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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-07-2015

Sin movimiento obrero, adnde quieren llevarnos las nuevas izquierdas?

Armando B. Gins
Rebelin


Como tal, el movimiento obrero a la usanza del siglo XX ha dejado de existir y de ser un actor poltico con seas de identidad propias, habindose segmentado en multitud de movimientos sociales o mareas puntuales donde sus energas se han disuelto de modo irremisible.

La precariedad laboral se configura como un amplio territorio inconexo de trabajadores que solo buscan salvar los muebles de sus necesidades bsicas inmediatas. Nadie se reconoce en el otro porque todos son competidores por salarios de miseria y empleos de baja calidad.

En ese ambiente gaseoso, los sindicatos mayoritarios solo sirven como agencia jurdica para solventar casos concretos e individuales. Hacer sindicalismo en ese mar de dudas laboral resulta poco menos que una osada de locos. Aquellos trabajadores que intenten un gesto reivindicativo pueden dar con sus huesos en la calle de forma fulminante.

As las cosas, observamos desde bastante tiempo atrs que las candidaturas de la izquierda transformadora estn hurfanas de representantes autnticos del movimiento obrero en general. Los sindicatos con mayor relevancia no tienen fuerza alguna en el terreno poltico para insertar en las listas opciones particulares del mundo del trabajo. O no quieren o no pueden, pero su irrelevancia es muy acusada.

A ttulo de ejemplo significativo, Marcelino Camacho es el ltimo emblema de esa aportacin genuina del viejo movimiento obrero a la accin poltica parlamentaria. Despus de l, el desierto absoluto. Eso s, las candidaturas del PP y el PSOE han sido copadas por empresarios y profesionales liberales sin ningn rubor. En el caso actual de Podemos, las expectativas parecen ser las mismas: gente profesional y activistas de nuevo cuo que amanecen a la cosa pblica desde movimientos sociales nacidos al calor del 15M, sin una experiencia directa con el sindicalismo o lo laboral en sentido estricto.

La infrarrepresentacin poltica de los trabajadores (ligados al antiguo concepto de clase obrera) es clamorosamente evidente. Su escasa fuerza e influencia se corresponde con una corrosin de las ideas de izquierda clsicas y con la precariedad e inestabilidad laborales. El nuevo sujeto individual emergente de izquierdas se quiere autnomo y libre, habiendo cortado sus races con las luchas sociales y polticas precedentes de cuajo.

En la novedad primigenia y total, la nueva izquierda se siente muy a gusto sin referencias del pasado, pretendiendo inaugurar un horizonte original casi de la nada. Los elementos principales de su anlisis descansan, sin expresarlo a la cara, en que el capitalismo puede reformarse en positivo solo con apuestas ticas: lo que quiere la gente es vivir en paz sin chocar con las contradicciones de clase sociales.

A simple vista, parece un bagaje ideolgico demasiado infantil. Como la gente no desea radicalismos excesivos, hay que moderar la prctica poltica con posturas estticas de mucho ruido meditico y pocas nueces efectivas. Su estrategia es nula, todo lo fan a hoy mismo, a los votos que otorguen una mayora suficiente para gestionar los restos del Estado del Bienestar. Todo ello destila un tradicional aroma a socialdemocracia de corto recorrido.

Mientras tanto, la precariedad laboral aumenta sin cesar y lo pblico se desmorona da tras da. Lo que vemos ahora en Grecia, un querer sin poder frente a las estructuras de dominacin internacional, no arredra a los exegetas de la nueva izquierda. Siguen impertrritos en su tctica de ganar las elecciones sin saber adnde nos dirigimos.

Consideran que el mero hecho de una victoria electoral obrar como un resorte mgico para conquistar una sociedad distinta, se supone que ms igualitaria y justa. Da la sensacin de que estamos ante un craso error de interpretacin espontanesta, ya recurrente en la historia de las izquierdas renovadas de toda Europa. Los votos populares, sin ms aditamentos ideolgicos de largo alcance, jams han modificado sustancialmente el rgimen capitalista en Occidente.

La confluencia actual de diferentes movimientos sociales en pos de una alternativa poltica se est realizando a botepronto, ms con voluntarismo que con debate interno. Y en esta coyuntura, el movimiento obrero y los sindicatos estn claramente ausentes, sin capacidad de expresin propia.

De esa reunin heterognea est surgiendo, paradjicamente, una camarilla o casta (vanguardia se deca no hace tanto) que impone sus criterios carismticos rodendose de mecanismo democrticos cibernticos de dudosa aplicacin en la realidad contingente. Los de arriba alternativos tienen un capital meditico casi imbatible por otras opciones partidarias o ciudadanas.

No hay debate real, solo profusa palabrera discursiva, impulsos descoordinados que buscan un objetivo electoral concreto: ganar los comicios generales con frmulas ultramodernas de mercadotecnia agresiva pero sin saber hacia dnde dirigirse, sin puerto o destino que sirva de ilusin o referente poltico tangible.

Hoy en Espaa solo quedan vestigios organizados del movimiento obrero en los jornaleros de Andaluca y en el sector minero norteo. El resto es un pramo desangelado de precariedad laboral posmoderna. Hara falta que con urgencia Marcelino Camacho se reencarnara en nuevos lderes salidos del conflicto laboral. Sin ellas y ellos, lo poltico, la izquierda transformadora, presentar una inconsistencia ms que notable.

Desde mayo del 68, todas las izquierdas nuevas han acabado en el desencanto o en el posibilismo socialdemcrata sin que las estructuras capitalistas se hayan visto en apuros o dificultades serias. Crisis tras crisis, el sistema capitalista contina fiel a s mismo ante la impotencia de soluciones de izquierda que vayan ms all de la huera retrica coyuntural.

Y la lucha de clases contina ah, impertrrita, lozana ella, escondida entre bastidores. Actualmente tienen ms resonancia pblica los manifiestos del veleidoso sector de la cultura que las reivindicaciones y propuestas genuinas de la clase trabajadora.

Algo funciona mal en la izquierda cuando sus presuntas ideas hay que representarlas y simbolizaras a travs de figuras mediticas interclasistas de cierto renombre o prestigio profesional. El mundo de la cultura jams puede llenar el vaco poltico y social del movimiento obrero. Pero eso es lo que est sucediendo ahora, un motivo ms para reflexionar crticamente acerca de las nuevas izquierdas y sus capacidades reales de convertirse en alternativa al statu quo vigente.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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