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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-07-2015

Apuntes introductorios sobre el ecofeminismo

Yayo Herrero
Hegoa


El Ecofeminismo es una corriente de pensamiento y un movimiento social que explora los encuentros y posibles sinergias entre ecologismo y feminismo. A partir de este dilogo, pretende compartir y potenciar la riqueza conceptual y poltica de ambos movimientos, de modo que el anlisis de los problemas que cada uno de los movimientos afronta por separado gana en profundidad, complejidad y claridad (Puleo, 2011). Es una filosofa y una prctica que defiende que el modelo econmico y cultural occidental se ha desarrollado de espaldas a las bases materiales y relacionales que sostienen la vida y que se constituy, se ha constituido y se mantiene por medio de la colonizacin de las mujeres, de los pueblos extranjeros y de sus tierras, y de la naturaleza (Shiva y Mies, 1997:128).

La primera vez que aparece el trmino ecofeminismo es en 1974 con la publicacin del libro Feminismo o la muerte de Francoise DEaubounne. Ella apuntaba que exista una profunda relacin entre la sobrepoblacin, la devastacin de la naturaleza y la dominacin masculina y que para salir de la espiral suicida de produccin y consumo de objetos superfluos y efmeros, de la destruccin ambiental y la alienacin del tiempo propio, era preciso cuestionar la relacin entre los sexos. (Cavana, Puleo y Segura, 2004). Para DEaubounne, el control del propio cuerpo es el comienzo del camino no consumista, ecologista y feminista.

Este primer ecofeminismo no despert gran inters en Francia, pero s encontr cierto eco en Norteamrica y en Australia, por ejemplo en el trabajo de Ynestra King que realiza un interesante anlisis de las diferentes relaciones de dominacin interconectadas y la posicin histrica de las mujeres respecto a esa dominacin.

Igualmente, durante la dcada de los setenta tenan lugar en varios pases de la periferia manifestaciones pblicas de mujeres en defensa de la vida. La ms emblemtica fue la del movimiento Chipko, en la India. Tambin en el mundo anglosajn se desarrollaban numerosas actividades feministas pacifistas impulsadas por el vnculo entre las mujeres y la defensa de la vida. As por ejemplo, las manifestantes de Greenham Common ejercieron una gran presin alrededor de las bases de misiles y centros de investigacin militar, organizado actos no violentos, como el tejido de redes con las que cerrar las entradas de abastecimiento.

Estos movimientos fueron abordando la problemtica de las relaciones entre las personas y con la naturaleza desde visiones muy diferentes, originando varias corrientes que nos obligan a hablar de ecofeminismos. Simplificando mucho la variedad de propuestas ecofeministas, se podra hablar de dos corrientes: ecofeminismos esencialistas y ecofeminismos constructivistas (Cavana, Puleo y Segura, 2004).

Los ecofeminismos de corte esencialista, denominados tambin clsicos, entienden que las mujeres, por su capacidad de parir, estn ms cerca de la naturaleza y tienden a preservarla. Esta corriente tiene un enfoque ginecocntrico y esencialista que encontr un fuerte rechazo en el feminismo de la igualdad, que renegaba la vinculacin natural que haba servido para legitimar la subordinacin de las mujeres a los hombres. Las ecofeministas clsicas otorgan un valor superior a las mujeres y a lo femenino y reivindican una feminidad salvaje. Consideran a los hombres como cultura, en el sentido roussoniano al hablar de la cultura como de degradacin del buen salvaje. Este ecofeminismo presenta una fuerte preocupacin por la espiritualidad y el misticismo y defiende la idea de recuperar el matriarcado primitivo.

Este primer ecofeminismo pone en duda las jerarquas que establece el pensamiento dicotmico occidental, revalorizando los sujetos antes despreciados: mujer y naturaleza. Las primeras ecofeministas denunciaron los efectos de la tecnociencia en la salud de las mujeres y se enfrentaron al militarismo, a la nuclearizacin y a la degradacin ambiental, interpretando stos como manifestaciones de una cultura sexista. Petra Kelly es una de las figuras que lo representan.

A este primer ecofeminismo, crtico de la masculinidad hegemnica, siguieron otros propuestos principalmente desde el Sur. Algunos de ellos consideran a las mujeres portadoras del respeto a la vida. Acusan al mal desarrollo occidental de provocar la pobreza de las mujeres y de las poblaciones indgenas, vctimas primeras de la destruccin de la naturaleza. En esta amplia corriente encontramos a Vandana Shiva, Mara Mies o a Ivonne Guevara.

Crticos con el esencialismo del ecofeminismo clsico, surge el ecofeminismo constructivista. Desde este enfoque, se defiende que la estrecha relacin entre mujeres y naturaleza se sustenta en una construccin social. Es la asignacin de roles y funciones que originan la divisin sexual del trabajo, la distribucin del poder y la propiedad en las sociedades patriarcales, las que despiertan esa especial conciencia ecolgica de las mujeres. Este ecofeminismo denuncia la subordinacin de la ecologa y las relaciones entre las personas a la economa y su obsesin por el crecimiento.

En esta lnea, Bina Agarwal (Agarwal, 1996) seala que el papel de las mujeres en la defensa de la naturaleza es importante porque son las que se preocupan por el aprovisionamiento material y energtico, no porque les guste particularmente esa tarea ni por predisposicin gentica, sino porque son ellas las que estn obligadas a garantizar las condiciones materiales de subsistencia.

Sin restar valor a muchas de las aportaciones, anlisis y luchas sociales que se han derivado de los ecofeminismos de corte esencialista, esta introduccin se sita en un ecofeminismo constructivista. Este ecofeminismo es deudor de todos los campos de pensamiento en los que el feminismo ha deconstruido muchos de los dogmas dominantes, mostrando que existen formas de entender la historia, la economa, la ordenacin del territorio, la politologa, o la vida cotidiana que pueden permitir construir otras formas de relacin y organizacin emancipadoras para todas las personas.

A pesar de las diferencias de enfoques, todos los ecofeminismos comparten la visin de que la subordinacin de las mujeres a los hombres y la explotacin de la Naturaleza son dos caras de una misma moneda y responden a una lgica comn: la lgica de la dominacin y del sometimiento de la vida a la lgica de la acumulacin.

Un ecofeminismo crtico y constructivista

El ecofeminismo somete a revisin conceptos clave de nuestra cultura: economa, progreso, ciencia Considera que estas nociones hegemnicas han mostrado su incapacidad para conducir a los pueblos a una vida digna. Por eso es necesario dirigir la vista a un paradigma nuevo que debe inspirarse en las formas de relacin practicadas por las mujeres.

Desde los puntos de vista filosfico y antropolgico, el ecofeminismo permite reconocernos, situarnos y comprendernos mejor como especie, ayuda a comprender las causas y repercusiones de la estricta divisin que la sociedad occidental ha establecido entre Naturaleza y Cultura, o entre la razn y el cuerpo; permite intuir los riesgos que asumen los seres humanos al interpretar la realidad desde una perspectiva reduccionista que no comprende las totalidades, simplifica la complejidad e invisibiliza la importancia material y simblica de los vnculos y las relaciones para los seres humanos.

Desarrolla una mirada crtica sobre el actual modelo social, econmico y cultural y proponen una mirada diferente sobre la realidad cotidiana y la poltica, dando valor a elementos, prcticas y sujetos que han sido designados por el pensamiento hegemnico como inferiores y que han sido invisibilizados.

Posiblemente todos los ecofeminismos estn de acuerdo con King, cuando afirma que: desafiar al patriarcado actual es un acto de lealtad hacia las generaciones futuras y la vida, y hacia el propio planeta. (Agra, 1997)

Desde parte del movimiento feminista, el ecofeminismo se ha percibido como un posible riesgo, dado el uso histrico que el patriarcado ha hecho de los vnculos entre mujer y naturaleza (Cavana, Puleo y Segura, 2004). Esta relacin impuesta se ha usado como argumento para mantener la divisin sexual del trabajo. En la misma lnea advierte Celia Amors contra lo que ella denomina la prctica de una moral de agravios (Amors, 1985) con respecto a las mujeres.

Esta moral de agravios, para Amors, se produce cuando lo que se pide y se exige no es el cambio de estatus de las mujeres, sino simplemente el respeto y consideracin a las tareas que ellas realizan. Para un ecofeminismo constructivista, no se tratara de exaltar

lo estereotipado como femenino, de encerrar a las mujeres en un espacio reproductivo, aun cuando fuese visible, negndoles el acceso al espacio pblico. Tampoco se trata de responsabilizarles en exclusiva de la ingente tarea del cuidado del planeta y la vida. Se trata de hacer visible el sometimiento, sealar las responsabilidades y corresponsabilizar a hombres y mujeres en el trabajo de la supervivencia.

Si el feminismo ha denunciado cmo la naturalizacin de la mujer ha servido para legitimar el patriarcado, el ecofeminismo plantea que la alternativa no consiste en desnaturalizar a la mujer, sino en renaturalizar al hombre, ajustando la organizacin poltica, relacional, domstica y econmica a las condiciones materiales que posibilitan la existencia. Una renaturalizacin que exige un cambio cultural que convierta en visible la ecodependencia para mujeres y hombres (Herrero y otros, 2006).

Algunas bases conceptuales

No pretende este epgrafe agotar la amplitud de temas que forman parte de la preocupacin del ecofeminismo, como son la deconstruccin y reconstruccin de las miradas emancipadoras, la conciencia crtica de la tecnologa y la ciencia, la crtica al mito del progreso indefinido, la biotica, el culto al trabajo, la produccin, o la concepcin de riqueza hegemnica.

En este avance, solamente van a ser abordados aquellos que forman parte del dilogo que establece la economa ecolgica con la economa feminista.

El ecofeminismo denuncia cmo los ciclos vitales humanos y los lmites ecolgicos quedan fuera de las preocupaciones de la economa convencional. Esta denuncia trastoca las bases fundamentales del paradigma econmico capitalista.

Contribuye a desmantelar el artificio terico que separa humanidad de naturaleza; establece la importancia material de los vnculos y las relaciones; se centra en la imanencia y vulnerabilidad de los cuerpos y la vida humana; y otorga papel esencial a la produccin y a la reproduccin como elementos indisociables del proceso econmico.

Una economa que crece de espaldas a la ecodependencia y a la interdependencia

La vida de las personas tiene dos insoslayables dependencias: la que cada persona tienen de la naturaleza y la de otras personas.

Los seres humanos obtenemos lo que precisamos para estar vivos de la naturaleza: alimento, agua, cobijo, energa, minerales Por ello, decimos que somos seres ecodependientes: somos naturaleza. Sin embargo, a pesar de la evidente dependencia que las personas tenemos de la Naturaleza, el ser humano en las sociedades occidentales ha elevado una pared simblica entre l y el resto del mundo vivo, creando un verdadero abismo ontolgico entre la vida humana y el planeta en el que sta se desenvuelve.

La idea de progreso se relaciona, en muchas ocasiones, con la superacin de aquello que se percibe como un lmite. La dominacin sobre la naturaleza toma cuerpo en la obsesin por eliminar los obstculos que impidan la realizacin de cualquier deseo. Cualquier lmite que impida avanzar en este dominio se presenta como un reto a superar. La modificacin de los lmites de la naturaleza ha sido vivida como una muestra de progreso. En la cara oculta de la superacin de los lmites se sita la destruccin, agotamiento o deterioro de aquello que necesitamos para vivir.

Pero adems, cada ser humano presenta una profunda dependencia de otros seres humanos. Durante toda la vida, pero sobre todo en algunos momentos del ciclo vital, las personas no podramos sobrevivir si no fuese porque otras dedican tiempo y energa a cuidar de nuestros cuerpos. Esta segunda dependencia, la interdependencia, con frecuencia est ms oculta que la anterior.

En las sociedades patriarcales, quienes se han ocupado mayoritariamente del trabajo de atencin y cuidado a necesidades de los cuerpos vulnerables, son mayoritariamente las mujeres, porque ese es el rol que impone la divisin sexual del trabajo en ellas. Este trabajo se realiza en el espacio privado e invisible de los hogares, organizado por las reglas de institucin familiar.

Si no se politiza el cuerpo y su vulnerabilidad, no podemos ver la centralidad del trabajo de quienes se ocupan del mantenimiento y cuidado de los cuerpos vulnerables ni la necesidad de que el conjunto de la sociedad, y por supuesto los hombres, se responsabilicen de estas tareas. En las sociedades occidentales cada vez es ms difcil reproducir y mantener la vida humana, porque el bienestar de las personas encarnadas en sus cuerpos no es una prioridad (Carrasco 2009).

Asumir la finitud del cuerpo, su vulnerabilidad y sus necesidades, es vital para comprender la esencia interdependiente de nuestra especie, para situar la reciprocidad, la cooperacin, los vnculos y las relaciones como condiciones sine qua non para ser humanidad.

La ignorancia de estas dependencias materiales (eco e interdependencia) se traduce en la nocin de produccin y de trabajo que maneja la economa convencional y que ha contribuido a alimentar el mito del crecimiento y la fantasa de la individualidad. El ecofeminismo, al analizarlas conjuntamente, ayuda a comprender que la crisis ecolgica es tambin una crisis de relaciones sociales.

Una produccin que no tiene en cuenta el sostenimiento de la vida

La reduccin del valor a lo exclusivamente monetario configura aquello que forma parte del campo de estudio econmico. Esta reduccin expulsa del campo de estudio de la economa a la complejidad de la regeneracin natural y todos los trabajos humanos que no forma parte de la esfera mercantil. Sin ser contabilizados por la vara de medir del dinero, pasan a ser invisibles. La produccin pasa a ser exclusivamente aquella actividad en la que se produce un aumento del excedente social medido exclusivamente en trminos monetarios.

Razonar exclusivamente en el universo abstracto de los valores monetarios ha cortado el cordn umbilical que une la naturaleza y la reproduccin cotidiana de la vida con la economa. Hemos llegado al absurdo de utilizar un conjunto de indicadores que, no solamente no cuentan como riqueza bienes y servicios imprescindibles para la vida, sino que llegan a contabilizar la propia destruccin como si fuera riqueza.

Desde el punto de vista ecofeminista, la produccin tiene que ser una categora ligada al mantenimiento de la vida y al bienestar de las personas (Prez Orozco 2007), es decir, lo producido, debe ser algo que permita satisfacer necesidades humanas con criterios de equidad. Hoy, se consideran como producciones la obtencin de artefactos o servicios que son socialmente indeseables desde el punto de vista de las necesidades y del deterioro ecolgico. Igualmente, se considera como produccin lo que es simplemente extraccin y transformacin de materiales finitos preexistentes. Distinguir entre las

producciones socialmente necesarias y las socialmente indeseables es imprescindible y los indicadores monetarios al uso (como el Producto Interior Bruto) no permiten discriminar entre ambas.

Al visibilizar la dependencia de la economa de la naturaleza y de los trabajos ligados al cuidado de la vida humana, se derrumban las fronteras entre la produccin y la reproduccin, socavando de esta manera el patriarcado capitalista.

Una mirada ecofeminista sobre el concepto de trabajo

La nocin de trabajo acuada en las sociedades industriales se reduce a la tarea que se realiza en la esfera mercantil a cambio de un salario. Todas las funciones que se realizan en el espacio de produccin domstica de forma no remunerada, aunque garantizan la reproduccin social y el cuidado de los cuerpos pasan a no ser nombradas, aunque obviamente siguen siendo imprescindibles y explotables, tanto para garantizar la supervivencia como para fabricar una "mercanca" muy especial: la mano de obra (Carrasco 2009).

La nueva economa transform el trabajo y la tierra en mercancas y comenzaron a ser tratados como si hubiesen sido producidos para ser vendidos. Pero ni la tierra ni el trabajo son mercancas porque, o no han sido producidas como es el caso de la tierra o no han sido producidas para ser vendidas como es el caso de las personas. Polanyi advierte que esa ficcin resultaba tan eficaz para la acumulacin y la obtencin de beneficios como peligrosa para sostener la vida humana. Se puede entender el alcance de esta Gran Transformacin si se recuerda que "trabajo no es ms que un sinnimo de persona y tierra no es ms que un sinnimo de naturaleza" (Polanyi 1992)

La nueva nocin del trabajo exigi hacer el cuerpo apropiado para la regularidad y automatismo exigido por la disciplina del trabajo capitalista (Federeci 2010). El cuerpo se convierte en una maquinaria de trabajo, fortaleciendo las nociones previas que la Modernidad haba asentado. La regeneracin y reproduccin de esos cuerpos no son responsabilidades de la economa que se desentiende de ellas, relegndolas al espacio domstico. All, fuera de la mirada pblica, las mujeres se ven obligadas a asumir esas funciones desvalorizadas a pesar de que sean tan imprescindibles tanto para la supervivencia digna como para la propia reproduccin de la produccin capitalista(Carrasco 2009). Desde este punto de vista, podemos defender que las mujeres efectan una mediacin con la naturaleza en beneficio de los hombres.

Mies propone reformular el concepto de trabajo definindolo como aquellas tareas dedicadas a la produccin de vida. Cristina Carrasco (Carrasco, 2001) profundiza estas propuesta cuando seala que es preciso reorganizar todos los trabajos y corresponsabilizar a los hombres y al conjunto de la sociedad de esos trabajos que han realizado a lo largo de la historia las mujeres. Se trata de un trabajo repetitivo y cclico intensivo en tiempo, que libera a los hombres - y a algunas mujeres - para hacer trabajos menos esenciales y en muchas ocasiones dainos para las propias personas y para la naturaleza. De esta forma, se plantea tambin la ruptura de la dicotoma que separa el trabajo reducido al empleo, del resto de los trabajos que sostienen cotidianamente la vida.

Desde este punto de vista, el trabajo slo puede ser productivo en el sentido de producir excedente econmico mientras pueda obtener, extraer, explotar y apropiarse trabajo empleado en producir vida o subsistencia. La produccin de vida es una precondicin para la produccin mercantil. El trabajo de las mujeres es esencial para producir las

propias condiciones de produccin. Por ello, el capitalismo no puede mantenerse sin el patriarcado.

La valorizacin del cuidado lleva a la economa feminista a acuar la idea de sostenibilidad de la vida humana (Carrasco, 2001) bajo un concepto que representa un proceso histrico complejo, dinmico y multidimensional de satisfaccin de necesidades que debe ser continuamente reconstruido, que requiere de recursos materiales pero tambin de contextos y relaciones de cuidado, proporcionados stos en gran medida por el trabajo no remunerado realizado en los hogares.

