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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-08-2015

La domesticacin del mal

Santiago Alba Rico
Atlntica XXII


Hay algn problema en definir y asumir el trmino civilizacin, que tantas veces se ha utilizado y se sigue utilizando, de manera contradictoria, para justificar una intervencin violenta o una conquista militar. Pero es en realidad una palabra muy hermosa a la que deberamos aferrarnos, a condicin de oponerla no a barbarie -como hacen nuestros imperialistas- sino a domesticidad, segn la fecunda argumentacin de Toni Domenech. Civil es lo contrario de domstico y civilizacin lo contrario de domesticacin. Cualquier fuerza, por tanto, que promueva la domesticacin de los humanos, es decir, su confinamiento en los asuntos privados o domsticos y su amaestramiento y sumisin, puede calificarse de incivilizada. Fuerzas incivilizadas han sido histricamente los ejrcitos, las iglesias y los reyes; la combinacin de estas tres fuerzas en un marco de guerra generalizada determina lo que podemos muy bien llamar un retroceso civilizacional o, ms radicalmente, un batacazo civilizacional. Un batacazo de este tipo lo vivimos hoy en el Prximo Oriente, donde la malograda aventura de la revolucin democrtica ha dado paso a la violencia armada, el regreso de la dictadura y el dominio asfixiante de la religin.

Un batacazo civilizacional fue sin duda nuestra guerra civil y los 40 aos de dictadura que la siguieron. Se trat, claro, de una lucha de clases pero tambin de una lucha de luces y de cuerpos en la que la clase victoriosa impuso, a travs de la fuerza militar, de la represin religiosa y de la dictadura poltica, una extrema visin domesticadora que se tradujo de manera consecuente en el amaestramiento del lenguaje y de la sexualidad, los dos ndices asociados a travs de los que se miden -como el IBEX mide las fluctuaciones del mercado- los avances y retrocesos de la civilizacin. Toda guerra de civilizacin es, en definitiva, una guerra en torno a las palabras y los cuerpos y no puede extraar que todo ejercicio violento de domesticacin vaya acompaado siempre de dos fenmenos inseparables: un empobrecimiento de la lengua, que pasa a estar dominada por el eufemismo y la retrica, y una cosificacin del cuerpo femenino, encerrado de nuevo en el espacio domstico del deseo pasivo y la reproduccin sexual.

Hace apenas un mes reflexionaba en voz alta -y precisamente en Asturias- en torno a los batacazos civilizacionales durante la presentacin de Lloro por King Kong, la mejor novela de los ltimos 30 aos sobre la memoria histrica espaola, escrita en 1990 por el malogrado Pablo Sorozbal y felizmente recuperada ahora por Cambalache. Msico, poeta, polemista provocativo, comunista intratable con un pie en los soviets y otro en mayo del 68, Sorozbal entendi muy bien, y supo reflejar an mejor, en qu consisti el golpe de Estado del 36 y el subsiguiente dogal franquista. Entre el Delibes de Cinco horas con Mario y el Thomas Bernhard de Extincin, el autor se sirve como pretexto del velatorio de Julio Reyes, nclito empresario del rgimen franquista, para dibujar la lnea moral, mental, civilizacional, que separ a los vencidos de los vencedores. La guerra civil no fue, no, una lucha fratricida y si fue -porque lo fue- una lucha de clases, a los contendientes no se les distingua slo por su dinero o por su poder sino por sus irreconciliables maneras de abordar los cuerpos y de considerar el amor. Tambin -en consecuencia- por su forma muy distinta de nombrar y unir los nombres con que nos referimos a los cuerpos y sus relaciones. Hay un paso probable de la lengua sucia al desprecio de los otros y hay un paso seguro del desprecio de los otros a una lengua rimbombante, eufemstica, engolada y contaminante. El gran logro de Sorozbal en su jazzstica y emocionante novela es el de haberse dejado poseer por el orden mental de los vencedores, con impresionante vivacidad narrativa, para vincular orgnicamente giros lingsticos, retorcimientos espirituales y perversiones sexuales con la Lgica misma que derrib la democracia, generaliz la tortura y el fusilamiento e impuso la domesticacin colectiva del franquismo. Lo que llambamos entonces fuerzas vivas -la iglesia, los militares, los funcionarios- fueron los artfices del batacazo civilizacional ms traumtico de nuestra historia; es decir, del amaestramiento poltico y verbal de los cuerpos de los espaoles durante cuarenta aos.

Me acordaba ahora de la novela de Sorozbal porque su presentacin coincidi con las elecciones del 24 de mayo, en las que, al menos en el plano simblico, se ha producido, al revs, un salto o recuperacin civilizacional. Los buenos resultados de Podemos y la victoria en plazas emblemticas de algunas candidaturas populares han revelado hasta qu punto el PP, sin que nos diramos apenas cuenta, haba proseguido en los ltimos aos la domesticacin incivilizada que los vencedores de la guerra civil iniciaron hace siete dcadas; y demuestran tambin que la lucha por la democracia, la justicia social y la soberana econmica es inseparable de la lucha por la temperatura, la luz, el color, la lengua desamordazada y el cuerpo libre. La batalla no ha hecho ms que empezar y los incivilizados, lo estamos viendo, no van a reparar en medios para restablecer la vida domstica y el cuerpo amaestrado. No es que no les guste muestro proyecto poltico: es que no les gusta cmo somos, como vestimos, cmo nos remos, cmo amamos. Son tan intolerantes como el Estado Islmico y llevan dentro la misma violencia purificadora. Y si hasta ahora han sido un poco ms modernos ha sido solamente porque iban ganando. A veces da miedo pensar lo poco que han cambiado las cosas.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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