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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-09-2015

Crtica a la razn utpica

Franz Hinkelammert
Rebelin


Editorial DEI. San Jos, Costa Rica. 1984 (Primera edicin)  

 

Contenido

Prefacio

 

Introduccin: el realismo en poltica como arte de lo posible

 

Captulo I

El marco categorial del pensamiento conservador

1. La realidad precaria

2. La funcin social de legitimacin

3. Las legitimaciones secundarias

4. La religin como hipstasis del nomos de la sociedad

5. La mimesis csmica

6. La plausibilidad perfecta

Notas

Captulo II

El marco categorial del pensamiento neoliberal actual

1. El mercado como realidad precaria de partida:

la imposibilidad de una tendencia al equilibrio

2. La competencia perfecta y los conceptos trascendentales

3. Las alternativas al mercado: el socialismo como utopa

4. La inconsistencia de la teora general del equilibrio:

el salario de subsistencia

5. La inconsistencia de la teora general del equilibrio

el supuesto del conocimiento perfecto

6. La tica del mercado:

el mercado milagroso, la humildad y el orgullo

7. La aproximacin al equilibrio: anti-intervencionismo

8. La aproximacin al equilibrio:

los sindicatos y los gastos sociales del gobierno

9. La aproximacin al equilibrio: el anarco-capitalismo

10. La teologa liberal: Dios y el diablo

Notas

Captulo III

El marco categorial del pensamiento anarquista

1. La realidad depravada

2. La liberad econmica: base de la vida

3. La libertad como libre espontaneidad:

humildad y orgullo

4. Dios y lucifer: las imaginaciones teolgicas

5. La accin directa

6. La polaridad maniquea:

secuencia anti-utpica y la reaccin anarquista

7. La anarqua como concepto trascendental

Notas

Captulo IV

El marco categorial del pensamiento sovitico

1. El Estado socialista en la transicin

2. La teora de la planificacin econmica perfecta

y la crtica neoliberal

3. La planificacin sovitica

4. El criterio de la maximizacin

de las tasas de crecimiento econmico

5. La mitificacin del progreso tcnico

6. La mitificacin del progreso social

7. El carcter trascendental del concepto del comunismo

Notas

Captulo V

La metodologa de Popper y sus anlisis

tericos de la planificacin,

la competencia y el proceso de institucionalizacin

1. La teora popperiana de la planificacin,

la competencia y la institucionalizacin en general

2. La lgica de la investigacin cientfica

Notas

Captulo VI

Leyes universales, institucionalidad y libertad:

el sujeto humano y la reproduccin de la vida real

1. La realidad trasciende a la empira:

sujeto cognoscente y sujeto actuante

2. Sujeto prctico y sujeto vivo:

preferencias y necesidades

3. Automatismo de mercado y planificacin econmica

4. La delimitacin entre autonoma empresarial

y planificacin central: la praxis

5. El sujeto como objeto y el sujeto como sujeto: el sujeto libre

6. El espacio teolgico de la reflexin metodolgica

Notas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Prefacio

La necesidad de una crtica a la razn utpica en la actualidad no necesita mucha justificacin. Desde todos los pensamientos sociales del siglo pasado y ya de siglos anteriores nos viene la tradicin de una especie de ingenuidad utpica, que cubre como un velo la percepcin de la realidad social. Donde miramos, aparecen teoras sociales que buscan las races empricas de los ms grandes sueos humanos para descubrir posteriormente alguna manera de realizarlos a partir del tratamiento adecuado de esta realidad. Esta ingenuidad utpica est presente tanto en el pensamiento burgus que atribuye a la realidad del mercado burgus la tendencia al equilibrio e identidad de intereses que se originan en alguna mano invisible como en el pensamiento socialista que atribuye a una reorganizacin socialista de la sociedad una perspectiva igualmente total de libertad del hombre concreto. De la tierra al cielo parece existir una escalera y el problema es encontrarla.

En nuestro siglo aparece una cierta crisis de esta ingenuidad utpica, pero, sin embargo, esto no llev de ninguna manera a su superacin. Al contrario, esta ingenuidad utpica ha encontrado hoy una expresin ms agresiva que sus expresiones anteriores, que nace de una aparente crtica del propio pensamiento utpico. Se trata del pensamiento anti-utpico de la tradicin neoliberal actual, que se junta con un neoconservadurismo de igual carcter anti-utpico. Anti-utopa significa aqu, simplemente, anti-socialismo, producindose un pensamiento de elaboracin anti-utpica que vuelve a ser una rplica ms extrema del mito de la mano invisible, que siempre ha sido una expresin de esta ingenuidad utpica. Su lema es: destruir la utopa para que no exista ninguna otra. Especialmente Hayek y Popper son los portadores de este extremismo utopista camuflado, de la anti-utopa como utopa verdadera.

Pero el problema es una crtica de la razn utpica misma, y no el invento de anti-utopas y desapariciones de utopas que camuflan la ingenuidad utpica de sus portadores. Hoy la ingenuidad utpica con su potencialidad destructora no puede volver sino en nombre de la anti-utopa, en nombre de la utopa de una sociedad sin utopas. Esta utopa nos est amenazando, y el presente anlisis no es ms que el intento de oponer a este utopismo el peor que ha existido, una relacin racional con el mundo utpico que acompaa, de alguna manera, toda historia humana.

Todo pensamiento social moderno contiene tanto crticas como elaboraciones o reelaboraciones de utopas. Incluso existe la utopa de una sociedad que no produzca ms utopas; una utopa que ya Dante vincul con el infierno: Ah, los que entris, dejad toda esperanza.

En el siguiente trabajo seguiremos, a partir de corrientes claves de las sociedades modernas, este proceso de crtica y produccin de utopas, intentando descubrir las ms variadas formas de ellas para sistematizarlas e intentar una crtica ms bien general de este pensamiento utpico en su conjunto. Estas corrientes no se identifican necesariamente con sociedades, pero creemos que se trata de corrientes que poltica, ideolgica y tericamente subyacen a la constitucin de las sociedades modernas actuales. Por ello, enfocamos corrientes presentes en nuestra actualidad. No intentamos una historia del pensamiento utpico, aunque se hagan necesariamente algunas reflexiones histricas.

Por eso no nos concentramos en los pensadores fundadores de estas corrientes, sino en sus representantes actuales. Nos llevara demasiado lejos analizar las muchas transformaciones por las cuales han pasado los pensamientos originales del conservadurismo, del liberalismo, del anarquismo y del socialismo hasta llegar a tener la forma que hoy tienen. Prescindimos de eso para poder destacar con ms claridad confrontaciones ideolgicas y polticas de hoy.

Por otro lado, no haremos tampoco el intento de representar las corrientes aludidas en toda su complejidad de pensamientos. Trataremos ms bien de analizar tales corrientes en las opiniones de algunos de sus representantes que nos parecen de una importancia clave para entenderlas. Este mtodo es el que seguiremos especialmente en el anlisis de 1os pensamientos conservador, neoliberal y anarquista. Tal seleccin tiene siempre, evidentemente, un cierto grado de arbitrariedad.

Sin embargo, precisamente en estas corrientes existen hoy pensadores de un carcter tan claramente dominante y que las impregnan con tanta fuerza, por lo menos en Amrica Latina, que parece justificado verlos como una especie de intelectuales orgnicos de los movimientos correspondientes. Esto vale quizs con ms nitidez para la representacin del neoliberalismo actual a travs de Friedrich Hayek y Karl Popper. Hayek es el economista clave de esta corriente, en relacin al cual es mucho ms conocido Milton Friedman su discpulo aunque con matices propios, mientras que Popper es el pensador poltico que elabora la metodologa correspondiente y cuyo pensamiento se encuentra en estrecha relacin con el de Hayek.

Peter Berger seguramente no tiene este mismo grado de representatividad del movimiento conservador o neoconservador actual. Tampoco representa la extrema radicalidad de este movimiento en su forma actual, que hoy incluye ya toda una corriente de nombre propio, llamada Ideologa de la Seguridad Nacional. Sin embargo, por un lado Berger es uno de 1os pensadores conservadores actuales ms conocidos en Amrica Latina, mientras que por otro lado, l elabora con gran pureza categoras que en todo pensamiento conservador actual vuelven a aparecer. Adems es hoy una figura poltica importante en la confrontacin ideolgica del actual gobierno de los Estados Unidos con los movimientos de liberacin en Amrica Latina, en especial por su influencia en el Instituto sobre Religin y Democracia, un importante organismo del gobierno de los Estados Unidos que lucha contra la teologa de la liberacin.

En cuanto al anlisis del anarquismo, nos apoyaremos especialmente en el mexicano Ricardo Flores Magn, que sin duda ha sido el gran inspirador de la revolucin mexicana de este siglo. El movimiento anarquista es hoy ms bien una tendencia subterrnea en Amrica Latina, y ya no aparece como un movimiento poltico de envergadura. Subterrneamente, sin embargo, pasa tambin hoy por todos los movimientos populares. Sus categoras, por tanto, tienen su vigencia en corrientes polticas actuales. Su carcter subterrneo, en cambio hace que no tenga ningn representante evidente. Preferimos analizar a Flores Magn porque es un anarquista muy brillante, muy sacrificado y muy olvidado, que merece ser recordado y que hace presente el profundo humanismo que pasa por el pensamiento anarquista. Antes de decidirme por el anlisis de Flores Magn, haba partido de una representacin excelente y quizs nica del pensamiento anarquista, que da Ernesto Sbato en Abaddn el exterminador. Pero al fin me decid por Flores Magn para dejar hablar directamente a un pensador anarquista y no a una elaboracin literaria que, por ms brillante que sea, sigue siendo una fuente secundaria.

El pensamiento sovitico hoy no tiene un representante sobresaliente, que pudiera servir como punto de partida de un anlisis como yo lo hubiera querido hacer. Hace cincuenta aos tendra que haber tomado a Stalin. Pero el pensamiento de Stalin ha perdido vigencia en la Unin Sovitica mucho ms de lo que se cree en Occidente. Por otro lado, es una gran ventaja que no haya sido reemplazado por otro de igual nivel. Prefer, por lo tanto, que el objeto de la reflexin sobre el pensamiento sovitico fuese no un autor, sino una discusin entre tericos soviticos que se llev a cabo en el perodo de Chruschtschow con el nombre de Discusin sobre el comunismo.

Ahora bien, el objeto de este anlisis es una crtica del pensamiento utpico llevada al nivel de una crtica a la razn utpica como tal. Se trata de un anlisis que, en ltima instancia, es metodolgico y que busca revelar los marcos categoriales de los pensamientos sociales actuales. Eso explica que entre todos los autores mencionados, me dediqu principalmente al anlisis de Karl Popper. Popper es el primero que intent tal crtica de lo utpico. Hay paralelamente a Popper otro filsofo actual que es representativo de su reflexin sobre lo utpico. Se trata de Ernst Bloch. Me concentr ms bien en el anlisis de Popper porque Bloch, a pesar de toda la profundidad de su filosofa, no percibe el problema real y urgente de una crtica de lo utpico. Frente a lo utpico, Bloch es completamente acrtico y hasta ingenuo.

Por eso hago toda la crtica a la razn utpica partiendo de Popper. Quiero subrayar eso. Yo parto de la crtica que hace Popper, y no de una crtica a Popper. La crtica a Popper, que al lector muchas veces parecer sumamente spera, comparte una preocupacin que, segn creo, est en el propio pensamiento de Popper. Esta crtica a Popper que intento hacer debe mucho ms a Popper de lo que parece en este libro. Yo creo que conviene constatar este hecho por lo menos en el presente prefacio. Creo que Popper no supo elaborar los alcances de su punto de partida, y termin nuevamente, a pesar de todas sus intenciones crticas, en una ingenuidad utpica que subyace a todo pensamiento neoliberal, aunque este siempre se presente como un pensamiento definitivamente ms all de todas las utopas.

El ttulo de este libro recuerda un famoso ttulo de Kant. He intentado seguir en esta Crtica a la Razn Utpica, elementos centrales de las crticas kantianas, convencido de que una crtica a la razn utpica, en ltima instancia, consiste en una transformacin de los contenidos utpicos de los pensamientos modernos en conceptos y reflexiones trascendentales. Como las crticas kantianas a la razn son crticas trascendentales de ella, yo intento demostrar que tambin la crtica a la razn utpica no puede ser sino una crtica trascendental.

El trabajo que presentamos es necesariamente abstracto. Creo, sin embargo, que se trata de una abstraccin que es parte de un mundo concreto y sin la cual es imposible percibir siquiera lo concreto, que al percibirlo ya lo interpretamos en trminos abstractos. Por eso pueden surgir desacuerdos y contradicciones concretas originadas fcilmente por diferencias en las abstracciones que hacemos entrar en la interpretacin de lo concreto. Tomando en cuenta esto, quizs sea legtimo de mi parte afirmar que este libro surgi de las discusiones que se estn llevando a cabo sobre el socialismo en Centroamrica y que trata de aportar elementos de juicio que, por ser abstractos, no carecen de importancia.

El presente libro es una elaboracin de un manuscrito previo publicado provisoriamente bajo el mismo ttulo en febrero de 1983 como documento preparatorio del Segundo Encuentro de Cientficos Sociales y Telogos, organizado por el Departamento Ecumnico de Investigaciones (DEI) sobre el tema: EI discernimiento de las utopas y realizado en San Jos entre el 11 y el 16 de julio del mismo ao. Fue elaborado en seminarios internos del DEI, y en mi actividad docente en el Postgrado Centroamericano en Economa y Planificacin del Desarrollo de la Universidad Autnoma de Honduras, en el Departamento de Economa de la Universidad Nacional de Heredia, Costa Rica, y en el Consejo Superior Centroamericano (CSUCA) en San Jos.

Franz Hinkelammert

Enero 1984

San Jos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Introduccin: El realismo en poltica como arte de lo posible

La poltica, como arte de lo posible, entra en la conciencia actual a partir del momento en el cual el hombre empieza a modelar la sociedad segn proyectos de una sociedad por hacer. Si bien ya antes se percibe el problema de lo posible en relacin a la poltica, este se presenta como problema central en cuanto se empieza a modelar la sociedad segn criterios derivados de algunas leyes sociales, cuya consideracin permite proyectar una sociedad futura y pensarla en funcin de un ordenamiento adecuado y humano de tales relaciones sociales.

1. La polarizacin entre lo posible y lo imposible

El momento en el cual la poltica, como arte de lo posible, juega un papel central en el pensamiento sobre la poltica, es la revolucin burguesa con su proyecto de una remodelacin de la sociedad segn las llamadas leyes de la naturaleza humana. Estas Ieyes se hacen presentes a travs de la propiedad privada y el cumplimiento de contratos, elementos institucionales que permiten constituir una sociedad en la cual todas las relaciones sociales pretendidamente pueden ser harmnicas. As pues, la propiedad privada parece ser el elemento que permite proyectar una nueva sociedad que abre, por un lado, la perspectiva de un progreso humano infinito y, por otro, una posibilidad de la participacin de todos en los frutos de este progreso.

Hegel parece ser uno de los primeros que crtica tal proyeccin de una nueva sociedad como pretendida racionalidad y, por tanto, como un proyecto fuera del mbito de lo posible:

Desarrolladas hasta convertirse en fuerza, esas abstracciones han producido, realmente, por un lado, el primero y desde que tenemos conocimiento en el gnero humano prodigioso espectculo de iniciar completamente de nuevo y por el pensamiento la constitucin de un Estado real, con la ruina de todo lo que existe y tiene lugar, y de querer darle como fundamento la pretendida racionalidad; por otro lado, puesto que slo son abstracciones privadas de ideas han hecho de esta tentativa un acontecimiento demasiado terrible y cruel. [1]

No era, como dice Hegel, la primera vez sino la segunda. Ya la revolucin inglesa, ms de cien aos antes, haba hecho algo muy parecido.

Sin embargo, Hegel no refuta toda sociedad burguesa como imposible y de pretendida racionalidad. Se dirige ms bien contra un determinado liberalismo que constituye el Estado a partir de un contrato social del tipo del contrato de compra y venta. Este Estado y esta sociedad seran abstracciones cuya persecucin destruye, porque persiguen algo que es imposible.

Mucho ms impacto que la critica hegeliana al proyecto abstracto de la sociedad burguesa tuvo la crtica de Marx, que formalmente es muy parecida, aunque materialmente distinta. Marx ve toda sociedad burguesa como una sociedad imposible, y no solamente una forma determinada de ella. Pero su critica es la de las abstracciones perseguidas por la sociedad burguesa, las que desembocan en algo imposible y que, por ello, producen la destruccin. Segn Marx, precisamente es imposible o de "pretendida racionalidad segn palabras de Hegel encargar a las relaciones mercantiles la tarea del progreso humano, pues de esta manera slo se puede desarrollar una revolucin tcnica y el progreso consiguiente sacrificando la vida humana en pos de la gloria mercantil. Especialmente en su teora del fetichismo, Marx elabora este punto de vista de que un progreso desencadenado sobre la base de las abstracciones mercantiles, se vuelca en contra de la vida humana y la devora. [2]

Luego, en Marx aparece con toda su fuerza el argumento de la imposibilidad de una determinada poltica, es decir, su irrealismo. Partiendo de la teora econmica burguesa, l formula leyes que expresan tal imposibilidad y que orientan a una distinta proyeccin de la sociedad y su correspondiente remodelacin. Segn Marx, la sociedad capitalista es imposible porque es autodestructiva, por tanto, el progreso desencadenado dentro de la sociedad burguesa solamente puede ser orientado en funcin de la vida humana si es controlado y dominado en funcin de la propia vida humana. Para eso hay que superar las abstracciones vinculadas con las relaciones mercantiles y, consecuentemente, las relaciones mercantiles mismas.

Analizando la sociedad burguesa en trminos de su posibilidad, Marx la declara imposible, lo que en su lenguaje significa insostenible. Anuncia entonces su sustitucin por una sociedad socialista, nica sociedad posible, porque el progreso tcnico tiene que ser controlado para poder ser compatible con las condiciones de la vida humana concreta. Marx insiste en que l no busca la sustitucin de la sociedad burguesa por razones morales o por llamados en nombre de alguna tica, sino por razones de posibilidad de la sociedad humana misma. Esto es, la sociedad humana no es posible si sigue siendo capitalista, y puede asegurar la sobrevivencia de los seres humanos y de la naturaleza solamente si se transforma en socialista. Por consiguiente, Marx rechaza que la transformacin de la sociedad capitalista sea un asunto de valores o juicios de valores, sino que es estrictamente una cuestin de juicios de hecho, desarrollados a partir de la necesidad de la sobrevivencia de la humanidad. En Marx, la necesidad de esta transformacin no resulta de una racionalidad con arreglo a valores, sino ms bien de una racionalidad con arreglo al fin de la sobrevivencia de la humanidad.

Recin esta discusin de la sociedad capitalista hecha por Marx transforma toda la visin de la poltica y su realismo en una discusin del mbito de lo posible y, por tanto, de lo realizable. Como ya dije, la poltica no sigue aqu primordialmente de ticas, sino de juicios de hecho. Antes que cualquier juicio tico aparece el juicio fctico que nos dice que algo puede ser ticamente obligatorio, slo si tambin es factible. No se debe lo que no se puede (Ad imposibilia nemo tenetur). Este antiguo principio ya la escolstica medieval lo pronuncia es aplicado ahora a la conformacin de la sociedad misma. Si la sociedad capitalista es incompatible con la sobrevivencia humana, entonces es imposible, y por lo tanto no puede haber ninguna obligacin tica, que exija mantener la sociedad capitalista Si no se puede seguir con la sociedad capitalista, entonces tampoco se debe. Y si la sociedad socialista es la condicin necesaria para la sobrevivencia, entonces se puede estar obligado a ella. El deber sigue al poder; ninguna norma puede exigir su validez absoluta, como si fuera un principio. Por lo tanto, la tica no est abolida, sino mediada y relativizada por las condiciones de la posibilidad de la reproduccin de la vida humana concreta. Una sociedad que no garantice, asegurando la satisfaccin de las necesidades, la vida de todos, es imposible en sentido de ser insostenible.

Si no se puede seguir con la sociedad capitalista, entonces tampoco se debe. Y si nicamente una sociedad socialista se puede, entonces tambin se debe. El deber sigue a la posibilidad; no le precede.

Sin embargo, un deber se sigue del poder solamente en el caso de que haya una nica alternativa, que puede ser tambin el comn denominador de un conjunto de alternativas posibles. Lo decisivo es la polarizacin entre lo posible y lo imposible, y, a partir de Marx, el criterio del lmite entre lo posible y lo imposible es el criterio de la reproduccin de la vida humana real y concreta.

De este concepto del lmite surge un deber tico de ajustar todas las estructuras sociales para que sea posible esta reproduccin de la vida humana. Pero eso no significa necesariamente, que sea posible solamente una sociedad o una tica determinadas. La condicin de la necesaria reproduccin de la vida humana es el criterio para juzgar sobre cualquier tica y cualquier estructura social posibles. Es un concepto negativo, no positivo. Puede excluir o relativizar normas, pero no puede determinarlas positivamente. Est definido, con este concepto, lo que Marx y Engels llaman materialismo histrico.

Pero un tal concepto negativo de la validez de normas, se puede transformar en un aparente concepto positivo. Eso es posible, si se declara como imposible a una sociedad especial es decir, una sociedad que es incompatible con las condiciones de la sobrevivencia y se identifica, por consiguiente, a la sociedad contraria como la nica sociedad posible. La condicin para esta transformacin est en una estricta polarizacin entre dos sociedades, de las cuales a una se le llama imposible, por lo cual aparece la otra como la nica alternativa posible. No hay ms posibilidad de escoger. La nica sociedad posible adquiere una validez absoluta e indiscutible. Se convierte en societas perfecta, en ley de la historia.

Sin duda, el movimiento socialista argument de esta manera, basndose en el concepto de Marx. Ya en Marx, se puede encontrar una tendencia hacia esta argumentacin. Marx mostr que la sociedad capitalista es imposible e incompatible con las condiciones de la sobrevivencia de la humanidad y de la naturaleza. Por consiguiente, como nica alternativa vlida al capitalismo, existe esta sociedad que se llama socialismo. El criterio negativo se haba convertido en criterio positivo. Determin toda accin a un orden social y una tica determinadas, declarados como nica alternativa. El filsofo polaco Leszek Kolakowski lo design como chantaje con una sola alternativa [3]

De esta manera, Marx introduce en el pensamiento social categoras bsicas que el propio pensamiento burgus asume despus, aunque les cambie su contenido hacia su contrario. Se trata, sobre todo, de la reproduccin de la vida real como ltima instancia de cualquier sociedad posible, y de la exigencia de desarrollar el pensamiento social sobre la base de leyes de lo posible y no de exigencias ticas: lo que se debe aparece solamente en el interior de lo que se puede, y la ciencia social es una ciencia objetiva sin juicios con arreglo a valores.

Cuando la teora burguesa responde crticamente a Marx, tiene que reformular estos pensamientos completamente. Aparecen as una nueva teora econmica, una nueva teora de valores y una nueva epistemologa que llevan, inconfundiblemente, la huella del pensamiento marxista, pero que a la vez invierten todos los trminos de Marx. Especialmente nos interesa destacar dos elementos de este nuevo enfoque terico burgus, que es ahora antimarxista, aunque se mantiene en el interior del espacio terico creado por Marx. Por un lado, toda esta crtica a Marx es una crtica de la posibilidad de las alternativas que no argumenta primordialmente con valores y, por tanto, con juicios con arreglo a valores, sino a partir de juicios de hecho. Por otro lado, aunque no lo diga mucho, mantiene el argumento de la reproduccin material de la vida como ltima instancia del realismo de las opciones polticas.

El argumento de posibilidad en la teora burguesa es claramente una inversin del argumento marxista. Marx haba sostenido que la sociedad capitalista es imposible (insostenible) porque dirige el desarrollo tcnica y econmico desencadenado en contra de la vida humana; como nica sociedad posible y como alternativa exclusiva a partir de su anlisis, aparece la sociedad socialista, que Marx conceba como una economa sin mercado y dinero. La nueva teora burguesa invierte este argumento y dice que el socialismo es imposible, porque la abolicin de las relaciones mercantiles y del clculo de dinero hacen imposible asegurar la vida real y concreta; el capitalismo entonces parece ser la nica sociedad hoy posible. Tampoco reivindica valores y se despide del derecho natural iluminista. Asume el tipo de argumentacin de Marx, pero lo invierte: el socialismo es imposible, solamente el capitalismo es posible. Por tanto, como no se puede tener socialismo, no se debe intentarlo, y como nicamente se puede tener el capitalismo, se debe asumirlo. Lo imposible no se debe, y la nica alternativa posible se debe. De la posibilidad se deriva el deber.

El argumento clave que surge en esta discusin es el de las relaciones mercantiles. La teora burguesa insiste en que es imposible una sociedad moderna sin clculo de dinero, y como el socialismo concebido por Marx presupone la abolicin del dinero, este socialismo es imposible. Por consiguiente, tampoco se debe realizarlo. Sin embargo aunque sea escondidamente, este argumento sobre las relaciones mercantiles presupone el otro argumento de Marx de que la ltima instancia de toda sociedad posible es la reproduccin de la vida real. La imposibilidad del socialismo sin dinero se deriva de la validez de esta ltima instancia, y no podra argumentarse sin ella. Por consiguiente, el argumento de la necesidad del clculo de dinero, por ejemplo en Weber, tambin se deriva de la reproduccin de la vida real como ltima instancia de la sociedad. De la manera siguiente, por ejemplo, aparece en Max Weber:

Pero aun entonces quedara el hecho de que el clculo natural no podra resolver el problema de la imputacin del rendimiento total de una explotacin a sus factores y disposiciones particulares, en la misma forma que esto lo realiza hoy el clculo de rentabilidad en dinero; y que por eso cabalmente el actual abastecimiento de masas por medio de explotaciones produciendo en masa opone la ms fuerte resistencia a aquella forma de clculo. [4]

De esto concluye:

La vinculacin del destino material de la masa al funcionamiento correcto y continuo de las organizaciones capitalistas privadas, organizadas de una manera cada vez ms burocrtica, va siendo ms fuerte a medida que pasa el tiempo, y la idea de la posibilidad de su eliminacin es, por tanto, cada vez ms utpica. [5]

La imposibilidad del socialismo la deriva ahora Weber del destino material de la masa y del abastecimiento de masas, de manera anloga a como Marx haba argumentado a partir de este mismo destino material la imposibilidad del capitalismo. Y as como Marx haba derivado de la imposibilidad del capitalismo la necesidad del socialismo, Weber argumenta al revs: de la imposibilidad del socialismo deriva la necesidad y la fatalidad del capitalismo. No se puede asegurar la reproduccin de la vida real sino en el socialismo, concluye Marx. Weber, en cambio, concluye que no se puede asegurar esta misma reproduccin de la vida real sino en el capitalismo. Ambos usan la reproduccin de la vida real como ltima instancia, pero slo Marx tiene conciencia de ello. A Weber esto le pasa totalmente desapercibido, sin embargo, aunque no lo sabe, lo hace. Hasta est convencido que ha refutado al materialismo histrico. [6]

La razn es obvia. El intento de abolicin del dinero nicamente puede ser imposible si destruye la reproduccin de la vida real; si no la destruyera, no sera imposible. Puesto que es lgicamente consistente el plan de la abolicin de las relaciones mercantiles, solamente puede ser imposible, si pone en peligro a la vida humana misma. Por tanto, Weber forzosamente tiene que afirmar la ltima instancia econmica de Marx, para poder denunciar la abolicin del dinero como utopismo. Para que su argumento tenga sentido, tiene que afirmar algo que Marx precisamente llama materialismo histrico. Lo que en verdad Weber sostiene, es, que solamente el capitalismo puede asegurar a la vida real. A pesar de las muchas contradicciones de su argumentacin, segn Weber la lgica del materialismo histrico es el capitalismo y no el socialismo, por la razn de que el socialismo es imposible y en este sentido utpico. Sin embargo, no ha escapado del marco de argumentacin del materialismo histrico.

Como la argumentacin de Marx, tambin la argumentacin de Weber depende de la validez de un dualismo maniqueo. El capitalismo y el socialismo, tienen que ser entendidos en polarizacin absoluta, para que pueda aparecer como nica alternativa posible solamente una de estas dos formas de la sociedad, en el caso de Weber el capitalismo, en el caso de Marx el socialismo. La causa para esto est en sus teoras de la realidad, pero no en la realidad misma. El anlisis de la mercanca produce este dualismo absoluto. Marx provoca este dualismo, afirmando la tendencia del capitalismo hacia la destruccin de los seres humanos y de la naturaleza, de modo que la alternativa al proceso de destruccin solamente puede ser un socialismo como economa sin dinero. Weber asume este dualismo absoluto, tambin entendiendo al socialismo como economa sin dinero, de modo que todo clculo de dinero y toda produccin de mercancas est ligado absolutamente al capitalismo. Porque Weber considera al clculo de dinero como insuperable, para l el capitalismo queda como la nica alternativa. As, todos los argumentos ticos, refirindose al orden econmico, para l se reducen a juicios de hecho. Entre la tica del socialismo y la tica del capitalismo no est el juicio de valor, sino el juicio de hecho como ltima instancia de decisin.

Tal dualismo absoluto lleva a la construccin de leyes metafsicas de la historia. Ya el propio Marx haba calificado el capitalismo como una sociedad que se autodestruye, por querer realizar un progreso tcnico infinito en forma capitalista, un objetivo imposible (insostenible). Max Weber simplemente torna el anlisis al contrario (Popper y Hayek siguen a l). Califica al socialismo como una sociedad cuyo objetivo es realizarse como una sociedad sin dinero, razn por la cual desemboca en una sociedad que se autodestruye. Los dos pensadores construyen leyes metafsicas de la historia, que llevan al mismo resultado. Sin embargo bajo condiciones contrarias e invertidas. [7]

El argumento burgus de la imposibilidad del socialismo simplemente torna al contrario el argumento de Marx de la imposibilidad del capitalismo. Marx haba insistido en la destruccin del ser humano y de la naturaleza por la economa capitalista; por eso la design tendencialmente como una economa imposible. Weber, y, siguiendo a l, Hayek y Popper, consideran al socialismo como imposible, porque, como economa sin clculo de dinero, no puede sustentar a la vida humana. No puede asegurar al abastecimiento de las masas . La argumentacin de Weber no se sostiene con argumentos ticos; se basa en la eficiencia del capitalismo y su capacidad de asegurar el abastecimiento de las masas. Con eso, se despide de la ley natural de la iluminacin, que deriva a la propiedad privada de la naturaleza del ser humano (John Locke), argumentando de manera tica. Toma al argumento, que haba desarrollado Marx, y lo invierte. Si es imposible el socialismo, no hay obligacin moral de optar por l. Nadie puede optar realistamente entre algo posible y algo imposible. Por tanto, si todas las otras alternativas son imposibles, solamente se puede optar por el capitalismo como nica alternativa posible. No hay otra posibilidad. Cada tica vlida, para corresponder a esta posibilidad, tiene que moverse en el marco del capitalismo. En su tesis, por la forma, Marx haba argumentado igual, pero por el contenido, de modo invertido. Si es imposible el capitalismo, solamente queda el socialismo; y la decisin no puede ser cambiada por ninguna tica. Para l, el socialismo pasa a ser el resultado de la realidad misma, no una consecuencia de algn juicio de valor.

En una argumentacin tal, la tica llega a ser disuelta en juicios de hecho; los juicios de valor llegan a ser reducidos a ser juicios de gusto. Aparentemente, los juicios de hecho solos deciden sobre las alternativas. La sujecin de los juicios de valor a los juicios de hecho recibi una denominacin especial; es la fuerza compulsiva de los hechos, o, en Weber, lgica propia del hecho (Eigenlogik der Sache). Tanto en Marx como en Weber, la opcin entre capitalismo y socialismo es vista estando sujeta a una fuerza compulsiva de los hechos. La fuerza compulsiva de los hechos domina la opcin entre una tica o capitalista o socialista, como domina hoy a la mayora de las decisiones polticas especficas. Si en Berlin un muro es construido o destruido, se ve como resultado de fuerzas compulsivas de los hechos. [8] El cobro inexorable de la deuda externa, que destruye a los pases subdesarrollados, supuestamente es basado en una fuerza compulsiva de los hechos, de modo que tambin aqu no se ve ninguna alternativa posible. Weber afirma la ciencia libre de todo valor, pero de hecho result algo diferente, porque la ciencia ha trasformado a los juicios de valor, y por consiguiente los problemas ticos, en juicios del hecho. Ahora, el hecho decide sobre el valor de los valores. El mito del fin de la historia (Francis Fukuyama) y el chantaje con una nica alternativa posible (Kolakowski) solamente ponen el punto final a tal desarrollo. La ideologa neoliberal, an se declare lo contrario, ha desarrollado una replica burlesca al extremismo de la ideologa estalinista. [9]

As pues, la transformacin marxista del anlisis social en un anlisis de lo posible y de lo imposible, no ha desembocado en el resultado unvoco que Marx esperaba. El resultado ha sido ambiguo, si bien el tipo de argumentacin se ha generalizado. Entretanto, la contradiccin entre los anlisis de Marx y Weber, en gran parte aparece relativizada. Por un lado, sin duda, Marx tiene razn, insistiendo en que el capitalismo contiene una tendencia a la destruccin del ser humano y de la naturaleza. Eso se percibe hoy an con ms claridad que durante la vida de Marx. Por eso, en cierto sentido, el capitalismo puede ser visto como imposible o insostenible. Por otro lado, tambin Weber tiene razn, insistiendo en la imposibilidad de la abolicin del clculo de dinero y de las relaciones mercantiles. En eso, tambin una afirmacin de la vida humana, como la ve Marx, puede ser vista como imposible. Aunque las relaciones mercantiles estn sofocando la vida humana, esta vida puede ser asegurada solamente dentro de las relaciones mercantiles y del clculo de dinero, los cuales, juntos, constituyen el marco de cualquier afirmacin factible de la vida humana. Eso tambin, si las tensiones entre la proteccin de la vida y las tendencias del mercado llevan a un conflicto permanente.

Por tanto, la contradiccin entre los anlisis de Marx y Weber, no se basa en la realidad, sino resulta de su proceder terico, es decir de su forma de anlisis. Eso precisamente es el tema de la crtica a la razn utpica.

El dualismo maniqueo, que domina a los anlisis tanto de Marx como de Max Weber, es creado por una utilizacin especial de trminos utpicos. El anlisis de la imposibilidad sea el del capitalismo, hecho por Marx, sea el del socialismo, hecho por Weber respectivamente se basa en la idea utpica de la nica alternativa posible. A la imposibilidad del capitalismo con sus tendencias destructoras, Marx contrapone la asociacin de productores libres, que no necesitan ms las relaciones mercantiles, porque pueden coordinar directamente su divisin del trabajo. En el socialismo sovitico, en vez de esta asociacin de productores libres, se realiz la planificacin central, que tena que registrar todas las relaciones econmicas de tal manera totalizante, que se esperaba que algn da no sean ms necesarias las relaciones mercantiles. En Weber, todo es al contrario. Para l, las asociacin de productores libres y la planificacin sin dinero son el caos. Frente a ello, contrapone el mercado puro (den reinen Markt), que por su automatismo su mano invisible- produce tal armona, que estn preservados los intereses de todos; de esta manera, de la lgica de los hechos (Sachlogik) del mercado, resulta aquello que la tica tradicional exigi como resultado de la accin moral. [10] Por ambos lados, las utopas la utopa de la asociacin libre de los productores, la utopa del plan total y la utopa del mercado total forman el contrapeso a la realidad precaria y amenazada; la realidad precaria est confrontada con la idea de una realidad idealizada. Pero la idea de una realidad lograda aparece como la realidad verdadera, como realismo poltico. El progreso tcnico es interpretado como vehculo, que, aproximndose asintticamente a la realizacin de la idea de una realidad lograda, es garante del supuesto realismo. Marx, los soviticos, Weber y Hayek todos - se consideran como los realistas verdaderos, que se hallan ms all de la utopa. [11]

La crtica a la razn utpica tiene que criticar esta utopa enmascarada como realismo, que lleva, en todas su formas, a un dualismo maniqueo; al fin, tal dualismo amenaza, o hasta destruye al realismo.

2. Lo utpico en el realismo poltico El anlisis de lo utpico en el sentido de la imposibilidad, no se puede hacer de tal manera maniquea, como lo sugiere la tradicin desde hace ms de cien aos. Lo que se hace en realidad, nunca puede ser imposible aunque insostenible como tendencia; pero s, lo que se piensa estar realizando puede ser algo perfectamente imposible. La contradiccin entre imaginacin y actucin real, deforma y paraliza la capacidad para el realismo poltico. Por otro lado, la razn y la voluntad puras es decir, la razn y la voluntad que prescinden de todo lo que se refiere a su facitibilidad , buscando la mejor realidad concebible, siempre conciben lo imposible, no importa a partir de qu critrios definan esta mejor realidad concebible. La definicin de lo posible, solamente se puede hacer por medio de la imaginacin y la concepcin de lo imposible. Sujetando lo imposible al criterio de la factibilidad, resulta lo posible. O sea: solamente crriticando lo imposible en cuanto imposible, podemos definir lo posible. A partir de la praxis se descubre la imposibilidad de lo imposible, lo que nos permite describir el mundo de lo posible. Por consiguiente, sin utopa no hay conocimiento de la realidad. Lo imposible es el punto de orientacin una especie de brjula de la praxis y del conocimiento de lo imposible. Con eso, el problema de lo utpico hace parte del proceso de la praxis y del conocimiento, por los cuales intentamos a realizar lo posible. Pero al caer en la ilusin de poder realizar lo imposible, la realizacin de lo posible se vuelve en su contrario.

Desde el punto de vista del anlisis socialista, el capitalismo resulta imposible; desde el punto de vista del anlisis burgus, es el socialismo el que resulta imposible. La polarizacin es la misma, a pesar de que la argumentacin haya pasado del mbito de los valores ticos al mbito de las posibilidades fcticas, y de que la reproduccin de la vida humana sea utilizada como ltima instancia en ambos anlisis. Adems, la imposibilidad sostenida se refiere a horizontes temporales cada vez ms largos. Ya desde hace ms de cien aos el capitalismo fue declarado imposible. Qu sentido mantiene entonces la tesis de la imposibilidad si sociedades imposibles se mantienen durante siglos?

En este sentido recin podemos enfocar la pregunta de cualquier poltica que sea realista: cul es la sociedad que sera la mejor posible? Por supuesto, una respuesta a secas no es posible por cuanto necesitamos una medida de lo mejor posible. Esta medida no la podemos tomar de ninguna tica preconcebida, porque no contiene un criterio de factibilidad. No podemos formular deberes sino una vez determinado este marco de factibilidad.

As pues, cualquier imaginacin de la mejor sociedad posible tiene que partir de la mejor sociedad concebible. Luego, la mejor sociedad posible aparece siempre como una anticipacin de esta otra mejor sociedad concebible. Por eso, el contenido de lo posible es siempre algo imposible que da sentido y direccin a lo posible. Es decir, todo posible existe en referencia a una plenitud imposible.

A partir de este anlisis podemos ver de una manera diferente la contraposicin analizada entre el pensamiento socialista de Marx y el burgus de Max Weber, los cuales han constituido sus respectivas tradiciones. Marx, sin duda, parte de la afirmacin de la vida humana concreta. Piensa sta en trminos de una plenitud que describe como reino de la libertad o comunismo, y en relacin a ella concibe la sociedad socialista a la que aspira como aproximacin o anticipacin en trminos de un lo mejor posible. La conceptualizacin de tal plenitud es absolutamente radical, mientras que la sociedad por hacer aparece ms bien como una sociedad factible que se realiza lo ms posible. Weber, en cambio, ve con toda razn que este reino de la libertad es imposible, utpico, y lanza su crtica en contra. Constata, con razn, que la abolicin de las relaciones mercantiles que Marx considera como parte de lo posible cae en el mbito de lo imposible. Sin embargo, en su propio anlisis Weber sigue el mismo esquema que l crtica en Marx. En efecto, afirma que precisamente el capitalismo puede asegurar esta reproduccin material de la vida, pero como no puede sostener tal capacidad en trminos empricos, la concibe tambin en trminos de una plenitud capitalista imposible, concepto que toma del anlisis neoclsico del equilibrio de los mercados. Se trata de una plenitud tan radicalmente concebida como aquella otra de Marx, y que el mismo Weber tanto criticaba. En relacin a ella, Weber tambin tiene que buscar algn mejor posible porque la plenitud de tal equilibrio no lo es, considerando hallarlo en una poltica de reformas sociales en el marco del propio capitalismo.

3. La amenaza a la realidad por la identificacin de lo imposible con lo posible

Aparecen, entonces, varias plenitudes imposibles y varias formulaciones de los tipos de aproximacin a ellas, en trminos de lo mejor posible. Lo que se contrapone no son simples imposibilidades o posibilidades, sino niveles de imposibilidad y grados de posibilidad. Ahora bien, ambas sociedades, que se relacionan con sus respectivas plenitudes perfectamente imposibles, se distorsionan a si mismas a partir del hecho de que consideran sus realizacines fcticas como pasos hacia aquella infinitud en relacin a la cual son concebidas.

Bajo este punto de vista, la historia del siglo veinte puede ser interpretada como una historia de construccines utpicas con consecuencias desastrosas para el ser humano y la naturaleza. Se usa las construccines utpicas para legitimar los respectivos imperios y eliminar las alternativas. El utopismo del presente pensamiento neoliberal es una construccin tal. Reagan, como presidente de los EE.UU., se refiri al sistema poltico de los EE.UU. como ciudad que brilla en la montaa", una referencia que es una mezcla de expresiones del sermn del monte con la utopa bblica del nuevo Jerusaln, como aparece literalmente en el apocalipsis Juan, [12] dando de esta manera, al utopismo neoliberal, el brillo mtico-religioso de una utopa realizada del Reino de Dios.

Anlogamente, el nacionalsocialismo utiliza su construccin utpica del Reino millenario Tercer Reich. De modo parecido, se legitima el stalinismo como estado necesario para pasar al comunismo perfecto. Cada construccin utpica, se entiende como societas perfecta ella misma, que en su ncleo ya incluye todo futuro humano posible, y por consiguiente puede reclamar ser el fin de la historia. La societas perfecta siempre se ve confrontada con algn Reino del Mal, contra el cual tiene que defenderse. La societas perfecta define su poltica como poltica real (Realpolitk), por la cual impone el correspondiente poder dominante los lmites del actuar a los dominados. En consecuencia, del lado de los dominados, la Realpolitik consiste en reconocer a estas leyes impuestas y moverse entre aquellas posibilidades, dejadas abiertas por el poder dominante. La Realpolitik de la societas perfecta utiliza a la construccin utpica como garanta para el pesente y el futuro; solamente la contingencia del mundo y los seres humanos como pecadores radicales, estorban a la realizacin de las construccines utpicas. Sin embargo, siempre afirma tener la palanca, la que le permite, levantarse sobre la contingencia del mundo y excluir alternativas. [13]

Sin embargo, el realismo poltico, contrapuesta a la "Realpolitik", jams puede afirmar poder realizar a la utopa ella misma. Para ello, la utopa es una fuente de ideas de la buena vida, un punto de referencia para el juicio, una reflexin del sentido. Para cumplir con eso, la utopa jams debe llegar a ser un fin por realizar de manera asinttica y por tanto calculable. No debe ser transformada en "societas perfecta", que rige sobre la realidad. Para el realismo poltico, la utopa sigue siendo una idea regulativa [14] , como se dice muchas veces hoy, usando un trmino kantiano. Solamente como tal, la utopa no llega a ser nuevamente un carcel, sino una fuente de la vida y de la esperanza.

La utopa describe fines, que no son posibles de realizar, aun en el caso de que toda humanidad unnimamente se decidiera por realizarla. La utopi remite al imposible, lo que trascende a cada accin humana, a fines, que traspasan cada realidad humana como realidad quebrada y contingente, y por eso se encuentran ms all de la conditio humana. Hace parte de la sabidura poltica, diferenciar a tiempo tales fines en su imposibilidad transcendental, porque ninguna derivacin terica puede comprobar su imposibilidad. En este proceso de diferenciacin se forma el realismo poltico.

Para l, no se trata de realizar lo utpico como tal, sino aspirar a un estado que an no hay, pero que es deseable y posible de realizar. En cuanto lo utpico se define por fines, que ni siquiera pueden ser hechos posibles por decisin unnime de toda humanidad, el realismo poltico se orienta por fines que llegan a ser posibles, si todos los participantes en caso extremo toda la humanidad - llegan a la decisin de hacerlos posibles. Por eso, precisamente el realismo poltico empuja a alternativas, si se destruye al mundo en nombre de la societas perfecta. Hoy, el realismo poltico tiene que proponerse un mundo, en el cual cada ser humano puede asegurar su posibilidad de vida dentro de un marco que incluye a la reproduccin de la naturaleza. Proponerse un mundo tal, es poltica realista y la nica poltica realista que hay. Los zapatistas hablaron en este sentido de un mundo, en el cual quepan todos. En este sentido, es cuestin del realismo poltico hoy hacer posible lo imposible.

Naturalmente, cada realismo poltico tiene que enfrentarse siempre con un peligro que surge de lo utpico. Nadie puede saber a priori, cuales fines polticos por fin se revelan como utpicos y cuales no. No hay seguridad que podra sustitur a la sabidura poltica necesaria. No hay critrios tcnicos vlidos como ltimos a disposicin. Estos son ms bien medios para poder llegar a un juicio. Donde se quiere sustitur la sabidura poltica por criterios tcnicos, hay que sospechar de que se quiere hacer otra vez poltica en nombre de alguna societas perfecta, que siempre de nuevo reclamar el fin de la historia.

Tenemos, entonces, el siguiente resultado: se concibe lo imposible para conocer, a travs de la praxis y del anlisis de la factibilidad, lo posible. Sin embargo, la persecucin y realizacin de este posible es constantemente desvirtuada por la ilusin de perseguir o realizar aquel imposible, de cuya conceptualizacin se ha partido.

4. Lo utpico en las ciencias empricas

 

El lmite entre lo imposible y lo posible justamente no se puede definir por leyes de las ciencias empricas. Leyes de las ciencias empricas siempre incluyen lo imposible y lo posible a la vez. Dejan pasar por posible lo imposible. En este sentido, el idioma de las ciencias empricas es revelador cuando los cintficos hablan de lo posible "en principio" y lo tratan como factible "en principio". Lo que en la terminologa de la ciencia emprica se define como posible "en principio", es precisamente lo imposible de la realidad. Esta confusin de los terminos de lo posible y factible en principio, presupone la introduccin de un progreso de aproximacin asinpttica al concepto de realidad idealizada e imposible pero que "en principio" es posible. Pero un lenguaje tal oculta al hecho de que lo posible en principio de facto es imposible de por s, por causa de la conditio humana. De hecho, las leyes de las ciencias empricas son definidas abstrayendo de la conditio humana. Por esta razn, estas leyes no pueden discernir lo posible y lo imposible. A partir de estas leyes lo imposible aparece constantemente como posible "en principio". [15]

Con eso resulta que el problema de la utopa es un problema que surge en el interior de las mismas ciencias empricas, y no es introducido de afuera. Las ciencias empricas tienen un carcter utpico, pero al mismo tiempo estn ciegas frente a la utopa que ellas mismas contienen. Criterios para discernir el lmite entre lo imposible y lo posible, podemos desarrollar solamente si nos enfrentamos a la realidad concibindola en los trminos de la conditio humana en sentido de un lmite escatolgico interior a esta realidad.

Las ciencias empricas modernas mismas estn inmersos en un pensamiento utpico. Es cierto que el pensamiento utpico tiene muchos antecedentes, pero en su forma hoy vigente aparece en relacin con las ciencias empricas. Thomas Morus y Galileo Galilei hacen parte de la misma modernidad, la posicin del uno es consecuencia de la del otro; no representan dos polos del mundo moderno, los que se excluyan uno al otro. En ambos est la misma dimensin utpica.

Por tanto, la crtica a la razn utpica lleva necesariamente a la crtica de las metodologas de las ciencias empricas. Pero la crtica, de la cual hablamos aqu, no puede ser confundida con la crtica destructiva, como hoy en da la practica la escuela de Popper. Se trata ms bien de una crtica en el sentido kantiano, la cual tiene que desarrollar criterios para discernir las propias leyes de las ciencias empricas. Debe abrir los ojos a las ciencias empricas en cuanto a su ceguera referente a sus propios contenidos utpicos.

5. La razn utpica como problema de la modernidad

 

Afirmamos en este libro, que la utopa presenta un problema de la civilizacin occidental. Con la modernidad, la razn misma lleg a ser utpica. Toda razn moderna gira alrededor del problema de lo posible y de lo imposible. Por eso, el problema de la utopa se encuentra en todos los pensamientos que aparecen en la modernidad, incluso en la llamada postmodernidad, la que, por otra parte, hay que interpretar como una variacin (Spielart) de la modernidad y nada ms.

La modernidad, fundada en las ciencias empricas, est a punto de destruirse a si misma. Practica esta destruccin, porque no entiende ms los contenidos utpicos de su proprio ser, y adems trata este hecho como un tab. Comportndose as y considerndose como praxis realista ms all de toda utopa, la modernidad destruye a su proprio mundo. Por ello, darse cuenta del problema de la utopa llega a ser la condicin de la sobrevivencia del mundo moderno de hoy mismo. [16] Una iluminacin tal, por un lado, tiene que elevar a la luz los contenidos utpicos de la modernidad, y por el otro tiene que dar cuenta de la conditio humana como espacio de lo posible del ser humano.

