderando la direccin de los pases y los que han confiado equivocadamente en ellos, el cambio climtico, la desecacin del planeta, la prdida colosal de las cosechas, el derretimiento de los glaciares y la licuefaccin de los polos, y la galopante reduccin de los filones de agua dulce son la consecuencia de una mentalidad perversa de unos y necia de otros que lo han consentido. Pues ese estado de cosas ha ido acompaado de lincremento considerable de la riqueza, de los privilegios y de las retribuciones de grandes minoras; y en Espaa, acompaado adems del saqueo metdico y literal de las arcas pblicas. Todo lo cual ha desembocado en el miedo de sus gobernantes quienes, para espantarlo, no se les ha ocurrido otra cosa que promulgar una provocadora ley preconstitucional que atenta contra las libertades en general y contra la libertad de expresin en particular.

No obstante, aunque unos cuantos reductos de hombres y mujeres en cada pas sigan poseyendo la Tierra, la privacin y un grave tedio irn llegando a todos sin necesidad de forzarlos por v a poltica como si fuera un fatum, una fatalidad. Siempre habr desalmados libres de toda amenaza a los que no les va a faltar de nada. Pero esos seres baados en riqueza sern capaces verdaderamente de gozarla viendo cmo progresivamente ms y ms seres humanos perecen por falta de energa moral antes de que el alma les abandone para siempre? Vayan a donde vayan, estn donde estn, ante sus ojos se abrir el terrible efecto de la caducidad. Pues el universo tiende a distribuir la energa uniformemente; es decir, a maximizar la entropa. Lo que significa que el sufrimiento, despus de aniquilar a los desposedos ir alcanzando sucesivamente a los poseedores. Lo nico que cabe, pues, es retrasar este proceso.

Mientras tanto y mientras tengamos un techo y podamos comer y beber, dediquemos todos nuestros esfuerzos a expulsar del poder a quienes a toda costa quieren imponernos la austeridad desigualmente repartida. Y luego, una vez logrado el empeo, entonces s, a asumir la austeridad para sobrevivir y para retrasar en lo posible a nuestros descendientes, el espectculo dantesco de la lenta o sbita desaparicin de la vida en el planeta. Y digo esto, no haciendo el papel sombr o de agorero, sino porque no son pocos los sociobilogos que desde hace tiempo vienen vaticinando con argumentos el suicidio ms o menos voluntario de la Humanidad...

 

Jaime Richart es Antroplogo y jurista.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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