Portada :: Europa :: Grecia, laboratorio neoliberal
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-07-2015

Una enceguecida Europa empuja el mundo de nuevo al despeadero

Gilberto Lopes
Rebelin


Casi seis meses despus de asumir sus funciones el gobierno griego de Syrza sigue enfrentado a la decisin europea de someterlo a un programa de austeridad cuyos resultados, desde su aplicacin, en 2010, ha sido el de hundir el pas en la pobreza y la cada d 25% su Producto Interno Bruto. Los intentos del primer ministro Alexis Tsipras de poner fin a ese programa y de relanzar la economa de su pas se ha enfrentado al desafo que representa la caja vaca del Estado, el fraude y la evasin de impuestos y a una deuda externa impagable, que se ha prcticamente duplicado desde la aplicacin del plan de rescate impuesto por la troika conformada por la Comisin Europea, el Banco Central Europeo (BCE) y la Fondo Monetario Internacional (FMI).

Las negociaciones entre el gobierno griego y la Europa conservadora han llegado a un callejn sin salida. Pero, sobre todo, han desnudado las falencias de una Europa en manos de un creciente neofascismo que ha llevado a ese callejn sin salida no solo las negociaciones con Grecia, sino el proyecto europeo mismo, como la advierten las ms diversas voces. Entre ellas, la del expresidente de la Comisin Europea, Jacques Delors (1985-95), probablemente el ltimo con una visin de Europa integrada a camino de una cierta igualdad, luego sustituida por una corriente neoliberal que ha promovido la reforma de los tratados constitutivos de la unin y conducido a un aumento de las tensiones que hoy amenazan con poner fin al proyecto.

Firmado en diciembre del 2007 el Tratado de Lisboa se eligi a un poltico belga conservador, Herman van Rompuy, desconocido en la Bruselas europea, como presidente. La inglesa Catherine Ashton asuma la direccin de la poltica exterior, el portugus Jos Manuel Duro Barroso segua a cargo de la Comisin Europea. Un cargo que le fue otorgado como retribucin por su papel de anfitrin del tro de las Azores conformado por George Bush, Tony Blair y Jos Mara Aznar cuando, el 15 de marzo del 2003, lanzaron un ultimtum al gobierno de Iraq para que se deshiciera de sus armas qumicas. Armas que, como sabemos, no existan. Pero sirvieron de pretexto para la desastrosa invasin del pas.

La renovacin de Barroso al frente de la Comisin ya fue una mala seal. La eleccin ahora de Van Rompuy y Ashton va por el mismo camino, el del provincianismo y la falta de aspiraciones globales en una Europa en manos de los viejos estados-nacin, estim entonces el diario espaol Pblico, en un editorial del 21 de noviembre de 2009.

El drama griego no es ni ser solamente nacional, advirti, la semana pasada, Delors, fundador del instituto que lleva su nombre. Tiene y tendr efectos sobre toda Europa, de la que Grecia es parte tanto por su historia como por su geografa.

Callado, prudente, Delors esper el desarrollo de los acontecimientos. Cuando la crisis pareca sin solucin decidi hablar. Lo hizo en compaa de otros dos miembros del instituto: Pascal Lamy y Antonio Vitorino. Lamy fue director de la Organizacin Mundial de Comercio (OMC). Vitorino, excomisario europeo, fue tambin ministro de Defensa de Portugal.

No se trata agreg el documento del Instituto Delors de medir las consecuencias econmicas y financieras ms o menos limitadas de una salida de Atenas de la unin monetaria: se trata de ver la evolucin de Grecia en una perspectiva geopoltica, como un problema europeo que permanecer. No es solamente con los microscopios del Fondo Monetario Internacional que hay que mirar a Grecia, sino con prismticos ms amplios, o sea, como un Estado que pertenece a los Balcanes, donde la inestabilidad no necesita ser estimulada en estos tiempos de guerra en Ucrania y en Siria, del desafo terrorista, sin olvidar la crisis migratoria.

Una visin geopoltica que ha estado ausente del debate de quienes solo ven en el gobierno griego una amenaza para la agenda de austeridad que ha hecho imposible encontrar una salida a la crisis financiera que lleva ya ms de siete aos en la eurozona.

Papel de Alemania

De la mano de Alemania con el apoyo de los gobiernos conservadores que han aplicado con entusiasmo las medidas de austeridad, como Espaa y Portugal, y de pases de Europa del este, como los Blticos, o Eslovenia se trataba de imponer la idea de que, sin Grecia, la zona euro sera ms estable. Como lo dijo la corresponsal del diario francs Le Monde en Berln, las consecuencias negativas de una salida del euro deberan ser tales para los griegos que desarmaran cualquier intento de resistencia en otros pases.

