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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-08-2015

Solidaridad o suicidio colectivo

Franz J. Hinkelammert
Rebelin


Primera edicin: Ambientico-ediciones, 2003.

Segunda edicin ampliada por publicar: 2015.

Contenido

Prlogo . 5

1. La eficiencia del suicidio colectivo . 8

2. Derechos humanos: distorsiones del mercado . 11

3. El paso del capitalismo utpico al cnico . 14

4. Clculo de utilidad contra vida humana . 18

5. La hegemona de las burocracias privadas transnacionales* 23

6. Intervenir el mercado para acrecentar la justicia . 31

7. tica del bien comn para evitar la muerte colectiva . 33

8. Falta otra emancipacin . 36

9. Eva, el rbol prohibido y la cuestin de la libertad . 40

10. La mano invisible del mercado se cierne sobre la naturaleza . 47

11. El clculo del lmite de lo aguantable y la tica de la banda de ladrones . 51

12. tica del bien comn versus tica de ladrones . 54

13. Derecho a una vida decorosa o insostenibilidad de la vida . 57

14. La rebelin contra los fines en nombre de los medios . 60

15. El abismo del sujeto . 63

16. Instinto asesino para el progreso? . 67

17. Democracia no es igual a justicia . 70

18. Asesinato es suicidio . 72

19. Elogio de la hipocresa . 75

20. Los simplificadores de este complejo mundo . 78

21. El mito del crecimiento infinito y su transformacin en religin intramundana . 81

22. Destruir para ser destruido . 83

23. Niestzche: el tremendum del fascinosum .. 86

24. La guerra civil global empieza . 89

25. Se cayeron las coordenadas del bien y el mal el 11 de septiembre . 92

26. La lucha por el todo y el nuevo macartismo mundial 96

27. La conspiracin terrorista mundial: proyeccin del monstruo . 99

28. Asalto al poder mundial (ataque a Irak) 102

29. La actual imperializacin del cristianismo . 105

Eplogo: El coliseo o la joya . 108

Prlogo

En un mundo infestado de intelectuales de parodia sacraliza dos por el poder, Franz Hinkelammert pertenece a una saga de grandes pensadores en vas de extincin que practica el principio de Digenes: ser la mala conciencia de su tiempo, el tbano, el gua que rechaza el compromiso con los dominadores, que desnuda las condiciones de produccin y reproduccin de ese pro ceso de acumulacin que llaman globalizacin y que invita a no claudicar frente a la barbarie, a encontrar lo mejor que hay en la condicin humana.

La celebridad de Hinkelammert se debe a la fuerza de sus es critos, a una impresionante obra tejida con una mente lcida, que es hoy un punto de referencia, con el que se puede coincidir o disentir, pero de cuya lectura ningn lector inteligente sale in demne. Ese inventario del dolor y de la infamia que es la globa lizacin imperial, que inaugura el siglo XXI con una nueva estra tegia de aniquilacin encarnada en el asalto al poder mundial por parte de los crculos gobernantes de Estados Unidos, hunde sus races en un proceso que Hinkelammert fue de los primeros en desentraar y comprender, cuando el colapso del socialismo histrico y la euforia del pensamiento nico anunciaban el fin de la historia y despedazaban todo intento de pensamiento crtico, condenando al infierno a los pocos que osaban esgrimir las ver dades perturbadoras amenazantes del consenso neoliberal. Este gigante germanolatino que conoci en su juventud los horrores del nazismo vio con extraordinaria claridad que con Reagan se iniciaba uno de los periodos ms agresivos y destructores de la historia del capitalismo. El retorno al capitalismo salvaje, un capitalismo desnudo, que alcanza el poder total y lo utiliza con una violencia y una arbitrariedad ilimitadas.

En el engranaje de ese monstruo que devora los derechos de las personas opera una lgica del mercado agresiva y totalizante, que conduce la economa como una economa de guerra, que se rige compulsivamente por criterios de eficiencia y competencia que promueven la catstrofe: exclusin, socavacin de las rela ciones sociales, destruccin del ambiente. Es el huracn de la globalizacin que empuja al suicidio colectivo, al cortar la rama de la vida sobre la que descansamos. En 1989 Hinkelammert se encontraba en Berln; mientras el coro dominante entonaba el himno triunfal del fin de la historia, nuestro autor ve la materializacin de ese corte entre el capitalismo de reformas y el nuevo capitalismo extremo que prefigura las seas de identidad del nuevo imperio global que se est formando.

La estrategia de acumulacin llamada globalizacin de ese capitalismo salvaje quiere el dominio total, acelera el automatismo autodestructor del mercado y transforma paulatinamente la sociedad burguesa en una sociedad fundamentalista, que busca imponer sus puntos de vista en todas partes, por la violencia policial y militar si es necesario. Los derechos del mercado sustituyen a los derechos humanos y las burocracias privadas transnacionales que no reconocen ciudadanos, solo clientes, convierten la democracia en un mercado de votos que hace imposible la justicia; un gobierno mundial extraparlamenmtario ejerce el poder, sin asumir las funciones ni las responsabilidades del gobierno democrtico. El nuevo poder globalitario deja de reflexionar sobre la tica del bien comn, opera con la tica del clculo del lmite de lo aguantable, que lo determina lo que puedan aguantar los dominados; se trata de un genocidio silencioso, de un clculo suicida puesto que sus lmites solo se pueden conocer despus de haberlos franqueado. Al dejar de reflexionar sobre la tica del bien comn, la sociedad burguesa vive la tica de la banda de los ladrones, una tica que nos destruye al transformarse en lgica dominante de nuestra sociedad, preocupada por la sostenibilidad del sistema y no de la vida humana. Este curso de la globalizacin es totalizacin. Se globaliza y se totaliza. Es el totalitarismo del mercado total y de la privatizacin total, es una globalizacin por la exclusin que expulsa a la mayora de los seres humanos de manera global: es terrorismo hijo de la irracionalidad de la estrategia de acumulacin llamada globalizacin.

Por eso Hinkelanmmert vio en los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York el comienzo de la guerra civil global. La irracionalidad del terrorismo que derrumb las torres gemelas es hija de la irracionalidad de la estrategia terrorista de la globalizacin. No es un choque de culturas, es un pro-ducto interno de la propia cultura dominante y global. Tan terrorista es esa estrategia de globalizacin como los actos de respuesta que produce en el mundo de la exclusin, empujado a situaciones desesperadas de imposibilidad de vivir. Ese da se cayeron las coordenadas del bien y del mal, sobrevino un periodo feroz que hoy vivimos y morimos en el Irak ocupado.

Bush y su camarilla de halcones asaltan el poder sobre el mundo entero porque estn tras la conquista del todo. Es una doctrina Monroe planetaria, el trnsito del capitalismo utpico al capitalismo cnico, que ya no reivindica el potencial de la razn en referencia al inters general, sino que levanta el inters propio como ley arbitraria de un nuevo despotismo, el casino global que determina el clculo de ulilidad mientras crea el infierno en la Tierra. El mercado total necesita un poder poltico mundial totalitario, acompaado de un macartismo mundial legitimado por una lucha final del bien contra el mal. No quieren petrleo, sino todo el petrleo, todo el agua, todos los genes, todas las ganancias. Estn dispuestos a asesinar para lograrlo y necesitan monstruos para legitimar el funcionamiento de la fbrica de muerte. Se fabrica as el supermonstruo terrorista, una Hydra con cabezas interminables que justifica la guerra global y permanente. El eje del mal se idntifica con el diablo, que solo puede ser aplastado por un dios norteamericano, el dios uniformado y construido de Bush que unifica lo sagrado y lo mortfero.

Frente a Nietzsche y a los nuevos reaccionarios que proclaman "el hombre es un ser para la muerte", el intelectual tipo Hinkelammert dice "no, el hombre es un ser para la vida". La cultura de la desesperanza que penetra hoy toda nuestra cultura, que alienta el crimen, promueve la anomia y deshace las relaciones humanas, puede y debe ser vencida por una nueva tica del bien comn para evitar la debacle y la muerte colectiva. Si el neoliberalismo y el nuevo poder globalitario pretenden clausurar la historia y encarcelar las utopas, la esperanza de los oprimidos y de los excluidos se construye con resistencias y alternativas, el bien comn se hace presente como resistencia, como experiencia y construccin de los afectados. El sistema aplasta, pero ese aplastamiento produce reacciones, la victoria total lleva en sus entraas la derrota, toda omnipotencia puede ser impotencia. Ese capitalismo criminal proclama que no hay alternativa, pero si no hay alternativa no hay libertad y el ser humano ya no tiene nada que elegir. Hinkelammert nos urge a construir la alternativa, pues negarla es negar la dignidad del ser humano. Alternativas que no son recetas, que tienen que surgir de la conciencia de que sin ellas estamos perdidos; el peligro no es la existencia del mercado y del estado sino su totalizacin; si en el plano del estado hay que exigir la democratizacin, en el plano del mercado la exigencia es de intervencin en funcin de la justicia; se trata, en definitiva, de cambiar las bases estructurales que hacen posible la estrategia de acumulacin de la globalizacin, sin lo cual no se puede asegurar el bien comn, el derecho a una vida decorosa y a una sociedad donde quepamos todos y todas, naturaleza incluida. Frente al nuevo Gran Dictador el discurso de la paz no es un simple juicio de valor, es la nica respuesta posible; la alternativa pasa por quitarle a este poder las armas de la legitimidad, desnudarlo. No podemos reducir la poltica a una pura tctica ni rebajar la teora a un debate acadmico sin influencia en la praxis, la alternativa es factible solo si uno la busca, no como individuo aislado sino como sujeto que irrumpe precisamente en esa individualidad haciendo presente la solidaridad y el bien comn, proclamando en la lucha y en el discurso que no se puede vivir sin que todos vivan.

Todos los textos de afilada brevedad incluidos en este libro fueron publicados en el perodo 2000-2003 en la revista mensual Ambien-tico [1] , de la cual Hinkelammert es columnista. Escritos de amor y de rabia, de pluma tranquila pero de fuego. Un clsico en vida de inquebrantable conciencia moral y dotado de un agudo sentido de la justicia, que rebosa humanidad y ternura, que nos ayuda a explorar un territorio minado por la manipulacin y por la injusticia y a construir la resistencia necesaria para la defensa humana.

Jos Merino

 

 

1. La eficiencia del suicidio colectivo

El valor central de esta sociedad de globalizacin de mercados y homogenizacin del mundo es la competitividad, y el sujeto central alrededor del cual gira toda nuestra sociedad es el sujeto que calcula su utilidad en trminos cuantitativos derivados de los precios del mercado. Por lo tanto, la globalizacin de los mercados se realiza en nombre de un sujeto que maximiza sus utilidades calculndolas cuantitativamente. En consecuencia, la competitividad como valor central y el sujeto calculador del mercado se corresponden. El resultado de este comportamiento se llama eficiencia.

Dada la subversin y anulacin de todos los valores en nombre de la eficiencia formal, hay solamente una crtica que el argumento de la eficiencia no puede tan fcilmente borrar del mapa. Argumento que sobreviene de la pregunta: se puede vivir con eso? sta es una pregunta por los resultados, tan enfticamente negada por las ideologas de la eficiencia. Se puede vivir con los resultados de un mercado totalizado?

La eficiencia formal del mercado desenfrenado lleva a la destruccin de las fuentes de la riqueza: el ser humano y la naturaleza. La eficiencia se transforma en una competencia entre personas que cortan la rama sobre la cual estn sentadas, se incitan mutuamente y finalmente degustan la cada paulatina de los competidores.

Un sistema de mercados que no est expuesto a resistencias correctivas se comporta fragmentariamente frente a los conjuntos interdependientes de la divisin social del trabajo y de la naturaleza. Se trata de una tecnologa fragmentada, como lo afirma Popper. En tanto tal interviene sin ningn criterio de orientacin en relaciones interdependientes. Cuanto ms se celebra esta tecnologa fragmentaria como nica tecnologa realista, ms rpido se destruyen los sistemas interdependientes de la divisin social del trabajo y de la naturaleza. Una accin orientada predominantemente por los criterios del mercado no puede ni prever ni evitar este resultado.

El sistema del mercado deviene un sistema compulsivo. Si se lo deja operar segn las indicaciones de su mano invisible se desemboca en la catstrofe. Las oportunidades del mercado y su aprovechamiento son compulsivos, pero tienen que ser calculados fragmentariamente. O se pierde en la competencia o se participa en la destruccin de los fundamentos de la vida de nuestro planeta. Para ganar en la competencia se destruye las fuentes de toda la riqueza. En el sistema compulsivo del mercado no hay sino la alternativa de o ahorcado o fusilado. Dado que en el mercado total la competencia es la nica intocable, sta promueve el proceso de destruccin. Si, por ejemplo, se le demanda a una industria contaminadora que cese o aminore sus emisiones, sta se resistir arguyendo que la competencia no se lo permite. Porque respetar la naturaleza cuesta y, entonces, aumenta los costos y, en consecuencia, pone en desventaja respecto de los competidores. La competencia compulsiva existe y marca las relaciones del mercado. Transforma las condiciones de la sobrevivencia de la humanidad en algo que nadie puede darse el lujo de respetar. Dado que la competencia es considerada motor exclusivo de la eficiencia, se trata de una eficiencia que conduce a la muerte. Es la eficiencia del suicidio colectivo.

En la tradicin del pensamiento terico burgus se niega estos argumentos aduciendo la llamada mano invisible del mercado: un mecanismo autorregulado que asegura por medio de un automatismo que toda accin humana fragmentaria sea insertada -automticamente, s- en una totalidad equilibrada por el mercado.

Pero tal mano tiene una tendencia al equilibrio solamente en mercados parciales, y precisamente no en relacin con los sistemas interdependientes de la divisin social del trabajo y de la naturaleza. Ante stos produce un proceso mortal hacia la catstrofe y ningn equilibrio. El mercado como sistema compulsivo se impone como mercado total y crea tendencias compulsivas que llevan a la continuacin del proceso de destruccin. Parece haber como una conjura y la destruccin parece ocurrir segn un solo gran plan. Pero no se trata de una conjura, sino precisamente de una mano invisible que produce un resultado como si hubiera un nico plan de destruccin. La eficiencia se hace ineficiente, ocurre la irracionalidad de lo racionalizado de la cual hablaba inclusive Max Weber. Una produccin es eficiente solamente si reproduce las fuentes de la riqueza producida.

La produccin de la riqueza tiene que hacerse en trminos tales que las fuentes de riqueza -el ser humano y la naturaleza- sean conservadas, reproducidas y desarrolladas juntas con la riqueza producida. Sin este concepto de eficiencia reproductiva la eficiencia fragmentaria del mercado pierde toda orientacin y no puede sino tender a la destruccin de las fuentes de riqueza. Por eso resulta cada vez ms de una importancia decisiva desarrollar este concepto de la eficiencia reproductiva y canalizar y limitar bajo este punto de vista el sistema compulsivo del mercado. No se trata simplemente de nuevos valores sino de una valorizacin tica nueva del ser humano y de la naturaleza. En cuanto que el mercado como mercado total no tiene ms lmite que su propia arbitrariedad, cualquier valor nuevo queda sin efecto y no se puede imponer sino en el mbito estrictamente privado.

Es calculable esta eficiencia reproductiva? Cualquier calculabilidad es fragmentaria. Para poder calcular con certeza la eficiencia reproductiva habra que tener un conocimiento ilimitado y perfecto. Por esta razn cualquier clculo es provisorio y no puede jams sustituir la decisin. Esta decisin no es tcnica. Con todos los clculos ocurre que no se puede saber antes los efectos de lo no calculado o no calculable sobre los riesgos resultantes. Cualquier olvido aparentemente insignificante puede resultar en el fracaso del todo: causa pequea, efecto grande.

Para que se pueda asegurar la eficiencia reproductiva precisamente no se la debe reducir al clculo puro. De otra manera es imposible asegurarla. En nombre de la eficiencia reproductiva hay que establecer lmites, que no pueden ser calculables o resultado de algn clculo. No es factible asegurar la eficiencia reproductiva sino trascendiendo la propia calculabilidad. No se la puede asegurar sino renunciando en cierto grado al mismo clculo. Los lmites han de ser valores que aseguren la eficiencia reproductiva limitando el espacio en el que la decisin legtimamente puede ser tomada sobre la base de clculos fragmentarios. Pero estos valores no pueden resultar de ningn clculo, sino del reconocimiento mutuo entre seres humanos, que incluye un reconocimiento de la vida de la propia naturaleza. El clculo no determina valores: es nihilista y disuelve los valores; donde ya no le quedan valores por disolver se desvanece l mismo. Es un vampiro que vive de la sangre de los vivos, y cuando ya nadie vive l tampoco puede vivir. Por tanto, hay una relacin entre valores y eficiencia. Sin embargo, si se someten los valores al clculo de la eficiencia fragmentaria, sta los disuelve y, al fin, tampoco hay ms eficiencia fragmentaria. Valores de convivencia no pueden surgir en nombre de la eficiencia. Pero el reconocimiento de estos valores es el punto de partida de la posibilidad de asegurar la eficiencia reproductiva y con ella hacer posible la vida para el futuro.

 

 

2. Derechos humanos: distorsiones del mercado

La estrategia de globalizacin, que es una estrategia de acumulacin de capital que en su tendencia est en conflicto abierto con los derechos humanos, fue impuesta en Amrica Latina por los llamados ajustes estructurales, los cuales se expresaron especialmente en tres procesos sociales: (1) la apertura tendencial-mente ilimitada al capital financiero y a las corrientes de divisas y mercancas; (2) la reestructuracin del estado en la direccin de un estado policial y militar (al quitarle al estado su funcin de dictado de las polticas de desarrollo y de infraestructura econmica y social, y al abrrsele paso a la privatizacin de las propiedades pblicas, se inici una nueva acumulacin originaria de capital marcada por el pillaje mundial de esas propiedades), y (3) la flexibilizacin de la fuerza de trabajo que trajo consigo la anulacin de derechos de importancia decisiva (proteccin frente al despido, etctera) basados en el contrato de trabajo (las seguridades sociales fueron disueltas y los sindicatos debilitados y con frecuencia destruidos). La imposicin de estas medidas de ajuste estructural fue acompaada en la mayora de los pases latinoamericanos (Brasil, Chile, Uruguay, Argentina) por el terrorismo de estado, que mantiene hoy una papel clave en la estrategia de globalizacin en Colombia y en Mxico, particularmente.

La imposicin de los ajustes estructurales va de la mano con la propagacin de la ideologa de la competitividad y de la eficiencia. Por eso se les justifica como poltica de eliminacin de distorsiones del mercado o de eliminacin de "interruptores" de la movilidad del mercado (v. g. Lukas). La economa ahora se conduce como una guerra econmica en la que se trata de conseguir ventajas competitivas que hagan posible salir de ella como vencedor. Hoy la situacin de los pases se evala slo en trmi nos de su competitividad y toda actividad social es valorizada se gn su aporte a esa competitividad. El economista, y especialmente el administrador de empresas, quedan convertidos en ase sores militares de tal guerra econmica, llegando a ser su funcin no el hacer teora o el entender lo que significa esta manera de enfocar la economa sino el contribuir al triunfo de la conflagra cin blica. Por eso, las teoras econmica y social se hacen cni cas.

Para esta guerra econmica las medidas del ajuste estructu ral sirven como preparacin y limpieza del campo de batalla. Las empresas, que se enfrentan en la guerra econmica, tienen el in ters comn de limpiar el campo para luchar uno contra el otro sin ser "distorsionados".

Desde el punto de vista de las empresas que operan transnacionalmente, los derechos humanos como derechos de seres humanos corporales no son ms que distorsiones del mercado. Pa ra ellos, que operan y calculan mundialmente, el mundo entero es el espacio en el que aparecen las distorsiones del mercado. Las exigencias de apertura a los flujos financieros y de mercancas, de disolucin del estado en sus funciones econmicas y sociales y de flexibilizacin del trabajo son consecuencia de estas operaciones mundiales de las empresas transnacionales. Despus de la elimi nacin de las distorsiones del mercado sigue la anulacin de los derechos humanos. No todas las distorsiones del mercado son producto del reconocimiento de los derechos humanos, pero tendencialmente toda defensa de los derechos humanos en tan to derechos de seres humanos corporales aparece como distor sin del mercado. En consecuencia, la eliminacin indiscrimina da de las distorsiones del mercado desemboca, por una lgica im plcita, en la distorsin de los derechos humanos. Y esto es leg timo en la medida en que la eliminacin de las distorsiones del mercado se lleva a cabo en nombre de un principio general: el del proceso de globalizacin. Aunque la poltica de eliminacin de las distorsiones ahora se presenta como simple aplicacin de una tcnica.

As, pues, la transformacin de la economa en guerra eco nmica y la siguiente transformacin de la competitividad en valor nico y superior est destruyendo y eliminando todos los de rechos humanos en nombre de los derechos del mercado, que son derechos vigentes en el mercado y solamente en l. Que los derechos del mercado sustituyen a los derechos humanos explica porqu nuestra sociedad sigue hablando tanto y con tanta intensidad de derechos humanos. De hecho, se trata ahora casi ex clusivamente de derechos del mercado y en el mercado; de dere chos que puede tener tanto el individuo natural como la perso na jurdica colectiva (como las empresas y las corporaciones: es decir, las instituciones). Sin embargo, al reducir la persona humana a un individuo con los mismos derechos que las personas jurdicas colectivas, la persona pierde su carcter de persona, o sea, de ser corporal hecho persona. Lo que se presenta hoy en la estrategia de globalizacin como derechos humanos son derechos como los de esos personajes colectivos que son Mercedes Benz, Siemens, Toyota y Microsoft. Los derechos en el mercado que ellos pretenden los imponen a la sociedad actual como los ni cos derechos humanos vlidos. Por eso, el derecho de ellos de eli minar las distorsiones del mercado y con ellas los derechos hu manos de personas corporales es impuesto como la esencia de to dos los derechos humanos. Los pretendidos derechos humanos de personas jurdicas y colectivas eliminan los derechos humanos de las personas humanas corporales.

Surgen entonces preguntas: Tiene Microsoft derechos hu manos? O tienen los seres humanos derechos humanos cuya va lidez hace falta imponer frente a Microsoft? Tiene la CNN de rechos humanos o tienen los seres humanos derechos humanos frente a la CNN? En su lgica, los derechos de personas colecti vas devoran los derechos humanos de la persona humana como ser corporal y ser natural -parte de la naturaleza. Tenemos que enfrentar un conflicto entre derechos humanos y derechos colec tivos de instituciones y asegurar que los derechos humanos sean respetados por esas personas jurdicas y colectivas. Los derechos humanos son una nueva ampliacin del hbeas corpus frente a los derechos de instituciones que pretenden sustituir a los derechos humanos. Todo ocurre como en la pelcula Jurassic Park: haba muchos dinosaurios debidamente limitados en su espacio de actuacin y los seres humanos podan pasearse tranquilamente para observarlos; para los dinosaurios se trataba de una distorsin de la competencia a pesar de que para los seres humanos significaba una situacin de seguridad que daba como resultado que su posibilidad de vivir no era distorsionada. Sin embargo, con el huracn de la globalizacin cayeron todas esas distorsiones para los dinosaurios; el tirannosaurus rex poda moverse ahora sin ser distorsionado en su libertad y el velociraptor lo poda asaltar libremente: por fin eran global players. Mas ahora quedaba distorsionada la vida de los seres humanos, que vieron perdidas todas sus defensas. En Jurassic Park exista un helicptero en el cual fugarse, pero en nuestra realidad debemos defendernos en el terreno y como oportunidad de escape solo nos queda abordar el Titanic.

En ninguna parte se ha podido ver las consecuencias de la estrategia de globalizacin de una manera tan extrema y radical como en el Tercer Mundo, no hay otro lugar con tantas vctimas; y es que los perdedores de la globalizacin no pierden un simple juego sino que pierden su vida. Pero la salvacin no est en el Primer Mundo porque el mismo proceso est llegando tambin all. El futuro del Primer Mundo se ve ya en el Tercer Mundo, al revs de como lo pensaba la ideologa del progreso hace ms de 200 aos. Los Pinochet que mandaron aqu mandarn all prxima e igualmente. Aparecern en nombre de los derechos humanos (de las grandes empresas).

Si la economa se transforma en guerra econmica, la competitividad resulta ser el mximo criterio sobre todos los valores, y se impone en la forma de fuerzas compulsivas de los hechos.

Toda la estrategia de globalizacin se impone en forma de fuerzas compulsivas de los hechos, las cuales son el producto de la entrega ciega a la lgica del mercado y de su perfeccionamiento por la eliminacin de las distorsiones del mercado. La ideologa dominante indica como nica salida el sometimiento a esa compulsividad, y lo presenta como realismo. Una alternativa tendra que consistir en una accin asociativa que, tambin, desembocara en dimensiones globales.

 

 

3. El paso del capitalismo utpico al cnico

El texto que enseguida cito, escrito en 1991 por un destacado poltico alemn liberal, se inscribe en la tradicin dei capitalismo utpico y su contenido ideolgico es fcil de analizar: "Una existencia humanamente digna presupone la superacin de las emergencias econmicas y sociales, presupone la disponibilidad de los bienes necesarios para la vida y de lugares de trabajo seguros. El sistema de mercado asegura todo eso gracias a su alta eficiencia. El motor de la economa de mercado es la competencia. Pero su funcin no se limita a asegurar la dinmica econmica. 'Domestica la propiedad privada' y es el 'instrumento ms genial para quitar el poder', como lo dice Franz Bohm. El sistema de mercado se basa en el inters propio. Pero la astucia del sistema logra que el inters propio, que entra en competencia, opere en favor del bien de la comunidad. Competencia no presupone -como lo dice Orto Schlecht- un superhombre moral. Un nivel medio de moral es suficiente" (Lambsdorff, Otto Graf. "Gezhmtes Eigentum. Fr den Vorsitzenden der Freien Demokraten ist die soziale Marktwirtschaft die moralischste aller Wirtschaftsformen", en Wirtschafts Woche 45, 1-11-91. pp. 104-105).

Ese texto tiene tres caractersticas bastante obvias para el pblico de hoy. Primero, es falso, porque el inters propio cuando se encuentra en competencia no realiza el bien comn -como regla universal es falso, aunque una coincidencia se puede dar en varios casos. Segundo, el argumento es ideolgico, porque la tesis de que el inters propio en cuanto se impone en el mercado realiza el bien comn constituye una sacralizacin de las relaciones sociales de produccin; se trata, pues, de una sacralizacin secularizada, que es el tipo de sacralizacin que constituye precisamente al capitalismo utpico. Y, tercero, el texto es hip crita, porque el poltico que lo expresa sabe que su contenido es falso pero lo hace para lograr la legitimacin va sacralizacin de las relaciones sociales de produccin. O sea, el texto es falso, ideolgico e hipcrita.

A pesar de eso, podemos decir -con Habermas- que tiene un potencial de razn. Habermas afirma que la crtica de la ideologa que hace Marx "parte del hecho de que el potencial de razn expresado en los 'ideales burgueses' e insertado en el sentido objetivo de las instituciones muestra una doble cara: por un lado les adjudica a las ideologas de la clase dominante el aspecto en gaoso de teoras convincentes, por el otro lado da el punto de partida para una crtica inmanente de estas formaciones, que levantan a nivel del inters general lo que de hecho solamente corresponde a la parte dominante de la sociedad" (Habermas, Jr- gen. 1991. Der philosophische Diskurs der Moderna. Suhrkamp, Frankfurt. p. 142). La crtica de la ideologa, que presupone un consenso determinado y racional, se realiza dentro de un marco de juicio comn dado por la referencia al inters general. Este concepto define el espacio en el que se desarrolla el pensamiento de tradicin burguesa y en el que, entonces, acta la crtica de la ideologa. Entre el inters general y el inters particular la tra dicin burguesa establece una conexin automtica, que es el mercado con su mano invisible, el cual funciona como una esca lera de Jacob -va de la Tierra al cielo directamente. Por eso, si guiendo a Polanyi, a este capitalismo se le puede llamar capitalis mo utpico. (El socialismo sovitico construy una escalera de Jacob parecida, que consista en el pasaje del socialismo al comu nismo -concepto ste que era correspondiente al inters general- por medio de la maximizacin de las tasas de crecimiento. Por eso, la crtica de la ideologa aplicada por Marx al capitalismo po da aplicarse, de manera anloga, a la ideologa sovitica.)

En el citado texto del poltico liberal el ncleo de racionali dad se expresa en la relacin establecida entre competencia e in ters general - cual aqu yo llamo bien comn. Por eso, es posi ble una crtica inmanente activando el concepto de inters general y demostrando desde l los lmites y las al tendencias destructi vas que hay en la lgica de la competencia.

Al lado del texto del poltico liberal analizado ponemos otro de la autora de Toffler- que se distingue de aqul en que carece del sealado sesgo ideolgico de capitalismo utpico: "El nue vo imperativo econmico est claro: si los suministradores de ultramar, en los pases en desarrollo, no alcanzan con sus tecnologas los estndares de la velocidad mundial sern arrancados brutalmente de sus mercados (caern vctimas del efecto de acelera cin) . Esta es la economa rpida de maana, la nueva mqui na de bienestar aceleradora, dinmica, fuente del avance econ mico, que como tal es tambin la fuente de un gran poder. Estar desacoplado de ella significa estar desacoplado del futuro. Pero se es el destino que enfrentan muchos de los pases menos desarrollados. Como el sistema mundial de la produccin de riqueza est arrancando, los pases que quieren vender tienen que operar a la misma velocidad que los pases compradores. Eso sig nifica que las economas lentas, o aceleran sus respuestas nervio sas, o pierden sus contratos e inversiones, quedando completamente fuera de la carrera (...). Un 'gran muro' separa a los rpi dos de los lentos, y este muro est creciendo cada da que pasa" (Toffler, Alvin. 1991. Powershift, Knowledge, Wealth and Violence at the Edge ofthe 21st Century. Bantan Books. New York, pp.389- 405).

Segn Toffler, pues, que sostiene lo contrario de lo sustenta do por el poltico liberal, la competencia crea una "mquina de bienestar" cuyo efecto inmanente de aceleracin excluye y ex pulsa a los incapaces de imponerse en la competencia, dejndo los sin chance de encontrar de nuevo un lugar en ella. Ellos constituyen las bajas de una aceleracin que se acelera a s mis ma. Toffler deja de lado cualquier referencia a un inters general y, en vez de imputarle al mercado alguna tendencia a algn bien comn, le imputa una tendencia al mal comn de la exclusin.

Este texto tiene tambin tres caractersticas. Primero, es cier to. Segundo, sacraliza las relaciones sociales de produccin, pero ya no por medio de la referencia a algn inters general sino me diante la celebracin de la aceleracin misma, de la velocidad -lo que Nierzsche celebra cuando exclama "a las naves, filsofos", tratando la aceleracin como imperativo categrico. Y, tercero, el texto no es hipcrita sino "honesto". O sea, el texto de Toffler es cierto, sacralizador y "honesto", mientras el texto del poltico liberal es falso, sacralizador e hipcrita.

Pero el texto de Toffler es (antes que honesto) cnico, y no se le puede contestar por medio de una crtica de la ideologa como la haba explicitado Habermas. El texto de Toffler no tiene ningn potencial de razn que d "a las ideologas de la clase dominante el aspecto engaoso de teoras convincentes" ni tampoco ofrece ningn "punto de partida para una crtica inmanente de estas formaciones, que levantan a nivel del inters general lo que de hecho solamente corresponde a la parte dominante de la sociedad" -que sera lo que segn Habermas subyace a la crtica de las ideologas y lo que l sigue buscando en las posiciones por criticar.

Y es que, en el sentido en que Habermas entiende la ideologa, la posicin de Toffler no es una ideologa. Toffler no eleva nada al nivel de lo que en la tradicin del racionalismo ilusionista podra llamarse intereses generales, sino que nos comunica lo que realmente ocurre. Y hasta hay una sorpresa en el texto de Toffler: lo que l expresa como un inicio de hecho sobre el capitalismo actual ya lo haba sostenido en Amrica Latina la teora de la dependencia en los aos sesenta y setenta. Pero si esa teora no era cnica, por qu s lo es la coincidente tesis de Toffler?

La teora de la dependencia, nacida de la crtica de la ideologa, en relacin con tesis como las del citado poltico liberal sostena que el clculo de la utilidad particular -el inters propio- no tiende a la realizacin de ningn inters general o bien comn (o equilibrio, en el lenguaje de los economistas), sino que lleva ms bien a la violacin de ese inters general, lleva al mal comn. Pero como la teora dominante era la teora del capitalismo liberal, la teora de la dependencia fue anatemizada, declarada hereja y pronto se le consider refutada y muerta. La teora de la dependencia fue una teora crtica por el hecho de que, en el marco del consenso en torno a la tesis de que la economa est bajo el imperativo de la realizacin de un inters general, negaba la identificacin entre inters particular e inters general y entre ste y la competencia de mercado, contradiciendo as a la ideologa dominante del capitalismo utpico, que se basaba en la afirmacin de esto.

La teora de la dependencia haca un juicio de hecho, pero en el marco del consenso mencionado -de ese potencial de ra zn- tal juicio de hecho se transform en un juicio crtico, sin dejar de ser un juicio de hecho. Y la ideologa del capitalismo utpico por supuesto tena que rechazar ese juicio de hecho para se guir sostenindose. Pero si ese juicio de hecho se impone de una manera tan convincente que ya no se le puede negar? Cmo se puede entonces sostener la legitimidad del capitalismo vigente? Se puede hacerlo solamente abandonando la ideologa del capi talismo utpico, segn la cual el capitalismo realiza un inters ge neral, e, inclusive, abandonando la pretensin de satisfacer nin gn inters general.

Eso precisamente ocurri en los aos ochenta y noventa. Juicios de hecho como el de la teora de la dependencia ahora ya no contradicen ningn potencial de razn por el simple hecho de que este capitalismo ya no reclama tal potencial de razn. Don de no hay ninguna pretensin de la razn, los juicios de hecho, que demuestran la sinrazn, dejan de tener cualquier capacidad crtica. Si ya no se pretende una razn de inters general, esos juicios de hecho que demuestran que el capitalismo no realiza ningn inters general se transforman en un deber. Si el capita lismo excluye y destruye, se deriva de eso un deber; el capitalis mo debe excluir y destruir. Se celebra entonces la "destruccin creadora" en el contexto de la afirmacin de que no hay ninguna alternativa.

Ahora se puede decir abiertamente lo que el capitalismo es sin que los juicios de hecho tengan ni el menor contenido crti co. Y lo que se dice sobre el capitalismo es cierto y honesto, no hay hipocresa, porque lo que es es lo que debe ser. Fuera de eso no ha de haber ningn deber. Pero lo que resulta de esta posicin cnica es el nihilismo.

Gracias a la transformacin de un capitalismo utpico -y, por tanto, comprometido con el bienestar general- en un capitalismo salvaje y cnico, ahora se puede reivindicar sin problema los jui cios de hecho bsicos que sobre el capitalismo la teora de la de pendencia haba establecido. El capitalismo ha renunciado a su pretendido rostro humano, del cual ahora se burla. Ya ningn juicio de hecho le puede criticar; los juicios de hecho bsicos que haba pronunciado la crtica del capitalismo en el perodo del capitalismo utpico ahora son asumidos como propios. Se ha operado una transformacin y una reevaluacin de todos los valores. Por eso ahora se sacraliza las relaciones capitalistas de produccin por medio de la celebracin de la aceleracin, esta aventura aparente del saber humano.

Frente a esta transvalorizacin de los valores la crtica clsica de la ideologa queda completamente desarmada. Si se reivindica la muerte como destino y si el capitalismo resulta ser un sistema mortal, entonces el capitalismo es un sistema que corresponde perfectamente a lo que pretende ser, es un ser para la muerte. Y esta pretensin no contiene ningn potencial de razn y no se abre ms a ningn potencial anlogo. Es completamente tautologizado y no ofrece ninguna posibilidad para una crtica inmanente.

He ah la razn por la cual hoy hace falta un nuevo pensamiento sobre el bien comn.