La crtica de la razn utpica demuestra que en la modernidad la razn misma ha adoptado un carcter utpico. Por eso hoy esta crtica es posible y necesaria. Pero no consideramos el carcter utpico de la razn moderna como una confusin, de la cual se tuviera que salvar la razn, sino como una dimensin en su interior, de la cual tenemos que tomar consciencia. Por consiguiente, la crtica a la razn utpica no se propone la tarea de abolir la utopa. Eso seria la utopa ms peligrosa y ms destructora de todas. El pensar en utopas hace parte de la conditio humana misma. Quien proclama el fin de las utopas, llega a un levantamiento ciego y por eso inhumano contra la conditio humana. El hecho de que hoy se emprende este levantamiento precisamente en nombre de la conditio humana, la hace ms peligrosa an. [17]

No la abolicin de las utopas es el problema, sino la toma de consciencia en cuanto a su importancia y sus caractersticas. Utopas son imaginaciones, que se relacionan a un ms all de la conditio humana, pero sin las cuales no podemos saber nada de la conditio humana. Todava vale el grafiti de 1968 en un muro de la universidad de Paris, aunque un poco cambiado: Seamos realistas, pensemos lo imposible!. Porque no pensar lo imposible es imposible, y sin pensar lo imposible jams podemos circunscribir el marco de lo posible. [18]

Sin embargo, dentro del pensamiento metodolgico sobre las ciencias empricas hay puntos de partida, que adjudican a la utopa este lugar central. Pero son pocas. En especial, se tiene que nombrar Max Weber. Su metodologa de los tipos ideales contiene esta idea. Para Weber, los tipos ideales son utopas constitutivas para el pensar de las ciencias empricas:

"Se lo (el tipo ideal. FJH.) obtiene mediante el realce unilateral de uno o de varios puntos de vista y la reunin de una multitud de fenmenos singulares, difusos y discretos, que se presentan en mayor medida en unas partes que en otras o que aparecen de manera espordica, fenmenos que encajan en aquellos puntos de vista, escogidos unilateralmente, en un cuadro conceptual en s unitario. Este, en su pureza, es inhallable empricamente en la realidad: es una utopa que plantea a la labor historiogrfica la tarea de comprobar, en cada caso singular, en qu medida la realidad se acerca o se aleja de ese cuadro ideal..." [19]

Sin embargo, Weber abandona este punto de vista, tan pronto como interviene en la discusin poltica con los movimientos socialistas al fin de la primera guerra mundial. En este momento sustituye su anlisis de las dimensiones utpicas de la razn por una denuncia puramente ideolgica de la utopa. Esta denuncia est continuando y desemboca hoy en un anti-utopismo ciego. En lugar de una discusin razonable sobre el problema de la utopa como ncleo de todo pensar moderno, especialmente de las ciencias empricas, ocurre el abobamiento por una ideologa burguesa y anti-utpica.

Despus de Weber, es ante todo Karl Mannheim, quin continua con la crtica a la utopa, especialmente en su libro Ideologa y utopa. Mannheim hace suyo el punto de partida de Weber pero lo interpreta en trminos ms amplios que el mismo Weber. Pero las ideologas del anti-utopismo, que surgen en el llamado mundo libre, impidieron que el pensamiento de Mannheim llegue a tener un impacto correspondiente. La posicin defendida por nosotros se inspira en Mannheim, porque ya discierne el problema de las utopas en las ciencias empricas como tales. Tambin Karl-Otto Appel enfoca el problema de la utopa, pero solamente en su tica del discurso hace reflexiones sobre ello, sin incluir las propias ciencias empricas en el campo de la crtica.. [20]

En las pginas siguientes he intentado a desarrollar una tal crtica, por medio de la discusin de las lneas principales del pensamiento de las ciencias empricas y polticas de hoy.

Captulo I

 

El marco categorial del pensamiento conservador

 

 

1. La realidad precaria

Partimos del anlisis de la obra de Peter L. Berger: El Dosel sagrado: elementos para una sociologa de la religin (1). Berger parte de una realidad precaria. Es la realidad emprica de mundos construidos socialmente, que constituyen un orden social. Este orden social, Berger lo enfoca exclusivamente como un orden de instituciones: Las instituciones estructuran las actividades humanas (2). Ahora, estas instituciones varias tienen significados que son nmicamente integrados en el nomos de una sociedad.

A medida que los significados de las instituciones se integran nmicamente, quedan legitimadas ipso facto, hasta el punto de que las acciones institucionalizadas parecen evidentes por s mismas a quienes las ejecutan (3).

Por tanto, el orden social objetivado ya lleva implcito una legitimidad, que lo constituye como nomos. La pregunta por la legitimidad del orden social, como pregunta del por qu de los ordenamientos institucionales, implica ya una afirmacin de la legitimidad en virtud de su facticidad objetiva (4). Los rdenes sociales son, por tanto, mundos construidos socialmente que constituyen un habitat y se transmiten como habitat, es decir, son vividos como un mundo. El hombre vive este mundo, y vivindolo lo construye y mantiene, transmitindolo de una generacin a otra. Vivindolo lo vive como legtimo; de esta manera, la legitimacin no es un acto terico separado del orden social y, por tanto, no es un simple acto terico, sino que este parte del orden social que se vive como plausible (5). Pero la facticidad del orden social y su fuerza legitimadora, no quita el hecho que este mismo orden sea a su vez un orden precario. Como orden precario es un orden cuestionado, y aparecen funciones sociales cuya finalidad es el mantenimiento del orden social como mundo socialmente construido, es decir, como nomos, que sean capaces de integrar, con sentido, el conjunto de las instituciones. La existencia de estas funciones atestigua la precariedad del orden.

Todos los mundos construidos socialmente padecen de una intrnseca precariedad. Sustentados por la actividad humana, se hallan bajo la constante amenaza de los hechos humanos del egosmo y la estupidez. Los programas institucionales sufren el sabotaje de individuos con intereses antagnicos. Los procesos fundamentales de la socializacin y el control social, en la medida en que tienen xito sirven para mitigar esas amenazas. Existe aun otro proceso muy importante que contribuye a apuntalar el tambaleante edificio del orden social. Es el proceso de legitimacin (6).

A primera vista, es sorprendente ver reducida esta precariedad del orden social a las causas del egosmo y la estupidez. Es esta tesis de Berger la que ms bien parece ser estpida. Berger la presenta como un conocimiento objetivo; sin embargo, no es sino la tesis de aquellos que sustentan el orden social, los que nunca son todos. Si fueran todos, el orden no sera precario. No obstante, aquellos que sustentan el orden tambin sostienen que cualquier reaccin en contra del orden se debe al egosmo y a la estupidez. Pero de eso no se concluye como nos insina Berger que efectivamente el egosmo y la estupidez sean las fuentes eternas de los conflictos en las sociedades.

Berger nos presenta sus tesis como un conocimiento objetivo. El parte de una historia en la cual se han sucedido diferentes sistemas sociales y muchos mundos construidos socialmente. Cada uno de estos mundos tiene su especificidad, su nomos, como manera especfica de integrar las instituciones que estructuran la actividad humana. Berger quiere buscar los rasgos, leyes o reglas generales, que aparecen en cada uno de ellos, a partir de la funcin social de legitimacin que se ejerce frente a la precariedad de cada uno de los mundos sociales. Nos tiene que hablar, por tanto, de las races de la precariedad en cada uno de estos mundos y de la respuesta legitimadora que se da frente al cuestionamiento surgido de tal precariedad. En cuanto a las races de la precariedad habla de egosmo y estupidez. En cuanto a la respuesta a esta precariedad, nos habla de la funcin social de la legitimacin. Sin embargo, por lo reducido de las razones de la precariedad, ya ha predeterminado lo que se puede presentar como funcin de legitimacin.

Determinando el egosmo y la estupidez como las races de la precariedad, el excluye totalmente la posibilidad de que el cuestionamiento de un orden social existente pueda ser legtimo. Por existir, es legtimo. La tesis certera de que hay una facticidad auto- legitimadora (7) del orden social, la transforma acto seguido en la otra, falsa, de que no puede haber cuestionamiento legtimo del orden social especfico, al cual Berger se refiere como mundo socialmente construido y su nomos. Su objetividad se restringe ahora, al simple punto de vista de aquellos que hacen suyo el orden social en referencia. Y este punto de vista radica en la reduccin de las causas del cuestionamiento al egosmo y la estupidez. Determinado eso, la funcin social de la legitimacin es legitimar el orden social en referencia y, por tanto, el esfuerzo de superacin del egosmo y la estupidez, consiste en la afirmacin del nomos del orden social.

El enfrentamiento de la legitimacin con el cuestionamiento es, por tanto, absolutamente polar y excluyente, y su finalidad es el aniquilamiento del cuestionamiento; algo que nunca se logra totalmente, porque egosmo y estupidez son parte de la condicin humana misma. Detrs del cuestionamiento del orden social no hay jams una razn. La nica razn de cambio del orden social que Berger puede aceptar, es el cambio impulsado por aquellos que comparten la legitimidad del orden social existente. Pero, como comparten el orden social existente como legtimo, qu razn de cambio podran tener? Berger ni siquiera discute este punto. Pero es importante, que quiere decir, que los elementos dinmicos de la historia humana sean el egosmo y la estupidez. No podra evitar tal conclusin, sino concibiendo una idea por encima de la propia realidad humana, en funcin de la cual la historia se desarrolla.

El orden social a partir del cual parte Berger, este lo ve amenazado dada su precariedad originada en el egosmo y la estupidez por el desorden, la anomia y el caos. El

...desorden que es la anttesis de todos los nomoi socialmente construidos... Ir contra el orden social es siempre correr el riesgo de sumergirse en la anomia (8).

Toda sociedad humana, cualquiera que sea el modo como se la legitime, debe mantener su solidaridad frente al caos (9).

La anttesis del orden social precario es, por tanto, el caos, y la lgica del cuestionamiento del orden es este mismo caos. Este resultado es una consecuencia de lo analizado al principio. Si efectivamente la raz de la precariedad del orden est en el egosmo y la estupidez, la lgica de tal cuestionamiento es el caos a la muerte. Rebelin es caos rebelin es muerte.

Pero como se ve, este resultado tan conservador de su anlisis se debe a una simple manipulacin de las categoras. Nadie duda que hay o puede haber egosmo y estupidez, y nadie tampoco duda de que frente a ellos hace falta socializacin, control social y legitimacin del orden, sea cual sea ste. Tampoco nadie duda que la lgica del egosmo y la estupidez es la muerte, y por eso se enfocan los actos derivados de all como crimen. El castigo del crimen es, por tanto, la afirmacin de la vida frente a la muerte, o puede serlo. La duda, sin embargo, es otra.

En tanto Berger identifica la precariedad del orden social con el crimen, l hace una especie de solipsismo del orden social. Una vez constituido un orden social, no hay manera de salir de l sino por medio del crimen, y negndose el crimen, slo queda el mantenimiento de ese orden. Berger excluye apriorsticamente, la posibilidad de que el orden social existente se enfrente en su interior con otro orden social todava no constituido. Sin embargo, la rebelin es precisamente eso: aparece un proyecto de orden social enfrentado al orden social existente, y, por tanto, un conflicto entre diferentes tipos de orden social o de mundos socialmente constituidos. El conflicto, en este caso, no es entre orden existente y crimen, sino entre orden existente y orden por construir. La lgica de los desrdenes resultantes, por tanto, no es caos y muerte, sino otra manera de vivir. Resulta, consecuentemente, un conflicto de diferentes legitimidades que Berger arbitrariamente niega. Para discutirlo, se necesitara otra teora, que Berger ni siquiera enfoca: una teora capaz de juzgar la legitimidad relativa de los diversos sistemas sociales. Berger evita tal teora, reduciendo la rebelin al crimen, lo que le permite discutir la funcin social de legitimacin como una funcin exclusiva del orden social existente, frente a todos los cuestionamientos posibles encuadrados todos bajo el egosmo y la estupidez. Construida esta visin de los mundos socialmente constituidos, en la cual cada nomos social da vuelta solipsista a s mismo, l ahora puede afirmar el caos como la anttesis nica de un orden social especfico. Los diversos sistemas sociales, por tanto, tienen como rasgo comn, estar expuestos a caer en el caos y defenderse de esta posibilidad.

Ahora bien, el concepto de la realidad precaria es emprico, en el sentido de que se refiere a un orden social empricamente constituido, con sus nomos como manera especfica de integrar las instituciones pertenecientes a ese orden. El caos o la anomia son otro tipo de conceptos. Una sociedad jams puede caer en el estado de la anomia o del caos, pues, si tales estados se dieran, esa sociedad dejara de existir. Se podra acercarse a ellos, pero no alcanzarlos. El caos es como la muerte. No se puede vivirla. Sin embargo, a partir de la precariedad de la realidad, se percibe constantemente una tendencia a este caos inalcanzable, que no es sino la muerte de la sociedad, lo que implica, a la vez, la muerte de sus miembros. De hecho, la precariedad de la realidad es la tendencia al caos.

Por esta razn, Berger puede percibir la sociedad como solidaridad frente al caos... hombres unidos frente a la muerte (10). Sin embargo, si hay tal precariedad de la realidad y la consiguiente tendencia al caos y la muerte, esta ltima tiene que tener cierto atractivo. Sin embargo, el hombre no puede sentirse atrado por la muerte si no vincula la muerte con imgenes atractivas. La muerte y el caos deben aparecer diferentes de lo que son. Tienen que incluir una promesa, que no sea percibida como muerte sino como vida. En nombre de una vida aparente, entonces, se tiende hacia la muerte, lo que explicara esta tendencia socia1 al caos.

Si Berger, por tanto, habla del egosmo y la estupidez (11) como razones de la precariedad de la realidad institucional, tiene que decirnos algo sobre por qu el hombre sigue a los proyectos egostas y estpidos. Si el egosmo lleva al caos y la muerte, hay que saber por qu alguien sigue a un egosmo que destruye una realidad, sin la cual ni ste, su egosmo, sera posible. Y si lo hace por estupidez, hay que saber por qu no cambia de opinin como resultado de sus malas experiencias. Un simple instinto de muerte no podra explicarlo tampoco, pues habra que explicar, por qu entonces el hombre no se suicida de una vez en lugar de llevar la vida lentamente hacia el caos y la muerte. Por tanto, un egosmo que lleva al caos, no sera en verdad egosta. Un egosmo ilustrado tendra que anticipar tal resultado para evitarlo. E1 mismo egosmo, si es llevado hacia el caos, sera estpido e implicara un error sobre la verdadera situacin de los propios intereses.

Si bien Berger no desarrolla esta problemtica, l la intuye e intenta una explicacin que sigue, en sus lneas principales, lo que es el pensamiento conservador al respecto.

Esta explicacin se dirige fundamentalmente a las rebeliones. No se pone en duda el hecho de que el mismo crimen es parte de la precariedad de la realidad. Pero desde el punto de vista de la legitimacin del sistema institucional, el crimen tiene una importancia ms bien marginal. El ladrn no pone en duda el sistema de propiedad, sino ms bien, lo aprovecha de una manera ilegal. Una vez que rob, l exige la proteccin policial como cualquier propietario para asegurar el mantenimiento de lo que ahora tiene. Igualmente, el asesino no declara la legitimidad del asesinato, sino que reclama para s la proteccin de su vida frente a otros. Aunque el crimen puede corromper una sociedad y hasta hacerla inviable, sigue siendo parte de esta misma sociedad sin ningn proyecto para cambiarla. E1 caso de la rebelin es diferente. La rebelin se enfrenta a la sociedad, al sistema institucional especfico y a su nomos, y busca su sustitucin. Si Berger la declara como camino al caos, tiene que declarar la perspectiva de la rebelin, su esperanza y utopa, como presencia ilusoria de la muerte. Por tanto, vincula la rebelin con el sueo, y la interpreta como irrupcin del sueo en la vida real y cotidiana. El sueo de una nueva sociedad, que acompaa a la rebelin, es para Berger, por tanto, aquella ilusin que lleva la sociedad al caos, aunque los portadores de este caos sueen con un nuevo orden o una nueva vida. La muerte se viste con el aspecto de la vida. Berger lo analiza recurriendo a las situaciones marginales del sueo y la muerte. Los dos ponen en parntesis la vida cotidiana de la realidad precaria y unidos la amenazan.

En el mundo de los sueos, la realidad de la vida cotidiana queda definidamente atrs... La realidad de la vida cotidiana pues, est rodeada continuamente por una penumbra de realidades muy diferentes. Estas, sin duda son segregadas en la conciencia con una jerarqua cognoscitiva especial... con lo cual se impide en general que amenacen en conjunto a la realidad primaria de la existencia de plena vigilia (12).

La realidad primaria es el sistema institucional especfico con su nomos respectivo. Los sueos la amenazan. La muerte tiene una caracterstica parecida:

La muerte desafa de manera radical a todas las definiciones socialmente objetivadas de la realidad del mundo, de los otros y del yo. La muerte pone radicalmente en tela de juicio la actitud de dar las cosas por sentadas que adoptamos en la existencia cotidiana (13).

La tarea de legitimacin de la sociedad incluye, por tanto, la ubicacin de estas situaciones marginales. Que los sueos sean realmente considerados como realidad secundaria que no debe irrumpir en la realidad primaria cotidiana, es parte de este problema. Pero, como la misma muerte constantemente pone entre parntesis esta realidad primaria, hace falta darle sentido de una manera tal, que la referencia a la muerte no irrumpa en esta realidad primaria. Por tanto, debe lograrse que haya

..."una buena muerte", es decir, morir manteniendo hasta el fin una relacin significativa con el nomos de la propia sociedad, subjetivamente significativa para s mismo y objetivamente significativa en la mente de los otros (14).

Berger no menciona presencias de la muerte a partir de la realidad concreta, como el desempleo y el hambre. Pero se refiere a ellos. Sin embargo, frente a ellos, se trata meramente no de superarlos, sino de darles una relacin subjetivamente significativa con el nomos de la sociedad. La buena muerte sigue siendo aquella que no se revela como tal. Sin embargo, a veces falla la legitimacin.

Si bien el xtasis de las situaciones marginales es un fenmeno de la experiencia individual, en pocas de crisis, sociedades o grupos sociales enteros pueden pasar colectivamente por tal situacin. En otras palabras, hay sucesos que afectan a sociedades o grupos sociales enteros y que presentan amenazas masivas a la realidad que antes se daba por sentada (15).

Aparece el sueo colectivo que deja de respetar la realidad primaria de la vida cotidiana, que irrumpe y amenaza y que, al fin, destruye. Se trata del sueo colectivo que lleva al caos, presentndose como un sueo de felicidad. El caos tiene una cabeza de Janus, que es, por un lado, muerte y, por el otro, felicidad. En trminos de K. Popper: quien quiere el cielo en la tierra, acabar por realizar el infierno en la tierra. Y en trminos populares: el camino al infierno est asfaltado con buenas intenciones. Se trata de la antigua imagen lucifrica. Lucifer, el ngel de la luz, es en verdad el diablo. Provocando sueos de felicidad que irrumpen en la realidad cotidiana, Lucifer conduce al caos, al infierno.

2. La funcin social de legitimacin

Frente a esta amenaza, que en forma de precariedad de la realidad est siempre presente, Berger plantea la funcin social de la legitimacin:

Se entiende por legitimacin un conocimiento socialmente objetivado que sirve para explicar y justificar el orden social (16).

La legitimacin aparece al lado de la socializacin y del control social. La legitimacin hace aceptar la sociedad existente como la legtima. Se refiere a la realidad legitimndola en su especificidad social en su nomos.

...en cierto sentido, todo conocimiento socialmente objetivado es legitimador. El nomos de una sociedad se legtima ante todo a s mismo por la simple existencia de sta (17).

Existiendo la sociedad con su nomos, se experimenta con la realidad el nomos como existente. La experiencia de este hecho, hace que el mundo construido socialmente se legitima a s mismo en virtud de su facticidad objetiva (18).

Se puede entonces distinguir entre esta facticidad auto-legitimadora y las legitimaciones secundarias (l9). Recin a partir de estas legitimaciones secundarias aparece la funcin social de la legitimacin que complementa a la facticidad autol-egitimadora, que, de por s, no es suficiente.

La facticidad auto-legitimadora es, por tanto, la base de la legitimidad, mientras la funcin social de legitimacin las actividades para legitimar aparecen en el grado en el cual esta facticidad auto-legitimadora es insuficiente, es decir, dependiendo del grado de la precariedad de la realidad:

Podra decirse pues, que la facticidad del mundo social o de cualquiera de sus partes basta para su auto-legitimacin mientras no surjan dudas (20).

Esta facticidad, penetrada por el nomos de la sociedad, la llama despus la estructura de plausibilidad. La facticidad auto-legitimadora es, entonces, facticidad plausible. Vuelve a plantear el concepto lmite de una plausibilidad perfecta, es decir, una legitimidad del sistema institucional, que no requiere una funcin social de legitimacin aparte de la mera presencia de la sociedad:

En el caso lmite (que no se encuentra en la realidad), esto significar que el mundo no se plantea, por as decir, ni requiere otra legitimacin aparte de su mera presencia (21).

Este concepto lmite de la plausibilidad perfecta es, a la vez, el concepto de una realidad que no es precaria, sin dudas. Es el concepto de una sociedad que es aceptada sin vacilaciones, sin que haya exigencias especiales que justifiquen tal legitimidad. Es el sueo conservador de la convivencia pacfica de amos y esclavos, en la cual los esclavos se resignan a morir, consistiendo, cuando el amo no les deja ninguna posibilidad de vivir.

Berger dice que este caso lmite no se encuentra en la realidad. Inmediatamente despus, nos dice que es un caso muy improbable (22). No reflexiona lo que este significa. Lo usa en el anlisis sin investigar su status metodolgico. En verdad es lo opuesto al caos, y es tan poco emprico como el concepto del caos mismo. De ninguna manera es improbable, sino que es, sencillamente, imposible. Se trata de un concepto lmite que empricamente no se puede dar, pero que en el anlisis de Berger es absolutamente clave.

El engloba la realidad precaria de la cual parte, en dos conceptos no-empricos del tipo de conceptos lmites. Si la realidad es totalmente precaria, aparece por medio de un progreso infinito el concepto del caos. Si desaparece toda precariedad y toda duda, aparece igualmente por progreso infinito el concepto lmite de la plausibilidad perfecta. El concepto del caos lo utiliza para denunciar la tendencia al cambio del sistema institucional existente, como presencia de muerte bajo el aspecto de luz y vida, mientras utiliza el concepto de la plausibilidad perfecta para explicar la intensidad con la cual aparecen las funciones sociales de la legitimacin:

...cuanto menos firme sea la estructura de plausibilidad, tanto ms aguda ser la necesidad de legitimaciones que mantengan el mundo. Es tpico, por ello, que el desarrollo de legitimaciones complejas se realice en situaciones en las que son amenazadas de una u otra manera las estructuras de plausibilidad (23).

Eso lleva a una especie de ley social de la legitimacin. Cuanto ms plausible la realidad, menos legitimaciones positivas existen. La sociedad perfectamente legitimada no es aquella que desarrolla a cabalidad las funciones sociales de la legitimacin, sino aquella en la que no existen tales funciones sociales. Si la legitimacin se cumple a cabalidad, no son necesarias las funciones sociales de legitimacin.

Un alto desarrollo de las funciones sociales de legitimidad indica un bajo grado de legitimidad de la sociedad. Podemos hablar en este sentido del carcter dialctico de la funcin social de legitimidad. Cuando mejor se cumple, desaparece.

Sin embargo, usando por un lado el concepto emprico de la realidad precaria, y por el otro, el concepto lmite no-emprico de la plausibilidad perfecta, Berger describe el espacio emprico dentro del cual la funcin social de la legitimacin se desarrolla.

3. Las legitimaciones secundarias

Pero Berger no hace del concepto lmite su proyecto. En ese caso tendra que analizar cmo se estructura mejor una sociedad que ste ms cerca de tal plausibilidad auto-legitimadora perfecta. No obstante, debido a su punto de vista conservador, Berger no puede formularse tal pregunta. El supone, por el contrario, la posibilidad de que existan diversas sociedades, cada cual buscando su legitimacin a partir de su propio nomos; pero Berger no se cuestiona el nomos de ninguna sociedad en relacin al nomos de otra. Esto es posible por su concepto de la realidad, la cual es identificada con un sistema institucional especfico correspondiente al nomos de una sociedad especfica. Tal realidad es indiscutible, y el punto de partida para cuestionar a todos los miembros de esa sociedad. Es el sbado para el cual viven los hombres. Por tanto, l no puede siquiera hacerse la pregunta: Cul de esas sociedades es la ms plausible? Evidentemente, por su opcin conservadora, excluy tal pregunta y as lleg a su concepto de realidad, identificada con el sistema institucional. Para poder comparar las sociedades, necesitara un tercium comparationis que tendra que estar fuera del sistema institucional. Este podra ser solamente el hombre concreto, para el cual las instituciones son un medio de vida, un sbado que sirve para los hombres. Necesitara, por tanto, otro concepto de la realidad.

Berger parte del nomos ya constituido de una sociedad, y lo defiende. Habiendo varias sociedades, puede hacer este anlisis para cada una de ellas; pero no puede preferir una a la otra.

Como Berger slo puede partir de sociedades ya constituidas no le es posible discutir tampoco la manera en la cual las sociedades son constituidas. Pareciera que caen del cielo. Una vez cada una sociedad del cielo, descubre adems de la facticidad auto-legitimadora primaria, las legitimaciones secundarias, que inciden fuertemente sobre su comprensin de las funciones sociales de legitimacin:

1) En el nivel pre-terico, se encontrarn simples afirmaciones tradicionales, cuyo paradigma es: As es como se hacen las cosas (24).

2) En el nivel terico incipiente la legitimacin adopta la forma de proverbios, mximas morales y sabidura tradicional. Hay mitos, leyendas o cuentos populares (25).

3) Legitimaciones tericas explcitas.

4) Las construcciones de alto nivel terico que legitiman in toto el nomos de una sociedad (26).

A Berger se le escapa totalmente que la sociedad, para existir con su nomos especfico, tiene que ser constituida en funcin de este nomos. Y como la sociedad tiene su historia, puede conservarse con este su nomos solamente, si es permanentemente reconstituida en funcin de este nomos. Berger tiene esta idea beata de una sociedad tradicional que de generacin en generacin se repite, y que se legitima asegurando una simple repeticin de lo que se ha hecho una vez. Pero una sociedad no se repite. Se reconstituye en el caso de su conservacin, en su nomos, frente a hechos constantemente cambiantes. Un as es como se hacen las cosas no sirve en ningn caso y nunca ha servido. Aunque se usa la frmula y muy marginalmente hay que tener un criterio de discernimiento previo, a partir del cual se puede determinar lo que significa hacer lo que hicieron los antepasados si las circunstancias han cambiado. Hay que reconstituir, entonces, la sociedad de los antepasados. Y el nomos tendra que ser, necesariamente, el principio abstracto a partir del cual se constituye la continuidad. Tambin la continuidad es un acto creador, por ser necesariamente continuidad en el cambio. Eso no cambia para nada, si se deriva el nomos de la voluntad divina o del protopadre de una tribu. Lo que Dios o el protopadre ha dicho, jams se puede explicar por un as es como se hacen las cosas. Siempre hay un juicio previo que determina lo que significa en las circunstancias dadas que son otras de aquellas a las cuales las palabras sagradas se refieren seguir a esta voluntad para poder comportarse tradicionalmente.

Sin embargo, Berger evita de nuevo el problema usando un mecanicismo tradicional de los criterios de constitucin de la realidad. Aunque l habla de mundos socialmente constituidos, no habla jams sobre los mecanismos y principios, segn los cuales son construidos y a partir de los cuales nicamente podemos decir, si hay continuidad o no en el mundo, que siempre es cambiante.

Para dar un ejemplo de nuestra propia tradicin. Del Sina se sabe el mandamiento: no robars. En la tradicin proftica significa: no le quites el sustento a tu prjimo, y esta tradicin deriva del no robars la defensa de viudas, hurfanos, enfermos, salario del obrero, etc. La sociedad burguesa deriva exactamente lo contrario: la propiedad privada es legtima; puede haber obligaciones de caridad, pero el mandamiento no constituye un derecho de justicia social. Lo que tal mxima dice, no se deriva de la letra, sino que es un acto de constitucin del nomos de la sociedad, que sin problemas puede pasar a la frmula as es como se hacen las cosas. Pero, cmo se tienen que hacer, no resulta de la frmula, sino de un acto previo de discernimiento, que est vinculado con la especificidad de la sociedad.

Hay otro ejemplo en la misma lnea, que nos acerca ms a la problemtica de Berger. Es el no le hagas al otro lo que t no quieres que el otro te haga a ti. Este aparece ya en el Antiguo Testamento, pero tambin en Confucio y otros de su poca. Sin duda, esta premisa juega tambin un papel muy clave en la constitucin de la sociedad burguesa. En los antiguos est siempre vinculado con el sustento: no le quites el sustento al otro, porque t no quieres que el otro te lo quiete a ti. Es decir, expresa algo vinculado con la existencia del hombre concreto. La burguesa lo limita al hombre abstracto: no le quites la propiedad privada al otro, porque no quieres que el otro te quite tu propiedad. La sociedad socialista podra volver al significado anterior constituyendo la sociedad de esta manera: nadie le puede quitar el sustento al otro, porque nadie quiere que se le quite el sustento a l. Qu significa ahora as es como se hacen las cosas? Implica y presupone, que el contenido especfico del principio se establezca en cada momento, para que haya continuidad.

Este principio formal del no le hagas al otro lo que t no quieres que el otro te haga a ti es perfectamente universal, aunque se llena constantemente de contenidos diferentes, a partir de los cuales se constituyen sociedades especficas. No es necesariamente igualitario: No mates a los esclavos, porque no quieres que los otros tampoco lo hagan, as que ya no hay esclavos, dice el amo del esclavo.

Este principio formal es hoy algo omnipresente en la constitucin y reconstitucin, frente a la infraccin de todas nuestras normas formales. Por ejemplo, el respeto a las reglas del trnsito. El polica y el juez se encargan de su aplicacin. Al pasar alguien con luz roja, no dicen: as no se hacen las cosas. Tienen una reflexin diferente: si todos lo hicieran, nada funcionara bien. Es decir, hacen una reflexin del caos, que proyecta la accin de infraccin hacia el infinito, a una infraccin cometida por todos un progreso infinito y producen, de esta manera, en s mismos y en el afectado el horror del caos. Y el polica tiene tambin en su mente una imagen de perfeccin: si viviramos en el Paraso, entonces todos podran hacer eso. Pero no vivimos all, y por tanto, las normas nos protegen del caos. En nuestra convivencia todas las normas formales son constantemente constituidas y reconstituidas por tal reflexin del caos, y el as es como se hacen las cosas no es sino un resumen de esta reflexin bsica.

Sin embargo, Berger evita esta discusin debido a su conceptualizacin de una sociedad tradicional y repetitiva, que se legtima haciendo lo que siempre haca, lo cual en la historia humana no ha existido nunca. Con eso tambin evita la discusin comparativa de los diferentes nomos de las diversas sociedades y salva su identificacin de la realidad con el sistema institucional especfico a partir del cual el puede denunciar cualquier rebelin social como catica.

De esta manera, Berger enfoca la sociedad como polarizada en los trminos ms absolutos. Por un lado, los defensores de su institucionalidad especfica, su nomos, y por el otro, los portadores del caos. En cuanto esta polarizacin es absoluta, tambin el nomos de la sociedad y sus partidarios son absolutamente justificados para tomar cualquier medida necesaria, en pos del mantenimiento de este sistema social. La teora es una teora de la lucha de clases desenfrenada, expresada en trminos beato-conservadores.

4. La religin como hipstasis

del nomos de la sociedad

Este esquema de sociedad y de la funcin social de la legitimacin en ella, forma el marco terico de Berger y puede ser considerado como el marco terico de todo el pensamiento conservador. Las tesis que expresa ahora Berger sobre la funcin de la religin en el mantenimiento de la sociedad en su legitimacin repiten, con lenguaje religioso, este mismo marco terico, haciendo hincapi en la funcin de la religin de hipostasiar el nomos de la sociedad, es decir, la especificidad de sus instituciones. Toda su teora de la religin se podra resumir en lo siguiente: la religin es la hipstasis del nomos de una sociedad; por tanto, la sociedad crea su religin a travs de la hipstasis de sus instituciones. Adems, siendo su concepto de sociedad absolutamente polarizado, su concepto de religin ser absolutamente maniqueo, y como Berger no puede discernir entre los nomos de sociedades diversas, tampoco puede discernir entre religiones diversas. Lo que s puede, es exigir de cualquier religin que tenga este maniquesmo absoluto, al igual como puede exigir de cualquier sociedad, que mantenga una polarizacin absoluta entre los defensores de nomos y sus opositores.

Berger insiste mucho en esta funcin de la religin de hipostasiar al nomos de la sociedad:

La religin logra una legitimacin tan efectiva porque relaciona las precarias construcciones de la realidad efectuadas por las sociedades empricas con la realidad suprema. Las tenues realidades del mundo social se fundan en el realissimum sagrado, que est, por definicin, ms all de las contingencias de los significados y la actividad humanos (27)

Eso no se percibe como un abuso de la religin, sino como su propsito:

La legitimacin religiosa se propone relacionar la realidad definida por los hombres con la realidad suprema universal y sagrada. Las construcciones intrnsecamente precarias y transitorias de la actividad humana reciben as la apariencia de la seguridad y la permanencia supremas. Dicho de otro modo, los nomoi construidos por los hombres reciben un status csmico (28).

Las legitimaciones religiosas, sin embargo, fundan la realidad socialmente definida de las instituciones en la realidad suprema del universo, en la realidad como tal. As, las instituciones reciben una apariencia de inevitabilidad, firmeza y durabilidad anlogas a las atribuidas a los dioses mismos... Pero en funcin de las legitimaciones csmicas, las instituciones son mgicamente elevadas por encima de esas contingencias humanas, histricas. Se convierten en inevitables, porque no slo los hombres sino tambin los dioses las dan por sentadas (29).

Por supuesto, esta hipstasis del nomos social, como la efecta la religin segn Berger, se dirige en contra del antagonista de lo sagrado. Siendo el nomos lo que es sacralizado por la hipostasis divina, el caos es horrorizado por la hipstasis del caos:

As como la legitimacin religiosa interpreta el orden social en trminos de un orden omnmodo y sagrado del universo, as tambin relaciona el desorden que es la anttesis de todos los nomoi socialmente construidos con ese inmenso abismo del caos, que es el ms antiguo antagonista de lo sagrado. Ir contra el orden social es siempre correr el riesgo de sumergirse en la anomia Pero ir contra el orden social legitimado por la religin es fusionarse con las fuerzas primigenias de las tinieblas. Negar la realidad definida socialmente es arriesgarse a caer en la irrealidad... Pero cuando la realidad definida socialmente ha llegado a ser identificada con la realidad suprema del universo, su negacin adquiere la calidad del mal y de la locura El negador corre entonces el riesgo de penetrar en lo que podra llamarse una realidad negativa o, si se quiere, la realidad del diablo... anti-mundo que tiene una realidad propia negativa catica y, en ltima instancia, destructiva para todos los que lo habitan, el reino de las monstruosidades demonacas (30).

Establecer esta polaridad entre lo sagrado y lo diab1ico, entre Dios y el diablo, entre nomos y caos, entre cosmos e infierno, llega a ser entonces la definicin que Berger da de la religin, y que solamente tiene sentido en el contexto de su teora de la sociedad:

...el establecimiento, mediante la actividad humana de un orden sagrado omnmodo, esto es, de un cosmos sagrado capaz de mantenerse ante la eterna presencia del caos (31).

Con eso, Berger slo ha expresado las implicaciones teolgicas de su marco terico. Su marco terico ya tiene los conceptos no-empricos que l posteriormente expresa en trminos teolgicos. Su marco terico ya ha prefijado lo que ser su opinin sobre la religin. Las dimensiones teolgicas, que l expresa, estn ya de antemano implcitamente en su teora de la sociedad. Aunque no las hace explcitas, sabemos ya conociendo su marco terico lo que sera su percepcin de la religin.

Sin embargo, a partir de este hecho podemos constatar deficiencias en su interpretacin de la religin. La mayor deficiencia es su incapacidad para definir lo que es secularizacin. Su teora de la sociedad y de la legitimacin, es secular? Cmo puede serlo, si implcitamente contiene una posicin teolgica? Si el caos, en trminos religiosos, es el infierno, y si el caos es un concepto no-emprico, qu status tiene entonces? Ser el caos un concepto secularizado y el infierno un concepto religioso? Si ese es el caso, entonces la diferencia entre el concepto secularizado y el religioso es la manera de hablar del mismo concepto, que puede ser enfocado como religioso siendo entonces infierno, o en trminos secularizados, siendo entonces el caos.

Ni el caos ni el infierno son empricamente dados, y sin embargo, por medio de la hipstasis religiosa, se refieren a estos conceptos. Referirse al caos en trminos religiosos o en trminos secularizados, no tiene la ms mnima diferencia conceptual. Sera distinto si el caos fuera un concepto emprico algo que efectivamente podemos vivir y el infierno un concepto trascendente. Pero siendo el caos la muerte social, no cabe una interpretacin emprica del concepto. En cuanto concepto, caos e infierno, en Berger, son lo mismo; en cuanto a su referencia a ellos, son distintos. Pero, entonces, la diferencia entre el concepto secularizado y el teolgico estar en la manera de referirse a ellos?

Aunque los dos conceptos sean idnticos, la manera de constituirlos es diferente. Si bien el caos como Berger lo utiliza no es un concepto emprico, se llega a l a partir de una reflexin sobre la realidad concreta. Pero se trata de una reflexin muy especial; es la reflexin del progreso infinito, de la proyeccin de un rasgo de toda realidad hacia el infinito, de la cual resulta el concepto del caos. Pensando la precariedad de la realidad, siempre en trminos puros, hasta la imaginacin de una precariedad absoluta, se llega al concepto del caos. Este concepto trasciende cualquier realidad emprica, pero, sin embargo, resulta a partir de una reflexin en funcin de esta misma realidad emprica. Es un concepto de empirismo idealizado, un concepto lmite, un concepto trascendental. A la conceptualizacin religiosa del infierno no se llega por este camino, sino por experiencias que podramos llamar mticas. Sin embargo, se nen en el mismo concepto, que es el caos y el infierno a la vez, siendo el infierno un concepto trascendente correspondiente al concepto trascendental del caos.

A un resultado parecido llegamos cuando analizamos el proceso de hipstasis del nomos social. En el anlisis, Berger llega a establecer un concepto antittico al caos. Habla de un caso lmite de la plausibilidad perfecta. Pensando el nomos de la sociedad en trminos siempre menos precarios, se llega al concepto lmite de este nomos, en el cual ya toda precariedad ha desaparecido y el nomos brilla con su resplandor ms puro. Nuevamente hemos partido de un rasgo general de la realidad su nomos que especifica las instituciones y lo hemos proyectado por un progreso infinito hasta su infinitud, llegando al concepto lmite que nuevamente trasciende toda realidad emprica y se presenta como un concepto trascendental. Es un concepto secularizado de la perfeccin institucional y como tal, es la verdadera contrapartida del caos en el pensamiento de Berger.

Se trata de un concepto trascendental, no de un concepto trascendente. La plausibilidad perfecta no es el cielo, pero cuando una sociedad expresa el cielo a partir de su nomos, lo expresa infaliblemente como un concepto idntico a este concepto trascendental de la plausibilidad perfecta.

Platn pensaba la plausibilidad perfecta de la sociedad esclavista de su tiempo en trminos de la edad de oro, y su imagen de la vuelta a la edad de oro en La Poltica no es nada menos que la construccin de tal sociedad infinitamente plausible. Si Platn creyera en un cielo, este cielo sera la edad de oro. El cielo de la edad media es explcitamente la proyeccin trascendental de la sociedad feudal de la edad media, su transformacin en plausibilidad perfecta. El cielo de la edad media aquel de los caballeros es un estado feudal sin enemigos, sin rebeldes y sin criminales. Y acaso el cielo burgus no es el cielo de almas puras e iguales, que no tienen ningn problema de igualdades materiales, porque no tienen necesidades materiales?

La plausibilidad perfecta correspondiente al nomos de la sociedad, contiene el mismo concepto de cielo trascendente que los portadores de este nomos. Nuevamente tenemos un concepto que a la vez es concepto trascendental, y como tal, es resultado de una idealizacin de la realidad emprica; y concepto trascendente y, como tal, la imaginacin del cielo por parte de los defensores del nomos social. El concepto de plausibilidad perfecta, es otra vez un concepto no-emprico y secularizado, y el cielo es un concepto trascendente y religioso igualmente no emprico. En cuanto conceptos son idnticos, slo que aparecen en el hombre por caminos distintos; como concepto trascondental por una reflexin a partir de la realidad emprica mediatizada por un progreso infinito, y como concepto trascendente por un camino ms bien mtico.

Berger no menciona al cielo, sino al cosmos. Pero el cosmos para l, juega exactamente el mismo papel. Es realidad suprema, universal, sagrada, es realissimun sagrado, realidad como tal, y la religin hace al ser social que se arraiga en la realidad sagrada del universo (32).

5. La mimesis csmica

El prototipo de esta relacin entre nomos y cosmos sagrado, lo ve Berger en la mimesis. A travs de esta mimesis, la sociedad humana se entiende como la representacin imperfecta del cosmos sagrado. La autoridad imperfecta de aqu imita la autoridad divina y csmica perfecta de all.

Cuando este rol (del padre) es legitimado en trminos mimticos al reiterar aqu abajo los actos de creacin, soberana o amor que tienen sus prototipos sagrados all arriba, entonces se refuerza enormemente su carcter representativo. La representacin de significados humanos se convierte en la mimesis de misterios divinos. El intercambio sexual imita la creacin del universo. La autoridad paterna imita la autoridad de los dioses; la solicitud paterna, la solicitud de los dioses. Al igual que las instituciones, pues, los roles adquieren el don de la inmortalidad (33).

En cuanto a las instituciones dice:

La religin legitima las instituciones sociales otorgndoles una jerarqua ontolgica supremamente vlida, esto es, ubicndolas en un marco de referencia sagrado y csmico. Las construcciones histricas de la actividad humana son contempladas desde un ventajoso punto de vista que, en su propia autodefinicin, trasciende la historia y el hombre. Esto puede hacerse de diferentes maneras. Tal vez la forma de mayor antigedad de esta legitimacin es la concepcin del orden institucional como reflejo o manifestacin directa de la estructura divina del cosmos, esto es, la concepcin de la relacin entre la sociedad y el cosmos como una relacin entre el microcosmo y el macrocosmo. Todo aqu abajo tiene su equivalente all arriba (34).

Berger no menciona lo principal. En esta mimesis, todo aqu abajo tiene su equivalente all arriba; pero all arriba es perfecto y aqu abajo es imperfecto. En lo imperfecto se hace una mimesis de lo perfecto; y en cuanto la mimesis se refiere al nomos social, relaciona una realidad precaria del nomos con su existencia perfecta en trminos de plausibilidad perfecta all arriba. Pero solamente si se hace esta reflexin adicional que evidentemente es vlida se puede comprobar que este cosmos sagrado como concepto trascendente, es idntico al concepto trascendental de la plausibilidad perfecta.

Sin embargo, en esta misma descripcin de la mimesis sigue habiendo un problema. Berger deca:

El intercambio sexual imita la creacin del universo. La autoridad paterna limita la autoridad de los dioses... (35).

Podramos agregar: el trabajo humano imita la creacin del universo; la autoridad empresarial imita la autoridad de los dioses.

Se hace evidente que Berger se confunde. Si el intercambio sexual imita la creacin, o si el trabajo humano la imita, no se legitima ningn nomos de ninguna sociedad. Al contrario. Se legitima al hombre que entra en conflicto con una sociedad, que no respeta esta dignidad del hombre. Si, en cambio, la autoridad paterna imita la de los dioses, y la autoridad empresarial tambin, entonces si se legtima el nomos de una sociedad o de un orden social institucional. La mimesis no es tan unvoca como Berger cree, y por eso existen diferencias sobre si el trabajo imita a la creacin o la autoridad imita al creador.

Berger no debera haber mencionado la sexualidad como imitacin de la creacin, porque la sexualidad no pertenece a la realidad precaria de la cual parte. Esta realidad precaria es la del sistema institucional; a ella pertenece la autoridad paterna, pero la sexualidad precisamente no. Igualmente pertenece a ella la autoridad del empresario, pero el trabajo humano no. Y eso es a la postre el problema clave de la teorizacin de Berger. De hecho, l no puede sostener su definicin de la religin consistentemente. Aunque toda religin crea de alguna manera un cosmos sagrado, no es necesario que este cosmos sagrado sea una hipstasis del nomos de una sociedad. Lo es siempre y cuando la religin se identifique con este nomos, pero a priori no tiene por qu serlo.

Del cosmos sagrado igualmente se puede derivar la negacin del nomos de una sociedad siempre y cuando la imitacin del cosmos sagrado permite constatar ausencias y fallas del nomos de la sociedad, que es el sistema institucional establecido. La religin en todos los casos tiene esta doble cara. Puede ser transformada en legitimacin del nomos, o puede aparecer como crtica y hasta como rebelin en contra del nomos social.

Si Berger da la definicin de la religin a partir de la mimesis del cosmos sagrado, esta definicin pierde coherencia si no incluye el hecho de que esta mimesis misma tiene una doble faz. No se tiene as noms la religin como legitimador del nomos social; se lucha por el sentido de la religin para tenerla de uno u otro lado.

6. La plausibilidad perfecta

 

Podemos todava hacer algunos comentarios sobre el concepto lmite de la plausibilidad perfecta, como Berger lo desarrolla.

Se trata de un concepto que se encuentra en una relacin de negacin con la funcin social de legitimacin, para cuya explicacin Berger lo utiliza.

La actividad de legitimacin indica su contrario, la precariedad de la realidad social, por tanto, su grado de ilegitimidad. Cuanto mayor es la ilegitimidad del nomos, mayor es la actividad legitimadora. El concepto lmite describe el punto de legitimidad absoluta, en el cual no hay ninguna ilegitimidad del nomos y, por tanto, tampoco ninguna actividad de legitimacin. Esta relacin de negacin entre la funcin social de legitimacin y el concepto de la legitimidad absoluta o perfecta, podemos enfocarla como una contradiccin dialctica de la funcin social de legitimacin. Esta es contradictoria en el sentido de que su cumplimiento perfecto y cabal implica su propia desaparicin. Pensando en su perfeccin la funcin social de legitimacin, sta deja de existir.

El ideal puro de legitimacin es, por tanto, que no exista ninguna funcin social que la cumpla. Sin embargo. la funcin social de legitimacin es el punto de partida emprico del anlisis. Su empira es la actividad de legitimacin, y si Berger piensa en su perfeccin se le desvanece esta empira.

Dirigindose nuevamente de este concepto lmite a la realidad, vuelve a aparecer sta su empira. Ahora bien, este concepto lmite de la plausibilidad perfecta, implica que no solamente la realidad es legtima por auto-legitimacin y, por tanto, no puede pensarse una funcin social de legitimacin en ella; tampoco se puede pensar un control social en un concepto de plausibilidad perfecta. Que se va a controlar, si la realidad institucional es autoevidente completamente? El heco emprico de la legitimacin como funcin social, sin embargo, est estrechamente vinculado con el control social. Qu empira es entonces sta, que se entiende negndola en su concepto lmite?

Sin embargo, este concepto lmite de Berger. de un mundo que no requiere otra legitimacin aparte de su mera presencia (36), nos obliga a dar un paso ms todava. Si se legitima por su propia presencia, y por tanto, no hay funciones sociales de legitimacin ni control social, qu queda en este caso de la realidad precaria, que es la empira de Berger? No es sino el sistema institucional.

No habiendo funcin social de legitimacin ni de control social, quedan como instituciones solamente aquellas que canalizan las relaciones sociales de produccin, es decir, las estructuras de clase desnudas. Pero entonces viene una pregunta, que un conservador tiene que evitar a toda costa: es posible que una estructura de clases desnuda sea esclavitud, servidumbre, relacin salarial sea legtima por su sola presencia? Si fuera imposible eso y es imposible entonces Berger, por lgica, tendra que romper con su enfoque de diversos nomos sociales uno al lado de otro para analizar a la pregunta del discernimiento de estos nomos diversos, segn algn criterio objetivo de legitimidad. Entonces tendra que llegar a la pregunta: los esfuerzos de legitimacin de tal o cual sociedad, tienen alguna posibilidad objetiva de xito? El concepto lmite se transformara ahora en criterio de legitimacin: aquella sociedad es la racional, que aspira realistamente a una legitimacin, que puede confiar en mayor grado en su mera presencia como fuente de su legitimidad.

Pero no sera esta sociedad, por fuerza, una sociedad sin clases? Si fuera as, estara cuestionada la propia definicin de la realidad precaria, de la cual parte Berger. Esta realidad precaria se reduce al sistema institucional, que necesariamente conlleva una estructura de clase, y que jams podr confiar en su mera presencia como fuente principal de su legitimidad. Si ahora el concepto de plausibilidad es necesario; si la plausibilidad perfecta no puede ser imaginada coherentemente sino como sociedad sin clases, y si la sociedad sin clases es una sociedad sin un sistema institucionalizado fijado, entonces el concepto de realidad de Berger se desvanece completamente.

Qu ser la realidad socialmente construida, si la pensamos sin institucionalizaciones? Si la realidad con Berger se define como el sistema institucional, la ausencia de instituciones tendra que significar la ausencia de la realidad. Pero si imaginramos las relaciones sociales en trminos directos y espontneos, sin propiedad privada y sin Estado, convincentes por su mera presencia y, por tanto, sin funcin social de legitimacin, imaginamos entonces la ausencia de la realidad social? La unilateralidad del concepto de Berger de la realidad precaria salta a la vista.

