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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-07-2015

La cena de los generales

Manuel Ruiz Robles
Rebelin


Tienen la fuerza, podrn avasallarnos, pero no se detienen

los procesos sociales ni con el crimen... ni con la fuerza.

La historia es nuestra y la hacen los pueblos.

Salvador Allende. Chile, 11 de septiembre de 1973.

 

Como era de esperar un general monrquico irrumpe nuevamente en la escena pblica pontificando en tono amenazante. Se le tolera mofarse de la llamada "Ley de Memoria Histrica", a la que llama (sic) "Ley de Memoria Histrica", insultando pblicamente a los representantes legtimos de la soberana popular. Eso s, dando una de cal y otra de arena (i). Es el eterno retorno de la cena de los generales. De ah el ttulo de este breve artculo que bien podra ser otro, el de una conocida obra de Jean Paul Sartre: Muertos sin sepultura".

Mientras tanto militares y guardias civiles demcratas -es decir republicanos qu otra cosa podran ser?- son perseguidos implacablemente mediante la aplicacin abusiva de leyes tremendamente injustas.

Algunos seores generales, irritados por la llegada de fuerzas populares a los gobiernos municipales de las principales ciudades del Estado, irrumpen de nuevo con su visceral conservadurismo defendiendo lo indefendible, pues temen que la ola democrtica se lleve por delante la vaca carcasa de su decrpito rgimen del 78. Y puestos a rizar el rizo, lo hacen camuflados bajo una cabecera digital aparentemente republicana.

Se rompe as la pretendida neutralidad poltica de estos mandos militares en un intento de amedrentar al electorado. Lo hacen bajo la amenaza implcita que implica la posesin de las armas, que creen detentar en exclusiva, violentando de este modo la soberana popular.

Han puesto en marcha una estrategia de manipulacin meditica al servicio de las fuerzas ms reaccionarias con el fin de retorcer la voluntad popular. Sin embargo sta debera expresarse en las urnas libremente y no bajo coaccin. Es por ello necesario que brote ms pueblo en las plazas a fin de poder avanzar con fuerza por las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.

El fallido golpe militar del 18 de julio de 1936 -auspiciado por el nazismo alemn y el fascismo italiano- deriv en 3 aos de guerra, 40 aos de cruenta dictadura y 37 interminables aos de transicin borbnica. Fue un pacto urdido entre bastidores junto al famoso ruido de sables y a ventrlocuos grandilocuentes. El resultado es que cuatro dcadas despus nos encontramos con callejeros que enaltecen a aquellos que destruyeron por la fuerza de las armas la nica democracia legtima que hubo en este pas: la II Repblica. El mapa de fosas comunes diseminadas por toda la geografa es aterrador. Son nuestros "Muertos sin sepultura".

Afirma el citado general que la Ley de Memoria ataca los fundamentos de la democracia actual y, por supuesto, de la propia Monarqua, conseguidos en una transicin de "la ley a la ley". Lo que no es cierto. En todo caso de la "ley franquista a ley borbnica". Para que fuese de la "Ley a la Ley" tendran que haber sido anuladas todas las leyes de carcter fascista de la dictadura, especialmente la llamada "Ley de Sucesin" decretada por el dictador.

Por lo tanto enarbolemos la memoria de nuestros mayores y su honrosa bandera tricolor. Perseveremos en una accin tenaz y decidida para recuperar la legalidad democrtica. Sin Repblica no ser posible vencer frente a la dictadura de los mercados ni frente a la ley de hierro de los banqueros (Artculo 135). No habra un futuro digno para nuestros hijos.

La legitimidad del Frente Popular fue ganada limpiamente en las urnas. Sin embargo fue ahogada en sangre unos meses despus por unos generales traidores y perjuros, aliados al nazi-fascismo germano- italiano (ii). La imborrable memoria de aquel holocausto exige una actitud firme en defensa de los movimientos populares. Son las mareas democrticas y el llamado 22M en lucha -hijos del 15M- los que estn impulsando a lderes sociales a los gobiernos municipales de nuestra Patria, es decir de nuestros pueblos y naciones histricas oprimidas.

Debemos exigir, por dignidad democrtica, que los nombres franquistas que enturbian nuestras calles y plazas salgan definitivamente de la esfera pblica.

Adelante pues alcaldesas y alcaldes, sois portadores de la voluntad popular, no nos defraudis.

Adelante tambin pueblos de la Patria grande. No os dejeis amedrentar. Las estridentes voces de algunos generales son los estertores de un a monarqua agonizante que, impotente, no es ya capaz de oponerse eficazmente, pues su tiempo se est agotando.

Libres de ataduras borbnicas, y alcanzado el derecho democrtico de autodeterminacin, nuestros pueblos ibricos y naciones histricas podrn construir un a voluntad colectiva, un futuro luminoso de progreso y solidaridad. Avancemos fraternalmente unidos hacia una repblica de trabajadoras y trabajadores de todas clases , dueos de un futuro en libertad.

Viva la Repblica! Viva la lucha de los pueblos! Viva la clase trabajadora!

Inscripcin en la lpida de la fosa comn del cementerio de San Lorenzo del Escorial:

Ellos no pudieron

lograrlo, pero no

estaban solos,

porque nosotros estamos aqu.

No lo perdieron

todo,

porque nosotros

estamos aqu.

No lucharon en vano

porque nosotros

estamos aqu.

Y nosotros somos

la memoria de su futuro.

Libertad, Igualdad, Fraternidad

Referencias:

(i) Callejero de Madrid y la memoria histrica

http://www.republica.com/proa-al-viento/2015/07/20/callejero-de-madrid-y-la-memoria-historica/

(ii) Homenaje al Teniente don Jos Castillo

http://www.foroporlamemoria.info/2015/07/homenaje-al-teniente-don-jose-castillo-2/

Manuel Ruiz Robles es Capitn de Navo de la Armada retirado.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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