 

 

4. Clculo de utilidad contra vida humana

Estoy convencido de que hoy la humanidad no puede asegurar su sobrevivencia sin liberarse del clculo de utilidad. Sin em bargo, la Modernidad destruy esta libertad de una manera tan completa que ni tenemos una palabra para referirnos a ella. Se trata de la libertad frente a la compulsin del clculo de utilidad. Lo que ms la puede expresar es la palabra gratuidad. Pero tam bin al significado de esta palabra le falta la relacin con lo til en el sentido del bien comn. La libertad frente al clculo de uti lidad es til, pero se trata de un til que el clculo de utilidad destruye al ser totalizado.

Quiero presentar el desdoblamiento de la utilidad por medio de algunos textos que vienen de la Edad Media europea y, por tanto, del inicio de la Modernidad: textos de Hildegard de Bingen, gran mstica y abatiza del siglo XIII europeo. Por un lado, ella sostiene que toda la creacin est orientada hacia la utilidad de los seres humanos: toda la naturaleza debera estar a disposicin del ser humano, para que acte junto con ella, porque el ser humano no puede sin ella ni vivir ni existir (Riedel, Ingrid. 1994. Hildegard von Bingen. Prophetin der kosmischen Weisheit. Kreuz- Verlag. Stuttgart. p.125). "Toda la creacin, que Dios form en sus alturas y sus profundidades, la conduce hacia la utilidad pa ra el ser humano (Ibid. p.133). La naturaleza est conducida a disposicin y a la utilidad del ser humano. Sin embargo, esta destinacin de la naturaleza excluye precisamente para Hildegard su sometimiento irrestricto al clculo de utilidad. Las fuerzas del cosmos compelen al ser humano, para el bien de l, tomarlas en consideracin, porque las necesita para no hundirse (Ibid. D -145). Si el ser humano abusa de su posicin para cometer ac- -ones malas, el juicio de Dios conduce a las criaturas a castigarlo... " (segn Riedel [Op. Cit.] p. 133).

Este juicio de Dios est en el interior de la realidad. No es Dios quien castiga, sino Dios encarga a sus criaturas castigar al ser humano: "Y vi, que el fuego superior del firmamento derrama grandes lluvias llenas de suciedad y basura sobre la tierra, que provocaron en los seres humanos, pero tambin en plantas y animales, grandes lceras y llagas. Adems vi cmo caa del crculo negro de fuego una especie de neblina, que sec el verde y los frutos de la tierra" (Ibid. p.133). Estas reflexiones de Hildegard recuerdan las famosas palabras del jefe indio Seattle pronunciadas en 1855 frente a representantes del gobierno de EU, en un momento en el que el genocidio de la poblacin original del norte de Amrica estaba plenamente en curso y era ya previsible su resultado: "Nosotros sabemos esto: la tierra no pertenece al hombre. El hombre pertenece a la tierra. Nosotros sabemos, esto: todas las cosas estn relacionadas, como la sangre que une a una familia. Todas las cosas estn interrelacionadas entre s. Todo lo que sucede a la tierra, sucede a los hijos de la tierra, sucede a los hijos de ella. El hombre no trama el tejido de la vida. l es, sencillamente, una pausa en ella. Lo que l hace a ese tejido, lo hace a s mismo" (ver Dilogo Social 154, 1983. Panam).

Hay una utilidad, pero no es la utilidad del clculo del mercado. El clculo de utilidad ha ocupado hoy un lugar exclusivo para determinar el significado de la palabra utilidad. La utilidad, como la entiende aqu Hildegard, revela, en cambio, el peligro del clculo de utilidad para todo aquello til al ser humano. Es til para el ser humano respetar la naturaleza y reconocerla. Es til no someterse al clculo de utilidad y al clculo del mercado. ste es la ley destructora que, segn San Pablo, lleva a la muerte si se busca la salvacin en su cumplimiento. Desde el punto de vista del clculo individual de utilidad, todo eso, sin embargo, es intil.

Hildegard de Bingen conoce tambin este clculo de utilidad. Lo hace al presentar un dilogo entre la dureza del corazn y la misericordia. Segn Hildegard la dureza del corazn dice sobre s misma: Yo no he creado nada y tampoco he puesto en existencia a nadie. Para qu me voy a esforzar o preocuparme de algo? No voy a hacer en favor de nadie ms de lo que l me puede ser til a m. Dios, quien ha creado todo eso, debe preocuparse de su creacin y por el universo! Qu vida tendra que llevar si quisiera dar respuesta a todas las voces de alegra y de tristeza? Yo solamente s de mi propia existencia! (segn Slle, Dorothee. 1989. O Grn des Fingers Gottes. Die Meditationen der Hildegard von Bingen. Hammer Verlag. Wuppertal. p. 12). Hildegard hace contestar a la misericordia: Oh, ser hecho de piedra...!

Aqu se trata de la utilidad del clculo individual de utilidad como clculo del mercado. Sin embargo, segn Hildegard se expresa como extremo egosmo, como corresponde a la sociedad medieval de su tiempo. La dureza del corazn habla un lenguaje ms mentiroso en una sociedad como la burguesa, que ha totalizado el clculo de utilidad. Dice ahora: vicios privados son virtudes pblicas. De la dureza de corazn ha resultado lo que Bonhoeffer llama la "maldad abismtica". Lo til y la utilidad del clculo estn enfrentados y se encuentran en conflicto, por lo que la crtica al clculo de utilidad no se reduce a simple moral. Lo que se afirma es que el clculo de utilidad en su lgica abstracta amenaza los fundamentos de la vida humana y de la naturaleza. La misma naturaleza se rebela en contra de esta amenaza y las catstrofes que resultan son un juicio de Dios que habla desde el interior de la vida terrestre.

No puede haber duda de que aqullo que Hildegard de Bingen ve en el inicio de la Modernidad es hoy, en un nivel aplastantemente superior, nuestra experiencia. La globalizacin del clculo de utilidad produce efectos indirectos que hoy se hacen presentes como amenazas globales: la exclusin de grandes partes de la poblacin mundial, la disolucin interna de las relaciones humanas y la destruccin de la naturaleza. Se hacen presentes como fuerzas compulsivas de los hechos, que inevitablemente acompaan la totalizacin del clculo de utilidad. Hacen presente el juicio de la realidad sobre aqullo que ocurre.

Eso tiene consecuencias para el concepto de autorrealizacin del ser humano. Hay el intento de buscar la autorrealizacin en la lnea del clculo de utilidad. Normalmente eso es lo que hoy se quiere decir cuando se habla de autorrealizacin. Sin embargo, esta autorrealizacin es un proceso destructivo de mala infinitud. En ltima instancia el asesinato del otro es transformado en el ncleo de la autorrealizacin. La autorrealizacin, que se quiere realizar como individuo, se transforma en acto de desesperacin de un lobo de estepas, que no puede sino terminar en el suicidio.

La autorrealizacin solamente es posible en el otro y junto a l. Pero eso presupone una utilidad que est en conflicto con el clculo de utilidad. Esta utilidad no es calculable porque rompe el clculo de utilidad totalizado. Se trata de la utilidad que est en la afirmacin del otro -en ltima instancia el otro es la humanidad y el cosmos- del cual soy parte al ser yo en el otro y el otro en m. No se trata de efectuar algn sacrificio en favor del otro para que pueda vivir tambin. Que el otro viva es condicin de la posibilidad de mi vida. Al afirmar yo esta relacin me autorrealizo. Implica excluir el asesinato como medio de la autorrealizacin. Aparece un principio de la autorrealizacin que sigue de un postulado de la razn prctica que sostiene: asesinato es suicidio.

Estamos hoy enfrentados a una pregunta de este tipo que surge a partir del hecho de que hoy Occidente entrega todo un continente -es decir: frica- a la destruccin por exclusin. Por largos siglos frica era para los pases europeos, y despus tambin para EEUU, una regin de caza de esclavos, que los abasteca con trabajo forzado que ellos ocupaban. Posteriormente, en el curso del siglo XIX fue conquistado como colonia y expoliada. Despus de su independencia, a partir de la II Guerra Mundial, fue obligado a integrarse en el sistema mundial capitalista y lleg hoy al borde de una incapacidad de vivir. Occidente ahora lo entrega a su suerte, pero sigue con el pillaje. Eso es un asesinato de largo alcance, posiblemente uno de los peores que Occidente ha cometido. La destruccin de frica es el resultado de acciones de Occidente rgidamente orientadas por un clculo de utilidad. l postulado de la razn prctica sostiene: tambin este asesinato es suicidio. Pero ningn clculo puede comprobar eso. Todos los clculos de Occidente suponen que este asesinato no es suicidio. Pero el postulado de la razn prctica sostiene que s lo es. Occidente se destruye a s mismo al destruir de esta manera a los otros. Esta relacin circular recibe hoy por la progresiva globali-zacin del mundo solamente una expresin ms urgente. No se puede derivar calculablemente este postulado de la razn prctica. Pero su inversin tampoco puede ser derivada en trminos calculables, aunque sea la base de la reduccin de la vi da humana a la calculabilidad del clculo de utilidad. Eso siem pre nos va a llevar a un raciocinio anlogp a la apuesta de Pas cal. Sin embargo, el postulado de la razn prctica asesinato es suicidio hace una afirmacin sobre la realidad y sus caractersticas. Por tanto, tiene la forma de un juicio de experiencia, que di ce algo sobre lo que es la realidad. Pero ya rns all de la calculabilidad. Si se lo invierte, se llega a un juicio de experiencia con trario: asesinato no es suicidio. Sigue siendo un juicio de expe riencia que permite reducir la realidad al clculo de utilidad y que, por tanto, subyace a cualquier totalizacin del clculo de utilidad. La pregunta ser: cul de estos dos juicios contrarios es falso?

Sin embargo, no es suicidio esta totalizacin del clculo de utilidad? Efectivamente es el suicidio en el cual est nuestra so ciedad actual. Si eso es cierto, entonces el juicio asesinato no es suicidio es falso y contiene una apologa del suicidio.

Entonces cul de los dos juicios contrarios de experiencia es correcto? No hay sino una respuesta: asesinato es suicidio. Si se sostiene lo contrario solamente se afirma eso como postulado de la razn prctica. Eso, sin embarego, es anlogo a la apuesta de pascal que llega al mismo resultado.

Pero en cuanto que el postuladio de la razn prctica expresa un juicio de experiencia, no es un juicio tico. Solamente si excluimos el suicidio, sigue una tica en forma de la necesidad de un deber: no matars. No sigue analticamente del juicio de experiencia por el hecho de que no se puede excluir el suicidio por medio de una juicio analtico.

Eso nos hace volver al ncleo celeste de lo terrenal. Lo que se ecpresa es la vida, que enfrenta al clculo de utilidad para subordinarlo. Se trata del bien comn, que es el bien de todos y por eso el bien de cada uno. Pero no se puede expresar por medio del clculo de utilidad de cada individuo, con el cual est constantemente en conflicto. Resulta u8n conflicto que es tantio interno al sujeto co0mo a la sociedad. Este bien comn tampoco es comprensible como clculo de utilidad de grupos o Estados. No es utilidad pblica, que siempre es un clculo de utilidad de grupos. Tambin lo que se llasma realpolitik no es ms que un clculo de utilidad desde el punto de vista de Estados. En el caso extremo ni el clculo de utilidad de la humanidad entera resulta ser este bien comn. Inclusive la utilidad calculada de la humanidad puede entrar en conflicto con el bien comn.

Los clculos de utilidad de grupos tambin constituyen solidaridades. Eso comprueba precisamente que la solidaridad es un valor formal y no puede constituir el bien comn. Sin embargo, solamente en el interior de solidaridades se puede hacer presen te el bien comn, pero se trata entonces de solidaridades especi ficadas por el bien comn.

De esta manera resulta, a partir del postulado de la razn prctica, un acceso a la tica. No se trata de una tica normativa y absoluta, sino del principio de generacin de la tica en cuanto tica necesaria. Tiene como sus presupuestos: el postulado de la razn prctica: asesinato es suicidio, y el sujeto que se afirma como sujeto concreto vivo.

Dado el postulado, de la afirmacin del sujeto sigue una ti ca, que no consiste en un conjunto de normas, sino en una his toria de la produccin de normas. Las normas se descubren co mo normas que corresponden al principio de la generacin de la tica. Por eso esta tica puede ser histrica. En cada momento histrico hay que decidir de nuevo cul es la tica que correspon de a la situacin. Pero nunca se trata de normas como deber de cumplimiento, sino de normas como mediacin entre el sujeto y una realidad, en la cual asesinato es suicidio; no se trata sola mente de un principio de la generacin de la tica, sino de la ge neracin de la religin, incluido el atesmo. Por esta misma razn el reino de Dios no es una sociedad ms justa ni su anticipacin, sino la realidad trascendente que empuja desde el interior de la realidad emprica hacia la constitucin de sociedades justas. Es cuchar el llamado que viene de esta realidad trascendente es condicin de posibilidad de la propia realidad emprica. El resul tado es que quien no quiere el cielo en la tierra deja el infierno en sta, el que estamos viviendo.

 

 

5. La hegemona de las burocracias privadas transnacionales*

Desde los aos setenta del siglo XIX la gran empresa se transform en burocracia privada (lo analiza Max Weber), y despus de la II Guerra Mundial esa gran empresa, que desde su comienzo fue de alcance mundial, mediante una transformacin ms profunda se convirti en una empresa de produccin mundial, que como burocracia privada logr ponerse encima de la burocracia pblica -hacindola apndice suya- hasta ser hoy el poder clave a partir del cual puede entenderse la situacin del mundo. Este poder -que niega ser burocracia y dice ser "iniciativa privada" en lucha contra la burocracia-, que es expresado y detentado por las empresas transnacionales, est llegando a un punto crtico, a una encrucijada.

Antes de la II Guerra Mundial las empresas mundiales eran de compra y venta y concentraban su produccin en determinados lugares del planeta, pero despus de dicho momento, y ms intensamente desde los aos setenta del siglo XX, surge una nueva empresa de produccin mundial que distribuye las etapas de produccin de sus productos en el mundo entero -segn las diferencias entre costos de produccin- y funciona tan coordinadamente como la vieja empresa. Esta nueva surge a partir de determinados inventos: (1) Transmisin barata de mensajes con velocidad instantnea por todo el planeta (si bien la transmisin instantnea empez a mediados del siglo XIX con la cablegrafa, el cubrimiento de toda la Tierra, incluyendo imgenes en los mensajes, apareci apenas despus de la II Guerra). (2) Clculos baratos con velocidad casi instantnea y con capacidad tendencialmente ilimitada (despus de la II Guerra Mundial, especialmente a partir de los aos setenta). (3) Transportes baratos mundiales que alcanzan cualquier lugar del mundo en menos de 24 horas. Todo esto hace a las empresas sumamente mviles, seme jndose muchas veces la etapa final del proceso de produccin a un simple lugar de ensamblaje. A partir de los aos setenta estas empresas, llamadas transnacionales, se desarrollan muy rpida mente, y entre ellas estn no solamente las grandes conocidas si no tambin muchas de tamao medio.

Aparte de las recin mencionadas condiciones que han he cho posible la constitucin de empresas de produccin mundial, hay otras de carcter institucional -para la fluidez de los merca dos- que posibilitan que logren un rendimiento mximo, las cuales ellas exigen. Estas condiciones implican un cambio radical en relacin con el capitalismo anterior, que era intervencionista y poda existir con polticas de intervencin en los mercados de parte de los estados nacionales. Pero la lgica de la empresa de produccin mundial se opone radicalmente al intervencionismo de la poltica econmica de los estados nacionales: se opone a la proteccin de mercados, a la poltica de pleno empleo, a la planificacin del desarrollo local, nacional y regional, al control de los flujos del capital y de las divisas, a las reservas del mercado impuestas por el estado, a la propiedad pblica, a polticas labo rales en favor de la estabilidad laboral y los sindicatos, etctera.

El conjunto de estas exigencias, surgidas desde el interior del funcionamiento de las empresas de produccin mundial, est en los ajustes estructurales impuestos al mundo desde los aos ochenta. La promocin de las empresas de produccin mundial y los ajustes estructurales son dos caras de una sola medalla. Aparecen con la empresa de produccin mundial y los programas de ajuste estructural les dan sistematicidad y un nombre.

Extirpar lo que "distorsione" al mercado

Los ajustes estructurales se refieren especialmente a tres di mensiones de la sociedad: (a) La apertura tendencialmente ilimi tada para el capital financiero y las corrientes de divisas y mercancas, (b) La reestructuracin del estado en la direccin de un estado policial y militar (parece ahora que el estado policial sig nifica libertad y el estado social esclavitud), quitndosele a ste las funciones de la poltica de desarrollo y de la poltica referente a la infraestructura econmica y social, de lo que se deriva la privatizacin de las propiedades pblicas, que resulta en una nueva acumulacin originaria, apareciendo en el mundo entero un pillaje de estas propiedades (una nueva acumulacin originaria), (c) La flexibilizacin de la fuerza de trabajo, que trae consigo la anulacin de derechos de importancia decisiva, producto del contrato de trabajo, como la proteccin frente al despido y la proteccin de la mujer y de los nios etctera; las seguridades sociales son disueltas y los sindicatos tambin, o debilitados.

La imposicin de estas medidas de ajuste estructural es acompaada en los pases clave de Amrica Latina (Brasil, Chile, Uruguay, Argentina) por el terrorismo de estado, que mantiene hoy una importancia clave dentro de la estrategia de globalizacin -como todava en Colombia y Mxico.

La imposicin de los ajustes estructurales va de la mano de la propagacin de la ideologa de la competitividad y de la eficiencia, por lo que se los justifica como una poltica de eliminacin de las distorsiones del mercado o de eliminacin de los "interruptores" de la movilidad del mercado. La economa se conduce ahora en trminos de una guerra econmica en la que se trata de conseguir ventajas competitivas que hagan posible salir victorioso de ella. La situacin misma de los pases es discutida en trminos de su competitividad, y toda actividad social es evaluada segn su aporte a esta competitividad. El economista, y sobre todo el administrador de empresas, se convierten en asesores militares de esta guerra econmica, ya no siendo su funcin hacer teora o entender qu significa esta manera de enfocar la economa, sino aportar para ganar la guerra. Por eso, la teora econmica se torna cnica. En esta guerra econmica las medidas de ajuste estructural sirven para preparar y limpiar el campo de batalla, lo cual a las empresas enfrentadas les interesa, para poder luchar sin ser "distorsionadas".

Desde nuestro punto de vista, esta eliminacin de las distorsiones del mercado tiene una importancia central, pues la lgica real del proceso de globalizacin se expresa ms ntidamente en trminos de esa eliminacin, all se hace presente el proceso arrollador del mercado total como un gran engranaje que sigue una lgica propia, y la impone, autorreproducindose en tanto tal, "perfeccionndose" en trminos de su propio funcionamiento. El engranaje del mercado aparece como una gran maquinaria computacional que necesita ser perfeccionada, y las llamadas dis torsiones son consideradas elementos de friccin en ese funcio namiento, por lo que hay que eliminarlas.

La empresa de produccin mundial empuja el proyecto y puede imponerlo en el grado en que logra el apoyo de los estados para su realizacin. No se trata de un proyecto de totalizacin de algn mercado ideal, sino de un proyecto de fluidez de los mer cados en tanto ambiente en el que actan las empresas mundiales. Como tal es coherente, y su realizacin se efecta en forma de una lucha contra las "distorsiones" o los "interruptores" del mercado. Todo lo que se interponga a la fluidez de los mercados es visto como distorsin.

De esta manera, lo que desde los aos noventa se llama pro yecto de globalizacin logra su coherencia. Las funciones del es tado como organizador del desarrollo, su funcin de garantizar una infraestructura social y su funcin de promover un sistema educacional de referencia universal aparecen ahora como distorsiones del mercado. Tambin las reglamentaciones referentes al uso del ambiente aparecen como tales, y asimismo la defensa del nivel de vida de la poblacin. Las organizaciones populares, inclusive los sindicatos, son percibidos como distorsiones. El esta do es visto como distorsin del mercado nicamente en relacin con sus funciones de desarrollo econmico y social, pero su funcin de promotor del proyecto de globalizacin es decisiva para ste, por lo que su desmantelamiento es una reestructuracin de l en funcin de la promocin del proyecto e, inclusive, de subvencin financiera de su empuje. Pero ahora se trata de subven ciones de cantidades inauditas hacia las empresas mundiales, a las cuales normalmente se da el nombre de "incentivos". De es te estado se habla como "estado mnimo", aunque sea un estado mximo.

A esta luz, las polticas intervencionistas anteriores aparecen como distorsiones del mercado, por lo que se habla de anti-intervencionismo, pero el estado transformado es altamente intervencionista en las relaciones humanas y en las relaciones con la na turaleza. Para no intervenir en los mercados tiene que intervenir en todas las relaciones sociales en nombre de la privatizacin y de la flexibilizacin. Y no se debe olvidar que la privatizacin es una poltica de los poderes pblicos -que la hacen- y no de los privados; los intereses privados solamente pueden empujar pol ticas de privatizacin de parte de los poderes pblicos.

Sin embargo, esta poltica transforma las empresas transnacionales -de produccin mundial- en poderes por encima de los poderes pblicos, y stos las erigen como sus seores. Con eso, las empresas junto con los poderes pblicos eliminan los dere chos humanos de la vida humana de sus respectivas agendas. Pe ro no son las empresas las que se imponen sino los poderes pblicos, que imponen a las empresas y su lgica a la vida humana y a los poderes pblicos mismos. Con ello se establece el poder de burocracias privadas por encima de las burocracias pblicas, que ahora se transforman en el apndice de una dominacin ab soluta hecha presente en estas burocracias privadas.

El efecto de los ajustes estructurales es la imposibilidad casi completa de los pases dependientes de promover un desarrollo econmico autoconcentrado. No pueden promover nuevos centros de actividad moderna, porque los ajustes estructurales ex cluyen las medidas necesarias para hacerlo. La proteccin de in dustrias, el control de divisas, la promocin -inclusive financiera- de empresas nacionales en su competencia con empresas extranjeras, toda poltica de desarrollo local, nacional y regional quedan relegados. Aunque el conjunto de empresas del sector moderno tenga mucho dinamismo interno, ste no es expansivo a nuevas regiones ni en relacin con el empleo de nueva fuerza de trabajo. Aparece, entonces, el "estancamiento dinmico", que tambin se ha llamado "crecimiento sin nuevos puestos de tra bajo" (jobless growth). Alrededor del sector moderno de la economa se extienden cada vez ms los sectores informales y precarios sin ninguna perspectiva a largo plazo; y los sectores modernos se transforman en archipilagos en un mar de precariedad. Si se da un aumento del empleo, ocurre en estos sectores y no en los mo dernos.

Excepciones solamente se dan donde los pases en desarrollo n o se someten indiscriminadamente a los ajustes estructurales, lo que ocurri especialmente en Asia oriental: aparecieron pasesumamente dinmicos (los tigres) que lograron promover centros propios de desarrollo moderno y empresas transnacionales con capacidad competitiva. Sin embargo, con la crisis asitica de 1997 fueron restringidos en su capacidad de desarrollo autno mo, que sobre todo vale para Corea del Sur.

Desaparicin de los derechos humanos

La estrategia de globalizacin -realizada a travs de los ajus tes estructurales- ha borrado los derechos humanos de la vida humana, dejando sin efecto los logros pasados en esta materia -derechos de la vida, salud, educacin, alimentacin, vivienda- y haciendo imposible volver a recuperarlos. Derrotada la burocracia pblica, la burocracia privada asumi el poder en nombre de los derechos humanos reducidos al derecho de propiedad privada, que es ya el nico reconocido. En esta situacin es margina do el estatus fundacional del ciudadano. Solamente la burocra cia pblica tiene ciudadanos; la burocracia privada tiene nada ms que clientes, en todo el mundo, pero con los que no son clientes no tiene nada que ver. Clientes se puede tener mundialmente, pero no hay ciudadanos del mundo. La actual exclusin de la poblacin es el resultado de la imposicin de las burocra cias privadas sobre la burocracia pblica; la ciudadana ha perdido su significado. Y como los derechos humanos del ser humano especfico -sus derechos emancipatorios- fueron declarados a partir de la ciudadana, ya han perdido su vigencia.

Max Weber, que vio esta transformacin de la empresa pri vada en burocracia privada, habl de "las organizaciones capita listas privadas, organizadas de una manera cada vez ms burocr tica". Y dijo que "una vez eliminado el capitalismo privado, la bu rocracia estatal dominara ella sola. Las burocracias privada y p blica, que ahora trabajan una al lado de la otra, y, por lo menos posiblemente, una contra otra, mantenindose pues, hasta cierto punto mutuamente en jaque, se fundiran en una jerarqua nica: A la manera, por ejemplo, del Egipto antiguo, solo que en forma incomparablemente ms racional y, por tanto, menos evi table" (Economa y Sociedad). Pero se equivoc, porque donde la burocracia pblica logr imponerse a las burocracias privadas - como en el socialismo sovitico- fueron los ciudadanos los que al fin rompieron su poder. Y lo que Weber ni siquiera sospech fue la actual imposicin de las burocracias privadas, que devoran a las burocracias pblicas. Weber crey que la competencia controla a la burocracia privada y que el peligro consiste en la burocracia pblica, por lo que sigui pensando en trminos de derechos humanos identificados con el derecho del propietario. Pero hoy no puede haber mucha duda de que es la competencia irrestricta la que lleva al dominio absoluto de la burocracia privada sobre el mundo entero, haciendo pedazos el poder pblico. Hoy, la posibilidad que Weber vea termin. Derechos humanos hoy tienen que ser derechos especficos del ser humano, y estos derechos son derechos de un ser natural, corporal. Solamente derechos humanos en este sentido se pueden enfrentar a la tendencia obvia a la dominacin absoluta de la burocracia privada -poderes sin ciudadanos- sobre los seres humanos, una tendencia que nos condena a todos a un viaje en Titanic.

Socavacin de la democracia

La estrategia de globalizacin ejecutada hace surgir un poder por encima de toda autoridad poltica. Cuanto ms los mercados se totalizan, tanto menos resulta posible una poltica frente a los mercados. Aparecen poderes del mercado que quitan a la poltica su independencia, que operan en nombre de la tcnica, de manera que toda poltica econmica ahora es aparentemente la aplicacin de una tcnica, que se presenta como la nica forma de racionalidad, frente a la que la poltica parece ser un mbito de irracionalidad. Pero estos poderes del mercado dominan la esfera del capital y, por tanto, de los medios de comunicacin. No admiten ninguna poltica frente al mercado, sino imponen el poder del mercado en nombre de la tcnica, la eficiencia y la competitividad, que se erigen en las instancias de juicio sobre todos los valores humanos. Como consecuencia, la poltica mantiene solamente su autonoma en espacios neutrales desde el punto de vista del poder del mercado y que no interfieren con la determinacin de la sociedad entera por el poder del mercado, el cual determina el marco dentro del cual la poltica es posible.

De esta manera emerge una especie de gobierno extraparlamentario, que es efectivamente un gobierno mundial que ejerce poder sin asumir las funciones del gobierno ni sus responsabiades. No necesita ninguna legitimacin democrtica, sino que se legitima por medio del mercado como la instancia superior de toda vida social. Por eso est por encima de toda mayora democrtica, que deja de ejercer el poder. Las elecciones no pueden determinar nada que est en conflicto con esta voluntad general pretendida del mercado. Las instancias polticas resultan relati-vizadas.

Este gobierno extraparlamentario mundial tiene en sus manos, por un lado, los medios de comunicacin y, por el otro, el capital, y gobierna mediante su capacidad de condicionar a los gobiernos polticos legtimos. La huelga del capital lleg a tener importancia central en este condicionamiento de toda poltica. Eso transform la bolsa en el criterio determinante de los polticos. La huelga del capital -fuga de capital, migracin de empresas, etctera- puede presionar de tal manera la poltica que sta pierde su capacidad de orientarse segn la voluntad de los electores. Eso ocurre en el contexto de una opinin pblica que est bajo la influencia dominante de los medios de comunicacin, en manos de este mismo gobierno extraparlamentario.

Este poder del mercado, sin embargo, es un poder annimo y no debe entenderse como un complot planificado. Surge de fuerzas compulsivas de los hechos del mercado. Opera mundialmente, sin tener una coordinacin central por instancias humanas.

Desesperanza y esperanza

Al existir la conviccin de que no hay alternativas al sistema actual, como lo afirma ahora el poder total, se establece una cultura de desesperanza, y sta es la crisis que vivimos. Las organizaciones de clase o revolucionarias, los movimientos de cambio, la orientacin hacia una nueva sociedad, surgieron de la cultura de esperanza de los aos cincuenta y sesenta. Formularon la esperanza o la manipularon, pero se basaron en ella. Afirmaban alternativas. La destruccin casi general de los movimientos populares y del estado de reformas (intervencionista) acab con esta cultura, logrando una gran fuerza de conviccin a partir de la crisis del socialismo en Europa oriental.

Especialmente en el Tercer Mundo, pero tambin en el Primer Mundo, se lleva a cabo una guerra psicolgica tratando de convencer a los seres humanos de que son superfluos, lo cual, una vez logrado, trae como consecuencia que ellos empiezan a destruirse mutuamente en vez de ser solidarios. Creo que el pri mer autor que describi con plena conciencia este mecanismo fue Nietzsche, que saba sorprendentemente bien que el hombre hecho superfluo, y considerado a s mismo como tal, se autodestruye. As, las rebeliones se transforman en movimientos irracio nales que al fin no tienen sentido: el Caracazo, en febrero de 1989, fue un movimiento que llev a la primera de estas rebelio nes sin destino, terminando en una masacre de miles por la mano militar, que ni conmovieron ni hicieron noticia. Las actuales rebeliones en Argentina tienen un carcter parecido. El sistema no se conmueve.

Desde fines de los setenta -cuando la estrategia de globalizacin se impuso por los ajustes estructurales- se desataron los ase sinatos-suicidios, esos crmenes resultado de la desesperanza que han marcado las dcadas siguientes. Empezaron en EU en colegios, oficinas, en la calle; se propagaron rpidamente y aparecie ron en Europa, Japn, Palestina, frica, China y en el resto de Asia. Su culminacin fue el atentado de 2001 en Nueva York.

Pero no todo es desesperanza. Surgen cada vez ms movi mientos contestatarios en nombre de que un mundo mejor es po sible. Se coordinan entre s sin intentar formar un gran movimiento unificado ni constituirse en partidos polticos, aunque varios partidos los apoyen. Llegan a ser conocidos con grandes manifestaciones en ocasin de las reuniones de organismos inter nacionales financieros. Se hacen presentes durante los ltimos aos en Seattle, Davos, Praga, Genova y Quebec. En 2001 se renen por primera vez a nivel mundial en Porto Alegre, Brasil, donde organizan un congreso con decenas de miles de participantes, que a fines de enero de 2002 se repetir en el mismo lugar, espern dose 20.000 participantes de todo el mundo.

Estos movimientos promueven un pensamiento en trminos de alternativas con una doble orientacin: por un lado, para obli gar al sistema mundial a reformular toda su estrategia de acumu lacin de capital llamada estrategia de globalizacin y, por otro lado, para responder a la desesperanza, que cada vez ms desem boca en reacciones irracionales sin destino. Se trata de un movimiento cuyos participantes vienen de todos los sectores de la po blacin -no es entonces clasista-, y en sentido literal no es un movimiento anti-globalizacin, sino que es de enfrentamiento de la actual estrategia de acumulacin mundial de capital. Lo hace precisamente en nombre del hecho de que hoy el mundo es efectivamente un mundo global que hace falta defender frente a esa estrategia -que se autoproclama globalizacin- y que se ha convertido en la hasta ahora peor amenaza para la sostenibilidad de la humanidad y la tierra. Es un movimiento de defensa de la tierra hecha global de los "globalizadores" provenientes de las burocracias privadas y apoyadas por gobiernos, que se sienten responsables ante el capital en vez de ante la gente y todo nuestro mundo.

Este movimiento, presente en todos los pases y en todos los sectores de la poblacin, est haciendo conciencia de las consecuencias fatales que la actual estrategia vigente tiene sobre el futuro de la humanidad. Se est transformando en el ncleo de una conciencia alternativa: un mejor mundo es posible. Hace ver que la misma globalidad de la Tierra exige una alternativa.

Crisis del poder de las burocracias privadas

Las burocracias privadas de las empresas transnacionales impusieron a todo el mundo una estrategia de acumulacin de capital que lo destruye globalmente. Hoy, despus de dcadas de imposicin, aparecen las reacciones, que, como muestran los atentados de Nueva York, pueden ser tan nefastas como lo es la estrategia del poder misma. Eso lleva a la crisis del poder, que no es de por s terminal, que tiene hoy todava el carcter de una encrucijada. Por un lado, es posible reconsiderar toda la estrategia de acumulacin de capital llamada globalizacin en funcin de la responsabilidad por una humanidad y una tierra que llegaron a ser globales y que tienen que ser respetadas globalmente para que nuestra vida hacia el futuro sea posible. Pero por el otro lado el poder puede caer en la ilusin de salvarse por la imposicin bruta de su estrategia contra viento y marea.

En este segundo caso, tiene que imponer un sistema de apoyo diferente del que ha regido hasta ahora. Para sostener el mercado total que impuso tiene que complementarlo con un sistema poltico totalitario y mundial que calle todas las respuestas posi bles. En nombre de la guerra antiterrorista aparece, indudable mente, la tendencia hacia este sistema totalitario mundial, que pr etende una suerte de pinochetismo mundial. Toda la lucha del poder va en esta direccin: es el proyecto de los que Stiglitz llama fundamentalistas del mercado, los talibanes en la Casa Blan ca.

No existe en el mundo un poder que pueda enfrentar el intento de constitucin de un poder poltico total complementario del poder de las burocracias privadas en el mercado total. Sin embargo, no es probable que ste se instaure segn sus pretensiones. Podr destruir pases y matar poblaciones, pero difcilmente evitar un desmoronamiento interno por las reacciones irracio nales que provoca -como los atenta dos de Nueva York-, que por irracionales no es posible prevenirlas. La guerra antiterrorista es una simple ilusin y las rebeliones espontneas sin proyecto no tienen conductores que se pudieran reprimir de antemano. Por eso, si el sistema sigue insistiendo en la imposicin ciega de su poder en la lnea de su estrategia asu mida, provocar solamente un perodo de decadencia, del cual no podemos saber cunto durar y qu desastres provocar.

Frente a eso es que se define el movimiento de oposicin a la estrategia de acumulacin de capital denominada globalizacin, movimiento que no quiere fusiles ni terror, sino solamente sub vertir la legitimidad del sistema en grupos cada vez ms amplios, y preparar alternativas para el momento, ahora que este sistema se hace insostenible por las consecuencias desastrosas que est produciendo.

 

 

6. Intervenir el mercado para acrecentar la justicia

La crtica al mercado tiene mucho en comn con la crtica al estado. Muchas frmulas se repiten con palabras diferentes y, si- milarmente a como hoy se habla con razn de la idolatra del mercado, hace unos 50 aos poda hablarse de la idolatra del es tado. La frmula del mercado total corresponde a la del estado total. Reagan deca: "no tenemos problemas con el estado, el estado es el problema", constituyendo eso el lema de un simple antiestatismo. Si la crtica desemboca en esta posicin se paraliza a s misma, obstaculizando cualquier desarrollo democrtico del estado. Ante la imposibilidad de abolir el estado, se intenta convertirlo en un miniestado concentrado en sus funciones represi vas, abandonando todas las otras, el cual fcilmente puede de sembocar en un maxiestado. Y si se mantiene la democracia, s ta se vaca.

Cambiando un poco la frmula de Reagan, llegamos al im passe de la crtica al mercado: "no tenemos problemas con el mercado, el mercado es el problema", paralizndose as la crtica al mercado sin lograr sustituir ste por alguna otra institucin, si no solo obstaculizndolo. En importante medida eso ocurri con la crtica de Marx al mercado, que, siendo la mejor elaborada que tenemos, desemboc en la incapacidad de hacer una polti ca racional frente al mercado y paraliz muchos movimientos po pulares. Seguramenre, una parte importante de la explicacin del colapso del socialismo est en la parlisis provocada por una crtica al mercado que llev a la imposibilidad de actuar: se quera abolir el mercado - o, en caso de imposibilidad, minimizarlo- para superar sus deficiencias -que es como abolir los automviles para terminar con los accidentes de trfico.