Cualquier concepto de realidad social, tendra que ser compatible con el concepto lmite de una realidad social no institucionalizada. Si no lo es, es contradictorio en relacin a las derivaciones que se hacen a partir de l.

2 Ibid., pg. 45.

NOTAS

1 Berger, Peter L., El Dosel Sagrado: elementos para una sociologa de la religin. Amorrortu editores. Buenos Aires, 1971.

3 Idem.

4 Ibid., pgs. 45-46.

5 Ibid., pg. 63.

6 Ibid., pg. 44.

7 Ibid., pg. 47

8 Ibid., pg. 55

9 Ibid., pg. 69-70.

10 Ibid., pg. 70.

11 Ibid., pg. 44.

12 Ibid., pgs. 59-60.

13 Ibid., pg. 61.

14 Ibid., pg. 62.

15 Ibid., pg. 62.

16 Ibid., pg. 44.

17 Ibid., pg. 45.

18 Ibid., pgs. 45-46.

19 Ibid., pg. 47

20 Ibid., pg. 46

21 Ibid., pg. 65

22 Idem.

23 Idem.

24 Ibid., 47.

25 Idem.

26 Idem.

27 Ibid., pg. 48.

28 Ibid., pgs. 51-52.

29 Ibid., pgs. 52-53.

30 Ibid., pgs. 55-56

31 Ibid., pg. 69.

32 Ibid., pg. 53.

33 Ibid., pg. 54.

34 Ibid., pg. 49.

35 Ibid., pg. 54.

36 Ibid., pg. 65.

 

 

 

Captulo II

 

El marco categorial

del pensamiento neoliberal actual

Vamos a analizar el marco categorial neoliberal a partir de la teora de Friedrich Hayek, y especialmente nos basaremos en su conferencia pronunciada con ocasin de la recepcin del premio Nobel de Economa con el ttulo "La pretensin del conocimiento" (1).

El pensamiento neoliberal es marcadamente diferente del pensamiento conservador. Sin embargo, mantiene una continuidad bsica con ese pensamiento. Lo que distingue al pensamiento neoliberal del pensamiento conservador, es el hecho de que el primero no considera que las diferentes sociedades tengan, cada una, su legitimidad especfica a partir de su nomos especfico.

El pensamiento conservador no discierne sociedades y no desarrolla ningn criterio de juicio sobre las sociedades diversas. El pensamiento neoliberal, en cambio, es un pensamiento de legitimacin de una sociedad especfica en contra de otras sociedades. Es especficamente un pensamiento de legitimacin de la sociedad burguesa.

Pero tambin el pensamiento neoliberal se distingue marcadamente del pensamiento liberal original. Cuando este pronuncia la legitimidad de la sociedad burguesa, lo hace en contra de las tendencias hacia la sociedad socialista y en contra de sociedades socialistas existentes. Su legitimacin de la sociedad burguesa pasa por la ilegitimacin de la sociedad socialista. El pensamiento liberal original, en cambio si bien tambin es un pensamiento de legitimacin de la sociedad burguesa, se dirige en contra de las sociedades pre-capitalistas. Legitima, por tanto, la sociedad burguesa ilegitimando la sociedad pre-capitalista, en especial la sociedad feudal de los siglos XV al XVIII. El pensamiento liberal original es de superacin de las sociedades anteriores. El pensamiento neoliberal del siglo XX, es un pensamiento que busca evitar la superacin de la sociedad burguesa por la sociedad socialista.

Eso le da al pensamiento neoliberal un tinte conservador, aunque efectivamente no sea un pensamiento conservador en el sentido como lo hemos desarrollado a partir de la teora de Berger. Pero hay determinados rasgos que el pensamiento neoliberal comparte con el pensamiento conservador. El rasgo central consiste en que tambin el pensamiento neoliberal parte de un concepto de realidad precaria, restringiendo la realidad a los elementos institucionales. Sin embargo, no de cualquier institucionalidad y a cualquier nivel.

1. El mercado como realidad precaria de partida:

la imposibilidad de una tendencia al equilibrio

Orientndose especficamente hacia la sociedad burguesa, determina esta realidad precaria a partir de la institucin burguesa central: el mercado. Es un pensamiento de mercado, y el mercado es su concepto emprico central. Este mercado lo entiende en el marco de una realidad precaria. La economa de mercado est en peligro, y los que la amenazan son los mismos que en el pensamiento conservador: el egosmo y la estupidez. A partir de este mercado amenazado como concepto emprico central, el pensamiento neoliberal elabora su marco categorial tambin de manera polarizada. En esta elaboracin aparecen conceptos lmites polarizados, que son nuevamente, por un lado, el caos y por el otro, el mercado perfecto o el modelo de competencia perfecta. Son construidos de nuevo por una proyeccin al infinito mediatizada por un progreso infinito a partir de un rasgo emprico central de la realidad. Siendo amenazado el mercado, esta amenaza puede ser pensada en trminos siempre ms graves hasta llegar al derrumbe del mercado, que desembocara en caos y destruccin, apareciendo as el concepto lmite negativo del caos. Por otro lado, imponindose el mercado a las amenazas, este es pensado, igualmente, por un progreso infinito, en trminos siempre ms perfectos, hasta llegar al concepto lmite positivo de la competencia perfecta. Tanto el caos como la competencia perfecta son conceptos no-empricos, los cuales engloban la realidad emprica limitndola. Sin embargo los dos conceptos lmites trascienden esta realidad emprica del mercado y constituyen, por tanto, conceptos trascendentales, en referencia a los cuales la realidad emprica es interpretada. Son conceptos imaginarios de la realidad y por tanto no factibles, pero de ninguna manera son conceptos arbitrarios. Son empira idealizada a partir de rasgos generales de la realidad, que es considerada en trminos del mercado amenazado.

Por qu la competencia perfecta (equilibrio) es un concepto no-emprico? Hayek no sostiene esto en el sentido segn el cual no existe nada perfecto en el mundo. Sostiene, por un lado, que el modelo de la competencia perfecta es un modelo necesario para poder interpretar la economa de mercado y, por otro lado, desarrolla las razones que hacen imposible realizarlo en trminos tcnicos. Su necesidad en trminos tericos la argumenta a partir del hecho de que la institucin mercado es un mecanismo de funcionamiento y que, por ende, tiene que funcionar. La competencia perfecta describe, por lo tanto, los indicadores a partir de los cuales se puede afirmar tal buen funcionamiento. Estos indicadores los expresa conjuntamente por el trmino equilibrio. El mercado funciona en cuanto est en equilibrio; la preocupacin poltica, por tanto, tiene que ser lograr que est efectivamente en equilibrio.

Como Hayek restringe la realidad emprica a lo institucional, sus criterios de equilibrio del mercado tienen que ser slo criterios mercantiles. Para l, la satisfaccin de necesidades no es criterio de equilibrio pues no es un elemento relevante de la realidad. Su criterio de equilibrio no puede ser sino tomado del mercado mismo, y es, en este sentido, mercantil. Se trata del concepto de equilibrio tomado de la teora de Walrs y Pareto: en el mercado hay, por un lado, factores de produccin y, por otro lado, productos y consumidores; existe equilibrio cuando todos los consumidores pueden gastar sus ingresos segn sus preferencias, cuando las empresas venden todos sus productos (o servicios) producidos cubriendo por lo menos sus costos, y cuando todos los factores ofrecidos en el mercado son usados en la produccin de estos productos. Siendo los productos ofrecidos tambin los productos demandados, y los ingresos gastados por los consumidores los ingresos percibidos por los productores, se da un sistema de ecuaciones con igual nmero de ecuaciones e incgnitas. Como no hay razn para que aparezcan cantidades negativas, se sostiene que el sistema siempre tiene una solucin nica y ptima.

A partir de este equilibrio general aparece un doble problema: por un lado, los supuestos tericos que en principio tal posible equilibrio implica; y por otro lado, los mecanismos sociales que permiten la aproximacin hacia ese equilibrio.

En cuanto a los supuestos tericos implcitos en tal modelo de equilibrio, se ve claramente que este equilibrio no puede ser realizado sino teniendo todos los participantes del mercado un conocimiento perfecto de todos los acontecimientos que en l ocurren a cada momento, y una capacidad ilimitada de adaptacin de los factores a las situaciones cambiantes (conocimiento perfecto y velocidad infinita de reaccin de los factores). A este hecho Hayek se refiere con las siguientes palabras:

Es cierto que sus sistemas de ecuaciones que describen el modelo de un equilibrio del mercado estn construidos de tal manera que, si pudiramos rellenar todos los espacios de sus frmulas abstractas es decir, si conociramos todos los parmetros de esas ecuaciones podramos calcular los precios y cantidades de todas las mercancas y servicios vendidos (2).

Hayek se resiste a decir que el modelo de equilibrio efectivamente presupone tal conocimiento perfecto. Sin embargo, no hay duda de que en cuanto modelo tiene tal presupuesto. Eso por el simple hecho de que el equilibrio de la competencia perfecta es un equilibrio simultneo, sin procesos intermedios de adaptacin. Precisamente por esta razn se trata de un concepto lmite. que trasciende la realidad emprica, aunque sea desarrollada a partir de ella mediante un progreso infinito. En cuanto este modelo de equilibrio es un concepto lmite, es tambin un concepto no-emprico y, como tal, irrealizable. Es imposible que haya conocimientos tales y velocidades de reaccin infinitas correspondientes a la realizacin de tal equilibrio. No es posible calcularlo. Pero la razn para ello no es terica, sino fctica: el equilibrio no es lgicamente contradictorio, sino, de hecho, inalcanzable. Hayek, por tanto, dice que no se trata de hacer calculable tal equilibrio:

Pero, como demostr claramente Wilfredo Pareto, uno de los fundadores de esta teora, no se trata de llegar a un clculo numrico de los precios, ya que, como l deca, sera absurdo suponer que podemos poseer todos los datos (3).

No siendo posible tal conocimiento perfecto, el equilibrio no es calculable. De eso se sigue, que en el mercado no puede haber adaptaciones simultneas, sino que todas las adaptaciones son necesariamente sucesivas y necesitan tiempo para llevarse a cabo. Por tanto, el problema terico llega a ser ahora de aproximacin al equilibrio, preguntndose por los mecanismos sociales que pueden asegurar tal aproximacin. Cules son las condiciones generales del mercado, que permiten tal aproximacin al equilibrio? La respuesta ser que: la condicin es el mercado emprico. Es decir, especialmente la libertad de contrato y la consiguiente garanta de la propiedad privada. Estos sern declarados ahora como condiciones generales del equilibrio:

En otras palabras, conocemos las condiciones generales en las que puede establecerse lo que, no muy acertadamente, llamamos equilibrio; pero desconocemos los precios de salarios particulares que se daran si el mercado produjera tal equilibrio. Slo podemos indicar las condiciones bajo las que podemos esperar que se establezcan en el mercado los precios y salarios en los que la demanda igualar a la oferta (4).

Hayek nos dice que conocemos las condiciones generales y las condiciones bajo las que podemos esperar un equilibrio; no nos da ninguna razn para que ello efectivamente se produzca. El parti del mercado emprico, pas a construir en forma idealizada un concepto lmite del mercado llamado competencia perfecta (equilibrio), constat que no es calculable y concluye que podemos esperar que el mercado emprico producir una aproximacin a este equilibrio idealizado. Eso es lo que desde la mano invisible de Adam Smith sostiene la teora econmica burguesa en contra de todas las evidencias empricas del caso. Se idealiza un fenmeno emprico y se concluye que ste se acerca a esa su idealizacin.

Hayek tendra que demostrar que el mercado, por sus adaptaciones sucesivas, se aproxima a una situacin de equilibrio idealizado de adaptaciones simultneas, pero como no puede, tampoco lo hace. Sus condiciones generales de la tendencia al equilibrio son simples fijaciones dogmticas. Ya en otro escrito anterior Hayek se top con el mismo problema:

Slo a travs de la tesis de que existe esta tendencia (al equilibrio) la teora econmica llega a ser ms que un ejercicio de lgica pura y se transforma en ciencia emprica... (Traduccin nuestra) (5).

Sin embargo, tampoco logra argumentar tal tendencia, pues la simple tesis de que exista esta tendencia no constituye una ciencia emprica. El pronunciamiento de una tesis no es prueba de la veracidad de esa tesis. Pero Hayek concluye en trminos totalmente pesimistas:

La nica dificultad es que todava estamos bastante a oscuras sobre: a) las condiciones en las cuales se supone la existencia de esta tendencia; b) la naturaleza del proceso por el cual se cambia el conocimiento individual (Traduccin nuestra) (6).

Si eso es cierto, la tesis de la tendencia al equilibrio no es tesis emprica sino una afirmacin dogmtica. La oscuridad respecto a las condiciones de la tendencia al equilibrio existe desde que Adam Smith afirmaba la existencia de la mano invisible. Hasta ahora no se ha esclarecido y no se esclarecer jams.

Sin embargo, a partir de esta opcin dogmtica por las condiciones generales del equilibrio aparece la ideologa teoretizada del neoliberalismo. Es la afirmacin irrestricta de las leyes del mercado, racionalizada en nombre de una tendencia al equilibrio absolutamente inexistente. Se afirma ahora que esta tendencia al equilibrio se producir ms en tanto y en cuanto ms se asegure la libertad de contrato en todos los mercados y en todas las actividades. Se concibe ahora una aproximacin lineal a lo que el modelo del equilibrio describe, por medio de la ampliacin; siempre mayor del mbito del mercado. Como resultado, la ideologa resulta anti-intervencionista. Se trata de una carrera de Ssifo, en la cual se persigue un fin infinitamente lejos por pasos finitos

Tenemos, por tanto, una estructura del pensamiento neoliberal que parte de la realidad precaria del mercado amenazado, que construye un concepto lmite de este mercado en forma de competencia perfecta (equilibrio) y que a la postre sostiene, por afirmacin dogmtica, que la afirmacin de las condiciones generales de este mercado lo aproxima a sta su idealizacin. Se trata de un crculo vicioso.

2. La competencia perfecta

y los conceptos trascendentales

Sin embargo, aparece una contradiccin adicional, la cual hemos analizado en el caso del pensamiento conservador. Se trata de la relacin entre la funcin social de legitimacin y la plausibilidad perfecta de un concepto lmite, en la cual no hace falta otra legitimacin aparte de la mera presencia del mundo social. El concepto lmite de la plausibilidad implica la ausencia de la funcin social de la legitimacin. Por otro lado, la funcin social de la legitimacin existe, porque la realidad es precaria y, por tanto, no se legitima completamente por su propia presencia.

Podemos ver ahora como Hayek descubre una relacin anloga entre la funcin social del mercado y la competencia perfecta:

En general parece existir la opinin de que la denominada teora de la competencia perfecta, ofrece el modelo propicio para juzgar las funciones de la competencia en la vida real y de que la competencia real en cuanto se aleja de este modelo sera indeseable e incluso daosa. Me parece que esta posicin tiene muy poca justificacin. Yo quiero hacer aqu el intento de demostrar que lo que discute la teora de la competencia perfecta, en realidad no debera denominarse competencia y que sus deducciones para la orientacin de la poltica no tienen mayor utilidad. Creo que la razn de ello es que esta teora en general ya supone la existencia de una situacin que, segn el proceso de la competencia, tiene que crear y que s alguna vez se dieran como existentes las condiciones supuestas por la teora de la competencia perfecta, eso no slo suprimira todas las actividades que describimos con la palabra competencia sino que las hara imposibles en su esencia (Subrayado y traduccin nuestros) (7).

Sin embargo, Hayek no puede prescindir del modelo. Si l sostiene la tendencia al equilibrio, tiene que decir lo que es el equilibrio. Eso no puede hacerlo sino elaborando el concepto del equilibrio en su forma ms extrema, para decir despus que en relacin a este equilibrio cabe solamente una tendencia y no su realizacin. Aunque lo haga solapadamente, siempre aparece de nuevo el modelo de la competencia perfecta. Sin embargo, si la competencia es perfecta, no hay ni puede haber lo que empricamente se denomina competencia:

La competencia es un proceso dinmico cuyos rasgos esenciales se suponen como inexistentes si se hacen los supuestos que estn en la base de la teora esttica (8).

La naturaleza extraa de los supuestos tericos del equilibrio de la competencia sale a la luz si preguntamos que actividades denominadas comnmente de competencia seran todava posibles si se dieran esos supuestos... Creo que la respuesta es simplemente ninguna. Propaganda comercial, ofertas con precios ms bajos, mejoramiento (o diferenciacin) de productos y servicios producidos todo eso se excluye por definicin competencia perfecta significa realmente la falta total de las actividades competitivas (Traduccin nuestra) (9).

En competencia perfecta nadie compite. El proceso social de la competencia mercantil presupone que la competencia no sea perfecta. Si fuera perfecta la competencia, no habra razn para competir. Hayek tendra que discutir a partir de este resultado el carcter de la competencia perfecta como concepto lmite no-emprico, cuya importancia es categorial y no emprica. Pero dice siempre lo que la competencia real no puede, y nunca dice lo que puede. Eso es anlogo al concepto de plausibilidad perfecta de Berger. No dice lo que la funcin social de legitimacin puede, sino lo que no puede. Pero, el partir de esta negacin, sin embargo, le permite decir lo que puede. Puede muchas cosas, excepto una aproximacin lineal a la plausibilidad perfecta. Lo mismo sucede con el modelo de la competencia perfecta. La competencia emprica como proceso real puede muchas cosas, excepto una aproximacin lineal a la competencia perfecta; es decir, lo que no puede es precisamente producir una tendencia al equilibrio. Como la funcin social de legitimacin no produce una tendencia a la plausibilidad perfecta del sistema institucional, as el proceso social de la competencia no produce una tendencia al equilibrio. No puede haber tal tendencia porque el equilibrio es lo contrario de la competencia. Competencia es desequilibrio. En este sentido podemos hablar nuevamente de una negacin del proceso social de competencia por el concepto lmite de la competencia perfecta, y, por tanto, de una contradiccin dialctica de la competencia, tal como ya lo habamos hecho en el caso de la relacin entre funcin social de legitimacin y plausibilidad perfecta.

De hecho, este tipo de contradiccin aparece en toda teora de la institucionalidad, en cuanto que su perfeccin formal es usada como criterio de juicio sobre tal institucionalidad. Por tanto, aparece en la teora del derecho, en la relacin entre proceso social y emprico del derecho y en el concepto lmite de un derecho perfectamente acatado. Hans Kelsen lo desarrolla de la siguiente manera:

...no es necesario que haya una concordancia completa y sin excepcin entre un orden normativo y los hechos a los cuales se aplica. Por el contrario debe haber la posibilidad de una discordia. Si no el orden normativo ya no tendra ningn sentido. Por qu dar una orden a alguien si puede admitirse que se conducir necesariamente de la manera deseada? La norma fundamental de un orden social al cual se obedeciera en toda circunstancia debera legitimar de antemano todo hecho posible prescribiendo la conducta efectivamente seguida. Ordenara hacer lo que se quiere hacer. Un orden social de esta naturaleza no tendra ms sentido que otro orden en contradiccin completa con los hechos que regula (10).

En estos trminos la teora formal del derecho llega al mismo resultado. El proceso social del derecho presupone, para su existencia, que el derecho no sea perfectamente acatado. Un perfecto cumplimiento del derecho implica la inexistencia del proceso social y emprico del derecho. El derecho emprico existe precisamente porque su cumplimiento es precario. Tambin en este caso el concepto de cumplimiento perfecto del derecho dice lo que no se puede, y a partir de all describe el marco de posibilidades del desarrollo del derecho que se tiene empricamente.

En todos los casos el concepto lmite dice lo que no se puede y permite as describir el marco de posibilidades del sistema institucional en funcin del cual el concepto lmite es elaborado. Sin embargo, en ningn caso hay una tendencia automtica de aproximacin al concepto lmite. Lo que existe, en cambio, es una orientacin hacia tales conceptos lmites en la accin sobre estos sistemas institucionales.

Un proceso social de legitimacin se orienta en funcin de una legitimacin perfecta, aunque no se pretenda alcanzarla; se orienta, por tanto, hacia la plausibilidad perfecta. Un proceso social de derecho se orienta, de parte de los jueces y policas, hacia un cumplimiento perfecto de las normas. Y una competencia del mercado se orienta, en la sociedad burguesa, por determinadas intervenciones estatales en funcin de la competencia perfecta. Pero en ningn caso hay automatismos que produzcan tendencias empricas a tales conceptos lmites. Tendencias empricas a conceptos no-empricos del tipo de los conceptos lmites no tienen ningn sentido. Sostener su existencia presupone una simple confusin entre conceptos empricos y conceptos trascendentales.

Sin embargo, el pensamiento neoliberal descansa precisamente sobre esta confusin. Sostiene tal tendencia emprica a un concepto lmite y trascendental. Si bien Hayek percibe este carcter de concepto lmite de la competencia perfecta, no da cuenta de este carcter del concepto. Solamente de esta manera puede seguir sosteniendo una tendencia emprica al equilibrio, cuya imposibilidad, el reconocimiento del equilibrio de la competencia como concepto trascendental habra demostrado.

3. La alternativa al mercado:

el socialismo como utopa

Al concepto lmite positivo del equilibrio de la competencia perfecta corresponde, en el pensamiento neoliberal, un concepto lmite negativo de la destructividad y del caos. Como su realidad emprica es el mercado amenazado, se piensa esta amenaza al mercado en trminos de un progreso infinito hasta el concepto lmite negativo de la destruccin y del caos.

Aparece de nuevo una similitud importante con el pensamiento conservador. Este ltimo ya elabora el caos como concepto lmite negativo del orden y destaca el sueo social utpico como el vehculo que hace posible que el hombre ilusionado escoja el camino al caos. Esta misma reflexin la asume el pensamiento neoliberal, pero la va transformando. En el pensamiento conservador la relacin entre realidad precaria, utopa y caos, es esttica y simplemente constatada; en el neoliberalismo se la analiza ahora en trminos de un mecanismo de accin dinmica en el tiempo. Aparece toda una secuencia anti-utpica, que se dirige en contra del intento socialista de superacin de la sociedad burguesa. Esta secuencia anti-utpica que Hayek usa en su crtica al socialismos es, en la opinin de l a la vez una secuencia anti-socialista. Contiene tres etapas, que podramos describir esquemticamente de la siguiente manera:

1) La utopa socialista es el proyecto de una sociedad sin relaciones mercantiles. Esta tendra que determinar los productos que se producen, los factores que se emplean y el abastecimiento de las personas sin recurrir al mercado. Eso es solamente posible, si por lo menos un individuo tiene conocimiento perfecto del conjunto de todos los acontecimientos.

2) Es imposible que alguna persona o institucin pueda tener un conocimiento perfecto que haga posible una planificacin tal que pueda sustituir el mercado en su funcin de asignacin de los recursos.

3) El socialismo hace el intento de efectuar una planificacin central capaz de sustituir el mercado como mbito de asignacin de los recursos. Por tanto, intenta lo imposible. Al intentar realizar lo imposible, el socialismo es irracional, y produce caos, destruccin y tirana.

Ya habamos visto como Hayek, por un lado, usa el modelo de la competencia perfecta para poder definir lo que l llama equilibrio. Por otro lado vimos, como Hayek lo indica, que es imposible usarlo tecnolgicamente para calcular cantidades y precios, porque es imposible concentrar los conocimientos correspondientes en una persona o institucin. Ahora nos dice: para que sea posible el socialismo, este tendra que poder calcular positivamente el equilibrio descrito por la teora de la competencia perfecta; sin embargo, como no puede y a pesar de ello intenta hacerlo, el socialismo lleva a la irracionalidad econmica, al caos y a la destruccin. El intento del socialismo lleva a la concentracin del poder en una mano, y este poder concentrado es tirnico porque no puede ser racionalmente empleado. Aunque la planificacin socialista acumule poder, no tiene manera racional de emplearlo y, por tanto, sus decisiones necesariamente son irracionales y arbitrarias. Von Mises habla as en relacin al socialismo de un caos ordenado.

A partir de la secuencia anti-utpica mencionada, Hayek tiene ahora un modelo de accin que intenta explicar el paso de la utopa al caos, que el anlisis conservador de Berger solamente poda anunciar sin explicarlo. Lo utpico es lo anti-mercantil, como tal lo imposible, como tal el motivo aparentemente humano que conduce al camino de la inhumanidad total. Es la inhumanidad camuflada como humanidad; como dice el ttulo de un libro de Hayek, es el camino a la servidumbre.

Es la no-factibilidad de la utopa, lo que segn Hayek hace que su humanismo sea aparente y presente en realidad lo inhumanos el caos, la destruccin, la tirana, la violencia. Su no-factibilidad, sin embargo, descansa en la imposibilidad de un conocimiento correspondiente a una organizacin social como aquella anunciada por la utopa. Por tanto, la raz del mal en ltima instancia no es la utopa misma, es la pretensin del conocimiento adecuado a la realizacin de tal utopa. El utopista es portador del mal porque pretende un conocimiento perfecto que le es vedado. Comportndose como si tuviera tal conocimiento y organizando una sociedad que solamente con tal conocimiento podra ser realizada, l produce la destruccin, el desorden y el caos.

En Hayek abundan las referencias correspondientes. Veamos algunas:

Ello significa que esperar de la ciencia o del control deliberado de acuerdo con los principios cientficos ms de lo que el mtodo cientfico es capaz de darnos puede producir unos efectos deplorables (11).

Siempre se trata de demostrar lo siguiente: si intentamos hacer ms de lo que podemos, vamos a producir desastre.

En las ciencias fsicas pocas objeciones pueden hacerse contra el intento de hacer lo imposible... Pero en las ciencias sociales la falsa creencia de que el ejercicio de cierto poder podra tener consecuencias benficas nos conducira posiblemente a otorgar alguna autoridad un nuevo poder de coaccin sobre otros seres humanos. An cuando semejante poder no fuera en s mismo pernicioso, su ejercicio impedira el funcionamiento de aquellas fuerzas espontneas que, aunque no las comprendamos, tanto nos ayudan en la vida real para consegir nuestras metas (12).

Efectivamente, para Hayek el problema no es la concentracin del poder, sino la incapacidad del poder concentrado de actuar segn criterios racionales. Como con la ausencia del mercado fuerzas espontneas que, aunque no las comprendamos, tanto nos ayudan en la vida realel poder concentrado no puede ser aprovechado positivamente y ms bien se transforma en poder pernicioso:

...la creencia de que poseemos el conocimiento y el poder necesarios para moldear los procesos sociales a nuestro antojo, cuando en realidad no podemos hacerlo, puede tener probablemente consecuencias muy graves (13).

Este poder podra ser racional solamente si tuviera los conocimientos perfectos correspondientes:

Para que el hombre, en su empeo por mejorar el orden social, no haga ms dao que bien, habr de convencerse de que en este campo, como en todos aquellos en que prevalece un tipo de organizacin esencialmente compleja, no puede adquirir el conocimiento completo que le permita dominar los acontecimientos posibles (14).

El hombre, sin embargo, que insiste en su derecho y capacidad de poder hacer la historia, se convierte segn Hayek en

...cmplice del funesto esfuerzo del hombre por controlar la sociedad, esfuerzo que no slo lo convertira en un tirano de los dems, sino que incluso podra llevarle a la destruccin de una civilizacin que no ha contrudo ningn cerebro, sino que ha surgido de los esfuerzos libres de millones de individuos (15).

Es el desenlace en el caos, lo que Hayek vincula con la orientacin utpica. Pero, no se trata del caos conservador as noms. Hayek siempre tiene enfrente un socialismo ya existente, que no es y no puede ser el caos del conservador, que para l es simplemente el fin. Su contrapartida del concepto lmite del equilibrio es, por tanto, no un caos realizado, sino una sociedad en la cual ya no vale la pena vivir. Una sociedad la socialista que la ve como perdicin y tirana, en la cual el hombre subsiste pero ha perdido los valores que pueden dar sentido a la vida, y que son los valores burgueses del mercado. Sin embargo, a partir de esta subsistencia humana sigue anunciando, como lo hace el pensamiento conservador, el desenlace de la destruccin final, es decir, el caos. Pero este desenlace est mediatizado por una sociedad especfica contraria a la sociedad burguesa, y que tiene en sus entraas tal final catico. Este anlisis de la tendencia al caos va utopa socialista es bien comn entre los neoliberales. En trminos muy parecidos a los de Hayek lo encontramos en K. Popper:

Como otros antes que yo, llegu al resultado de que la idea de una planificacin social utpica es un fuego fatuo de grandes dimensiones, que nos atrae al pantano. La hibris que nos mueve a intentar realizar el cielo en la tierra, nos seduce a transformar la tierra en un infierno; un infierno, como solamente lo pueden realizar unos hombres contra otros (Traduccin nuestra) (16).

Nuevamente tenemos la secuencia anti-utpica. Hay una planificacin utpica que es no-factible; como trasciende la factibilidad humana, es percibida como el cielo; al intentar hacer lo no-factible la utopa se convierte en fuego fatuo, y como tal lleva al pantano, siempre y cuando se haga el intento de realizarla. Lo que resulta es el infierno, otro nombre para el caos.

Sin embargo, Popper no lo dice todo. Se refiere a otros diciendo: como otros antes que yo.... Sin embargo, el otro anterior ms importante, que ya utiliza la secuencia anti-utpica para denunciar un movimiento social de cambio y que es realmente el inventor de esta secuencia, se llama Hegel. Hegel ya hace este tipo de crtica a la revolucin francesa. Mientras que para l Napolen es el espritu del mundo a caballo (Weltgeist zu Pferde), la revolucin francesa la ve as:

Desarrolladas hasta convertirse en fuerza, esas abstracciones han producido, realmente, por un lado, el primero y desde que tenemos conocimiento en el gnero humano prodigioso espectculo de iniciar completamente de nuevo y por el pensamiento la constitucin de un Estado real, con la ruina de todo lo que existe y tiene lugar, y de querer darle como fundamento la pretendida racionalidad; por otro lado, puesto que slo son abstracciones privadas de ideas han hecho de esta tentativa un acontecimiento demasiado terrible y cruel (17).

Como primer paso de la secuencia aparecen la abstracciones que prometen una constitucin que sustituye todo pasado. Pero siendo estas abstracciones simplemente vacas y faltas de ideas, son netamente irreales y, por tanto, imposibles de hacer. El intento de realizarlas desemboca entonces en el terror de la revolucin francesa. Se trata de esta secuencia anti-utpica hegeliana, la que Popper y Hayek transforman adecuadamente para lanzarla ahora en contra de la revolucin socialista, mientras que Hegel la haba elaborado en contra de la propia revolucin burguesa.

4. La inconsistencia de la teora general

del equilibrio: el salario de subsistencia

En la derivacin del marco terico-categorial de la teora neoclsica aparecen dos afirmaciones que son claves para la evaluacin crtica de sus resultados:

1) La derivacin del equilibrio econmico general a partir exclusivamente de indicadores mercantiles. Ello implica que este equilibrio general est descrito exclusivamente en precios relativos, lo que permite reducir la descripcin del equilibrio a estos indicadores mercantiles;

2) Se sostiene que una justicia social enfrentada a las leyes del mercado no se puede realizar racionalmente, a no ser en los trminos de una planificacin total, que prescinde de los indicadores mercantiles. Siendo imposible el conocimiento perfecto correspondiente, se concluye que la realizacin de la justicia social es imposible y utpica, de manera tal, que no hay otra alternativa econmicamente racional de organizacin de la economa que no sea la del mercado total.

Estas dos tesis se conectan entre s y conforman las tesis claves del pensamiento neoliberal. Tenemos que ver ahora su grado de valides, empezando por la crtica de la reduccin del equilibrio general a un equilibrio exclusivamente de indicadores mercantiles.

Habamos descrito ya el equilibrio general de la teora neoclsica en trminos de un sistema de ecuaciones lineales con igual nmero de ecuaciones e incgnitas. Este equilibrio existe cuando todos los consumidores pueden gastar sus ingresos segn sus preferencias; cuando las empresas venden todos sus productos (o servicios) producidos cubriendo por lo menos sus costos; y cuando todos los factores ofrecidos en el mercado son efectivamente utilizados en la produccin de estos productos, seleccionando la tecnologa adecuadamente. Teniendo esta informacin se da un sistema de ecuaciones lineales, cuya solucin permite calcular los precios relativos de todos los productos y factores. Esa es la tesis neoclsica.

Prescindiendo de otras crticas posibles, nos podemos concentrar en el hecho de que los precios calculados por la teora general son exclusivamente precios relativos. Para poder sostener la posibilidad de un clculo de tales precios relativos, la teora general tiene que suponer que todos los precios de los productos y factores son completamente variables, por lo menos, entre cero y alguna cifra positiva cualquiera. Eso implica, especialmente, que esta teora general del equilibrio tiene que suponer la completa variabilidad del salario entre cero y alguna cantidad positiva. Es este supuesto de la variabilidad completa de los salarios el que permite reducir el problema econmico a un problema de determinacin de precios relativos y, por tanto, reducir la seleccin econmica a un problema de preferencias subjetivas. Eso lo expresa el slogan de Milton Friedman: Libres para elegir. Sin embargo, este supuesto de variabilidad de los salarios supone, a la vez, que el hombre no tiene necesidades, sino nicamente gustos. En este enfoque, el hombre no requiere satisfacer sus necesidades de alimentacin, vestimenta, etc., sino que nicamente tiene gustos o preferencias que le permiten preferir la carne al pescado, el algodn a la fibra sinttica, etc. El problema econmico de la teora neoclsica del equilibrio se reduce, por tanto, al anlisis de los precios relativos y de las preferencias. No importa cul sea el nivel de ingresos de una persona, sino nicamente su manera preferencial de utilizar el ingreso segn sus gustos o preferencias.

Lo que importa ahora, es que esta visin del hombre como un ser sin necesidades pero con preferencias, es la condicin formal e imprescindible para que el sistema de ecuaciones de esta teora del equilibrio tenga una solucin. La variabilidad de los salarios no es un supuesto marginal de esta teora, sino que es formalmente necesario para que sea posible calcular los precios de los factores. Lo mismo vale para todos los dems precios. Para que sea calculable el equilibrio, todos tienen que ser ilimitadamente variables, excluyendo soluciones negativas.

Podramos demostrar eso suponiendo, al contrario, que el salario no es ilimitadamente variable. Supongamos entonces que el salario siempre es positivo no puede ser cero ni tampoco puede acercarse asintticamente a cero. Tenemos ahora dos determinaciones del salario. Por un lado, el salario de equilibrio, como lo calcula la teora del equilibrio a partir de la interdependencia de los factores, productos, preferencias subjetivas, tecnologas y propiedad de los factores. Por el otro, la determinacin de un mnimo positivo del salario a partrir de un mnimo de subsistencia. Si introducimos esta subsistencia como lmite inferior del salario en el sistema de ecuaciones de la teora del equilibrio, ste se hace contradictorio. Contiene ahora dos determinaciones independientes del salario y, por tanto, una ecuacin ms que incgnitas. El sistema de ecuaciones ya no tiene solucin, porque deja de ser consistente. Sigue compatible para aquellos casos en los cuales el salario de equilibrio es igual o mayor que el salario de subsistencias. Sin embargo, es ahora incompatible para todos los casos en los cuales el salario de equilibrio est por debajo del salario de subsistencia. Pero una teora general del equilibrio tiene que sostener la posibilidad de precios factibles para todos los casos reales potenciales y no solamente para algunos. Por eso, en cuanto teora general, la teora del equilibrio se hace contradictoria, en cuanto se tiene que aceptar la necesidad de un salario de subsistencia como lmite inferior de todos los salarios posibles.

Diciendo lo mismo en otros trminos, podemos afirmar que no hay un sistema de precios de equilibrio consistente para el caso en que el salario tenga en la subsistencia su lmite inferior. Este argumento es obligatorio por el hecho de que la teora del equilibrio es una construccin terica, y que no es posible efectuar clculos cuantitativos en los trminos de esta teora (dada la falta de un conocimiento perfecto). No se puede saber, entonces, si en determinado caso el salario de equilibrio es de cero o cercano a cero y, por tanto, por debajo del salario de subsistencia o no. Si la teora del equilibrio no es totalmente general, no tiene validez. Por ello, el hecho de que el salario de equilibrio pueda estar a veces por arriba y otras veces por debajo del salario de subsistencia, no puede salvar a esta teora. Si es necesario aceptar que el salario tiene un lmite positivo inferior, la teora del equilibrio es contradictoria y resulta imposible la suposicin de que el sistema de precios es coherente. No podemos excluir, tampoco, que en determinados casos haya un sistema de precios coherente, pero eso depende ahora de la casualidad, pues tenemos que aceptar igualmente que en otros casos puede no haber consistencia. Sin la posibilidad de un discernimiento emprico de estas situaciones, no podemos hacer la afirmacin general que hace la teora del equilibrio de que siempre hay un precio de equilibrio factible y por tanto, un sistema de precios coherente.

Por esta razn, para la teora del equilibrio el supuesto de la variabilidad ilimitada de los salarios es absolutamente esencial. Si no hubiera tal variabilidad, no podra sostenerse dicha teora. Al contrario, podramos ahora hacer la afirmacin inversa de que en cualquier caso hay que contar con la posibilidad de que frente a una situacin econmica determinada no haya ningn sistema de precios consistente, y que, por tanto, precios de equilibrio no podran indicar una asignacin ptima de los recursos, ni siquiera con conocimiento perfecto.

Un conocimiento perfecto, entonces, no puede asegurar un sistema de precios de equilibrio en todos los casos, si el salario tiene lmite inferior positivo. As, el conocimiento perfecto no es un supuesto suficiente para poder sostener la existencia de un sistema de precios de equilibrio y, por ende, consistente. Por ello tiene que hacerse adems el supuesto de la variabilidad ilimitada de los salarios. Sin embargo, nadie puede sostener que los salarios reales puedan ser ilimitadamente variables.

Para que el hombre viva, y por tanto pueda trabajar, necesita una disponibilidad determinada de bienes y servicios. No hay solamente preferencias, sino que hay tambin y antes que ellas necesidades. Siendo el hombre un ser natural, para l valen las leyes naturales y stas determinan que haya necesidades. De esta manera, no hay un sistema de precios consistente para todos los casos y, por tanto, la teora general del equilibrio misma no es consistente. Siendo un anlisis exclusivamente en trminos de precios relativos, el equilibrio que deriva no es factible en general. Por el hecho de que existen necesidades humanas existe un trmino absoluto para la determinacin de los precios, cuya consideracin hace inconsistente un sistema de precios derivado nicamente de la consideracin de precios relativos. Este mismo argumento lo podemos ampliar ms todava. Habiendo necesidades, y por tanto existiendo un mnimo de subsistencia para todo ser humano, se deriva otra condicin de la racionalidad econmica, que un equilibrio descrito en trminos de precios relativos no puede tomar en cuenta. Se trata del problema del equilibrio ecolgico, que es condicin a largo plazo para que el hombre pueda satisfacer sus necesidades. La consideracin exclusiva de precios relativos y de la orientacin de la accin humana por tales precios, implica potencialmente la destruccin de la naturaleza. Tampoco puede haber un sistema de precios consistente con esta condicin concreta de la vida humana a largo plazo. Llegamos as al resultado siguiente: si introducimos la necesidad de subsistencia humana y, por derivacin, de la naturaleza exterior en la teora general del equilibrio neoclsica, esta teora deja de ser consistente y se hace contradictoria. Sin embargo, cualquier pronunciamiento realista sobre la economa tiene que considerar estos elementos. Tomando, por tanto, la teora del equilibrio como una teora de la economa real, ella es inconsistente y deja de ser vlida como tal. No solamente falta una tendencia del mercado al equilibrio por el hecho de la solucin sucesiva de un sistema de ecuaciones lineales en cambio constante, sino que el equilibrio mismo no es consistente y por tanto no existe. As, el mercado no tiene una tendencia al equilibrio ni un concepto lmite consistente de este mismo equilibrio.

5. La inconsistencia de la teora general

del equilibrio: el supuesto

del conocimiento perfecto

Hasta ahora hemos enfocado la teora general del equilibrio como si fuera formalmente consistente, perdiendo su consistencia recin cuando se considera la imposibilidad de conservar el supuesto de la variabilidad ilimitada de los salarios. Sin embargo, aunque no se considere este punto y se acepte el supuesto mencionado de la variabilidad el sistema de ecuaciones lineales de la teora del equilibrio contiene ya una inconsistencia desde su formulacin puramente formal, que por primera vez fue analizada por Oskar Morgenstern. Veamos esta problemtica.

Mongenstern la enfoca a partir del supuesto de la previsin perfecta, como l la llama. Habla refrindose al supuesto de la previsin perfecta en la teora de la competencia perfecta de una paradoja insolucionable (18). Esta paradoja Morgenstern la deriva de la tesis de que en una relacin competitiva ni el supuesto de la previsin perfecta puede asegurar un equilibrio. Como un sujeto reacciona de las reacciones de otro sujeto, se da un regreso ad infinitum de estas reacciones mutuas que no tiene solucin. Sin embargo, la teora del equilibrio se refiere a un equilibrio competitivo y, por tanto, conflictivo. En el grado en el cual la formulacin del equilibrio presupone la previsin perfecta o conocimiento perfecto este mismo supuesto de conocimiento hace desequilibrada la relacin de competitividad. Morgenstern da un ejemplo muy ilustrativo de este hecho:

Cuando Sherlock Holmes era perseguido por su enemigo Moriarty, parta de Londres a Dover en un tren, que haca escala en una estacin intermedia, y l bajo all del tren en vez de seguir hasta Dover. El haba visto a Moriarty en la estacin (de Londres), le estima como muy inteligente y supone que Moriarty tomar un tren expreso ms rpido, para esperarlo en Dover. Esta anticipacin de Holmes resulta correcta Pero qu habra pasado en el caso de que Moriarty hubiera sido ms inteligente, y hubiera estimado las capacidades de Holmes como mayores, y hubiese por tanto previsto tal accin de Holmes? Entonces l habra tomado el tren hacia la estacin intermedia. Eso debera haber calculado Holmes por su parte y tendra que haber decidido ir directamente a Dover. A lo cual Moriarty por su parte habra reaccionado de otra manera. De puro pensar no habran llegado a la accin, o el menos inteligente tendra que haberse entregado ya en la estacin Victoria (de Londres) al otro, porque era imposible cualquier intento de fuga (Traduccin nuestra) (19).

Ahora afirma Morgenstern:

El hecho es, que se efecta siempre un clculo de los efectos del comportamiento futuro propio sobre el comportamiento ajeno futuro y viceversa, y que eso por tanto es empricamente observable. Pero la cadena de las reacciones mutuas supuestas se rompe muy pronto... (Traduccin nuestra) (20).

Sin embargo, si se hace el supuesto de una previsin perfecta esta cadena no se rompe nunca. Por tanto, no hay decisin posible, a no ser que se introduzca una razn arbitraria para romperla. Pero, de por s, la previsin perfecta no permite un equilibrio entre los competidores. Por tanto, Morgenstern concluye que el supuesto de la previsin perfecta se sale del marco de la teora (21).

Ahora bien, esta argumentacin de Morgenstern demuestra que es falsa la afirmacin de Hayek de que sı conociramos todos los parmetros de esas ecuaciones (de la teora general del equilibrio), podramos calcular los precios y cantidades de todas las mercancas servicios vendidos (22). Si conociramos todo, tendramos la paralizacin total y ningn dato determinado.

Por otro lado, para poder conceptualizar la racionalidad de las decisiones, hay que suponer la transparencia de estas decisiones. Lo afirma Morgenstern:

La racionalidad presupone por su lado, que los sujetos econmicos tengan claridad sobre relaciones y dependencias y que por eso penetren las interrelaciones realmente hasta cierto grado (Traduccin nuestra) (23).

Sin embargo, para que haya una asignacin ptima de los recursos, no tienen que penetrar estas interrelaciones e interdependencias hasta cierto grado, sino completamente por la interdependencia de todos los factores. Ni siquiera Morgenstern se atreve a sacar las ltimas consecuencias de su propia crtica:

Qu es exactamente el grado de suposiciones y previsin que corresponde a las condiciones del equilibrio descrito por las ecuaciones de Walrs? Es un largo camino, hasta que pueda ser contestada esta pregunta satisfactoriamente y quin sabe, si puede seguirse afirmando la idea del equilibrio (Traduccin nuestra) (24).

De hecho, en cuanto que el equilibrio formal ni siquiera tiene solucin con la previsin perfecta, deja de tener consistencia aunque no tomemos en cuenta los factores reales de la subsistencia humana.

Pero quizs faltan todava algunas reflexiones sobre esta previsin perfecta. Como lo muestra el ejemplo de Sherlock Holmes, no se trata de prever nada real del futuro. El problema entre Holmes y Moriarty no es de previsin, sino de conocimiento mutuo perfecto de sus previsiones hechas en el momento de la reflexin. La previsin de Holmes se agota en el conocimiento de lo que Moriarty est calculando en este mismo momento, y al revs. Los dos tienen que conocer sus mutuas previsiones en este momento, sin prever concretamente nada. Por eso el resultado puede ser que no se llegue a ninguna accin por el hecho de que el proceso de estas anticipaciones mutuas desemboca en un progreso infinito del cual no hay salida. Se trata de intenciones al futuro, existentes en el presente. Estas intenciones presentes se conocen mutuamente en perfeccin y, por la razn de las reacciones mutuas efectivamente no se llega a ningn acto real hacia el futuro y resulta la paralizacin.

Por eso, en el caso de la teora del equilibrio no se trata de tener previsin perfecta no se debe saber lo que pasar en el futuro sino del conocimiento perfecto de todos los hechos dados en el momento de la formacin del sistema de ecuaciones. Y si suponemos una velocidad infinita de reaccin de todos los factores, el equilibrio se formula sin ninguna previsin del futuro y exclusivamente sobre la base del conocimiento perfecto de hechos del momento. Pero por la razn indicada por Morgenstern esta formulacin no es consistente, porque implica la imposibilidad de determinadas decisiones. Dejamos aqu abierta la relacin entre este supuesto del conocimiento perfecto y de la velocidad infinita de reaccin de todos los factores. E1 primero es solamente la expresin en trminos subjetivos de lo que expresa en trminos objetivos el otro.

De esta manera, no es posible formular el equilibrio competitivo o conflictivo ni siquiera en sus trminos absolutamente formales. Como ste implica conocimiento perfecto, no se puede formular un equilibrio; y si no se supone tal conocimiento perfecto, tampoco puede formularse.

Pero esto no significa que cualquier tipo de formulacin de una teora del equilibrio sea imposible. Lo que el argumento de Morgenstern comprueba es slo que es imposible formular en trminos competitivos tal equilibrio. Para demostrarlo, podemos volver al ejemplo de Sherlock Holmes y su enemigo Moriarty. Si tienen conocimiento perfecto de sus reacciones mutuas, no pueden llegar a decidir si viajan a Dover o a la estacin intermedia. La razn, sin embargo, no reside en el conocimiento perfecto, sino en la relacin conflictiva entre ellos. Si se ponen de acuerdo, los dos podran decidir sin ningn problema que hacer: pueden viajar a Dover o a una estacin intermedia, o uno a Dover y el otro a una estacin intermedia. Si actan de acuerdo, el supuesto del conocimiento perfecto no produce ninguna paradoja insolucionable. Es la conflictividad de su relacin, la que lleva a la paradoja, si se sustituye la conflictividad por el acuerdo mutuo, la paradoja deja de existir.

E1 resultado es que la teora del equilibrio se hace inconsistente por el hecho de que trata de formular un equilibrio competitivo. Si en cambio, el equilibrio no se formula como un equilibrio competitivo, sino como un equilibrio planificado de acuerdo mutuo, la paradoja de Morgenstern no aparece. Por tanto, para tener una formulacin consistente del equilibrio econmico, tenemos que pasar al anlisis del equilibrio planificado. As, la paradoja de Morgenstern demuestra que un equilibrio competitivo no puede pensarse consistentemente. Igualmente demuestra por derivacin que el nico equilibrio consistentemente pensable es el equilibrio planificado.

Con este resultado podemos pasar seguidamente al anlisis de la secuencia anti-utpica de Hayek compartida por Popper para ver el resultado y la crtica de la teora de la planificacin.

Pero antes todava podramos aadir una reflexin sobre Sherlock Holmes y su enemigo Moriarty. Sherlock Holmes es el polica y Moriarty el criminal. En la relacin entre ambos no puede haber conocimiento perfecto. Si lo hubiera, ni el polica ni el criminal podran actuar. La condicin de su posibilidad de accin en caso de un conocimiento perfecto sera que Moriarty dejara de ser criminal y Sherlock Holmes dejara de ser polica. Con conocimiento perfecto no existe ni polica ni criminal. Pero en realidad no existe conocimiento perfecto y, por tanto, hay criminales y policas.

Sin embargo, en la reflexin sobre la relacin entre ambos aparece tambin un concepto lmite, anlogo a los conceptos lmites de las ciencias sociales discutidos hasta ahora. Este es el crimen perfecto. El crimen perfecto no es un crimen no descubierto. Es ms bien un crimen tan perfectamente hecho, que no es posible descubrirlo. Al igual que en la competencia perfecta, el crimen perfecto presupone conocimiento perfecto. Aparece ahora la misma inconsistencia del concepto lmite del crimen perfecto, que descubrimos con la paradoja de Morgenstern en la competencia perfecta. Si suponemos entre polica y criminal una relacin de conocimiento perfecto, el crimen no puede existir. Resulta, por tanto, que bajo la condicin de posibilidad del crimen perfecto, precisamente, no hay crimen perfecto. El concepto es igualmente inconsistente. Sin embargo, es el concepto clave, alrededor del cual ha aparecido desde la segunda mitad del siglo XIX toda una literatura: la de las novelas policiales, cuya creacin ms importante es precisamente Sherlock Holmes. Esta novela gira alrededor del concepto del crimen perfecto, y no es explicable sin l. Juega con la apariencia del crimen perfecto y con la revelacin de que lo que pareca perfecto no lo es, y por tanto, el crimen es descubierto a partir de alguna imperfeccin.