El papel de Alemania en Europa fue objeto de un libro devastador, publicado en mayo pasado por el eurodiputado del Partido de Izquierda francs y excandidato presidencial, Jean-Luc Mlanchon.

Se trata de El arenque de Bismark o el veneno alemn. Curioso nombre, que deriva de la interpretacin de Mlanchon sobre el significado de los diversos gestos de la canciller alemana, Angela Merkel, cuando recibi al presidente francs, Franois Hollande, en mayo del ao pasado a bordo del Nordwind, en el mar Bltico (Nordwind, nombre de la ltima ofensiva alemana contra Francia en la II Guerra Mundial, recuerda Mlanchon).

Europa va mal, asegura. Las finanzas reinan por todas partes, saquean, matan y contaminan. Esto es as porque Alemania no sabe vivir de otra manera, siempre a la procura de mano de obra ms barata y abundante. De otro modo, quin financiar las pensiones de su poblacin decreciente y cada vez ms vieja?

Para lograrlo, dice Mlanchon, Alemania ha anexionado al sueo europeo, uno a uno, los pases del este europeo, luego de hacerlos pasar por las reformas exigidas para la adhesin a los tratados. Sueo europeo que, mientras tanto, se ha transformado en una estafa.

Millones de personas se hicieron entonces disponibles. Desde sus casas, o como trabajadores a destajo, ofrecen la mano de obra de bajo costo que permite lo hecho en Alemania financiar sus fondos de pensin.

Mlanchon acusa Alemania de pretender separar totalmente la economa de la decisin de los ciudadanos y de hacer de Grecia un laboratorio poltico para ensayar como quebrar la resistencia de los que se oponen al ordoliberalismo, modelo econmico de extremo liberalismo lanzado por el economista alemn Walter Eucken y la Escuela de Friburgo en los aos 30 del siglo pasado.

Es la doctrina poltica que Alemania quiere imponer a todos, el triunfo del capitalismo financiero, origen de los peores conflictos en las naciones y entre ellas en la medida en que inocula a todas su veneno.

Mlanchon concluye afirmando que el imperialismo alemn est de vuelta. El modelo alemn es una impostura que rene los ingredientes de una terrible conflagracin. El revlver puesto en la sien de Grecia amenazada framente con la quiebra bancaria y el terrible inicio de una nueva etapa cruel de la historia.

Sabemos que la moneda nica es alemana. Pero ella est amenazada por la misma Alemania. La dictadura de la austeridad puede expulsar en cualquier momento a los pases que fueron llevados a la bancarrota. Cunto vale una moneda cuyas fronteras polticas estn amenazadas por una tal inestabilidad?.

Advertencia similar a la lanzada en estos das por economistas como los premios Nobel de Economa, Joseph Stiglitz, para quien el problema de Europa es Alemania, no Grecia; o Paul Krugman, que la acus de perjudicar gravemente el proyecto europeo.

Una guerra sin bombas, como deca el pasado 11 de julio un reportaje de la BBC sobre el acoso alemn a Grecia.

Guerra con bombas

Si, por ahora, se trata de una guerra sin bombas, la historia recuerda como una guerra as se transform en otra, con bombas.

Con frecuencia uno se pregunta como el mundo lleg a los extremos que llevaron a las guerras mundiales. Parece incomprensible que no se haya parado a tiempo ese proceso. Pero no se hizo.

Hanna Arendt, filsofa alemana que muri en 1975 en Nueva York, analiz en detalle ese proceso. El odio, que no escaseaba, ciertamente, en el mundo de la preguerra, comenz a desempear un papel decisivo en todos los asuntos, de forma tal que la escena poltica en los aos engaosamente tranquilos de la dcada de los 20 asumi la atmsfera srdida y fantstica de una querella familiar, como en las obras del dramaturgo sueco August Strindberg.

Arendt se refera a las naciones europeas: todo el mundo se alzaba contra todo el mundo, y especialmente contra sus ms prximos vecinos los eslovacos contra los checos, los croatas contra los serbios, los ucranianos contra los polacos.

Analizaba, con especial preocupacin, el papel de las nacionalidades, divididas, esparcidas por el territorio de diversas naciones europeas, en particular alemanes que vivan fuera de Alemania, o judos que no tenan un Estado que los representara.

El inters nacional (en este caso, de la nacionalidad alemana, repartida en diversos Estados) tena prioridad sobre la ley mucho tiempo antes de que Hitler pudiera declarar que lo justo era lo que resultara bueno para el pueblo alemn.

Las condiciones del poder moderno, deca Arendt, hacen de la soberana nacional una burla, excepto por lo que se refiere a los Estados gigantescos.