Para discutir realistamente el problema de la justicia frente al mercado se hace necesario, pues, partir de la existencia del mer cado y del estado como resultados de la propia condicin humana y como condiciones de posibilidad de la vida humana. Ningn orden del mercado es posible si no est garantizado por el estado, y como si se les abandona a su propio movimiento inerte ambos pueden volcarse en contra de la vida humana, socavndola, existe siempre la tendencia a intervenirlos. Ocurren, entonces, totalizaciones del estado o del mercado. Ni la simple razn del estado puede ser gua del orden poltico ni la razn del mercado puede serlo del orden del mercado. Lo cual en el plano del estado lleva a la exigencia de la democratizacin del poder poltico y en el plano del mercado a la exigencia de intervenirlo en funcin de la justicia. Intervencin sta que, sin ser absolutamente independiente del estado, no es necesariamente estatal, sino en muchos casos ejercida por organizaciones de la sociedad civil como sindicatos y cooperativas. Pinsese en el reconocimiento del derecho de huelga, en la legislacin a favor de las cooperativas, en los sistemas pblicos de seguridad social y de educacin... en las polticas de pleno empleo, de proteccin del ambiente... Pero la sociedad actual denuncia la intervencin en los mercados considerndola distorsiones y, donde ocurre, la quiere restringir al mbito estrictamente privado.

En consecuencia, las actividades del sector informal o de economa solidaria sufren una fuerte limitacin por el hecho de que los poderes pblicos no las acompaan. El estado abandona sus funciones y hasta llama a la sociedad civil a asumirlas, pero sta no puede sustituir a aqul en las actividades pblicas correspondientes. La sociedad civil abre muchos nuevos caminos pero stos son fcilmente abandonados si el poder pblico no asume sus funciones complementarias. La sociedad civil puede mostrar nuevas posibilidades, pero muchas veces solamente el poder pblico es capaz de llevar aqullas a una realizacin de alcance universal. Por eso, proyectar una sociedad civil vigorosa supone, como complemento, un desarrollo vigoroso de las actividades econmicas y sociales del poder pblico.

Las muchas actividades de la sociedad civil en el campo de la economa solidaria son pequeas, pero algunas muy importantes y hasta decisivas para quienes participan en ellas, y cumplen la funcin adicional de ser proyectos piloto con la potencialidad de adquirir carcter simblico y ser clulas de nuevos movimien tos populares que planteen una reorientacin estatal en los cam pos econmico y social. Y ms necesario ser esto ltimo cuanto ms se desarrollen esas actividades de la sociedad civil.

Recordando que la actual orientacin de la poltica estatal hacia la privatizacin de las funciones del estado es una poltica estatal y no privada, creemos que el desarrollo actual de la socie dad civil implica un proyecto de sociedad en la que quepan to dos y todas, cuyo ncleo no lo constituyan grupos polticos sino las actividades que hoy se desarrollan a partir de esa sociedad civil y que pueden empujar tal proyecto de sociedad, y que impli can una reformulacin de la actual ideologa antiestatista del estado, la cual transforma a ste en aparato represivo y a la demo cracia en un mercado de votos, socavndola. La democratizacin exige reformular este estado y ponerlo al servicio de movimien tos democrticos y populares.

La crtica del mercado es parte de cualquier actividad para asegurar la justicia en el mercado. Debe practicarse continuamente para demostrar que, sin actividades de correccin, el mer cado se vuelca contra la vida humana. La crtica del mercado subyace a la crtica de la idolatra del mercado, y sta presupone aqulla - las instituciones son idolatradas en cuanto se les concede un carcter absoluto e incuestionable (el dolo es la puesta de una obra humana en contra de la vida humana en nombre de al guna referencia superior que la diviniza).

Mucho se habla hoy de que la sociedad es compleja, pero con demasiada frecuencia se cree, como lo hace Hayek - uno de los primeros pensadores de la complejidad-, que la respuesta a ello son las soluciones simples. Ante la complejidad de la sociedad actual, l simplemente receta propiedad y cumplimienro de contratos; receta que todava aplican ciegamente los organismos fi nancieros internacionales encargados de la poltica econmica mundial. Por el contrario, a la complejidad le corresponden solu ciones complejas.

 

7. tica del bien comn para evitar la muerte colectiva

La relacin mercantil, hoy totalizada, produce distorsiones de la vida humana y la naturaleza que amenazan esta vida, y precisamente la vivimos como amenaza. Experimentamos el hecho de que el ser humano es un ser natural con necesidades que van ms all de simples propensiones a consumir. Satisfacer necesidades resulta ser la condicin que decide sobre la vida y la muerte, mas la relacin mercantil totalizadora no puede discernir entre la vida y la muerte, sino que es una gran mquina aplanadora que elimina toda vida que se ponga en el camino por el que avanza. Pasa por encima de la vida humana y la naturaleza sin ningn criterio, salvndose solo quien logra quitarse de su paso.

La aplanadora del mercado interpreta como interruptor o factor distorsionante cualquier resistencia a su lgica y a su afn expansionista, y cuanto ms consigue eliminarla ms amenazante se torna para los humanos y la naturaleza, transformndose en interruptor de la vida humana y en elemento distorsionante del desarrollo de sta. Y es que desde el punto de vista del mercado como sistema las exigencias de la vida humana son exclusivamente distorsiones, mas desde el punto de vista de los afectados esta mquina aplanadora es una distorsin de la vida humana y de la naturaleza.

La tica del bien comn surge como consecuencia de la experiencia - por parte de los afectados - de las distorsiones que el mercado produce en su vida y en la naturaleza. Si las relaciones mercantiles no produjeran tales distorsiones no habra ninguna etica del bien comn - la tica del mercado sera suficiente-; si las relaciones mercantiles no produjeran esas distorsiones, la vida humana y de la naturaleza estaran aseguradas por simple inercia y no habra que preocuparse por ellas, igual que una persona sana no se preocupa del latido de su corazn. La conciencia de que el ser humano es un ser natural no hara falta. De hecho, cuando los tericos neoclsicos de la economa hablan de una tendencia al equilibrio estn hablando de una idealizacin utpica de ese tipo.

As, pues, la tica del bien comn resulta de la experiencia y no es una derivacin apriorstica de ninguna supuesta naturaleza humana: se experimenta el hecho de que las relaciones mercantiles totalizadas distorsionan la vida humana y, por consiguiente, violan el bien comn. La misma experiencia de la distorsin hace aparecer el concepto del bien comn, en cuanto se hace presente como resistencia. Pero sta es una experiencia del afectado por las distorsiones que el mercado produce; quien no se siente afectado no percibe ninguna necesidad de recurrir a una tica del bien comn (l puede decir: "los negocios van bien, por qu hablar de crisis?"). No se trata de simples opciones, sino de capacidades de hacer experiencias e, inclusive, de entender experiencias de otros.

El bien comn en nombre del cual surge la tica del bien comn es histrico: en el grado en que cambian las distorsiones que la relacin mercantil totalizada produce, cambian tambin las exigencias del bien comn. No se trata de ninguna esencia esttica apriorstica que sepa de antemano todo lo que la sociedad tiene que realizar - eso lo cumplira la tica del bien comn tal como surgi en la tradicin aristotlico-tomista, la cual deriva un bien comn anterior a la sociedad que expresa leyes naturales vigentes para todos los tiempos y todas las sociedades y que se considera por encima de cualquier ley positiva, apareciendo as el bien comn como un saber absoluto por aplicar. En la tica del bien comn que surge hoy ocurre exactamente al revs: la vida humana, afectada por las distorsiones producidas por el mercado totalizado, no se puede defender sino por exigencias relacionadas con estas distorsiones, exigencias que resultan ser el bien comn, el cual se desarrolla con el tipo de distorsiones producidas. Sin embargo, a pesar de que el bien comn es un resultado de la experiencia y no algo deducido de esencias, puede hacerse una deduccin en sentido contrario: al experimentar la necesidad de oponer al sistema de mercado un bien comn el ser humano, como ser natural, resulta anterior a ese sistema - pero esto ahora es una conclusin, no un punto de partida.

Esta tica del bien comn surge en conflicto con el sistema, porque no es derivable de ningn clculo de utilidad (inters propio). El bien comn se destruye en el grado en que toda accin humana es sometida a un clculo de utilidad: la violacin del bien comn es el resultado de esta generalizacin del clculo de utilidad. Por eso el bien comn tampoco se puede expresar como un clculo de inters propio a largo plazo. El bien comn interpela al mismo clculo de inters propio; va ms all del clculo y lo limita. El clculo a largo plazo desemboca necesariamente en un clculo del lmite de lo aguantable. No obstante, como solo se puede saber el lmite despus de haberlo pasado, produce el problema que quiere evitar.

Si bien la tica del bien comn surge en una relacin de conflicto con el sistema -el cual se constituye por medio del clculo del inters propio-, ella tiene que ser una tica de equilibrio y no de eliminacin del otro polo del conflicto; debe ser una tica de la resistencia, la interpelacin y la intervencin. Sera fatal concebirla desde el punto de vista de la abolicin del sistema y, por ende, de la abolicin del mercado y del dinero. Y es que si las relaciones mercantiles se derrumbaran ella tendra que correr para reestablecerlas, porque nicamente se puede interpelar relaciones mercantiles que de alguna manera funcionen. Esto mismo vale al revs: si no existiera la resistencia e intervencin la interpelacin prctica del sistema no tendra lugar y ste estara por caer, se desmoronara por su propia lgica. En la actualidad, el sistema est logrando paralizar todas la resistencias y, en esa medida, transformndose en un peligro para la vida humana y para s mismo. Al perder las antenas que le permiten ubicarse en su ambiente, el sistema destruye ste para luego autodestruirse.

Entonces, hace falta una tica de equilibrio y de mediacin que se preocupe por la existencia de los polos entre los que hay que mediar. Porque la vida humana se asegura por los dos polos, aunque aparezca el conflicto por el cual se necesita controlar y guiar el polo de la institucionalidad, que tiene una funcin subsidiaria. El Mal de esta tica, por consiguiente, no puede ser el otro polo del conflicto, sino la falta de mediacin entre los polos, mediacin que tiene como norte la reproduccin continua de las condiciones de posibilidad de la vida humana, constituyendo la eliminacin de uno de los polos la peor falta de mediacin.

La tica del bien comn es algo as como un juicio final sobre la historia que acta en el interior de la realidad misma. La inmanencia es el lugar de la trascendencia. Sin embargo, introduce valores -los del bien comn- a los que tiene que ser sometido cualquier clculo de utilidad (o de inters propio), valores cuya validez se constituye antes de cualquier clculo y que desembocan en un conflicto con el clculo de utilidad y sus resultados: los valores de reconocimiento y respeto mutuo entre seres humanos -incluyendo en este reconocimiento el ser natural de todo ser humano-, y de reconocimiento y respeto por la naturaleza externa a ellos; valores que no se justifican por ventajas calculables en trminos de la utilidad o del inters propio y que, no obstante, son la base de la vida humana, sin la cual sta se destruye en el sentido ms elemental de la palabra.

Estos valores interpelan al sistema y en su nombre se requiere ejercer resistencia para transformarlo e intervenirlo. Sin esta interpelacin del sistema, y sin contrarrestar la trampa de la institucionalidad involucrada en l, esos valores no seran sino un moralismo ms. El bien comn es este proceso en el que los valores del bien comn son enfrentados al sistema para interpelarlo, transformarlo e intervenirlo. De ninguna manera debe ser entendido como un cuerpo de leyes naturales enfrentado a las leyes positivas (es interpelacin, no receta!), ni tampoco debe intentar ofrecer instituciones naturales o de ley natural. El bien comn parte del sistema social existente para transformarlo hacia los valores del bien comn, en relacin con los cuales todo sistema es subsidiario, y esos valores no son leyes ni normas, son criterios sobre leyes y normas. En consecuencia, su fuerza es la resistencia. El sub-comandante Marcos lo expresa as: "Para comenzar, te pido jams confundir la resistencia con la oposicin poltica. La oposicin no se opone al poder, y su forma ms aguda es la de un partido de oposicin; mientras que la resistencia, por definicin, no puede ser un partido: ella no est hecha para gobernar, sino... para resistir".

 

 

8. Falta otra emancipacin

La historia moderna es una historia de emancipacionces - realizadas o fracasadas- y, a la vez, de negacin de esas mismas emancipaciones. El primer gran movimiento emancipatorio, ocurrido con la Iluminacin -siglo XVIII-, fue del ser humano en tanto individuo y fue gestionado por las revoluciones burguesas contra la anterior sociedad feudal monrquica fuertemente arrai gada en tradiciones religiosas dogmatizadas. Se llev a cabo en nombre del individuo en tanto propietario y en tanto ser autno mo en la determinacin de su vida y pensamiento. La libertad del individuo en tanto tal es su signo ms visible.

Pero la libertad y la igualdad impulsadas por esa primera emancipacin son esencialmente contractuales. Libertad contractual e igualdad contractual aparecen como su base. Cuanto ms se impone esta concepcin de las relaciones contractuales ms se descubre las discriminaciones que esta primera emancipa cin produjo como parte de su lgica. Los grandes movimientos de emancipacin a partir del siglo XIX surgieron en oposicin a estas discriminaciones y constituyeron lo que podemos llamar la segunda emancipacin, que va ms all de la concepcin del ser humano como individuo y lo revela como sujeto viviente. Se des cubri un quiebre interno en la expansin de la igualdad con tractual; se descubri que la dominacin, que se crea abolida por la propia lgica de la igualdad contractual resurgi dentro de s ta sin ser formalmente una violacin de la misma. Y es esta rea paricin de la dominacin, vivida ya como discriminacin, lo que dinamiza los movimientos de la segunda emancipacin, la cual trata de enfrentar las discriminaciones que la primera emancipa cin produjo o reprodujo.

Marx enfrenta el quiebre de la lgica de la igualdad contrac tual y el resurgimiento de relaciones de dominacin a partir de la situacin del obrero, de la compra y venta de fuerza de trabajo, pero el problema tiene muchsimas dimensiones ms. De ellas quiero destacar tres: En la emancipacin obrera como reaccin ante una discriminacin -y la consiguiente explotacin- en la lgica de la igualdad contractual es donde aparece la figura marxiana de clase, que antes que una categora sociolgica es una categora de discriminacin, porque hay una discriminacin implcita en la relacin de compra y venta de la fuerza de trabajo.

Adems, est la dimensin de la emancipacin femenina, enfatizada en la segunda mitad del siglo XX cuando se establece la igualdad contractual entre hombre y mujer e incluso se instaura el voto femenino general, lo que no viene a cambiar sustancialmente la situacin de discriminacin dada dentro de esa igualdad contractual, que pervive. Y no es que se trate de patriarcado, porque ste vale por imposicin legal, que ya no la hay: hombre y mujer son completamente iguales en trminos contractuales, ambos gozan de los mismos derechos. Pero en nuestra sociedad hay una estratificacin clara entre hombre y mujer de acuerdo con la que sta tiene un lugar secundario. Se trata de una discriminacin inscrita en (perteneciente a) la lgica de esa igualdad contractual. (No se puede explicar por el patriarcado anterior porque se reproduce en el propio proceso del establecimiento de esa igualdad contractual.)

Y en tercer lugar est la dimensin del racismo, que siendo una discriminacin que sobrevivi a la abolicin de la esclavitud -al igual que la discriminacin de la mujer sobrevivi a la abolicin del patriarcado tradicional-, es un fenmeno muy especial: es moderno, es un producto del siglo XVIII (recurdese la ausecia de racismo en Locke..., la carencia de significado racista del telo negro de Shakespeare..., etctera). Mientras el patriarcado y la dominacin de clase acompaan toda civilizacin humana, el racismo no: la relacin civilizado-brbaro que las grandes civilizaciones establecen considerando brbaros a los otros no tiene nada que ver con rasgos fsicos ni es un concepto racista.

El racismo, surgido en el siglo XVIII, se vincul enseguida con la esclavitud, la cual se transform en racista, pero al ser abolida el racismo no desapareci. ste, aparecido junto a la declaracin de la igualdad humana, parece una respuesta a la igual dad humana: siendo todos los humanos contractualmente igua les el racismo permite seguir sosteniendo desigualdades de he cho; quienes no son "completamente humanos" no merecen la igualdad - parece ser la lgica subyacente. En una sociedad que considera sacrosanta la igualdad, el pensamiento racista cumple la funcin de relativizarla. Por la va del racismo se puede subver tir la propia declaracin de la igualdad contractual.

De esta visin de las emancipaciones a partir de algo que aparece u ocurre dentro de la igualdad contractual, surgi un nuevo tipo de derecho humano. Ya no se puede enfrentar las dis criminaciones dichas mediante el aumento de la igualdad con tractual, sino que hay que responder en otro campo. Entonces apareci el sujeto, pero un nuevo concepto de ste: el sujeto cor poral, que juega su corporeidad, al que corresponde un hbeas corpus ampliado, ya no restringido como el del siglo XVII. H beas corpus -por lo tanto- respecto de un sujeto que requiere co mida, casa, educacin, salud, cultura, gnero..., todo eso aparece como derechos humanos, y son todos derechos humanos emancipativos frente a la libertad contractual, los cuales creo que no se pueden llamar simplemente de segunda generacin, porque no es que se aada derechos humanos. Se establece un conflicto entre los derechos de la igualdad contractual y estos de rechos humanos propiamente dichos. Un conflicto interno de la sociedad expresado a travs de lo que en la tradicin del siglo XIX se llama el mtodo de la crtica de la ideologa, el cual sola mente es eficiente frente a estas ideologas de la igualdad con tractual. El cual dice: "ustedes prometen la igualdad pero esta so ciedad no la da, porque transforma la igualdad contractual en discriminacin". Entonces, en nombre de la igualdad que la igualdad contractual ha prometido, y yendo ms all de ella, se critica la sociedad de la igualdad contractual. Es la crtica de la ideologa, que presupone el mbito ideolgico de la sociedad co mo un mbito de igualdad y de promesa y cumplimiento del inters general. La crtica de la ideologa -y eso es lo que tpicamente hace Marx- dice: "ustedes prometen el inters general pe ro lo que crean es exactamente lo contrario". Y entonces se lla ma a la liberacin frente a la igualdad contractual. Hay que insistir en que estos derechos individuales resultado de la primera emancipacin, la del siglo XVIII, siguen siendo bsicos y expresan efectivamente una emancipacin humana. El hecho de que a partir de la igualdad contractual sean subvertidos no los elimina ni los pone en un plano secundario. Si podemos criticar esta emancipacin primera es precisamente porque somos resultado de ella. Por tanto, hay que afirmarla. El problema es cmo fundarlos tericamente y cmo asegurar la emancipacin de la discriminacin que conllevan. El espacio poltico del ciudadano es el espacio para superar este conflicto que est en la raz de nuestras sociedades modernas. El problema es viejo y aparece siempre con la crtica de la ley. Est en el marxismo pero el neoliberalismo lo tiene igual: resulta incapaz de fundar una ciudadana civil y la disuelve, lo cual se ve con especial claridad en la teora de la democracia de Anthony Downs (1973. Teora econmica de la democracia. Aguilar. Madrid), y lo mismo ocurre en Buchanan, Tullock, Hayek: todo se disuelve en el mercado, como en el anlisis de Marx todo se disuelve en la crtica del mercado y, al fin, en la idea de su abolicin.

Y una simple afirmacin de la ciudanana civil no sirve tampoco para una fundamentacin, porque se transforma en un cielo de valores del que no se puede decir por qu sostenerlo. Creo que hay que volver a la tradicin que viene de Rousseau, donde el ciudadano es instancia de libertad, en tanto da las leyes. El es libre porque se somete a las leyes que l mismo -democrticamente- ha aceptado. sa es la libertad, como la entiende la Revolucin Francesa. Pero el resultado es precisamente una ley absoluta a la que el ciudadano est absolutamente sometido, enraizada en la voluntad general, que es voluntad absoluta, anterior a cualquier resultado de las elecciones. Lo que queda es una legalidad que predetermina lo que el ciudadano tiene que afirmar libremente si quiere ser libre. Es la voluntad implcita en la libertad-igualdad contractual. La voluntad general es considerada una voluntad a priori respecto de la libertad del ciudadano, y la voluntad de todos tiene que someterse, Pero, de hecho, la voluntad de todos, enmarcada en la voluntad general, es el espacio de la ciudadana civil, que resulta efectivamente de la Revolucin Francesa. La ley de la voluntad general resulta ser la ley de la igualdad contractual. Mas la ciudadana en cuanto voluntad de todos adquiere aqu derechos en torno a los cuales se han desa rrollado las luchas de la segunda emancipacin -a partir del siglo XIX.

Estoy convencido de que eso es lo que hay que desarrollar de nuevo, pero respecto de la direccin a seguir no tengo ms que sospechas. Hace falta, principalmente, una referencia a ese espa cio de la ciudadana civil que haga contrapeso a lo que es la vo luntad general en el esquema rousseauniano de la ciudadana po ltica. Referencia que funde esta ciudadana civil en un bien de todos, cuya realizacin es objetivamente necesaria, lo cual yo tra to de desarrollar con el concepto de bien comn, que tiene que ser entendido en dos dimensiones. Por un lado, como afirmacin de los valores de la emancipacin frente a los efectos indirectos de la igualdad contractual, en lo que estn en juego las condicio nes de posibilidad de la vida humana, amenazadas por la totali zacin de la igualdad contractual - lo que se plantea es la defen sa de algo que es necesario para la vida humana. Y, por otro la do, como afirmacin de la propia libertad-igualdad contractual, como punto de partida de esta misma segunda emancipacin, sin la cual no podra llevarse a cabo.

Se trata de una relacin conflictiva. Es decir, sin igualdad contractual no se puede defender la emancipacin frente a los efectos discriminatorios de la igualdad-libertad contractual. Se trata de algo impuesto por la condicin humana; se trata de lo grar un equilibrio que la razn analtica no puede determinar. La vida en su desarrollo y en sus conflictos debe dar la respuesta.

Pero aparece un marco de posibilidad. La libertad-igualdad contractual debe ser presentada y tambin limitada -si es nece sario- de una manera tal que la propia estructura social no haga imposible el logro de las metas de esta segunda emancipacin humana. Por otro lado, la propia emancipacin debe presentarse con sus metas de una forma tal que no se haga imposible su me diacin por la libertad-igualdad contractual.

 

 

9. Eva, el rbol prohibido y la cuestin de la libertad

La prohibicin de comer de la fruta de uno de los rboles del paraso es un sombrero de Geler. En el mito suizo de Guillermo Tell, Geler es el gobernador de Suiza que es en aqul tiempo una parte del imperio austraco. Geler pone su sombrero encima de una palo frente a la alcada y obliga a todos saludarlo quitndose el sombreo como si fuera l o el imperador. Tell pasa sin saludar y con eso provoca la rebelin, que lleva a la independencia de Suiza y el juramiento del Rtli. Era una rebelin de la dignidad y la propia dignidad obligaba a violar la ley de Geler. La prohibicin de la fruta es tambin una prohibicin sin ningn sentido en s, que hace un dspota para mostrar a sus sbditos lo indefenso que estn frente a l. Es un sombrero de Geler. Adn y Eva tienen que hacerle caso para no ser castigado, y si hacen caso, es solamente por esta razn. No se trata de cualquier ley, sino de una ley sin sentido y eso es su sentido. Como tal es una ley que evidentemente niega la dignidad y su aceptacin la elimina.

Tiene Dios el derecho de dar cualquier ley que se le antoje? Entonces sera un Dios dspota y arbitrario. Desde el punto de vista de los seres humanos, creados por l, no tendria ninguna legitimidad. Muy diferente es el "no matars". Sera una prohibicin con sentido, que puede ser asumida en libertad por el ser humano. Pero en el paraso la prohibicin que Dios pronuncia, es arbitraria. Lo nico que queda a un ser con dignidad, es violarla. En caso contrario perdera su dignidad y con ella su libertad. No se trata del dicho, segn el cual nos atrae precisamente lo prohibido. En el caso de una prohibicin sin sentido, cuyo sentido es, negar la dignidad y la libertad, es la propia libertad humana que exige la violacin, no la apetencia. Es exigencia de la libertad violar la prohibicin.

El mito del paraso se puede leer como el mito de una rebelin legtima, como lo hace tambin Erich Fromm. Es esta rebelin que hace libre, y la libertad hace lo humano. Llegar a ser libre y rebelarse frente una esta ley es lo mismo. Es descubrimiento de la mortalidad y de la muerte tambin. El animal no sabe de la muerte, porque no sabe de esta libertad.

Esta libertad es infinitud humana. No se reduce al libre albedro, que es consecuencia de la libertad y no la libertad. Como el ser humano tiene la infinitud en si mismo, es libre. Esta infinitud es infinitud corporal. Esta infinitud le permite descubrir, que es un ser finito. Un ser que no es sino finito, no puede descubrir su finitud. Que se sabe de la finitud, revela el hecho, que se trata de un ser infinito, que acta en condiciones de finitud. La finitud aparece como un lmite de la libertad.

Con eso no aparece solamente la muerte, sino tambin el pecado. El pecado puede cometer solamente un ser infinito, que est sometido a los lmites de la finitud.

Por eso, con Eva y Adn entran la muerte y el pecado en la vida humana. Eso no significa, que su rebelin sea un "pecado". Es la reivindicacin de la infinitud, lo que es la reivindicacin de la libertad. Esta implica descubrir la muerte y el pecado. No los originan, sino los ponen a la luz. Esta infinitud la descubre el propio mito, cuando Dios dice: He aqu que el ser humano ha venido a ser como nosotros...Gen 3,22 Por eso, el rbol de la fruta prohibida resulta ser el rbol del bien y del mal.

La violacin de esta ley arbitraria era necesaria para tomar conciencia del bien y del mal. Eso es cierto. Pero no se trata de la violacin de una ley moral que sea necesaria para saber lo que es moralidad. (Como en Kant y tambin Hegel: all la violacin de la ley moral -Sittengesetz- lleva a la conciencia del bien y del mal). En el mito de la fruta prohibida eso es diferente. Lo que lleva a la conciencia del bien y del mal es una violacin legtima, obligatoria. Si no violan, no son ni merecen ser seres humanos con su dignidad. En cuanto a la ley moral, no hay violacin. Por eso hay rebelin legtima. La primera violacin de la ley moral es el asesinato del Abel por Can. Esta violacin no libera y no tiene nada de rebelin legtima.

Cuando Kant habla de una violacin de la ley moral en el caso de la fruta prohibida, tendra que habernos dicho, qu ley moral se ha violado. Era una ley, que negaba cualquier ley moral al negar la dignidad humana, que tambin para Kant es la raz de toda ley moral. Eso no es compatible con ninguna autonoma de la moral. Precisamente para Kant una ley no puede ser legtima por la simple razn, de que Dios la da.

La condena por la fruta prohibida es liberacin. Hay que ser libre ahora. La condena en el caso de Can es el signo de Can como signo de verguenza. De Can entonces se dice, que es el constructor de ciudades. Gen 4,17 Es el hombre que promueve el progreso. Al progreso s subyace el asesinato y por tanto una violacin de la ley moral. En vez de discutir eso, se ha designado la liberacin en el paraiso como pecado original, siendo en realidad el primer pecado el asesinato del hermano. Eso exclama el canto de Lamek, descendente de Can: Yo mat a un hombre por una herida que me hizo/ y a un muchacho por un cardenal, que recib. / Can ser vengado siete veces, / mas Lamek lo ser setenta y siete. Gn 4,23-24 Segn el texto, canta esta fanfarronada frente a "sus" mujeres. Se trata del grito de una determinada masculinidad, que ciertamente Lamek domina la historia del patriarcado.

En la tradicin griega, en cambio, no hay ninguna Eva. All aparece Ifigenia, que es exactamente lo contrario de Eva. Cuando la destinan a ser sacrificada para abrir el paso de los griegos a Troya, canta un canto, que es el canto de Lamek, pero interiorizado y cantado por una mujer:

...resuelta est mi muerte, y quiero que sea gloriosa, despojndome de toda innoble flaqueza. ... la Grecia entera tiene puestos en m sus ojos, y en mi mano est que naveguen las naves y sea destruida la ciudad de los frigios.... Todo lo remediar mi muerte, y mi gloria ser inmaculada, por haber libertado a la Grecia. Ni debo amar demasiado la vida... Muchos armados de escudos, muchos remeros vengadores de la ofensa hecha a su patria, acometern memorables hazaas contra sus enemigos, y morirn por ella. Y yo sola he de oponerme? Es acaso justo? Podremos resistirlo? Un solo hombre es ms digno de ver la luz que infinitas mujeres. Y si Diana pide mi vida, me opondr, simple mortal, a los deseos de una diosa? No puede ser. Doy, pues, mi vida en aras de la Grecia. Matadme, pues; devastad a Troya. He aqu el monumento que me recordar largo tiempo, esos mis hijos, esas mis bodas, esa toda mi gloria. Madre, los griegos han de dominar a los brbaros, no los brbaros a los griegos, que esclavos son unos, libres los otros". (Euripides. Ifigenia en Aulide.)

Claro est, que hay que tomar en cuenta, que la Ifigenia dice eso en un drama escrito por un hombre. Por la boca de esta Ifigenia, por tanto, habla un hombre. Ifigenia es mujer aplastada, recreada segn la imagen de Can y su hijo Lamek.

Nietzsche vuelve a platear este asesinato que est en la raz de toda civilizacin, dicindlo en su palabras, cuando habla de "la bestia rubia que habita en el fondo de todas las razas nobles", este "animal de rapia, la magnfica bestia rubia, que vagabundea codiciosa de botn y de victoria; de cuando en cuando esa base oculta necesita desahogarse, el animal tiene que salir de nuevo fuera, tiene que retornar a la selva: -las aristocracias romana, rabe, germnica, japonesa, los hroes homricos, los vikingos escandinavos -todos ellos coinciden en tal imperiosa necesidad. Son las razas nobles las que han dejado tras s el concepto 'brbaro' por todos los lugares por donde han pasado..." (Genealoga) De all su llamado: "Para elevarse, luchando, de este caos a esta configuracin surge una necesidad, hay que elegir: o perecer o imponerse. Una raza dominante slo puede desarrollarse en virtud de principios terribles y violentos. Debiendo preguntarnos: dnde estn los brbaros del siglo XX? Se harn visibles y se consolidarn despus de enormes crisis socialistas; sern los elementos capaces de la mayor dureza para consigo mismo, los que puedan garantizar la voluntad ms prolongada". Voluntad de podero, .Nr. 863, p.473 Eso es la voz de Lamek, pero ms extrema. Por eso Nietzsche puede aadir: : Vas a juntarte a mujeres? Pues, no te olvides el ltigo!" (As hablaba Zaratustra)

Nietzsche llama a ser de nuevo barbaros, nuestro mundo lo aclama. Pero este llamado a la barbarie ya no lleva a ninguna nueva cultura, sino al socavamiento de toda cultura. En vez de una nueva cultura lo que tenemos son las pelculas de Hollywood y el primitivismo de nuestras pantallas de televisin. A esta cultura, que se jacta de Nietzsche como su pensador, subyace ms que nunca el asesinato del hermano. El asesinato que subyaca a las culturas anteriores, era un asesinato encubierto. Con Nietzsche viene el asesinato celebrado, que socava cualquier cultura. Nietzsche es el primero, que habla en relacin con este asesinato de "policas sanitarias", que son los encargados de eliminar parsitos.

Que Eva haya descubierto la racionalidad de la libertad, para pasarla a Adn, tiene un profundo sentido y, de por s, no es nada de patriarcal. La mujer efectivamente vive ms cerca a esta libertad como la infinitud, por ser esta infinitud corporal. No es la infinitud del espritu frente a la finitud del cuerpo. Es la infinitud del cuerpo frente a los lmites de la corporeidad que se revelan en la muerte. En una situacin, que juzga a partir del patriarcado, como vale para el autor de este mito, es la mujer el lugar predilecto de esta libertad corporal y, por tanto, el mito le cede el primer lugar. Se trata de la predileccin por el dbil. La mujer es la discriminada, por tanto, es el lugar del reclamo de la libertad. Eso pasa despus por toda la historia juda: el lugar del reclamo de la libertad es el ser humano discriminado frente a la libertad de Can, que es la libertad del dominador que se expresa en la imposicin de la discriminacin.

Despus de la expulsin Eva recibi el nombre Eva, que significa madre de los seres vivientes. Posteriormente, la ley de Moises es dada como una ley para la vida, mientras la ley, que prohiba comer de la fruta, no era una ley para la vida, sino una ley arbitraria de un dspota. Y el Dios, que da esta ley para la vida, es un Dios transformado en relacin al Dios del paraso. El Dios bblico tiene historia l mismo tambin. Inclusive se puede arrepentir de algo, que ha hecho. No es un ser perfecto. Es la otra cara del ser humano, como el ser humano es la otra cara de Dios.

El lugar de la infinitud es el cuerpo, no el espritu separado del cuerpo. San Pablo habla del "cuerpo espiritual". El destino de la resurreccin corporal expresa esta infinitud corporal frente al cuerpo mortal, que es el cuerpo infinito bajo el yugo de la finitud, que es la mortalidad. El yugo no es el cuerpo, sino la mortalidad.

Por eso, el mito del paraso no habla de la rebelin de Eva y Adn como un pecado, menos de un pecado original. En el texto del gnesis no se trata de un pecado, sino de un acto de libertad, que revela el pecado y la muerte y los hace presente, pero revela igualmente la infinitud humana. Por el hecho, de revelar la infinitud humana - ser como Dios (Dios dice: "Ha llegado a ser como uno de nosotros")- revela el pecado y la muerte de este ser infinito, que vive el yugo de la finitud y que es el ser humano.

La oposicin entre Dios y la serpiente por tanto es aparente. La serpiente no es el demonio, y Dios no es el Dios de Abraham. Ya la serpiente es doble. Por un lado dice: Sereis como Dios. No miente, sino Dios mismo confirma, que el ser humano lleg a ser como Dios y eso como resultado de comer del rbol prohibido. Pero tambin miente, porque promete: No morirn. Sin embargo, como resultado de la rebelin estn enfrentados a la muerte y se descubren mortales. Por un lado, la promesa de la serpiente, que se cumple, por el otro el resultado de que resultan seres como Dios, que tienen que vivir bajo el yugo de la muerte. Pero tambin el ser como Dios resulta doble y contradictorio, Es por un lado la dominacin, que pretende ser "como Dios", lo que aparece en el mito de la torre de Babel, que se construye para llegar al cielo. El dominador se siente como Dios, negando a todos los otros serlo. Por el otro lado la fe de Abraham en el sacrificio de Isaac, que vuelve a violar la ley del sacrificio de primogenitur, descubre al Dios de Abraham con su libertad frente a la ley. El salmo 82 habla entonces de esta actitud como un ser igual a Dios con el resultado, que todos son potencialmente Dios.

La serpiente, por tanto, es doble y habla un lenguaje doble. Es Dios y demonio a la vez. Eso hace tradicin. La serpiente puede aparecer como salvfica o como asesina-demonio. El mismo Jesus en Juan 3,14 se compara con la serpiente, aludiendo a una historia de la serpiente salvfica de Moises Nm 21,4-9. En esta escena el pueblo es atacado por serpientes feroces, que matan y enferman a muchos. Moises erige un palo con una serpiente de bronce y todos, en cuanto miran la serpiente, son sanados. Por el otro lado, en el apocalipsis la serpiente aparece como Satans y como la bestia.

Jess como serpiente aparece mucho en la tradicin cristiana posterior, y no solamente entre los herejes. (Orfitas, Templarios, Rosacruces, Masonera). Aparecen durante la Edad Media figuras de la crucifixin, en las que el crucificado es una serpiente. Estas figuras se encuentran todava en algunas catedrales.

Pero tambin Dios es doble.