La novela policaca con el crimen perfecto como su concepto lmite, aparece en el mismo momento histrico en el cual las ciencias sociales empiezan a desarrollar, en trminos ms o menos formalizados, sus conceptos lmites, en especial el concepto de la competencia perfecta en la teora econmica. Hay antecedentes para estas elaboraciones que, sin embargo, no llegan a este grado de formalizacin que se da a partir de este momento.

La problemtica del crimen perfecto tiene una analoga con otra paradoja famosa: la paradoja del mentiroso. Un cretense dice que todos los cretenses siempre mienten. Como l es cretense, lo que dice tiene que ser mentira. Entonces, no puede ser verdad lo contrario: que todos los cretenses siempre dicen la verdad. Esta paradoja tiene una solucin en cuanto se introducen dos niveles de lenguaje: un lenguaje objeto y un metalenguaje. Pero tambin hay otra, la cual nos lleva a nuestra problemtica: si todos los cretenses siempre mienten, entonces dicen la verdad. Cuando dicen que no, hay que entender s, y cuando dicen s, hay que entender no. Decir siempre la verdad, o mentir siempre, no hace diferencia, en cuanto se sabe si se dice la verdad o se la invierte. Por tanto, la afirmacin del cretense es implcitamente falsa y no solamente paradoja. Para poder mentir, hay que decir a veces la verdad. Se puede decir siempre la verdad, pero no se puede mentir siempre. Si la mentira es confiablemente una mentira, revela confiablemente la verdad. No puede haber situacin de mentira generalizada. Para que exista la mentira, debe haber la seguridad de saber si se trata de una mentira o no.

Este argumento se puede llevar al nivel mismo del lenguaje. Si pensamos un lenguaje unvoco, lo abstraemos necesariamente del lenguaje cotidiano, que es una relacin de afirmacin y respuesta equvoca. Pero todos estos mensajes solamente pueden existir en trminos objetivados materialmente. Un lenguaje perfecto, no tendra que concebirse de tal forma, que sea un lenguaje no objetivado? Si as fuera, tambin el lenguaje perfecto implicara la ausencia total del lenguaje comn, como tambin la competencia perfecta implicara la ausencia de lo que se llama competencia.

6. La tica del mercado: el mercado

milagroso, la humildad y el orgullo

Tenemos as un marco categorial completo para enfocar esta realidad emprica, de la cual parte Hayek. Es la realidad de un mercado amenazado, visto en medio de dos conceptos lmites desarrollados a partir de rasgos generales de esta realidad mediante una proyeccin imaginaria de progreso infinito. Como concepto lmite positivo aparece la competencia perfecta, y como concepto lmite negativo el caos. Los dos conceptos lmites son idealizaciones de la realidad, pero tienen una forma especfica que los distingue del pensamiento conservador. El concepto lmite positivo de la competencia perfecta es la idealizacin de la sociedad burguesa. El concepto limite negativo, en cambio, es la idealizacin negativa de la sociedad socialista y, por tanto, no es caos en general, sino un caos producido en la lgica de la constitucin de la sociedad socialista (como destruccin de la civilizacin).

De esta ubicacin de la realidad emprica del mercado amenazado entre sus dos conceptos lmites, sale ahora un programa especfico de accin, una especie de tica social obligada. Su centro es, por supuesto, el mercado, al cual Hayek ha imputado una tendencia emprica automtica hacia el equilibrio. Este es el camino para salvarse del caos y acercarse al equilibrio descrito en el modelo del equilibrio.

En trminos ticos Hayek formula ahora la polarizacin entre la aceptacin del mercado como mbito automtico del equilibrio y la negativa a la seduccin utpica de la justicia social, en trminos de humildad y orgullo. Todo su anlisis de la secuencia anti-utpica es, de hecho, una preparacin de esta acusacin del orgullo en contra de los socialistas. El mtodo para la constitucin de esta tica del mercado a partir de la teora econmica, es la transformacin del mercado en un ser milagroso, en una entidad que representa en el mundo aquella fuerza omnisciente, que slo el utopista puede pretender detener. Lo que el utopista, en su postura de orgullo, pretende para s, ya lo posee este mecanismo del mercado milagroso. Sin embargo, el utopista, en su hibris, no quiere reconocer a esta fuerza del mercado como superior a l. Se opone orgullosamente al milagro del mercado, y en su hibris, va al infierno.

Esta transformacin del mecanismo del mercado y de la competencia en milagro, parte de la tendencia al equilibrio que Hayek le ha imputado a este mercado. Como tal, lo ve como un mecanismo de asignacin ptima de los recursos, y en cuanto mecanismo annimo, el mercado puede realizar algo, que el hombre, al planificar, jams puede realizar. El planificador utpico no tiene una calculadora tan potente como para realizar la tarea que l se propone. Sin embargo no ve, o en su orgullo no quiere ver, que lo que l esta buscando confiado en su propio saber, lo tiene ya frente a s en forma de mercado.

No es solamente una parbola, si se denomina el sistema de precios como una especie de mquina de registro de cambios, o como un sistema de conmutacin a distancia, que hace posible a cada productor... adaptar su actividad a cambios, de los cuales no tiene que saber ms de lo que se refleja en el movimiento de los precios (Traduccin nuestra) (25).

Cada productor, por tanto, se puede adaptar a los cambios que el mercado seala. No hacen falta rdenes ni planes centrales, porque esta calculadora encarnada en las relaciones mercantiles lo hace todo para aquel que est dispuesto a someterse a ella. Y eso es un milagro.

El milagro consiste en que en el caso de escasez de una materia prima, decenas de miles de hombres pueden ser llevados a ahorrar este material y sus productos, cuya identidad se podra establecer solamente en investigaciones de largos meses, y sin que se den rdenes algunas y sin que ms que un puado de hombres conozcan las causas... Eso es suficientemente milagroso...

He usado intencionalmente la palabra milagro, para arrancar al lector de su apata con la cual muchas veces aceptamos la accin de este mecanismo como algo cotidiano (Subrayado y traduccin nuestros) (26).

Si se hubiera inventado este mecanismo milagroso,

...se proclamara este mecanismo como uno de los triunfos ms grandes del espritu humano (Traduccin nuestra) (27).

Esto desemboca en una verdadera idolatra del mercado En realidad el mercado no tiene nada parecido a una computadora. Si bien los precios son ndices que indican algo, el probiema es que el productor nunca puede saber lo que indican. Para saberlo, el productor tendra que tener aquel conocimiento perfecto que, efectivamente, jams puede alcanzar. El hecho de que la decisin econmica en el mercado se toma en un ambiente de riesgo, comprueba precisamente que el productor jams puede saber lo que los precios indican. El productor atribuye a los precios y sus movimientos un determinado significado, y su riesgo es acertar o no. El ambiente del mercado es de tal inseguridad, que no tiene nada parecido a una mquina de registro de cambios. Al contrario. La teora general del equilibrio de Walras-Pareto estipula un sistema de ecuaciones simultneas. Para que el mercado funcione como una calculadora, tendra que ser capaz de solucionar simultneamente estas ecuaciones. Pero, dado el hecho de que las situaciones del mercado cambian constantemente, este mercado tendra que solucionar este sistema de ecuaciones simultneas instantneamente. Sin embargo, el mercado es un sistema de adaptaciones sucesivas y un sistema de ecuaciones simultneas no es solucionable jams mediante soluciones parciales sucesivas. Ni siquiera un tiempo infinitamente largo es suficienie para ello, si el sistema de ecuaciones cambia de un momento a otro. Si hubiera una solucin, esta sera siempre puramente casual.

Esto ya lo habamos visto como la razn que no hace posible la tendencia al equilibrio. Ahora lo enfocamos como la razn por la que no es posible una asignacin ptima de los recursos a travs del automatismo del mercado. Sin embargo, la idolatra liberal del mercado le atribuye a ste tanto la tendencia al equilibrio como la asignacin ptima de los recursos. Lo transforma entonces en el lugar de la razn. La razn en la visin neoliberal es vista, por tanto. como un mecanismo colectivo de produccin de decisiones, como un resultado del propio mecanismo del mercado. La razn de este extrao individualismo no es una razn individual. Su ser ms ntimo es un sacrificium intellectus, la renuncia al juicio propio. Se trata de un individualismo que niega al individuo su razn subjetiva e individual. Este individualismo es irracional y, a la postre, anti-individual:

La razn no existe como singular, como algo dado a la persona particular, que est a disposicin, como lo parece suponer el procedimiento racionalista, sino que hay que entenderla como un proceso interpersonal en el cual el aporte de cada uno es controlado y corregido por otros (Traduccin nuestra) (28).

Habla, por tanto. del mercado como el lugar de una razn colectiva y milagrosa. Y como el mercado como lugar de este proceso interpersonal es una institucin, la razn verdadera, que es colectiva y milagrosa, est en el corazn del sistema institucional en el grado en el cual lo est el mercado.

Donde hay milagro, hay fuerza superior. El hombre solamente se puede callar, reconocer y adorar. El orgulloso no reconoce el milagro. Aparece entonces la virtud central y clave de la tica neoliberal, derivada de su marco categorial de interpretacin del mundo: la humildad. Donde hay orgullo del utopista, que se lanza en pos de la justicia social y en contra del mercado, all falta humildad frente al milagro, que solamente los corazones sencillos reconocen. As lo afirma Hayek:

...la orientacin bsica del individualismo verdadero consiste en una humildad frente a los procedimientos, a travs de los cuales la humanidad ha logrado objetivos que no fueron ni planificados ni entendidos por ningn particular y que en realidad son ms grandes que la razn particular. La gran pregunta del momento es si se va a admitir que la razn humana siga creciendo como parte de este proceso, o si el espritu humano se dejar encadenar con cadenas que l mismo forj (Traduccin nuestra) (29).

Este individualismo, que niega al individuo su razn subjetiva e individual, tiene que presentarse como individualismo verdadero para exigir esta humildad del sacrificio de su propia razn en funcin de esta razn humana annima consistente en procedimientos institucionales.

El reconocimiento de unos lmites infranqueables en su capacidad de conocer debe dar al estudioso de la sociedad una leccin de humildad que le impida convertirse en cmplice del funesto esfuerzo del hombre por controlar la sociedad... (Subrayado nuestro) (30).

Frente al mercado se trata de no

...moldear los resultados en la forma en que el artesano construye su obra, sino como el jardinero acta con las plantas: ayudando al crecimiento proporcionando un entorno apropiado (31).

La humildad del jardinero no falta nunca en la lnea conservadora en oposicin al orgullo del artesano como homo faber. Pero esta humildad no se refiere al medio ambiente de la naturaleza. Tal humildad Hayek la detesta. Es humildad frente a su objeto de piedad: el mercado el dinero y el capital. Humildad, segn Hayek, es dejar que arrase el capital con el hombre y con la naturaleza. Orgullo e hibris es, en cambio, defender al hombre y a la naturaleza de la amenaza que el capital desenfrenado est preparando contra ellos. Esta moral de la humildad y del orgullo desemboca en una verdadera mstica del mercado, del dinero y del capital. Mediante esta mstica se construye toda una visin de la realidad, que sustituye la realidad inmediata por las relaciones mercantiles. La realidad concreta aparece como un subproducto de las relaciones mercantiles, y el hombre es lo que las relaciones mercantiles hacen de l.

Esto se refiere al propio ncleo de la libertad humana. En la visin neoliberal, el hombre es libre en tanto y en cuanto los precios son libres. La liberacin del hombre es consecuencia y tambin subproducto de la liberacin de los precios. Haciendo libres los precios, el hombre se libera. As, se niega cualquier libertad humana anterior a las relaciones mercantiles o anterior al mercado. Por lo tanto, se niega tambin cualquier ejercicio de libertad en cuanto ste pueda entrar en conflicto con las leyes del mercado. Libertad es mercado, y no puede haber intervencin estatal en el mercado en nombre de la libertad. Libertad es el sometimiento del hombre a las leyes del mercado, y no se reconoce ningn derecho humano que no se derive de una posicin en el mercado. Los derechos humanos se agotan en el derecho de propiedad. As es la mstica de las relaciones mercantiles. Esto podemos demostrarlo con una cita de Milton Friedman, extractada de un comentado que hace de la poltica econmica de Israel en 1978, publicado en Newsweek:

Las medidas de economa poltica de Israel... muestran la misma combinacin de audacia, agudeza y coraje que la guerra de los 6 das o la liberacin de los rehenes en Entebbe. Y deberan ser no menos importantes para el futuro de Israel. 29 aos de dominacin socialista... Todo esto ha cambiado. Por primera vez, desde la fundacin del Estado israelita, los ciudadanos ahora pueden comprar y vender libremente dlares, sin un timbre de permiso de algn burcrata... En esencia ahora ya no son tratados como pupilos del Estado, sino como un pueblo libre, que puede controlar l mismo su propia vida... fuera del socialismo, hacia el mercado libre, hacia el capitalismo Prometen ms libertad personal... prometen una sociedad mejor, ms sana y ms fuerte.

Si este arranque de Israel hacia la libertad tiene xito, entonces predigo yo acontecer el mismo milagro econmico, que un avance comparable de Alemania en 1948 ha producido... Como estn las cosas en Israel este milagro favorecer en especial a aquellos grupos de la poblacin, menos favorecidos... Y adems: El sistema econmico y poltico ms libre atraer ms dinero y emigrantes de los pases occidentales desarrollados. (Subrayados y traduccin nuestros) (32).

Esta cita es un resumen casi perfecto de lo que es la mstica del mercado y del dinero en el pensamiento neoliberal. Todo gira alrededor de la liberacin del dlar. Con la liberacin del dlar Friedman asocia la liberacin de los rehenes en Entebbe. Cuando el dlar no era libre, todo el pueblo estaba preso como rehn. Ahora el dlar est libre, y a travs de la liberacin del dlar, todo el pueblo est libre, y puede controlar ahora su propia vida.

A partir de eso, Friedman se presenta como profeta: Predigo yo, acontecer el mismo milagro econmico.... Liberando al dlar, el pueblo no solamente es libre, sino que adems acaece ahora el milagro econmico y habr ms dinero y ms emigrantes occidentales ya no solamente orientales. Aparece todo un mundo de virtudes del mercado son aquellas que llegan a la liberacin del dlar, de los precios y de las empresas. Inversamente actan los pecados en contra del mercado, que llevan precisamente al intervencionismo econmico y social del Estado, que Friedman enfoca sin ms como socialismo.

A las virtudes del mercado corresponde la libertad de los hombres, y como premio de la historia, el milagro econmico. A los pecados en contra del mercado corresponde ser tratado como pupilo del Estado y rehn y como castigo, el caos. Sin embargo, tanto las virtudes como los pecados se pagan en esta vida. Las virtudes por el milagro econmico y los pecados por el caos el desempleo, la pauperizacin, el subdesarrollo, etc. All caben arrepentimientos y rectificaciones, pero al ltimo juicio nadie escapa: Historia mundial, Juicio final. En trminos neo-liberales se transforma as: Mercado mundial, Juicio final. Y en trminos del anarco-capitalismo que expresa bien la perspectiva totalitaria del neo-liberalismo: Mercado total, Juicio final.

 

 

7. La aproximacin al equilibrio:

anti-intervencionismo  

Dada esta moral bsica de humildad y orgullo, la ideologa neo-liberal construye su concepto de aproximacin en el tiempo al equilibrio. Esta teora de aproximacin nos puede explicar por qu el neo-liberalismo de hoy de Hayek y de la escuela de Chicago habla muy poco del modelo de competencia perfecta y mucho del modelo del equilibrio, siendo ambos lo mismo.

Inspirado en el modelo de la competencia perfecta, el liberalismo neoclsico anterior haba sostenido un concepto diferente de aproximacin a la a la competencia perfecta. Consista especialmente en una poltica antimonoplica frente a los monopolios de produccin y distribucin y una aceptacin de los sindicatos obreros como forma legtima de defensa frente a estos monopolios. Este liberalismo neoclsico rigi especialmente desde fines del siglo XIX hasta la dcada de los sesenta. Era compatible con la poltica econmica keynesiana, y muchas veces se complement con ella, manteniendo determinadas diferencias tericas. Se pensaba la aproximacin a la competencia perfecta en trminos de pasos de una poltica de competencia es decir de una poltica que intentaba introducir en los mercados la mayor competencia posible entre las empresas, admitiendo una proteccin especial de los obreros frente al poder empresarial. Eso era el tiempo de las leyes antimonoplicas y anti-trust.

Tanto esta poltica antimonoplica como la poltica keynesiana muchas veces vinculada a ella implicaban conceder al Estado una funcin clave en la economa capitalista. La competencia en los mercados, la poltica de empleo y una amplia poltica social fueron asumidas por el Estado, lo que llev junto con el aumento vertiginoso de la produccin de armamentos a un crecimiento siempre mayor del Estado burgus.

Si bien la crtica neoliberal de este proceso se prepar desde los aos cuarenta, slo lleg a tener mayor vigencia recin a partir de la nueva crisis econmica mundial de los aos setenta. En esta dcada termina el auge econmico que haban vivido los pases capitalistas del centro con posterioridad a la segunda guerra mundial. Este hecho se hizo ms notorio con la crisis del petrleo a partir de l973.

El neoliberalismo surge como una respuesta ideolgica a esta crisis econmica. A pesar de que se trata de una crisis comparable con otras crisis anteriores del sistema capitalista mundial, esta respuesta ideolgica es diferente a muchas anteriores. Crisis mundiales de esta profundidad y duracin han habido varias, en especial en los aos treinta de este siglo y en los aos treinta-cuarenta y setenta-ochenta del siglo pasado. En la crisis de los aos treinta-cuarenta del siglo pasado aparece como una respuesta ideolgica el Manchesterianismo, una ideologa empresarial a ultranza. En los aos setenta-ochenta del siglo pasado aparece ms bien una ideologa de intervencin estatal vinculada con la promocin del seguro social y de la poltica antimonoplica. En los aos treinta de este siglo la respuesta ideolgica a la crisis es un intervencionismo ampliado que implica una poltica econmica activa del pleno empleo (Keynesianismo). Sin embargo, en la crisis mundial actual la respuesta ideolgica vuelve a ser una ideologa empresarial a ultranza, que se parece mucho al Manchesterianismo del siglo XIX y que repite hasta cierto punto los esquemas tericos de aqul. En relacin con la crisis de los aos treinta la ideologa de hoy es nueva y significa una ruptura. Sin embargo, en cuanto a la historia de las crisis capitalistas, esta nueva ideologa del Chicaganismo es bastante vieja y es una rplica del Manchesterianismo. El neoliberalismo es este chicaganismo.

Esta nueva corriente da una interpretacin muy especial a la actual crisis econmica. La interpreta como una crisis resultante del capitalismo organizado por el Estado intervencionista, surgido de la crisis mundial de los aos treinta. En los aos cincuenta y sesenta se esperaba de este Estado intervencionista la posibilidad de evitar nuevas crisis mundiales en el futuro. Ahora, el neoliberalismo invierte simplemente esta tesis y sostiene, en contra de todas las evidencias empricas, precisamente que es el intervencionismo estatal la propia causa de esta nueva crisis. Por una vuelta sofista muy audaz, se declara a los intentos de evitar las crisis y de superarlas, como la causa misma de estas crisis.

De esta manera se invierten todos los trminos. Hay desempleo porque la poltica del pleno empleo y de proteccin laboral lo provoca. Hay pauperizacin porque la poltica de redistribucin de ingresos destruye los incentivos y lleva, por tanto, a un producto social menor que empobrece. El propio subdesarrollo aparece ahora como resultado del intervencionismo desarrollista, que solamente obstaculiza los esfuerzos de un desarrollo sano de la iniciativa privada. Y la crisis del medio ambiente existe, porque no se ha privatizado suficientemente el medio ambiente. Desde este enfoque neoliberal, el Estado intervencionista aparece como el gran culpable de la crisis econmica actual, y la solucin de la crisis se anuncia por una poltica de desorganizacin del capitalismo organizado.

Pero, aunque esta nueva crisis mundial de ninguna manera tenga su origen y sus causas en el intervencionismo estatal, efectivamente el hecho de que haya crisis revela la incapacidad de este intervencionismo frente a ella. Por tanto, a partir de la crisis econmica se da efectivamente una crisis del propio intervencionismo estatal. La existencia de la crisis demostr que el Estado intervencionista no haba sido capaz de evitarla. Como los instrumentos keynesianos de la poltica del pleno empleo no surtieron efecto, el rpido aumento del desempleo produca una avalancha de gastos sociales adicionales a los cuales se tena que hacer frente con un producto social estancado o disminuido. Dada la incapacidad del Estado capitalista intervencionista de asegurar el pleno empleo, el intervencionismo tena que hacer crisis en el momento en el cual estallara la crisis econmica mundial. En tal situacin o se desarrollaba el intervencionismo estatal en un grado tal que se pudiera hacer frente al desempleo, o se renunciaba simplemente al Estado intervencionista dejando el campo libre al desarrollo de la crisis. Las soluciones intermedias perdieron mucho de su atractivo y eficacia. Pero el desarrollo de la eficacia intervencionista habra significado pasar los lmites de la sociedad capitalista e ir hacia soluciones socialistas. Excluyendo el pensamiento burgus tal alternativa, se concentr ms bien en el anti-intervencionismo frentico de la Escuela de Chicago.

Aparece as una alternativa burguesa ntidamente empresarial de un capitalismo radical. La empresa capitalista reivindica el mundo como espacio 1ibre para sus acciones. Para no dar un paso adelante, que habra consistido en una amplia planificacin de las inversiones y una poltica efectiva del pleno empleo en la lnea de un desarrollo socialista se dio un paso atrs dando un giro radical hacia los inicios del capitalismo, anterior al surgimiento de los principales mecanismos de intervencin del Estado burgus. El capitalismo radical es un romanticismo en nombre del capitalismo inicial, un regreso a los orgenes.

Este anti-intervencionismo necesita, para ser posible, una alta concentracin del poder en el Estado. Para poder destruir al Estado intervencionista, hace falta un nuevo poder estatal mayor, que sea capaz de acallar los reclamos por intervenciones estatales. Disminuyendo, por tanto, las intervenciones en el campo econmico y social, suben ms que proporcionalmente las actividades represivas estatales, los gastos en polica y ejrcito. La represin policial libera, los gastos sociales esclavizan: ese es el lema del nuevo Estado anti-intervencionista, que resulta ser en muchas partes simplemente un Estado policaco. En este contexto Hayek considera inevitable la existencia de poderes absolutos:

Poderes absolutos que deberan usar, justamente, para evitar y limitar todo poder absoluto en el futuro (33).

8. La aproximacin al equilibrio:

los sindicatos y los gastos sociales del gobierno

En esta visin neoliberal del anti-intervencionismo, aparece una nueva concepcin de la aproximacin al equilibrio econmico que sustituye la aproximacin a la competencia perfecta de los liberales neoclsicos. La poltica antimonoplica cambia totalmente su carcter, mientras aparece como principal elemento de la aproximacin lo que Hayek llama las reglas generales de conducta. El ncleo de estas reglas es la orientacin por la maximizacin de las ganancias a partir del reconocimiento irrestricto de la propiedad privada y del cumplimiento de contratos estrictamente individuales. Por tanto, lo antimonoplico adquiere el carcter de asegurar que efectivamente empresas e individuos concierten contratos entre s sin ninguna injerencia externa. En esta nueva visin, las concentraciones empresariales dejan de ser monopolios, mientras los monopolios externos que se introducen ilegtimamente en la libertad de contratos resultan ser los sindicatos obreros apoyados y garantizados por el Estado intervencionista.

En esta visin, el monopolio es duradero solamente si el Estado lo sostiene. Una poltica antimonoplica es ineficaz, y tambin daina. Es el mercado quien disuelve los monopolios por su misma dinmica. El mercado mismo se puede encargar de asegurar la competencia, si se le deja la libertad para hacerlo. Los monopolios empresariales, por tanto, no tienen por qu preocupar a nadie. Los sindicatos, en cambio, son monopolios de la oferta de mano de obra, que cuentan con el reconocimiento y la proteccin estatal. Hay que asegurar la libertad de contratos en el mercado de trabajo; esta es la tarea principal para asegurar la libertad de todos los mercados. Milton Freidman lo expresa as:

La primera necesidad... es la eliminacin de las medidas que ayuden directamente al monopolio, ya sea monopolio industrial o monopolio laboral, y aplicar la ley con igual rigidez tanto a las empresas como a los sindicatos (34).

Esta igualdad de la ley es aquella que prohbe igualmente a los ricos como a los pobres dormir debajo de los puentes. Los monopolios industriales no necesitan reconocimiento legal para florecer, sino que necesitan no-intervencionismo estatal. Los sindicatos obreros, en cambio, necesitan reconocimiento pblico para poder existir con fuerza. Aplicando la ley antimonoplica a ambos por igual, siguen floreciendo los monopolios industriales y se destruyen los sindicatos obreros. Eso con ms seguridad, en cuanto se interpreta el monopolio como cartel. El neoliberalismo por tanto, se pronuncia ms bien en contra de la cartelizacin de las industrias y de la oferta de mano de obra. Friedman dice que los sindicatos obreros funcionan como empresas que ofrecen los servicios de cartelizar una industria (35). De esta manera, los sindicatos llegan a ser la principal amenaza para la libertad de mercados. Friedman lleva este criterio al extremo, cuando afirma en relacin al sindicato de servicio domstico de EE. UU. que

...el servicio domstico es una industria mucho ms importante que la industria de telgrafos y telfonos (36).

Con tal criterio, la poltica antimonopolio se transforma en una preferencia neoliberal. Sin embargo, ha sido cambiada en su contrario:

De nuevo aparece aqu un paralelo muy ntimo entre los sindicatos obreros de un lado y los monopolios industriales del otro. En ambos casos, los monopolios extensos sern probablemente temporales y susceptibles de disolucin, a no ser que puedan llamar en su ayuda al poder poltico del Estado (37).

Ms que eso, Friedman llega al resultado de que no hace falta preocuparse de la competencia entre las empresas. Si bien no existe competencia perfecta, las industrias se comportan como si existiera:

Claro, que la competencia es un modelo ideal, como una lnea o un punto de Euclides... De la misma forma la competencia perfecta no existe... Pero al estudiar la vida econmica de los Estados Unidos, cada vez me impresiona ms la enorme cantidad de problemas y de industrias que se comportan como si la economa fuera competitiva (38).

Y como no se trata de realizar algo perfecto, sino de un comportamiento como si fuera perfecto, todo es perfecto. Solamente un problema sigue existiendo y que est en la raz de los desequilibrios de los mercados Se trata del problema sindical, que provoca el desempleo. El desempleo no es resultado del mercado capitalista, frente a cuyos problemas se constituyen los sindicatos, sino que es la constitucin de los sindicatos lo que produce el desempleo y dems problemas sociales. A Friedman, como a los neoliberales en general, la realidad emprica no les preocupa para nada. Antes de existir sindicatos, el desempleo era tan grande como despus de su constitucin, y seguramente tena consecuencias mucho ms graves. Pero la empira no es nada, el efecto sofista de manipulacin de opiniones lo es todo. Por tanto, explica el desempleo as:

Si los sindicatos suben los salarios en una ocupacin o industria concreta, la cantidad de empleo disponible en esa ocupacin o industria tiene que disminuir necesariamente igual que el aumento de un precio hace disminuir la cantidad adquirida (39).

Los mineros se beneficiaban mediante salarios ms altos lo cual quera decir, naturalmente, que haba menos mineros empleados (40).

Entre las industrias la competencia es como si fuera perfecta, pero entre los obreros no. Por tanto, hay desempleo y desequilibrios en el mercado del trabajo. Aparece el salario como un precio de competencia:

...se puede fijar por medios directos el salario por encima de su nivel competitivo; por ejemplo, con la promulgacin de una ley de salarios mnimos. Esto significar necesariamente que habr menos puestos de trabajo disponibles que antes y menos puestos que persona en busca de trabajo. Este excedente de oferta de trabajo tiene que eliminarse de una manera u otra: los puestos tienen que ser racionados entre quienes los pretenden (41).

Friedman basa su argumento en un salario a nivel de competencia, y nos dice que cuando hay desempleo, el salario difiere de aquel a nivel de competencia. Pero nos dice una simple tautologa. El jams podra decirnos cual es este salario de nivel competitivo; al contrario, de la existencia del desempleo, l deduce que el salario no es competitivo. As, la referencia al salario competitivo es totalmente imaginaria, pero tiene ahora una interpretacin que le permite deducir del hecho del desempleo la necesidad de bajar los salarios. Ninguna referencia concreta a la realidad emprica es necesaria. En donde aparezca desempleo, Friedman puede recetar la reduccin de los salarios como solucin. Y el FMI le sigue en esta tautologa tan cmoda, recetando por todos lados reducciones de salarios en nombre de este salario competitivo absolutamente imaginario, que nadie conoce ni puede conocer y que no puede existir. Pero el argumento funciona perfectamente. Si una baja de salarios no conduce al aumento del empleo, Friedman se lava las manos y pide una reduccin an mayor. Existe solamente un punto en el cual la baja de salarios lleva al pleno empleo: este punto es el de un salario a nivel de cero. Pero esto no en el sentido de que con la continua baja de los salarios haya un continuo aumento del empleo sino en el sentido de que recin llegando el salario a cero, el empleo puede ser completo. Sin embargo, por muerte del obrero esto ya no es necesario.

La confusin radica en la consideracin del salario como un precio igual a los precios de los productos. Pero el salario es un ingreso y no un simple precio. Por eso, los aumentos de salarios podran explicar las tendencias inflacionistas, pero jams el desempleo. Ademas empricamente no hay ninguna confirmacin de las tesis de Friedman. En perodos de auge del empleo siempre suben los salarios, y en perodos de depresin, bajan.

Sin embargo, este argumento segn el cual el nivel de salarios explica el empleo, es la clave del pensamiento neoliberal sobre la aproximacin al equilibrio. De all viene la idea de que la imposicin de las reglas generales de conducta en ltimo trmino: la orientacin por la maximizacin de las ganancias es el camino para aproximarse al equilibrio de los mercados. Los desequilibrios, por tanto se originan en la falta de libertad de los mercados. Segn esta posicin neoliberal, la tendencia al equilibrio se logra en cuanto se asegura esta libertad de los mercados, en referencia a todas las actividades econmicas y sociales. Se pide la realizacin de todas las actividades por el mercado. Primero, por supuesto, en relacin a las actividades econmicas. Friedman hace una lista de las intervenciones que deben desaparecer:

...los programas agrcolas, beneficios generales a la vejez, leyes del salario mnimo, legislacin en favor de sindicatos, aranceles, reglamentos para concesin de licencias en los oficios y en las profesiones, y as sucesivamente, en lo que no parece tener fin (42).

9. La aproximacin al equilibrio:

el anarco-capitalismo

Lo que no parece tener fin, es a la vez la meta de la aproximacin neoliberal al equilibrio, es el sometimiento de todas las funciones sociales y no slo las propiamente econmicas al criterio de la maximizacin de las ganancias por parte de las empresas privadas.

En esta lnea aparece el autodenominado capitalismo radical, en nombre del cual se pretende poder entregar, inclusive, todas las funciones pblicas a la empresa privada. El capitalismo radical enfoca ahora lo que l llama la abolicin del Estado, y reivindica la tradicin del anarquismo. David Friedman, hijo de Milton Friedman, ha tratado de indicar los caminos en principio factibles para esta disolucin del Estado por medio de la privatizacin de sus funciones. No solamente todo el intervencionismo econmico, sino tambin las mismas funciones del Estado referentes a la legislacin, la funcin policial y la militar son ahora imaginadas en trminos de las reglas del mercado y de la maximizacin de las ganancias. Esta anarqua del pensamiento burgus habla del anarquismo de Bakunin como un anarquismo romntico, presentndose as como el nuevo anarquismo de la anarqua moderna. Es la anarqua en nombre del poder total del capital. Esta se distingue de la anarqua clsica en un punto clave. La anarqua clsica no querra privatizar las funciones estatales, sino disolverlas junto con la propiedad privada. Esta anarqua del capitalismo radical quiere instalar el poder absoluto del capital incluso por encima de las funciones estatales. El anarquismo clsico quera una situacin en la cual ya no hiciera falta ninguna polica. El anarquismo capitalista ahora quiere privatizar la polica, y cree haber abolido el Estado, en cuanto que lo privatiza.

Si Al Capone y el Padrino toman la funcin policial en sus manos, ejercindola en su propio provecho, est abolido el Estado de Chicago. Al Capone se ha transformado en el protector de los ciudadanos y, por tanto, el Estado ya no existe. El poder estatal ya no consiste en la funcin represiva, sino en la forma estatal en la cual se ejerce la funcin. La represin policial sigue igual o peor, pero ya no hay Estado, porque Al Capone la ejerce legtimamente. La abolicin del Estado no se ha hecho en trminos reales, sino por el simple cambio de una definicin. Hans Albert propaga esta anarqua en los siguientes trminos:

Pero el sueo de la abolicin del poder estatal hoy ya no funciona exclusivamente como una parte de la visin socialista del futuro. Por otra parte apareci por el lado derecho del espectro poltico una conceptualizacin radical capitalista, que sostiene a este respecto conceptos similares. Esta unin de anarquismo y capitalismo es ms plausible que el anarquismo romntico de observancia socialista, porque en ella se hacen claros los mecanismos de conduccin, que canalizarn el quehacer social en la sociedad libre del Estado. El monopolio de la aplicacin legtima de la fuerza segn esta opinin debe ser superado aplicando a la sociedad entera los mecanismos de conduccin del mercado, con el resultado de que las funciones hasta ahora centrales del Estado especialmente: la proteccin del ciudadano contra la fuerza en cualquier forma sean entregadas a organizaciones privadas y organizadas segn reglas mercantiles (Subrayado y traduccin nuestros) (43).

De esta manera

...evidentemente se puede hacer plausible, que por la privatizacin de las hasta ahora funciones del Estado una meta tal (la anarqua) es por lo menos en principio alcanzable (Subrayado y traduccin nuestros) (44).

Formulado as, Rockefeller, Margaret Thatcher y Ronald Reagan asumen la anarqua como su ideal social. Es el anti-intervencionismo absoluto, la nueva ideologa totalitaria del mercado total (Henri Lepage). La poltica neoliberal se entiende ahora como aproximacin en el tiempo hacia tal anarqua. Pero tambin esta anarqua no es ms que un concepto lmite inalcanzable, a pesar de que se dice ahora que es en principio alcanzable. El trmino en principio esconde solamente el misticismo de la aproximacin que se promete.

Esta ideologa del mercado total permite ahora desentenderse de todas las funciones concretas de la economa. Todo se disuelve en simples expresiones mercantiles y fuera de las funciones mercantiles no queda nada real. En la visin del mercado total, toda humanidad se agota en el destino de la maximizacin de las ganancias. Especialmente, este pensamiento neoliberal puede desentenderse ahora de cualquier compromiso con la vida humana concreta, la que ya no es ms que un subproducto de la totalizacin de las relaciones mercantiles. Toda la moral se disuelve en la vigencia de las relaciones mercantiles, y la justicia social consiste en la adhesin a esta aproximacin fantasmagrica hacia el mercado total. Desemboca en la negativa ms profunda del derecho a la vida de los hombres. Sin embargo, a posteriori, la ideologa neoliberal vuelve a plantear una referencia a la vida humana, pero slo como subproducto de esta exclusiva vigencia del mercado total. La vida no aparece en su forma concreta como vida de cada uno de los hombres sino como vida de la especie humana, sosteniendo que esta vida como especie est tanto mejor asegurada cuanto uno menos se preocupa de la vida concreta de cada uno. Cuanto uno menos se fija en la vida concreta de cada uno, ms segura esta la vida de todos. Hayek habla en este contexto de un calculo de vidas:

Una sociedad libre requiere de ciertas morales que en ltima instancia se reducen a la mantencin de vidas: no a la mantencin de todas las vidas porque podra ser necesario sacrificar vidas individuales para preservar un nmero mayor de otras vidas. Por lo tanto las nicas reglas morales son las que llevan al clculo de vidas: la propiedad y el contrato (45).

Hay que sacrificar vidas individuales hoy, para que maana puedan vivir muchos ms. Pero maana eso valdr igual: habr que sacrificar vidas, para que pasado maana vivan ms y as sucesivamente. La aproximacin al mercado total se transforma en un gran sacrificio de vidas humanas.

Este clculo de vidas de Hayek es en verdad un clculo de muertes. Le sirve para hipostasiar propiedad y contrato. El razonamiento es el siguiente: propiedad y contrato es decir, las relaciones capitalistas de produccin son la garanta del progreso futuro. Cuanto ms total el mercado, mayor el progreso. Por tanto, asegurndolos, se garantiza la posibilidad de alimentar un nmero siempre mayor de hombres en el futuro. Aunque la garanta de propiedad y contrato signifique en cada momento un sacrificio de vidas humanas individuales, este progreso garantiza poder preservar en el futuro ms vidas que las sacrificadas hoy. El sacrificio de vidas es hoy, por tanto, irrelevante para un juicio sobre propiedad y contrato. Las vidas preservadas en el futuro compensan con creces el sacrificio de vidas hoy. La especie hunana devora a los individuos de los cuales se compone la humanidad. Es difcil encontrar en todo el pensamiento moderno, un peor y ms cnico colectivismo que este de Hayek.

Este sacrificio de vidas presentes en pos de un futuro totalmente fantasmagrico pasa por toda esta ideologa del mercado total. Todo se puede sacrificar por este futuro que nunca vendr. Es la dialctica maldita que destruye el presente en funcin de simples imaginaciones. Y como el presente, el de ayer, de hoy y de maana, es todo, lleva a la destruccin de todo. Todo se promete, a condicin de que para hoy se acepte lo contrario. Y maana se har lo mismo, y as sucesivamente. Mayores salarios, s; pero para maana. Quien quiere mayores salarios manaa, tiene que aceptar las condiciones de hoy. Sin embargo, el ahorro de hoy es la inversin de maana y mayor producto pasado maana; y entonces puede haber mayores salarios. Pero para que haya mayores ahorros hoy, los salarios de hoy tienen que bajar. Por tanto, mayores salarios maana, menores salarios hoy. El mismo razonamiento sirve para cualquier reivindicacin de hoy. Maana s, pero menos hoy Y as sucesivamente. Es la dialctica maldita que sacrifica el presente por algn ms all, que en el caso del neoliberalismo es el eterno maana. El pensamiento neoliberal no admite ningn presente, sino que sacrifica cualquier presente por su maana respectivo. Las condiciones reales de la vida se pierden por una quimera del futuro.

De esta manera, la libertad se encuentra, desde el punto de vista liberal, en contradiccin con las condiciones concretas de la vida. Desde el punto de vista de esta libertad, la satisfaccin de las necesidades concretas de los no-propietarios es una carga pesada de la sociedad, que sta tiene que llevar hasta cierto grado.

Advierte Albert al Estado burgus:

El tiene que tomar en cuenta tambin aquellas necesidades e ideas de ellos (de los no-propietarios), que bajo ciertas condiciones solamente puede ser satisfechos a costa de su libertad, y por tanto por la limitacin de su marco de decisiones autnomas. Obviamente nadie hoy se atrevera suponer que el poder estatal sea responsable por la suerte de sus sometidos. Pero se puede esperar de l que establezca un orden de libertad en lo posible atractivo para los ciudadanos, intentando aumentar y explicar el valor de la libertad (traduccin nuestra) (46).

La libertad tiene que aceptar ser limitada hasta cierto grado por el hecho de que la gente tambin tiene que vivir. Para que sea atractiva, no puede sencillamente prescindir de este hecho. Pero se trata de concesiones de la libertad al cuerpo humano y sus necesidades, la manzana amarga que tiene que morder para ser atractiva. Con tal concepto burgus de libertad, no hay lugar para una libertad humana, que nace de la satisfaccin de las necesidades de todos, trascendindola. Esta libertad humana no tiene que saber cmo hacer felices a los hombres. Pero sabe lo que los hace infelices quitndoles su libertad: la imposibilidad de satisfacer sus necesidades.

La libertad burguesa se relaciona con la satisfaccin de las necesidades de los no-propietarios, como el alma con el cuerpo, segn Platn. El cuerpo platnico es la crcel del alma, y la satisfaccin de las necesidades de los no-propietarios es la crcel de la libertad burguesa. Esta libertad sera completa en cuanto tales necesidades no existieran. La libertad burguesa es un alma pura que quisiera volar. Pero la satisfaccin de las necesidades de los no-propietarios le corta las alas. Nunca es completa, porque el mundo es imperfecto por la razn de las necesidades concretas de los hombres. E1 cielo de la libertad burguesa es un cielo de almas, que ya no tienen necesidades materiales y que viven por la pura contemplacin de Dios. En la tierra, desgraciadamente, hay que comer para vivir, lo que es el pecado original al cual todos tenemos que hacer concesiones. Sin embargo, una libertad humana que nace de tal satisfaccin de las necesidades, para el alma pura de la libertad burguesa, es metafsica, diablica.

Vemos as cmo el pensamiento neoliberal elabora su marco terico-categorial a partir de la realidad emprica del mercado amenazado, ubicndolo tericamente entre dos polos trascendentales, expresados en trminos de conceptos lmites. Se trata del concepto lmite positivo de la competencia perfecta y del concepto lmite negativo del caos, al cual el hombre se encamina por el socialismo. Despus vimos cmo se elabora a partir de este marco terico-categorial todo un marco tico. Esto se hace transformando el mercado amenazado en un objeto de piedad, en funcin del cual el hombre ahora toma posicin en trminos tambin polarizados de humidad y orgullo. Humildad y orgullo, en trminos ticos y tericos, resultan tener una correspondencia completa con los conceptos lmites positivos y negativos expresados en trminos tericos. La humildad resulta la virtud cardinal de aquellos que hacen suyos los imperativos del mercado y derivan el conjunto de sus otras virtudes de las exigencias que este mercado impone. Se trata en especial de las condiciones generales del equilibrio, es decir, el reconocimiento de la libertad de contratos y de la propiedad privada. En el otro polo estn los orgullosos, que buscan la justicia social desafiando el mercado. El orgullo resulta ser su vicio cardinal, y radica en el hecho supuesto por Hayek de que una justicia social que desafa al mercado presupone un conocimiento perfecto, que ningn hombre puede tener y cuya pretensin precisamente constituye este orgullo.

Resulta as un mundo absolutamente bien ordenado, en en cual las clases dominantes representan el polo de la humildad y por tanto de la virtud, y las clases explotadas y dominadas el polo del vicio y del orgullo. Los grandes son humildes y los pequeos orgullosos, y los grandes son grandes por su humildad y los pequeos son pequeos por su orgullo.

Tomando como base el pensamiento neoliberal, la raz de todos los males es el amor a la justicia social, por ser implcitamente la pretensin del conocimiento total. Por otro lado, la raz de todos los bienes es el amor al dinero, al mercado y al capital.

10. La teologa neoliberal: Dios y el diablo

Analizado este marco terico-categorial y su transfiguracin tica, nos resulta fcil derivar un pensamiento neoliberal propiamente teolgico. Efectivamente, el pensamiento neoclsico engloba su marco terico-categorial en trminos teolgicos, aunque estn poco desarrollados. Sin embargo, pasando a trminos teolgicos, identifican por supuesto el concepto lmite positivo con Dios y el negativo con el diablo. Hayek introduce a Dios en los siguientes trminos:

El punto clave (del modelo de un equilibrio del mercado) lo haban visto ya aquellos notables anticipadores de la economa moderna que fueron los escolsticos espaoles del siglo XVI, los cuales insistan en que lo que ellos llamaban pretium mathematicum, el precio matemtico, depende de tantas circunstancias particulares que slo Dios puede conocerlo. Ojala que nuestros economistas matemticos tomaran tal afirmacin en serio! (47).

Siendo el precio matemtico segn Hayek simplemente el precio de la competencia perfecta, su referencia es clara. Solamente Dios puede conocer estos precios siendo omnisciente pero el hombre jams. Este Dios no es ms que una hipstasis del mercado, y a la vez el Dios de la burguesa. Es aquel Dios que ya sabe hoy algo que ningn hombre puede prever: el cambio del dlar de maana. Es el Dios cuya alianza le conviene al hombre de negocios. Ciertamente, un Dios de este tipo es el Dios que santifica el nomos de la sociedad burguesa. Hayek lo confirma con las siguientes palabras:

Nunca supe el significado de la palabra Dios. Creo, que es de suma importancia en la conservacin de las leyes. Pero, insisto, como no s el significado de la palabra Dios, no le puedo decir ni que creo ni que no creo en su existencia...

Pero tambin todos debemos admitir, simultneamente, que ninguno de nosotros est en la posesin de toda la verdad. De toda la verdad, dije. Y si usted me quiere definir a Dios como la verdad, en este caso estoy dispuesto a usar la palabra Dios. Es ms: siempre que usted no pretenda poseer toda la verdad, yo estara dispuesto a trabajar al lado suyo buscando a Dios a travs de la verdad (48).

Dios es aquel que lo sabe todo.

A partir de all se hace visible donde est el diablo. Desde el Paraso le est insinuando al hombre que comiendo del rbol del conocimiento, puede ser igual a Dios. El diablo seduce al hombre a la pretensin del conocimiento, ttulo de la conferencia de Hayek al recibir el Premio Nobel. El ttulo es una simple alusin al pecado del Paraso, que es precisamente el pecado del orgullo, del levantamiento del hombre en contra de Dios.

Dios es el sabelotodo. Por tanto, el que pretende el conocimiento total, quiere ser como Dios. Pero para asegurar la justicia social desafiando el mercado, hay que saberlo todo. La reivindicacin de la justicia social, por tanto, es la pretensin de ser como Dios. En contra de el Dios recurre al ngel Miguel, que grita: Quin es como Dios? Y quien pretenda ser como Dios, era Lucifer. Lucifer incita al hombre a querer ser como Dios, a comer del rbol del conocimiento para saberlo todo. Y Lucifer seduce al hombre, presentndole la utopa de la justicia social a travs de la cual el hombre reivindica aquel conocimiento que solamente Dios tiene. Este se deja seducir y, ayudado por Lucifer, construye ahora el infierno en la tierra, exactamente porque quiere el cielo en la tierra como nos comunica Popper que, adems, nos ofrece su democracia como la llave para el control de los demonios (es decir, como exorcismo). El grito del ngel Miguel se transforma as: Ninguna libertad para los enemigos de la libertad. Tal como est elaborado, este esquema teolgico es absolutamente maniqueo. Transforma la reivindicacin de la vida humana frente al mercado en pecado de Lucifer, y da a la defensa del mercado la ms absoluta legitimacin. Desata la agresividad humana sin lmites en contra de los dominados, y divide la sociedad en los trminos ms absolutos en una sociedad de lucha de clases a partir de la clase dominante.

Dios, los hombres humildes y el mercado, se enfrentan a Lucifer, a los hombres orgullosos y al reclamo de la justicia social en una verdadera batalla del Mesas que el neoliberalismo protagoniza.

NOTAS

1 Hayek Friedricih A. La pretensin del conocimiento en: Inflacin o pleno empleo? Unin Editoria, Madrid, 1976.

2 Ibid., pg. l9.

3 Idem .

4 Ibid., pg. 14.

5 Hayek Friedrich A. Individualismus und Wirtschaftliche Ordnung. Zrich, 1952, pg. 28.

6 Idem.

7 Ibid., pg. 27.

8 Idem.

9 Ibid., pg. 25.

10 Kelsen, Hans, Teora pura del derecho. EUDEBA, Buenos Aires, 1960, pg. 141.

11 Hayek, La pretensin...,op. cit., pg. 23.

12 Ibid., pg. 30.

13 Idem.

14 Ibid., pg. 31.

15 Ibid., pgs. 31-32.

16 Popper, Karl, Das Elend des Historizismus. Tbingen 1974, Prefacio de la edicin alemana, pg. VIII.

17 Hegel, Friedrich, Filosofa del derecho, pg. 258.

18 Morgenstern, Oskar, Vollkommene Voraussicht und wirtshaftliches Glechgewicht (Previsin perfecta y equilibrio econmico), en: Theorie un Realitt. Ed. Hans Albert, Tbingen, 1964, pg. 258.

19 Ibid., pgs. 257-258.

20 Ibid., pg. 257.

21 Ibid., pg. 269.

22 Hayek, "La pretensin..., op. cit., pg. 19.

23 Morgenstern, op. cit., pg. 262.

24 Ibid., pg. 271.

25 Hayek, "Individuslismus..., op. cit., pg. 115.

26 Ibid., pg. 116.

27 Idem.

28 Ibid., pg. 27.

29 Ibid., pg. 47.

30 Hayek, La pretensin..., op. cit., pgs. 31-32.

31 Ibid., pg. 31.

32 Friedman, M., "Newsweek", segn Die Zeit, 6-1-78.

33 Hayek, Friedrich A., entrevista en El Mercurio. 12-4-81, Santiago, Chile.

34 Friedman, Milton, Capitalismo y libertad. Madrid, Ediciones RIALP, 1966, pg. 171.

35 Ibid., pg. 160.

36 Idem.

37 Friedman, Milton, Teora de los precios. Madrid, Alinaza, 1966, pg. 205.

38 Friedman, M., Capitalismo..., op. cit., pg. 157.

39 Ibid., pgs. 161-162.

40 Ibid., pg. 163.

41 Friedman, M., Teora..., op. cit., pg. 203.

42 Friedman, M., Capitalismo..., op. cit., pg. 243.

43 Albert, Hans, Traktat ber rationale Praxis. Tbingen, 1978, pg. 97.

44 Ibid., pg. 98.

45 Hayek, F. A., entrevista en El Mercurio. 19-4-81, Santiago, Chile.

46 Albert, Hans, op. cit., pgs. 157-158.

47 Hayek, F. A., La pretensin..., op. cit., pgs. 19-20.

48 Hayek, entrevista en EI Mercurio. 12-4-81, Santiago, Chile.

Captulo III

 

El marco categorial

del pensamiento anarquista

 

 

1. La realidad depravada

El esquema conservador-neoliberal de interpretacin de la sociedad es tripolar y tiene por centro una realidad precaria. Esta realidad precaria es la realidad de un sistema institucional constantemente amenazado. La realidad material del hombre su trabajo para satisfacer sus necesidades no aparece especficamente en tal concepto conservador de realidad. El sistema institucional que incluye el sistema de propiedad es considerado como el rbitro inapelable de la organizacin del mundo material; este no puede ser enfrentado a la vigencia del sistema institucional. Para el pensamiento conservador el mundo material no es inexistente sino secundario e irrelevante.

Esta realidad precaria es vista entre dos polos expresados en trminos de conceptos lmites. Vinculado con la precariedad del orden aparece en trminos de una empira idealizada el caos; y vinculado con la realidad institucional que se opone a la precariedad aparece el sistema institucional en su perfeccin. En el caso del pensamiento neoliberal esta perfeccin es el modelo del equilibrio.

El pensamiento anarquista en cambio es bi-polar. Tiene tambin como centro a la realidad emprica pero esta no es ya realidad precaria e institucional en el sentido conservador sino una realidad material de trabajo para la satisfaccin de las necesidades sojuzgada por el sistema institucional en particular el sistema de propiedad y el Estado. As pues la realidad del pensamiento anarquista es una realidad sojuzgada; el Sistema institucional solamente sirve para explotar al trabajador y condenarlo a la miseria.

Por consiguiente lo que en el pensamiento conservador es el nomos que se legitima y sacraliza en el pensamiento anarquista es el medio de sojuzgamiento de la vida real y material. Pero dado que donde la vida material no es libre no hay ninguna libertad, la realidad sojuzgada del pensamiento anarquista es una realidad de miseria y sin libertad. El problema ya no es un caos que amenace la realidad desde afuera, sino que la realidad misma es catastrfica, miserable y esclavizante. Por lo tanto, el mal no es una amenaza que se presente contra la precariedad de un orden legtimo, sino que est en la raz de este orden que, por consiguiente, es ilegtimo.

De ah el enfoque anarquista bipolar: la realidad presente es un orden de esclavitud, mientras que un orden de libertad es algo por hacer. Analizaremos este enfoque a partir de algunos artculos claves del anarquista mexicano Ricardo Flores Magn, uno de los principales pensadores de la revolucin mexicana de 1911.

En el centro de este pensamiento estn la libertad y la felicidad del hombre como algo por hacer, y la presente realidad sojuzgada como algo por cambiar. Realidad actual depravada y realidad futura liberada... estos son los dos polos:

No vamos los revolucionarios en pos de una quimera vamos en pos de la realidad (1).

La realidad presente es catastrfica y depravada:

No hay trabajo constante; los salarios son mezquinos; la jornada de labor es verdaderamente agotante; el desprecio de la clase propietaria para la clase proletaria es irritante; el ejemplo que la clase capitalista da a la clase trabajadora de vivir en la holganza, en lujo, en la abundancia, en el vicio sin hacer nada til (2).

...la gente pobre que se sacrifica en el taller, en la fbrica, en la mina, en el surco... (3).

Esta destruccin del hombre, Flores la ve introducindose hasta en el corazn del hombre:

El hombre vive en constante sobreexcitacin nerviosa; la miseria, la inseguridad de ganar el pan de maana; los atentados de la autoridad; la certidumbre de que se es vctima de la tirana poltica y de la explotacin capitalista; la desesperacin de ver crecer a la prole sin vestido, sin instruccin, sin porvenir; el espectculo nada edificante de la lucha de todos contra todos... todo eso, y mucho ms llena de hiel el corazn del hombre, lo hace violento, colrico (4).

La realidad presente es depravada por una razn: el hombre es dominado por el hombre. Mientras los unos trabajan hasta el agotamiento, los otros no hacen nada til. La lucha de todos contra todos que aqu incluye explicitamente la competenciaarraiga la violencia en el corazn de todos.

Esta lucha de todos contra todos se debe a una dependencia de todos que constituye la esclavitud, y que la independencia de Amrica Latina no ha superado:

...segus siendo esclavos, esclavos de ese modero seor que no usa espada, no cie caso guerrero, ni habita almenados castillos, ni es hroe de alguna epopeya: sois esclavos de ese nuevo seor cuyos castillos son los bancos y se llama el capital.

Todo est subordinado a las exigencias y a la conservacin del capital. El soldado reparte la muerte en beneficio del capital; el juez sentencia a presidio en beneficio del capital; la mquina gubernamental funciona por entero, exclusivamente, en beneficio del capital; el Estado mismo, republicano o monrquico, es una institucin que tiene por objeto exclusivo la proteccin y salvaguardia del capital (5).

Toda la realidad est dominada por este nuevo seor el capital, que est por detrs de los muchos fenmenos de la explotacin: del desempleo, de los salarios miserables, de la violencia en los corazones. Se trata de un personaje annimo que corresponde a lo que la teora neoclsica llama el mercado, y que ahora es visto como seor opresor. Lo que oprime no son los hombres directamente. sino una estructura social denominada capital que forma a los hombres, los divide en dominadores y dominados y los lleva a la confrontacin. En funcin de este seor capital hay amos y esclavos, todos ellos englobados por el supremo seor capital:

El sistema de salarios os hace depender, por completo, de la voluntad y del capricho del capital. No hay ms que una sola diferencia entre vosotros y los esclavos de la antigedad, y esa diferencia consiste en que vosotros tenis la libertad de elegir vuestros amos (6).

Este seoro del capital nace del derecho de la propiedad privada:

...el espectculo nada edificante de la lucha de todos contra todos, que nace precisamente del derecho de la propiedad privada que faculta a los astutos y a los malvados a amasar capitales explotando a los trabajadores... (7).

Por tanto, el anlisis pasa del capital a la propiedad privada que da origen a la lucha de todos contra todos, pues da la facultad de amasar capitales por la explotacin de los trabajadores. Detrs del capital y de la lucha de todos contra todos est la raz del problema: la propiedad privada. Ella, en cuanto institucin, faculta el sojuzgamiento del hombre y su esclavitud.

Ahora bien, cmo ha surgido la propiedad privada? Esta no ha existido siempre. Originalmente la tierra era de todos:

En un principio no exista el derecho de propiedad territorial de un solo individuo. Las tierras eran trabajadas en comn, los bosques surtan de lea a los hogares de todos, las cosechas se repartan a los miembros de la comunidad segn sus necesidades (8).

En esta sociedad originaria irrumpi la propiedad privada:

El derecho de propiedad territorial de un solo individuo naci en el atentado del primer ambicioso que llev a la guerra a una tribu vecina para someterla a la servidumbre, quedando la tierra que esa tribu cultivaba en comn, en poder del conquistador y de sus capitales (9).

Estos conquistadores transformaron su propiedad en propiedad legitimada por ley, y crearon el derecho de propiedad:

Fueron los ladrones mismos quienes amparados por la fuerza, escribieron la ley que debera proteger sus crmenes y tener a raya a los despojados de posibles reivindicaciones (10).

Esta institucin no tiene legitimidad:

El derecho de propiedad es un derecho absurdo porque tuvo por origen el crimen, el fraude, el abuso de la fuerza (11).

Sin embargo, la pregunta de por qu la gente se dej arrebatar la tierra, Flores tampoco sabe contestarla:

El derecho de propiedad es antiqusimo, tan antiguo como la estupidez y la ceguedad de los hombres; pero la sola antigedad de un derecho no puede darle el derecho de sobrevivir (12).

Recordemos que para la teora conservadora de Berger la estupidez explicaba la precariedad de la realidad. Ahora, por el contrario, explica el haber soportado esta realidad institucional. En los dos casos, el recurrir a la estupidez como explicacin solamente revela una incapacidad de explicacin que se trata de esconder.

Este mismo derecho de propiedad privada, Flores lo ve tambin como origen del propio Estado. En efecto, el derecho de propiedad, que es la raz de la guerra de todos contra todos y de la posibilidad del sometimiento de todos al capital, crea tambin la necesidad del Estado por el hecho de que origina las desigualdades sociales. Las leyes correspondientes a la propiedad privada crean a travs de las desigualdades las razones del crimen, en contra del cual aparece el Estado.

El jefe o gobierno son necesarios solamente bajo un sistema de desigualdad econmica Si yo tengo ms que Pedro, temo, naturalmente, que Pedro me agarre por el cuello y me quite lo que l necesite. En este caso necesito que un gobernante o jefe me proteja contra los posibles ataques de Pedro; pero si Pedro y yo somos iguales econmicamente: si los dos tenemos la misma oportunidad de aprovechar las riquezas naturales, tales como la tierra, el agua, los bosques, las minas y dems, as como la riqueza creada por la mano del hombre, como la maquinaria, las casas, los ferrocarriles y los mil y un objetos manufacturados, la razn dice que sera imposible que Pedro y yo nos agarrsemos por los cabellos para disputarnos cosas que a ambos nos aprovechan por igual, y en este caso no hay necesidad de un jefe (13).

De la desigualdad social se derivan, por tanto, la autoridad y el Estado.

La desigualdad social es la fuente de todos los actos antisociales que la ley y la moral burguesas consideran como crmenes, siendo el robo el ms comn de esos crmenes (14).

En cuanto a los delitos contra las personas, en su mayor parte son el producto del medio malsano en que vivimos (15).

2. La libertad econmica:

base de la vida

Este es, en trminos generales, el anlisis de la sociedad que Flores presenta. El parte de la realidad como una relacin concreta entre el hombre y sus necesidades, relacin que est perturbada por el sistema institucional que transforma al hombre trabajador en esclavo. El es esclavo del capital que lo domina, el cual resulta de la entrega de la propiedad al propietario privado que amasa capital explotando al trabajador. Entregada toda la sociedad al capital y a su acumulacin, aparecen la ley y moral burguesas para defender al propietario de lo que l considera crimen, y que no es sino el resultado de la desigualdad social creada por la propiedad privada. El Estado se hace entonces necesario para defender estas leyes y moral burguesas. De este modo, el hombre es por entero un esclavo: esclavo del trabajo, por un lado, y esclavo del Estado, por el otro.

Frente a esta realidad Flores levanta su alternativa:

Hay que escoger de una vez una de dos cosas: o ser libres, enteramente libres, negando toda autoridad o ser esclavos perpetuando el mando del hombre sobre el hombre (16).

Esta alternativa es tan polarizada y, por tanto, tan maniquea como en el caso de la teora conservadora o neoliberal, pero adquiere la forma inversa. Para la teora conservadora o neo-liberal la libertad es la afirmacin de la autoridad; Flores, en cambio, entiende por autoridad el conjunto de propiedad privada y Estado, de ah que la libertad liberal es precisamente la esclavitud desde el punto de vista del pensamiento anarquista. Por el contrario, el anarquismo afirma la libertad como superacin de toda autoridad y propiedad privada, lo que visto desde la teora conservadora-neoliberal es precisamente esclavitud, caos, amenaza, socialismo.

Frente a la realidad sojuzgada, Flores levanta su proyecto como un proyecto de vida:

Vamos hacia la vida...

...vivir, para el hombre, no significa vegetar. Vivir significa ser libre y ser feliz. Tenemos, pues, todos derecho a la libertad y a la felicidad.

La desigualdad social muri en teora al morir la metafsica por la rebelda del pensamiento. Es necesario que muera en la prctica. A este fin encaminan sus esfuerzos todos los hombres libres de la tierra.

He aqu por qu los revolucionarios no vamos en pos de una quimera. No luchamos por abstracciones, sino por materialidades. Queremos tierra para todos, para todos pan (subrayados nuestros) (17).

Esto es lo central del proyecto anarquista: la vida es tierra y pan para todos, por un lado: libertad, por el otro. Tierra aqu es la referencia clave para referirse al trabajo y a los instrumentos del trabajo. Se nota que el anarquismo de Flores es un anarquismo campesino, primordialmente.

Ahora bien, aunque para el anarquista se trata de la libertad, Flores va hacia la libertad por la felicidad. Para ser libres hay que ser felices; donde no hay felicidad, no puede haber libertad. Por eso a este proyecto de felicidad lo llama tambin Libertad econmica, algo que en toda tradicin tanto anarquista como socialista aparece:

La libertad econmica es la base de todas las libertades (18)

...verdadera emancipacin: la libertad econmica (19).

En la libertad econmica como clave de la libertad como su base se unen felicidad y libertad. De la libertad econmica se derivan, por un lado, la felicidad; por el otro, la libertad. Y la libertad econmica no es sino dejar de ser esclavos de los ricos; dejando de ser esclavos de los ricos se puede dejar de ser esclavos de las autoridades. Aparece entonces la libertad del anarquista que, en ltima instancia, es la libre espontaneidad de cada cual.

Por la libertad econmica se asegura la felicidad. Ella es libertad de la propiedad:

Me imagino qu feliz ser el pueblo mexicano cuando sea dueo de la tierra, trabajndola todos en comn como hermanos y repartindose los productos fraternamente, segn las necesidades de cada cual. No cometis, compaeros, la locura de cultivar cada quien un pedazo. Os mataris en el trabajo, exactamente como os matis hoy. Unos y trabajad la tierra en comn: pues, todos unidos, la haris producir tanto que estaris en aptitud de alimentar al mundo entero... Trabajada en comn la tierra, puede dar ms de lo suficiente con unas dos o tres horas de trabajo al da, mientras que cultivando uno solo un pedazo, tiene que trabajar todo el da para poder vivir (subrayado nuestro) (20).

Libertad econmica es, por tanto, tener todos todo en comn, trabajando en comn y consumiendo en comn. Es la relacin fraternal en la cual se trabaja y reparte como hermanos. Se trata de un actuar de comn acuerdo que permite la libertad de cada cual para responder en trabajo y consumo a su propia espontaneidad. A eso responde la tierra. Trabajando en comn se produce fcilmente (en unas dos o tres horas diarias), es decir, un horario del cual se puede esperar que el hombre por propia espontaneidad lo cumpla. Y se produce tanto que el producto basta para admitir el consumo espontneo de cada cual. Por lo tanto, esta libertad econmica abre las puertas de la felicidad para todos... se va hacia la vida.

No obstante para tener todos todo en comn no puede haber propiedad privada. La libertad econmica choca con la esclavitud derivada de la propiedad privada, de ah que la abolicin de la propiedad privada aparezca como una exigencia de la libertad. Este paso ya haba sido preparado en el anlisis hecho por Flores de la propiedad como Consagracin legal del crimen (21). As pues, l reivindica como proyecto de libertad la tierra para todos:

no cometeremos un crimen entregando la tierra al pueblo trabajador, porque es de l, del pueblo, es la tierra que habitaron y regaron con su sudor sus ms lejanos antecesores; la tierra que los gachupines robaron por la fuerza a nuestros padres indios... Esa tierra es de todos los mexicanos por derecho natural (22).

En contra de la propiedad privada como crimen opone el derecho natural a la tierra por parte de todos. Pero no se trata de recibir la tierra por la accin del gobierno:

...no tratamos de comprar tierra, sino de tomarla desconociendo el derecho de propiedad.

Lo que el gobiemo llama solucin del problema agrario no es tal solucin, porque de lo que se trata es de crear una pequea burguesa rural, quedando de ese modo la tierra en ms manos, sin duda, de lo que est actualmente: pero no en manos de todos y cada uno de los habitantes de Mxico, hombres y mujeres (23).

Flores enfoca la solucin como definitiva:

No os dejis engaar, mexicanos, por los que, temerosos de nuestra accin revolucionaria, tratan de adormeceros con reformitas que no salvan. El gobierno no ha comprendido que os rebelis porque tenis hambre, y trata de calmar vuestra hambre con una migaja de pan (24).

3. La libertad como libre espontaneidad:

humildad y orgullo

A partir de esta libertad econmica como su base, es posible ahora la libertad en todas las otras esferas de la vida humana. Pero esta libertad no descansa en instituciones libres sino en la liberacin de las instituciones. La institucin de por s sea propiedad privada, sea el mercado, sea el Estado es testigo de una limitacin de la libertad. El trabajo en comn la fraternidad permite desarrollar una vida libre que no est limitada por autoridades, sino que brota del acuerdo comn entre las personas.

Podr haber criminales entonces? Tendrn las mujeres que seguir vendiendo sus cuerpos para comer? Los trabajadores llegados a viejos, tendrn que pedir limosna? Nada de eso: el crimen es el producto de la actual sociedad basada en el infortunio de los de abajo en provecho de los de arriba. Creo firmemente que el bienestar y la libertad son fuentes de bondad. Tranquilo el ser humano; sin las inquietudes en que actualmente vive por la inseguridad del porvenir; convertido el trabajo en un simple ejercicio higinico, pues trabajando todos la tierra bastarn dos o tres horas diarias para producirlo todo en abundancia con el auxilio de la gran maquinaria de que entonces se podr disponer libremente; desvanecida la codicia, la falsedad de que hay que hacer uso ahora para poder sobrevivir en este medio maldito, no tendra razn de ser el crimen, ni la prostitucin, ni la codicia y todos como hermanos gozaremos la verdadera Libertad, Igualdad y Fraternidad (25).

A partir de la libertad econmica se transforma el mismo corazn del hombre:

Una sociedad en que no exista esa brutal competencia entre los seres humanos para poder satisfacer todas las necesidades, calmara las pasiones, suavizara el carcter de las personas y fortalecera en ellas los instintos de sociabilidad y de solidaridad, que son tan poderosos que, a pesar de la secular contienda de todos contra todos, no han muerto en el ser humano (26).

Si el hombre cambia no hacen falta el Estado y la autoridad, porque estas son instituciones represivas en una situacin en la cual hay algo que reprimir. Por otro lado, la organizacin de la produccin es asunto de los trabajadores mismos que entre s la ordenan:

Entended que hay que abolir el derecho de propiedad privada de la tierra y de las industrias, para que todo: tierra, minas, fbricas, talleres, fundiciones, aguas, bosques, ferrocarriles, barcos, ganados sean de propiedad colectiva, dando muerte de ese modo a la miseria, muerte al crimen, muerte a la prostitucin...

Los trabajadores por s solos, sin amos, sin capataces, deben continuar moviendo las industrias de toda clase, y se concertarn entre s los trabajadores de las diferentes industrias para organizar la produccin y la distribucin de las riquezas (27).

La autoridad no hace falta ms que para sostener la desigualdad social

Mexicanos: Muera la autoridad!

Viva Tierra y Libertad! (28).

Tenemos as el anlisis bipolar anarquista en sus trminos de una realidad sojuzgada presente y una realidad liberada para el futuro. Es a la vez una relacin bipolar entre una realidad miserable de hoy y aqu y una realidad de vida plena para el futuro. Esta imagen del futuro en la visin del anarquista es perfectamente emprica. El espera que, a partir de la revolucin, esta nueva sociedad, esta vida plena, esta felicidad y libertad se realicen en la tierra. En ltima instancia es una bipolaridad entre muerte y vida; muerte presente y vida futura.

En relacin con esto el anarquista tiene tambin su bipolaridad de virtudes y vicios que se expresa en trminos de orgullo y humildad. Los ricos no tienen humildad.

...creer que los ricos se someteran a la humillacin de quedar en la misma posicin social que los trabajadores, es una verdadera niera (29).

En cuanto al orgullo, flores sostiene que, por un lado, la aceptacin de todos de ser iguales todos comparten en comn la posicin social de los trabajadores transforma la humanidad en el orgullo y la gloria de nuestra tierra. Por otro lado, el orgullo de los de arriba rechazo a la humillacin de la igualdad deshonra a esta tierra de la misma manera que la humildad de los de abajo frente al orgullo de los ricos. Luego, la libertad econmica, como la ms preciosa de las libertades, incluye una humildad implicada en la igualdad entre los hombres que haga de la humanidad el orgullo de la tierra. Por el contario, el orgullo del de arriba, en complicidad con la humildad de los de abajo frente a los de arriba, hace de la humildad la deshonra de esta misma tierra:

...falta por conquistar la ms preciosa de las libertades: aquella que har de la especie humana el orgullo y la gloria de esta mustia tierra, hasta hoy deshonrada por el orgullo de los de arriba y la humildad de los de abajo.

La libertad econmica es la base de todas las libertades (30).

A partir de estos dos conceptos ticos claves de humildad y orgullo, podemos ver la inversin que el pensamiento conservador realiza con el pensamiento anarquista. Lo que el anarquista enfoca como humildad virtuosa, el conservador lo que como orgullo: la igualdad entre los hombres. Lo que el conservador llama humildad, para el anarquista es orgullo de los de arriba en complicidad con la falsa humildad de los de abajo que se inclinan frente a este orgullo. Para el anarquista, el orgullo y la gloria de la tierra es la aceptacin de la igualdad y la construccin consiguiente de la fraternidad, mientras que para el conservador lo es exactamente lo contrario: la aceptacin de la desigualdad.

4. Dios y lucifer:

las imaginaciones teolgicas

Correspondientemente se da el enfoque de la religin. Desde su conceptualizacin de presente y futuro, de muerte y vida, Flores descubre al Seor del infierno en el presente y la divinidad del futuro. El Seor del infierno presente es un moloc, que, bajo la amenaza de la rebelin, teme por su vida:

Vamos hacia la vida...

...Desde su Olimpo, fabricado sobre las piedras de Chapultepec, un Jpiter de zarzuela pone precio a las cabezas de los que luchan: sus manos viejas firman sentencias de canbales; sus canas deshonradas se rizan como los pelos de un lobo atacado de rabia. Deshonra de la ancianidad, este viejo perverso se aferra a la vida con la desesperacin de un nufrago. Ha quitado la vida a miles de hombres y lucha a brazo partido con la muerte para no perder la suya...

Si morimos, moriremos como soles: despidiendo luz (31).

Este vamos hacia la vida es la muerte de este Jpiter canbal. Y los que van a la vida estn dispuestos a sacrificarla para que haya vida. Si mueren, lo hacen despidiendo luz.

Pero este Jpiter canbal no es solamente Jpiter; es el Dios capital:

El capital es el dios moderno, a cuyos pies se arrodillan y muerden el polvo los pueblos todos de la tierra. Ningn dios ha tenido mayor nmero de creyentes ni ha sido tan universalmente adorado y temido como el capital, y ningn dios, como el capital, ha tenido en sus altares mayor nmero de sacrificios.

El dios capital no tiene corazn ni sabe or. Tiene garras y tiene colmillos. Proletarios, todos vosotros estis entres las garras y colmillos del capital: el capital os bebe la sangre y trunca el provenir de vuestros hijos (32).

Este dios capital, que Flores ve como canbal y moloc, no es Seor del cielo sino del infierno, En concordancia con su visin de la realidad como realidad sojuzgada, nuestro autor ve a sta como infierno. El infierno es esta realidad presente en cuanto es dominada por el capital que establece la esclavitud:

La libertad que conquistasteis no puede ser efectiva, no podr beneficiaros mientras no conquistis la base primordial de todas las libertades la libertad econmica, sin la cual el hombre es miserable juguete de los ladrones del gobierno y de la banca, que tienen sometida a la humanidad con algo ms pesado que las cadenas, con algo ms inicuo que el presidio y que se llama miseria, el infierno trasplantado a la tierra por la codicia del rico! (33).

El dios capital es el Seor del infierno. Detrs del dios aparente aparece la imagen diablica; y el infierno, que gobierna, es el producto presente de la codicia del rico.

Nuevamente es llamativo el hecho de que la imagen conservadora del infierno es la inversin de esta visin anarquista. Como deca Popper:

La hibris que nos mueve a intentar realizar el cielo en la tierra, nos seduce a transformar la tierra en un infierno... (Traduccin nuestra (34).

La hibris del conservador es la esperanza del anarquista, y la codicia del ricovista por el anarquista es el pilar de la sociedad abierta del conservador, su llave para dominar a los demonios. El dios del uno es el demonio del otro. En efecto, para el conservador resulta el infierno cuando el hombre avanza hacia esta vida, la cual demuestra el anarquista. Para ste, en cambio, el infierno se perpeta al estabilizarse la sociedad que el conservador intenta estabilizar.

Ahora bien, si el anarquista pone al dios capital como Seor del infierno, tiene que sacar del infierno a aquel que el conservador considera el Seor del infierno. Pero como ya antes el conservador ha puesto en el cielo al dios capital, que segn el anarquista es el Seor del infierno: quin es entonces el Seor de los cielos del anarquista, y que tiene que ser al mismo tiempo el Seor del infierno del conservador? Pues aquellos hombres que se rebelan para ir hacia la vida. Nos dice Flores:

Los rostros que la miseria y el dolor han hecho feos, se transfiguran; por las mejillas tostadas ya no corren lgrimas, se humanizan las caras, todava mejor, se divinizan, animadas por el fuego sagrado de la rebelin (subrayado nuestro) (35).

Se rebelan en contra de aquellos que crucificaron al rebelde:

Los timoratos y los serios de hoy, que adoran a Cristo, fueron los mismos que ayer lo condenaron y lo crucificaron por rebelde (36).

De esta manera, sube a los cielos del anarquista, aquel que segn el conservador es el Seor del infierno:

Sumisin! es el grito de los viles; rebelda! es el grito de los hombres. Luzbel, rebelde, es ms digno que el esbirro Gabriel, sumiso (37).

Para el anarquista Lucifer vuelve a ser el ngel de la luz una luz de la cual emana la vida, el heraldo de Dios. Para el conservador, en cambio, el reclamo de la vida es el caos y, en consecuencia, Lucifer el Seor del infierno.

Flores recurre aqu a una muy antigua identificacin cristiana. En los primeros siglos, los cristianos se referan a Cristo por el nombre Lucifer, ngel de luz. Como Cristo era considerado la luz, Lucifer o el ngel de luz eran consideradas denominaciones adecuadas para referirse a l. Recin a partir de la Edad Media la ortodoxia comienza a denominar a lo diablico como ngel de luz o Lucifer. De esto resultar la actual imagen ambigua de Lucifer pues, segn del contexto de que se trate, la denominacin Lucifer significa Cristo o el diablo. As, por ejemplo en textos como el de la liturgia de la pascua de resurreccin la referencia a Lucifer significa referencia a Cristo, en tanto que tratndose del orden poltico, y siguiendo la interpretacin conservadora en la cual se inscribe Popper, la referencia a Lucifer significa referencia al diablo Flores en cambio, recurre a su significado original.

Entre los anarquistas es frecuente esta referencia a Lucifer. As por ejemplo, dice Bakunin:

El Mal es la rebelin satnica contra la autoridad divina, rebelin en la que nosotros vemos, por el contrario, el germen fecundo de todas las emancipaciones humanas. Como los Fraticelli de la Bohemia del siglo XIV, los socialistas revolucionarios se reconocen hoy da por estas palabras: En nombre de aquel a quien se ha hecho una gran injusticia (38).

La injusticia a la que se refiere Bakunin es aquella por la cual Lucifer fue transformado de Seor del cielo como era en el temprano cristianismo en Seor del infierno del pensamiento conservador, y por la que se legitima el poder del cristianismo.

Esta problemtica ya aparece en San Pablo:

En realidad son falsos profetas, engaadores disfrazados de apstoles de Cristo. Y esto no es maravilla, pues el mismo Satans se disfraza de ngel de luz. No es mucho, pues, que sus servidores se disfracen de servidores de la salvacin; con todo terminarn como lo merecen (39).

Aqu el ngeI de la luz o Lucifer es Cristo. Pero bajo la imagen de Lucifer puede tambin aparecer Satans, lo que plantea un problema lucifrico de discernimiento: la luz puede ser lo uno o lo otro, la apariencia de Lucifer puede significar Cristo o Satans. Ser hasta muy recientemente que el pensamiento del cristianismo en el poder y el pensamiento conservador tiendan ms bien a identificar luz y diablo y por tanto Lucifer y Satans. Como ya vimos esto suscita una ambigedad precisamente por el hecho de que se tiende a identificar luz y vida. Dada esta identidad es comprensible por qu el pensamiento conservador promueve la identidad de Lucifer y Satans. En efecto en cuanto este pensamiento considera la reivindicacin de la vida frente al sistema institucional como caos, la luz es vista primordialmente como atributo del diablo, quien tiene el fuego eterno. Sin embargo, en cuanto se reivindica esta vida, Lucifer o mejor, el ngel de la luz tiene que ser vinculado segn su sentido original, con Cristo.

La identificacin de Lucifer con Cristo aparece todava ms clara en San Pedro:

Por eso creemos ms firmemente en los mensajes de los profetas. Ustedes hacen bien al considerarlos como una lmpara que brilla en un lugar oscuro, hasta que principie el da; entonces la Estrella de la maana brillar en sus corazones (2. Ped. 1, 19).

Esta es la traduccin usual pero es falsa. El texto no habla de la estrella de la maana sino que habla de fsforos, es decir, de Lucifer. Traducida correctamente la frase debe leerse: Entonces Lucifer brillar en sus corazones. Por el contrario la Vulgata traduce algunas veces estrella de la maana por Lucifer, por ejemplo en Is. 14, 12. Ciertamente en el Nuevo Testamento con frecuencia estrella de la maana se refiere efectivamente a Cristo, y esto de manera especial en el Apocalipsis que al final dice as:

Yo soy el brote y el descendiente de la familia de David, la Estrella brillante de la maana (Ap. 22, 16).

Pero esto no justifica traducir Lucifer, en referencia a Cristo, por estrella de la maana. Dado el uso conservador del nombre Lucifer, esto es una politizacin ilcita del texto. De hecho, sea cual sea la intencin, es una falsificacin.

Todas estas referencias a Cristo como Lucifer, ngel de luz, estrella de la maana, identifican a ste con la luz que llega a lucir. Ahora bien, en esta tradicin luz es igual a la vida plena: En l haba vida, y la vida es la luz de los hombres (Jn. 1, 4).

Pero es a la vida de la parusa a lo que se hace referencia; es al Cristo resucitado que vuelve en esta parusa y cuya vuelta se anticipa en la tierra. Anticipado aqu se manifiesta en la parusa. Sin embargo la parusa es la concrecin de la nueva tierra.

Por qu entonces aparece una determinada tradicin cristiana que identifica a Lucifer con el diablo? Parecera que esto se explica por el cambio en la comprensin de la corporeidad paulina que se opera por la influencia del neoplatonismo y la gnosis, y que hace que del cuerpo como templo de Dios se pase a la consideracin de lo corporal como presencia del mal en el mundo. Una vez considerado el cuerpo como el mal la esperanza ya no puede ser la de una nueva tierra, y tampoco puede haber parusa. El cuerpo ya no es ms templo de Dios sino crcel del alma, como lo era en la tradicin griega desde Platn. Desde este punto de vista una nueva tierra sera una nueva crcel, a la vez que el cielo se transforma en imagen de un lugar para almas liberadas de su cuerpo.

Ahora bien, esta transformacin del concepto del cuerpo implica igualmente la condena del mesianismo vinculado con la nueva tierra. La reivindicacin mesinica de la vida corporal se puede denunciar ahora como diablica, lo que conlleva a la vez una transformacin de lo que se entiende por diablico que toma ahora la imagen de la vida corporal y sus exigencias. Este proceso supone una transformacin muy profunda del cristianismo que lo hace adecuado para servir a una funcin de legitimacin del poder. As por ejemplo, San Agustn considera la exigencia de libertad por el esclavo como resultado de la concupiscencia.

Pues bien esto es lo que explica el abandono de aquella imagen de Cristo ms identificada con el Cristo de la nueva tierra y de la parusa y su sustitucin por aquella otra que ms fcilmente se adapta a esta espiritualizacin del alma y esta diabolizacin del cuerpo. Por otra parte, recin este proceso de sustitucin hace comprensible por qu el anarquista en su reivindicacin de la vida recurre aunque sea en trminos alegricos a la identidad del ngel de luz con Cristo.

Sin embargo, en esta lnea de pensamiento tambin aparece una cierta visin de Dios. Para demostrarlo partiremos de una expresin de Anatolij Lunacharski que si bien no es anarquista sino comunista y ministro de cultura de la Unin Sovitica en los aos veinte tiene muchos nexos con la tradicin anarquista:

Si hay un Dios, l es la vida, y la especie humana es su suprema representante (Traduccin nuestra) (40).

De nuevo vemos cmo a partir de un pensamiento social aparece una imagen de Dios, derivada como proyeccin del marco terico-categorial que ese pensamiento utiliza. Ya habamos visto como Hayek derivaba una imagen de Dios de su marco neoliberal. Podemos recordar:

Nunca supe el significado de la palabra Dios...

Y si usted me quiere definir a Dios como la verdad, en este caso estoy dispuesto a usar la palabra Dios (41).

Los dos son ateos, no obstante, a partir de sus marcos categoriales diferentes derivan imgenes diferentes de Dios, acordes completamente con su marco categorial respectivo. Hayek, el burgus de la competencia perfecta, puede admitir a Dios solamente como la proyeccin de esta competencia perfecta, como el Dios que sabe hasta los precios de esta competencia perfecta y que, por lo tanto, es la verdad. Lunacharski, el socialista con su proyecto de vida plena, no puede imaginar a Dios sino como la vida. En los dos casos Dios aparece como una referencia trascendente de un concepto lmite, trascendental, del marco categorial con el cual interpretan respectivamente la sociedad. Pero en los dos casos Dios es producto de una simple proyeccin, o, para decirlo en trminos de Feuerbach: el hombre cre a Dios segn su imagen.

Luego, estando la imagen que tiene el hombre de s en su marco categorial de interpretacin, de la sociedad humana, la imagen de Dios que deriva se sigue por proyeccin de este mismo marco categorial, completando el concepto lmite positivo por una apelacin trascendente. No hace falta creer en Dios para poder decir cul Dios es el verdadero, pues la referencia a quin es Dios se transforma en un enunciado cientfico, aunque sea indirectamente. Se puede decir: no creo en Dios, pero si lo hay, entonces es tal o cual. Pero desde este punto de vista tampoco hay necesidad de creer en Dios: lo que la sociedad o el terico respectivo exige es interpretar la sociedad en sus conceptos lmites respectivos: que los complete en trminos religiosos o no, es completamente secundario.

Precisamente por esto no pueden expresarse las diferencias entre los diversos marcos categoriales en polaridades tales como atesmo y tesmo. En cada uno de estos marcos categoriales y consiguientes corrientes ideolgicas se produce en su interior tal relacin. En efecto hay tesmos y atesmos conservadores, burgueses, anarquistas, socialistas, de ah que sea imposible distinguir las corrientes ideolgicas segn las categoras atesmo y tesmo. Cada una de estas corrientes tiene su posicin a partir de su marco terico-categorial: si existe Dios, es tal y cual Dios. Por esta razn cualquier terico sea conservador, burgus, anarquista, socialista o marxista, por lo menos alegricamente, establece su imagen respectiva de Dios y del diablo.

5. La accin directa

Sin embargo, la problemtica del pensamiento anarquista se hace patente cuando se analiza la conceptualizacin del trnsito desde la realidad sojuzgada del presente al futuro de libertad. Como este futuro es un futuro de relaciones sociales sin ninguna institucionalizacin y sin autoridad, el anarquista no puede pensar el trnsito al futuro en trminos mediatizados; entre el presente y el futuro hay un abismo sin ningn puente institucional. La polarizacin absoluta entre dominadores y dominados se reproduce en esta polarizacin absoluta entre presente y futuro. De todo esto resulta que no hay ningn concepto de construccin del futuro. El pensamiento anarquista no tiene ningn concepto de praxis. Supone ms bien que hay una gran fuerza espontnea fcilmente movilizable en las personas, fuerza que est encadenada por las instituciones de propiedad y Estado, de capital y autoridad. El acto de destruccin de estas cadenas del capital y del Estado liberar esta espontaneidad y har florecer la nueva sociedad de libertad. Desencadenadas las personas, ellas se levantarn y desarrollarn la espontaneidad que las har encontrar, por relaciones directas entre ellas, un orden para sus espontaneidades.

De este planteamiento se sigue que no hay que hacer concesiones en la lucha revolucionaria, por cuanto las cadenas tienen que ser rotas.

Surge entonces el lema de la accin directa que destruye para que lo nuevo pueda nacer.

Compaeros: despertad, despertad, hermanos desheredados. Vayamos a la revolucin, enfrentmonos al despotismo; pero tengamos presente la idea de que hay que tomar la tierra en el presente movimiento, y que el triunfo de este movimiento debe ser la emancipacin econmica del proletariado, no por la aprobacin de ningn congreso, sino por la accin directa del proletariado (Subrayado nuestro) (42).

Todo esto hay que hacerlo por la fuerza, a sangre y fuego, y no con base a decretos de gobernantes o a la aprobacin de congresos. Resulta de la idea de que no debe subsistir ningn puente institucional para que se destruyan efectivamente las cadenas y se pueda despertar la espontaneidad libre dentro del nuevo orden, orden que no se institucionaliza sino que nace con esta libertad espontneamente. Ya que forzosamente ha de correr sangre, que las conquistas que se obtengan beneficien a todos y no a determinada casta social (43).

La accin directa es, pues, acto de destruccin, per una destruccin que da paso a lo nuevo. Bakunin hasta la describe como pasin creadora: La pasin de la destruccin es una pasin creadora (44).

Sin embargo, la esperanza del nacimiento de un nuevo orden no se cumple jams. Hay revoluciones anarquistas como en Mxico y parcialmente, en Espaa (1936) pero no hay sociedades anarquistas. Una revolucin anarquista puede ganar como acto victorioso, pero no puede construir una sociedad porque, precisamente, su creencia en la espontaneidad le impide entrar en un proceso de construccin de una sociedad. Si bien toda creacin lleva consigo alguna destruccin no por eso vale lo inverso, esto es, una destruccin no lleva de por s a una construccin. Y cuanto ms de destruye, ms difcil es la construccin.

Esta visin de la accin directa llega al anarquista a una cierta cercana con los movimientos mesinicos milenaristas de finales de la Edad Media europea, cercana que los mismos anarquistas perciben. Aquellos milenaristas forman movimientos de rebelin con un parecido sentido anti-institucional, que se dirije concretamente en contra de la propiedad privada. Pero, al igual que los anarquistas, ellos tampoco logran desarrollar ningn sentido de praxis; aunque triunfen, una vez en el poder no construyen una nueva sociedad sino que esperan que la venida de Cristo lleve a buen fin sus anhelos. Esperan que venga el Verbo sobre un caballo blanco para asumir el reino de Sin que ellos, por su rebelin, han preparado. Si bien los anarquistas no esperan ninguna venida de Cristo, su esperanza en el surgimiento espontneo de la libertad como resultado de la destruccin de la institucionalidad pareciera ser ms bien una secularizacin de la actitud mesinica que no llega todava a una toma de responsabilidad por la construccin de la sociedad posterior a la rebelin. Por consiguiente, el anarquismo desarrolla una grandiosa imagen de libertad, pero no tiene una manera eficaz de responder al movimiento conservador que se le enfrenta.

6. La polaridad maniquea:

secuecia antiutpica y la reaccin anarquista

 

Frente al movimiento popular de reclamo de justicia, el movimiento conservador afirma las estructuras centrales de la sociedad, lo que Berger llamaba nomos y Hayek las reglas generales de conducta. Estas estructuras no tienen ni buscan capacidad de asumir tales reclamos, de ah que el conservador, en su enfrentamiento con los movimientos populares, llame a la accin represiva en contra de stos. Si el enfrentamiento se agudiza, tal accin conservadora no tiene otra perspectiva que la aplicacin de la fuerza, desembocando al final en el terror. El conservador efectivamente cambia la sociedad en tales procesos de enfrentamiento, pero la cambia derivando siempre hacia una mayor represin. Su perspectiva de aceleramiento es entonces la perspectiva fascista o el Estado policial de cualquier forma. Cuanto ms fijamente interpreta el principio central de su sociedad, ms maniquea es su posicin y ms fuerte esta lgica hasta la aplicacin de medidas violentas y de fuerza.

La secuencia anti-utpica bajo la cual el conservador interpreta a los movimientos populares de protesta social, no es ms que una creacin fantasmagrica una proyeccin a la sombra de la cual l prepara su propia aceleracin de su lucha de clases desde arriba y los pasos consiguientes al terror conservador y a la transformacin de su sociedad, cada vez ms cerradamente interpreta como fortaleza. Dice Popper: Las instituciones son como fortalezas. Tienen que estar bien construidas y adems propiamente guarnecidas de gente (45).

En la visin del conservador, la institucin-fortaleza pasa legtimamente a grados siempre mayores de agresividad para mantener a un nomos de sociedad que se encuentra cuestionado por movimientos populares y su reclamo de justicia. El conservador y en el sentido aqu usado el neoliberal no es ms que una especificidad del conservadurismo llega por supuesto, a la celebracin del poder estatal absoluto. Hayek por ejemplo dice:

Cuando un gobierno esta en quiebra, y no hay reglas conocidas, es necesario crear las reglas para decir lo que se puede hacer y lo que no se puede hacer. Y en estas circunstancias es prcticamente inevitable que alguien tenga poderes absolutos. Poderes absolutos que deberan usar justamente, para evitar y limitar todo poder absoluto en el futuro (Subrayado nuestro) (46).

La secuencia conservadora inversamente correspondiente a la secuencia anti-utpica que Hayek proyecta en los movimientos populares, es ahora su propia polarizacin del poder. Tiene tres etapas que son:

1) Un sistema social fijo, invariable en el tiempo (nomos de Berger, reglas generales de conducta de Hayek, por ejemplo);

2) Cuestionamiento popular del sistema;

3) Aceleracin de la agresividad antipopular hasta la reivindicacin del poder absoluto.

El hecho de que el liberal reclame este poder absoluto como medio para que nunca ms haya poder absoluto, es solamente una manera de legitimar este poder en trminos irrestrictos. En efecto, el que nunca ms haya poder absoluto da precisamente a este poder absoluto, que es el medio para tal fin, esta legitimidad irrestricta. El poder del conservador se sacraliza aunque en trminos secularizados absolutamente. Es valor absoluto, ahora, porque la sociedad que l defiende es un absoluto histrico. Que no haya ms poder absoluto en el futuro es un valor incuestionable, pues, asumiendo el poder absoluto reclamado por el conservador o el neoliberal, se le confiere al poder este valor incuestionable de que ya no habr poder absoluto. Por otra parte, absolutizando el valor incuestionable de que no haya ms poder absoluto en el futuro, el poder absoluto se establece. En trminos humanistas se evitara el poder absoluto evitndolo hoy lo ms posible. Por el contario, en trminos de esta dialctica maldita, se evita el poder absoluto legitimndolo hoy en nombre de su desaparicin futura.

Esta dialctica maldita es una secularizacin de algo que el Sacro Imperio de la Edad Media estableci en trminos cristianos. All el valor absoluto era la salvacin de las almas para toda la eternidad, en paz y descansando en Dios. El Estado se erigi apoyado en la Iglesia en el cuidador de esta paz absoluta. Para que la mayor cantidad posible de almas entraran en esta paz absoluta, el Estado tena qut hacer la guerra ms absoluta en contra de aquellos que amenazaban esta paz futura de todos. La Inquisicin y las Cruzadas fueron los resultados. Ahora el pensamiento conservador, y tambin el liberal, recuperan este esquema formal racionalizndolo en trminos secularizados. As como Hayek legitima el poder absoluto para que nunca ms en el futuro haya poder absoluto, otros han legitimado la guerra en nombre de un tiempo futuro, producto de esta guerra, en el cual nunca ms habr guerra. De nuevo es una forma de legitimacin irrestricta de la guerra. Las dos guerras mundiales de este siglo han sido, ideolgicamente hablando, ltimas guerras para que nunca ms haya guerra.

A travs de esta dialctica maldita los conceptos trascendentales son transformados en valores absolutos, en nombre de los cuales todo es legtimo. Incluye la dialctica del cuanto peor, mejor. Hecho este anlisis de la dialctica maldita, podemos complementar la secuencia liberal-conservadora incluyendo en ella ahora la propia secuencia anti-utpica:

1) La fijacin de un sistema social determinado, en este caso del capitalismo liberal, que es invariable en el tiempo y se concentra en las reglas generales de conducta del mercado como las formula Hayek. Estas son el camino de aproximacin a una imagen de perfeccin, elaborada en trminos funcionales por el modelo de equilibrio (competencia perfecta). Ellas son la nica manera de aproximacin disponible.

2) El cuestionamiento de este sistema social determinado por la protesta social popular. Est es visto en la lnea de la secuencia anti-utpica: a) la utopa es la anulacin del mercado; b) la anulacin del mercado es imposible; c) se intenta lo imposible y resulta el camino al caos (o la servidumbre). A la aproximacin a la competencia perfecta se contrapone, por lo tanto, la aproximacin al caos, es decir, a la muerte.

3) Se deriva la valoracin absoluta de la afirmacin del sistema determinado por las reglas generales de conducta del mercado como aproximacin al equilibrio de perfeccin. Vida y muerte se enfrentan: las reglas generales son la vida; la protesta social, la muerte. Para defenderse de la muerte todo es lcito, no hay limitaciones para la accin. Se reivindica el poder absoluto legtimo, bajo la condicin que sea el poder que afirme para siempre las reglas generales de conducta. En cuanto las afirma, es el poder absoluto quien asegura que en el futuro ya no haya ms poder absoluto. Y si hace falta la guerra, ser la guerra absoluta la que asegura que ya no baya ms guerra en el futuro. De esta manera, el modelo de competencia se transforma en valor absoluto de toda la vida social. Aparece as el totalitarismo del mercado total, con su perspectiva de su propia guerra total en cuanto guerra antisubversiva sea nacional o nueva guerra mundial. Es el paso al fascismo de hoy, o, ms bien, la forma democrtico-liberal de asumir el fascismo.

Esta secuencia conservadora crea a la par del concepto lmite un valor supremo que es la expresin valrica de ste. Siendo el concepto lmite el concepto trascendental, podemos decir tambin que este valor supremo es el valor trascendental de la sociedad especfica legitimada, y que es derivado del concepto trascendental positivo de esta sociedad. Por otro lado, a partir de la secuencia anti-utpica aparece el concepto lmite negativo y un mal trascendental que, como mal supremo, es el derivado del concepto trascendental negativo. Orden y desorden se contraponen y engloban la realidad precaria, que es el punto de partida emprico de la construccin terico-categorial. A esto se puede aadir ahora fcilmente un nivel religioso de argumentacin, en el cual se deriva Dios y diablo del concepto lmite trascendental para llegar a expresiones trascendentes de tipo mtico-religioso. As pues, orden y desorden se transforman en cielo e infierno o sus correspondientes.

La secuencia neoliberal tiene sus conceptos lmites respectivos en el equilibrio de competencia perfecta por el lado del orden y en el camino al caos por la orientacin en la justicia social por el lado del desorden. Esta secuencia neoliberal es ntidamente conservadora aunque sea de un conservadurismo especfico. Hoy se suele hablar de neoconservadurismo, sin embargo, en forma anloga esta secuencia ya existe desde el temprano liberalismo. Solamente la segunda etapa de sta es diferente, por el hecho de que el liberalismo no se enfrentaba a movimientos de protesta por la justicia social, sino a la sociedad feudal dentro de la cual la nueva sociedad burguesa surge y se impone a todo el mundo circundante, al cual esta sociedad burguesa colonializa.

El primer terico que la desarrolla en su forma original es Locke, quien tambin deriva de esta secuencia el poder absoluto. Es el poder del Estado burgus, en contra del cual cualquier resistencia es ilegtima en principio. Si el Estado burgus gana esta guerra en contra de los otros, esta guerra siempre es justa. Los otros, en cambio, siempre pierden una guerra injusta. Locke por tanto declara que el Estado burgus y los burgueses transforman legtimamente al perdedor en esclavo de por vida. Es un poder absoluto para que no haya ms poderes absolutos, porque esta esclavitud no desaparece sino hasta el da del triunfo total de la burguesa.

En forma algo cambiada vuelve a aparecer la secuencia liberal en la revolucin francesa. El primer paso sigue siendo la afirmacin de la sociedad burguesa; el segundo, es lo que ahora afirma Saint Just en trminos de la sociedad abierta y sus enemigos cuando exclama: Ninguna libertad para los enemigos de la libertad; y el tercer paso, es la sociedad burguesa como poder absoluto con la guillotina en la mano. Cuando cae Babeuf bajo la guillotina, es la primera vez que la sociedad abierta se defiende en contra de los iguales, y no solamente en contra de los aristcratas y habitantes de las colonias.

Esta orientacin en contra de los iguales se transforma, durante el siglo XIX, cada vez ms en el ncleo de la secuencia liberal, hasta llegarse a la secuencia conservadora hoy vigente que, por ser conservadora neoliberal, merece ms bien el nombre de secuencia neoconservadora. Sigue siendo jacobina, pero de un jacobinismo unilateralmente orientado en contra de los defensores de la justicia social, contra los cuales se dirige ahora el lema popperiano copiado de Saint Just: Ninguna libertad para los enemigos de la libertad. Estos enemigos de la libertad son ahora descritos en trminos de la secuencia anti-utpica como enemigos de la sociedad abierta, sociedad abierta que, nuevamente, es la sociedad burguesa. El poder absoluto es ahora aquel que vimos ya planteado en los trminos de Hayek.

El anarquismo nace frente a tal sistema liberal-conservador. Es este un sistema de polarizacin absoluta, y por lo tanto maniqueo, que no conoce sino su principio central de organizacin de la sociedad libertad de contratos y propiedad privada o la ilegitimidad ms absoluta del caos, por el lado de sus opositores. En esta sociedad nace el anarquismo y desarrolla su nueva y fascinante imagen de libertad. Sin embargo, con su rechazo de una mediatizacin institucional del trnsito hacia una sociedad y con su insistencia en la accin directa, solamente consigue invertir la polarizacin y el maniqueismo de la sociedad burguesa en contra de la cual surge. De este modo, aparece la violencia anarquista contrapuesta a la violencia del sistema existente contra el cual el anarquista se rebela.

No obstante, las dos posiciones no son sostenibles. En el grado en que el sistema capitalista se cierra y se transforma en una fortaleza que sustituye su incapacidad de satisfacer las necesidades bsicas de sus poblaciones por la represin policial, pierde su legitimidad aunque tenga fuerza militar y policial. Por otro lado, en el grado en que se espera de la accin directa el trnsito a una nueva libertad, se refuerza esta reaccin. policial y represiva del sistema. Sin duda, cualquier rebelin anarquista aunque gane ya tiene en s los grmenes de derrota pero lo mismo vale para el sistema capitalista transformado en fortaleza. Este lleva en s el germen de una profunda violencia siempre expuesta, finalmente, a la tentacin. de una violencia fascista del Viva la muerte!. Es la accin directa de las clases dominantes para recuperar de las cenizas y quizs de la guerra atmica la sociedad pasada.

La contrapropuesta del anarquismo es la reivindicacin de la libertad. Esta libertad anarquista es un liberarse de la propiedad y del Estado, y no precisamente de una propiedad libre o de un Estado libre; es libertad en el sentido de espontaneidad, mientras que la propiedad y el Estado son considerados como represiones de esa espontaneidad.

7. La anarqua como concepto trascendental

La libertad anarquista, en ltima instancia, no es solamente contraria a la propiedad privada: es igualmente contraria a la propiedad socialista. Efectivamente, ella no slo niega al Estado burgus; niega tambin al Estado socialista. Cuando habla de propiedad comn, no habla de propiedad socialista en el sentido de las sociedades socialistas constituidas. La propiedad comn anarquista implica la flexibilidad total de las relaciones con los objetos; es, en efecto, propiedad de todos, del acceso de todos. Lo que el anarquista niega en la propiedad privada no es slo su carcter privado sino, en general, su carcter privativo. Y si bien la propiedad socialista no es propiedad privada, sigue siendo propiedad privativa. Ciertamente, el acceso a esta propiedad y su disfrute est regulado por reglas de forma mercantil, de manera que quien accede a tal propiedad sin el permiso correspondiente es tildado de ladrn. El anarquista se rebela contra esta represin de la espontaneidad del acceso a los bienes.

La libertad anarquista es una imaginacin, pero no por eso es arbitraria. Es una imaginacin de perfeccin, no a partir de alguna institucionalidad, sino a partir de la vida concreta del hombre que a travs de su trabajo satisface sus necesidades. La manera de efectuar este trabajo, de sentir las necesidades y de llegar a satisfacerlas es reflexionado por el anarquista en trminos de un progreso infinito. Piensa este proceso de intercambio con la naturaleza con cada vez menos dificultades hasta llegar por el progreso infinito de abstraccin, a la espontaneidad perfecta. Que todo sea libertad y que las necesidades mismas sean satisfechas en forma de libre espontaneidad; eso es su imaginacin definitiva de libertad. Desde luego, frente a un proceso infinito de este tipo toda institucionalidad sean relaciones mercantiles, leyes, Estado planificacin o propiedad privativa de cualquier tipo aparece como limitacin y represin de esta libre espontaneidad. Por lo tanto en el progreso infinito a partir del intercambio del hombre con la naturaleza toda institucionalidad desaparece, y la libertad espontnea surge como vida plena sin tales represiones.

Sin embargo en la imaginacin anarquista esta libertad plena no es, como lo vera Hobbes una guerra de todos contra todos. Liberarse de esta manera es crear un orden que no necesita ninguna institucionalidad; es el orden espontneo del pensamiento anarquista. La realidad es imaginada de una manera tal que cada uno, siguiendo su libre espontaneidad, realiza espontneamente un orden complementarios con las acciones de todos los otros. Es la realizacin de lo que Kant llamaba irnicamente la bella harmona: Qu harmona ms bella, lo que l quiere, tambin lo quiera ella. Las cosas ya no chocan duramente en el espacio. La libertad anarquista es la libertad de cada uno de elegir el camino que quiere. Haciendo eso espontneamente, y no guiado por leyes del mercado ni leyes o planes del Estado, todos pueden hacer todo espontneamente y en comn. Se come lo que gusta, se hace el trabajo que satisface y se trabaja el tiempo que uno le parece. Se duerme cuando uno est cansado y se dice en el diario libremente la opinin que le merecen las cosas. Nadie prohbe nada a nadie pero tampoco a nadie la falta nada. Se vive donde a uno le gusta ms vivir, y all tambin se encuentra el trabajo que gusta y se pueden satisfacer las necesidades segn el parecer de cada uno. Se pasea cuando a uno le parece y todos los bosques estn a su disposicin. Trabajando segn el gusto de cada uno, el orden espontneo permite que correspondientemente, se alcancen los bienes segn el gusto y en la cantidad suficiente para cada uno. Eso es el sueo anarquista que es efectivamente, el sueo mximo de la libertad humana. No es imaginacin arbitraria, ni ningn pas de las maravillas sacado de la manga de una camisa. Es la realidad concreta del hombre concreto llevada, por un progreso infinito absolutamente riguroso hacia su plenitud.

Es la sociedad del vivir en contra de la sociedad del tener. En la sociedad del tener las cosas no estn a disposicin de cada uno. Hay quienes las tienen, y ellos son autoridades que dan permiso o no. Pero como los hombres tienen necesidades, forzosamente tienen que acceder a las cosas; sin embargo, el que las tiene puede condicionar ese acceso. Ahora no es el gusto lo que lleva a hacer la vida, sino la necesidad, y ella impone el violar constantemente aquella espontaneidad originaria. Dadas las necesidades, se tiene que trabajar donde se puede para poder enfrentarlas. Pero este donde se puede no coincide sino por casualidad con el donde se gusta. No se puede comer lo que a uno le gusta sino que hay que someter el gusto a lo que se alcanza. Y si uno quiere decir una opinin en el diario, tiene que decir no aquella que le guste sino aquella que sea aceptada. Tampoco se puede vivir donde a uno le guste sino que hay que ajustarse al lugar donde lo dejen. Quizs a uno no lo dejen salir de algn lugar; quizs no lo dejen entrar en otro, pero, en todo caso, la gua no es el gusto espontneo.

Perdida la espontaneidad uno se ajusta a lo que puede. Y quien no puede lo que quiere, puede querer lo que puede. Por encima de la espontaneidad violada, aparecen las preferencias del consumidor. As pues, la sociedad del tener impide la libre espontaneidad de la imaginada sociedad del vivir anarquista. La institucionalidad viola e invierte toda la vida espontnea.

El pensamiento anarquista desarrolla esta imagen de libertad. Por su grandeza ha marcado todos los pensamientos posteriores, y quizs no se pueda pensar una libertad ms plena del hombre que la libertad anarquista. Los conceptos lmites de la institucionalidad perfecta son opacos al lado de la libertad anarquista. Sin embargo, la libertad anarquista no es un concepto emprico que est al alcance de la praxis humana. Es una libertad trascendental, no emprica, aunque los pensadores anarquistas la imaginan como una meta de la accin, como una meta emprica. Por eso no la presentan con toda la radicalidad con que la hemos expuesto. En efecto, si bien se destaca bsicamente esta imagen trabajo comn de coordinacin espontnea abolicin de las relaciones mercantiles, de todas las leyes inclusive la ley del valor, del Estado, etc. su exposicin tiene que prever excepciones que se deben al hecho de que se piensa la anarqua como meta emprica. As por ejemplo, cuando Flores desarrolla su idea del trabajo como trabajo comn, intercala la siguiente excepcin:

Cada quien, naturalmente si as lo desea puede reservarse un pedazo para utilizarlo en la produccin segn sus gustos e inclinaciones, hacer en l su casa, tener un jardn; pero el resto debe ser unido a todo lo dems si se quiere trabajar menos y producir ms (47).

Aqu los gustos e inclinaciones aparecen como opuestos al trabajo comn y sin coordinacin con los otros. Otra excepcin aparece cuando el mismo autor afirma que los crmenes en contra de las personas desapareceran en cuanto se asegure la libertad econmica:

No no hay que temer una vida sin gobierno; anhelmosla con toda la fuerza de nuestro corazn. Habr naturalmente, algunos individuos dotados de instintos antisociales; pero la ciencia se encargar de atenderlos, como enfermos que son, pues estas pobres personas son vctimas de atavismos, de enfermedades heredadas, de inclinaciones nacidas al calor de la injusticia y la brutalidad del medio (48).

Se trata de concesiones al pretendido carcter emprico de la meta de la anarqua. No obstante, en sus afirmaciones bsicas ya mencionadas la imaginacin anarquista de hecho no es emprica, sino trascendental.

Tericamente, este pensamiento anarquista nunca aparece en trminos muy elaborados. Es un pensamiento sumamente popular que se propaga ms por discursos y movilizaciones populares, que por la elaboracin de grandes teoras. Tambin los libros anarquistas estn escritos con el nimo de despertar efervescencia, de contagiar entusiasmo. Son libros calientes que tratan de arrastrar a la humanidad entera hacia su nuevo destino.

Por el contrario, los conceptos lmites de institucionalidad perfecta de la actualidad, son secos, sumamente formalizados y contienen siempre alguna reflexin sobre los supuestos bsicos bajo los cuales tal concepto lmite sera realizable. El concepto lmite ms discutido en cuanto a sus supuestos de consistencia y de factibilidad ha sido, sin duda, el modelo de competencia perfecta, pero el modelo de planificacin perfecta est en un desarrollo terico anlogo. A travs de estos supuestos siempre aparecen, de una u otra manera, aquellos de conocimiento perfecto y velocidad infinita de reaccin de los factores.

Un modelo terico de la anarqua, en cambio, no existe, y probablemente, nunca existir. Tales modelos se elaboran para adoptar posturas frente a la conduccin de la economa y, en el caso del modelo de planificacin, para elaborar tcnicas de planificacin econmica. Un pensamiento anti-institucional no puede tener tales tcnicas y, por lo tanto, no puede elaborar conceptos correspondientes. Pero no puede caber duda de que, si se preguntara por los supuestos de realizacin de la anarqua, la respuesta consistira precisamente en la referencia a estos supuestos bsicos de cualquier modelo de institucionalidad perfecta: conocimiento perfecto y velocidad infinita de reaccin de los factores, y quizs no seran suficientes.

Sin embargo, hay una diferencia de fondo. Los conceptos lmites de institucionalidad perfecta llevan siempre a la contradiccin ya indicada de que, al pensar la institucionalidad en su perfeccin, se la piensa en trminos de ausencia. Una competencia perfecta es la ausencia de la funcin real de la competencia; una legitimacin perfecta es la ausencia de la funcin social de legitimacin; un acatamiento perfecto de las leyes implica la ausencia del sistema legal real. En el caso de la anarqua no resulta nada parecido. Pensar el intercambio del hombre con la naturaleza en trminos de perfeccin y libertad total, no se abstrae, ni explcita ni implcitamente, de su realidad. Una realidad imperfecta es ahora perfecta, pero no aparece aquella contradiccin implcita que encontramos en todos los casos de una conceptualizacin de la institucionalidad en trminos perfectos. En todo caso a pesar de que la anarqua es un concepto trascendental, la imaginacin anarquista ha influido profundamente en el desarrollo posterior del pensamiento social. Esta influencia la ha ejercido a travs de la crtica y la transformacin de las cuales se hizo objeto el pensamiento anarquista. En todos los casos, esta crtica y consiguiente transformacin han arrancado del problema de la accin directa y la falta de mediatizaciones institucionales en la concepcin del trnsito de la reealidad sojuzgada presente hacia la libertad en el futuro. Fue Marx el que por primera vez efectu esta crtica, iniciando as la posibilidad de construir la sociedad futura que los anarquistas esperaban como resultado de la libre espontaneidad surgida de la destruccin de la sociedad anterior.

NOTAS

1 Flores Magn, Ricardo, Antologa. UNAM, Mxico, pg. 6.

2 Ibid., pg. 52.

3 Idem.

4 Ibid., pg. 53.

5 Ibid., pg. 84.

6 Ibid., pg. 85.

7 Idem., pg. 53.

8 Ibid., pg. 35.

9 Ibid., pgs. 35-36.

10 Ibid., pg. 36.

11 Ibid., pg. 35.

12 Idem.

13 Ibid., pg. 55.

14 Ibid., pg. 51.

15 Ibid., pg. 53.

16 Ibid., pg. 55.

17 Ibid., pgs. 6-7.

18 Ibid., pg. 85.

19 Ibid., pg. 32.

20 Ibid., pgs. 32-33.

21 Ibid., pg. 37.

22 Ibid., pg. 38.

23 Ibid., pg. 49.

24 Ibid., pg. 50.

25 Ibid., pgs. 33-34.

26 Ibid., pgs. 53-54.

27 Ibid., pg. 50.

28 Ibid., pg. 54.

29 Ibid., pg. 31.

30 Ibid., pg. 85.

31 Ibid., pg. 9.

32 Ibid., pgs. 84-85.

33 Ibid., pg. 87.

34 Popper K., Das Elend des Historizismus, op. cit., pg. VIII.

35 Flores Magn, R., op. cit., pg. 9.

36 Ibid., pg. 8.

37 Idem.

38 Bakunin, segn Albert Cammus, El hombre rebelde. Buenos Aires, Losada, 1975, pg. 148.

39 (2. Cor 11. 13-15).

40 Lunacharski Anatotij, Religione e Svcialismo. Ed. Guaraldi, Firenze, 1973, pg. 87.

41 Hayek, F. A., entrevista en El Mercurio. 12-4-81, Santiago , Chile.

42 Flores, M. R., op. cit., pg. 32.

43 Ibid., pg. 7.

44 Bakunin, segn Albert Camus, op. cit.

45 Popper, Karl, La miseria del historicismo. Madrid, Alianza Editorial, 1973, especialmente pgs. 78-79, 103-104, etc.

46 Hayek, El Mercurio, 12-4-81, Santiago, Chile.

47 Flores, M. R., op. cit., pg. 33.

48 Ibid., pg. 54.

Captulo IV

 

El marco categorial del pensamiento sovitico

 

 

1. El Estado socialista en la transicin

La libertad anarquista como idea de la libertad ha tenido un impacto tan grande sobre los pensamientos sociales actuales, que ha dejado su huella en cada uno de ellos. Por un lado vemos esta huella en los pensamientos fascistas y neoliberales. Especialmente el fascismo italiano tiene la influencia de la celebracin de la accin directa en la mstica de la huelga general, que elabora Georges Sorel. En el pensamiento neoliberal, el pensamiento anarquista influye en el grado en que ste durante los aos setenta formula un capitalismo radical en trminos de un capitalismo sin Estado, al cual los autores correspondientes en especial David Friedman y Robert Nozick dan el nombre de anarqua.

 

No se trata de una corriente aparte de la corriente neoliberal, sino ms bien de su radicalizacin. As, el mismo Hayek escribe la presentacin de la publicacin ms importante de Nozick. Si bien en el caso del pensamiento neoliberal, los conceptos del pensamiento anarquista son radialmente cambiados, los autores neoliberales sostienen una continuidad de sus pensamientos con el pensamiento anarquista clsico del siglo XIX.

Influencias igualmente importantes y mucho ms fieles a los clsicos del anarquismo tuvieron los movimientos estudiantiles de los aos sesenta, que culminaron en el mayo de Pars de 1968. Sin embargo, la lnea ms importante en la que el pensamiento anarquista fue continuado, es la lnea del pensamiento marxista. Marx es profundamente afectado por los pensamientos anarquistas, especialmente de la tradicin francesa Proudhon y Luis Blanc, pero tambin por Bakunin. Cuando Marx se refiere al comunismo o a la asociacin de productores libres, lo hace en los mismos trminos que la referencia de los anarquistas a la libertad, o anarqua. Esta identidad la encontramos todava afirmada por Lenin cuando en El Estado y la Revolucin insiste en la identidad de la meta de libertad por parte de los comunistas y los anarquistas.

Pero a pesar de esta identidad, hay una diferencia profunda y notable. Ella arranca del hecho de que el pensamiento anarquista no percibe ninguna necesidad de una mediatizacin institucional entre la accin revolucionaria presente y la libertad de una nueva sociedad por construir en el futuro. El anlisis marxista, en cambio, se centra en esta problemtica de la mediatizacin. Por consiguiente, ste tiene que ser un pensamiento ms bien terico, a diferencia del pensamiento anarquista, que es mucho ms intuitivo en relacin al efecto inmediato de la movilizacin popular para alcanzar la revolucin.

El pensamiento marxista elabora las categoras tericas de un pensamiento de revolucin social y penetra, por tanto, especialmente, en la mediatizacin institucional entre la accin revolucionaria presente y la construccin de una sociedad futura. Marx piensa esta mediatizacin a partir del poder poltico, es decir, del Estado. Segn l, no es la espontaneidad directa del proletariado lo que lleva al orden espontneo de la libertad, sino que hace falta una accin consciente y dirigida para la construccin de la nueva sociedad que slo el poder poltico puede lograr. Con esto cambia tanto la teora de la revolucin como del trnsito hacia la nueva sociedad.

En la visin marxista, la revolucin ya no es simplemente la destruccin del Estado como tal, sino la conquista del poder poltico por el proletariado, que mantiene el poder estatal-institucional. Entre la sociedad capitalista y la sociedad socialista se mantiene, por tanto, un puente institucional que es, precisamente, el Estado, pasando ste durante la revolucin de la burguesa al proletariado. De la revolucin surge, segn Marx, un nuevo Estado, y la revolucin no es el acto de destruccin del Estado, como si lo es para el pensamiento anarquista.

Sin embargo, para Marx, la toma del poder poltico por el proletariado ya no es tampoco el trnsito hacia la nueva sociedad. Aparece una teora del trnsito que sustituye la esperanza anarquista en la espontaneidad, como nico motor del trnsito. Segn Marx, el trnsito lo efecta el proletariado con su actuacin desde el poder poltico, el cual logra cuando toma el Estado en su poder. Slo el Estado del proletariado puede efectuar el cambio del sistema econmico que el anarquista esperaba de la espontaneidad. Este cambio se refiere tanto al sistema de propiedad como a toda la organizacin del trabajo. El Estado proletario tiene que organizar la divisin social de trabajo en trminos nuevos. Por trminos nuevos se entiende una organizacin tal del trabajo, que todos lo efecten en comn y distribuyan los frutos de ste segn sus necesidades. Eso implica para Marx la abolicin de la propiedad privada y de todo el sistema mercantil de intercambio de los productos y, por tanto, la abolicin del propio dinero. As, la accin poltica a partir del Estado proletario realiza aquella libertad econmica, de la cual nos habla el anarquista Flores Magn.

Segn el pensamiento de Marx, esta libertad econmica asegurada posibilita posteriormente la propia abolicin del Estado. Transformando la divisin social del trabajo en el sentido de aquella libertad econmica, el Estado efecta su ltimo acto y, por tanto, pierde su razn de ser. Se lo disuelve por obsolescencia, el Estado desaparece. Aparece el comunismo, que resulta ser la realidad de lo que los anarquistas soaron como anarqua.

Este pensamiento de Marx llev al choque frontal con los anarquistas, quienes lo interpretaron como un nuevo estatismo. Se trata de una disputa especialmente con Bakunin, lo que llev al quiebre de la Primera Internacional. Bakunin sostena que una vez que el Estado ha logrado el poder para transformar toda la estructura econmica, ste no desaparecer, sino que se fortalecer. Surgir, por tanto, otra sociedad organizada en trminos de dominadores y dominados, y jams el comunismo o la anarqua.

Sin embargo, el pensamiento marxista se impuso en los movimientos socialistas revolucionarios. La razn es bien comprensible. El pensamiento marxista es el nico que realmente puede guiar una revolucin exitosa. Renunciar en la lnea anarquista a la conquista del poder poltico, es renunciar a la victoria de la revolucin. Cuanto mayor experiencia de organizacin adquira el movimiento obrero, ms se convenci ste de que la espontaneidad anarquista era un bello mito, pero siempre un mito. Poda socavar la sociedad capitalista, pero no poda superarla.

Pero la crtica de Bakunin tampoco result simplemente falsa. Efectivamente, el Estado de la sociedad socialista que surgi con las primeras revoluciones exitosas, no tenda a desaparecer, sino que afirm su poder. Pero no por las razones que Bakunin haba expuesto. No se afirm por traicin de los dirigentes una vez alcanzado el poder, sino por razones totalmente intrnsecas al ejercicio del poder mismo. No siendo factible la anarqua ms all de las buenas o malas intenciones de los dirigentes, el Estado como poder poltico tena que afirmarse.

Por tanto, en cuanto aparece la primera sociedad socialista, el Estado socialista se constituye a largo plazo, a pesar de que efectivamente se cambia desde el Estado total a organizacin econmica de la divisin social del trabajo y con ella todo el sistema de propiedad. Esta transformacin en el sistema de propiedad se da por la sustitucin de la propiedad privada por la propiedad socialista y con la instalacin de un sistema de planificacin central que asegura una decisin planificada de las orientaciones principales de la economa, el cual aparece en la Unin Sovitica a partir de los aos 1928-1929.

Sin embargo, este sistema de planificacin es bien distinto del que Marx haba imaginado. Marx lo haba pensado como una organizacin de productores libres, que se coordinarn a travs de la planificacin y que, debido a esa planificacin, podran renunciar al uso de relaciones mercantiles, compartiendo en comn tanto el trabajo como el consumo.

Por el contrario, la planificacin socialista surge de una manera completamente diferente. A pesar de que desarrolla un sistema de planificacin general mucho ms detallado y mucho ms burocratizado de lo que Marx haba previsto, no se mostr, de ninguna manera, capaz de abolir las relaciones mercantiles ni el uso del dinero. El desarrollo de la planificacin socialista llev, por el contrario, a un desarrollo siempre mayor de las propias relaciones mercantiles. Eso no solamente ocurri en la Unin Sovitica, sino que se repiti posteriormente en todas las nuevas sociedades socialistas. Todas ellas tienen hoy un desarrollo mercantil muy superior al que tenan en el momento de su revolucin socialista, a pesar de que hayan surgido grandes sistemas de planificacin econmica. Obviamente algo no funciona en el anlisis que hizo Marx de las relaciones mercantiles y de las razones del uso del dinero.

2. La teora de la planificacin econmica perfecta y la crtica neoliberal

El hecho de que una economa moderna no pueda ser organizada sin recurrir a relaciones mercantiles, est en el centro de la crtica neoliberal del socialismo. Por eso nos parece conveniente abarcar la problemtica a partir de esta crtica neoliberal, que desemboca, a partir de la imposibilidad de una economa sin relaciones mercantiles, en su anlisis de la secuencia anti-utpica referente al socialismo.

Podemos ver ahora el anlisis que hace la teora neoliberal de la planificacin econmica. Se acerca tericamente a la problemtica de la planificacin mediante el concepto de la economa centralmente planificada, que contrapone a la economa del mercado, o, en trminos de Eucken, de la economa decentralmente planificada. Este concepto de una economa centralmente planificada es entendido como una economa planificada sin usar relaciones mercantiles o indicadores del mercado, por el hecho de que el concepto de tal economa planificada es la sustitucin del mercado. Cuando se contrapone, por tanto, la economa centralmente planificada a la economa de mercado, se contraponen plan y mercado o plan y relaciones mercantiles. Los dos polos son tratados en trminos excluyentes: o plan, o mercado. Eso corresponde a la forma primaria con la cual el propio pensamiento socialista del siglo XIX planteaba la alternativa al capitalismo. Este pensamiento es bsicamente anti-mercantil y plantea la sociedad socialista efectivamente como una sociedad sin relaciones mercantiles.

La tesis neoclsica, como la defiende Hayek, argumenta ahora que tal planificacin presupone un grado de conocimiento de parte del planificador en litma instancia presupone un conocimiento perfecto que este planificador jams puede lograr. Pero no tenindolo, el planificador no posee una orientacin racional de sus actuaciones, con el resultado de que esta planificacin es imposible. En este sentido Hayek habla de...

...la imposibilidad de un clculo econmico racional en una economa centralmente dirigida, en la cual necesariamente no puede haber precios (1).

El resultado de una economa sin dinero ser, por tanto, el caos y ser imposible implantarla. Su intento mismo tiene que fallar en cada caso en que se lo ensaye.

Esta misma tesis Hayek la aplica a la explicacin de un hecho histrico, es decir, a la experiencia del socialismo en la Unin Sovitica en su primera poca. Se refiere a esta experiencia con el nombre de comunismo de guerra de 1917-1921. En esta poca los bolcheviques soviticos intentaron pasar a una economa natural. Con la poltica del NEP (Nueva poltica econmica introducida por Lenin) volvieron en 1921 a una economa mercantil.

El colapso del comunismo de guerra ocurre exactamente por aquella razn, que haban previsto el profesor Mises y el profesor Brutzkus, es decir, por la imposibilidad de un clculo econmico racional en una economa sin dinero (2).

Efectivamente, el intento de pasar a una economa sin dinero explica, en parte, el colapso econmico a fines de la guerra civil rusa y llev con la poltica del NEP a la constitucin de una economa socialista de tipo mercantil, es decir, sobre la base del uso del dinero y precios.

En verdad, Mises y Brutzkus y con un anlisis mucho ms sofisticado Max Weber haban previsto tal colapso de la economa sin dinero. Sin embargo, lo ms importante no lo haban previsto. Esto es el hecho de que la sociedad socialista se constituira usando relaciones mercantiles como un elemento clave de su clculo econmico. A partir de ese momento, las economas socialistas no han intentado nunca ms abolir el dinero, sino que constituyeron sistemas de planificacin cuya Posibilidad presupone el uso de dinero y precios.

Hayek no hace ni siquiera el intento de interpretar este hecho. Efectivamente, en la Unin Sovitica hubo el intento durante el comunismo de guerra de hacer algo imposible. Siendo imposible esta economa sin dinero, que se intent, ocurri un colapso. Frente al colapso se reacciono haciendo posible el proyecto socialista reconociendo las relaciones mercantiles como un elemento inevitable de la sociedad socialista. El caos no apareci ni tampoco aquella destruccin de una civilizacin que no ha construido ningn cerebro (3) que Hayek suele anunciar para tales casos. La secuencia anti-utpica de Hayek y Popper no se dio porque a partir del intento de hacer lo imposible el hombre toma conciencia de lo que es posible. No se sabe de antemano lo que es posible. Probando se llega a saberlo, y las sociedades socialistas llegaron a saber que el socialismo solamente es posible si se lo constituye sobre relaciones mercantiles, es decir, sobre dinero y precios. El lenguaje sovitico se refiere a este hecho por el reconocimiento de la ley del valor en el socialismo y por la interpretacin de la planificacin socialista en el sentido de un control consciente de la ley del valor. Todas las sociedades socialistas de hoy tienen tesis parecidas. Sin embargo, este nuevo tipo de economa apareci precisamente por el hecho de haberse lanzado a la realizacin de una nueva sociedad sin hacerle caso a Mises, Brutzkus y Max Weber. Si se les hubiera hecho caso, hoy no existira ningn pas socialista, pues estos cientficos no previeron la clave del asunto.

Precisamente el hecho clave que cita Hayek para comprobar su secuencia anti-utpica, significa exactamente lo contrario de lo que Hayek quiere derivar de l. El intento de hacer lo imposible no lleva al caos. Sino que lleva a conocer los efectivos lmites de la posibilidad. Sin embargo, y recin all entra en razn la reflexin de lHayek, si no se aprende lo antes posible y de la manera ms flexible posible, este aprendizaje pasa por una crisis social y poltica. Quien no aprende a tiempo los lmites de posibilidad de la accin por una reflexin lcida y adecuada los aprende a posteriori por la crisis social y poltica que su accin provoca. Pero en los dos casos se trata de procesos de aprendizaje, a veces sumamente dolorosos. El dicho de un estudiante del Mayo de 1968 en Pars Seamos realistas, hagamos lo imposible expresa lo real, si aadimos que recin actuando as y reflexionando los pasos que se hacen se descubre lo que es posible en relacin al futuro. Hayek, en cambio, no ve ms de lo que ha sido posible ayer.

Pero la historia no se mueve hacia atrs, sino hacia el futuro. Por tanto, sigue siendo la tarea descubrir las posibilidades para el futuro. Sin embargo, el pensamiento conservador se esfuerza exclusivamente por demostrar que no es posible hacer en el futuro algo diferente de lo que se hace hoy. Para este efecto siempre vuelve a insistir en la secuencia anti-utpica, interpretndola en sus trminos maniqueos de polarizacin absoluta entre planificacin y mercado, justicia social y mercado.

Cuando Popper habla de planificacin, siempre la entiende como una planificacin total, es decir, literalmente de todo. No reconoce razones para planificar, por tanto, descubre en aquel que defiende una planificacin, solamente la intuicin totalitaria, el espritu irracional del poder.

Siendo la planificacin, en la visin de Popper, total, ella es imposible; significara desdoblar en trminos de un plan la realidad entera; supondra un conocimiento perfecto de toda la realidad, y por tanto, no siendo posible tal conocimiento, es una quimera.

La conclusin de Popper podra ser ahora, pedir en vez de una planificacin total una planificacin de un equilibrio global, sin pretender la planificacin total. Por el contrario, esta conclusin intenta evitarla por su tesis de que la imposibilidad de la planificacin es una imposibilidad lgica, insinundonos una polarizacin absoluta en el sentido de que si no se puede efectuar una planificacin total, no podemos planificar ningn equilibrio global. O planificacin total, o mercado total resulta la alternativa que Popper comparte con Hayek.

Sin embargo, la imposibilidad de una planificacin total y sin dinero no justifica la renuncia a un modelo de planificacin perfecta. Como cualquier socialismo implica el reclamo al automatismo del mercado y la negativa a su tendencia al equilibrio, el socialismo aparece con la exigencia de asegurar el equilibrio econmico por una actividad econmica especial, llamada planificacin. Eso explica que con los esfuerzos para la creacin de una sociedad socialista aparece una reflexin sobre el equilibrio econmico en trminos de una planificacin perfecta. El concepto de una planificacin perfecta, por supuesto, es nuevamente un concepto lmite. Se piensan los elementos empricos de la planificacin a travs de un progreso infinito, en trminos tales que aparece un modelo que presenta esta planificacin de una manera absolutamente lograda. Tal modelo de planificacin perfecta es relativamente nuevo. Sus inicios incipientes aparecen antes de la I Guerra Mundial, por ejemplo, con Otto Neurath. Pero en ese tiempo esas reflexiones son todava mezcladas con la idea de una planificacin emprica sin relaciones mercantiles, y tienen mss bien el propsito de demostrar que una planificacin sin uso de relaciones mercantiles es empricamente factible. A esta problemtica responden von Mises y Max Weber. Los trabajos posteriores aparecen ms bien en la Unin Sovitica a partir de la poltica de planificacin del Estado. Un primer peroodo de elaboracin se da en los aos veinte (E. A. Preobrashenski D. I. Oparin V. N. Starovskij y G. A. Feldman). Se trata de experiencias, que retoma Wassily Leontief despus de su emigracin a los EE. UU.

Sin embargo, estos esfuerzos tericos importantes no llevaron todava a un modelo terico que permita explicar la asignacin ptima y planificada de los recursos econmicos, algo que un modelo de planificacin perfecta tiene que lograr. El primer estudio que logra tal formulacin, lo publica L. V. Kantorovich en 1939. Durante la II Guerra Mundial tambin tericos estadounidenses se dedican a esta problemtica a partir de la necesidad de solucionar planificadamente las necesidades logsticas del ejrcito estadounidense. En 1959 Kantorovich (4) publica una elaboracin ms acabada de la problemtica de la asignacin ptima de recursos en trminos de un equilibrio planificado. Recin a partir de estos trabajos podemos hablar de un modelo de planificacin perfecta para una economa entera, que es efectivamente la antpoda del modelo de la competencia perfecta.

Este modelo de planificacin perfecta contiene, por tanto, los mismos supuestos tericos centrales, que el modelo de la competencia perfecta. Eso se refiere especialmente al supuesto del conocimiento perfecto. As, Kantorovich por ejemplo, supone que el planificador conoce todos los coeficientes tcnicos de todo el sistema productivo tanto los aplicados efectivamente como los potenciales.

Este modelo de planificacin perfecta no es de ninguna manera una simple inversin o transformacin del modelo de competencia perfecta. Si bien sus supuestos tericos bsicos son los mismos, el propio modelo tiene una elaboracin diferente. Principalmente se trata de la elaboracin de tcnicas de planificacin con el objeto de ser usadas en la planificacin del equilibrio econmico general. El modelo de competencia perfecta no tiene una intencin parecida. Si bien los dos modelos se conforman de sistemas de ecuaciones lineales simultneas, el modelo de competencia perfecta las formula de una manera tal que no es posible una solucin ni siquiera aproximada al equilibrio, mientras que el modelo de planificacin perfecta busca precisamente un mtodo que permita un clculo aproximado del equilibrio econmico de la economa. Kantorovich desarrolla en especial el mtodo de la programacin lineal para poder resolver el conjunto de ecuaciones que conforman el equilibrio.

Mientras el modelo de planificacin perfecta desarrolla tcnicas de planificacin, el modelo de competencia perfecta no desarrolla ninguna tcnica. Tiene una tarea contraria: comprobar que no hace falta desarrollar tcnicas para asegurar el equilibrio cconmico. Segn este modelo, el equilibrio se realiza solo, por una mano invisible, mticamente.

Ahora bien, un modelo de planificacin perfecta es, o tiende a ser, un modelo de planificacin total. Anlogamente, un modelo de competencia perfecta tiende a ser un modelo del mercado total.

Sin embargo, el modelo de planificacin perfecta es consistente frente a las dos crticas de la inconsistencia del modelo de competencia perfecta, es decir, puede sin problemas considerar el lmite positivo del salario y, no siendo un modelo de relaciones competitivas y conflictivas, el plan puede ser interpretado como un acuerdo comn y as, el supuesto del conocimiento perfecto es compatible.

Sin embargo, no se puede jams planificar todos los productos en trminos de un equilibrio general, ni se puede rehacer el plan global frente a cada cambio de la realidad planificada. Tambin el equilibrio planificado es un equilibrio en cada momento, y de cada momento a otro cambian los elementos que entran en el conjunto de ecuaciones que subyacen al plan, mientras el clculo del plan ocurre en el tiempo y, por tanto, demora. De esto resultan los problemas de la agregacin. por un lado, y de la planificacin del equilibrio por perodos y no instantnea por el otro. La planificacin es un proceso en el tiempo y no puede considerar sino un conjunto agregado de productos. As, cualquier planificacin econmica tanto una planificacin global del equilibrio como planificaciones sectoriales no puede ser sino aproximativa.

Pero hay todava otro elemento ms que obliga a realizar la planificacin en trminos globales. Cuando hablamos del conocimiento perfecto como supuesto de un modelo de planificacin perfecta, entonces nos referimos a todos los elementos presentes relevantes para el plan, y no a acontecimientos futuros. Conocimiento perfecto no es previsin perfecta. A nivel de modelos econmicos abstractos se abstrae el hecho de la previsin en el tiempo por el supuesto de la velocidad instantnea de reaccin de los factores de produccin. Con este supuesto no hace falta ninguna previsin del futuro para poder asegurar un equilibrio en cada momento. Teoras actuales expresan este supuesto normalmente en trminos de suponer que los factores de produccin son de arcilla, mantequilla, etc. Otros lo hacen, suponiendo simplemente la produccin de un solo bien de capital (5). De nuevo, este supuesto puede servir para derivar teoras. Sin embargo, al momento de realizar una planificacin econmica, la realidad es otra y exige previsiones que, nuevamente, slo pueden ser aproximadas.

Tenemos entonces tres factores principales que obligan a la planificacin a un proceder aproximativo: 1) la planificacin no puede considerar todos los productos, sino solamente conjuntos agregados de ellos; 2) el clculo del plan no es instantneo, sino que es un proceso en el tiempo y, por tanto, no puede reaccionar a cualquier cambio en la realidad planificada; 3) el plan tiene que hacer previsiones para el futuro, que por el hecho de la imprevisibilidad exacta en el tiempo, no pueden ser exactas.

Siendo el plan aproximativo, no puede ser especfico en relacin con las decisiones que hay que tomar diariamente. El plan calcula estructuras globales en las cuales las decisiones no especficamente planificadas tienen que inscribirse. A partir de este carcter inevitable de la planificacin, aparece la necesidad de recurrir a relaciones mercantiles en especial al uso de dinero y precios para que sea viable. Ciertamente, si se trata de planificar todo, esta imposibilidad se hara notar por un esfuerzo desenfrenado cuyo resultado no podra ser otro que desordenar laa economa que se quiere planificar. Con cada paso hacia una mayor planificacin resultaran cada vez ms elementos por planificar. Llegaramos as a lo que describe Popper en el sentido de que Con todo nuevo control de relaciones sociales creamos un sinnmero de nuevas relaciones sociales que controlar (6). De esto se concluira que la planificacin no puede ser sino una aproximacin global al equilibrio.

Interpretando as la planificacin, se soluciona la situacin paradjica concibiendo en la teora de planificacin perfecta una instancia de planificacin que desde fuera con conocimiento perfecto efecta la planificacin. Pero esta solucin no hace factible la planificacin completa, sino solamente posible pensarla consistentemente y usarla, por tanto, como un modelo para derivar tcnicas de planificacin. El proceso real de planificacin no tiene tal instancia y, por tanto, no es factible en trminos completos, sino solamente aproximados.

No existen por un lado, la situacin paradjica y, por el otro, la imposibilidad, sino que la situacin paradjica es el argumento terico para poder sostener la imposibilidad. Pero la imposibilidad no es lgica ni es una contradiccin lgica. Es fctica, y se hace presente por el progreso infinito de mala infinitud. Sin embargo, la teora misma es consistente en cuanto es la formulacin de un concepto lmite de la planificacin econmica. Eso la distingue de la teora de la competencia perfecta.

Habamos visto en esta teora tambin una situacin paradjica a partir del anlisis de Morgenstern, pero esta paradoja no tena solucin en el marco de la teora de la competencia. Slo se solucionaba pasando de la teora de la competencia perfecta a la teora de la planificacin perfecta. La teora de planificacin perfecta, en cambio, es consistente, a condicin de que no se la interprete como una meta hacia la cual avanza el proceso de planificacin. El resultado es, por tanto, que la planificacin global inevitablemente es una planificacin aproximativa, que no puede realizarse a no ser apoyndose en relaciones mercantiles y en el uso del dinero.

Este pequeo esbozo de la problemtica terica de la planificacin se basa en una explicacin de la inevitabilidad de las relaciones mercantiles, que debe sus argumentos claves precisamente a la teora de Hayek y a su crtica de la explicacin de las relaciones mercantiles a partir de la propiedad privada jurdicamente concebida.

Nos parece que estos argumentos de Hayek son irrefutables, y dan la nica explicacin coherente del hecho de que las sociedades socialistas hayan tenido que desarrollar las relaciones mercantiles como parte de su sistema econmico planificado. Sin embargo, Hayek usa esta crtica valiosa nicamente con fines apologticos. Lo logra, exclusivamente, por el hecho de que identifica relaciones mercantiles con relaciones capitalistas de produccin. Haciendo eso con lo cual sigue tanto a Mises como a Max Weber le resulta su esquema bsico y maniqueo de la polaridad entre plan y mercado, en el cual la planificacin es la irracionalidad y el mercado capitalista, la racionalidad econmica.

La explicacin acertada de las relaciones mercantiles es transformada, de esta manera, en un instrumento de la lucha de clases desde arriba. Toda la sociedad aparece ahora atravesada por una polarizacin de clases absoluta, en la cual la clase dominante es la portadora de la racionalidad y la clase dominada de la irracionalidad.

3. La planificacin sovitica

La teora de la planificacin perfecta surge en funcin de la solucin de problemas actuales de la planificacin econmica en la Unin Sovitica. Tenemos que analizar por tanto aunque sea brevemente la estructura econmica dentro de la cual opera esta planificacin.

Histricamente, esta planificacin parte del hecho fundamental de que cualquier sistema de planificacin, para poder ser efectivo, tiene que apoyarse en las relaciones mercantiles y el uso del dinero. Por tanto, el primer intento de hacer una planificacin socialista sin relaciones mercantiles fracas al inicio, por el hecho de que tendran que haberse planificado centralmente todos los productos. Pero como los productos por planificar segn el momento de su terminacin y su ubicacin en el espacio son econmicamente diferentes aunque fsicamente iguales tiende a infinito, ningn planificador podra hacer los clculos correspondientes. Cuanto ms productos se planifican, ms tiempo toma el proceso de clculo del plan, y ms lejos se encuentra el plan del momento en el cual son tomados los datos para su elaboracin. Por tanto, el grado en el cual se pone de manifiesto que una planificacin sin relaciones mercantiles implica una planificacin completa, esta misma planificacin es concebida como un proceso apoyado en relaciones mercantiles. Pero relaciones mercantiles implican decisiones autnomas de empresas relativamente independientes que se orientan en el mbito del conocimiento posible a partir de esta empresa. Por lo tanto, junto con el sistema de planificacin tiene que surgir una economa organizada por empresas relativamente autnomas en sus decisiones. Por eso, el sistema de planificacin nace con una tensin intrnseca entre el nivel de decisiones centralmente planificadas y el nivel de decisiones autnomas de las empresas.

La planificacin tiene un conocimiento aproximado de las interdependencias de todos los productores, pero es incapaz de efectuar decisiones detalladas para cada uno de ellos. Las empresas tienen conocimientos en detalle de su proceso de trabajo respectivo, pero no pueden tener por s mismas el conocimiento de las interdependencias del conjunto. A partir de estas diferencias existe una tensin y tambin un conflicto entre las dos perspectivas y las decisiones tomadas en relacin con ellas.

Este doble nivel de la economa socialista es inevitable. Eso se debe al hecho de que la meta de la economa socialista es un equilibrio econmico, el cual, sin planificacin de las orientaciones generales de la economa, es imposible. La economa orientada exclusivamente por indicadores mercantiles, teniendo su centro en la tasa de ganancia, no lleva al equilibrio, sino que produce ms bien una secuencia de desequilibrios econmicos de las ms variadas formas: desarrollo desigual. desempleo, pauperizacin, destruccin ecolgica. etc. Asegurar, por tanto, un equilibrio econmico, implica planificar lneas de desarrollo contraras a las tendencias del mercado.

Por otro lado, debido al hecho de que ninguna planificacin puede ser efectivamente completa, resulta la necesidad de recurrir a relaciones mercantiles y a la orientacin por las tasas de ganancia. Sin embargo, los indicadores mercantiles nunca llevan a las mismas lneas de decisiones, hacia las que se orienta la planificacin. Por tanto, los dos niveles de la planificacin y de la decisin mercantil de la empresa autnoma, producen tensiones entre s que necesitan sus soluciones respectivas.

Para asegurar un equilibrio econmico, la planificacin tiene que entregar metas de produccin y de costos a las empresas, es decir, indicadores de insumo/producto. El plan estipula para la empresa cunto de qu producto tiene que producir, y cunto de qu insumo puede consumir en su proceso de produccin. Para que el plan sea equilibrado, el conjunto de estos indicadores para todas las empresas debe ser equilibrado, es decir, de ningn insumo debe ser requerido ms de lo que se produce. Por otro lado, tiene que ser ptimo, es decir, los insumos deben ser distribuidos entre las empresas de una manera tal, que el producto total sea mximo.

Al entregar el plan las cifras correspondientes a las empresas estas cifras no pueden ser sino agregadas. Este hecho es necesario y limita el grado de planificacin. Sin embargo, no se pueden producir productos agregados, sino solamente productos especficos. La empresa, por tanto, tiene la funcin de desagregar estas cifras planificadas y especificarlas. Cada una de las empresas tiene que hacer eso, mientras que ninguna puede recibir indicaciones planificadas para esa especificacin. Se trata del mbito de su autonoma.

Sin embargo, todas estas especificaciones de las emprsas tienen que ser nuevamente equilibradas entre s tener proporcionalidad y tienen que ser optimizadas. Al no ser posible planificarlas, las empresas solamente pueden especificar las metas agregadas del plan a travs de relaciones mercantiles. En la economa sovitica proceden por contratos entre las empresas que son contratos de compra-venta y por un clculo de costos, que desemboca en un clculo de ganancia a nivel de cada empresa. A travs de tales contratos de compra-venta y el clculo de las ganancias, se lleva el plan al nivel de decisiones especficas. Las metas del plan, por tanto, se transforman, a nivel de la empresa, en lmites o marcos de la decisin empresarial. Dentro de estos lmites las empresas deben y pueden hacer entre s contratos de compra-venta y maximizar sus ganancias. En la Unin Sovitica se llama a esta relacin entre plan y decisin autnoma de la empresa control consciente de la ley del valor.

Para que todo este proceso de planificacin y de especificacin del plan a nivel de empresas sea posible, debe haber, por tanto, un sistema de precios y del uso del dinero entre las empresas como medio de compra y en el interior de la empresa, como medio de clculo. Este sistema de precios no puede surgir de la relacin mercantil entre las empresas, por el hecho de que esta relacin est prefijada por las metas agregadas del plan. El plan mismo tiene que contener no solamente un plan de las metas agregadas de productos, sino tambin un plan de precios planificados. A nivel de la planificacin central, tal sistema de precios puede ser derivado junto con el clculo de las metas por el mtodo dual del clculo de precios-sombra, que Kantorovich llama precios objetivamente condicionados.

Sin embargo frente a estos precios hay dos problemas. Por un lado, tal sistema de precios no es necesariamente consistente con el criterio de salarios mnimos de subsistencia. En nuestra crtica del equilibrio de Walrs-Pareto habamos mencionado ya esta problemtica. El clculo del precio de equilibrio solamente es posible si se supone salarios completamente variables entre cero y algn nmero positivo. Si se introduce un lmite inferior del salario, el clculo se hace inconsistente. Con el clculo de los precios-sombra ocurre ahora exactamente lo mismo. Por tanto, no hay garanta de que exista algn sistema de precios coherente, lo que lleva a la necesidad de separar precios de clculo y precios de ingresos. El otro problema consiste en el hecho de que tambin estos precios planificados son precios de productos agregados y no precios especficos de productos especificados. Otra vez, la especificacin del precio solamente puede ser realizada a nivel de las decisiones de empresas autnomas. El precio planificado es un lmite o arco para las variaciones de precios que tienen que hacerse en la contratacin entre las empresas, cuando efectan sus contratos de compra-venta en el marco de las limitaciones de las metas del plan global centralmente calculado.

En cuanto al clculo de costos de las empresas, estos precios son su base. Dentro del conjunto econmico planificado, este clculo de costos es, a la vez, un clculo de maximizacin de las ganancias. Sin embargo, este clculo de ganancias tiene las limitaciones propias del plan. Para maximizar las ganancias, la empresa debe respetar previamente las metas globales del plan, que solamente puede especificar y no cambiar en funcin de ganancias potenciales. Por otro lado, no debe pasar de los lmites de precios planificados. Por tanto, la planificacin no admite maximizaciones de las ganancias que se logren produciendo productos no planificados o imponiendo precios no planificados. Pero, generalmente, se dan situaciones en las que la produccin de otros productos o la iimposicin de otros precios permiten ganancias mayores. Por ello, desde el nivel de la empresa, aparecen constantemente dada su orientacin hacia una tasa de ganancia incentivos para transgredir el plan, lo que hace necesario un constante control de las empresas por instituciones intermedias entre el plan central y el nivel empresarial para el cumplimiento del plan.

A esto se debe que no haya un sistema de precios coherente con el plan. Entendemos por un sistema de precios coherente, un sistema tal en el que todas las empresas cubren sus costos, mientras todas las alternativas de decisin empresarial, que caen en el marco de las metas del plan, tengan ganancias mayores que las alternativas que esten fuera de las metas del plan Es decir, inevitablemente hay siempre empresas que trabajan con prdidas y que tienen alternativas potenciales de produccin a nivel empresarial, que estn excluidas por el plan, pero que tendran ganancias mayores que en el caso de que se cumpla el plan.

Sin embargo, la razn de esta incoherencia de cualquier sistema de precios no es simplemente casual, sino que es general. Tericamente no es posible un sistema de precios coherente porque, por un lado, hay necesariamente un nivel de salarios determinado y, por otro, porque las metas planificadas no pueden tomar en cuenta todas las informaciones necesarias para calcular sus precios. Esta incoherencia inevitable es solamente la contrapartida del hecho de que no hay un sistema de precios de mercado, que pueda conducir a un equilibrio econmico.

Por las mismas razones por las cuales tenemos que negar la posibilidad de una tendencia al equilibrio del mercado de una economa capitalista, tenemos que negar, a la vez, la posibilidad de un sistema de precios coherente para una economa socialista planificada. Por estas razones, la relacin entre planificacin y empresas autnomas es conflictiva y tensa. Sin embargo, esta tensin no se puede eliminar renunciando a uno de los niveles en favor del otro. Renunciar a la autonoma mercantil de la empresa sera simplemente imposible. Renunciar, en cambio, a la planificacin del equilibrio sera volver a la economa capitalista y, por tanto, renunciar a establecer un equilibrio econmico que la economa capitalista no puede asegurar. Por tanto, el regreso capitalismo significara el regreso a una situacin conflictiva, ahora entre tendencias del mercado y los desequilibrios a nivel del desempleo, del desarrollo desigual y ecolgico, sin la menor posibilidad de orientar la economa en direccin del equilibrio. Como la razn de se de la sociedad socialista es precisamente la capacidad de orientar una economa equilibradamente en relacin al empleo, desarrollo igual y ecologa, este regreso tampoco sera aceptable.