De cierto modo, los arreglos territoriales de postguerra y la misma creacin de la Unin Europea pretendan resolver esos problemas y crear un sper Estado capaz de poner a Europa de nuevo en la primera lnea de la poltica mundial.

Pero no fue as. Una revisin de los planteamientos de Arendt quizs ayuden a entender la gravedad del momento que se vive nuevamente en Europa. Los arreglos a los que hicimos referencia, entre ellos medidas especiales para proteger las minoras nacionales, lejos de garantizar sus derechos dej en evidencia que Europa haba estado gobernada por un sistema que jams haba tenido en cuenta o respondido a las necesidades de por lo menos el 25% de su poblacin.

Es inevitable ver hoy esa unin europea (o, ms delimitada, solo la eurozona) como un Estado con diversas nacionalidades. Pero hay algunas nacionalidades marginales, que pesan menos que otras. Basta ver la contribucin de cada pas al Mecanismo de Estabilidad Europea, al que Alemania aporta, en cifras redondas, 27%, seguida de Francia, con 20%; Italia, con 18% y Espaa con 12%. Cerca de del total. Esa es la nacin europea, integrada por 19 pases. Los otros 15 aportan en restante, siendo que los griegos lo hacen con poco menos del 3%.

Cuando qued roto el precario equilibrio entre la nacin y el Estado, deca Arendt, entre el inters nacional y las instituciones legales, la desintegracin de esta forma de gobierno y de organizacin de los pueblos sobrevino con una aterradora rapidez. Arendt hablaba de una estructura estatal que, si todava no era completamente totalitaria, al menos no toleraba oposicin alguna y prefera perder a sus ciudadanos que albergar a personas con diferentes puntos de vista. Es esa la sensacin que nos da esa nacin europea. As acta nuevamente, como denunciaba Mlanchon, esa nacin, cuyo inters nacional es el alemn.

Resultaba claro deca Arendt que la soberana nacional completa slo era posible mientras existiera la comunidad de naciones europeas; porque eran este espritu de solidaridad no organizada y ese acuerdo los que impedan a cualquier gobierno el ejercicio de su completo poder soberano. Pero esa comunidad ha desaparecido y el gobierno alemn ejerce, de nuevo, y de forma prcticamente completa, ese poder soberano.

El grado de lo que Arendt llamaba infeccin totalitaria de un gobierno era la medida en la que utilizaba su derecho de soberana para decretar la desnacionalizacin de los dems ciudadanos. Como ahora propone hacer con Grecia.

En la Alemania nazi, recordaba, las Leyes de Nuremberg distinguan entre ciudadanos del Reich (ciudadanos completos) y los nacionales, o ciudadanos de segunda clase, sin derechos polticos. Se abri as el camino para una evolucin en la que, eventualmente, todos los nacionales de sangre extranjera podan perder su nacionalidad. Eso ya lo saben los griegos, a los que el ministro de Finanzas alemn, Wolfgang Schuble, miembro de la conservadora Unin Demcrata Cristiana, propuso perder su nacionalidad europea por lo menos por cinco aos.

Algo mucho ms fundamental que la libertad y la justicia, que son derechos de los ciudadanos, se halla en juego cuando la pertenencia a la comunidad en la que uno ha nacido ya no es algo corriente y la no pertenencia deja de ser una cuestin voluntaria, recordaba Arendt. La imagen, nuevamente, se adapta a la perfeccin al caso actual, si no tomamos en cuenta literalmente la referencia a a comunidad en la que uno ha nacido.

En ese caso, la calamidad que ha sobrevenido a un creciente nmero de personas no ha consistido entonces en la prdida de derechos especficos, sino en la prdida de una comunidad que quiera y pueda garantizar cualesquiera derechos, como los griegos, que dejan de pertenecer a una comunidad, la europea, que debera haberles garantizado esos derechos.

El peligro estriba conclua Arendt en que una civilizacin global e interrelacionada universalmente pueda producir brbaros en su propio medio, obligando a millones de personas a llegar a condiciones que, a pesar de todas las apariencias, son las condiciones de los salvajes. Esta moderna expulsin de la Humanidad tiene consecuencias mucho ms radicales que la antigua costumbre medieval de la proscripcin.

Est claro que la reaccin europea ha puesto una pistola en la sien de cada europeo una figura ya usada por Mlanchon y les ha dicho: Si se mueven, disparo!

La gravedad de ese hecho no puede ser minimizada. Entre otras cosas, porque no ser aceptado por los europeos, lo que tendr consecuencias gravsimas y evidentes. No hacer nada ante esta evidencia no nos dar derecho, despus, a preguntarnos cmo llegamos a la catstrofe. Catstrofe que, cuando ocurra, no nos dar ahora siquiera tiempo de preguntarnos nada.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter