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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-07-2015

Derechos humanos vs derechos empresariales

Jesus Gonzlez Pazos
Rebelin


Primar el respeto de los derechos humanos o primar el respeto a las inversiones empresariales es posiblemente una de las disyuntivas ms radicales que las crisis abiertas a partir del 2008 mejor han ido definiendo. Y esta circunstancia queda en evidencia a poco que se repasen las sucesivas medidas que los gobiernos europeos han ido tomando en estos ltimos aos para enfrentar dichas crisis. Evidentemente, la respuesta se ha decantado, sin duda alguna, en favor de las segundas. Y, posiblemente, esta situacin es una de las ms difanas definiciones del neoliberalismo hoy dominante en Europa.

Bien hagamos un repaso sencillo y rpido de las principales medidas del gobierno espaol de recortes de todo tipo de derechos en la era de la austeridad (desde los laborales, pasando por la conocida como Ley Mordaza y hasta aquellos que afectan directamente a los derechos de las mujeres); bien revisemos el comportamiento brutal de la UE ante los derechos ms bsicos a una vida digna del pueblo griego; bien hurguemos un poco en cmo se pretenden priorizar los intereses de las transnacionales en los trminos de negociacin del TTIP (Tratado de libre comercio) entre Estados Unidos y Europa, los derechos humanos salen arrinconados y perjudicados de forma ostensible e innegable. Y todo ello, y mucho ms, se constata tambin a travs de la desaparicin de estos derechos de las agendas polticas, econmicas y sociales de la inmensa mayora de las lites, siempre en beneficio de la primaca de los intereses de las inversiones empresariales, financieras, del comercio.

Hubo un tiempo, no tan lejano aunque a veces as lo podemos sentir, en que por lo menos sobre el papel y en las grandes declaraciones de la clase poltica tradicional el discurso de la defensa de los derechos humanos era una constante, especialmente en Europa. Tambin trminos como cooperacin, solidaridad, justicia social primaban en dichas declaraciones. Eran los tiempos en los que este continente segua presentndose ante el mundo como la cuna de estos derechos. Y directamente se ligaban al concepto de democracia y entonces los discursos se remontaban hasta la revolucin francesa o, ms all an, hasta la Grecia clsica (esa misma tierra a la que hoy se obliga a primar el pago de las deudas sobre la dignidad de las personas). Casi llegamos a creer que, efectivamente, la preocupacin por los derechos humanos era una realidad y una verdadera y sincera inquietud de la clase poltica.

Despus lleg la crisis econmica y la concatenacin de sta con las otras crisis (poltica, ambiental, social, de valores...) y el capitalismo aprovech el momento, no para una revisin crtica de s mismo como sistema injusto, sino para agudizar su dominacin. Se cay la careta de tantos aos, mantenida desde los finales de la II guerra mundial, y libre ya de control poltico alguno, se implant el neoliberalismo, llegndose incluso a la destruccin del llamado estado del bienestar que tanto haban defendido esas mismas lites como sea de identidad de la vieja Europa.

As hoy, lo realmente importante para la clase poltica tradicional y, por supuesto para las lites econmicas (consejos de administracin bancario-financieros y empresariales), radica en primar el respeto a las inversiones y la bsqueda del mximo de beneficios. Habra que aadir que estas prioridades tambin explican la preocupacin por la seguridad jurdica de las empresas, lo que lleva a articular mecanismos que colocan los intereses de stas muy por encima de las soberanas de los propios estados. Todo ello subordinando los derechos humanos, lo que se traduce automticamente en la concentracin brutal de la riqueza y el aumento de la desigualdad como principio de la injusticia social, con la consiguiente desaparicin del discurso y la prctica de los derechos de las personas, de los pueblos y de la naturaleza.

Para el empresariado y sus "generosas" inversiones todo, parece ser el lema de esta era neoliberal; para los dems, poco o nada. As, a los primeros se les visita continuamente en sus sedes centrales, se comparte con ellos desayunos de trabajo, se les escucha con atencin y se da eco a sus postulados por muy insultantes que sean en sus demandas de nuevos pasos en la aplicacin de medidas en contra de los derechos ms bsicos. A los segundos, pese a ser la mayora y quienes verdaderamente sostienen el mundo tal y como lo conocemos, nada; a lo sumo declaraciones de buenas intenciones que nunca se traducirn en verdaderas prcticas si limitan mnimamente el margen de beneficios de los primeros.

Ejemplos de esta nueva realidad de la desaparicin de los derechos los llevamos sufriendo en Europa durante los ltimos aos de forma acuciante. Por eso no entramos ahora a hurgar sobre ellos; no diramos nada nuevo, nada que no sepamos, nada de lo que cualquiera de nosotros/as no pueda a su vez poner nuevos ejemplos. Sin embargo, y para no seguir mirndonos el ombligo solamente, ejemplifiquemos lo que decimos en este texto con una noticia reciente pero que seguro ha pasado desapercibida para la mayora. Veremos dnde quedan los derechos humanos, unidos a solidaridad y justicia social, cuando se enfrentan a los intereses empresariales.

Se entiende que la llamada cooperacin al desarrollo tiene, al menos en la teora, sus componentes principales en la bsqueda de la justicia social desde la solidaridad entre las personas, pueblos y pases. Pues bien, el pasado mes de junio diversas ONG's denunciaron como la cooperacin oficial del gobierno espaol financia, entre otras, a un empresa que tiene mltiples denuncias por explotacin y que adems radica cuentas y sedes en distintos parasos fiscales. Segn stas, la empresa Feronia Inc. est inmersa en un proceso de acaparamiento de tierras en la Repblica Democrtica del Congo, adems de practicar, segn diferentes testimonios recogidos, prcticas de explotacin laboral. Pues bien, esta misma empresa ha recibido la cantidad de 3,16 millones de euros de fondos pblicos espaoles. As, mientras se recorta hasta el lmite la cooperacin va organizaciones sociales, se entregan fondos millonarios al sector privado sin la ms mnima revisin de la prctica de respeto a los derechos humanos. Todo en aras del inters empresarial y de "respaldar a nuestras empresas" para salir de la crisis y hagan lo que hagan por el mundo.

El anterior es solo un ejemplo, pues las denuncias contra actuaciones de empresas espaolas en diferentes pases aumentan cada da (Guatemala, Per....), mientras las lites econmicas y polticas no hacen sino aplaudir la "expansin" de la economa. Parece que a cualquier precio y ste, vistas las decisiones de recortes y austeridad en la vieja Europa y la proteccin a los intereses empresariales y de inversiones en sta y en el resto del mundo, son los derechos humanos individuales y colectivos. Como ya se ha dicho en numerosas ocasiones: "malos tiempos para la lrica".

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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