Dada esta conflictividad entre el nivel de planificacin y de empresas autnomas, la maximinzacin de las ganancias no puede ser criterio supremo de las decisiones econmicas de la sociedad socialista. El que una empresa tenga prdidas, no es razn para cerrarla, mientras que la mayor capacidad de una empresa para obtener ganancias, no es razn suficiente para aumentar o cambiar su lnea de produccin. La tasa de ganancia no puede ser sino un criterio secundario para las decisiones sobre las orientaciones bsicas de la economa. Sin embargo, tambin la economa socialista necesita un criterio formal para calcular las conveniencias econmicas de sus orientaciones bsicas de la economa, que sierva para sustituir la tasa de ganancia capitalista en sta su funcin central.

Las condiciones materiales del equilibrio pleno empleo, desarrollo equilibrado, conservacin del equilibrio ecolgico no son suficientes para expresar la eficacia econmica del rendimiento de la economa socialista y para expresarla cuantitativamente. Son marcos materiales del desarrollo econmico que no expersan de por s el rendimiento econmico formal. Sin embargo, la tasa de ganancia tampoco sirve para este propsito, por el hecho de que ella misma tiene un lmite planificado. Si las mismas ganancias son planificadas, tambin se necesita un criterio de rendimiento para planificar las ganancias. En el socialismo sovitico este criterio formal de rendimiento ha resultado ser la tasa de crecimiento econmico.

Simplificando, podemos decir que la sociedad socialista sovitica sustituye el criterio formal de rendimiento econmico del capitalismo la tasa de ganancia, por otro criterio formal de rendimiento que es la tasa del crecimiento econmico Eso es vlido, en cuanto nos referimos al criterio central del rendimiento econmico en estas respectivas sociedades En ambos casos se trata de criterios formales, de tipo mercantil.

Hay que insistir en que tambin el criterio de la maximizacin de la tasa de crecimiento es un criterio tan mercantil como lo es la maximizacin de la tasa de ganancia. La tasa de crecimiento se refiere al producto social total. Aunque se hable del crecinmiento del producto fsico la medida de este crecimiento no es fsica sino que es una expresin del producto fsico en trminos de precios, y por tanto, mercantil. Un crecimiento del producto fsico que no se exprese en trminos mercantiles, no existe sino con supuestos tan extremos como el supuesto de la produccin de un solo producto o de tasas fsicas de crecimiento de la productividad del trabajo iguales para todos los productos. Ninguna economa real podra jams cumplir con tales supuestos.

Por su carcter mercantil, slo la tasa de crecimiento puede servir como un criterio sinttico y formal para evaluar el rendimiento de una economa en trminos cualititativos. La tasa de ganancia, como criterio tambin sinttico y formal, no puede jams evaluar el rendimiento econmico de una economa entera. Bajo ningn punto de vista se podra sostener que una economa produzca con tanto ms rendimiento econmico, cuanto mayor sea la participacin de las ganancias en el producto social. La tasa de ganancia no puede servir como criterio formal de rendimiento sino en referencia al rendimiento empresarial dentro de una sociedad capitalista. En este caso, la tasa de ganancia de una empresa indica el rendimiento capitalista en referencia a la tasa de ganancia de otra empresa. Pero en ningn caso el tamao absoluto de las ganancias indica rendimiento econmico alguno.

Eso es diferente en el caso de la tasa de crecimiento econmico. Bajo el punto de vista cuantitativo, el rendimiento econmico es mayor cuanto mayor es la tasa de crecimiento. Pero una orientacin econmica por la maximizacin de la tasa de crecimiento tampoco significa que efectivamente se maximiza el producto en el tiempo. Formalmente no significa esto. Dice solamente que el crecimiento mximo es punto de referencia de las decisiones sobre el crecimiento real. Para poder hacer racionalmente tales decisiones sobre el crecimiento real, hay que tener presente aquellas decisiones que produciran un crecimiento mximo. La renuncia al crecimiento mximo sera una limitacin del crecimiento, cuya medida es la diferencia entre crecimiento real y mximo. Solamente con referencia al crecimiento mximo se puede medir y, por tanto evaluar cuantitativamente, un crecimiento que no se realiza por determinadas razones. Aqu hay una analoga con la orientacin de la maximizacin de las ganancias. Esta tampoco implica, necesariamente, la maximizacin de las ganancias, Sin embargo, una ganancia que no se realiza se mide con referencia al mximo posible de ganancias.

La planificacin sovitica utiliza la tasa de crecimiento para la evaluacin, bajo el punto de vista del rendimiento econmico, de las diversas alternativas de desarrollo de la economa. Si se estimula tal o cual rama de produccin, o tal o cual lnea de inversin, est siempre sometido al criterio formal supremo de la tasa de crecimiento. Tambin siempre se introducen limitaciones a estas decisiones en referencia al pleno empleo, distribucin adecuada de ingresos, necesidades ecolgicas, pero tambin referente a actividades como la produccin de armamentos. Aparecen posibilidades de crecimiento entre las cuales son escogidas aquellas que son factibles respetando tales limitaciones. Pero, una vez satisfechas tales limitaciones, sigue siendo vlida la maximizacin del crecimiento. En parte, se trata de la decisin entre una maximizacin a corto y a largo plazo. Se pueden lograr aumentos en la tasa de crecimiento sacrificando la ecologa o el consumo popular; pero siempre existe el peligro de que tales logros de crecimiento a corto plazo lleven a impedimentos de crecimientos mayores a largo plazo. Sin embargo, el clculo de la tasa de crecimiento se mueve entre un crecimiento maximiizado aparente o real y un crecimiento real compatible con las limitaciones aceptadas por la poltica general del pas.

Recin con base en esta tasa de crecimierito, la planificacin puede decidir si determinadas empresas tienen que crecer, estancarse o disminuir, sin tener que referirse a la tasa de ganancia que, para estos efectos, es importante dentro del sistema de precios sovitico. Por tanto, tales decisiones pueden ser formalmente racionales, sin recurrir a la tasa de ganancia como criterio bsico.

Sin embargo, con la imposicin de este criterio de crecimiento, la tasa de ganancia capitalista ha sido sustituida por otro criterio formal y mercantil. No se ha sustituido la tasa de ganancia por la satisfaccin de las necesidades, ya que la satisfaccin de las necesidades no es un criterio de decisiones econmicas, pues no es transformable en un criterio formal de racionalidad. Tambin en la sociedad socialista existe en la forma de una limitacin de la maximizacin del crecimiento aunque en realidad sea el sentido del proceso de produccin. Pero no es ni puede ser un criterio de decisiones, siempre y cuando la sociedad socialista siga produciendo mercancas. Si en la sociedad capitalista las mercancas se producen en funcin de las ganancias, en la sociedad socialista sovitica se producen en funcin del crecimiento econmico, lo cual no es lo mismo que satisfaccin de necesidades. Por eso, a partir de esta maximizacin del crecimiento aparecen problemas de mistificacin anlogos a la mistificacin del capital.

La tasa de crecimiento es, potencialmente, en la sociedad sovitica, un criterio estructural de la sociedad, as como en la sociedad capitalista lo es la tasa de ganancia. Se puede funcionalizar la sociedad entera por la tasa de crecimiento. La distribucin de ingresos, el sistema de salud, de educacin, etc. pueden ser evaluados segn sus aportes al crecimiento econmico, anlogamente a lo que ocurre en la sociedad capitalista con su respectiva funcionalizacin por la tasa de ganancia. Kolakowski cuenta que, a fines de la dcada de los cuarenta, apareci en Polonia un afiche que deca lo siguiente: Lucha en contra de la tuberculosis, porque la tuberculosis obstaculiza el desarrollo de las fuerzas productivas. El conjunto de la sociedad puede ser definido y funcionalizado de esta manera, por el crecimiento econmico, y no hay duda de que el sistema staliniano llev eso al extremo.

Pero tal maximizacin del crecimiento necesita siempre de un elemento fijo a partir del cual se maximiza. En la Unin Sovitica este elemento fijo es el sistema econmico, en el cual la planificacin global determina el equilibrio econmico general, mientras las empresas autnomas tienen que insertarse por relaciones mercantiles en estas orientaciones econmicas bsicas. Este sistema econmico proporciona las relaciones de produccin estables, dentro de las cuales ocurre todo el proceso de crecimiento.

De csta manera la tasa de crecimiento es la pauta de conducta central alrededor de la cual se organiza el socialismo sovitico. Es a su vez, la manera de asegurar en el socialismo sovitico un principio de logro que pasa por todos los niveles de la sociedad. Las limitaciones de la maximizacin del crecimiento mencionadas pleno empleo, distribucin de ingresos, seguridad ecolgica no son limitaciones de este principio del logro, sino sus canales. Hacen sostenible el crecimiento a largo plazo; sin embargo, no son de por s limitaciones del principio del logro, aunque de hecho la seguridad laboral y alimenticia de la sociedad socialista impiden una vigencia tan ilimitada del principio del logro, como la sociedad capitalista s lo puede imponer.

4. El criterio de la maximizacin

de las tasas de crecimiento econmico

Como pauta central de conducta, la tasa de crecimiento es transformada en el valor ms importante de la sociedad socialista, que sustituye la pauta central de la tasa de ganancia capitalista en sta su funcin valorativa.

La forma central en la cual el pensamiento sovitico efecta esta valoracin de la tasa de crecimiento econmico, es la mitificacin del propio desarrollo tecnolgico.

5. La mitificacin del progreso tcnico

Aparece el mito tecnolgico con sus proyecciones hacia el futuro. El desarrollo tecnolgico es interpretado como un progreso tecnolgico que por una especie de lgica implcita acerca a la humanidad cada vez ms a la realizacin de sus sueos. Se trata de metas del progreso que, en los trminos que utilizan muchos cientficos naturales, son en principio factibles. Podramos citar una proyeccin sovitica de este tipo:

Preciso es: prolongar la vida del hombre hasta los 150 200 aos trmino medio, eliminar las enfermedades infecciosas, reducir las no infecciosas a un mnimo. Superar la vejez y el cansancio y aprender a devolver la vida a aquellos que mueren en forma prematura o por accidente... Producir todas las materias conocidas de la tierra hasta las ms complicadas las albminas as como tambin producir aquellas materias desconocidas por la naturaleza, materias ms duras que el diamante, ms resistentes al calor que la tierra materias con mayor temperatura de fusin que el osmio y el wolframio, ms flexibles que la seda, ms clsticas que la goma; criar nuevas razas de animales y cultivar nuevos tipos de plantas con un crecimiento ms rpido para proveer ms carne, leche, lana, cereales, fruta, fibras, madera para las necesidades de la economa del pueblo... aprender a dominar el tiempo, regular de tal modo los vientos y el calor como ahora pueden regularse los ros, ahuyentar las nubes y llamar a voluntad a la lluvia como al buen tiempo, a la nieve y al calor (Traduccin nuestra) (7).

Se trata de una proyeccin que partiendo de tendencias tecnolgicas actuales, anuncia metas en principio posibles y, a la vez, concede al desarrollo tecnolgico una grandeza de progreso humano que fuera de tales proyecciones no tendra. Adems, este tipo de proyecciones no son algo tpico sovitico. Se las puede encontrar igualmente en el mundo capitalista, especialmente en los aos cincuenta y sesenta. Tambin se pueden llevar tales proyecciones hasta extremos mucho mayores, analizando los propios lmites de lo posible. Estudios en esta lnea hay muchos y se vinculan con la ciencia ficcin y la futurologa. Los hay tanto en la Unin Sovitica como en los pases capitalistas. Un ejemplo sumamente instructivo lo dan los libros de Arthur C. Clark en especial su Profiles of the Future. An Enquir y into the Limits of the Possible. En l se aplica una especie de clculo infinitesimal a la tendencia del desarrollo tecnolgico. Aparecen metas en principio factibles como el ya comentado viaje pro telfono, el pasar los muros sin chocar, la inmortalidad excepto por accidentes, formas de comunicacin directas sin necesidad de medios de comunicacin o sin el uso de lenguajes materializados, el dominio del tiempo y el espacio. La abundancia casi absoluta, la resurreccin de ciertos muertos, etc. Si se admite tal clculo infinitesimal, todas estas metas aparecen como en principio posibles, como lmites de lo posible y, por tanto, como fines a los cuales se acerca el desarrollo tecnolgico por su propia inercia. Llegar all, es una cuestin de tiempo y del aprovechamiento de ste para acelerar, en lo posible, este proceso. Si bien el optimismo que estaba en la base de estas proyecciones infinitas hoy ha disminuido bastante, debido a la crisis del crecimiento sentida especialmente por la crisis ecolgica, el anlisis sigue todava perfectamente vigente.

Si bien tales proyecciones y la consiguiente valoracin del desarrollo tcnico se realizan en todo el mundo, tienen sin embargo una importancia especial en el socialismo sovitico. Siendo la tasa de crecimiento su pauta central de conducta, el mito tecnolgico puede ser directamente interpretado como una dimensin implcita e innata de la sociedad capitalista. Cuanto ms el horizonte infinito del desarrollo tcnico valora el proceso de crecimiento econmico como su vehculo real, tanto ms confiere tambin un valor intrnseco e innato a la propia estructura socialista, que tiene en la tasa de crecimiento su pauta central de conducta. La relacin no es la misma en la sociedad capitalista, que tiene la tasa de ganancia como su pauta central de conducta. All hace falta un gran esfuerzo ideolgico adicional para sostener que esta maximizacin del crecimiento est de hecho mejor asegurado cuando la tasa de ganancia es la pauta de conducta y, por tanto, la sociedad es capitalista.

Sin embargo, el pensamiento sovitico no se queda en esta mistificacin de la tasa de crecimiento por el mito tcnico. Lleva la proyeccin tecnolgica ms all de la inercia del progreso tcnico y la vincula entonces con la meta comunista clsica del comunismo. Para entender esta extensin, tenemos que volver al anlisis del sistema econmico sovitico.

Analizamos ya los dos niveles que estructuran el sistema econmico sovitico: por un lado, la planificacin global y, por el otro, las empresas autnomas insertadas por relaciones mercantiles en las metas globales del plan. Los dos planos se encuentran en una relacin tensa.

Desde el punto de vista de los planificadores y de los ejecutores del plan, una economa tal es imperfecta. En cuanto se la piensa en trminos perfectos, aparece el modelo de la planificacin perfecta, que es un instrumento terico para derivar y analizar tcnicas de planificacin. Es un modelo que se abstrae de las constantes fricciones de la economa planificada, para poder considerarla en un estado tericamente puro, es decir, como en un laboratorio. Sin embargo, la realidad que se planifica nunca est y, no puede estar, en tal estado de perfeccin. Ahora, desde el punto de vista del planificador, con su conceptualizacin, determinados rasgos de esta realidad aparecen como imperfecciones en relacin a la planificacin perfecta. La principal imperfeccin es, por supuesto, el hecho mismo de la existencia de dos niveles econmicos conflictivamente interrelacionados. La misma existencia de relaciones mercantiles y del dinero aparecen, por tanto, como imperfecciones de la economa planificada. Pensar esta economa perfectamente planificada, implica pensarla sin relaciones mercantiles, pero de eso se pueden derivar otras imperfecciones. El mismo hecho de que se necesitan estmulos materiales para poder incentivar la fuerza de trabajo a trabajar, aparece como imperfeccin. Y as aparecen sucesivamente imperfecciones que no podran existir en una economa perfectamente organizada. Si ahora tomamos estas imperfecciones desde el punto de vista del planificador y nos imaginamos una sociedad futura en la cual estas imperfecciones ya no existirn, entonces encontramos lo que en el pensamiento sovitico es el comunismo.

Si bien el pensamiento sovitico jams vincula el modelo de planificacin perfecta con el llamado comunismo pleno, los dos se identifican, si los consideramos como idealizaciones de la realidad planificada del planificador. Pensndola, por tanto, como concepto lmite de la economa planificada, la realidad llega a tener como su horizonte infinito tanto el modelo de planificacin perfecta como la realizacin de este comunismo.

La sociedad sovitica no se interpreta en funcin del comunismo porque haya ledo en Marx sobre el comunismo, sino porque la realizacin de su realidad, llevada a su concepto lmite, hace aparecer tal imagen como imagen de perfeccin de la sociedad socialista. Es nuevamente un fenmeno anlogo, aunque invertido, al que se da en relacin a la sociedad capitalista, donde la competencia perfecta no aparece porque Walras y Pareto han hablado de ella, sino porque la idealizacin de su realidad, desde el punto de vista burgus, hace surgir esa imagen que Walras y Pareto formulan. Pero el origen est en la realidad estructurada misma, cuya imagen de perfeccin es esta competencia perfecta, la cual tiene tambin el doble significado de un modelo terico que se abstrae de las constantes fricciones de esta sociedad del mercado, para considerarla en su estado tericamente puro, y de una meta por aproximar en nombre de valores intrnsecos a tal modelo terico.

6. La mitificacin del progreso social

Recin desde este punto de vista, el comunismo es comprensible como valor mximo de la sociedad socialista. En la imagen del comunismo, se vincula la mistificacin del crecimiento econmico por el mito tecnolgico con la perfeccin social desde el punto de vista del planificador. Esta perfeccin aparece, por tanto, como resultado del crecimiento econmico proyectado a un futuro ilimitado: la perfeccin de la sociedad socialista como economa planificada. As, la imagen del comunismo es la imagen de una institucionalidad perfecta y perfeccionada. Es el valor central de esta sociedad socialista; pero slo puede serlo porque valora ahora infinitamente la pauta central del comportamiento de la sociedad socialista: la tasa de crecimiento.

Solamente desde este punto de vista se puede comprender la coherencia que existe entre la imagen del comunismo y la sociedad socialista sovitica. La sociedad sovitica es interpretada en camino hacia un futuro infinito de desarrollo, hacia etapas siempre superiores, con la tendencia de llegar al denominado comunismo pleno, aunque nunca lo alcance en su plenitud. Sin embargo, esta perspectiva infinita es interpretada como la perspectiva implcita e innata de la sociedad socialista actual, que est en constante movimiento hacia tal plenitud. Aunque la sociedad sea socialista, este socialismo no es una sociedad definitiva, en el sentido del nomos del pensamiento conservador. Socialismo no es interpretado como un nomos por consolidar, sino como una sociedad de trnsito entre capitalismo y comunismo, que no tiene jams una forma definitiva.

...el ideal del comunismo est profundamente arraigado en la historia y penetra en el centro de la vida de millones de trabajadores. Sueos de este ideal se encuentran ya al comienzo de la civilizacin en los cuentos de la edad de oro. Muchas reivindicaciones, que son comunistas en su esencia, fueron planteadas en los movimientos de liberacin de las masas trabajadoras de la Antigedad y de la Edad Media... Sin embargo, estos pensadores no fueron capaces de descubrir el secreto de las leyes del desarrollo social y de fundamentar cientficamente la posibilidad real y la necesidad histrica del comunismo. Recin el marxismo transform el comunismo de una utopa a una ciencia, y la unin entre el comunismo cientfico y la clase obrera creciente cre aquella fuerza invencible, que levantara la sociedad al peldao prximo del progreso social, del capitalismo al comunismo (8).

Todos los sueos estn comprendidos:

Ya representndose en trminos generales al orden comunista, se hace visible que ste, desde el primer momento de su existencia hace realidad los deseos ms soados de la humanidad, sus sueos del bienestar general y abundancia, de libertad e igualdad, de la paz, de la fraternidad y la colaboracin entre los hombres.

La victoria del comunismo ser el sueo realizado de toda la humanidad trabajadora (9).

En esta perspectiva, el socialismo no es todava comunismo, pero es el inicio del camino hacia aqul. Comunismo es desarrollo del socialismo hasta sus ltimas perspectivas. Si bien se distingue entre las etapas del socialismo y comunismo, y despus de varas etapas del comunismo, estas etapas no se refieren a diferentes sociedades, sino a una sociedad que se desarrolla a travs de etapas hacia su plenitud. El comunismo pleno como el comunismo plenamente logrado, no es otra sociedad diferente del socialismo, sino que es este mismo socialismo llevado a su plenitud. Por eso, socialismo es movimiento constante; y ni el comunismo pleno es concebido en trminos estticos. Sigue estando en movimiento, pero en relaciones sociales tales que todos los posibles conflictos de clase sean superados. El movimiento histrico es concebido como eterno, pero inscrito en esta su eternidad, hay un movimiento ascendente hacia el comunismo pleno. Comunismo es, de esta manera, una meta prctica de plenitud, que est implcita en el socialismo y que subyace a los cambios de la sociedad socialista. Es, por decirlo as, el interior infinito de la sociedad socialista. Es el ideal interior de la sociedad socialista, que se desarrolla en el proceso infinito de la sociedad socialista.

En contra del principio esperanza de Bloch se dice:

Ni el propsito ni la meta final, sino el proceso infinito de finitas manifestaciones de la materia esa y no otra es la posicin del materialismo histrico y dialctico (10).

Hacer de especulaciones sobre un futuro distante el centro de gravedad de reflexiones filosficas es estril, nos desva de la vida y de la participacin activa en la formacin de nuestro presente y nuestro futuro prximos (11).

Los conocimientos del presente, sus condiciones de desarrollo, las leyes esenciales del desarrollo slo posibilitan la previsin cientfica de las etapas prximas, hacia las cuales se dirige la sociedad. Especulaciones relacionadas con la meta final son extraas al marxismo (12).

La meta final es, por tanto, como un horizonte de la sociedad socialista, no el objeto directo de ninguna accin. Como perspectiva de desarrollo socialista perspectiva ltima, es un ideal concreto subyacente a cada paso de la sociedad socialista. Si llega un da o no, no es cuestin de discusin, porque en cada momento sigue habiendo un futuro infinito para que pueda llegar. No es exterior a la sociedad socialista como objeto de sueos, sino que es lo subyacente del progreso actual hacia metas futuras que trasciende cualquiera de ellas. En su forma ms extrema, este ideal concreto es algo como el horizonte al cual se acerca el barco. Con cada paso de acercamiento, el horizonte se aleja ms:

El ideal comunista no es slo un sueo, una hermosa meta, un modelo ideal del futuro, sino que es tambin simultneamente la afirmacin prctica de todo lo bueno, como norma general, como modelo general. En tanto que lo bueno se transforma en norma, en el transcurso del desarrollo ulterior esta ser reemplazada por una ejecucin an mejor (13).

Precisamente este tipo de ideal Bloch lo haba criticado en el sentido de un viaje sin fin, que a la postre ser un viaje sin sentido y, por tanto, una prdida de esperanza, un infierno. Sin embargo, dado el hecho de que este comunismo es un concepto lmite abstracto sin posibilidad de realizacin, no hay manera de evitar su transformacin en el horizonte de un viaje sin fin en cuanto el comunismo sigue siendo interpretado como resultante de un progreso en el tiempo. Por lo tanto, sigue la interpretacin de las etapas:

Ambos, socialismo y comunismo, presentan dos fases de una misma formacin socioeconmica y por lo tanto el paso de la primera fase hacia la segunda slo puede tener lugar mediante la consolidacin maximl del socialismo y el aprovechamiento de sus leyes vigentes (14).

Dicho de otra manera, lo que importa aqu no es el reemplazo de una formacin socioeconmica por otra, sino el desarrollo que dentro de una formacin se lleva a cabo mediante cambios cualitativos y cuantitativos (15).

E1 ideal concreto interior a la sociedad socialista como su perspectiva y horizonte, se transforma ahora en una infinitud plena que legitima la sociedad socialista, en funcin de la cual ha aparecido. El comunismo como un socialismo pleno, es decir, sin problemas ni fricciones, legitima un socialismo presente con sus problemas y fricciones. Pensando el socialismo actual en sus trminos perfectos, aparece el comunismo, y este comunismo es puesto como ideal interior del socialismo, hacia el cual ste avanza. El comunismo es un concepto lmite interpretado como futuro emprico, hacia el cual se avanza.

Al igual que en el pensamiento liberal, aparece una realidad verdadera por interpretacin del concepto lmite en trminos empricos en funcin del cual la realidad emprica es interpretada y legitimada. Aparece un realissimum en funcin del cual la realidad existe:

Los elementos, el germen, del comunismo no se originan slo en el regazo del socialismo, es decir, no slo tienen su nacimiento en el socialismo, sino que representan tambin un desarrollo lgico y el apogeo de las relaciones socialistas, de sus leyes y principios. Esta es la causa por la cual el paso hacia el completo desarrollo del comunismo no destruye las relaciones socialistas, sino que ms bien hay que afirmarlas de cualquier manera. Para dar este paso no es necesario atar los principios del socialismo sino ms bien asegurar su completa libertad de accin (16).

La perfeccin del socialismo es el comunismo, interpretando esta perfeccin como un camino en el tiempo, sin embargo, este camino es predeterminado por el desarrollo de las fuerzas productivas, que en la interpretacin sovitica llegan a ser otro trmino para el crecimiento econmico y el desarrollo tecnolgico que lo sustentan. Para que el socialismo avance hacia el comunismo, tiene que existir este desarrollo de las fuerzas productivas, que tiene su expresin cuantitativa en la tasa de crecimiento. El socialismo no avanza sino a partir de las fuerzas productivas. La legitimacin de la sociedad socialista por su horizonte comunista, por tanto, implica la legitimacin de la pauta central de comportamiento de la sociedad socialista. Socialismo, crecimiento econmico y comunismo se unen a travs de un mito tecnolgico.

Sin embargo, hace falta ampliar este mito tecnolgico hacia la esfera social, para que acte especficamente en funcin de la sociedad socialista. La lnea de esta ampliacin la podemos demostrar nuevamente a partir de la relacin entre el sistema econmico planificado real y el concepto lmite de la planificacin perfecta. La transicin al comunismo es vista entonces como una transicin unida al desarrollo de las fuerzas productivas, que implica un mejoramiento de la economa planificada hasta que funcione en su completa perfeccin, especialmente en dos niveles. En el primer nivel, una planificacin tal que ya no haya necesidad de relaciones mercantiles. En el segundo nivel, una realizacin tal del plan que haga que no exista ms la necesidad de incentivos materiales, porque cada individuo realiza lo que le corresponde segn el plan y por iniciativa propia. De esta manera, a la perfeccin tecnolgica la acompaa un perfeccionamiento social que lleva al comunismo.

En cuanto a la perfeccin de la planificacin, sta es vista en los siguientes trminos:

No cabe duda alguna de que la funcin de organizar la economa seguir existiendo (en el comunismo) en alguna forma a travs de una organizacin social cualquiera, como funcin de una direccin central del desarrollo econmico proporcional planificado. Sin embargo, es indiscutible, que esta funcin, segn el principio del centralismo democrtico, unir una fuerte direccin central a un mximo de iniciativa local. La creciente colaboracin y la participacin directa de las masas en la direccin del Estado y de la economa, aquellas formas de organizacin como los constantes consejos de la produccin de las empresas, la participacin en continuo aumento de las comisiones de los soviets, etc., son elementos de un desarrollo de esta ndole (17).

Este aumento del perfeccionamiento de la planificacin, junto con la descentralizacin de ella, llega a su cspide con la desaparicin del dinero:

La necesidad de un control sobre las medidas de trabajo y sobre las medidas de consumo no tienen lugar, el dinero es suprimido, las relaciones mercanca-dinero desaparecen y con eso cambia desde su misma base el carcter de las relaciones entre hombre y sociedad. Estas relaciones se ven definitivamente libres de consideraciones egostas y de todo aquello que la caza de ganancias y de las ventajas materiales trae consigo (18).

Si bien se trata la desaparicin del dinero preferentemente como un problema moral mientras es un problema de la propia estructura econmica objetiva se incluye esta perspectiva en la imagen del futuro. Eso mismo lleva a la desaparicin del Estado y al establecimiento de la llamada autonoma administrativa en el comunismo:

La autonoma administrativa en el comunismo es un sistema de organizacin que abarca a toda la poblacin, la cual con la ayuda de este sistema lleva a cabo directamente la administracin de sus propios asuntos... En el campo de la economa el campo ms importante de la autonoma administrativa de la sociedad ser el mtodo de la planificacin cientfica, de la organizacin de corporaciones voluntarias y del trabajo en comn, entre colectividades de produccin y sectores econmicos (19).

A esta perfeccin de la planificacin a la vez centralizada y descentralizada, se une la perfeccin de la tica del trabajo de cada uno. El centro de la tica comunista de trabajo se presenta por el principio: Cada uno segn sus capacidades, a cada uno segn sus necesidades. Es un principio de trabajo voluntario, por un lado, y de distribucin libre, por el otro. Se sostiene una tendencia actual hacia tal principio de justicia:

Sin embargo, en esta lucha, como en toda la actividad sovitica, el elemento obligatorio va retrocediendo incesantemente en favor de los mtodos educacionales, de la conviccin, de la influencia de la colectividad y de la publicidad (20).

Esta tendencia actual est interpretada llegando a su cspide en el comunismo, lo que presupone un alto grado de abundancia de bienes materiales:

Ser ms fcil para los hombres acostumbrarse a las formas de distribucin comunista, ya que sta no les exige una autolimitacin artificial ni una vida llena de privaciones (21).

Como resultado, todo trabajo es voluntario:

En el comunismo todos los miembros de la sociedad se dejarn conducir en su trabajo slo por impulsos morales y por su elevada conciencia. En otras palabras, ser un trabajo gratuito junto a satisfacciones tambin gratuitas de todas las necesidades de los trabajadores (22).

Si el trabajo es voluntario y, por tanto, gratuito, tambin la distribucin tiene que serlo:

En el comunismo, es vlido para la distribucin de los bienes materiales e intelectuales el principio: A cada uno segn sus necesidades. En otras palabras, la sociedad otorga a cada individuo gratuitamente todo lo que necesita, independientemente de su posicin, cantidad y calidad de trabajo que es capaz de ofrecer (23).

Por tanto, aparece con el comunismo una identidad de intereses:

El comunismo que cambi la produccin, la distribucin y el trabajo garantiza tambin la absoluta fusin de los intereses socioeconmicos de todos los miembros de la sociedad (24).

A partir de esta identidad de intereses, toda la vida cambiar:

Si toda obligacin desaparece de la vida de la sociedad, entonces no slo cambiarn las condiciones sociales de la futura sociedad sino que tambin el hombre mismo cambiar, dejndose conducir nicamente por sus convicciones y por el reconocimiento de sus obligaciones morales (25).

En vez del lujo los criterios principales para valorizar las cosas sern la comodidad y la verdadera belleza. Los hombres ya no vern en las cosas objetos de vanidad ni la medida de su xito en la vida, ni su vida estar orientada en funcin de adquirir cosas, sino que se les devolver (a las cosas) su verdadero sentido, que es aliviar y embellecer la vida de los hombres (26).

De esta manera, socialismo, crecimiento econmico y comunismo son unidos en una unidad de presente y futuro, en la cual el proyecto de todo futuro posible es considerado como el desarrollo de las potencialidades de la sociedad socialista presente. Fuera de esta sociedad no hay futuro.

Se trata de un pensamiento sumamente tecncrata, an ms, grandiosamente tecncrata. El destino de la humanidad se hace calculable a partir de las tasas de crecimiento. Hay una conduccin posible de la humanidad hacia un progreso siempre mayor, que puede confiar en un conjunto tcnico de soluciones. Nada queda sin poder hacerse, siempre y cuando se mantenga este camino seguro y ascendente del progreso tcnico socialmente encauzado. Cuanto ms se conciben las fuerzas productivas en trminos de un crecimiento cuantitativo, y cuanto ms exclusivamente su contenido puede expresarse a travs del estado de la tcnica y de la productividad del trabajo, tanto ms seguro parece ser el mtodo.

Por lo tanto, interpretado el concepto lmite de una planificacin perfecta como un futuro emprico posible, hacia el cual la realidad de la sociedad socialista se aproxima gradualmente, esta misma sociedad se legitima y afirma toda una tica social que es el conjunto de normas implcitas a una orientacin por la maximizacin del crecimiento econmico.

7. El carcter trascendental

del concepto del comunismo

Se trata, sin duda, de un pensamiento sumamente coherente. Precisamente la analoga con el pensamiento neoliberal lo puede mostrar. Aunque ste opera con un concepto lmite terico de competencia perfecta, el que es transformado en un futuro emprico hacia el cual la realidad de la sociedad capitalista se aproxima, derivando de esta aproximacin la legitimacin de la sociedad y toda una tica social de la maximizacin de las ganancias, el pensamiento neoliberal no logra este grado de coherencia. Su concepto de competencia perfecta ni siquiera es tericamente consistente, y su derivacin de los valores a partir del proceso de aproximacin falla tericamente porque no puede hacer conmensurables las utilidades individuales a partir de las cuales tendra que derivar una funcin de bienestar social.

En el pensamiento sovitico no aparecen tales problemas de consistencia terica. El concepto lmite de planificacin perfecta es tericamente consistente, y el problema de la incompatibilidad de utilidades individuales en la derivacin de una funcin de bienestar no existe, porque se la deriva de la tasa de crecimiento, la cual es ya una expresin social.

Para nuestro anlisis interesa un logro especial, que consiste en el hecho de que el socialismo sovitico ha sido capaz de constituir una legitimacin del poder, que no descansa sobre el uso y abuso de la religin. Que el poder sea Dios, o por lo menos, un mandato de Dios de un poder por gracia de Dios, tienen en comn todas las sociedades anteriores aunque ya la revolucin francesa hizo un intento en la lnea de su superacin. El poder sovitico efectivamente renuncia a la religin como fuente de legitimacin.

En efecto, el pensamiento sovitico no opera con expresiones trascendentes para sus conceptos lmites trascendentales. Este pensamiento tambin es tripolar, con una realidad emprica en el centro rodeada por conceptos lmites; como concepto lmite positivo figura el comunismo, el que es interpretado como meta emprica, una infinitud interior al hombre, que el pensamiento sovitico no vincula con ningn Dios. La referencia citada de Lunarcharski, Si hay un Dios, este es la vida, no es tpica del pensamiento sovitico. Este ms bien considera la vida del hombre, en todas sus dimensiones, como un asunto de los hombres. Sin embargo, no es totalmente ausnete en la Unin Sovitica. En la literatura en general abundan tales referencias. Pero no son parte expresa de la estructura legitimadora del sistema.

Efectivamente, se ha sustituido el misticismo del Dios del poder por el mito tecnolgico que anteriormente describimos. Existe tambin un mito, pero los soviticos no comprometen a Dios con l. Como concepto lmite negativo, en cambio, el pensamiento sovitico se refiere constantemente al peligro de aniquilamiento por la guerra atmica. Esto es tambin diferente del concepto lmite neoliberal. Para ste el concepto lmite negativo es el caos como producto del socialismo. Eso hace que al guerra atmica aparezca incluso como una posibilidad de evitar lo peor. En el pensamiento sovitico es lo peor, y se teme al capitalismo por la perspectiva de aniquilamiento por la guerra atmica. El concepto lmite negativo del pensamiento sovitico, por tanto, no es de por s el capitalismo. En la perspectiva sovitica existe la confianza total de que el capitalismo terminar, y que cada victoria del capitalismo es perecedera. Si se teme al capitalismo, es por la razn de que a travs de la guerra atmica puede terminar con la historia misma. Mientras para el pensamiento neoliberal el mayor peligro es el socialismo, que se percibe como prdida definitiva de la humanidad, para el pensamiento sovitico el capitalismo es un desafo frente al cual siente la seguridad absoluta de poder responder, excepto que haya guerra atmica.

En tal visin tripolar, poco caben las expresiones trascendentes para estos conceptos lmites. Estos son efectivamente secularizados en su grado mximo, considerando lo mejor y lo peor como una responsabilidad humana. Sin embargo, esta coherencia del pensamiento sovitico no es tan perfecta como parece a primera vista. Su problemtica salta a la vista, cuando la crtica se concentra en su concepto de aproximacin al comunismo. Se trata, evidentemente, de un progreso infinito aplicado al desarrollo de una historia real. Resulta un progreso tal, que ni siquiera en un tiempo infinito puede llegar a su fin. En trminos de Bloch: un progreso infinito en el sentido de un viaje sin fin, una aproximacin sin aproximar. Siendo tal aproximacin infinitamente inalcanzable, resulta una aproximacin absolutamente ilusoria.

El progreso infinito lo habamos visto ya en sus dos niveles. Por un lado, es un progreso infinito terico, que parte de las estructuras econmicas con su centro, que es la planificacin orientada por la maximizacin de las tasas de crecimiento econmico. Este progreso infinito resulta en la imagen de la planificacin perfecta, que es un modelo terico necesario para la derivacin de las tcnicas de planificacin. Progresos infinitos tericos de este tipo los encontramos en todas las ciencias empricas, y los vimos tambin, especialmente, en el pensamiento conservador, neoclsico y anarquista. Aparece un concepto lmite positivo que expresa una institucionalidad en su perfeccin de funcionamiento, sin fricciones o imperfecciones. Pero siempre aparece tambin en este progreso infinito una transformacin de la institucionalidad por el propio proceso de abstraccin, una especie de contradiccin dialctica. Pensando la institucionalidad en trminos perfectos como concepto lmite, la institucionalidad real parece desaparecer. En la plausibilidad perfecta, la funcin social de legitimacin deja de existir. En la competencia perfecta el proceso real de competencia perfecta deja de existir. Y ahora resulta, que tambin en la planificacin perfecta deja de existir el proceso real de planificacin, en cuanto que tiene que abstraerse de las relaciones mercantiles y de la coaccin legal como elementos de esta planificacin. La planificacin perfecta es una ausencia de planificacin real, como la competencia perfecta es una ausencia de competencia real, y como la legitimacin perfecta una ausencia de las funciones reales de legitimacin. Se trata de contradicciones dialcticas implcitas al proceso de abstraccin, por medio de un progreso infinito. Vimos ya la excepcin del progreso infinito en la abstraccin anarquista. Como no parte de una realidad institucionalizada, su paso hacia la anarqua como su concepto lmite no contiene esta contradiccin dialctica.

Por otro lado, tenemos el progreso infinito de aproximacin real, en el cual la finalidad no es la elaboracin terica de un concepto lmite, sino la aproximacin prctica a l a travs de un progreso infinito en el tiempo. Una secuencia de actos humanos al futuro, es interpretada como una aproximacin a tal concepto lmite tericamente establecido por el progreso infinito terico. As, por ejemplo, la tasa de crecimiento como camino al socialismo, o la tasa de ganancia como camino a la sociedad del mercado total. Pero, siendo impedida la realizacin de este concepto lmite por la condicin humana misma, ni un proceso infinito puede alcanzar para lograr la meta. En la teora esta imposibilidad se revela por los supuestos implcitos en cualquier concepto de perfeccin: conocimiento perfecto y velocidad infinita de reaccin de los factores. El proceso real de aproximacin, precisamente, no se acerca a tales condiciones supuestas. Por tanto, no se aproxima a la meta descrita en trminos del concepto lmite. Lo que en el progreso infinito terico aparece como contradiccin dialctica, aparece ahora en el progreso infinito de aproximacin real como imposibilidad infinita, o, si recurrimos a la expresin de Hegel, como mala infinitud, o de Bloch, como viaje sin fin.

De esto se sigue, que institucionalidades como la planificacin, el mercado, la legitimacin, el Estado, etc., tienen su esencia en su propia imperfeccin. Existen solamente porque existen en trminos imperfectos. Expresado en trminos de los supuestos de posibilidad de tales perfecciones institucionales, resulta que estas institucionalidades tienen su razn de ser en la ausencia de la posibilidad de un conocimiento perfecto y de una velocidad infinita de reaccin de los factores de produccin. No hay otra manera de expresare la razn de existencia de todo el sistema institucional, sino sta. Las imgenes de la institucin perfecta y de la consiguiente aproximacin infinita a su realizacin, no son ms que espejismos de la realidad y no tienen ningn carcter ontolgico. Pero por eso no son simplemente superfluos. Tales espejismos existen y son elementos necesarios para conocer y transformar la realidad. Pero esta transformacin de la realidad jams tiene el carcter de una aproximacin. Estos conceptos lmites dan elementos de juicio sobre la realidad, que sin ellos, no es posible tener. Sin embargo, presentados como metas de accin, son simplemente vanos espejismos. Tanto la contradiccin dialctica contenida en el proceso de abstraccin por el progreso infinito, del cual resulta el concepto lmite, como el anlisis de la mala infinitud del proceso real de aproximacin, atestiguan este carcter de los conceptos lmites.

Sin embargo, en cuanto la sociedad busca y pretende alcanzal su sentido en tales aproximaciones, la crtica de su mala infinitud lleva a la crisis del sentido de la sociedad. Esta critica no hay que entenderla una simple actividad tericamente crtica. Se trata de la experiencia diaria, que tiende a revelar tales sentidos como vano. En cambio, la legitimacin de la sociedad se esfuerza para insistir en el sentido de tal aproximacin. La discusin por el carcter de los conceptos lmites y de la aproximacin real hacia ellos es, por tanto, una discusin por la legitimidad de una sociedad. Decir, por tanto, que el pensamiento sovitico contiene como incoherencia tal mala infinitud, equivale a decir que contiene una crisis potencial de legitimidad, que es crisis de su sentido. Perdera su sentido y legitimidad, en cuanto se hiciera patente en la sociedad sovitica que el viaje al comunismo es un viaje sin fin. A partir de esta crisis tendra que reformularse desde sus propias races.

Ya vimos que el pensamiento anarquista no contiene las mismas contradicciones dialcticas que los pensamientos de perfeccin institucional. Esto es evidente por el hecho de que el pensamiento anarquista no es un pensamiento desarrollado sobre instituciones. Instituciones son canales o formas de la vida material. Los pensamientos de la perfeccin institucional piensan tales instituciones en su perfeccin. El pensamiento anarquista, en cambio, piensa la vida material en su trmino perfectamente vivido y, por tanto, llega al resultado de que una vida material perfectamente ordenada es una vida sin ninguna institucionalizacin ni propiedades, ni familia, ni Estado. Llega as a su concepto lmite del orden espontneo o de la anarqua, que es el concepto de la libertad ms absoluta. Al hecho de que tal concepto lmite no contenga la contradiccin dialctica analizada, corresponde el otro de que el pensamiento anarquista no conoce ni puede conocer mediaciones institucionales de realizacin. Es la libertad ms all de todas las limitaciones institucionales. Como va ms all de las instituciones, stas no se pueden aproximar a ella en el tiempo, ni aparece un espejismo en esta lnea. Sin embargo no es realizable por las mismas razones por las cuales los conceptos lmites institucionales no lo son. Tambin la anarqua es un concepto trascendental, y la libertad anarquista es la libertad trascendental.

Pero la libertad anarquista es solamente la libertad si se la concibe como la libertad trascendental. Una vez interpretado el anarquismo como concepto emprico realizable, resulta la accin directa como manera de realizarlo, y la simple destruccin aparece como nico camino real para abrir paso a esta libertad. Como la anarqua no deja espacio para el espejismo de una aproximacin institucional en el tiempo hacia su realizacin, su interpretacin emprica lleva al espejismo de su realizacin por la accin directa y la destruccin, en el sentido de Bakunin: La pasin de la destruccin es una pasin creadora. Pero, como se trata de un espejismo, no resulta la libertad, sino solamente la destruccin sin ninguna creacin. Sin embargo, expresada la libertad anarquista en su trascendentalidad y por tanto como no-factible resulta ser la gran formulacin de la libertad humana, una libertad que nunca jams se ha podido formular en trminos ms grandiosos.

Resulta entonces que el comunismo del pensamiento sovitico y el anarquismo, no son lo mismo, aunque tengan la misma raz y sean los dos igualmente no-factibles. El comunismo es la institucionalidad perfecta, el orden institucional perfecto. La anarqua es el orden espontneo de relaciones humanas perfectas, que ya no necesita institucionalizarse. En trminos mticos, la diferencia es entre el jardn del Edn con su rbol prohibido, y el nuevo Edn, que ya no tiene rbol prohibido. Sin embargo, como conceptos lmites, ambos son no-factibles.

Por otro lado, el supuesto de factibilidad para ambos es el mismo: conocimiento perfecto, que no es alcanzable. De esta manera, forman una cabeza de Janus. Formulando la libertad en trminos institucionales, resulta el comunismo ilusorio. Formulndola en trminos directos, resulta el orden espontneo, que es sencillamente no-factible. Esta doble faz de la perfeccin, sin embargo, no est adecuadamente descrita por la relacin entre Marx y Bakunin. Esta relacin es entre institucionalizacin y accin directa. El mismo Marx topa con esta problemtica como resultado de su teora, y la interpreta entonces en trminos del reino de la necesidad y el reino de la libertad. El comunismo sovitico es este reino de la necesidad pensado en su perfeccin, y el reino de la libertad es aquella libertad trascendental ms all del comunismo, que mantiene su raz en el anarquismo.

Tomados en su perfeccin, ambos son no-factibles. La libertad trascendental que es la libertad anarquista, resulta un jardn del Edn sin rbol prohibido, cuya entrada esta vigilada e impedida por dos ngeles: el ngel de la mala infinitud y el ngel de la destruccin por la accin directa. La pregunta que surge es, por tanto, cmo se puede encarnar esta libertad en una sociedad que no tiene acceso directo hacia ella?

NOTAS

1 Hayek, F. A., Individualismus..., op. cit., pg. 188.

2 Ibid., pg. 198.

3 Hayek, La pretensin..., op. cit., pg. 32.

4 Kantorovich, L. V., La asignacin ptima de los recursos econmicos. Ariel, Barcelona, 1968.

5 Meade, J. F., Una teora neoclsica del crecimiento econmico. FCE, Mxico, 1976, pg. 15.

6 Popper, K., La Miseria..., op. cit., pg. 93.

7 Grundlagen des Marxismus-Leninismus. Lehrbuch. (Bases del marxismo-leninismo. Manual). Berln, 1960, pgs. 825-826.

8 Ibid., pg. 823.

9 Idem.

14 Stepanjan, Z., Sobre el trnsito gradual del socialismo al comunismo. Kommunist, 1959, No. 14, Mosc, pg. 35.

15 Ibid., pg. 37.

16 Ibid., pg. 33.

19 Ibid., pg. 819.

20 Nobel, Genia: Entwicklung der Sowjetunion auf dem Wege zum Kommunismus (El desarrollo de la Unin Sovitica en el camino hacia el comunismo). Einheit, Berln, 1960, pg. 1111.

21 Grundlagen..., op. cit., pg. 814.

22 Ibid., pg. 810.

23 Ibid., pg. 812.

24 Ibid., pg. 817.

25 Idem.

26 Ibid., pg. 815.

 

 

Captulo V

 

La metodologa de Popper y sus anlisis tericos de la planificacin, la competencia y el proceso de institucionalizacin

En lo que sigue tratar de analizar la relacin entre la metodologa explcita de Popper y los elementos metodolgicos que aparecen en sus anlisis tericos de los fenmenos empricos mencionados de planificacin, competencia del mercado y el proceso de institucionalizacin en general. Nuestro anlisis girara alrededor de dos polos del pensamiento de Popper. Por un lado, sus tesis metodolgicas las cuales sostienen que la validez de las teoras empricas descansa sobre enunciados falsables y que solamente estos pueden garantizar el status cientfico de tales teoras. Por otro lado, las afirmaciones o crticas del mismo Popper a determinadas teoras de las ciencias sociales, a las cuales da un cierto desarrollo propio.

Se plantea aqu; la pregunta sobre la consistencia metodolgica de los anlisis empricos de Popper, medida sta por su compatibilidad con la metodologa explcita que el mismo Popper presenta. Voy a defender la tesis de que nuestro autor se gua en sus anlisis tericos sobre la empira, por principios metodolgicos no explcitos que no son compatibles con la metodologa que l, explcitamente, defiende en sus anlisis metodolgicos. Aparece, por tanto, en el pensamiento de Popper una contradiccin entre dos metodologas mutuamente excluyentes. Ms all de la constatacin de esta contradiccin que invalida su pensamiento, sostendr que una metodologa de las ciencias empricas es incompatible con las tesis metodolgicas de Popper, en tanto que la metodologa implcita en sus anlisis empricos puede ser, efectivamente, un paso para una metodologa ms adecuada de las ciencias empricas.

Dando por conocida la metodologa explcita de Popper, discutir esta tesis principal del presente trabajo a partir de sus referencias a la teora de la planificacin econmica, la teora de la competencia de mercado y la teora del proceso de institucionalizacin, tal como aparecen especialmente en sus libros: La sociedad abierta y sus enemigos, La miseria del historicismo y Conocimiento objetivo. Una reflexin final sobre la metodologa se referir a la Lgica de la investigacin cientfica.

 

 

1. La teora popperiana de la planificacin,

la competencia y la institucionalizacin en general

Podemos empezar recalcando que todas estas teoras de Popper se generan a partir de un principio comn, que adems es central para toda su teora sobre la sociedad. Se trata de una afirmacin emprica sobre la ndole de la imposibilidad emprica absoluta, que constituye un principio general emprico de imposibilidad. Popper toma este principio de imposibilidad de la teora econmica de Hayek. Se podra resumir en la tesis de que toda accin social humana est limitada pro el hecho de que el conjunto de lso conocimientos humanos no es centralizable en una sola cabeza o instancia. Por lo tanto, resulta imposible un conocimiento perfecto de todos los hechos de la relacin social humana interdependiente. Esta imposibilidad vale tanto para cada uno de los hombres como para cualquier grupo humano y, por consiguiente, para toda institucin humana (1).