En nuestra opinin, este concepto se relaciona dentro de la idea ms amplia de sostenibilidad ecolgica y social. De acuerdo con Bosch, Carrasco y Grau (2005:322) entendemos la sostenibilidad:

Como proceso que no slo hace referencia a la posibilidad real de que la vida contine en trminos humanos, sociales y ecolgicos, sino a que dicho proceso signifique desarrollar condiciones de vida, estndares de vida o calidad de vida aceptables para toda la poblacin. Sostenibilidad que supone, pues, una relacin armnica entre humanidad y naturaleza, y entre humanas y humanos. En consecuencia, ser imposible hablar de sostenibilidad si no va acompaada de equidad

Recomponiendo un espacio seguro de vida para la humanidad desde el ecofeminismo

Las dimensiones ecolgica y feminista son imprescindibles para transformar la concepcin y la gestin del territorio y para reorganizar los tiempos de la gente... Sin ellas, es imposible alumbrar un modelo compatible con la biosfera y que trate de dar respuesta a todas las diferentes formas de desigualdad. Se esbozan a continuacin, de una forma somera, algunas pautas imprescindibles para orientar desde una perspectiva ecofeminista las transiciones hacia un modelo econmico, cultural y poltico que permita la sostenibilidad de la vida humana.

El punto de partida es la inevitable reduccin de la extraccin y presin sobre los ciclos naturales. En un planeta con lmites, ya sobrepasados, el decrecimiento de la esfera material de la economa global no es tanto una opcin como un dato. Esta adaptacin puede producirse mediante la lucha por el uso de los recursos decrecientes o mediante un proceso de reajuste decidido y anticipado con criterios de equidad.

Una reduccin de la presin sobre la biosfera que se quiera abordar desde una perspectiva que site el bienestar de las personas como prioridad, obliga a plantear un radical cambio de direccin. Obliga a promover una cultura de la suficiencia y de la autocontencin en lo material, a apostar por la relocalizacin de la economa y el establecimiento de circuitos cortos de comercializacin, a restaurar una buena parte de la vida rural, a disminuir el transporte y la velocidad, a acometer un reparto radical de la riqueza y a situar la reproduccin cotidiana de la vida y el bienestar en el centro del inters.

La economa convencional valora exclusivamente la economa del dinero y formaliza la abstraccin del Homo economicus como sujeto econmico (My economy). Frente a esta concepcin, el ecofeminismo se centra en la We economy, una economa centrada en la satisfaccin de las necesidades colectivas. Se trata de buscar nuevas formas de socializacin, de organizacin social y econmica que permitan librarse de un modelo de desarrollo que prioriza los beneficios monetarios sobre el mantenimiento de la vida.

Abandonar la lgica androcntrica y biocida obliga a responder a las preguntas ineludibles: Qu necesidades hay que satisfacer para todas las personas? Cules son las producciones necesarias y posibles para que se puedan satisfacer? Cules son los trabajos socialmente necesarios para ello?

Responder a estas preguntas implica el cambio radical de la economa, de la poltica y de la cultura. Se trata por tanto de abordar un proceso de reorganizacin del modelo productivo y de todos los tiempos y trabajos de las personas.

Abordar esta transicin con criterios de equidad, supone abordar la redistribucin y reparto de la riqueza, as como una reconceptualizacin de la misma. En un planeta fsicamente limitado, en el que un crecimiento econmico ilimitado no es posible, la justicia se relaciona directamente con la distribucin y reparto de la misma. El acceso a niveles de vida dignos de una buena parte de la poblacin pasa, tanto por una reduccin drstica de los consumos de aquellos que ms presin material ejercen sobre los territorios con sus estilos de vida.

El ecofeminismo, poco a poco, va calando en los anlisis de otros movimientos sociales y polticos. Creemos que esta mirada resulta imprescindible para realizar un anlisis material completo del metabolismo social y establecer diagnsticos ms ajustados sobre la crisis civilizatoria. Esta mirada es central para ayudar a disear las transiciones necesarias hacia una sociedad ms justa y compatible con los lmites de la naturaleza.

Fuente: http://boletin.hegoa.efaber.net/mail/37/12552



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