Es el Dios dspota, quin da la ley de la fruta prohibida que obliga a la rebelin de la dignidad de parte de Eva y Adn. Al dar la ley desptica, obliga a la rebelin. Pero lo hace como dspota, que inclusive es envidioso. Cuando tiene que aceptar, que los seres humanos han llegado a ser Dios como l, interviene para hacerles imposible comer del rbol de la vida y los expulsa del paraso. Es Dios-dominador. Este Dios es probablemente una creacin de parte del reinado de Salomn. Pero este mismo Dios le dice a Eva, antes de expulsarla, que va a haber enemistad entre la serpiente y la mujer, en la cual la serpiente le va a pisar la cabeza a la mujer, pero la mujer va a acechar el calcaar de la serpiente. Es un Dios, que abre un horizonte de esperanza. Aparece ya el Dios de las alianzas. Este Dios, que anuncia la lucha de la mujer y su estirpe en contra de la serpiente, puede ser muy bien un Dios, quien dio la ley de la prohibicin de la fruta con el propsito de que Eva y Adn la violaran legtimamente, para llegar a ser humanos y dejar de ser animales. Dice:

"Enemistad pondr entre t y la mujer, y entre tu linaje y su linaje, l (este l se refiere no a una persona, sino a la mujer y su linaje F.J.H.) te pisar la cabeza mientras acechas tu su calcaar. Gen, 3,15

El poeta Heinrich Heine recupero esta visin de liberacin implicada en el hecho de comer del arbol prohibido en su poema "Adn, el primero":

Adn, el primero.

Tu mandaste al polica celeste /con su espada de llamas, /y me expulsaste del paraso, / sin derecho y misericordia.

Yo me voy con mi mujer/hacia otros pases de la tierra: /Pero goc de la fruta del conocimiento, /eso ya no puedes revertir.

No puedes revertir el hecho de que yo s /cuan pequeo eres y nada, /aunque te hagas importante /por la muerte y por el trueno.

Dios! Que miserable es /este Consilium-abeundi! /eso llamo un magnificus /del mundo, un lumen-mundi.

Jams echar de menos /estos espacios del paraso /eso no era un paraso verdadero - /haba arboles prohibidos.

Yo quiero mi derecho completo de libertad! /la ms mnima limitacin /transforma este paraso /en infierno y carcel.

Claro, en el fondo el ttulo tendra que ser: "Eva, la primera".

Una posicin parecida toma Hegel;, cuande dice, que el paraso ha sido un jardin, en el cual solamente animales podan quedarse.

En el libro apocrifo de Henoc (del antiguo testamento) hay la siguiente referencia a este arbol prohhibido:

Llegu al paraso justo y vi, adems de aqullos, otros rboles que crecan all, cuyo aroma era bueno. Eran grandes, excelentes y de mucha belleza, y v el rbol de la ciencia, del que, si alguien come, adquiere gran sabidura. Se parece al lgarrobo, y su fruto es como racimo de uva, muy hermoso, y el aroma de este rbol sale y llega lejos. Dije:

Qu hermoso es ese rbol, qu hermoso y ameno de aspecto!

Y me respondi el santo ngel Rafael, que estaba conmigo. Me dijo:

Este es el rbol de la ciencia, del cual comieron tu anciano padre y tu anciana madre, que te procedieron, adquiriendo sabidura y abrindoseles los ojos, de modo que advirtieron que estaban desnudos y fueron expulsados del Paraso. Apcrifos del Antiguo Testamento. Tomo IV. Ciclo de Henoc. Ediciones Cristiandad. Madrid 1984. Libro 1 de Henoc, 28, 32 (p. 64)

En el desarrollo del cristianismo de los siglos III y IV todo eso es invertido y escondido, resultando la tesis de una pecado original, como la elabora San Agustin. Ahora puede surgir la idea de una vuelta al paraso, que es extraa para el cristianismo del mensaje en todas sus corrientes. Es una vuelta al paraso que promete no volver a comer del arbol prohibido. Con eso una liberacin y dignificacin ha sido transformado en pecado. Eso, precisamente, es el pecado del cristianismo. Un pecado, que dio al cristianismo su gran importancia en la constitucin de los imperios posteriores. Porque la construccin de este pecado original es ideologa de la dominacin. El cristianismo del mensaje cristiano, en cambio, habla de la esperanza de una Nueva Tierra, que es una tierra sin rbol prohibido. No quiere volver al paraso para respetar esta vez al rbol prohibido, sino entrar en un nuevo mundo de libertad, donde no se prohibe ningn rbol.

Este cristianismo de la Nueva Tierra enfrenta igualmente la ley desptica. Pero ampla este punto de vista. Toda ley resulta ley desptica, cuando es reducida a simple legalismo de la ley. La crtica pasa de la crtica a la ley del dspota a la crtica del despotismo potencial de la ley. Toda ley se hace ilegtima, cuando ejerce el despotismo de la ley. Sin embargo, se trata de la misma crtica.

Resulta la pregunta: Sigue siendo Eva la personalidad activa de esta critica? Dnde est? Efectivamente, est en todas partes. Yqu dice la serpiente? Sigue hablando con voz de doble sentido.

El resultado es que a partir del texto vemos varios tipos de feminidad y masculinidad. Por un lado, est la masculinidad de Lamek, a la cual corresponde la feminidad de la Ifigenia. Pero por el otro lado est la feminidad de Eva y la masculinidad, que se revela en la persona, que es autor del texto. Son figuras-tipo, pero, siendo el texto obviamente un texto patriarcal, que viene del tiempo de los orgenes del patriacado, son figuras-tipo que hacen ver, que el patriarcado no contiene ningn concepto homogeneo ni de la feminidad ni de la masculinidad. Ambos conceptos contienen una polaridad, que es conflictiva.

 

 

 

10. La mano invisible del mercado se cierne sobre la naturaleza

El concepto inters general apareci en el siglo XVIII cuando Adam Smith formul su teora del mercado como la teora de una armona preestablecida por un automatismo del mercado que llam mano invisible. Tal concepto sigue dominando hasta hoy el pensamiento burgus sosteniendo que el mercado es ten- dencialmente una sociedad perfecta que por su propia inercia crea una armona entre la persecucin del inters propio en los mercados y el inters de todos expresado como inters general. Esa teora, siendo una teora de los efectos indirectos de la accin medio-fin, sostiene que sta desarrolla, a travs del mercado y como efecto indirecto y no intencionado, aquella armona de intereses. Para contestar esta teora -que es de carcter mtico- ha ce falta recurrir a un anlisis de estos efectos indirectos de la ac cin humana directa.

Todas nuestras acciones -vistas como acciones medio-fin-tienen efectos indirectos que muchas veces son efectos no intencionales. En la teora econmica se les llama efectos externos y son el subproducto de una accin dirigida al logro de un fin realizable en trminos tcnicos que a la empresa que lo persigue le deja ganancias. Cuando se construye refrigeradoras de determi nado tipo tcnico, aparecen gases cuyo efecto indirecto es la des truccin de la capa de ozono que protege a la Tierra de determi nados rayos del sol dainos para la vida. Cuando se tala bosques para ganar tierras agrcolas, como efecto indirecto se elimina las fuentes ms importantes del oxgeno del aire. Cuando el agua usada resultante de ciertas actividades productivas es depositada en los ros, el efecto indirecto es el desequilibrio de los ecosiste mas fluviales. Tambin, cuando se renuncia a las polticas de em pleo y de desarrollo econmico y social en funcin de la actual poltica del mercado total, el efecto indirecto es la exclusin de grandes partes de la poblacin y la socavacin de las relaciones sociales en general.

Estos efectos indirectos dainos se originan usualmente de manera no intencional; se ignora lo que sern los efectos indirectos de determinadas acciones orientadas por el clculo medio -fin. Y, tambin, cuando los efectos indirectos parecen relativamente insignificantes, muchas veces se desconoce que su generalizacin los convierte en amenazas globales. Talar un bosque no amenaza de por s la produccin de oxgeno en el mundo, pero la generalizacin de la tala de bosques hace aparecer la amenaza global, a partir de la cual se produce la crisis global del ambiente.

Sin embargo, en el curso del tiempo estos efectos indirectos de nuestra accin llegan a ser concientes. Llegamos a saber que las amenazas y las crisis globales son subproductos o efectos indirectos de nuestras acciones calculadas en trminos de un clculo medio-fin fragmentario. En este caso hace falta asumir posicin frente a estas amenazas globales que han surgido y que podemos ubicar en sus causas. De efectos no intencionales se transforman en efectos conocidos y concientes.

Las posiciones que se toma frente a estos efectos indirectos que ahora aparecen como amenazas globales con sus crisis globales respectivas -crisis de exclusin de la poblacin, de las relaciones sociales mismas y del ambiente- son muy variadas. Se puede llamar a enfrentarlas, a aceptarlas o inclusive a provocarlas in-tencionalmente. Cuando hoy se cobra despiadadamente la deuda externa del Tercer Mundo se trata de una accin directa que tiene como efecto indirecto hacer imposible a estos pases una poltica de desarrollo para insertarse autnomamente en el mercado mundial; se quiere impedir el desarrollo de estos pases sin decirlo, por eso se habla solamente del cobro de la deuda como algo absolutamente necesario. Inclusive se puede celebrarlas, como lo hace Schumpeter cuando habla de la destruccin creadora, siguiendo a Bakunin que ya haba celebrado la violencia anarquista como fuerza destructiva creadora, celebracin que explica la mstica de la muerte tan en boga hoy especialmente entre los ejecutivos de la gran empresa, de lo cual es buen indicador el gran xito entre ellos de los libros de Cioran.

Obviamente, lo intencional y lo no intencional no coincide con lo directo y lo indirecto. No toda accin intencional es accin directa y la accin directa no revela necesariamente la intencin del actor. Los efectos indirectos de la accin directa pueden ser benvolos. La accin en el mercado puede promover acciones complementarias de otros, y la accin comn puede llevar de una manera indirecta e incluso no intencional a la incentivacin mutua de un desarrollo de fuerzas productivas. Sobre este hecho fue construido el mito de la mano invisible del mercado y del automatismo del mercado, mito que resulta de la negacin de la existencia de los efectos destructores indirectos de la accin eficiente en el mercado. Sin embargo, el problema del bien comn aparece con los efectos indirectos destructivos. Es propiamente el campo de la tica en cuanto no sea tica funcional de instituciones como el mercado, sino una tica de la afirmacin de la vida.

Los efectos indirectos destructivos estn hoy en la raz de las amenazas globales: la exclusin, la destruccin del ambiente y la socavacin de las relaciones sociales hoy penden como amenazas globales sobre nosotros.

Al seguir el sistema actual sin frenos aparece una argumentacin muy engaosa. Es el argumento del clculo del lmite de lo aguantable. Se hacen entonces preguntas que al final resultan puramente retricas: Hasta dnde podemos seguir con la actual estrategia de acumulacin de capital llamada globalizacin sin que el sistema mismo o la propia naturaleza se extingan? Hasta dnde podemos llevar la exclusin de la poblacin sin que se pierda la gobernabilidad del sistema? Hasta dnde podemos llevar el calentamiento de la Tierra sin que las catstrofes naturales nos alcancen absolutamente a todos? Hasta dnde podemos llevar la explotacin del ser humano y de la naturaleza sin que haya colapso global? Estas preguntas nos indican ese clculo del lmite de lo aguantable. Se cree entonces que se puede seguir hasta llegar a ese lmite para luego siempre moverse a lo largo de la lnea imaginada del lmite de lo aguantable. Nunca aparece cuestionado el sistema o su estrategia.

Lester Thurow, economista del Massachusetts Institute of Technology, describe en una entrevista lo que es este clculo de lo aguantable. Despus de constatar que "los capitalistas americanos declararon a sus obreros la guerra de clases -y la han ganado", afirma este clculo: "Estamos poniendo a prueba el sistema. Hasta dnde pueden caer los salarios, hasta qu cantidad puede subir la tasa de desempleo, antes de quebrar el sistema. Yo creo que los seres humanos estn retirndose cada vez ms... Estoy convencido de que los humanos normalmente solo aceptan las necesidades cuando entran en crisis" ("Spiegel-Gesprach mit US-Okonom Lester C. Thurow", en Der Spiegel 40, 1996. p. 146)

Es el clculo que se hace con los seres humanos, las relaciones sociales y con la naturaleza. Todo se pone a prueba. Aparecen ttulos en los peridicos como "Cunto deporte aguantan los Alpes?" o "Cunto mercado aguanta la democracia?". Pero lo peor de lo que se dice no est en el cinismo de la postura sino en la misma pretensin del clculo.

Todos los clculos son aparentes, porque el mismo clculo del lmite de lo aguantable es imposible. No se puede saber este lmite sino despus de haberlo franqueado, pero entonces ya puede ser tarde para reaccionar. Especialmente en cuanto a la naturaleza, el lmite de lo aguantable es un punto de no retorno, pasado el cual ya no se puede volver, porque los procesos destructivos se hacen acumulativos y automticos. Y se suele pasar tal punto sin saberlo, llegando a saberlo solamente tiempo despus.

Meadows, el autor principal de Los lmites del crecimiento (informe al Club de Roma, de 1972), a la pregunta de si no querra realizar otro estudio de repercusiones parecidas respondi: "Suficiente tiempo he tratado de ser un evangelista global, y he tenido que aprender que no puedo cambiar el mundo. Adems, la humanidad se comporta como un suicida, y no tiene sentido argumentar con un suicida una vez que haya saltado de la ventana" (Der Spiegel 29, 1989. p. 118). Lo que significaba que, segn Meadows [el cual, sin embargo, muy poco despus efectu y public otro estudio similar: Ms all de los lmites del crecimiento (1991)], ya se haba pasado el punto de no retorno en cuanto a la destruccin del ambiente. La conclusin correspondiente era, entonces, que ya no se poda hacer nada, lo que a la vez significaba que se poda seguir sin preocupaciones porque el resultado sera el mismo -se siguiera con la destruccin rampante o se buscara salidas.

Pero, de hecho, no se puede saber si ya se ha pasado el pun to del no retorno, lo que demuestra, solamente, que el clculo del lmite de lo aguantable es un simple pretexto para seguir des truyendo sin mayores preocupaciones. Antes de llegar al punto de no retorno se sigue porque todava no se ha llegado; y despus de llegar se puede igualmente seguir porque el resultado catas trfico ya no se puede evitar de ninguna manera.

El clculo del lmite de lo aguantable es un clculo de suici das. Pero este clculo pretendido subyace a la actual estrategia de acumulacin de capital seguida por el sistema mundial con el nombre de globalizacin. Tal estrategia est en la raz de las gran des crisis globales de hoy -exclusin, crisis de las relaciones socia les, crisis ambiental-, producindolas como subproductos y como efectos indirectos. El clculo del lmite de lo aguantable es una simple cortina de humo que oculta la irresponsabilidad de aqu llos que la imponen al mundo entero. Se trata de una irrespon sabilidad suicida. Inclusive, es posible y hasta probable que hoy el suicidio colectivo de la humanidad sea parte -concientemente asumida- del clculo del lmite de lo aguantable por parte de los responsables del proceso, lo cual acaso se mostr en la reciente mente efectuada Conferencia Mundial de las Naciones Unidas sobre Cambio Climtico, en Holanda.

La resistencia a esto tendra que ser conciente de que las cri sis globales actuales son efectos indirectos de la actual estrategia de acumulacin, que es llamada globalizacin. Ninguna solucin para las crisis globales es posible si no logra cambiar esta estrate gia de acumulacin; ningunas razones morales son suficientes para enfrentar estas crisis; para esto hace falta un cambio del mismo sistema de acumulacin de capital y de su estrategia.

Un mundo hecho global est amenazado por los efectos de la estrategia de capital seguida por estos globalizadores que destruyen el globo. El carcter global de la Tierra se opone a esta estrategia llamada globalizacin, y sta no toma en cuenta el carcter global de aqulla, por lo cual la destruye. Se trata de cambiar es ta estrategia para poder conservar la Tierra, que lleg a ser Tierra global. Cumplir con esta tarea hoy significa asegurar el bien comn.

 

11. El clculo del lmite de lo aguantable y la tica de la banda de ladrones

En un momento de rabia, Calgula, emperador romano y uno de los peores dspotas de la historia, exclamaba: "Quisiera que el pueblo tuviera un solo cuello, para cortarlo". No pudo hacerlo, y si lo hubiera hecho su rgimen habra terminado, hubiese sido un suicidio. Todo su poder resida en el poder sobre la gente, sin la cual no hubiera habido ms poder. La condicin para que todo sea lcito no es -como lo afirmaba Dostoievski- el descreimiento en Dios, sino la disposicin al suicidio. Calgula puede cortar el cuello de todos solo a condicin de que acepte su suicidio. No es tar dispuesto al suicidio crea lmites hasta al despotismo ms ex tremo, los cuales el dspota debe conocer y respetar para que su despotismo dure.

Si llamamos tica a las prohibiciones para el poder, entonces hay una tica del dspota que nace de las propias condiciones de la existencia del despotismo. Se trata de una tica que nace del clculo de los lmites de lo aguantable. El dspota puede hacer lo que quiera solamente dentro de los lmites que le impone lo aguantable de parte de los dominados, lmites dados no slo por el peligro del levantamiento de stos sino tambin por el riesgo de que ellos no puedan reproducir sus vidas a causa del trato du ro recibido. Por eso el clculo de los lmites de lo aguantable nace con el despotismo y es un clculo desptico. Lo cual se puede invertir: donde aparece el clculo de los lmites de lo aguantable hay un dspota que lo realiza.

La idea de la autolimitacin de cualquier despotismo por el clculo de las condiciones de su propia posibilidad como despotismo aparece muy temprano, pero no como tica del dspota, si no como tica de la banda de ladrones. El primero que habl de sta fue Platn, que dio un argumento sencillo y bas toda su ti ca en ste. Aunque no se quiera y no se reconozca ninguna ti ca, jams se puede prescindir de ella, inclusive la banda de ladro nes la necesita; stos roban y matan pero con eso no niegan la tica, sino solamente la restringen. Para que la banda de ladrones pueda funcionar eficientemente tiene que asegurarse "leal tad" interna. Platn desarrolla a partir de este argumento toda su tica de la polis griega, que, segn l, funciona sobre la base de la tica de ladrones. No descubre ninguna otra tica.

El argumento hizo historia. Aparece con mucha regularidad en los pensadores posteriores hasta -inclusive- Adam Smith, que considera toda tica de la empresa capitalista a nivel de la tica de la banda de ladrones. Pero aparece igualmente en los evange lios y en Augustino, y tambin en Tschuang-Tse, el filsofo chi no taoista que vivi unos 200 aos a.c.

Sin embargo, la tica de ladrones va cambiando su lugar se gn el enfoque del pensador respectivo. En Platn y Adam Smith es el paradigma de toda tica: el hecho de que la tica que ellos proponen sea una tica que inclusive vale para la banda de ladrones es una prueba de que es la nica tica vlida. En cam bio, Tschuang-Tse, los evangelios y Augustino denuncian la ti ca vigente en sus sociedades respectivas como una tica de la banda de ladrones, contraponiendo a sta una referencia de jui cio que les permite denunciarla. Es el tao en Tschuang-Tse, el rei no de Dios en los evangelios y la ciudad de Dios en Augustino.

Esta referencia aparece en los evangelios en la escena de la purificacin del templo. En los evangelios sinpticos Jess de nuncia al templo como "cueva de ladrones", es decir, como ins titucin regida por la tica de los ladrones; en el evangelio de Juan lo denuncia como "casa de comercio" (emporio) -en el con texto sta es lugar en el que rige la tica de los ladrones. Frente a estas cuevas de ladrones Jess pone el reino de Dios. Esta referencia, que est en el origen del pensamiento del bien comn como surge en la Edad Media, es eliminada en la sociedad burgue sa y sustituida por el inters general, como lo desarrolla Adam Smith. No sorprende, entonces, que ste vuelva a la posicin de Platn segn la cual la tica de los ladrones es la referencia de toda tica vlida, lo cual a su vez lo lleva a plantear una parado ja: si todos se guan por la tica de los ladrones el inters general como inters de todos est mejor guardado y resulta una armo na preestablecida producida por los ladrones. Con eso Smith de semboca en el clculo del lmite de lo aguantable, que explcitamente se expresa en su teora del salario, que es una teora ase sina de acuerdo con la que el equilibrio en el mercado de traba jo es asegurado por la muerte por hambre de los trabajadores so brantes y sus familiares. Esta tica de la banda de ladrones es bien tratada en El Padrino (pelcula basada en la novela de Ma rio Puzo), donde el jefe de la banda se preocupa por la vigencia de la tica dentro de sta porque sabe que es condicin de su efi cacia. Dentro de ella no se debe asesinar ni robar y hay normas para el trato a las vctimas: se cobra protection money a ciertas empresas segn el clculo del lmite de lo aguantable -que sea lo ms alto posible respetando el lmite de lo aguantable de la em presa vctima.

En las ciencias, y en especial en la filosofa, con Adam Smith termina la discusin sobre la tica de la banda de ladrones. Cuando Bobbio se refiere a la posible diferencia entre la banda de ladrones y el estado, reduce el problema a la discusin de la legitimidad de ellos, y lo mismo hace Max Weber: ven el problema de la tica nada ms como un problema metodolgico de jui cios de valor que se discute a nivel de juicios de gusto. Con eso, la discusin sobre la tica pierde su realismo. Inclusive la reivindicacin de un bien comn es tratada como juicio de gusto. Y es ta negacin a la discusin seria de la tica camufla un inters.

El argumento de Platn segn el cual ninguna relacin es posible sin una tica correspondiente sigue en pie. La tica no es un prescindible elemento decorativo de la vida humana, sino que es condicin de posibilidad de sta y, entonces, hace falta discutir la. Pero de Platn y de la discusin posterior sobre la tica de la drones surge otro resultado: la sociedad que no introduce una tica del bien comn cae necesariamente en una tica cuyo paradigma es la tica de la banda de ladrones; esa sociedad no de ja de tener tica sino que su tica llega a ser la de la banda de la drones. Esto demuestra que la sociedad burguesa dej de refle xionar sobre la tica en trminos de una condicin necesaria de toda convivencia humana y pas a las discusiones sin sentido so bre juicios de valor para ocultar su tica vigente, porque quiere esconder que estamos viviendo una sociedad cuya tica tiene co mo paradigma la tica de la banda de ladrones.

Por eso el problema no es la disyuntiva entre no tener tica y tenerla, ni entre orden y caos, ni entre institucin y anomia, si no entre sociedades que reducen su tica a la de la banda de la drones y sociedades que someten a las bandas de ladrones a una tica del bien comn. Efectivamente, nuestra sociedad de la es trategia de acumulacin llamada globalizacin no se puede en tender sino a partir del paradigma de la banda de ladrones. Hoy ya todo funciona en estos trminos y se entiende bien lo que pa sa si se lo interpreta a partir de la tica de la banda de ladrones. Pero esta reduccin de la tica a la tica de la banda de ladrones nos destruye al transformarse en la lgica dominante de nuestra sociedad, producindose como efecto indirecto las crisis globales de exclusin, la socavacin de las relaciones sociales y la crisis ambiental, fenmenos que en nombre del bien comn debieran enfrentarse reformulando el conjunto de la estrategia de acumu lacin de capital -como condicin de posibilidad de encontrar soluciones realistas.

El bien comn hoy no es copia del bien comn como ante riormente se pensaba. Hoy surge por la exigencia de dar respues tas a las crisis globales resultado de los efectos indirectos del sis tema que nos domina. Para evitar el enfoque del bien comn el sistema actual promete cielos mientras produce y legitima infiernos. Si no la enfrentamos, la lgica del sistema se realizar y ella es Calgula, que quera que el pueblo tuviera un solo cuello: pa ra cortarlo. A diferencia de entonces, ahora el mundo es global y el pueblo y la naturaleza s tienen un solo cuello. La banda de ladrones est convirtindose en una banda de Calgulas que quie ren cortarlo aunque eso signifique su suicidio.

 

 

12. tica del bien comn versus tica de ladrones

La supervivencia de la humanidad se ha transformado en un problema tico. La reduccin de toda tica a juicios de valor ha dado cancha libre a la destruccin del ser humano y de la na turaleza. La reduccin de la tica a juicios de valor supone que la tica es una pura decoracin de la vida humana, de la cual tambin se puede prescindir. Hemos prescindido de la tica y nos enfrentamos a la autodestruccin. La calculamos bien y la lleva mos a cabo con eficacia. Cortamos la rama sobre la cual estamos sentados y estamos orgullos de la eficiencia con la cual lo hace mos.

Esta tica, hoy, parte de algo de lo que ticas anteriores no partieron y de lo cual probablemente no podan partir. Se trata de los efectos indirectos de la accin directa. Que hoy la tica tenga que partir de estos efectos es un resultado de la propia glo-balizacin del mundo. Al ser ahora la Tierra global, la accin di recta produce efectos indirectos de los que se derivan amenazas globales. Hoy la tica tiene que asumir estos efectos indirectos, de lo que resulta una tica del bien comn diferente a las ticas del bien comn anteriores.

La accin directa se constituye por decisiones fragmentarias y particulares de produccin y consumo, de investigacin emprica y desarrollo y aplicacin de tecnologas. Todas stas son ac ciones medio-fin, calculables en trminos de costos-beneficios, coordinadas por relaciones mercantiles y clculos correspondientes de eficacia (ganancias, tasas de crecimiento del producto). La modernidad (en todas sus formas: lo que incluye al socialismo histrico) ha reducido lo ms posible la accin humana a este tipo de acciones directas. Medida as, la racionalidad de la accin directa se juzga a partir del logro del fin fragmentario, calculan do los medios por sus costos. Como los medios son fines de otras acciones directas, aparece un circuito medio-fin en el que todas las relaciones medio-fin estn interconectadas por acciones di rectas fragmentarias.

Toda accin directa conlleva efectos indirectos que pueden ser positivos: un proceso de produccin puede repercutir sobre otro fomentndolo en alguna de sus condiciones -las propias relaciones mercantiles pueden conllevar tales efectos indirectos positivos en cuanto propician incentivos a la produccin, al in tercambio de productos y a su abaratamiento. Pero los efectos in directos tienen tambin otra cara, la de su destructividad. Cada produccin conlleva una destruccin, cada persecucin de un incentivo mercantil conlleva una destruccin de razones huma nas para vivir en convivencia. Para producir un mueble de madera hay que destruir un rbol; para producir determinados refrigeradores hay que soltar determinados gases contaminantes a la atmsfera. stos son efectos indirectos de la accin directa que se acumulan tanto ms cuanto ms se hace redonda la Tierra; cuanto ms la accin directa se desarrolla -algo que hoy, dema siado pronto, se llama progreso- tanto ms la Tierra se globaliza. Por tanto, los resultados de los efectos indirectos se acumulan y aparecen las amenazas globales de la exclusin, de la socavacin de las relaciones sociales y de la crisis del ambiente. Deja de ha ber contrapesos naturales en cuanto que ahora toda la naturale za, sea virgen o sean lugares de radicacin de la poblacin exclui da, est expuesta a este tipo de accin directa fragmentaria. El resultado es la amenaza para la propia supervivencia de la huma nidad.

Hace falta una nueva tica. Pero no son las normas ticas las que estn en cuestin, no se trata de nuevos mandamientos. s tos ya los tenemos: no matar, no robar, no mentir. Mas estas normas han sido reducidas a ticas funcionales de un sistema que se desempea casi exclusivamente sobre la base de la racionalidad de las acciones directas y, por tanto, fragmentarias. Con eso han sido reducidas a las normas del paradigma de la tica de ladro nes. Las ticas funcionales respetan estas normas para violarlas: matars, robars, mentirs. Las invierten.

Si queremos comprender esta inversin tenemos que recurrir a los efectos indirectos de la accin directa. Por medio de estos efectos indirectos las normas se convierten en su contrario. En la accin directa exigimos respetar esas normas, convirtindolas en ticas funcionales como la del mercado. Pero, al no hacer entrar en el juicio tico los efectos indirectos de esa misma accin, lle vamos a cabo un gran genocidio de la poblacin y una gigantesca expoliacin del mundo. La propia tica funcional promueve estos genocidios al pasar por encima de los efectos indirectos de esa misma accin, guiada por las normas ticas tan apreciadas. La misma tica funcional se transforma en un imperativo categ rico de: matars, robars, mentirs.

Por eso no se trata de cambiar las normas, sino de hacerlas efectivas frente a los efectos indirectos de la accin directa. En tonces descubrimos que es asesinato contaminar el aire. Es robo despojar a la poblacin de sus condiciones materiales de existen cia y destruir a la naturaleza. Es mentira presentar este sistema de expoliacin como progreso. Son asesinatos y expoliaciones y mentiras promovidas por la propia tica al ser reducida a la tica funcional del sistema de la accin directa. El problema, pues, no es discutir las normas y preguntar cmo se puede justificar filos ficamente su validez; el problema es su reduccin a una tica ajustada al paradigma de la tica de la banda de ladrones.

Introducir hoy los efectos indirectos de la accin directa en las normas, que inclusive la banda de ladrones promueve, trans forma la tica de la banda de ladrones en una tica del bien co mn. Las normas como normas formales no permiten distinguir entre estos dos reinos de la tica. Por eso resulta que la tica del mercado es sencillamente la universalizacin de la tica de la banda de ladrones. Los efectos indirectos de la accin revelan el contenido material de la tica formal. Enfrentarlos es exigencia del reconocimiento del ser humano como sujeto vivo concreto. Los efectos indirectos muestran los caminos necesarios de este reconocimiento.

Por eso es importante no considerar esos efectos indirectos como no-intencionales, aunque muchos de ellos efectivamente lo sean. La pregunta por la intencionalidad no es la pregunta de cisiva. En cuanto tales efectos se hacen notar, se toma conciencia o se puede tomar conciencia de su carcter de efectos indi rectos, dejando entonces de ser no-intencionales y pasando a ser indirectos concientes. Ciertamente cobran relevancia moral apenas cuando han sido reconocidos as. Su relevancia moral no se puede expresar suficientemente por la referencia a la intenciona lidad de la accin. Que la accin tenga intenciones, malas o bue nas, es un simple presupuesto para poder hablar de accin. Que la accin, como accin social, implique siempre y necesariamen te la tica formal de parte de aqullos que actan en comn, y como su condicin de posibilidad, es algo obvio. Pero la accin no puede ser ticamente responsable si no se hace responsable de los efectos indirectos que lleva consigo. sta es la dimensin de responsabilidad de la accin que distingue la tica del bien comn de la tica funcional, que siempre tiene como su paradigma la tica de la banda de ladrones.

Pero esta responsabilidad es social, la sociedad tiene que ha cerla vigente, no puede ser simple tica privada. Por ser condicin de posibilidad de la vida humana la sociedad tiene que de fenderla, y no puede admitir la orientacin de la accin directa por simples criterios formales. La sociedad debiera transformarse de una manera tal que la tica del bien comn, que es una tica de responsabilidad, pase de lo deseable a lo efectivamente posi ble.

 

 

13. Derecho a una vida decorosa o insostenibilidad de la vida

La exigencia del socorro a la manutencin para que todos lo gren una vida decorosa, expresado como un derecho natural por Toms de Aquino, suele ser interpretada como un juicio de valor que mezcla ilegtimamente juicios de hecho y juicios de valor. La referencia que hace Max Weber a eso, despus de criticar la supuesta confusin entre esos niveles, es paradigmtica: "Esto sucede con la 'idea' del 'socorro de manutencin' y de muchas teo ras de los canonistas, en especial de Santo Toms, en relacin con el concepto tpico-ideal empleado hoy con referencia a la 'economa urbana' de la Edad Media, al que antes aludimos. Ello vale ms todava para el famoso 'concepto fundamental' de la economa poltica: el 'valor econmico'. Desde la escolstica hasta la teora de Marx se combina aqu la idea de algo que vale 'objetivamente', esto es, de un deber ser, con una abstraccin ex trada del curso emprico de formacin de precios. Y tal concep cin, a saber, que el 'valor' de las mercancas debe estar regula do por determinados principios de 'derecho natural', ha tenido - y tiene todava- inconmensurable importancia para el desarrollo de la cultura, por cierto no slo de la Edad Media" (Weber, Max. 1958. "La 'objetividad' cognoscitiva de la ciencia social y de la poltica social" [1904], en Ensayos sobre metodologa sociolgica. Amorrortu. Buenos Aires, p. 84).

Sabiendo quin es Toms - aristcrata, profesor de la univer sidad de Pars en el siglo XIII e intelectual lcido- imaginemos los pasos de su argumentacin sobre el derecho natural del soco rro a la manutencin:

1. Toms sabe que para seguir vivo tiene que comer y vestir se, y como se da cuenta que lo que come lo producen los campesinos y lo que viste lo tejen los tejedores, concluye que si unos y otros no comieran ni vistieran l tampoco podra hacerlo. Ciertamente, esta conclusin no contiene ningn juicio de valor sino que es un simple juicio de hecho. La preocupacin de Toms por que los campesinos y los tejedores tengan para vivir no se basa en valores, sino en la consideracin del hecho de que la propia vida depende, en su condicin de posibilidad, de la vida de esos otros. Lo que est como supuesto es solamente la divisin social del trabajo, que no puede funcionar sin que cada productor tenga para vivir l tambin. Se trata de un juicio de hecho respecto de la vida humana. Contiene una exigencia al sistema, exigencia producida por hechos: plantea un deber, pero no aparece ningn juicio de valor en el sentido de Weber, sino que se trata de un deber que debe cumplirse para que el sistema de la divisin social del trabajo funcione. Pero el juicio es vlido solamente si todos quieren seguir viviendo (quien est dispuesto al suicidio no necesita ms de los otros y se pone por encima de esos hechos, anulndolos); de lo contrario, los hechos en que se basa el juicio dejaran de serlo.

2. Pero Toms no concluye solamente que todos los participantes en esta divisin social del trabajo deben poder vivir, sino que insiste en que deben tener una vida decorosa, la cual para l no significa que todos tengan el mismo nivel de vida, sino que aqulla es dependiente del estado social en el cual cada uno se encuentra: el campesino tiene que comer, pero de ninguna manera tan bien como el aristcrata. Se trata de un marco de variabilidad en el que el que menos tiene tenga todava suficiente. Toms establece un principio: hay valores superiores e inferiores (por ejemplo, l, como aristcrata y catedrtico, sirve a valores superiores, mientras el campesino, produciendo alimentacin, sirve a valores inferiores), pero ningn valor superior puede jams ser realizado sacrificando algn valor inferior. Con eso relativiza la jerarquizacin de los valores, declarando precisamente los valores inferiores como ltima instancia de la realizacin de los valores superiores, de donde resulta que la vida decorosa de todos est encima de cualquier valor superior, lo cual l lo resume as: gratia suponit naturam (la gracia presupone la naturaleza).

Sin duda, para este nivel de suficiencia no hay criterios unvocos. Pero la exigencia de una vida decorosa, tambin para aquel que con menos ingresos cuenta, tiene un sentido ms pre ciso que se puede explicar con el concepto clculo del lmite de lo aguantable. Visto desde el poder -y Toms habla desde ah- hay siempre la tentacin de llevar al mnimo el abastecimiento de aquellos que no estn en el poder. Desde el punto de vista del clculo de la maximizacin de los ingresos de los poderosos, el abastecimiento de los otros tiene que ser lo mnimo necesario para que el sistema no quiebre: se es el clculo del lmite de lo aguan table. Pero se trata de un clculo aparente, porque el lmite de lo aguantable se conoce solamente cuando se le ha franqueado. La consecuencia es la convulsin, la crisis, la amenaza a la sosteni bilidad de la vida humana y, por tanto, al sistema mismo.

La exigencia de una vida decorosa tambin para aquel que menos tiene, y que Toms exige, corresponde a un principio de prudencia. Excluye la actuacin en funcin del clculo del mnimo de lo aguantable para exigir una vida decorosa para todos - aunque la precisa calidad de sta quede dependiendo del estado social de cada quien. Es un principio de limitacin del clculo del poder, que emana de la misma lgica del poder en cuanto se somete a la exigencia de la sostenibilidad de la vida humana. Para que haya sostenibilidad de la vida humana y, por tanto, sosteni bilidad de la propia sociedad debe haber orientaciones ms all del clculo del mximo de poder y de la ganancia.

Tampoco en este caso se trata de ningn juicio de valor en el sentido de Weber, sino de simples juicios de hecho. Sin embargo, los hechos a partir de los cuales se juzga se constituyen a partir de la afirmacin de la vida humana y, por tanto, de la exclusin del suicidio - en este caso del suicidio colectivo- del ser humano. Si se aceptara el suicidio colectivo no habra ninguna razn ob jetiva para esta limitacin del clculo. Pero tampoco la exclusin del suicidio colectivo es un juicio de valor, sino es la propia afir macin de la realidad, que siempre frente al suicidio se desvane ce.

Lo que afirmamos aqu de la vida decorosa de todos incluye la vida decorosa de la propia naturaleza externa al ser humano, la cual Toms no menciona porque en su tiempo no era considerado como un pro blema.

