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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-08-2015

La fiesta nacional, de capa cada

Juanlu Gonzlez
Bits rojiverdes


Es innegable que la crisis econmica y los modos de enfrentarla desde el liberalismo puestos en prctica por los partidos hegemnicos, ha provocado una especie de catarsis popular que est haciendo replantearse muchos de los pilares en los que se asienta el rgimen surgido del postfranquismo, que ha logrado sobrevivir, sin demasiadas dificultades, hasta nuestros das.

De entre todos ellos, el omnipresente papel de la poltica partidaria en todos los mbitos de la vida social del estado espaol (medios de comunicacin pblicos, tribunal de cuentas, judicatura, funcionariado) parece uno de los ms cuestionados. Mucha gente se ha percatado o ha interiorizado de alguna manera de que la partitocracia se ha convertido en un problema y en un freno a la democracia. Pero, las ansias de cambio tambin estn poniendo en cuestin temas de ndole mucho ms simblica y casi inmanentes a nuestro pas. Las relaciones del poder con la iglesia catlica, la propia existencia de la monarqua y hasta la tauromaquia estn en discusin pblica estos das en los mentideros polticos, mediticos y tabernarios.

S, incluso la sacrosanta fiesta nacional est de capa cada. Muchos nuevos ayuntamientos han decidido dejar de inyectar dinero pblico a un espectculo en decadencia, incapaz de sostenerse por s mismo. Por primera vez se estn haciendo del dominio pblico unas cuentas que, en plena crisis, haran sonrojar a cualquiera. Y es que gastar ms de 500 millones de euros del dinero de todos y todas en patrocinar un espectculo de tortura animal, que adems causa tanto rechazo y animadversin entre un alto porcentaje de los contribuyentes, es un sinsentido, mxime cuando hay tanta poblacin afectada por malnutricin, se ve expulsada de su casa por impago, no tiene acceso a libros de texto ni a tratamientos mdicos por falta de presupuesto, etc.

Como afirmaba anteriormente, no es nicamente un tema de maltrato animal, ni si quiera econmico, tambin es el reflejo de la visin de una Espaa caduca forjada durante la dictadura, de ah que la derecha nacionalista cavernaria se aferre a los toros como una cuestin identitaria y que los nacionalismos centrfugos hagan justo lo contrario. Acaso alguien puede pensar que abrir plazas durante el protectorado colonial de Marruecos en Tnger o en Chaouen era por simple amor al arte? Evidentemente, no. El circo taurino era la expresin ms cutre de los delirios imperiales rescatados por el franquismo y, por lo visto, nuestra mayor aportacin al mundo. Por eso hoy la derecha, sus herederos biolgicos e ideolgicos, son los mximos defensores de la tauromaquia.

Tampoco es una cuestin ecolgica, aunque siempre aparece este aspecto cuando se tira de argumentario para justificar las corridas de toros. El toro de lidia es una variedad de toro creado artificialmente, pero no es una raza desde el punto de vista taxonmico. Preocuparse por un patrimonio gentico que no existe es absurdo, sobre todo cuando el 80% de las razas autctonas ibricas de ganado se encuentra en peligro de extincin, entre ellas muchas de vacuno, por causa de la llegada de la globalizacin y la uniformizacin industrial al mundo alimentario.

Puede tener ms sentido preocuparse por las dehesas en las que pastan los toros bravos, otro argumento recurrente. Pero, sin entrar en muchas complejidades, es fcil imaginar que si no fuera rentable criarlo, seguramente seran sustituidos por razas autctonas pastantes en semilibertad, como ocurre ahora con, por ejemplo, la ganadera bovina retinta, que convive geogrficamente con el toro de lidia en las zonas de la pennsula donde existen ms ganaderas bravas. Aunque sin el ganado, si se dejara a las dehesas convertirse en verdaderos bosques, tampoco perderamos nada. Ms bien todo lo contrario, la naturaleza saldra ganando, aunque no as el bolsillo de los terratenientes latifundistas tan amantes de los animales en peligro de extincin.

Obviando las filias y fobias de cada cual, hay que admitir que si un ayuntamiento configurado por partidos o agrupaciones de electores que defienden el respeto a los derechos de los animales, toma la decisin de no colaborar con espectculos taurinos, est en su derecho de hacerlo, nos guste o no. La gestin municipal es la expresin ms directa de la voluntad popular que nos ofrece nuestro ordenamiento actual. Pero es que adems, gastar dinero en torturar animales cuando las necesidades bsicas de la poblacin no estn cubiertas, no slo es un contrasentido, sino que, con la que est cayendo, es una doble inmoralidad. Y 500 millones de euros anuales no es una cantidad desdeable que pueda tomarse a la ligera

Fuente: http://www.bitsrojiverdes.org/wordpress/?p=11779


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