3. Aparecen exigencias que se pronuncian en forma de valores -afirmando stos-, cuya validez se establece de por s, es de cir, ms all de cualquier clculo de ventajas, pero tales exigencias no resultan de juicios de valor, dado que no se pronuncian como deber, sino como necesidad de un deber. Para que haya sos-tenibilidad de la vida humana esos valores tienen que ser afirmados ms all del clculo de lo aguantable, lo cual es un juicio de hecho, aunque desemboque en la afirmacin de la necesidad de determinados valores de validez de por s. No contienen un juicio moral, sino un juicio sobre la moral a partir de los hechos. El juicio moral aparece cuando se afirma que cada uno tiene que asumir moralmente esos valores, paso que ningn anlisis cientfico puede dar; ste solamente puede afirmar que tal paso ha de darse para que la vida humana sea sostenible. Toms, en efecto, pronuncia una exigencia en forma de valor, afirmando ste.

4. Que los valores deben tener una validez de por s no implica necesariamente que se trate de valores absolutos, sino solamente significa que no pueden ser rechazados en nombre de algn clculo de ventajas que desemboca siempre en el clculo del lmite de lo aguantable. Cuando los valores absolutos son expresados como normas entran en contradiccin con los valores de validez de por s, porque reducen los valores al clculo. Normas absolutas destruyen la vida humana y frente a ellos aparece la afirmacin de valores de validez de por s, aunque tambin stos necesitan mediacin. Sin embargo, siempre son valores de la vida humana concreta, que incluye la vida de la naturaleza externa. Ellos constituyen los derechos humanos en cuanto derechos de la vida humana. Efectivamente, Toms plantea un valor con validez de por s.

El resultado de esta argumentacin coincide con lo que Toms de Aquino presenta como derecho natural en relacin con la justicia social, pero en trminos explcitos no es su argumentacin. La argumentacin que estoy presentando es nuestra, y en trminos explcitos aparece con la Modernidad, pasando por tres etapas: (1) el mtodo de derivacin de la tica, que descubre David Hume y que pasa de ste a Adam Smith, pero que desemboca en la tica del mercado como tica nica y, por tanto, como norma absoluta; (2) la crtica de parte de Marx, que transforma este mtodo a partir de la orientacin por la vida humana concreta, y (3) la crtica a Marx efectuada durante las ltimas dcadas a partir del concepto de la inevitabilidad de la institucionalidad, la cual se mantiene, sin embargo, en el marco del mtodo descubierto por Hume, transformndolo otra vez y, por tanto, integrando las dos posiciones anteriores, con lo que la Modernidad desemboca en la crtica de la Modernidad.

Pero si la Modernidad desemboca hoy en una postura en la que tambin desemboc el ms grande de los pensadores del tiempo premoderno, la crtica que hace la Modernidad - por lo menos desde Hume- al pensamiento anterior no puede ser totalmente cierta. Debe haber un marco comn que todava no vemos con claridad. Dejo planteada esta interrogante para la que no tengo una respuesta concluyente.

14. La rebelin contra los fines en nombre de los medios

Ha aparecido un gran circuito macrosocial que involucra a la naturaleza y est estrechamente vinculado con los derechos humanos en cuanto derechos de la vida humana. Es un circuito marcado por amenazas globales que no son ms que los efectos indirectos de las violaciones de los derechos humanos que estn en curso. Amenazas globales como la exclusin de gran parte de la poblacin, la subversin de todas las relaciones sociales y la destruccin ambiental. Estas violaciones son impulsadas por la poltica vigente de totalizacin de los mercados que opera en nombre de la eliminacin de las llamadas distorsiones del mercado.

Desde la ptica de la lgica de mercados todas la medidas que podran contrarrestar este proceso destructor son consideradas distorsiones del mercado. Y la eliminacin de stas es lo que produce el cataclismo de los derechos humanos que vivimos desde comienzos de los aos ochenta. De la violacin de los derechos humanos resultan las amenazas globales, mientras la misma poltica extremista de la eliminacin de las distorsiones del mercado hace imposible contestar las amenazas globales que produce. La trampa de la globalizacin amenaza la existencia de la humanidad y tambin de la naturaleza externa a ella.

En El hombre rebelde Camus dice: "El fin justifica los medios? Es posible. Pero quin justifica el fin? A esta cuestin que el pensamiento histrico deja pendiente, la rebelin responde: los medios". Pero la rebelin no es solamente de los rebeldes de Camus, sino que los medios mismos estn rebelndose frente a los fines y el rebelde tiene que asumir esta rebelin de los medios: medios de produccin. Medios de consumo, medios de comunicacin, medios de transporte. A travs de las amenazas globales se rebelan los medios frente a los fines, y el ser humano no tiene posibilidad de seguir viviendo si no responde a esta rebelin de los medios rebelndose l. Las amenazas globales -exclusin, subversin de las relaciones sociales, destruccin del ambiente - son la voz de los medios que se rebelan frente a los fines y pretenden dominarlos.

Los medios revelan el significado de los fines, pero la rebelin de aqullos es pasiva y no crea, sino amenaza. La rebelin de los medios, que revela el significado de los fines, la experimentamos empricamente, siendo al respecto paradigmtca la bomba atmica, que como medio revela el hecho de que cualquier fin que se le impute es irracional dado que lleva a la muerte de todos: se trata de un arma nueva contrapuesta a las convencionales que, aunque perversas, difieren de aqulla en que tienen una racionalidad: permiten destruir al otro para reemplazarlo, permiten la victoria, permiten tambin enfrentar amenazas de posibles agresores. En cambio, la bomba atmica, una vez accesible para muchos, se rebela contra cualquier fin que se le pueda imputar. Y como ser humano no se puede asumir esta rebelin del medio, a no ser no usndolo, que es a lo que el medio obliga -siempre que el ser humano insista en su vida.

Por eso Camus, al reflexionar sobre los medios, llega a reflexionar igualmente sobre el suicidio. Para enfrentar al suicidio no hay que cambiar los fines sino decidir sobre los medios. Frente a la bomba atmica no hay que cambiar los fines por otros, sino controlar el medio. La rebelin de la que habla Camus es la nica respuesta posible.

La ceguera en la persecucin de nuevos medios est subvirtiendo los fines. Las vacas locas atestiguan una locura humana. La racionalidad de los fines se vaca cuando los medios para alcanzarlos los transforman en vehculos de la muerte. No se trata de elegir otros fines para los medios, sino de decidir sobre los medios independientemente de los fines que les imputamos. Exclusivamente el juicio sobre los medios puede justificar los fines, pero lo puede nada ms en la dimensin en que los fines no justifican los medios. No es en relacin con los fines que hay que decidir sobre los medios, sino independientemente de los fines que se les imputa. Solo medios justificables independientemente de los fines pueden tener fines racionales. Al juzgar sobre los medios no se juzga sobre fines, sino sobre la pregunta: Tienen estos medios potencialmente fines?

Hay un solo criterio para contestar esta pregunta: Es posible seguir viviendo en el caso de que tal medio se aplique? Evidentemente no se trata de lo que se llama juicio de valor, que es un juicio sobre fines, y las metodologas correspondientes (donde la autoridad mxima sigue siendo Max Weber) excluyen dogmticamente el juicio sobre los medios anterior a los fines. En cuanto a estos juicios Weber hablaba despectivamente de tica de conviccin (Gesinnungsethik), oponindole lo que l llamaba tica de responsabilidad. Pero resulta que sta es una falsificacin de monedas, es la tica de la mxima irresponsabilidad.

Este juicio sobre los medios es un juicio con arreglo a la racionalidad reproductiva. La rebelin de los medios es una rebelin que grita por la ausencia de la racionalidad reproductiva. Las amenazas globales (exclusin de la poblacin, subversin de las relaciones sociales, destruccin del ambiente) son este grito. En cuanto a la ltima amenaza, Leonardo Boff habla del grito de la Tierra. Pero es un grito de ausencia. Solamente si es respondido por la rebelin del ser humano como sujeto de la vida humana puede haber creatividad humana. Mas esta rebelin tiene que ocurrir frente a los medios, juzgados independientemente de los fines que se les adjudique. Por eso tiene que ser una rebelin en nombre de la racionalidad reproductiva.

La bomba atmica es paradigmtica. Una vez accesible para muchos, es un medio sin fines posibles a condicin que excluyamos el suicidio, que no es un fin posible, porque elimina toda posibilidad de tener fines. Pero las otras amenazas globales revelan un hecho que transforma toda nuestra cotidianidad: que todos los medios, al generalizarse, subvierten la posibilidad de tener fines. Subvierten la racionalidad de los fines en racionalidad aparente. Un rbol se puede cortar sin consecuencias globales, pero tal corta se transforma en amenaza global en cuanto la tala de bosques se generaliza. Eso vale para todos los medios independientemente de los fines que les podamos imputar. Si todo el mundo lograra la densidad del trfico automovilstico que hoy hay en los pases centrales, la biosfera quedara destruida. La generalizacin de la civilizacin tcnica en los trminos de los pases centrales destruira la posibilidad de la vida humana. Los medios se rebelan. Cada una de las tcnicas parece inocente, pero la acumulacin de sus efectos en el curso de su generalizacin hace imposible la vida humana, por lo que no hay medios inocentes. Mas este juicio es un juicio sobre medios independientemente de los fines que les imputamos. Por eso, a este respecto, la discusin sobre juicios de valor es completamente irrelevante y oscurece solamente el juicio. Es un juicio de racionalidad reproductiva, es sobre la compatibilidad de los medios (medios para fines) a la luz de la posibilidad de la vida humana y, por tanto, de todos los seres humanos. Juzga sobre la posibilidad de los medios de tener fines, cualesquiera que sean.

Eso es la globalidad de la humanidad y de la Tierra como ha resultado en el ltimo medio siglo. La estrategia de acumulacin de capital surgida en las ltimas dcadas, y a la cual se da el nombre de globalizacin, se ha transformado en la peor de las amenazas globales que penden sobre nosotros. Trtase de una estrategia de accin basada en la legitimidad irrestricta de los medios en relacin con fines que excluye el juicio sobre los medios independientemente de los fines que les podemos imputar, que excluye los juicios de la racionalidad reproductiva. Por eso sa es una estrategia catastrofista, que elimina toda posible respuesta en nombre de la eliminacin de las distorsiones del mercado, paralizndose entonces la humanidad frente a las amenazas que aparecen, es una estrategia de suicidas.

La rebelin de los medios revela el hecho de que la racionalidad econmica hay que asumirla frente a los medios y no frente a los fines y, entonces, se hace necesario asumir la racionalidad reproductiva. Toda humanidad futura tiene que basar su existencia y su posibilidad de vivir en su capacidad de enfrentar las amenazas globales que surgen, y solamente puede lograrlo sometiendo todas las posibles estrategias de acumulacin de capital a esta tarea. Una estrategia de acumulacin de capital como la hoy impuesta con el nombre de globalizacin rechaza este sometimiento a las condiciones de posibilidad de la vida humana. La rebelin de la que hablaba Camus, es la necesaria respuesta -en curso- a dicha estrategia.

 

 

 

15. El abismo del sujeto

El sujeto vivo es abismo, pero es abismo lleno. El sujeto se hace sujeto por la afirmacin de su vida, que tiene como su otra cara la afirmacin de la vida del otro. De esta manera da contenido al abismo. La negacin del sujeto no hace desaparecer el abismo, sino lo vaca. Entonces el sujeto explota. El abismo se llama asesinato es suicidio. Lo niega y lo tapa el: si yo te derroto, soy yo. Y revienta con el: te asesino, aunque la consecuencia sea suici darme. Como sujeto vivo es el: si t eres, yo soy. Es el sujeto del cual se trata.

El sujeto nace de una reflexin infinita del ser natural vivo. Comer del rbol del bien y del mal constituye la reflexin infinita, en la cual el ser humano se pone ms all de todo lo que es, para juzgarlo. Esta reflexin distingue al ser humano del animal. Es reflexin trascendental en el sentido de que no hay nada que no trascienda, por eso puede reconstituir todo. A partir de ella puede construir herramientas e instituciones. Sabe que es mortal: un ser natural infinito atravesado por la finitud y la muerte. Esta reflexin distingue al ser humano no solamente del animal, sino tambin de la mquina (no hay mquina inteligente, porque ninguna es capaz de hacer esta reflexin infinita). Y hace aparecer el abismo del sujeto, constituyendo la posibilidad del bien y del mal. Estamos pasando de la negacin del sujeto a su explosin, en la cual l revienta contra s mismo al afirmar la muerte.

La accin del sujeto se encuentra ms all de posibles motivos, entendiendo por motivos el origen especfico de efectos especficos; o sea, est ms all de la accin medio-fin, o de la accin motivada o, en general, la accin formal-racional. La accin del sujeto rompe con esta secuencia formal-racional, por lo que es gratuita. Mas la accin del sujeto no es otra accin que la accin formal-racional, su transformacin subjetiva. Tiene un carcter de irrupcin continua. Interrumpe la lgica de la accin formal-racional y la reorienta. Hace algo que a la luz de la accin formal-racional es irracional, algo que a la luz del determinismo es indeterminacin. Sin embargo, vuelve a encontrarse con esta accin formal racional. Por eso es acto libre, pero de ninguna manera arbitrario.

Hay una racionalidad del sujeto que irrumpe constantemente en la racionalidad formal-racional, afirmando que si t eres, yo soy. Pero el clculo del xito segn la racionalidad formal-racional niega esta racionalidad del sujeto y sostiene su contrario: si te derroto, yo soy - esclavos ellos, libres nosotros. Pero en esta forma negada vuelve a afirmar la racionalidad del sujeto, aunque al revs. En la ideologa del mercado: si todos tratamos de derrotar al otro -en la competencia- a todos nos va mejor: se realiza el inters general. Cada uno posterga su muerte dando muerte al otro. La negacin del sujeto no escapa a la racionalidad del sujeto, pero la invierte. De esta manera, en nombre de la racionalidad invertida del sujeto reprime al sujeto mismo. Lo excluye, pero no desaparece. Vuelve como sujeto negado e invertido dentro de la accin formal-racional. En su consecuencia lo lleva a explotar. Cuanto ms se totaliza la accin formal-racional como sistema, y cuanto ms niega y excluye al sujeto, ms se hace presente el hecho de que asesinato es suicidio. Cada vez se hace ms corto el perodo entre el asesinato y el suicidio. Eso es resultado de la propia globalizacin del mundo: la bala que yo disparo al otro, atraviesa a ste, da vuelta a la Tierra y me alcanza en la nuca. Con el desarrollo tcnico la velocidad de la bala va aumentando. Si ahora la respuesta no es el retorno del sujeto, ste vuelve en forma invertida de manera terrorfica: asesinar para suicidarse. Vuelve para asesinar, lanzndose al abismo abierto por medio del asesinato para suicidarse. El sujeto se invierte en un anti-sujeto.

La realidad resulta ser el: asesinato es suicidio. Pero sigue ambivalente. Se le puede reconocer por el retorno del sujeto, pero tambin reventando el mundo al reventar este mismo sujeto, transformndolo en antisujeto. Este asesinato no tiene motivos. Es simple afirmacin de la realidad por el asesinato. Yo soy, luego cometo el asesinato-suicidio. Se afirma la realidad como conjunto de todas las acciones formal-racionales y a travs de ellas. Todo opera de manera formal-racional, pero la meta se escapa. De hecho no hay meta, aunque todo se siga moviendo en un circuito medio-fin.

Esta afirmacin de la realidad por el asesinato no tiene motivos, pero ubica los motivos. Opera ms all de cualquier motivo. Los ubica en la carrera de muerte, ser para la muerte. Pero la afirmacin de la realidad por la afirmacin del sujeto vivo y concreto tampoco se gua por motivos. Tambin ubica los motivos, pero lo hace en pos de vivir una vida, cuyo sentido es ser vivida. Apunta ms all de los motivos especficos: me rebelo, luego existimos. Estas posiciones ahora se enfrentan.

El nazismo era la afirmacin de la realidad por el asesinato. Los motivos de Hitler para desatar la guerra eran puros pretextos. Quera la guerra y lanzarse al abismo abierto por el asesinato. Su suicidio era la culminacin y ningn fracaso. Todo era un acto espiritual de una espiritualidad de la muerte, sin calcular ventajas. Gratuito. Y todo se hizo con una perfecta racionalidad formal medio-fin.

Parece que hoy vuelve esta espiritualidad de la muerte. Se apunta al todo, pero al hacer eso el todo se transforma en la nada. EU se senta antes de los atentados como Aquiles sin taln de Aquiles. Con los atentados result que no lo era, pero ahora surge el proyecto de llegar a ser Aquiles sin taln de Aquiles. Es el proyecto del todo, que siempre resulta ser el proyecto de la nada. Es guerra total contra el terrorismo, que es guerra terrorista total. Es guerra que se desvincula de cualquier meta de guerra; sin "motivos" especficos; su motivo es la propia guerra. Es como la ganancia, cuyo motivo es hacer ganancia (todo se mueve en crculo). Cuando la guerra pierde todas las metas no cesa, sino que se hace total. Las metas proclamadas solo son pretextos para la guerra.

Se trata de algo frente a lo cual incluso el pensamiento conservador se distancia, porque ste entiende la guerra para lograr metas. Hasta en los aos noventa del siglo pasado se haca guerras para que subiera la bolsa; por lo menos aparentemente, la guerra se conformaba a la accin instrumental y formal-racional, y para el pensamiento conservador no haba problemas. Pero cuando se hace la guerra para que viva la guerra aparecen las crticas. Este problema apareci ya en los aos treinta en Alemania, cuando Hitler prepar una guerra para sustentar la guerra. Muchos conservadores, que lo haban aclamado en 1933, cuando asumi el poder, tomaron distancia, y algo parecido ocurri en el plano internacional. El gobierno britnico apoy fervientemente al rgimen nazi hasta el tratado de Munich de 1938. Los crmenes nazis no importaban en cuanto el rgimen aparentemente persegua metas de consolidacin y de represin. Pero con el estallido de la guerra contra Polonia result claro que la Alemania nazi buscaba la guerra ms all de cualquier meta de guerra. Eso era algo que Churchill haba notado ya mucho antes. La Alemania nazi busc la guerra por el todo sin metas especficas. Eso se transform en la guerra en pos de la guerra y al final en guerra en pos de la nada.

El ejrcito alemn cantaba durante la guerra: "Tiemblan los huesos podridos / Del mundo frente a la gran guerra / Rompimos las cadenas / Lo que para nosotros ha sido la victoria grande / Seguimos marchando / Hasta que todo se quiebre en pedazos / Porque hoy nos pertenece Alemania / Y maana el mundo entero". Si hoy, en esta cancin, cambiramos el nombre Alemania por el de otro pas determinado, estaramos al tanto de lo que pasa.

Yo creo que el sistema de la estrategia de globalizacin est desembocando en eso. Se lanza como se lanzaron los nazis. Eso es irracional, pero es la irracionalidad de lo racionalizado. No hay argumentos y tampoco los conservadores los tienen. Esta irracionalidad es resultado de la propia racionalidad formal-racional. Los criterios formales de esta racionalidad se independizan y se vuelcan contra las races de la propia racionalidad formal. Las ganancias se hacen para hacer ganancias, el crecimiento econmico se persigue para promover el crecimiento econmico, la competencia se promueve para que haya competencia, y se llega a la cspide cuando se hace la guerra para hacer la guerra. Siempre aparecen los motivos especficos junto con las metas especficas, pero se sustituyen por el todo para desembocar en la nada. Se trata de una irracionalidad que cumple con la racionalidad formal-racional en nombre de la cual parti (es la locura de Ham-let, que, aunque locura, mtodo tiene).

Los atentados de Nueva York aceleraron este paso. La guerra de. Afganistn ya se hace como guerra por la guerra. La guerra le toc a ese pas, pero bien hubiera podido tocarle a otro (no ha ba pruebas -ni preocupacin por conseguirlas- para comprome ter al gobierno de los talibanes con los atentados; tampoco haba pruebas contra Bin Laden y Al Qaeda). Se bombarde Afganis tn usando pretextos; luego ser Irak y ya se est anunciando otros pases en nombre de un eje del mal -pases canallas. La gue rra se alimenta a s misma.

La ganancia por la ganancia se transforma en guerra por la guerra. El puente es la bolsa y el complejo militar-industrial. Cuando hay guerra sube la bolsa, pero sta sube porque el complejo militar-industrial aumenta sus ganancias. Sin embargo, la relacin entre bolsa y guerra est cambiando. De la guerra para subir la bolsa se va a la guerra en pos de la guerra. Suba o no la bolsa la guerra se hace, erigindose sta como un sujeto sustitu- tivo ms all del bien y del mal y aduendose del complejo mi litar-industrial. Sigue la "esperanza" de que la bolsa suba como resultado de la guerra, pero la guerra ya no est "amarrada" por un clculo de intereses. La paz se transforma en un perodo inevitable entre las guerras: para poder preparar la prxima guerra, que deja de guiarse por intereses tomando el poder. El complejo militar-industrial deja de ser el seor, y ahora ste es la guerra.

El sujeto humano revienta. Estamos frente a un abismo que es el abismo del sujeto vaciado. Un mundo est por lanzarse a es te sacro sepulcro. Somos devorados por el sujeto vaciado, que nos somete a sujetos sustitutivos. Es un mundo que desde hace dcadas con los ojos abiertos se destruye a s mismo al destruir las fuentes de las riquezas que est produciendo. Destruye la naturaleza, destruye al otro excluyendo grandes poblaciones, destruye las propias relaciones sociales haciendo invivible la vida so cial, y da ahora un paso ms. Lo que antes era efecto indirecto de la accin formal-racional es convertido en proyecto: la guerra para alimentar la guerra. A la violencia calculada de la accin formal-racional sigue ahora la violencia ms all de todo clcu lo.

No hay vuelta a la violencia calculada. El capitalismo no res ponde automticamente a alguna racionalidad de intereses, sea de personas, grupos o capitales. Desarrolla a partir del clculo de intereses una dinmica destructora "desinteresada" que implica la dinmica del asesinato-suicidio. El clculo de intereses va ms all de s mismo para volverse contra s mismo. Eso es el abismo del sujeto vaciado, que es anti-sujeto, al que desde muy lejos sa luda Nietzsche, el pensador del anti-sujeto.

Tenemos que volver al sujeto vivo, que es la nica instancia que puede llenar el abismo del sujeto. Todo sujeto sabe que asesinato es suicidio, por lo que puede elegir el asesinato para suici darse. Pero puede tambin elegirse a s mismo como sujeto vivo, como sujeto que no puede vivir si no asegura que el otro viva tambin, ubicndose esta posicin ms all del clculo de la ra zn instrumental. Esto lo hace desde la afirmacin de la vida, y si no lo hace se invierte como anti-sujeto. "Yo soy solamente si tu tambin eres" -dice Desmond Tutu.

 

16. Instinto asesino para el progreso?

El concepto instinto asesino ha pasado al lenguaje con el que se interpretan los ejecutivos a s mismos orgullosamente. Quien lo acu en 1991 fue Maucher, presidente de la multinacional suiza Nestl, cuando dijo que quera ejecutivos con instinto ase sino (Killerinstinkt) y voluntad de lucha (Spieler, Willy. "Librale Wirtschaftsordnung - Freiheit fr die Straken?", en Neue Wege September 2002. Zrich). Jack Trout, autor de bestsellers, ampli el concepto y cre el de competencia asesina (Killer-Wettbe que, segn l, es el ideal de la competencia (Ibid.

Sin embargo, dirigida con instinto asesino, la Nestl produce un chocolate muy sabroso y una leche para bebs especialmente sana. Entonces, quien quiere el mal, produce el bien?

Algunos aos antes de jactarse Maucher (en 1991) de su ins tinto asesino, la oposicin suiza hizo una campaa contra Nestl con el lema Nestl mata bebs. Lo hizo porque esta empresa intro duca su leche para nios en un pas africano -donde tuvo mu cha aceptacin-, pero como resultado subi la mortalidad infantil: porque las madres crean en la propaganda que les prometa una leche sana para sus hijos, pensando que era entonces ms sa na que la leche materna. Les dieron leche Nestl pero no tenan las condiciones para la higiene necesaria ni la informacin co rrespondiente, por lo que tal leche se transform en un arma mortal.

Por supuesto, Nestl declar que era inocente: en los tarros de leche en polvo estaba descrito cmo usarla, y la compaa no tena nada que ver con el hecho de que las madres no supieran leer ni se dieran cuenta de las consecuencias de un uso inadecua do de ella. Nestl, entonces, entabl un juicio por calumnia contra los responsables de la campaa en su contra, pero el juicio termin sin culpables, establecindose, en su lugar, el compromi so de Nestl de tener mayor cuidado en la distribucin de la leche para nios y comprometindose a su vez los responsables de la campaa a renunciar al lema Nestl mata bebs.

Evidentemente, el aumento de la mortalidad infantil como consecuencia del uso de la leche Nestl era un efecto indirecto de la introduccin de esta leche. Pero no era un efecto no-intencional, aunque tampoco era intencional. Nestl mataba bebs, aunque sin intencin. Pero si el efecto indirecto no era ni intencional ni no-intencional, qu era? No era tampoco simple negligencia, era irresponsabilidad. Era el rechazo de hacerse responsable de los efectos indirectos de la introduccin de su leche. Nestl sostena que no tena que ver con esos efectos indirectos. Lo que Nestl hizo era legal, pero mataba bebs.

Es igualmente evidente que solamente ejecutivos con instinto asesino son capaces de hacer lo que los ejecutivos de Nestl hicieron. Y si sabemos que nuestras multinacionales tienen ejecutivos con el ideal del instinto asesino, entendemos lo que se hace con nuestro mundo. Pero entendemos tambin que todo es perfectamente legal.

Lo que Nestl hizo con los nios lo hace toda economa en nombre de sus ideales neoliberales, y no solo con nios sino igualmente con adultos. Lo hace cuando produce hoy la exclusin de grandes partes de la mayora, cuando destruye progresivamente la naturaleza, cuando produce la socavacin de las relaciones sociales ms simples. Sin embargo - al igual que como Nestl declarara-, con esos efectos indirectos de su accin no tiene nada que ver. Tambin es claro que todas las empresas necesitan ejecutivos con instinto asesino, sin el que no seran capaces de hacer lo que hacen. Pero cuando sabemos que lo cultivan, entendemos perfectamente lo que hacen.

No lo hacen de una manera no-intencional, pero tampoco lo hacen en todos los casos de manera intencional, aunque muchas veces se puede sospechar que s. Siempre lo hacen por medio de efectos indirectos de su accin directa y se declaran irresponsables de los desastres causados. Cada empresa necesita instinto asesino para enfrentar a las otras, y todas lo necesitan para ser capaces de destruir seres humanos, relaciones sociales y naturaleza - tal y como lo hacen.

El arma principal del instinto asesino es la ley del mercado, la eficiencia y la competitividad. Pero recurre a todas las armas en cuanto encuentra resistencias frente a los efectos indirectos que produce. Entonces mata violentamente y deja desaparecer en hoyos negros pases enteros. Quin duda de que detrs de las intervenciones humanitarias, los bombardeos de ciudades como Panam, Belgrado, Bagdad y Kabul, est ese instinto asesino que se fomenta tanto en las elitistas espuelas de administracin de empresas como en la formacin de las tropas lite destinadas a producir los hoyos negros de los servicios secretos?

Hasta el trmino derechos humanos se est transformando en una clave para justificar el genocidio; casi ya no se puede usarlo sin una nota a pie de pgina que aclare que uno excluye su realizacin por "intervenciones humanitarias" y "justicia infi nita". Hasta las escuelas de tortura se llamarn escuelas para el cumplimiento de la ley y para asegurar derechos humanos.

Hace falta instinto asesino para producir y distribuir el cho colate suizo tan sabroso y la leche de nios tan sana de Nestl? S, en efecto. Como dice la ideologa liberal, lo malo produce lo bueno. Gente con instinto asesino promueve lo bueno: chocola te, automviles, computadoras, bombas atmicas y bacterias ntrax. Lo que sea, y siempre de buena calidad. Buenas bombas, a condicin de que estn en las manos de los buenos. Y los buenos son nuestros ejecutivos con instinto asesino. Son buenos porque el instinto asesino los lleva a producir las cosas buenas.

Sin embargo, lo bueno que producen los ejecutivos con ins tinto asesino lo transforman en algo malo. Todo lo bueno lo transforman en arma mortal por medio de los efectos indirectos que producen y frente a los cuales declaran su irresponsabilidad. Mostrndonos lo bueno que producen -chocolates, automviles, computadoras y muchsimo ms- nos destruyen la base de nues tras vidas: el ser humano y la naturaleza.

Lo malo que produce lo bueno hace tambin que lo bueno se transforme en algo malo. Como Mefistfeles, transforman lo malo en algo bueno, y como falsos luciferes transforman lo bueno en algo malo. Y estn por terminar como Fausto, quien crea en la mentira de Mefistfeles, que es la mentira del instinto asesino. Fausto mora escuchando el trabajo de palas que segua con la obra. Como estaba ya viejo y ciego, no se dio cuenta de que to da la obra construida sobre el instinto asesino de Mefistfeles es taba ya destruida por las gigantescas olas del mar y el ruido de pa las vena de los sepultureros, que estaban cavando su tumba.

El chocolate de Nestl no es malo, pero s el instinto asesino de aqullos que lo producen y distribuyen; se nos est matando usando el chocolate y todos los productos buenos como arma. En cuanto se puede seguir negando la responsabilidad por los efectos indirectos destructores de la produccin de todos los productos buenos, estos productos son transformados en armas morta les: armas del instinto asesino. Y cuanto ms los apreciamos, peor.

Tenemos que volver a un mundo en que a aqullos que sir ven al instinto asesino se les considere asesinos, en vez de verlos como promotores mefistoflicos del progreso, porque el progreso que promueven se ha hecho mortal.

17. Democracia no es igual a justicia

El mito de la democracia ha conducido a considerar como valores democrticos algunos que realmente no lo son. Se dice que "la democracia expresa aquellos valores y esfuerzos concre tos que hacen de la existencia humana una existencia cada vez ms digna, libre y solidaria", pero conocemos muchas democra cias que no conducen a eso y ms bien lo niegan. Hannah Arendt (1974. Los orgenes del totalitarismo. Taurus. pp. 377-378) dice que "resulta completamente concebible, y se halla incluso dentro del terreno de las posibilidades polticas prcticas, que un buen da una Humanidad muy organizada y mecanizada llegue a la conclusin totalmente democrtica -es decir, por una decisin mayoritaria- de que para la Humanidad en conjunto sera mejor proceder a la liquidacin de algunas de sus partes". Y cuando EU invadi Granada se insisti en que la mayora de la poblacin de EU la apoy, concluyndose que estaba democrticamen te legitimada: Eso es la democracia de la cual habla Arendt.

Entonces, cules son los valores de la democracia? La teora de la democracia hoy dominante es la de Schumpeter, Hunting ton, Downs y Hayek. Democracia all es un sistema de domina cin que hoy ha sido impuesto como tal. Es un mercado de vo tos que respalda el mercado de bienes y servicios. Elegimos a aqullos que nos dominan. La democracia como se nos presenta hoy tiene mucho parecido con el mercado, y ambos tienen valo res, ticas, pero son ticas de procedimiento; por tanto, ticas funcionales, que excluyen violencia directa, robo y fraude. Democracia y mercado garantizan los derechos correspondientes a estas ticas, los cuales suelen llamarse derechos humanos y efec tivamente corresponden a las declaraciones de los derechos hu manos del siglo XVIII (la declaracin de EU y la de la Revolucin Francesa). Reclamar frente a los fraudes el valor de la de mocracia tiene sentido, como tambin tiene sentido impugnar los fraudes en el mercado en nombre de la tica del mercado. Pero eso tiene poco que ver con los valores de la humanizacin de las relaciones humanas, que corresponden a derechos humanos ms all de las garantas del funcionamiento tanto de la democracia como del mercado.

Efectivamente, la historia de la democracia, que va muy unida a la historia del estado de derecho, nos muestra algo muy diferente: que la democracia de por s (como por una especie de automatismo) no asegura los derechos humanos. La historia de las democracias "modelo" es una historia de trabajo forzado por esclavitud, de prohibicin de sindicatos, de discriminacin de la mujer, de colonizacin del mundo (todava conmemoramos la ejecucin de sindicalistas que el 1Q de mayo de 1886, en Chicago, llev a cabo el estado de derecho de una democracia porque aquellos reivindicaron el derecho de asociacin obrera). El derecho de voto se concedi a la mujer despus de la Primera Guerra Mundial y en EU se lo hizo universal hace apenas 50 aos, con la abolicin de la separacin de razas, su apartheid..

Fueron las luchas de emancipacin de esclavos, obreros, mujeres y pases colonizados las que cambiaron la democracia introducindole los derechos humanos por ellas impuestos, impuestos en luchas - a veces sangrientas - contra los poderes democrticos. Estas luchas significan democratizacin? No creo. Son luchas por el control de autoridades democrticamente legitimadas. Los parlamentos no son el centro de estas luchas, sino que, ms bien, generalmente han estado en contra del reconocimientos de derechos humanos bsicos junto con sus gobiernos. El triunfo de esas luchas no fue primeramente parlamentario sino "callejero", realizado por esas organizaciones populares de resistencia a las que ahora se suele denominar sociedad civil. Los parlamentos se unieron al proceso, no lo lideraron. Que los parlamentos controlan este poder es otro mito; controlan el poder en el marco de leyes establecidas.

Tales luchas son, a la vez, por el control de los poderes surgidos en los mercados -es decir, del capital-, sin el control de los cuales no se puede controlar el poder poltico democrtico. Pero eso tampoco lo hacen primariamente los parlamentos, que aseguran prioritariamente el poder del capital; sino que lo hace aquella sociedad civil que defiende las exigencias de una socie-dad justa (solo parcialmente se puede actuar va parlamento). Tambin frente a los parlamentos hace falta un control del poder, que no se da por medio del voto. Eso incluye la necesidad del control sobre los poderes de comunicacin que, apoyados en la "libertad de prensa", se estn haciendo omnipotentes, constituyendo grandes aglomerados de capital que monopolizan la opinin pblica. Frente a ellos hace falta asegurar la libertad de opinin, lo cual no lo hace automticamente la libertad de prensa, sino que ms bien la puede impedir.

Cuando estas luchas tienen xito transforman la democracia, pero lo que se desarrolla no es la democracia sino el derecho de las gentes. Para que el poder - el democrticamente elegido- respete los derechos humanos hay que cambiar sus estructuras. Asegurar la democracia sigue siendo importante, porque la lucha por el control de los poderes - de los democrticamente elegidos - y por la introduccin de los valores humanos y de una sociedad ms justa presupone esta misma democracia. Sin embargo, esta lucha no se puede asegurar por "democratizaciones", sino solamente por la introduccin de estos valores en las estructuras del poder democrtico, lo que es una lucha por el poder. Por eso no conviene hablar de la bsqueda de una sociedad ms justa con el trmino "democratizacin".

 

 

 

 

 

18. Asesinato es suicidio

Existe un poder de los fusiles pero - aunque Trotzki y Max Weber lo afirmen- el poder no nace de ellos; hay algo ms fuerte que ellos, mas no es un poder de coercin. Cuando el poder pierde su legitimidad pierde tambin el poder de los fusiles. Pero aun siendo legtimo, todo poder es ilegtimo, porque no se puede legitimar sino legitimando el asesinato; poder legtimo es asesinato legtimo. Y si al poder no se le puede abolir s se le puede deslegitimar.

A un nio que vea en la televisin las pelculas violentas que vienen de EU le pregunt cmo saba quines eran los buenos y quines los malos. Pens un poco y despus me contest: Los buenos matan ms malos que los malos matan buenos. Ciertamente no en todas las pelculas es as, pero sa es efectivamente la regla, y tambin es as en la realidad. En la invasin de Panam de 1989, los buenos, que venan de EU para castigar a Noriega - el malo -, mataron muchos ms malos que los buenos que Noriega mat. Eso se repiti en la Guerra del Golfo y se repite hoy frente a Afganistn. Los buenos matan mucho ms gente que los malos. Las raras veces en que no ocurre eso, no sern los buenos los malos? El body-counting no les sale muy bien a los buenos y por eso prefieren no hacerlo. Precisamente los buenos son insaciables en su ansia de matar, no tienen la mala conciencia que muchos malos conservan. Los buenos matan por un objetivo bueno, y cuanto ms bueno lo consideran ms matan. Matando a ms gente que los malos comprueban que su objetivo es el ms bueno. Pueden torturar ms que los malos, despreciar ms, robar ms que ellos, y todo eso comprueba que son los ms buenos.

Eso es la legitimidad del poder. Cuanto ms se considera legtimo, ms desconsiderado es. No se puede ejercer poder sin asesinar, ni se puede asegurar la convivencia humana sin ejercer poder. Por tanto, el ejercicio del poder y el asesinato son inevita bles. Pero todo desenlace del poder en asesinato es una catstro fe humana. Nunca el asesinato de parte del poder es legtimo, por ms altos que sean los fines, y su inevitabilidad atestigua solamente la relatividad del poder. La modernidad, que - sea demo crtica o no - lleva el totalitarismo en sus entraas, no puede ver esa diferencia; ella quiere todo limpio y precisamente por eso en sucia todo. En todas nuestras relaciones hay un quiebre que, en tre otras maneras, se expresa en el hecho de que lo ilegtimo pue de ser inevitable. Pero la inevitabilidad no es necesidad.

Por eso no hay guerras justas, aunque puede haber guerras inevitables. Hay crmenes inevitables, pero siguen siendo crme nes. Las guerras declaradas justas son guerras totales, son aqullas en las cuales los buenos matan a muchos ms malos que los malos matan buenos, y son las peores guerras. La historia nos ha llevado al punto en el que se revela que la guerra justa desemboca en el suicidio de quien la hace: la bomba atmica, el arma del poder, asegura la muerte del bueno en el mismo acto en que la emplea contra los malos; o sea, el asesinato es suicidio, y cuanto ms se globaliza la Tierra ms cortos se hacen los plazos en los que el asesinato resulta en suicidio. Hay que enfrentar el asesinato mismo y no declarar el asesinato nuestro un asesinato justo y el del otro un asesinato injusto. Ni hay asesinato justo ni debe declararse justa nuestra guerra y la del otro injusta. Quien lleve a cabo un asesinato que considere inevitable debe aceptar que es culpable de un asesinato (que la ley le d razn es completamen te irrelevante). Es culpable porque ha llevado la situacin a un extremo tal que se hizo inevitable el asesinato. El asesinato, si re sulta inevitable, revela que ambas partes tienen que cambiar, am bas son cmplices. Solamente de esta manera pueden enfrentar la culpabilidad. Aunque la guerra sea inevitable es un crimen que revela que no se puede seguir como antes, que hay que cam biar. Hay culpabilidad y solo el cambio puede enfrentarla.

La bala que atraviesa a nuestro enemigo y lo mata da vuelta a la Tierra y nos alcanza en la espalda, y esto no es nuevo: Si se toma el mandamiento del amor al prjimo de la tradicin judeo- cristiana, segn la traduccin de Lvinas, aparece precisamente este postulado referente a la realidad. Lvinas traduce: "Ama a tu prjimo; esta obra es como tu mismo; ama a tu prjimo, t mismo eres l; este amor al prjimo es lo que t mismo eres". Este t mismo eres l es un juicio emprico, que caracteriza la realidad, de lo que resulta que asesinato es suicidio. Por eso, el ama a tu prjimo es un llamado al realismo, no un juicio de valor a lo Max Weber. Si la realidad contiene y es este t mismo eres l, entonces es realismo amar al prjimo.

Ese es el momento de una nueva espiritualidad. Claro est que aqu lo novedoso no es algo que nunca haya habido, porque en toda historia humana aparece la conciencia de que el asesinato implica el suicidio. Lo nuevo es lo viejo en forma nueva; est ya en las races. Sin embargo, una espiritualidad que reconozca que nuestra realidad est constituida de manera que el asesinato es un suicidio, es nueva. Se trata de una espiritualidad que como tal ni es religiosa ni no religiosa, ni cristiana ni juda ni budista. Est en todas las religiones y est en el humanismo ateo igualmente. Habla todos estos idiomas y en todos grita: asesinato es suicidio. Es la realidad objetiva misma la que grita a travs de todas las creencias posibles como el realismo que no se entrega a la Realpolitik a lo Bismarck o a lo Kissinger, sino que reivindica el ser humano frente a todas las relaciones en que el hombre sea un ser humillado, sojuzgado, abandonado y despreciable.

Como la espiritualidad nueva vuelve a partir del descubrimiento emprico de que el mundo es redondo, verdaderamente redondo desde 1945 cuando la bomba atmica nos hizo concientes de que el asesinato es suicidio: quien dispara primero muere segundo. Era la primera vez en la historia humana que efectiva y empricamente la bala que disparamos atraviesa al enemigo y nos alcanza en la espalda. Y cada vez ms descubrimos balas de este tipo: la crisis del ambiente, las amenazas de la biotecnologa...

Eso es la globalidad de la Tierra, su nueva redondez: se llama: asesinato es suicidio. La estrategia de acumulacin del capital, que est hoy en curso y que se llama globalizacin, es la negacin total de esta globalidad de la Tierra. Estos falsos globalizadores creen todava que la Tierra es una planicie infinita en la que se puede destruir una parte para pasarse despus a otra. Han llevado a Occidente a la decadencia que hoy nos amenaza y estamos espantados frente a las consecuencias que hoy penden sobre nosotros. Tambin los falsos globalizadores se espantan y reaccionan con una agresividad renovada que est hoy desembocando en un nuevo tipo de masacre, recin iniciado en Afganistn, donde ni se habl de guerra ni de matar, sino de liquidar, aniquilar, eliminar y extirpar. Bush habl de fumigarlos en sus cuevas, como si fueran ratas; a los talibanes ni se les dio el nombre de seres humanos. Y los pocos prisioneros que se tom no tienen derechos humanos ni son considerados prisioneros de guerra. La guerra se considera una guerra justa y, precisamente por eso, sus vctimas no pueden reclamar justicia. Apareci una nueva dimensin del asesinato.

Empero, en 1945 ocurri un corte de la historia humana que todava est en camino, como tambin est en camino la conciencia de eso. Ya no se repite la historia anterior, todo aparece bajo una luz diferente. Sigue la historia y mantiene vigencia la historia, pero en una luz diferente: la de asesinato es suicidio; luz antigua pero de un brillo nuevo, de un nuevo realismo que arranca de la conciencia de que el asesinato es suicidio. La nueva espiritualidad es asumir esta luz. Es una fuerza mayor que la de los fusiles. Es respuesta a la decadencia del sistema, es resistencia, es alternativa, es luz que da sentido a la vida, es socavacin de la legitimidad del poder de los fusiles.

 

 

 

 

19. Elogio de la hipocresa

La hipocresa la expresa bien Heinrich Heine en un poema: "en pblico predican agua, a escondidas toman vino". Trtase de una mentira performativa. Jimmy Swagart, predicador de las igle sias electrnicas, predicaba contra la sexualidad pero se le pill gozando en lupanares, lo que caus consternacin en EU y Am rica Latina. En el mismo tiempo, un cardenal catlico de Pars una madrugada muri feliz en una casa de putas de esa capital, causando en Francia nada ms que risa. Hoy, en EU y en otras partes, el problema es con un delito mucho ms grave, el de la pederasta, cometido muchas veces por clrigos. Son hipcritas: en pblico pre dican agua y a escondidas beben vino.

El mentiroso predica no mentirs, el homicida predica no matars, el ladrn no robars. Pero es posible no mentir, no cometer homicidio, no robar? Hay mentiras de emergencia, hay de fensa legtima, hay robos en caso de extrema necesidad. Es impo sible no violar estas normas morales. Detrs de toda moral hay un actor que constantemente se mueve entre cumplirla e incum plirla.

Hay una hipocresa en el interior de toda moral. Nadie pue de predicar moral sin ser violador de ella; predicarla contiene siempre esta contradiccin performativa. Siempre se predica agua en pblico tomando a escondidas vino. En la religin cris tiana se dice que todos son pecadores - por tanto, tambin aqullos que tienen como oficio predicar la moral (incluso Francisco de Ass deca sentirse capaz de cometer todos los crmenes cono cidos).

La hipocresa, entonces, resulta condicin humana, no acto aislado cometido por algunos. Moral es hipocresa. Ningn pre dicador de la moral podra predicar lo que hace porque presentara un ideal muy mediocre que no entusiasmara a nadie. No puede predicar lo que hace, sino solamente lo que debiera hacer se y debiera hacer l tambin. Ciertamente, si la viola comete un delito, pero un delito humano. Veracidad es, entonces, aceptar esta hipocresa: reconocerse como ser humano que vive la con dicin humana.

Hay tambin la hipocresa que consiste en aparentar no ser hipcrita y negar la propia condicin humana. Nietzsche hizo la crtica de la hipocresa de la moral magistralmente, e inclusive la ampli: no se puede imponer la moral sino por medios que violan esa misma moral, lo que es igualmente cierto. Pero tampoco l encontr ninguna salida. Pone la veracidad en contra de la hi pocresa de la moral; es la abolicin de la moral en nombre de su inversin. Su superhombre ya est libre de los imperativos de no mentir, de no asesinar, de no robar y, entonces, parece que deja de ser hipcrita. Puede ser veraz, hacer lo que hace sin esconder ninguna violacin de este imperativo invertido: voluntad de po der.

Sin embargo, la moral invertida resulta ser tan hipcrita como lo es la moral, de cuya crtica Nietzsche parti. No se puede seguir esta moral de la voluntad de poder sin violarla constantemente. El que la predica se muestra de nuevo incapaz de cum plirla. Predica vino en pblico pero a escondidas bebe agua. El propio Nietzsche dice: "Es fcil hablar de actos inmorales de to das clases, pero se tendr fuerzas para soportarlos? Por ejemplo, yo no podra tolerar el haber faltado a mi palabra o el haber ma tado: me consumira durante ms o menos tiempo, pero morira a consecuencia de ello; tal sera mi suerte" (Citado por Camus, Albert. 1989. El hombre rebelde. Losada. Buenos Aires, p. 76).

Se ha invertido la moral, pero la hipocresa es la misma. Ha aparecido el segundo nivel de la hipocresa: donde se sostiene no estar sometido a sta. Pero la culpa ahora es al revs: en la mo ral de partida el crimen es mentir, asesinar, robar; en la moral in vertida de la voluntad de poder es no mentir, no asesinar, no ro bar. Mas el problema de conciencia y su inevitable hipocresa si gue.

Por eso, Nietzsche no aport nada a la solucin del problema de la culpabilidad, ms bien lo hizo ms difcil.

De eso se derivan varios problemas: Qu pasa con aqullos que predican pblicamente agua y toman a escondidas agua tam bien? Aunque no lo logren completamente, resultan entre los peores. Y tanto peor cuanto ms logran esta veracidad. Por supuesto, son los hipcritas que niegan la hipocresa de sus accio nes. Inclusive Nietzsche predicaba agua en pblico y a escondidas tomaba agua tambin. Son los inquisidores. Pueden ser irre prochables, pero todo lo que no cometen en su moral privada ahora lo cometen en la negacin de aqullos que la violan. Al no tener vida sexual, torturan a sus vctimas en sesiones; viven la se xualidad en forma de la destruccin del cuerpo del otro. Mentira, asesinato y robo ahora se cometen en contra de otros, que pretendidamente son mentirosos, asesinos y ladrones. El inquisidor es una persona casi completamente recta y por eso puede ser un gran criminal. Bernardo de Claraval, Cicero y Robespierre son prototipos, pero no los ms representativos de los grandes criminales de hoy, cuando ha aparecido algo que es simple cinis mo y que nos domina, que tiene la apariencia de hipocresa pero es muy diferente:

Segn una noticia reciente en la prensa, con motivo de la Cumbre de la Unin Europea celebrada en Sevilla en junio, la clebre ONG internacional Oxfam otorg una medalla a la hi pocresa a la UE "por la doble moral que promueve en el comer cio internacional, porque, por un lado, impulsa la liberalizacin y eliminacin de subvenciones en los pases empobrecidos mien tras, por el otro, mantiene cerrado su propio mercado y altamen te subvencionada su agricultura, lo cual favorece fundamental mente a las grandes empresas y propietarios, y genera excedentes a bajo precio que son exportados, hundiendo los mercados inter nacionales y locales". No dudo que el premio est bien dado, pe ro dnde est la hipocresa? Ni la UE ni EU esconden nada, si no que dicen "hagan lo que digo, pero no imiten lo que hago", lo que no es hipcrita sino cnico. El moralista hipcrita predicaba algo que tampoco haca, pero no negaba que la exigencia se diri ga a s mismo tambin. El cnico, en cambio, predica algo de lo que -segn sostiene - l est exento. Niega abiertamente toda igualdad entre su pas - o regin - y los otros. Merece un premio al cinismo pero no a la hipocresa. Dice: "nosotros tomamos vi no, pero ustedes agua". Empero, su veracidad no es la de Nietzs che, que detestaba ese tipo de cinismo; lo suyo es precisamente el cinismo que Nietzsche vea en polticos como Bismarck y Gui llermo II y que hoy vera en Kissinger, Reagan y los dos Bush. El mismo cinismo de los narcotraficantes que defienden la prohibi cin de la droga porque sin sta su negocio se desvanecera.

Al igual que los narcotraficantes, hoy los poderes de nuestro mundo defienden los derechos humanos, a los cuales necesitan para poder hacer sus negocios de poder. La persecucin de pretendidas conspiraciones mundiales asegura que los derechos hu manos no sean ms que cortina de humo. Cmo pueden con quistar el petrleo de Asia Central sin la cortina de humo de los derechos humanos de los afganos? Los derechos humanos en la boca del poder no tienen otra funcin que proteger el negocio del poder. Son el medio para un masaje del alma sentimental de aqullos que no tienen poder y que no deben tenerlo, masaje que es parte de lo que Hunttington llama el tittytainment para las ma sas. No hace falta aparentar nada; no hay ninguna hipocresa, si no un simple uso cnico de argumentos. Hasta se hace un cam po de concentracin en Guantnamo y la cortina de humo de los derechos humanos lo protege (en realidad el problema de los de rechos humanos en Cuba es un problema que se juega en Guan tnamo) .

Si hace falta recuperar la moral y la vigencia efectiva de los derechos humanos, hace falta recuperar la hipocresa. Pero hay que recuperar la hipocresa de la moral, no la de la abolicin de la moral por la voluntad del poder. Y por ese camino va la recu peracin de los derechos humanos tambin. Tienen razn aqu llos que pblicamente predican agua y a escondidas toman vino. Hagamos entonces un elogio a la hipocresa. En los aos cincuenta aparecieron los jvenes airados, que fueron derrotados y se transformaron en yuppies. Ahora vienen los viejos airados que junto con las viejas airadas son irresistibles y parece que no po drn ser aplastados.

 

 

 

 

 

20. Los simplificadores de este complejo mundo

Sabemos que el mundo es complejo segn quien se relaciona con l. En las ciencias empricas es corriente referirse a algn ob servador absolutamente informado (desde el diablillo de Laplace hasta el observador informado de Max Planck) o a un actor con conocimiento perfecto (p.e., la teora econmica de la compe tencia perfecta supone siempre actores de conocimiento perfecto en los mercados). Evidentemente, desde el punto de vista de un tal observador o actor perfectamente informado el mundo no es complejo sino simple. Y supongo que para los animales el mundo tampoco es complejo (actan por adaptacin). Sostener que el mundo es complejo es una simple afirmacin metafsica y, como tal, irrelevante. Es complejo solamente si suponemos que como seres humanos actuamos en l. Lo que tenemos como ex periencia es que las soluciones de los problemas que el ser huma no enfrenta son complejas. Todos los problemas relevantes tene mos que enfrentarlos en todos los niveles de la vida humana para poder encontrarles solucin. De este hecho tenemos que con cluir que el mundo mismo es complejo. Pero eso significa siempre que dada la conditio humana el mundo es complejo, y de esa conditio, la cual descubrimos al buscar soluciones a nuestros pro blemas, no tenemos un conocimiento a priori. Resulta entonces que el ser humano es un ser infinito atravesado por la finitud, por lo que puede concebir un mundo de observadores y actores de conocimiento perfecto para los cuales el mundo no es complejo, para posteriormente derivar que el ser humano no es eso, sino un ser para el cual el mundo es complejo, es decir, para el que todas las soluciones de sus problemas son complejas. Por otro lado, es imposible que el ser humano acte por pura adaptacin.

Frente a esta situacin humana de complejidad aparecen los "terribles simplificadores", como Jakob Burckhardt los llamaba ya en el siglo XIX. Cuanto ms complejo se nos hace el mundo ms grande es la tentacin de enfrentar esa complejidad con so luciones de simplificacin primitivas que ofrecen algn principio nico como solucin. Varias de estas simplificaciones aparecen desde el siglo XX, y muchas de ellas estn vinculadas a los tota litarismos de tal siglo. Pero parece que la ms extrema la vivimos hoy y viene precisamente de muchos de aquellos que hablan tan to de la complejidad del mundo: nuestros fundamentalistas del mercado, que llegan a una conclusin inaudita: porque el mun do es complejo solamente las soluciones simples -simplistas- re sultan aceptables. Esta reduccin de todos los problemas empe z con los neoliberales. Hayek la hace muy explcita: "Una socie dad libre requiere de ciertas morales que en ltima instancia se reducen a la mantencin de vidas: no a la mantencin de todas las vidas porque podra ser necesario sacrificar vidas individuales para preservar un nmero mayor de otras vidas. Por lo tanto, las nicas reglas morales son las que llevan al 'clculo de vidas': la propiedad y el contrato". Siendo complejo el mundo, el simplis mo de "la propiedad y el contrato" es la respuesta.

Sin embargo, de la complejidad del mundo podemos saber solamente por el hecho de que las soluciones son complejas. Pe ro este hecho se niega para negar en nombre de una afirmacin de por s metafsica que las soluciones no son complejas. Negada la complejidad de las soluciones la afirmacin de la complejidad del mundo pierde todo significado real. En nombre de la afirmacin metafsica de la complejidad del mundo se niega la complejidad en la vida real.

Hayek desarroll su tesis de la complejidad del mundo fren te al socialismo sovitico, que efectivamente tambin respondi a la complejidad del mundo con una solucin simplista expresa da en el principio de la planificacin como solucin nica. Sin embargo, Hayek nunca critic este simplismo, porque buscaba un simplismo igual, aunque desde otro ngulo. No discuti el simplismo, sino solamente cul era el simplismo correcto, y con test que ste es el simplismo del mercado: "la propiedad y el contrato". Es decir, sustituy el simplismo de la planificacin por el simplismo del mercado, lo que explica la llamativa similitud entre la ideologa sovitica y la ideologa de la estrategia actual llamada globalizacin originada en el neoliberalismo, cuyo exponente ms importante sigue siendo Hayek. Las dos ideologas tie nen en comn dar una respuesta simplista a una problemtica compleja. Sus diferencias consisten en determinar cul simplis mo nos corresponde escoger. Sin embargo, nuestro problema hoy es aceptar, por fin, que las soluciones son complejas, y reconocer la complejidad del mundo dentro del cual aparece la complejidad de las soluciones. Pero el fundamentalismo del mercado reaccio na al revs. Sigue con su simplismo para luchar ahora contra la complejidad del mundo. Reducir y, por fin, eliminar la compleji dad del mundo para que el mismo mundo sea tan simplista como lo es la solucin que se ofrece.

Toda la estrategia de globalizacin del mundo ha desemboca do en esta lucha contra la complejidad del mundo. Efectivamente, para que las soluciones sean simplistas, el mundo tiene que serlo tambin. Todo el sistema ahora se hace agresivo frente a un mundo complejo. La complejidad de las relaciones entre los seres humanos, la complejidad de la naturaleza, la complejidad de las culturas: todas estas complejidades falta ahora eliminar para cumplir con la ilusin de que el simplismo un da pueda funcio nar. Hay una frmula para este proceso: la eliminacin de las dis torsiones del mercado, la cual resume bien lo que es el fundamentalismo del mercado. Estas distorsiones resultan de la com plejidad del mundo. Cada solucin compleja que corresponda a la complejidad del mundo resulta ser una distorsin del merca do, y su eliminacin destruye la complejidad del mundo y lo hace invivible. Es el proceso de destruccin que hoy est en curso. Llamar hoy a respetar la complejidad del mundo significa llamar a terminar con un proceso de destruccin de la complejidad en pos de hacerla compatible con las soluciones simplistas de los terribles simplificadores, que hablan otro lenguaje. Ya lo vimos en Hayek cuando ofrece el mercado como instrumento nico, que sera complejo en s. Se niega la complejidad del mundo pero se ofrece esta negacin como respeto a la complejidad del mundo. Es el lenguaje de la novela 1984, de Orwell, en la que guerra es paz y tortura es amor al prjimo. Este mismo lenguaje aparece hoy hablando de terrorismo.

Lo que hoy los ejecutivos del sistema llaman terrorismo es en s una terrible simplificacin. El fenmeno al cual se refiere es sumamente diverso tanto en sus expresiones como en sus causas. La terrible simplificacin lo reduce a algo sumamente simple para responder en trminos igualmente simples. No queda entonces ms que una sola respuesta: el terrorismo de estado. Los terribles simplificadores ya no ven ms que un enfrentamiento entre el terrorismo de otros y el propio terrorismo de estado. Pero lo que se enfrenta como terrorismo es un fenmeno sumamente complejo. Exige respuestas en todos los planos de la sociedad: en el plano econmico de la estrategia de la globalizacin, que ya en s result una estrategia terrorista, pero tambin en los planos sociales e, inclusive, de la cultura. Pero los terribles simplificadores reducen todo a un solo problema -lo que llaman terrorismo- y a una sola respuesta -que es la respuesta del terrorismo de estado, sea sta la represin policial, que hoy cada vez ms ha vuelto a la tortura sistemtica, o las guerras de destruccin de pases enteros so pretexto de esta guerra contra el terrorismo.

Pero vuelven a hablar de la complejidad. Cuando hoy amenazan inclusive con la guerra atmica contra pases indefensos, se presentan en nombre del respeto a la complejidad. Un oficial del gobierno norteamericano recientemente present un documento sobre "Estrategia nacional para combatir armas de destruccin masiva" (CNN 11-12-2002) en el que en nombre de este combate anuncia el uso indiscriminado en el mundo de armas de destruccin masiva en manos de su gobierno. Sobre esta amenaza a todo el mundo, sin embargo, dice: "Por primera vez se ve una estrategia compleja para enfrentar una amenaza compleja". Es la amenaza del terrible simplificador expresada en nombre del respeto a la complejidad. Se simplifica tanto que la destruccin de todo puede ser el resultado. La discusin sobre la complejidad del mundo est perdiendo su sentido y ser difcil recuperarla.

 

 

21. El mito del crecimiento infinito y su transformacin en religin intramundana

La iluminacin y las revoluciones burguesas no hicieron rebelin en el cielo sino que lo destituyeron, pero en el mismo movimiento lo sustituyeron recuperndolo en una dimensin diferente. En el lugar del cielo religioso transmundano pusieron el progreso infinito, producto de una alianza entre tecnologa y empresa, laboratorio y fbrica. Constituyeron una religin intramundana que como mito fundante tiene el del progreso infinito. El infinito cuantitativo de este progreso es ahora el cielo ultramundano. Se trata de una trascendencia externa a la vida humana que impone una tensin hacia el futuro que no permite descanso jams (funciona como un ltigo); una trascendencia perfectamente intramundana, porque resulta de una simple proyeccin al infinito de desarrollos tcnicos presentes. Al destituir el cielo de las religiones tradicionales se constituye el cielo del progreso infinito.

Cuando la sociedad occidental asume el mito del progreso infinito -que aparte de mtico es ilusorio- las religiones no dejan de existir, pero s dejan de tener significado en la formacin de la sociedad, y aqul se transforma en criterio de verdad de todas las religiones. El dios del progreso infinito, que sustituye todos los dioses anteriores aunque stos mantengan sus nombres, es aun ms celoso que ellos (el caso ms extremo de la teologa del dios del crecimiento infinito parece expresarse en: Tipler, Frank J. 1994. The Physics of Immortality. Doubleday. New York). Desde la aparicin de la obra de Max Weber sobre la tica protestante el valor de las viejas religiones pas a definirse a partir de su capacidad para vehiculizar el mito del progreso en la alianza entre tecnologa y empresa; desde entonces a las religiones se les categoriza segn su capacidad de promover el capitalismo o no: su aporte al "desarrollo" decide su validez. En la cima de la jerarqua que se establece entre las religiones est el puritanismo calvinista, seguido por el confucionismo; luego vienen las religiones que distorsionan relativamente el "desarrollo" y que tienen que ser adaptadas a su verdad incuestionada: el catolicismo, la ortodoxia rusa y el Islam; y finalmente las religiones completamente incompatibles: las indgenas de Amrica y las originales de frica. Concomitantemente se condena las orientaciones dadas dentro de las religiones, como la teologa de la liberacin, que son declaradas "amenaza para la seguridad de EU" y para la religin central de nuestro tiempo: la intramundana del progreso infinito.

La prdida de validez de todas las religiones tradicionales se da en el grado en el que se someten al criterio de verdad de la religin del progreso infinito. Para no sucumbir, entonces, en todas ellas se desarrollan posiciones fundamentalistas ciegas y muchas veces sumamente agresivas. Este fenmeno empieza con el fundamentalismo cristiano en EU, al que siguen los diversos funda-mentalismos islmicos, judos y el actual fundamentalismo del Vaticano. Por todos lados aparecen talibanes que luchan entre s.

Pero, paralelamente, la religin del mito del progreso infinito, que derrot a todas las religiones tradicionales, desarroll una gran crisis en su interior. Las amenazas globales de la exclusin y de la destruccin ambiental, que son el subproducto de la persecucin irrestricta de este mito, hicieron visible su carcter profundamente ilusorio. Desde el informe al Club de Roma -Los lmites del crecimiento (1972)- ese mito se quebr perdiendo su legitimidad: se tom entonces conciencia de los peligros del crecimiento; mas en vez de reaccionar con polticas de moderacin se llev a cabo una aceleracin en el plano ms destructivo del sistema, que aument con el colapso del socialismo histrico; y la propia Modernidad hizo surgir el fundamentalismo neoliberal, tan ciego y agresivo como los fundamentalismos de las religiones tradicionales pero mucho ms poderoso, apareciendo los talibanes del FMI y de las reuniones del G-7.

La destruccin de los monumentos de Buda por los talibanes de Afganistn, que es un acto de barbarie nacido del fundamen talismo islamista, recuerda la destruccin de gigantes monumen tos de la cultura egipcia, con tres mil aos de antigedad, llevada a cabo para construir la represa de Assun en los aos sesen ta del pasado siglo en nombre del progreso. Los dos son casos de barbarie fundamentalista, pero una fue considerada legtima y la otra no. Casi nadie se atrevi a enfrentar la barbarie de los tali- banes de Assun, porque el mito del progreso infinito con su ver dad absoluta e incuestionable silenciaba cualquier crtica. En cambio, los talibanes de Afganistn con su respectiva verdad ab soluta e incuestionada son condenados sin compasin. Sin em bargo, ambos tipos de talibanes son del mismo calibre, y los de Assun continan con la cancha libre para destruir lo que se les antoje (culturas, seres humanos, ecosistemas) a condicin de que sirva para avanzar en la aplicacin de alguna tecnologa ren table.

Las culturas destruidas por Occidente han correspondido a sociedades altamente desarrolladas, aunque no fueron moder nas. Las grandes culturas americanas de Mxico y Cuzco, las cul turas de China e India, las rabes y la medieval europea eran cul turas desarrolladas. Fueron destruidas por Occidente sin compasin, considerndolas sin valor por el hecho de no ser modernas.

Los propios seres humanos son excluidos y botados a la basu ra. Las llamadas intervenciones humanitarias arrasan pases en teros, e igualmente es destruida la naturaleza. Mururoa, en el Pa cfico, fue aniquilada por las pruebas atmicas; Vieques, en Puer to Rico, es bombardeado diariamente por las fuerzas areas de EU. La Amazonia y el Himalaya son hollados, las fuentes de agua envenenadas, el aire apestado. En Costa Rica la prospeccin pe trolera ya hace estragos y promete ms. Las bellezas del pas son entregadas al mejor postor a condicin de que las destruya en funcin del mito del progreso infinito. Donde aparece algo til para el crecimiento econmico o la seguridad nacional la Moder nidad se lo apropia destruyendo lo que se le antoja: seres humanos, culturas, naturaleza. Los talibanes de la modernidad resul tan posiblemente peores que cualquier otro talibn.

 

22. Destruir para ser destruido

De la reciente ejecucin de Timothy McVeigh - en EU - llama especialmente la atencin el nuevo tipo de terrorismo que l re presenta: un terrorismo sin proyecto en el que el ejecutor no quiere lograr nada con su acto. Se podra incluso decir que lo que McVeigh hizo ya no es terrorismo, pero con igual razn podra decirse que ste es el primer terrorismo en serio.

McVeigh destruye para ser destruido, sin la vieja ilusin de que con el acto terrorista se construye algo. Tratrase de terroris mo de estado o de iniciativa privada, los actos de destruccin se presentaban en nombre de alguna construccin. Pero el nuevo terrorista no pretende construir sino ser destruido como conse cuencia de la destruccin de otros. No es suicidio simple, sino consecuentado por un previo asesinato, con el que no se quiere ni mostrar ni lograr nada, ni sentar ningn smbolo. Sin embar go, ese suicidio es un acto social; el terrorista es sujeto con otros, aunque sea en sentido de sujeto contra otros. Es sujeto con otros de manera invertida. Este nuevo terrorismo hace un acto com pletamente gratuito, de por s. Es un acto sin ningn clculo in termedio.

La historia es breve: En 1995 McVeigh revent con dos to neladas de explosivo un edificio estatal en Oklahoma matando a 168 personas, entre ellas unos 20 nios. Cuando se pregunt al padre de McVeigh por las razones, este contest: "Realmente no s como empez todo esto. Solo s que cuando volvi del ejrci to [en donde sirvi hasta el fin de la Guerra del Golfo, siendo profusamente condecorado] ya tena esa aversin por el gobier no". Segn Lou Michel, coautor del libro American Terrorists: Ti mothy McVeigh & The Oklahoma City Bombing, McVeigh se refe ra al hecho en los trminos de los partes de guerra: "l [Mc Veigh] me dijo una vez, en los trminos ms crudos: son 168 con tra uno". "l siente que es ganador", dice Michel. Sobre la Guerra del Golfo, un diario costarricense -por ejem plo- escriba: "Sin duda, Bush querra evitar prdidas innecesa rias de vidas humanas. Alrededor de un centenar de muertos en las fuerzas aliadas arrojaba un excelente balance frente a los 150.000 iraques fallecidos" (La Nacin 30-4-91). O sea, en la Guerra del Golfo eran 1.500 contra uno. Y McVeigh consider exitoso lograr 168 contra uno. Cuando se le pregunt si el hecho de la inclusin de los 20 nios en la matanza era o no especial mente horroroso, contest que se trataba de "daos colaterales", y aadi: "Lamento que haya gente que perdiera la vida. Pero est en la naturaleza de las cosas". Lo cual es literalmente tambin as en los partes de guerra. En el juicio se declar inocente aun que aceptaba haber cometido el crimen, lo que tambin corres ponde al lenguaje de los partes de guerra.

Ciertamente, el acto terrorista no era parte de una guerra, sino que McVeigh haba llevado a la cotidianidad lo que haba si do aquella guerra. Desde su punto de vista, eso era todo. Sin embargo, no era eso. En la Guerra del Golfo se haba hecho todo lo que hizo McVeigh, pero en nombre de altos valores. Se hablaba de una "guerra para la paz", para garantizar los derechos humanos. McVeigh le quit a su accin esta aureola transformndola en una accin escueta, que es ahora ubicua: puede ocurrir, y re gularmente ocurre, en cualquier momento y en cualquier lugar. Pero la conciencia tranquila la tienen ambos actores, el de la Guerra del Golfo y McVeigh, ambos juzgan correcto lo hecho y se declaran inocentes.

Pocos das antes de la ejecucin de McVeigh recibimos la no ticia de otra accin terrorista que obedece al mismo paradigma: "Ocho nios japoneses fueron asesinados ayer y otras 15 perso nas resultaron heridas en la peor tragedia escolar de Japn, cuan do un enfermo mental irrumpi en una escuela primaria y co menz a dar pualadas a mansalva". El informe policial dice que el asesino, Takuma, no termin la escuela secundaria, pas un tiempo en las Fuerzas de Autodefensa (el ejrcito japons) y trabaj despus como conductor de autobuses urbanos. "Estoy has tiado de todo -expres, segn la polica-, quiero que me ejecuten". Parece tratarse de una rplica del caso McVeigh pero no lo es, sino que ambos casos obedecen al mismo paradigma, respec to del cual desde hace ms o menos tres dcadas hay mltiples variaciones, pero casi siempre es el mismo: algunas veces el terrorista se ejecuta a s mismo, otras pide al poder que lo ejecute y unas ms se trata de suicidios colectivos en los cuales el incitador y los otros se autoaniquilan. Aparentemente empez en EU, con rapidez se extendi a Europa y Japn y ahora est presente en el mundo entero. Los clsicos anlisis del terrorismo no nos ayudan a entenderlo. Se ve eso enseguida si se recuerda el anlisis que hizo Camus en El hombre rebelde; para entenderlo tampoco sirve Popper cuando declara que quien quiere el cielo en la Tierra produce el infierno en la Tierra. El nuevo terrorismo no busca ningn cielo en la Tierra. La accin de McVeigh pertenece al conjunto del nuevo terrorismo, que sigue un paradigma determinado: destruir para ser destruido.

Pero el caso ms claro es Nietzsche: "La moral protega a los malparados contra el nihilismo, al tiempo que conceda a cada uno un valor infinito, metafsico, y lo emplazaba en un orden que no estaba de acuerdo con el poder y el rango del mundo: enseaba la entrega, la humildad, etctera. Admitiendo que la creencia en esta moral se destruyera, los malparados ya no hallaran en ella su consuelo y pereceran. Perecimiento que se presenta como la ruina de s mismo, como la eleccin instintiva de lo que forzosamente destruye. Los sntomas de esta autodestruccin de los malparados seran la autoviviseccin, el envenenamiento, la embriaguez, el romanticismo, ante todo la fuerza instintiva que nos lleva a realizar actos por los cuales hacemos poderosos a nuestros enemigos mortales (que se erigen, como quien dice, en los propios verdugos), la voluntad de destruccin como voluntad de un ms profundo instinto, el instinto de autodestruccin, la voluntad de la nada. El nihilismo como sntoma de ello indica que los desheredados ya no tienen ningn consuelo, que destruyen para ser destruidos: que privados de la moral ya no tienen ninguna razn para entregarse, que estn afincados en el terreno del principio opuesto y tambin quieren podero por su parte forzando a los poderosos a ser sus verdugos" (La voluntad de poder).

El anterior parece un comentario de hoy dirigido a explicar el caso de Timothy McVeigh o el de Takuma. En nuestra prensa no aparece ningn comentario tan lcido como se, escrito hace ms de 100 aos. Nietzsche percibe con claridad lo que ser la consecuencia de la cultura de la desesperanza que l mismo pro movi.

Despus de la ejecucin de McVeigh el actual presidente Bush dijo que aqul tuvo "el destino que busc" con sus actos. No creo que Bush tuviera claro cuan ciertas eran sus palabras. Trtase de una bella armona. Pero cuando Kant dijo "qu armona ms bella, lo que l quiere tambin lo quiere ella", expresaba precisamente el conflicto que surge del hecho de que ambas par tes quieren lo mismo, alrededor del cual el conflicto se da. Mas con los terroristas desaparece el conflicto entre verdugo y ejecu tado: aqul quiere ejecutar y el terrorista-ejecutado quiere que lo ejecuten. Hay coincidencia oppositorum, que siempre ha sido vis to como algo sacro.

Para Nietzsche es la solucin del problema del nihilismo. Ter mina el conflicto entre el poder y los subditos. El poder ahora castiga crmenes de los de abajo ejecutndolos con el acuerdo de ellos. El poder est libre para seguir la voluntad del poder. Los de abajo -los "malparados"- ya no pueden reclamar y no reclaman. Termina la "moral", que ahora est exclusivamente de lado de los poderosos. Pero esta solucin de Nietzsche es simple ilusin: des truy para autodestruirse; su propio colapso, a fines de 1889, lo atestigua.

 

 

23. Niestzche: el tremendum del fascinosum

Desde hace mucho tiempo leo y me aprendo de memoria muchos de los poemas de Nietzsche por lo bellos que son. Los considero grandes obras que hay que tener presentes en nuestro tiempo. Muchas veces son terribles, pero siempre hermosos y profundos. No quiero entrar en un duelo con Nietzsche - eso sera demasiado nietzscheano: uno de los problemas de Nietzsche es precisamente que se siente todo el tiempo en duelos... Leo a Nietzsche desde mi juventud y no hay muchos autores a los que haya ledo tanto, pero siempre tuve una relacin ambivalente con l. Por un lado la gran fascinacin que ejerce, por el otro el horror que me produce. Para m lo fascinante de l siempre ha estado vinculado con lo horroroso que es.

Desde el golpe militar en Chile he seguido los grandes textos que acompaan los genocidios de Occidente. Siempre se repite algo parecido. Cicerone, el gran filsofo con su estilo incompara ble en latn, escribe un llamado al genocidio igualmente incom parable. Lo hace en sus discursos anticatilinarios. Sin embargo, se lo celebra como el hombre de gran cultura que efectivamente fue. Pero el horror de los anticatilinarios no se menciona. Bernardo de Claraval es un gran mstico con una mstica fina y conmo vedora. Sin embargo, en toda la historia no hay ni un escritor cristiano tan brbaro y espeluznante como l con su prdica de las Cruzadas, toda la cual es un gran llamado al genocidio. Un santo? Ciertamente, pero santo y bestia. Los historiadores suelen no hablar de eso. Lo celebran como mstico y estadista. Lutero se hace presente con su llamado en nombre de la libertad del cris tiano. Quin no va a sentir la grandeza de este llamado? Sin em bargo, en contra de los campesinos alemanes levantados escribe su Contra las hordas ladronas y asesinas de los campesinos, otro lla mado al genocidio, en el que es llamativo el hecho de que est claramente inspirado en la prdica de las Cruzadas de Bernardo de Claraval, muchas veces textualmente.

En la Modernidad hay dos autores que ms brutalmente siguen en esta lnea y que posiblemente superan a todos los anteriores: John Locke y Nietzsche. A Locke todo el mundo lo celebra como el padre de los derechos humanos y la democracia, como hombre de la libertad. Sin embargo, su Segundo tratado sobre el gobierno civil es un formidable llamado al genocidio de todo el mundo. Dice sencillamente a nuestra burguesa que puede matar como bestia salvaje a cualquiera que se le ponga en el camino.

Nietzsche habla de la libertad, es genio y poeta. Pero habla con desprecio incomparable de todo el mundo, que no considera a su altura - su altura de aristocracia pretendida. Considera a todos "malparados", "parias". Y con la misma sutileza al escribir sus bellas poesas llama a destruir a aquellos. Se dice muchas veces que no se trata de los pobres en el sentido de Gustavo Gutirrez, el gran telogo de la liberacin. Considero eso un error. Nietzsche se dirige a los pobres, y me parece que no puede haber ninguna duda. Lo dice sobre todo en los textos sobre el nihilismo, publicados despus de su muerte con el ttulo de La voluntad de poder, pero toda su obra est atravesada por esta actitud.

Hay un fascinosum que inspira horror. El fascinosum se vincula con el tremendum. Acompaa a Occidente en toda su historia. Pero es precisamente Nietzsche quien nos obliga a verlo y tambin a responder. Yo, personalmente, no puedo leer a Nietzsche sin recordar el nazismo. Tena 14 aos cuando cay este rgimen. Era suficiente para recordar las frases con las cuales nos trataron como nios. Me suben del inconsciente cuando leo estos textos. Me revientan desde adentro. Por todos lados andaban las citas de Nietzsche sin que haya aparecido explcitamente la fuente. Solamente con la lectura de Nietzsche me di cuenta.

Se suele decir que los nazis comprendieron mal a Nietzsche. Yo no considero eso un argumento vlido, que en el fondo no hace ms que negar la responsabilidad (moral?) de Nietzsche por los usos y abusos que se hizo de sus textos. Pero no se trata de un juicio moral, se trata de un juicio histrico. Yo no tengo ninguna duda de que Nietzsche jams habra aceptado el uso que se hizo de sus textos. Cmo iba a aguantar a los nazis si ni soportaba a Bismarck? Un hombre tan fino como l jams aceptara eso. Pero en una evaluacin histrica no se trata de eso, sino de explicar el hecho de que el pensamiento de Nietzsche se poda usar en funcin del nazismo. No tiene ninguna importancia considerar eso un abuso e inclusive una falsificacin. No estamos juzgando las intenciones de Nietzsche. Tampoco estamos contestando la pregunta -hipottica- de si l hubiera, dado el caso, aceptado el nazismo. Para aclarar el punto hago la pregunta al revs. A qu pensador anterior al nazismo los nazis podran haber usado tan contundentemente como a Nietzsche? No se me ocurre ninguno. Lo intentaron con muchos pero el uso result siempre marginal. El hombre fustico de Goethe, el deber de Kant, el espritu del mundo de Hegel: estas cosas no dieron ms que para referencias aisladas. Con Nietzsche fue diferente. Se prest para producir toda una visin del mundo correspondiente a la ideologa nazi, como hoy se presta para la ideologa de la estrategia de globalizacin.

Tampoco podan usar a Locke, porque aunque el suyo fuera un pensamiento bastante asesino no cuadraba con lo que era el nazismo. El estalinismo s us (o abus?) a Locke: vanse los discursos de Vishinski, el fiscal de las purgas estalinianas en los aos treinta. En general se puede afirmar que a los nazis no servan gran cosa los pensamientos de inspiracin racionalista. Pero Nietzsche haba renunciado a eso.

El pensamiento de Nietzsche tena las aperturas que otros pensamientos no tenan, y para un juicio histrico ste es el punto. Considero por tanto bastante irrelevante -para este juicio- si los nazis comprendieron bien a Nietzsche o no. Se dieron cuenta que el pensamiento de ste era aprovechable para sus propsitos de una manera superior a cualquier otro pensamiento conocido. A ellos no les importaba comprender bien a Nietzsche, sino que ste era el pensador a quien podan usar (y quizs abusar) mejor. Y ste es el nico juicio sensato sobre Nietzsche en referencia al nazismo. Y para hacer este juicio no hace falta saber mayor cosa sobre las intenciones que Nietzsche tuvo al escribir. Sus textos fueron un arsenal perfecto para las armas ideolgicas de la muerte que el nazismo necesitaba.

Hay textos que tienen aperturas que el autor no procura ni sospecha, y ellas hacen historia. Cada texto tiene su historia pro pia, por lo que muchas veces no cabe un juicio moral pero s uno histrico. Hay textos que marcan categoras del pensamiento y de la accin, aunque el autor no lo quiera. Concentrar nuestra atencin en lo que querra el autor nos impide entender la histo ria y sus dimensiones de apertura. Una vez escrito, el texto tiene su propia historia, que es parte de la historia de la humanidad, y el autor ya no puede reclamar propiedad sobre aqul (aunque tenga el copyright), porque la historia no la podemos dominar. El texto significa lo que significa y no lo que el autor querra signi ficar; el texto se escapa al autor.

En la literatura sobre Nietzsche, que ciertamente no conoz co a fondo, encuentro poco anlisis al respecto. En los libros de Kaufman - hoy, entre los ms ledos - solo hay apologa de las bue nas intenciones de Nietzsche. Por ser un pensador multifactico Nietzsche fue usado (y abusado?) por el nazismo y por los ide logos de la actual estrategia de globalizacin, y tambin ha sido usado con la intencin de alguna emancipacin humana, la cual, verdaderamente, es imposible sacar de l. En l solamente podra apoyarse una emancipacin contra todo humano, que a la postre consistira en una brutalidad desenfrenada. Heidegger -excep cionalmente entre los intrpretes de Nietzsche- ve eso muy bien: habla de la rationalitas en la animalitas como esencia del super hombre.

Yo no pretendo saber la verdad sobre Nietzsche y creo que la pregunta sobre sta no tiene mucho sentido. Pero considero que l se identifica con la Modernidad como la estamos viviendo. No estoy contra de la Modernidad ni s cmo realistamente se po dra estar. Nietzsche es esa Modernidad in extremis que hoy pre tende ser Postmodernidad. Y s estoy en contra de este in extremis. Lo tuvimos con el nazismo y lo tenemos hoy con la ideolo ga de la globalizacin. Lo que nos hace falta es llevar la Modernidad de su extremo a la capacidad de sobrevivir, lo cual signifi ca ir ms all de Nietzsche - representante de la Modernidad en sus extremos. Con l no se puede enfrentar este extremo, sino so lamente aceptarlo y llevarlo a sus consecuencias ms extremas. El extremo que Nietzsche considera libertad yo lo llamo suicidio.

 

 

24. La guerra civil global empieza

Con el derrumbe de las torres gemelas empieza la guerra civil global que tanto se haba anunciado, y que es una guerra sin posiciones. Los autores del acto, al igual que la sociedad atacada, no tienen ningn proyecto de sociedad. Se trata de un acto que proyecta la miseria del presente hacia todo el futuro.

No hay ningn choque de culturas. El mundo es ya un mundo global en el cual hay solamente subculturas insertadas en una cultura global. Hablar de una guerra de culturas es otro pretexto para no aceptar lo que realmente ha pasado y transformar todo en otra fuente de agresividad. El ataque a las torres no es un ataque externo, llevado a cabo desde otra cultura, sino interno; es, en cierto sentido, un producto de la propia cultura dominante y global cuyos centros se atac. Ya no hay nada exterior a la sociedad humana mundial. Todo se produce en su interior, aunque mantenga especificidades segn la cultura original a partir de la cual estas reacciones surgen. Terroristas como los norteamericanos McVeigh y Unabomber actan de una manera y el rabe de otra, pero sus actuaciones son paralelas y se nutren de la misma fuente, que no es el mundo global - ste es el espacio en que actan - sino la estrategia llamada globalizacin, propulsada por FMI, BM y G7, que actan con un fundamentalismo sin igual. Tan terrorista es esta estrategia como los terroristas que produce. A un mundo global impusieron una estrategia de acumulacin del capital incompatible con la globalidad del mundo, destructora de su naturaleza y sus seres humanos. Para hacerlo, se cre una cultura de la desesperanza acompaada por un antiutopismo y un antihumanismo sistemticos. La clase dominante realiz su juego como global player de una economa de casino, en el que se jug con la vida de la gente y con la naturaleza, provocando amenazas globales ilimitadas que hoy penden sobre todos. En nombre de la eliminacin de distorsiones del mercado se elimin cualquier lmite para la desenfrenada accin del capital. Con las distorsiones se elimin los derechos humanos ms bsicos, que son los derechos a la vida concreta, y con ello se elimin la dignidad humana, haciendo del ser humano un capital humano.

Las amenazas globales implican circuitos de violencia que dentro de la estrategia son imparables y crean un automatismo de violencia que desemboca en la vorgine de violencia que estamos viviendo.

La exclusin de la poblacin crea en las regiones ms afectadas del mundo situaciones de imposibilidad de vivir, de las cuales se derivan las emigraciones, que son tan grandes que amenazan las regiones menos afectadas por la exclusin, o sea, principalmente, los pases del centro. Estas regiones se cierran violentamente frente a las olas de emigracin, dando como resultado una guerra sorda en las fronteras entre los pases centrales y las regiones excluidas, que todos los aos cobra miles de muertos. Cuanto ms la estrategia de acumulacin excluye, ms presionan estas olas de emigrantes y ms violento tiene que ser el rechazo de parte de los pases meta de las emigraciones. En cuanto consiguen pasar, se transforman en grupos discriminados que son explotados y despreciados. Sin embargo, logran algo bsico: sobrevivir.

En el tratamiento de la naturaleza aparece un circuito anlogo. La explotacin fragmentaria de sta lleva a crisis ambientales que desde hace dcadas se estn transformando en crisis globales: el hoyo del ozono, el aumento del nmero de huracanes, la desertificacin creciente, el empobrecimiento de las aguas y la vida en ellas. Nuevas tecnologas promueven o crean nuevas enfermedades... Para el casino no hay problema: cada nueva crisis promete nuevas ganancias por nuevas inversiones necesarias para reparar los daos de las anteriores. Sin embargo, las crisis resultantes dan otras razones para la migracin.

El casino no toma en cuenta lo que pasa con la gente ni con la naturaleza. Tiene un solo criterio, que impone a sangre y fuego: los ndices de la bolsa. Una guerra es buena o no, es un xito o no, segn si la bolsa sube o baja. Y si la venganza por los atentados del 11 de septiembre lleva al aumento de la bolsa, aqulla estar bien hecha. Ninguna otra cosa cuenta. Ya no hay servicio de noticias sin informacin sobre la bolsa. No hay resistencia relevante. La negativa a cualquier alternativa, a cualquier utopa, a cualquier humanismo ha aplastado la conciencia de la gente en el mundo entero. Se ha sembrado la desesperanza para asegurar la tranquilidad de los global players en su casino. Pero lo que cunde no es solamente desesperanza, sino que sta se ha transformado en desesperacin. Se esperaba producir fatalismo, mas la desesperacin no es fatalista.

El terrorismo hace, desde el lado opuesto, lo mismo que el casino, que es tan suicida como aqul, y choca con l reproducindolo. El casino lleva al suicidio por la irracionalidad de lo racionalizado, y el terrorismo presenta en forma de teatro mundial - un verdadero coliseo - la verdad del casino.

Nuestra sociedad hace todo para no entender el fenmeno. Se inventa otra vez una lucha entre civilizacin y barbarie, entre democracia y dictadura, entre el bien y el mal, guerra de civilizaciones... Pero se trata de nuestra misma civilizacin, que desemboc en esta vorgine de la violencia y no genera manera de salir de ella. El problema est adentro, no afuera. Proyectarlo en otros para solucionarlo por la eliminacin de ellos lo reproducir a un nivel peor.

El atentado de Nueva York revela que el sistema - este casino - ha perdido todas las coordenadas del bien y del mal. Al ser el origen del desastre que se hace presente en los atentados, en rigor no puede condenarlos sin condenarse a s mismo. Y al no condenarse a s mismo tiene que aceptarlos como parte del casino. De hecho Nietzsche, que es el analista ms lcido de este desenlace de la civilizacin occidental, insina eso como la solucin. El superhombre como global player y verdugo a la vez, que sigue su juego hasta que se revienta todo para desembocar en un eterno retorno. En esta forma, el sistema ya no necesita coordenadas del bien y el mal y est ms all de ellas.

Todos los pueblos condenaron el atentado en nombre de la dignidad humana, incluidos los representantes del sistema y del casino. Pero existe la sensacin bastante generalizada de que la condena por parte del sistema no tiene legitimidad, porque la estrategia de globalizacin que ste aplica desde hace dcadas, "eliminando las distorsiones del mercado", es una negacin de la dignidad humana. Los representantes del sistema condenan el atentado, entonces, porque fue irrespetado el poder que ellos detentan? S, en nombre de eso y de la bolsa de Nueva York, por que condenar los atentados en nombre de la dignidad humana no pueden hacerlo quienes la niegan en su esencia. Ya el sistema no tiene Norte; antes indicaba una direccin que, por falsa, se poda corregir, pero ahora la aguja de la brjula gira y gira enlo quecida. El vrtigo que todos sentimos se debe a eso. Los efectos indirectos de la estrategia de globalizacin han llevado a un punto en el cual la reaccin al sistema se hace tan irracional y extre ma como el sistema mismo. En este terrorismo el sistema se con tradice a s mismo. Los opuestos coinciden.

El movimiento en favor de alternativas mostr a tiempo lo que haca falta hacer, y la actual catstrofe lo comprueba. Hay que reforzar este movimiento para evitar catstrofes peores. El sistema es un conjunto doble, compuesto por la irracionalidad de la estrategia de globalizacin y por la irracionalidad del terrorismo. Ninguna de estas irracionalidades se puede superar sin supe rar la otra, y esa superacin doble muestra el nico camino para estabilizar nuestras sociedades. Lo que se desestabilizara es el ca sino, que es el que ha desestabilizado nuestra vida. Estamos entre dos extremos fundamentalistas y solamente la afirmacin y realizacin de un camino alternativo nos permitir pasar. Los ex tremos se tocan y su conflicto es aparente. Mediante el conflicto se afirman mutuamente.

Cuando el dios de uno es el diablo del otro y el diablo de uno el dios del otro, resulta una lucha a muerte sin destino. Desaparecen las coordenadas del bien y el mal y todo es posible. En es ta lucha a muerte todo es posible, porque los que se enfrentan aceptan el suicidio como desenlace. En esta lucha no nos pode mos poner de lado de uno o de otro, sino debemos subvertirla, no levantando otro frente de lucha, que desembocara en lo mismo, sino enfrentando esta sociedad con la necesidad de un consenso sobre la dignidad humana, con el bien comn como referencia ltima de todos los polos en conflicto, como "sociedad en la que quepan todos", la naturaleza incluida.

 

 

 

 

25. Se cayeron las coordenadas del bien y el mal el 11 de septiembre

El primer 11 de septiembre fue el de 1973: en colaboracin con el gobierno de Estados Unidos, las fuerzas areas chilenas bombardearon La Moneda - el Palacio de Gobierno de Chile -, lo devastaron y, adems, asesinaron al presidente Allende.

Los atentados del segundo 11 de septiembre, el del ao 2001, derribaron las torres gemelas de Nueva York matando a miles de personas, suicidndose los autores en el acto. Tal acto fue senti do en todo el mundo de manera tan chocante que probablemen te va a constituirse en un corte histrico. Pero hace falta pregun tar por qu. Si se toma el hecho al desnudo la respuesta no es tan obvia, es un acontecimiento corriente en la historia de los lti mos cien aos. Ha habido ataques areos mucho ms devastado res que apenas se recuerdan. Quizs el ataque a Hiroshima ha te nido un impacto parecido por el significado de la bomba atmica como arma global capaz de terminar con la vida en la Tierra. Mas ni en este caso la condena ha sido tan unnime ni el cho que tan profundo y tan generalizado. Y hay otros ataques igual mente devastadores que tan solo son recordados de manera ex cepcional. La guerra area de Alemania contra Gran Bretaa y la guerra area estadounidense-britnica contra Alemania la re cuerdan solamente las vctimas. Los ataques sobre Hanoi fueron celebrados como faros de libertad en grandes partes del globo - las que se consideran civilizadas. El peor ataque lo organiz el ge neral Haig, catlico practicante, un 24 de diciembre, aprovechando el hecho de que la gente estaba confiadamente en casa, logrando as una eficiencia mayor, expresada en un mximo de vctimas. Fuera de las vctimas sobrevivientes, casi nadie lo re cuerda. Ocurrieron despus los ataques a Bagdad y Belgrado, que siguen siendo celebrados por aquella parte de la humanidad con siderada civilizada como victorias de los derechos humanos. Y ha habido muchos otros miles de ataques areos de menor escala en el Tercer Mundo, entre ellos la aniquilacin, usando napalm, del barrio Chorrillos de la ciudad de Panam, realizada durante la invasin a Panam en 1989, en la que murieron 10.000 civiles -el doble que en el atentado en Nueva York. En ningn caso se recuerda el carcter devastador de los ataques, menos a las vctimas, ni tampoco se declar un da de oracin mundial.

Por qu es tan diferente este segundo 11 de septiembre? Ciertamente, es la primera vez que fue afectado el poder ms grande del mundo, el centro del dominio imperial, el que con una prepotencia sin igual se ha lanzado contra los pases que ha querido sin temer jams una respuesta. Solamente el Dios en el cielo estaba encima de este dios y con su God bless America y God's own country este poder cree representar a Dios en la Tierra, sintindose de hecho igual a l. Siendo dios, era a la vez un Aquiles sin taln de Aquiles. Este poder, que se siente dios y que es venerado en el mundo como Dios, fue seriamente atacado: hay parricidio, regicidio y deicidio.

Las torres gemelas eran el santuario de este dios: como el Vaticano para el catlico y la Meca para el musulmn, estas torres lo eran para la sociedad burguesa del dinero y del capital. Era un centro de piedad, siendo a la vez el centro de los negocios. El ataque al Pentgono, o un posible ataque a la Casa Blanca, son completamente secundarios en relacin con el atentado a las torres, que desde la perspectiva del hombre de dinero ha sido un sacrilegio. Eso vale precisamente para el capitalismo globalizado. Parlamentos y Casas Blancas son pura decoracin para el ncleo de esta espiritualidad del dinero y del capital, de acuerdo con la que el trono del rey y de Dios en esta Tierra eran las torres gemelas.

Para nuestro tiempo ha sido un regicidio, y todo el mundo lo sinti as. Y un regicidio es un parricidio, siendo ste, a la vez, un deicidio. Posiblemente el pillaje de Roma por los godos en el siglo V tuvo un impacto parecido para todo el Imperio Romano. Cuando hay regicidio, los reyes, que estn en los corazones, mueren tambin all, mas no mueren los corazones. Son las torres el rey? Reyes y torres son intercambiables, especialmente en nuestra sociedad donde las cosas sustituyeron a los seres humanos, transformndose stos en capital humano. Por eso, la cada de las torres significa algo mucho mayor que el asesinato de Kennedy, quien era solamente el representante de aquel rey que est en los corazones. Las torres son el rey.

Pero este rey es Dios y se le ha asesinado. Mas un Dios asesinado vuelve a travs del asesinato de sus asesinos. El asesinato de los asesinos de Dios acompaa desde la Edad Media europea a todos los imperios occidentales en sus perodos de crisis. Hasta la II Guerra Mundial se sola vincular con el antisemitismo, que nunca ha sido una simple persecucin a la minora juda, aunque persegua a judos que estaban en minora. Sin embargo, el medio para declarar que toda resistencia en contra de la dominacin imperial era un asesinato de Dios, declarndolo "locura judaica". El asesinato de los asesinos de Dios se poda entonces extender a cualquier grupo humano. Aun el socialismo sovitico fue denunciado hasta la II Guerra Mundial en todos los pases occidentales como un "bolchevismo judo", lo que permita asesinar a comunistas en nombre del asesinato de los asesinos de Dios y asesinar a los judos en nombre de la eliminacin del comunismo. El antisemitismo nazi no es comprensible sin esta consideracin del comunismo como un producto judo.

Este asesinato de Dios, aunque en trminos secularizados, aparece de nuevo. Hoy se habla de la bendicin de Dios, pero cuando Bush anuncia la guerra del Bien contra el Mal, el Bien es el conjunto de los valores de la sociedad: la paz, la libertad y el libre comercio, en nombre de los que se hace la guerra y que conforman el santuario y se unen en uno solo: el libre comercio. No hay distincin entre ellos. Cuando Bush anuncia su God bless America se trata del dios de estos valores, cuyo trono fueron las torres gemelas.

Este dios ha sido asesinado, y un dios asesinado resucita por el asesinato de sus asesinos. Es la cruzada de la cual el mismo Bush habl: "... la nica forma de perseguir la paz es persiguiendo a quienes la amenazan". Vuelve la paz, pero la paz es guerra - que es el lema del Big Brother. Para que haya paz hay que matar a sus enemigos. Para que haya libertad hay que matar a los enemigos de sta. Para que haya tolerancia hay que matar a sus enemigos. Y para que haya libre comercio hay que matar a los enemigos del libre comercio.

El ataque de este 11 de septiembre toc las coordenadas del bien y del mal de toda la civilizacin occidental, saliendo a la luz nuestra confusin de lenguas. Cayeron las torres del Imperio, y los imperios se derrumban cuando sus torres caen. Caen por una confusin de lenguas, no por las bombas.

El incendio del Reichstag (Cmara de Diputados) ocurrido en 1933 en Berln (Reichstagsbrand) es un antecedente aterrador - aunque sucedido a nivel de una nacin y no del mundo globali zado. Hasta hoy no se sabe si fue un atentado anarquista u obra de los propios nazis, segn los cuales fue regicidio y deicidio a la vez. En este incendio se quemaron las coordenadas del bien y del mal prexistentes y desaparecieron todos los lmites. No se fijaron nuevas coordenadas sino que se pas al perodo ms nefasto de la historia humana hasta ahora. Algo parecido ocurri en el pri mer 11 de septiembre con el ataque a La Moneda, en Santiago, que posiblemente inspir el ataque a las torres. Ah se abri igualmente un perodo feroz, un derrumbe sin lmites de las coor denadas del bien y del mal. Pero persista el imperio global que poda sustentar la restauracin posterior.

El derrumbe de ahora es a nivel global y no hay nadie que pueda decir lo que pasar. Hay derrumbe y no hay alternativa a la vista. Habra que reconstituir la propia civilizacin, pero no sa bemos de nuevos fundamentos. Otra vez pueden desaparecer to dos los lmites, y no hay instancia imperial superior para guiar restauracin alguna. Por eso ya no se puede volver a lo anterior. Ningn poder poltico puede esta vez enfrentar lo que viene, porque en el mundo hay un solo poder.

Lo dramtico del derrumbe de las torres es que con ellas se derrumbaron nuestras coordenadas, socialmente establecidas (aunque mentirosas), del bien y del mal. En los ltimos cien aos hubo ataques areos mayores (Hiroshima, Hanoi, Bagdad, Bel grado...), pero el imperio poda ubicarlos en un horizonte (aun que perverso) de sentido: actos de imposicin de su humanismo. Pero en el ataque a Nueva York aparece el demonio como causante. El Occidente -que hoy es global- se senta un Aquiles sin taln: en Bagdad mat cientos de miles teniendo solamente unos cien cados de su parte, en Belgrado la Otan mat a miles sin que hubiera ningn cado de su parte y Estados Unidos soaba con un escudo anti-misiles que lo transformara en el seor del mun do, pero se demostr que tambin este Aquiles tiene su taln.

Un viejo sabio maldeca a su enemigo, amenazndolo: "Que vivas tiempos interesantes!" ...Ya han llegado esos tiempos inte resantes.

Hay un lema del siglo XIX pronunciado primeramente por Nietzsche: "barbarie en vez de socialismo". Nietzsche lo expresa as: "Para elevarse, luchando, de este caos a esta configuracin surge una necesidad, hay que elegir: o perecer o imponerse. Una raza dominante solo puede desarrollarse en virtud de principios terribles y violentos. Debiendo preguntarnos: dnde estn los brbaros del siglo XX? Se harn visibles y se consolidarn des pus de enormes crisis socialistas; sern los elementos capaces de la mayor dureza para consigo mismo, los que puedan garantizar la voluntad ms prolongada". Esta barbarie ha llegado en vez del socialismo. Primero con el nazismo, despus con la barbarie del casino y sus global players. Ese lema Rosa Luxemburg lo contes t, invirtindolo: "socialismo o barbarie", lo que significaba: so cialismo en vez de barbarie. Pero el socialismo fracas muchas veces frente al problema. Por eso se trata hoy de "bien comn o barbarie": el bien comn en vez de la barbarie en curso. En Am rica Latina se trata de: sociedad en la que quepan todos, natura leza incluida, o barbarie.

 

 

26. La lucha por el todo y el nuevo macartismo mundial

La actual lucha antiterrorista es en realidad una lucha del sistema en pos de qu? Hay tantas hiptesis como intereses estn en juego: es por el petrleo de Asia Central, para cuyo control es esencial el dominio sobre Afganistn; es para ponerle un cerco a China a fin de amenazarlo por tierra en el futuro; es para contestar a los movimientos que son crticos ante la estrategia de acumulacin de capital denominada globalizacin, que se hacen presentes en todo el mundo y que han llevado a manifestaciones populares con tal fuerza que pueden amenazar esta estrategia en el futuro...

Hay muchas razones para inquietarse, pero sera equivocado explicar la actual estrategia de poder de Estados Unidos por esas razones, como si fueran simplemente intereses particulares de los poderes del sistema. Hay mucho ms en juego. El sistema nunca lucha por intereses particulares en un sentido pragmtico, sino por el poder como un todo, y en el grado en que lo logra todos los intereses particulares presentes en el sistema se logran por aadidura. En nombre del todo el poder se divinizan los intere ses, para poder perseguirlos como valores absolutos. Todorov ha ce un anlisis de la conquista de Mxico por Hernn Corts que nos puede introducir en esta problemtica: "En Cozumel, al guien le sugiere enviar hombres armados a buscar oro en el interior de las tierras. Y Corts le dijo riendo que no vena l para tan pocas cosas, sino para servir a Dios y al rey. En cuanto se entera de la existencia del reino de Montezuma, decide que no se con formar con arrebatar riquezas, sino que someter el propio rei no ... as es como le debemos, por una parte, el haber inventado la guerra de la conquista y, por la otra, el haber ideado una pol tica de colonizacin en tiempos de paz (Todorov, Tzvetan. 1989. La conquista de Amrica. El problema del otro. Siglo XXI. Mxico, p. 107).

Por supuesto, Corts quiere el oro, pero no como inters par ticular. Quiere todo, por tanto tambin el oro. No quiere rique zas para enriquecer a Espaa y vivir despus tranquilo como hidalgo. Quiere todo y se embarca en una conquista que jams ter minar. Es la conquista que se concretiza en riquezas, pero que las trasciende. Por eso no quiere "pocas cosas" sino servir "a Dios y al rey". Eso significa conquistar todo el reino y posteriormente todos los otros reinos que existen en la Tierra. No tiene intere ses, sino que va en persecucin del todo, lo que implica que cual quier inters que pueda surgir estar tambin servido. Aqu, segn Todorov, empieza la Modernidad que nunca se orienta por intereses, sino por el todo, cuya persecucin asegura, efectiva mente, cualquier inters existente o por haber. Los intereses se transforman en algo metafsico, en nombre de los cuales su portador hasta puede sacrificarlo todo, inclusive su vida. Coln ex presaba lo mismo cuando exaltaba el oro como materia capaz de abrir hasta las puertas del paraso.

Hoy el sistema, cuyo centro es Estados Unidos, est de nuevo tras la conquista del todo, sirviendo as sus intereses. Igualmente tiene conciencia de que los intereses estn mejor servidos si se accede al todo.

La estrategia de acumulacin del capitalismo global ha logra do lo que hasta sus propios partidarios han llamado el "mercado total". Esta estrategia se ha impuesto al mundo entero, pero si gue habiendo resistencias, sigue habiendo intereses no completa mente integrados, sigue habiendo tendencias para salir de esta jaula de acero. Frente a las inconsistencias del mercado total, ya antes de los atentados del 11 de septiembre se haca evidente que la continuacin de esta poltica necesitaba como comple mento un poder poltico mundial totalitario capaz de asegurar la eliminacin de las "distorsiones del mercado". Se hace visible hoy que la reaccin a los atentados de Nueva York hace surgir es te proyecto en nombre de una lucha antiterrorista mundial y to tal, para someter a todos los rincones del mundo a la totalizacin del mercado. El terrorismo se concibe con la suficiente amplitud como para poder denunciar como terrorismo cualquier resistencia a esta estrategia. El lema de Bush es homlogo al lema cen tral de todos los totalitarismos: "Quien no est con nosotros, es t con los terroristas".

De lo que se trata fue ya expresado por Mike Davis: "Si hay un antecedente [respecto de la situacin planteada a partir del atentado terrorista en Nueva York] en la historia de Estados Unidos, entonces no se trata del 7 de diciembre de 1941 -el asalto a Pearl Harbor- sino del 23 de septiembre de 1949. Este da el presidente Truman aclar al pblico estadounidense que la Unin Sovitica haba probado con xito una bomba atmica (...) el senador McCarthy y el director del FBI, J. Edgar Hoover, aprovecharon el miedo de la poblacin para iniciar una caza sin tregua en contra del 'enemigo interior'. La izquierda, que ante riormente haba tenido gran influencia, fue extirpada sin perdn. No fue tanto la ideologa sino el miedo lo que estaba detrs del consenso autoritario nacional de los aos cincuenta. Estamos con George W. Bush en el camino hacia atrs al futuro? Significar la guerra en contra del terrorismo el fin de la apertura ha cia la inmigracin, de la libertad en internet, de las protestas contra un capitalismo global, del derecho a una esfera privada y de todas las otras libertades burguesas esenciales ... ?" (Davis, Mike: "Furcht vor der Fnften Kolonne. Zur Zukunft der Angst: Mit dem neuen amerikanischen Patriotismus droht der Weg in die Kontrollgesellschaft", en Die Zeit 20-10-01. p. 39).

Se trata, pues, de un nuevo macartismo que esta vez preten de ser mundial y que de ninguna manera se limita a Estados Uni dos. Su arma de poder es la pretendida lucha antiterrorista, que en su nombre puede amenazar a cualquier movimiento de resistencia con la guerra total. Esta vez Estados Unidos aspira, como centro de poder del sistema, al poder absoluto que se puede ba sar en la amenaza de aniquilacin de cualquier actividad de opo sicin al sistema.

No se trata de un choque de civilizaciones; no es cruzada an ti-islmica (la tesis de Huntington sobre el choque de civilizacio nes queda obsoleta) - la administracin Bush es bien clara al res pecto. Es confrontacin total con el mundo, incluyendo por su puesto al mundo islmico. Se aspira al todo para dominar las partes. Cualquier pas del mundo podra ser el objetivo, en tanto es distorsionante para el mercado total. Y se convertir en objetivo en nombre del anti-terrorismo. Ya se hace notar: mientras se ataca a Afganistn, se busca otros pases para atacar. La guerra es total.

Lo amenazante es que la nueva alianza contra el terrorismo, tan amplia como la ONU, va a sustituir a sta. Se trata de la disolucin de la democracia a nivel mundial por un gobierno antiterrorista mundial, cuyo centro es Estados Unidos. Un macartismo mundial, como poder encima de todos los poderes, ejercido por un gobierno representante de la estrategia de la globalizacin: Estados Unidos como juez de una historia que es juicio final; Estados Unidos como juez del juicio final, del bien frente al mal. La lucha contra el terrorismo da la posibilidad de que un solo poder controle todos los poderes del mundo. As, aparece el primer totalitarismo a nivel mundial, frente al cual no hay posibilidad de control desde otro poder, frente al cual no hay posibilidad de enfrentamiento por medio del poder. El imperio est por hacerse omnipotente, pero se le escapa el hecho de que quien ms se acerca a la omnipotencia, ms debilidades desarrollar.

El atentado en Nueva York ocurri en el momento preciso en que ya se enfocaba la posibilidad de este nuevo totalitarismo poltico mundial. En los primeros das tras el atentado ste fue comparado con Pearl Harbor, lo cual es espantoso porque el ataque a Pearl Harbor fue por un lado un ataque japons pero, por el otro, un auto-ataque del gobierno de Estados Unidos: ste tena informaciones sobre un eventual ataque, mas decidi no enfrentarlo para que se produjese un desastre de tal magnitud que la opinin pblica se viera obligada a asumir la guerra decididamente. Si el ataque a Nueva York tuviera eso en comn con Pearl Harbor, tratarase de la decisin ms miope en la historia de las decisiones polticas de Estados Unidos, tan rica en miopas absurdas frente a las consecuencias de sus acciones.

 

 

 

 

 

 

27. La conspiracin terrorista mundial: proyeccin del monstruo

Las guerras de los ltimos aos, desde la del Golfo hasta la de Palestina, han demostrado que ya se ha superado el estorbo de los derechos humanos: ese desagradable obstculo para la polti ca imperial. Despus de la del Golfo, la defensa de los derechos humanos se ha transformado en un acto subversivo en contra del que est incluso la opinin pblica. El movimiento de paz ha sido sealado como el verdadero peligro, y quien est a favor del respeto de los derechos humanos y de la paz es denunciado co mo partidario del terrorismo.

Ha aparecido una forma de informacin que solo aparente mente es informacin directa y que se practica por espejismo. En los pases del socialismo histrico, para saber lo que la censura suprima haba que aprender a leer entre lneas, pero frente a nuestros medios de comunicacin eso de poco sirve, lo que hace falta es leer espejismos. La imagen en el espejo es solamente una imagen de la realidad si se sabe que la imagen es un espejismo. Por tanto, hay que derivar indirectamente de la imagen en el espejo la realidad, que en el espejo aparece invertida. En el espejo se ve la realidad solamente de manera virtual, no directa. Si se toma la imagen en el espejo como la realidad, la realidad se escapa completamente. Ni aparece. En vez de ver la realidad, uno ve solamente monstruos. Sin embargo, de estos monstruos hay que derivar lo que es la realidad detrs. Tambin esta realidad puede ser monstruosa. Pero los monstruos que aparecen en el es pejo no son los monstruos que existen en la realidad, sino solo sus imgenes invertidas.

Cuando se proyecta el monstruo en Noriega, Noriega es transformado en el jefe del centro mundial del trfico de drogas, en el mximo dictador sangriento; y si desaparece, el trfico de drogas s podr ser combatido y la democracia estar segura en el mundo. Hoy el monstruo Noriega de nuevo se ha reducido a sus dimensiones reales y normales. Ha sido un dictador corriente, que en el trfico mundial de drogas no era ms que una figura de tercera categora, que adems logr esta posicin por medio de la polica anti-droga del gobierno norteamericano. Ha sido esta proyeccin del monstruo un simple bla-bla, o significaba algo real? Ciertamente, no dice gran cosa sobre Noriega, pero sobre quin podra decir algo? Cuando el presidente Bush (padre) deca sobre Hussein que era un nuevo Hitler, que haba montado el cuarto ejrcito ms grande del mundo amenazando con conquistar toda la Tierra, l proyectaba un monstruo en Hussein. Hoy, que ste tambin ha sido reducido a dimensiones mucho ms pequeas y se ha visto su ejrcito indefenso frente a la fbrica de muerte que el ejrcito de EU mont al lado de su frontera, aquella proyeccin de Hussein no nos dice mucho sobre l. En el ltimo tiempo el monstruo se llam Bin Laden, seor de una conspiracin terrorista mundial omnipresente. Sin embargo, igualmente se ha desinflado y ya se habla apenas de Afganistn. Parcialmente lo sustituye Arafat, y se vuelve a resucitar a Hussein como monstruo parte de un eje del mal.

Todos estos monstruos van pasando, dndole la mano uno a otro. Pero el camino por el cual aparecen designa el blanco de la fbrica de muerte que lucha contra ellos. Es una fbrica de muerte que aparece con el ataque a Libia en los aos ochenta y con la invasin de Panam en 1989, y con todo su potencial destructivo se hace presente en la guerra del Golfo. Es una fbrica de muerte tan perfectamente mvil como las fbricas de maquila en el Tercer Mundo. Despus del Golfo se movi a Serbia, destruyndola; despus a Afganistn, dejando detrs una tierra quemada. Ahora aparece, aunque cambiada, en Palestina, para producir tambin all muerte y desolacin. El Tercer Mundo tiembla y nadie sabe bien adonde se desplazar -podra ser a Irak o a Colombia, o incluso a China o a Rusia... Los momentos de baja de la Bolsa de Valores de Nueva York son momentos predilectos para el funcionamiento de la fbrica de muerte mvil. Cuando empieza a producir muertos, la Bolsa empieza a vivir (sta es un Moloc que vive de la muerte de seres humanos).

Es evidente que hacen falta monstruos para legitimar el fun cionamiento de esta fbrica de muerte. Estos monstruos tienen que ser tan malos que la fbrica de muerte se haga inevitable y nica respuesta posible. Pero como solamente hay adversarios, que de ninguna manera son monstruos, se produce monstruos para proyectarlos en ellos y as dar aceite a la fbrica de muerte. Hoy se est visiblemente construyendo un supermonstruo, una Hydra, cuyas cabezas son estos monstruos del momento. Se corta las cabezas y a la Hydra le nacen nuevas. La fbrica de matar tiene que perseguirlas para cortarlas tambin. La manera de re ferirse a estas masacres -"liquidar", "eliminar", "extirpar", "exter minar"- revela lo que son, es el lenguaje de todas las fbricas de muerte del siglo XX.

Se trata hoy de la construccin de una conspiracin mundial terrorista que acta por todos lados y en cada momento, pero cuando su cabeza se levanta lleva un apellido solamente: Hus- sein, Milosevic, Bin Laden... Estas conspiraciones monstruosas son del siglo XX. En la primera mitad, la Ojrana, polica secreta de la Rusia zarista, construy el monstruo de la conspiracin ju da, que domin ese perodo. Y en la segunda mitad, a partir de la II Guerra, imper la conspiracin comunista, antes considerada parte de la conspiracin juda mundial en tanto "bolchevismo judo". Una conspiracin parecida se construy en la Unin So vitica: la trotzkista. Terminada una conspiracin, el poder necesita otra para poder desenvolverse sin lmites y sin ser amarrado por algunos derechos humanos. Y ya se empieza a incluir en esta conspiracin terrorista mundial el movimiento de los crticos de la globalizacin (expresados desde Seattle hasta Porto Alegre). La construccin de estas conspiraciones mundiales es la ola de fondo de la constitucin de todos los totalitarismos modernos, necesarios para poder sostener la poltica del mercado total, sobre la cual se basa la actual estrategia de acumulacin de capital llamada globalizacin. Sin embargo, monstruos de este tipo no se puede matar (segn el mito griego, por cada cabeza que se le cor ta a la Hydra le nacen siete nuevas), sino que hay que disolver los: tomando conciencia del hecho de que son simples proyeccio nes y asegurando un mundo justo. Estas proyecciones de monstruos no nos dicen nada o casi nada de aqullos a quienes se les imputa la monstruosidad, pero s mucho de quienes las elaboran. El anlisis de la proyeccin re vela la realidad desde la cual el monstruo es proyectado. Y siem pre a ese tipo de proyeccin subyace la idea de que para luchar contra el monstruo hay que hacerse monstruo tambin, de que frente al monstruo todo es lcito (Napolen deca: "Para luchar contra el partisano hay que hacerse partisano tambin"). De esta manera, quien hace la proyeccin del monstruo resulta ser l mismo un monstruo que no conoce lmites, pero mientras uno no lea la imagen del monstruo como una imagen en el espejo, el autor de la imagen -ese monstruo original- permanece invisible. En realidad, la monstruosidad de cada uno se conoce a partir de las proyecciones que ese uno hace acerca de la monstruosidad de otros, y no de las proyecciones monstruosas que se hacen sobre uno. A travs de la proyeccin se consigue que las manos del autor de sta ya no estn atadas por ningn derecho humano. Y eso es el nico monstruo que cuenta y del cual hay que tener miedo: aqul que declara que en nombre de sus metas no tiene que res petar ningn derecho humano.

Mientras la informacin directa es casi arbitrariamente ma nipulable, la informacin que se da va imagen en el espejo no es manipulable, pero hay que saber leerla. Posiblemente, desde am bos lados en lucha se hace la proyeccin mutua del monstruo, uno frente al otro. Ambos, por tanto, se hacen monstruos para luchar en contra de su respectivo monstruo. Pero, sin embargo, eso no significa que ambos tengan razn. Al contrario, ahora ninguno la tiene, aunque ambos se transforman en monstruo pa ra poder luchar. Porque la proyeccin polarizada es la creacin mutua de la injusticia en nombre de la justicia, que acta por ambos lados de manera igual. Nunca es cierta, ni siquiera en el caso en que el otro, en el cual se proyecta el monstruo, sea realmente un monstruo. La mentira es un producto del mismo mecanismo: hacerse monstruo para luchar en contra del monstruo; la razn de la lucha desemboca en la sinrazn (Goya dice: "El sueo de la razn produce monstruos").

 

 

 

 

 

28. Asalto al poder mundial (ataque a Irak)

Las luchas por el poder mundial y los asaltos a ste empiezan con el siglo XX, agudizndose en su curso. Al principio de tal centuria los poderes de Europa y EU dominaron y se repartieron el mundo. Para seguir la conquista tenan que asaltarse uno al otro, y nacieron las guerras mundiales y la Guerra Fra. Se asal taron en la Primera Guerra Mundial en gran escala, tratando de constituir un poder por encima de todos los poderes del mundo.

Las luchas por el asalto al poder mundial vuelven hoy. El pri mer gran asalto -ilusorio- lo intent la Alemania nazi por medio de la Segunda Guerra Mundial, donde mostr la agresividad y destructividad que el asalto implica. Despus de la Guerra Fra apareci un mundo pluriestatal con una superpotencia primo n ter pares (el primero entre iguales), pero ella no aceptaba este lu gar, lanzndose ahora, bajo la presidencia de Bush, al asalto del poder mundial.

Durante la Guerra Fra, tal asalto definitivo resultaba impo sible por la amenaza atmica de destruccin mutua. Pero desde el momento de la subida a la presidencia de Reagan era visible la crisis del socialismo histrico. Por tanto, apareci de nuevo una ideologa del asalto al poder mundial, que frente al poder de la Unin Sovitica no poda todava realizarse, aunque se lo prepa raba.

Con la presidencia de Bush se empez a preparar de nuevo este asalto al poder sobre el mundo entero: apareci entre los halcones de la sociedad norteamericana muy estrechamente vin culados con el American Enterprise Insitute (la central de las empresas multinacionales de EU), a los cuales se junta el actual presidente. Celebraban el New American Century (el nuevo siglo americano, donde americano no se refiere a Amrica, sino a EU). De hecho, se trata del segundo gran intento del asalto al mundo -despus del de la Alemania nazi-, ya no ilusorio, como el nazi, sino basado en un poder militar superior al poder del con junto de todos los pases del mundo. Hay poder militar mundial, falta un nuevo poder econmico y financiero mundial que lo sus tente.

En esta guerra, pues, no se trata simplemente del petrleo iraqu, sino principalmente del poder sobre el mundo en lo econmico y lo financiero, y el petrleo es una de las llaves de este dominio. Dice Bush: "Somos una fuerza militar sin paralelo, tene mos el derecho de actuar en todo el mundo para imponer la eco noma de mercado y garantizar la seguridad energtica, y podemos atacar a quien consideremos una amenaza o a cualquier pas que pueda convertirse en una competencia militar" (en Estrategia de Seguridad de Estados Unidos). Por eso, esta guerra no es conse cuencia de la sed de petrleo y de ganancias, sino que se la rea liza aunque no haya ganancias. No se quiere petrleo sino todo el petrleo, as como se lucha por dominar toda el agua, todo el trigo, todos los genes, todas las ganancias. Tienen un idealismo todista ilimitado. Con tanto por ganar se lanzan sin siquiera cal cular. Para qu va a calcular las ganancias quien est apostando por el todo?

El asalto al poder mundial necesita un enemigo presente en el mundo entero que est amenazando al asaltante. Para defen derse, ste tiene que tomar el poder sobre el mundo entero. Siempre estamos frente a la construccin de una conspiracin mundial que obliga a aqul que quiere asaltar el mundo a tomar el poder mundial. Pero como no hay tal enemigo, se le inventa. Se inventa un monstruo de conspiracin mundial que obliga a conquistar el mundo para liberarlo de l, y que es tan terrorfico que hay que hacerse monstruo para poder luchar en su contra.

Se empieza a hablar de conspiraciones mundiales desde fines del siglo XIX. Desde el invento de la conspiracin mundial juda, cada perspectiva de conquista del poder sobre el mundo crea su conspiracin mundial, y en nombre de la lucha contra sta fue que la Alemania nazi asalt el poder mundial. Sigui el invento de la conspiracin trotzkista en el estalinismo, aunque no se le presentaba como una conspiracin realmente mundial. Pero es te carcter s lo tuvo la creada en la Guerra Fra: la conspiracin mundial comunista, que tiene su elaboracin ms contundente en el tiempo de Reagan, quien invent el reino del mal dirigido por el Kremlin, frente al cual destac EU como el milenio, "la ciudad que brilla en las colinas", lo que es una alusin al milenio del Apocalipsis.

A eso sigue hoy la conspiracin mundial terrorista, que es un invento igual a los otros, aunque tantos crean en ella. Se basa en los atentados de Nueva York, como el rgimen nazi se bas en el Reichtagsbrand (incendio del parlamento). Con eso se logra un impacto inmediato que sirve para crear el miedo en la poblacin frente a la conspiracin mundial. Posteriormente, se lanza el asalto al poder mundial, para dominar las fuerzas nefastas que actan mundialmente. En el caso de Nueva York todava no se sabe quines fueron realmente los responsables. Y en el ao y medio posterior no ha habido ningn atentado ni en EU, ni en la Unin Europea ni en Japn. No hay razones para creer en la existencia de ninguna organizacin mundial terrorista con capacidad de amenazar. Dice un proverbio: Si ves a un gigante, mira bien, para estar seguro de que lo que ves no sea la sombra gigante de un enano.

Detrs de estas conspiraciones mundiales siempre se construye un diablo que las organiza. Con la conspiracin mundial juda el diablo era Lucifer, al cual haba que derrocar y mandarlo al infierno. En el tiempo de Reagan era el reino del mal, que se puede traducir igualmente como reino del diablo. Bush ve detrs de sus terroristas inventados la cara del diablo (evil's face) y lo ve especialmente en la cara de Saddam. La unin de lo sagrado y lo mortfero se dio tambin al inicio de la conquista de Amrica. Los conquistadores usaron cruces que eran espadas y espadas que eran cruces. Entre las religiones abrmicas solamente el cristianismo ha desarrollado este tipo de agresividad total. El Islam no lo tiene aunque conozca guerras en nombre de Allh - pero ste no es la guerra.

Como antecedente histrico debe recordarse que, hasta comenzar la Segunda Guerra Mundial, Alemania tuvo el apoyo de los gobiernos de Gran Bretaa, EU y Francia, que vieron en el fascismo la fortaleza necesaria contra el socialismo de la Unin Sovitica, contra los movimientos socialistas de sus propios pa ses y contra el movimiento socialista fuera de gobierno ms gran de del mundo, el alemn, al cual los nazis ilegalizaron y casi des truyeron. Pero el ataque de Alemania a Polonia en 1939, justificado como guerra preventiva, aclar que la Alemania nazi que ra mucho ms que una lucha anticomunista, que quera asaltar el poder mundial, y a partir de ese ataque se form la alianza antifascista. El ataque a cul otro pas, esta vez, ser el que revele que ahora se trata de algo ms que de antiterrorismo, que se tra ta de otro asalto al poder mundial?

 

 

 

 

29. La actual imperializacin del cristianismo

"Cuando la batalla de Armagedn llegue a su temible culmi nacin y parezca ya que toda existencia terrena va a quedar des truida, en ese mismo momento aparecer el Seor Jesucristo y evitar la aniquilacin total. A medida que la historia se apresura hacia ese momento, permtame el lector hacerle unas pregun tas. Siente miedo, o esperanza de liberacin? La contestacin que usted d a esta pregunta determinar su condicin espiri tual" (Lindsey, Hal. 1988. La Agona del Gran Planeta Tierra. Edi torial Vida. Miami.). Declarada la muerte del dios de la libera cin y de la emancipacin, el dios del ser humano como sujeto corporal y vivo, aparece el otro dios, el del salvajismo.

El fundamentalismo cristiano de EU, surgido entre fines del siglo XIX y principios del XX, imperializa el cristianismo, asu miendo como su dios este dios del salvajismo e interpretando el cristianismo y su historia en trminos de tres grandes etapas his tricas: el perodo de Moiss hasta Jess, el perodo de Jess has ta hoy y el nuevo perodo -ya iniciado como el del fin de la his toria con la segunda venida de Cristo. Por tanto, toda esta teo loga, que surge en nombre del fundamentalismo, interpreta el mundo actual como un mundo que est por desaparecer en las prximas dcadas. Esta segunda venida de Cristo es precedida por un juicio ms terrible que cualquier cosa conocida en el pa sado, la llamada gran tribulacin. Los fundamentalistas creen que la mayora de los creyentes en Jess sern "raptados" al cielo por Cristo, para que la tribulacin se concentre sobre los pecadores empedernidos. Un tiempo antes de esa tribulacin ser restaura do el pueblo de Israel a su tierra y sus enemigos destruidos.

Esta enseanza del fundamentalismo cristiano es politizada en la dcada de los setenta del siglo XX, cuando aparece el libro La Agona del Gran Planeta Tierra, del predicador fundamentalis ta Hal Lindsey, que en el curso de la dcada tuvo una tirada de ms de 15 millones de ejemplares convirtindose en el bestseller del decenio y transformando aquel fundamentalismo en plata forma para la exitosa campaa electoral de Reagan de 1980. Reagan se present como cristiano "renacido" - expresin a travs de la cual se reconocen estos fundamentalistas en EU - y sus discursos estaban impregnados de las enseanzas de ese funda mentalismo, que l a su vez desarroll mediante la interpreta cin de textos del Apocalipsis de San Juan, segn el cual la se gunda venida de Cristo ocurre al final del milenio, cuando ste es atacado por enemigos que se llaman Gog y Magog, frente a los que se forma la batalla del Mesas, cuyo lugar, segn el texto, ser Armagedn, en Palestina. En los discursos de Reagan aparece eso, cuando polariza el mundo entre el bien y el mal, presentan do a EU como el milenio realizado y llamndolo ciudad que brilla en las colinas -expresin combinada tomada de los textos apoca lpticos cristianos. Sin embargo, este milenio, segn el presiden te Reagan, es amenazado por un reino del mal que, teniendo su centro en el Kremlin de Mosc, acta en todas partes y sustitu ye a Gog y Magog del texto del Apocalipsis. Esta batalla de Ar magedn es una batalla limpia entre el bien y el mal, en la cual Cristo est, por supuesto, del lado del bien, o sea, del de Reagan. Ganada esta batalla, Cristo viene para recrear toda la creacin destruida, pero solamente en favor de sus creyentes fundamen talistas, aniquilando a los otros. As, la batalla de Armagedn es un enfrentamiento de aniquilamiento puro.

Al imperializarse, el fundamentalismo cristiano crea una mstica de aniquilamiento total que acompaa a la perfeccin las ideologas de aniquilamiento que habamos analizado antes como resultado del paradigma antiutpico del asesinato fundante. El levantamiento de Gog y Magog en contra del imperio del milenio figura ahora como el asesinato fundante, en contra del cual el milenio reacciona para aniquilarlos. Se trata efectivamente de una nueva imperializacin del cristianismo. La primera, que ocu rre en los siglos III y IV, se concibe en nombre de la crucifixin de Cristo para asesinar a aqullos que fueron considerados como sus crucificadores. Esta nueva imperializacin se concibe a par tir del milenio realizado en EU, atacado por las fuerzas del mal (de Gog y Magog). Sin embargo, la mstica agresiva es la misma y en los pases rabes se la percibe como la mstica de nuevas cruzadas, a pesar de que este fundamentalismo cristiano apenas menciona frente a sus enemigos el reproche de ser crucificado res de Cristo. El gobierno de Bush, integrado por muchos cola boradores de Reagan, contina con este constructo reaganiano.

En la lnea del reino del mal de Reagan aparece, por tanto, el eje del mal en contra del cual EU lucha, presentndose Bush, igual que Reagan, como cristiano "renacido" y basndose su fuerza electoral en los votos de las corrientes del fundamentalis mo cristiano de EU, las cuales van en aumento en el mundo en tero. Su signo es el lema Cristo viene, que, pegado en automvi les, casas y caminos no solamente de EU, no es un anuncio sino una amenaza, la del ltimo juicio, que estos fundamentalistas pretenden anticipar en nombre de la segunda venida de Cristo. Se habla de la venida de este ltimo juicio para anticiparlo y tomarlo en las propias manos. Por eso, las guerras que se hacen dentro de este contexto son anticipaciones del ltimo juicio de Cristo y los fundamentalistas cristianos son los encargados de llevarlas a cabo. Esta mstica del aniquilamiento es sumamente eficaz. Le da una apariencia utpica a la propia destruccin de la humanidad y de la Tierra. Es la antiutopa como utopa. Puede destruir todo aunque sepa que al final se destruye a s misma. Siempre mantiene un horizonte ms all de la destruccin total, que es el de la segunda venida de Cristo, que va a crear todo de nuevo para entregarlo a aquellos que han destruido todo. No es un horizonte de esperanza, sino una salida para aquellos que no admiten ninguna esperanza.

La propaganda de este fundamentalismo la hacen grandes imperios econmicos, burocracias eclesiales privadas que domi nan importantes medios de comunicacin. En EU se denuncia mucho los atentados suicidas de algunos islmicos que esperan como su horizonte de salida el pasaje post mortem al cielo de Allh. Pero el fundamentalismo cristiano de EU es mucho ms extre mo, porque es total. Lanza a todo el mundo al suicidio colectivo para dejar como horizonte de salida la segunda venida de Cris to. Lindsey describe esta salida: "este perodo (de la tribulacin) se caracteriza por la gran destruccin que el hombre har de s mismo. La humanidad estar al borde de la aniquilacin cuando Cristo aparezca de repente para poner fin a la guerra de las guerras: Armagedn". Segn Lindsey, despus de eso viene la restauracin del paraso. Este fundamentalismo de los aos setenta todava es altamente antijudo. Sobre lo que pasar a los judos en este perodo de tribulaciones dice: "Al comparar este perodo con los regmenes de Hitler, Mao y Stalin, estos parecern inocentes ante la crueldad del (Anticristo). Al Anticristo se le va a dar absoluta autoridad para actuar con el poder de Satans". De las filas de los judos vendr el falso profeta de las fuerzas del mal: "Se lo llama la segunda bestia y ha de ser judo... Ser una imitacin de Juan el Bautista con carcter diablico".

El fundamentalismo de los aos noventa deja de hablar en estos trminos antijudaicos, aunque no se retracta. Hay un evidente parecido con la ideologa nazi, que tambin concibe el rgimen nazi como el milenio realizado atacado por las fuerzas del mal de todo el mundo y que tiene que conquistar el mundo entero para aniquilarlas. Hasta se llama oficialmente el Reich del milenio. Eso tiene el mismo sentido que hoy tiene el New American Century en EU. No se habla del New Amercan Milenium para que el paralelo con el nazismo no sea demasiado evidente. Se nota que se trata de la construccin de una ideologa adecuada para el asalto al poder mundial. Por tanto, la ideologa se repite en cuanto se repite este asalto.

 

 

Eplogo: El coliseo o la joya

Si la sociedad no da lugar a todos, no tendr lugar para nadie. Si queremos dar al conjunto de los derechos humanos en cuanto derechos de la vida humana una expresin sinttica, esta ser: un mundo en el cual quepan todos, la naturaleza entera incluida.

La sociedad de la tica de los ladrones es la sociedad, que reduce todas las relaciones sociales al clculo. (Los primeros clculos desnudos son el clculo de la guerra, el clculo del pirata y el clculo de Pirro) Aparece la sociedad, que ha tratado todas las ticas de la vida humana exitosamente como distorsiones del mercado, como sociedad que ahora se rige en el lmite por la tica de los ladrones. Sustituy estas ticas por la absolutizacin de la tica del mercado.

Esta sociedad existe, pero no es sostenible. Una sociedad es sostenible, cuando la vida humana en ella es sostenible. La sociedad de la tica de los ladrones aparece en cuanto se busca la sostenibilidad del sistema y no de la vida humana. Para hacer sostenible el sistema, hay que sacrificar la vida humana y sacrificndola el propio sistema deja de ser sostenible. Solamente un sistema dentro del cual es sostenible la vida humana, puede ser un sistema sostenible.

Al tratar la sociedad a los excluidos como objeto calculando su lmite de lo aguantable y focalizando su relacin con ellos, las propias relaciones sociales en el interior de esta sociedad - ahora las de los "integrados" - dejan de ser sostenibles. No se trata de una sociedad integrada que tiene que abrirse a los excluidos. La integracin inclusive de esta sociedad integrada deja de funcionar, cuando trata a los excluidos como objetos por domesticar. La sociedad integrada se desintegra, si mantiene la exclusin. Se brutaliza.

El clculo del lmite de lo aguantable en su consecuencia acaba con la vida e inclusive con la vida propia. Al no saber a priori donde est el lmite de lo aguantable, pasa el lmite y se pierde.

La estrategia de acumulacin de capital llamada globalizacin niega globalmente la globalidad del mundo. Desarrolla una actividad global, que impide globalmente tomar en cuanta la globalidad del mundo. Hoy, la bala que disparamos, da vuelta a la tierra para alcanzarnos en la nuca. Eso es la globalidad de la tierra, como existe hoy. Como alternativa no se trata de una globalizacin desde abajo. Se trata de reconocer de que el mundo es efectivamente global con el resultado, que esta imposicin global de una accin directa incapaz de reconocer la globalidad del mundo, sea superada. El mundo es redondo y cada vez descubrimos nuevas dimensiones de esta redondez. La estrategia de globalizacin, en cambio, niega globalmente esta redondez de la tierra. Por eso la destruye. Produce amenazas globales, e impide, enfrentarlas.

Que no se puede vivir sin que todos vivan, es por un lado un postulado de la razn prctica, por el otro determina una praxis. Es la praxis correspondiente a los derechos humanos de la vida humana.

Segn Lvinas la traduccin correcta del llamado al amor al prjimo es: Ama a tu prjimo, t lo eres. Eso es posible solamente si se trata de una actitud ms all del clculo. Que el mundo es hoy global, significa, que eso es hoy en la realidad globalizada misma as.

Aparece un nuevo terrorismo, que mata sin razones aparentes, para suicidarse al final el asesino. De manera invertida muestra lo que es el ser humano en cuanto sujeto: no matar al otro para no matarse a s mismo. Asesinato es suicidio. Lo invierten en: matar al otro para matar al fin a s mismo. Hacen teatrum mundi y en este teatro se muere efectivamente. Esta inversin ha seguida a la del pensamiento fascista, en el cual dos luchan a muerte para morir en un abrazo que parece de amor. Estos terroristas son delirantes, pero delirios tienen lgica. Como dice Hamlet: Aunque sea locura, mtodo tiene. Hacen una obra surrealista. Adems, se ponen teatralmente en escena. Efectivamente hacen un teatro, pero del tipo del coliseo. El actor, que en este teatro se muere, despus no se levanta para recibir aplausos, sino est efectivamente muerto como sus vctimas. Andr Breton, el poeta surrealista, deca: El nico acto con sentido es, tomar una ametralladora y disparar salvajemente alrededor. Su imaginacin todava no era completa. Tendra que haber terminado: y pegarse al fin un tiro a s mismo. El mundo actual se revela en sus asesinos locos. Los asesinos locos nos muestran el espejo. Se trata de locos nuevos. Nunca en la historia ha habido esta locura. Pero de manera invertida nos dicen la verdad. Como aparentemente ya no hay alternativa, los locos dicen la verdad de manera invertida. El asesino se suicida al final. Eso es la inversin del: tienes que asegurar la vida de todos para no termines t en el suicidio.

Es teatrum mundi. Lo que los locos asesinos hacen como teatro real y cruel, lo hace nuestra sociedad en grande. Toda nuestra sociedad hace, lo que el teatro mundi de los locos asesinos nos presenta: asesina, sabiendo, que el final ser el suicidio. Sin embargo, a los locos asesinos los consideramos criminales. Los que hacen eso con la sociedad humana entera, tienen puestos de honor. Es nuestro coliseo. Pero el coliseo era al revs: era montado por el emperador y se aclamaba el crimen que se presentaba.. Nuestro coliseo es armado por la misma gente, no por el emperador. Y no se aclama el crimen, sino se dice: qu horror. Despus se va a la mesa para comer y para seguir con la fiesta, igual que los romanos.

Esta fiesta es diaria en nuestras pantallas de cine y televisin. Cuanto ms violenta se puso nuestra sociedad, ms se celebra la violencia. Miramos las escenas de hambre y ms apetito tenemos para cenar. Casi ya no tenemos apetito si no vemos antes en la pantalla un nio que est murindose de hambre. Tenemos un coliseo cotidiano, inclusive para nios. Somos como Caligula, imperador de Roma en el I. siglo, que, como se cuenta, mandaba toturar a un prisionero, cuando desayunaba, y para que gozaba mejor la comida. Y estas escenificaciones a veces necesitamos llevarlas a la realidad y los pretextos nunca faltan. Estamos promoviendo el sadismo. Eso hace el nuevo Emperador apoyndose en la OTAN o ONU. En vez de ver en estas imgenes a nosotros mismos, vemos maldades de otros que nos obligan a seguir con este teatro de violencia. Eso es el pretexto para poder celebrar de manera invertida nuestra violencia propia. Estos teatros crueles, que celebramos oficialmente, muestran siempre esta gran mentira: podemos seguir con la violencia sin que tenga consecuencias sobre nosotros. Pretenden ensear, que el asesinato no es suicidio. Suean con ser Aquiles sin taln de Aquiles. Por eso se destaca tanto, que no hay casi muertos por el lado de este nuevo Emperador. Hay sangre en el agua y los tiburones se vuelven locos. Las guerras del nuevo Emperador quieren mostrar lo contrario de lo que muestran los locos asesinos. La aspiracin a un escudo antimisiles es la cspide grotesca: una razn, que, al soar, produce monstruos. Se trata de la aspiracin de poder tratar al mundo entero como se ha tratado a Serbia. Poder destruir a todos, sin arriesgarse a ser destruidos ellos mismos. Quieren mostrar, que el imperio puede asesinar, sin que eso desemboque en el suicidio. Sobre eso deca Lord Acton: El poder corrompe; sin embargo, el poder absoluto corrompe absolutamente. Sin embargo, los nuevos terroristas son ms lcidos. Asesinan, para suicidarse despus. Ensean a todo el mundo la verdad: asesinato es suicidio. El punto de la mayor fuerza es siempre tambin el punto de la mayor debilidad.

Pero tambin de esta realidad cruel sabemos solamente por las imgenes, por lo menos, si no nos toca a nosotros mismos. Despus no hay ni diferencia entre ambos. Todo es virtual. Pero quien es virtual, al fin somos nosotros mismos. Pero aunque lo descifremos, queda siempre la respuesta cnica de hoy que dice: Y qu? Por qu no? En este caso el crculo se cierra, llega a ser tautolgico y no hay manera de salir de l.

Se habla mucho de la locura de las bacas, que amenaza contagiar a los seres humanos. Pero es al revs. La locura humana es tanta, que hasta hoy los animales se contagian y vuelven a contagiar a nosotros. La naturaleza entera se va a volver loca como consecuencia de esta locura. Pero toda esta locura es locura humana, cuyas consecuencias vuelven ms locos todava a los seres humanos. Toda esta locura revela solamente que el asesinato es suicidio.

Los asesinos locos dicen la verdad, aunque en forma invertida. Son hoy los nicos que la dicen.

Resulta el lmite de la calculabilidad. Lo real no es lo que se puede medir, lo real es lo que se escapa cuando todo se reduce a la medicin. Lo no medible, lo cualitativo, es lo real. Considerar lo medible como lo real, es encontrarse con la nada. Aqu el nihilismo tiene su raz.

Que el asesinato es suicidio, revela el lmite de la calculabilidad. Y el lmite del clculo revela al sujeto. Pero el sujeto no es el individuo. El individuo calcula. Por tanto defiende sus intereses particulares, sea como individuo o como grupo. La persona en cuanto sujeto defiende sus intereses tambin, pero lo hace en esta intersubjetividad establecida por el criterio segn el cual la amenaza a la vida del otro es tambin amenaza para la propia vida, aunque calculablemente no haya el ms mnimo criterio para sostener eso. Si el otro no puede vivir, yo no puedo vivir tampoco. Por eso, nunca se puede imaginar un sujeto solo, Robinson es individuo y nada ms que eso. La sujetividad irrumpe en la individualidad, es el Mesas que est siempre a la vuelta de la esquina (Walter Benjamin). La sujetividad es una identidad con los otros, pero una identidad mediada. Es mediada por la relacin vida-muerte del otro y ma. Que el asesinato es suicidio, resulta ser una postulado de la razn prctica y probablemente el nico.

En el bien comn se hace presente este sujeto. La persona en cuanto sujeto defiende su inters como bien comn. Por eso el bien comn es histrico, no un conjunto de normas fijas preestablecidas.

Si frica se abandona, yo s como sujeto, que eso me afecta, a m y mis hijos, aunque no s como. Si me solidarizo, defiendo no slo a los africanos, defiendo a m tambin. Calculadamente, una afirmacin como esta no tendra sentido. Pero no se trata de sacrificarse por el otro, sino de reivindicarse como sujeto. Eso no se puede sin reivindicar al otro. De esta reivindicacin nace la solidaridad en cuanto praxis, porque al reivindicarse como sujeto la persona se reivindica en el conjunto de los otros. El otro est en m, yo estoy en el otro.

Esta intersujetividad del sujeto - no entre sujetos, sino de todos en cuanto sujetos - es el ser, que cay en el olvido del ser. Es un ser para la vida, no un ser para la muerte.

Anthony de Mello cuenta una pequea ancdota [2] : Un monje de la India, que vive de lo que la gente le regala como limosna, un da encuentra en su camino una linda y brillante joya. Como le gusta mucho, la levanta y la mete en su bolsa, en la cual guarda lo que la gente le regala y sigue con su vida. Un da, otro monje le pide ayuda, porque no consigui limosna y estaba pasando hambre. El monje abri su bolsa y le dio del arroz que le quedaba. En este momento el otro monje vio la joya y se lo pidi. El monje la sac, la mir y se la pas. El otro monje le agradeci y se fue feliz, pensando que ahora por toda la vida poda vivir en abundancia. Sin embargo, el otro da volvi donde el primer monje, se le acerc, sac la joya y se la devolvi. A la pregunta por qu? respondi: Quiero que me des algo, que tiene ms valor que esta joya. Pero el primer monje le insisti que no tena ms y pregunt:Qu entonces quieres de m? Contest el otro monje: Quiero que me regales aquello que te hizo posible regalar la joya a m.

La referencia a este "aquello" es lo que hace posible la vida humana. Ninguna validez de valores y, por tanto, tambin de los derechos humanos es posible, si no volvemos a descubrir la referencia a este "aquello". Este "aquello" es la joya de la cual se trata. Descubirla, no es solamente una virtud, es a la vez condicin de posibilidad de la propia sobrevivencia humana. [3] Es el punto de Alquimedes, al que Alquimedes no encontr. Eso implica una conversin. No una conversin a Dios, sino una conversin a lo humano. [4]

Llevando nuestra situacin al extremo, sin pensar todava las mediaciones necesarias, estamos de nuevo frente a la apuesta de Pascal. [5] Es la apuesta por la vida y por la felicidad. Tenemos que eligir: el coliseo o la joya.



[1] Nota del editor: Adems de haber sido modificados en sus ttulos y en otros pocos deta lles, los artculos escritos por F. Hinkelammert en Ambien-tico, entre mayo-2000 y junio- 2003, en este libro se han ordenado no respetando el orden cronolgico de sus aparicio nes en la revista sino, ms bien, su articulacin temtica. Como el autor los escribi siguiendo el desarrollo articulado -no exento de vaivenes- de sus preocupaciones, el trastocamien to que se hubo de llevar a cabo no alter la estructura bsica que plasm su aparicin en cascada a travs de los meses.

[2] segn Carlos G. Valls: Ligero de equipaje. Tony de Mello. Un profeta para nuestro tiempo. Sal Terrae. Santander, 1987. p.58

[3] Eso no es un juicio de valor, sino un juicio de hecho. El juicio de valor, que la ciencia efectivamente no puede derivar, es el juicio del deber de adherir a una tica, cuya necesidad se puede comprobar. Hay que distinguir entre el juicio que constituye la tica, lo que es un juicio que la ciencia puede hacer y que hace constantemente aunque no de cuenta de l, y el juicio del deber, que obliga a cada uno de adherir a esta tica y de asumirla como deber. Este ltimo juicio la ciencia no puede efectuar. Max Weber, en su concepto de juicio de valor, confunde ambos juicios.

El juicio del deber es el juicio que prefiere la vida a la muerte y que renuncia, por tanto, al suicidio. Nadie puede comprobar de que hay que renunciar al suicidio. No es un juicio tico, sino es el juicio, que, en ltima instancia, constituye toda tica. Estrictamente hablando, no se puede prohibir el suicidio, por que, en el caso que tenga xito, no se puede castigarlo.

[4] Eso no excluye la conversin a Dios. Pero el criterio para saber, si uno se ha convertido a Dios o no, es lo humano.

[5] Vea la apuesta de Pascal. Pascal: Pensamientos. Traducido por X. Zubirir. Espasa-Calpe, Madrid 1940. p.50-53

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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