Popper no expresa este principio de imposibilidad en trminos hipotticos o de un todava no, sino en trminos categoriales. Sus juicios al respecto tienen ms bien el carcter de juicios apodcticos que sostienen un nunca jams, es decir, una imposibilidad fatal e insuperable para la accin humana. Popper expresa este carcter fatal de la imposibilidad de un conocimiento ilimitado, mediante un trmino sumamente problemtico: sostiene que se trata de una imposibilidad lgica (2). Se refiere, por lo tanto, a instituciones cuya realizacin presupondra un tal conocimiento ilimitado, las cuales son lgicamente imposibles. Sin asumir nosotros tales trminos, ellos comprueban que Popper efecta un juicio apodctico al cual adjudica un carcter categorial.

Por supuesto, la afirmacin de una inevitable limitacin del conocimiento humano no es nada nuevo. El pensamiento metafsico lo expresa por su caracterizacin de Dios como el omnisciente; solamente Dios tiene un conocimiento ilimitado, y el hombre, inevitablemente, un conocimiento limitado. Se trata tambin de una conviccin del sentido comn de todos los tiempos. Sin embargo, en la forma en la cual Max Weber y despus especialmente Hayek y Popper lo introducen en las ciencias sociales y sobre todo en la teora econmica, significa algo nuevo. Hayek en particular transforma este juicio apodctico omnipresente en un juicio categorial relevante para la praxis social. As pues, recin en nuestro siglo aparece como categora de discernimiento de la accin social humana, de la cual se deriva ahora expresamente la imposibilidad de cualquier accin humana cuya realizacin exigira tal conocimiento ilimitado. Es en esta forma categorial que Popper asume el juicio apodctico de la imposibilidad del conocimiento humano perfecto, usndolo en sus anlisis tericos como principio general emprico de imposibilidad.

Esta afirmacin de la imposibilidad en trminos categoriales es una novedad en las ciencias sociales actuales y tiene una importancia innegable. Pero lo que nos interesa no es el anlisis de esta importancia sino el anlisis del status metodolgico de este principio de imposibilidad y de otros frente a la metodologa de Popper. Esta metodologa admite en la ciencia nicamente enunciados falsables y, por lo tanto, enunciados que se pueden pronunciar en los trminos de un todava no. Sin embargo, aquellos principios de imposibilidad niegan este todava no y, en consecuencia, tienen la forma de enunciados no-falsables. Luego, un principio de imposibilidad es falso en el caso de que fuera falsable, con lo que Popper llega a un resultado que amenaza toda su metodologa. En el caso de que un enunciado de imposibilidad afirme un todava no (por ejemplo, todava es imposible que el hombre viaje a Venus), no tiene carcter apodctico y no sirve para juicios categoriales. En efecto, estos son de tipo apodctico, esto es, sostienen un nunca jams; por su forma no pueden ser falsables, resultando, en cuanto juicios categoriales, falsos en el caso de que sean falsables. Demostrar que un principio de imposibilidad es falsable es ya, de por s, la demostracin de que es falso. El principio general emprico de imposibilidad es afirmado en su validez precisamente por la afirmacin de que no es falsable.

Pareciera que Popper intenta encubrir este hecho invalidante de su metodologa por un simple juego de palabras. Designa a tales imposibilidades con el trmino imposibilidades lgicas. Para poder sacar conclusiones, tenemos que ver cmo l intenta demostrar su carcter lgico y no emprico.

1.1. La teora de la planificacin econmica de Popper

La teora de la planificacin econmica de Popper es una crtica de la planificacin y forma, como tal, el ncleo de su concepto de utopismo y de su denuncia. Es, por lo tanto, la base de su visin del mundo, un mundo dividido entre la sociedad abierta y sus enemigos, de ah la importancia que l da a la elaboracin de esta teora. El problema de la metodologa popperiana aparece de nuevo. El juicio de Popper sobre la planificacin, puede ser considerado hipottico hasta en el caso de que l llame a reprimir a aquellos que no lo compartan?

La crtica de la planificacin que hace Popper tiene un contexto amplio sin el cual no es comprensible. Popper sostendr que la planificacin del conjunto social es imposible porque ello presupone un conocimiento ilimitado. No obstante, es posible intentar lo imposible, si bien eso, segn Popper, lleva a la destruccin de la sociedad, entendida como caos (el caos ordenado de von Mises), o a la tirana o a la sociedad cerrada, etc. Se trata, entonces, de una inevitable predisposicin a la violencia frente a la cual es legtima la aplicacin de la violencia. Es decir, la utopa lleva al utopista a la violencia y, por tanto, hay que reprimir an violentamente al utopista. As pues, la crtica de la planificacin se convierte en Popper en legitimacin de la violencia en contra de aquellos que no la compartan y, como en cualquier ideologa, esta legitimacin de la violencia pasa por la afirmacin de que los otros, en contra de los cuales se dirige esta violencia, son los violentos.

Solamente en esta amplitud la crtica de Popper a la planificacin se hace comprensible. Se trata, por un lado, de la demostracin de la imposibilidad lgica de la planificacin y, por el otro, de la demostracin del efecto nefasto que tiene el intento de realizar esa planificacin 1gicamente imposible.

Partimos, pues, de la demostracin de la imposibilidad lgica de la planificacin. Popper intenta esta demostracin de dos maneras diferentes. La primera se encuentra en La Miseria del Historicismo (3), la otra se encuentra en el Prlogo a la edicin inglesa de 1957 de esta obra (4), y es destacada por Popper como la ms importante y definitiva.

El primer argumento es el ms conocido y se refiere no solamente a la planificacin econmica sino a la de toda la sociedad, pero obviamente implica la economa. Popper tiene en mente a un posible planificador que intenta planificarlo literalmente todo y, en este sentido, enfoca una planificacin total. El argumento de su imposibilidad Popper lo resume as:

El trmino sociedad abarca, claro est, todas las relaciones sociales, inclusive las personales; las de una madre con su hijo tanto como las de un funcionario de proteccin de menores con cualquiera de los dos. Por muchas razones es enteramente imposible controlar todas o casi todas estas relaciones: aunque slo sea porque con todo nuevo control de relaciones sociales creamos un sinnmero de nuevas relaciones que controlar. En resumen, la imposibilidad es una imposibilidad lgica. (El intento lleva a una regresin infinita: la posicin es la misma en el caso de un intento de estudiar la totalidad de la sociedad, que tendra que incluir este estudio) (Subrayados nuestros) (4).

Este argumento es cierto en el caso que supongamos que el planificador, por un lado, quiere efectivamente planificar literalmente todo y s, por el otro lado, este planificador tiene a priori conocimientos limitados, es decir, que para l valga el principio emprico general de imposibilidad de un conocimiento ilimitado. En tal caso se produce una planificacin que es el intento de planificarlo todo, mientras que el propio mecanismo de planificacin impide llegar a tal meta. Ni un tiempo infinito es suficiente para llegar a planificarlo todo y, por consiguiente, el intento es falaz. Podemos deducir del principio de imposibilidad tal planificacin falaz; tambin podemos deducir de la frustracin de tal intento de planificacin total la vigencia del principio de imposibilidad del conocimiento ilimitado.

Esta ltima deduccin es una especie de induccin: el intento falla y se concluye que cualquier repeticin en el futuro fallar tambin, de lo que se sigue que falla por una razn inevitable. Buscando tal razn la encontramos en el conocimiento limitado en trminos de un principio de imposibilidad. Transformamos as un juicio hipottico segn el cual hasta ahora tales intentos de planificacin total han fracasado, en un juicio apodctico segn el cual fracasarn siempre. A partir de este juicio apodctico formulamos el juicio categorial segn el cual la institucin de planificacin fatalmente desemboca en una planificacin frustrada en cuanto intenta planificarlo todo, y del cual deducimos que es fatalmente inevitable renunciar a tal planificacin de todo cuanto acontece. De todo esto Popper concluye que hay que reprimir a aquel que intente tal planificacin, tanto en nombre de lo imposible que intenta hacer, como porque su intento de realizacin destruye la realizacin de lo que es posible.

El argumento, sin embargo, tiene dos debilidades. La primera consiste en la tesis del carcter lgico de la imposibilidad de una planificacin total. Si la razn es la vigencia de un principio emprico general de imposibilidad, tal imposibilidad no es lgica sino fctica. Que un hombre tenga un conocimiento ilimitado no es lgicamente imposible, sino fcticamente. La lgica no nos dice nada sobre este punto porque ella es vaca en relacin a cualquier contenido emprico, por lo menos si entendemos por lgica la lgica formal. Dado que Popper nos dice permanentemente que no hay otra lgica, si aceptamos el contenido de su argumento tenemos que rechazar su presentacin metodolgica en el sentido de una imposibilidad lgica.

Por otra parte, el argumento expresa un juicio emprico sobre la relacin del hombre actuante con la totalidad de los fenmenos empricos que lo rodean. De la caracterizacin de esta relacin resulta el principio de imposibilidad del cual se deriva la inevitable frustracin de una planificacin de todo. La palabra lgica solamente esconde el hecho de este juicio, cuya aceptacin no cabe en la metodologa de Popper y la destruye. El juicio no es falsable, siendo, sin embargo, un juicio emprico de validez cientfica.

Aparece aqu la segunda debilidad del argumento de Popper. El nos dice que el intento imposible de realizacin de esta planificacin total, desemboca en una regresin infinita. Pero no hay tal regresin infinita, sino slo lo que Hegel llama una progresin infinita. La regresin va hacia atrs; la progresin, hacia adelante, y el argumento de Popper se refiere a algo que ocurrir en el futuro, y no en el pasado; es una prediccin a partir de un principio de imposibilidad que predice algo que ocurrir en todos los futuros posibles. Por lo tanto, lo que Popper establece es una ley de la historia en forma de prediccin de una progresin infinita. Hegel es quien enfoca por primera vez tales progresiones y les imputa el carcter de mala infinitud, que es otra palabra para la frustracin de la persecucin de la meta de la progresin.

As pues, podemos resumir adecuadamente la tesis de Popper en estos trminos: dada la imposibilidad de la planificacin total, el intento de realizarla desemboca en una progresin infinita que es de mala infinitud en el sentido de que ni en un tiempo infinito llega a alcanzar su meta. El argumento de Popper resulta ser un argumento dialctico hegeliano y, efectivamente, Hegel habla en este contexto de imposibilidades lgicas. Fuera de Popper, Hegel es el nico que considera tales procesos como lgicamente imposibles. Por consiguiente, sorprendente y reveladora es la nota que Popper pone al pie de pgina del texto arriba citado.

Los holistas quiz tengan la esperanza de salir de esta dificultad mediante la negacin de la validez de la lgica, la cual, piensan ha sido arrumbada por la dialctica. He intentado cerrarles este camino en What is Dialectic? (6).

La nota revela solamente la incapacidad de Popper de entender los argumentos de otros; y hasta los suyos propios. Cegado por su odio a Hegel se transforma en ignorante, cuando su argumento es pura dialctica hegeliana.

Sin embargo, Popper no est totalmente satisfecho con este su primer argumento de la imposibilidad de la planificacin total. En realidad, el argumento es concluyente, pero Popper se inquieta ms bien por el carcter lgico de ste. El necesita sostener tal carcter lgico para proteger su metodologa; sta se derrumba si aquella imposibilidad no es lgica, pues en tal caso tiene que aceptar enunciados no-falsables en el interior de la ciencia emprica.

En su prlogo a la edicin inglesa de 1957 de La miseria del historicismo, Popper presenta un argumento transformado que le parece suficientemente definitivo. De la argumentacin estricta de la planificacin pasa ahora a la prediccin cientfica implicada en cualquier planificacin, con lo que transforma su argumento en una crtica de todo conocimiento del futuro. Se dirige en contra de un cientfico que pretende saberlo todo, incluso lo que l recin sabr maana. Popper descubre as un progreso infinito frustrado, del tipo de su primera crtica de la planificacin:

...si hay en realidad un crecimiento de los conocimientos humanos, no podemos anticipar hoy lo que sabremos slo manana... Mi prueba consiste en mostrar que ningn predictor cientfico ya sea hombre o mquina tiene la posibilidad de predecir por mtodos cientficos sus propios resultados futuros. El intento de hacerlo slo puede conseguir su resultado despus de que el hecho haya tenido lugar, cuando ya es demasiado tarde para una prediccin; puede conseguir su resultado slo despus que la prediccin se haya convertida en una retrodiccin.

Este argumento, como es puramente lgico, se aplica a predictores cientficos de cualquier complejidad, inclusive sociedades de predictores mutuos. Pero esto significa que ninguna sociedad puede predecir cientficamente sus propios estados de conocimiento futuros (Ultimo subrayado nuestro) (7).

El presenta este argumento como prueba lgica. El argumento no se dirige contra las predicciones aproximadas, sino contra las predicciones exactas. La ciencia segn Popper, no puede tener un saber del futuro, lo que no excluye conjeturas sobre el futuro.

De nuevo, nuestra crtica no se dirige contra el contenido del argumento, que es generalmente aceptado en todas partes, sino contra la afirmacin de Popper que presenta el argumento como puramente lgico o como prueba lgica. De hecho, Popper no deduce nada de la lgica porque la lgica no contiene afirmaciones sobre la relacin entre presente y futuro. Una vez ms l presupone un hecho emprico detrs de los fenmenos de los cuales habla. Se trata nuevamente de un principio emprico general de imposibilidad que se refiere al carcter del tiempo. Este principio sostiene la imposibilidad emprica de una presencia simultnea en el pasado, el presente y el futuro, de lo cual se deduce el carcter emprico del tiempo como un tiempo discursivo. Si el tiempo es discursivo, entonces este carcter emprico del tiempo hace imposible tener hoy un saber exacto de lo que ocurrir maana. Pero el carcter emprico del tiempo como el carcter discreto del espacio no se sigue de la lgica sino de un juicio emprico. Dado que el tiempo es discursivo, la afirmacin de poder saber con exactitud algo que recin ocurrir maana, es una contradiccin lgica. Sin embargo, sin la afirmacin emprica del carcter discursivo del tiempo no hay contradiccin lgica alguna. As, por ejemplo, si algn metafsico sostiene que Dios sabe lo que el hombre sabr recin maana, no hay ninguna contradiccin lgica.

Si tomamos ahora estos dos argumentos de imposibilidad de la planificacin, los tenemos que interpretar en el sentido radical expuesto por Popper. Segn l, es imposible una planificacin que planifica literalmente todos los fenmenos y que logre ser una planificacin literalmente exacta en el curso del tiempo discursivo. Las imposibilidades las deduce Popper del carcter emprico inevitable del conocimiento humano limitado y de la discursividad del tiempo. Ahora bien, para transformar esta crtica de una planificacin literalmente perfecta en una crtica a corrientes polticas concretas. Popper tiene que sostener que los historicistas, como enemigos de la sociedad abierta, intentan realizar tal tipo de planificacin. Tiene que sostener que ellos buscan una sociedad que se ubique fuera del tiempo discursivo y que pretenden la omnisciencia de por lo menos un hombre, quien sera entonces el planificador. De ah que diga de los utopistas:

Sin embargo, no se puede dudar que la intencin del utpico es precisamente intentar lo imposible... (8).

La posicin de esta aspiracin hacia la planificacin perfecta la llama holismo, que es algo imposible, algo que irrumpe en trminos destructores en la realidad en cuanto se intenta realizarlo, y frente al cual la sociedad tiene el derecho legtimo de defenderse. Holismo se identifica en Popper con intuicin totalitaria (9), que tiene las dos caras de lo tirnico y de lo catico.

Esta visin exclusivamente denunciatoria de la planificacin, manifiesta la visin absolutamente arbitraria que Popper tiene del planificador. Para Popper, ste no tiene ninguna funcin que se pueda tratar objetivamente sino que es un hombre posesionado de poder, un hombre que camufla con la exigencia de planificacin su inmenso deseo de poder. El planificador de Popper es un hombre ansioso de controlar lo ms posible y, al fin, controlarlo todo. Quiere prescribir a todo el mundo lo que tiene que hacer, de modo que planificacin llega a ser simplemente un eufemismo de este afn de control.

Como es imposible realizar este afn absoluto del poder de parte del planificador, ste fracasa, creando el fenmeno de la planificacin no planeada (10). La planificacin holstica se vuelve entonces irracional, y Popper le contrapone su visin de la ingeniera social fragmentaria o improvisacin fragmentaria (11). No son en realidad dos mtodos en pugna, sino que solamente uno de los dos es factible, el otro, poder se imposible, es un irracionalismo que destruye lo posible que la ingeniera social fragmentaria podra alcanzar.

De los dos mtodos sostengo que uno es posible, mientras el otro simplemente no existe: es imposible (12).

De esta manera, Popper pasa del anlisis de la imposibilidad de la planificacin perfecta (planificarlo todo con conocimiento absoluto del futuro), a la imposibilidad misma de la planificacin en trminos de una planificacin aproximada:

No obstante, los holistas no slo se proponen estudiar la totalidad de nuestra sociedad por un mtodo imposible, se propone tambin controlar y reconstruir nuestra sociedad como un todo. Profetizan que el poder del Estado tiene necesariamente que aumentar hasta que el Estado se identifique casi totalmente con la sociedad (Mannheim). La intuicin expresada por este pasaje es bastante clara. Es la intuicin totalitaria (13).

Dejemos de lado la acusacin gratuita que Popper hace a Mannheim, y que no tiene nada que ver con lo que ste en realidad dice. Destaquemos ms bien que Popper identifica, sin ms, una planificacin de la sociedad como un todo con la planificacin de todo. La planificacin de todo es imposible, pero la planificacin de la sociedad como un todo es sin duda posible, slo que en trminos aproximados e imperfectos, como que todo es imperfecto en este mundo. Popper quiere deducir de un modelo terico un mundo de los hechos, y construye, como siempre en estos casos, un mundo de demonios dependientes de los hechos que no le permite ver ya la realidad emprica. De este modo, desemboca en una visin de la historia en la cual su sociedad abierta est constantemente amenazada por una gigantesca conspiracin de enemigos fanticos de poder, que traicionan la libertad y se posesionan de la irracionalidad, y cuya raz est en su sueo de construir un mundo imposible cuyo brillo aparente es la otra cara del infierno.

Esas cosas no se puden hacer. Son sueos utpicos, o quiz malentendidos. Y el decirnos que nos vemos forzados hoy a hacer una cosa que es lgicamente imposible, a saber, montar y dirigir el entero sistema de la sociedad y regular la totalidad de la vida social, es meramente un intento tpico de amenazarnos con las fuerzas histricos y los desarrollos inminentes que hacen inevitable la planificacin utpica. (Subrayados nuestros (14).

En el prefacio a la edicin alemana de la obra a la que nos hemos venido refiriendo, Popper aade lo siguiente:

Como otros antes que yo, llegu al resultado de que la idea de una planificacin social utpica es un fuego fatuo de grandes dimensiones, que nos atrae al pantano. La hibris que nos mueve a intentar realizar el ciclo en la tierra, nos seduce a transformar la tierra en un infierno; un infierno, como solamente lo pueden realizar unos hombres contra los otros (Traduccin nuestra) (15).

Al pasar sin ms de su concepto de planificacin perfecta a la planificacin real, Popper transforma todo el complejo de la planificacin en planificacin social utpica; la vincula con la hibris, que intenta pasar a la omnisciencia y ms all de la discursividad del tiempo, y la declara el diablo que est realizando su infierno en la tierra. De esta manera, Popper crea el mecanismo de agresin contra cualquier socialismo agresin que puede recurrir a las races ltimas de la metafsica de todos los tiempos. El Dios-Popper lucha contra el socialismo-diablo.

1.2. La teora de la competencia de Popper

Popper enfoca la competencia del mercado en trminos de la teora del equilibrio fundada por Walrs y Pareto, y de una manera cercana a como Hayek la intepreta en el presente. Distingue entre la institucionalidad de la competencia del mercado y la teora del tal institucionalidad, que es la teora del equilibrio. Es esta una distincin que Popper expresamente rechaza en su enfoque de la planificacin, en el cual la teora de la planificacin est, sin ms, identificada con la institucionalidad de la planificacin. Refirindose a la teora del equilibrio, Popper dice sobre el mtodo de su construccin:

Me refiero a la posibilidad de adoptar en las ciencias sociales lo que se puede llamar el mtodo de la construccin racional o lgica, o quiz el mtodo cero. Con esto quiero significar el mtodo de construir un modelo en base a una suposicin de completa racionalidad (y quiz tambin sobre la suposicin de que poseen informacin completa) por parte de todos los individuos implicados, y luego de estimar la desviacin de la conducta real de la gente con respecto a la conducta modelo, usando esta ltima como una especie de coordinada cero (Subrayados nuestros) (16).

Ciertamente, este es el mtodo de la teora del equilibrio de competencia en una descripcin excelente. La realidad aparece como desviacin de una idealizacin tericamente descrita por este mtodo cero, mientras, obviamente, el equilibrio mismo dadas las suposiciones de completa racionalidad e informacin es inalcanzable. Pero no hay duda que este mismo mtodo rige tambin la teora de la planificacin (17). Sin embargo, Popper niega enfticamente la panificacin de este mtodo a la planificacin y a la teora de planificacin:

Se puede incluso decir que totalidades en el sentido de (la totalidad de todas las propiedades o aspectos de una cosa, y especialmente todas las relaciones mantenidas entre sus partes constituyentes) no pueden nunca ser objeto de ninguna actividad cientfica u otra. (Subrayado nuestro) (18).

No obstante, el mtodo cero se refiere exactamente a este tipo de totalidad, si bien solamente en trminos tericos, esto es, sin pretender conocer concretamente tal totalidad Pero se dirige a ella, para elaborar teoras y tcnicas, para interpretar o influir sobre esta totalidad, especialmente en cuanto a todas las relaciones mantenidas entre sus partes constituyentes. Tales modelos de optimizacin necesariamente se refieren a todo, por el supuesto de que todo es planificado o mercantilizado. Y suponen que la decisin sea provista de informacin completa, porque de otra manera no se podra formular siquiera lo que es un comportamiento completamente racional, sea del planificador, sea del participante en el mercado. Modelos de optimizacin no se pueden hacer sin suponer un conocimiento de la totalidad de todos los fenmenos.

Pero tales modelos no son el fenmeno ni son la institucionalidad que media entre los fenmenos. Por otro lado, tales modelos no son lgicos sino que solamente emplean la lgica; son una empira idealizada como se la conoce tambin en las ciencias naturales (19). Su realizacin como modelos es imposible, si bien no se trata de una imposibilidad lgica como pretende Popper. No obstante, este carcter de imposibilidad no impide que sean modelos o teoras cientficos. La realidad slo puede aproximarlos, pero encuentra en ellos su referencia de racionalidad. De estos modelos no se puede deducir jams la imposibilidad de procesos reales, sino nicamente que los procesos reales nunca pueden ser una simple repeticin de estos modelos.

Una vez sealado esto podemos volver al argumento popperiano sobre la imposibilidad de la planificacin. Lo que es imposible, es simplemente una planificacin perfecta tal y como la analiza el modelo o teora de planificacin perfecta; igualmente, del modelo del equilibrio de competencia no se sigue la imposibilidad de la competencia, sino tan slo la imposibilidad de realizar el equilibrio descrito por las ecuaciones de este modelo de competencia perfectamente equilibrada. Si Popper fuera coherente, tendra que concluir o la imposibilidad lgica tanto de la competencia como de la planificacin, o admitir la posibilidad de ambas. No teniendo esta coherencia, la imposibilidad lgica popperiana de la planificacin resulta simplemente ideo-lgica: es una racionalizacin de prejuicios.

As pues, Popper no niega la posibilidad de la institucionalidad competencia, slo niega la posibilidad de que esta competencia pueda alcanzar el equilibrio descrito por la teora del equilibrio (modelo de competencia perfecta). En relacin a esta imposibilidad l utiliza dos argumentos: el primero se refiere a la tendencia al equilibrio de los mercados; el segundo, al anti-intervencionismo.

Respecto al primer argumento Popper seala:

Pues esta teora (del equilibrio) no afirma que el equilibrio se consiga en ninguna parte; slo afirma que todo desequilibrio (y estn ocurriendo desequilibrios todo el tiempo) es seguido por un reajuste, por un movimiento hacia el equilibrio (20).

Tenemos por tanto, segn Popper, una tendencia al equilibrio que no se realiza jams. Lo que hay son movimientos al equilibrio que siempre son interrumpidos por desequilibrios que provocan, nuevamente, la tendencia al equilibrio. En el sentido de esta teora del equilibrio se puede agregar, adems, que son los propios movimientos al equilibrio los que provocan reacciones a partir de las cuales se producen los nuevos desequilibrios. Popper mismo apunta a esta relacin en un resumen de una teora de Marx, corroborndola:

...an cuando sea cierto que las leyes inherentes al mercado libre determinan una tendencia hacia la ocupacin total, no es menos cierto que cada aproximacin aislada a la ocupacin universal, es decir, a la escasez de la mano de obra, estimula a los inventores e inversores a crear y a introducir nuevas mquinas destinadas a economizar mano de obra, dando lugar; as... a una nueva ola de desocupacin y crisis (21).

Tenemos, pues, la meta del equilibrio y la afirmacin de Popper de que la institucionalidad del mercado, al intentar acercarse a esta meta, crea desequilibrios que la vuelven a alejar. Ni siquiera en un tiempo infinito tal equilibrio-meta es alcanzable. Volvemos, por consiguiente, mutatis mutandis, al anlisis de la mala infinitud de un progreso infinito, que habamos visto ya al analizar su crtica de la planificiacin. La diferencia est en que en el caso de la planificacin, Popper menciona el problema del progreso infinito como vinculado con el intento de realizar un plan perfecto, mientras que en el caso del mercado no entra para nada a este anlisis. Pero su anlisis de la relacin entre el movimiento del mercado y el equilibrio es simtrico a su anlisis de la relacin entre la institucionalidad planificacin y el plan equilibrado como meta ideal. La razn del por qu de esta simetra es clara: l tendra que sostener no solamente la imposibilidad lgica de la planificacin sino tambin la imposibilidad lgica del mercado, de lo que resultara la imposibilidad lgica de toda sociedad moderna, sea capitalista o socialista.

El segundo argumento en cuanto a la imposibilidad del equilibrio del mercado en su forma perfecta, se refiere al anti-intervencionismo. Frente a la economa del mercado, el anti-intervencionismo sostiene la minimizacin de la actividad estatal sobre la economa. Se encuentra vinculado a la postura extrema del anarco-capitalismo, que suea con la extincin total del Estado por la transformacin de todas las actividades pblicas en actividades de empresas privadas en el mercado. Sobre el anti-intervencionismos dice Popper:

...sostengo que una poltica de anti-intervencionismo universal es insostenible, aunque no sea ms que por razones puramente lgicas, ya que sus partidarios no tendrn ms remedio que recomendar una intervencin poltica encaminada a impedir la intervencin (Ultimo subrayado nuestro) (22).

De nuevo, compartimos el contenido del juicio. La experiencia con las polticas anti-intervencionistas de los aos pasados hasta hoy, tanto en Amrica del Sur como en Estados Unidos, parece confirmar que la disminucin de intervenciones del Estado benefactor fue sustituida por el intervencionismo poltico del Estado policaco y militar. La intervencin no disminuy sino que se traslad del campo social hacia el campo policial y militar.

Pero de nuevo, el problema est en la forma del argumento de Popper. Por un lado, Popper no nos dice la razn por la cual el intento del no-intervencionismo fracasa y pasa a ser un cambio de la lnea de intervencin estatal. En este caso, el principio de imposibilidad del conocimiento perfecto no sirve como referencia explicativa. Sirvi en la crtica de la planificacin y de la tendencia al equilibrio del mercado, pero el fracaso del anti-intervencionismo no se origina de esta misma manera, lo que Popper reconocer despus indirectamente. Nuevamente hay detrs un principio de imposibilidad. Lo derivamos si sostenemos con Popper que, con la disminucin de las intervenciones del Estado benefactor, aumentan las crisis econmicas y sus efectos sobre la poblacin. Esta poblacin difcilmente puede aguantar tal pauperizacin y tiende a levantarse en favor de estas mismas intervenciones. Por lo tanto, hace falta una intervencin para sofocar estas reivindicaciones populares, y esta ser la intervencin policial y militar.

Hay un lugar en el cual Popper menciona el principio emprico general de imposibilidad correspondiente. Habla de leyes como que los hombres no pueden vivir sin alimento... (23). Como no pueden, su descontento tiene una raz de necesidad que obliga a fomentar la intervencin policial al disminuir la seguridad del bienestar. Aparece aqu otro principio de imposibilidad que es tan poco falsable como los anteriores. Nadie duda que el hombre no puede vivir sin alimentos, sin embargo, el enunciado correspondiente no es falsable; forma un juicio apodctico que Popper usa en trminos categoriales, es decir, como categora para enjuiciar el fenmeno emprico del anti-intervencionismo. El principio de imposibilidad correspondiente sostiene, pues, que el conjunto de los fenmenos posibles est conectado con esta imposibilidad categrica. Si se formulara un falsador correspondiente, sera: Este hombre vive sin alimentos, lo que en trminos del principio de imposibilidad es a priori falso y no admisible como un enunciado bsico, que tiene que referirse a acontecimientos posibles.

Este hecho de afirmaciones empricas no-falsables. Popper de nuevo lo esconde detrs de la afirmacin de la imposibilidad lgica. As, dice que el anti-intervencionismo es universalmente insostenible por razones puramente lgicas (24), confundindonos una vez ms con la palabra lgica en referencia a juicios empricos no-falsables que l mismo tiene que usar. Sin embargo, la imposibilidad del anti-intervencionismo no es lgica sino fctica. La lgica no impone a nadie alimentarse para poder vivir; es el mundo real emprico el que impone eso.

Nuevamente vemos que Popper desemboca en la constatacin de una imposibilidad a partir de la mala infinitud de un progreso infinito, como resultado de la vigencia de un principio emprico general de imposibilidad. Esta vez s concluye la imposibilidad de una poltica correspondiente, pero no de una institucionalidad completa como en el caso de la planificacin. De la simetra del argumento sobre la planificacin y sobre el anti-intervencionismo, no llega a una simetra de las conclusiones. Buscando sta habra llegado al resultado de que una planificacin de la sociedad como un todo no puede sustituir jams al mismo mercado, y que una poltica de fomento de la autonoma de los mercados no puede prescindir universalmente de la planificacin de la sociedad como un todo. Planificacin y mercado aparecera entonces como institucionalidades complementarias, y no excluyentes, en la persecucin del equilibrio econmico.

No obstante, Popper no busca tal tipo de coherencia. De ah que saque una conclusin sobre la poltica del anti-intervencionismo, que lleva a la contradiccin ms evidente con sus posturas sostenidas sobre la planificacin. En efecto, nos ha declarado que la poltica anti-intervencionista es imposible, hasta lgicamente imposible; consecuentemente, tendra que concluir ahora, como en el caso de la planificacin, que aquel que intenta hacerlo imposible es un utopista, un violento, un desptico, un catico y, finalmente, un diablico que transforma la tierra en infierno por su intento de realizar el cielo en ella. Pero nada de eso. Por el contrario, ahora nos dice que el anti-intervencionismo, que segn el mismo Popper es la persecucin de algo lgicamente imposible, es una actitud tpicamente tecnolgica:

Por el contrario, creo que el anti-intervencionismo implica un punto de vista tecnolgico. Porque l afirma que el intervencionismo empeora las cosas es decir que ciertas acciones polticas no iban a tener ciertos efectos, a saber, no los efectos deseados; y es una de las tareas ms caractersticas de toda tecnologa el destacar lo que no puede ser llevado a cabo.

Pero eso muestra que el anti-intervencionismo puede calificarse como una doctrina tpicamente tecnolgica (25).

Cuando alguien en nombre del mercado intenta lo imposible, eso es bueno. Cuando alguien en nombre de la planificacin intenta lo imposible, eso es malo. Toda la argumentacin hecha por Popper est de ms; nos podra haber dicho de entrada que la planificacin es mala y que el mercado es bueno... para eso no hace falta escribir ningn libro. Por su insistencia en la imposibilidad lgica de fenmenos empricos, ha perdido toda lgica.

Teniendo as sus coordenadas ideolgicas bien puestas, Popper presentar una solucin que evite, por la ingeniera fragmentaria, tanto la planificacin de la sociedad como un todo como el anti-intervencionismo. Presenta esta ingeniera fragmentaria como el camino viable entre dos polos imposibles, si bien no hace ms que afirmar el prejuicio mayoritariamente compartido en el momento en el cual escribe sus libros correspondientes. Efectivamente, lo que presenta como nica alternativa viable entre polos metafsicamente imposibles es simplemente un intervencionismo keynesiano, sumamente cauteloso pero metafsicamente fundado y transformado en la esencia de todos los tiempos por venir:

Puesto que he venido criticando a Marx y hasta cierto punto alabando el intervencionismo democrtico gradual... (26).

Sin embargo, este cuidado frente al intervencionismo keynesiano es tan grande que a la postre es muy difcil distinguir entre el anti-intervencionismo de Hayek y de la Escuela de Chicago y el intervencionismo tmido de Popper.

Para terminar este anlisis, podra ser interesante la sugerente crtica de Hayek a tal tipo de intervencionismo econmico-social, si bien su solucin anti-intervencionista es insostenible como ya lo mostr Popper:

Corrupta a la vez que dbil: incapaz de resistir presin de los grupos que la componen, la mayora gobernante debe hacer lo que pueda para satisfacer los deseos de los grupos de los cuales necesita apoyo, sin importar lo dainas que puedan ser las medidas para el resto, al menos en la medida que no sean visibles fcilmente o que los grupos que deben sufrirlas no sean muy populares. Si bien es inmensa y opresivamente poderosa y capaz de aplastar cualquier resistencia de una minora, es completamente incapaz de seguir un curso de accin consistente, tambalendose como una aplanadora a vapor guiada por alguien que est ebrio (27).

Pero no solamente tambalendose, sino tambin produciendo efectos contrarios no intencionados:

Una serie de negociaciones por las cuales los deseos de un grupo son satisfechos a cambio de la satisfaccin de los deseos de otro (y frecuentemente a expensas de un tercero a quien no se consulta) puede determinar fines de accin comn de una coalicin, pero no significa aprobacin popular de los resultados globales. Verdaderamente, el resultado puede ser completamente contrario a cualquier principio que los diversos miembros de la mayora aprobaran si tuviesen alguna vez oportunidad de votar por ellos (28).

Una vez ms se trata de la crtica de una mala infinitud de un progreso infinito, que destruye las intenciones directas por los efectos no intencionales de su accin intencional. Por lo tanto, tenemos la crtica del progreso infinito en las ms variadas dimensiones de la institucionalidad: crtica a la tendencia al equilibrio del mercado, al anti-intervencionismo, al intervencionismo y a la planificacin. Malas infinitudes de progresos infinitos por todos lados. La pregunta tiene que ser, entonces, por el ordenamiento institucional en su conjunto.

1.3. El proceso de institucionalizacin

A partir de estos anlisis del progreso infinito contenido en las diferentes opciones de la institucionalidad, aparece un concepto de libertad, que fuera descubierto por el idealismo alemn, que est en la raz del pensamiento marxista y que vuelve a aparecer en el mbito del pensamiento neoconservador. Si no nos dejamos engaar por la construccin superficial de la tal llamada sociedad abierta por parte de Popper, descubrimos detrs de ella una visualizacin diferente de la libertad. Ciertamente, aqu la libertad aparece como la capacidad de hacer la historia sin dejarse dominar por ella; libertad llega a ser una institucionalidad dentro de la cual el hombre puede escoger libremente sus fines, sin que ellos sean constantemente desvirtuados por los efectos no-intencionales de su accin intencional. Detrs de la sociedad abierta de Popper que no es ms que una hipstasis de la sociedad burguesa de hoy, que l proyecta sobre toda la historia, aparece este concepto de libertad que Popper constantemente insina y que jams elabora. Defendiendo una ciencia social tecnolgica, dice:

Una metodologa de esta clase conducira a un estudio de las leyes generales de la vida social, cuyo fin sera el de descubrir todos aquellos hechos que habra de tomar en cuenta todo el que quisiera reformar las instituciones sociales. No hay duda de que estos hechos existen. Conocemos por ejemplo, muchas Utopas que son impracticables slo porque no los tienen suficientemente en cuenta. El fin de la metodologa tecnolgica que estamos considerando sera el de proporcionar medios de evitar construcciones irreales de esta clase (Subrayados nuestros) (29).

Ya sabemos que l analiza estas construcciones irreales por el anlisis del progreso infinito de sus consecuencias. Al aparecer la mala infinitud del progreso infinito, se ha transgredido un lmite de posibilidad. Hasta aqu sigue literalmente el anlisis de Marx. Al final de La sociedad abierta y sus enemigos, lo expresa de la siguiente manera:

En lugar de posar como profetas debemos convertirnos en forjadores de nuestro destino (30).

Pero a partir de aqu, Popper pasa a una formulacin de lo concreto que rompe la coherencia de su argumento:

Pero una huella sistemtica contra entuertos definidos, contra formas concretas de injusticia y explotacin y sufrimientos evitables, como la pobreza o el paro, es una cosa muy diferente del intento de realizar un modelo ideal y distinto de sociedad.

...Adems, una huella de esta clase contra males concretos y peligros concretos, encontrar el apoyo de la gran mayora ms fcilmente que una lucha por el establecimiento de una utopa, por muy ideal que parezca a los planificadores (Subrayados nuestros) (31).

Ahora separa los planos y establece una polarizacin entre metas concretas, por un lado, y una utopa, por el otro. Para luchar por metas concretas hay que descartar la utopa; para luchar por la utopa se descartan las metas concretas. Es decir, metas concretas y utopa aparecen ahora como mutuamentete excluyentes. Esto tiene dos importantes consecuencias para el pensamiento de Popper.

En primer lugar, aparece un problema emprico que Popper pasa por alto. Si el juego de mercados junto con el intervencionismo tmido que l propone es inoperante para eliminar significativamente la pobreza y el desempleo, qu tenemos que hacer? Se trata de algo perfectamente obvio. La respuesta de Marx es que hay que cambiar todo el sistema social hasta que pueda lograr esta meta. La de Popper, aunque no la explicite mucho, es totalmente contraria: hay que vivir con la pobreza y el desempleo porque ahora sern inevitables. El problema de Popper es que declara su hipstasis del capitalismo actual llamada sociedad abierta en el lmite de la posibilidad de toda la historia. Por un golpe metafsico declara cualquier alternativa hasta lgicamente imposible y establece, para todos los tiempos por venir, que el capitalismo actual contiene, tal cual es hoy, este futuro. Es decir, al separar metas concretas y utopa en trminos excluyentes, excluye como alternativa la nica posibilidad concreta de eliminar la pobreza y el desempleo, y que sera precisamente la planificacin de la sociedad como un todo, siendo imposible una planificacin de todo. El promete metas concretas pero diaboliza los medios concretos para alcanzarlas, legitimando la represin de todos aquellos que pretenden solucionar concretamente estas metas concretas. Popper acta como el Zar Nicols, que permite la geometra en las escuelas, pero sin las demostraciones.

En segundo lugar, aparece una incoherencia interna del propio pensamiento de Popper. Si l quiere separar metas concretas y utopa en un anlisis terico, tiene que hacerlo en todos los casos; sin embargo, slo lo hace en aquellos casos que conviene a su ideo-lgica. El opera con un anti-socialismo dogmtico a priori que lo lleva a no separar jams la utopa burguesa de las metas concretas de la burguesa. La utopa burguesa de hoy y quizs de siempre se formula como competencia perfecta. Cuando la teora econmica burguesa reflexiona sus metas en trminos de la competencia perfecta y en referencia a ella, Popper muy inocentemente habla del mtodo cero (32) y de un mtodo de construccin racional o lgica. Incluso con referencia al utopismo burgus del anti-intervencionismo anarco-capitalistas, Popper habla de una tecnologa social sin la menor denuncia de este utopismo. Si tambin en este caso hiciera la misma denuncia que hace en otros, se quedara totalmente slo en un solipsismo total porque tendra que declarar no-cientfica, no solamente toda teora de planificacin econmica sino la teora econmica entera en todas sus orientaciones ideolgicas. Esto por el hecho de que la utopa, en la forma del mtodo cero, est omnipresente en las ciencias sociales y de ninguna manera como algo especial de los grupos socialistas.

Ahora bien, aunque la utopa socialista es diferente de la burguesa, aparece en trminos de este mismo mtodo cero sin el cual sera perfectamente imposible pensar tcnicas sociales para realizar sus metas lo ms posible. Hay que pensar lo imposible para poder pensar lo posible. Al prohibir Popper pensar la eliminacin de la pobreza y el desempleo al nivel imposible de un mtodo cero, esta prohibiendo su eliminacin en trminos posibles. Y esta utopa de los pobres y desempleados o de aquellos amenazados por la pobreza y el desempleo es una sociedad en la cual cada uno puede realizar su propio proyecto de vida, con la seguridad de una vida decente a partir de su trabajo. Esta utopa es el resultado de su respectivo mtodo cero del cual derivan los medios de realizacin adecuados y que los lleva a propiciar una planificacin de la sociedad como un todo en el grado en el cual la sociedad capitalista, a pesar de todo intervencionismo, no es capaz de solucionar sus problemas. Al diabolizar Popper estos medios, diaboliza, de hecho, estas metas concretas a las cuales sirven. Aparece as el fuego fatuo del popperianismo, que destruye lo posible en nombre de la prohibicin de pensar lo imposible.

Dadas estas incoherencias en el pensamiento de Popper, su teora del proceso de institucionalizacin resulta sumamente limitada. Como no puede analizar la relacin entre utopas imposibles y metas posibles, tampoco puede captar la institucionalizacin como el medio de transformacin y muchas veces deformacin de las metas utpicas imposibles en metas posibles ni la reformulacin de las metas posibles a travs de nuevas metas utpicas posibles. Popper separa lo imposible y lo posible en dos mundos, si bien por la fuerza de los hechos tiene que confundirlos siempre de nuevo porque tal separacin es, efectivamente, imposible. Por lo tanto, Popper no puede derivar un principio de inteligibilidad del sistema institucional, y como l se comporta agresivamente frente a cualquier posicin contraria a la suya, denuncia la bsqueda de tal inteligibilidad como esencialismo. Esta es la palabra milagrosa con la cual se protege de cualquier crtica otra palabra es trivial.

Constatado esto, podemos referirnos ahora al sentido en el que Popper usa la palabra institucin:

La expresin institucin social se usa aqu en un sentido muy amplio, que incluye cuerpos de carcter tanto pblico como privado. As, la usar para describir una empresa, sea sta una pequea tienda o una compaa de seguros, y de la misma forma una escuela, o un sistema educativo, o una fuerza de polica, o una iglesia, o un tribunal (Subrayados nuestro) (33).

Popper ni siquiera intenta una definicin. Sustituye la palabra por un mero listado de ejemplos, quedndose en un estado pre-cientfico de acercamiento al concepto institucin social. De este sinnmero de instituciones meramente ejemplificadas, hace despus afirmaciones universales que carecen absolutamente de sentido sin una definicin correspondiente del fenmeno referido. De una serie de ejemplos no se puede hacer una afirmacin general y universal.

Lo que ms llama la atencin en este listado es el hecho de que solamente contiene instituciones parciales. Ciertamente, esto no es un sentido muy amplio de la expresin sino un sentido muy estrecho. Hay otro hecho que tambin llama sumamente la atencin: el que en este listado faltan las dos institucionalidades que juegan el papel clave en sus discusiones del progreso infinito: Estado y planificacin, por un lado; mercado y relaciones mercantiles, por el otro. Se trata precisamente de las instituciones universales que, como institucionalidades, engloban a todas las otras instituciones parciales.

De estas instituciones parciales. Popper afirma ahora:

El ingeniero o tcnico fragmentario reconoce que slo una minora de instituciones sociales se proyecta conscientemente, mientras que la gran mayora ha nacido como el resultado impremediatado de las acciones humanas (Subrayado de Popper) (34).

Segn este punto de vista, las instituciones sociales no proyectadas pueden nacer como consecuencias involuntarias de acciones racionales: exactamente como un camino puede ser formado sin ninguna intencin de hacerlo por gente que encuentra conveniente usar un sendero que ya existe (como observa Descartes) (Subrayado de Popper) (35).

Sin embarro, ninguna de las instituciones del listado de Popper puede jams nacer ni crecer de manera impremeditada o como consecuencia involuntaria de acciones racionales. Acaso una tienda, un tribunal, una fuerza policial o una Iglesia aparecen sin premeditacion? Si eso, posiblemente, vale para un camino. por qu ha de valer para una tienda? Es acaso el camino una institucin social? No lo sabemos porque Popper no la define, no obstante, usualmente no lo es. Que son entonces las instituciones no-intencionales? Solamente en un aparte Popper hace una mencin que podra indicarnos algo, cuando se refiere a las instituciones no proyectadas (como el lenguaje) (36). De repente el lenguaje es ahora una institucin, y nadie sabe por qu.

Pero enseguida Popper nos tranquiliza:

Pero por muy fuertemente que le impresione este importante hecho (del surgimiento de instituciones no proyectadas), como tecnlogo o como ingeniero (el tcnico fragmentario) las contemplar desde un punto de vista funcional o instrumental (37).

Gracias a Dios, porque qu vamos a pensar de un ingeniero social que espera que empresas, tribunales y escuelas crezcan como rboles?

Esta incapacidad de enfocar racionalmente las instituciones sociales, Popper la demuestra nuevamente al discutir el status metodolgico de las instituciones como objeto de las ciencias sociales:

Porque la mayora de los objetos de la ciencia social, si no todos ellos, son objetos abstractos, son construcciones tericas. (Incluso la guerra o el ejrcito son conceptos abstractos, por muy extrao que esto suene a algunos. Lo que es concreto es las muchas personas que han muerto, o los hombres y mujeres en uniforme, etc.) Estos objetos, estas construcciones tericas usadas para interpretar nuestra experiencia, resultan de la construccin de ciertos modelos (especialmente de instituciones), con el fin de explicar ciertas experiencias un mtodo terico familiar en las ciencias naturales donde construimos nuestros modelos de tomos, molculas, slidos, lquidos, etc... Muy a menudo no nos damos cuenta de que estamos operando con hiptesis o teoras y, por tanto, confundimos nuestros modelos tericos con cosas concretas (Subrayados de Popper) (38).

Lo que Popper advierte a otros en esta ltima frase, es precisamente lo que l esta haciendo al identificar expresamente instituciones con conceptos abstractos, por un lado, y el modelo terico de la institucin con esta institucin, por el otro. Segn Popper la institucin es teora, y esto en un sentido propiamente esencialista. Lo que l admite fuera de esta identidad entre construccin terica e institucin, son nada ms que los elementos visibles de la institucin. El ejrcito por lo tanto es, por una parte, como elemento concreto, un conjunto de hombres uniformados y, por la otra, construccin terica. Entre estos dos polos elementos concretos visibles y construccin terica no hay un elemento objetivo intermedio que sea el objeto institucin, como un procedimiento objetivamente vlido de organizar estos elementos concretos visibles. De lo que se sigue que la construccin terica de la institucin no tiene un elemento objetivo de referencia, sino que es ella misma la empira sobre la cual gira.

Pero un grupo de hombres uniformados no tiene por qu ser el ejrcito. Pueden ser ladrones que se hacen pasar por el ejrcito; tambin se puede tratar del capitn de Kpenick. Como se verifica que se trata del ejrcito? Solamente por su pertenencia a la institucin ejrcito, que no es sensorialmente perceptible sino que es una relacin social objetivada. El modelo terico se refiere a esta relacin social objetivada y, en consecuencia, puede ser falso o verdadero, pero jams es la institucin. En las ciencias naturales tampoco el modelo del tomo es el tomo pues los modelos del tomo pueden acertar o no la realidad no directamente perceptible de este. Tambin all la realidad del tomo se encuentra fuera del modelo y rige sobre lo acertado o no de ste.

Con tal imagen de las instituciones, la conclusin de Popper slo puede ser vaca:

No se pueden construir instituciones infalibles, esto es, instituciones cuyo funcionamiento no dependa ampliamente de personas: las instituciones, en el menor de los casos, pueden reducir la incertidumbre del elemento personal, ayudando a los que trabajan por los fines para los cuales se proyectaron las instituciones, sobre cuya iniciativa y conocimiento personales depende principalmente el xito de stas (Las instituciones son como fortalezas. Tienen que estar bien construidas y adems propiamente guarnecidas de gente) (39).

No sabemos todava lo que son estas instituciones ni por qu hacen falta, pero lo que Popper si sabe es que hay que defenderlas. No tiene siquiera por qu analizar la razn. El lenguaje, que segn Popper tambin es una institucin, (es igualmente una fortaleza? No se sabe ni qu defender ni por qu defenderlo; lo que se sabe es que hay que defenderlo: qutense la cabeza, pnganse el casco!

La pista por donde se podra buscar una solucin a esta dificultad del tratamiento de las instituciones por parte de Popper, se encuentra mss bien a partir de aquellas instituciones que ste calla en su listado. Son dos, principalmente, las instituciones que Popper no menciona, pero que son precisamente el objeto de su anlisis del progreso infinito. Se trata del mercado y del Estado. Ninguna de ellas es institucin parcial sino que ambas engloban al conjunto de todas las instituciones parciales; de hecho, son institucionalidades y no instituciones parciales porque contienen los criterios de organizacin del conjunto de las instituciones parciales. Por eso estn en todas partes, y a la vez en ninguna. Nunca encontramos el mercado, siempre empresas; no obstante, la conexin del conjunto de empresas entre s es esta institucionalidad mercado. Tampoco nunca nos encontramos con el Estado sino con algunos de sus rganos que son instituciones parciales, si bien la institucionalidad Estado es la configuracin de stas.

Estas institucionalidades van siempre juntas, y de ellas se puede decir que se desarrollan de una manera no proyectada, en analoga con el lenguaje, sin ninguna necesidad de considerar a ste como una institucin. De cada institucin parcial conocemos el fundador, el proyecto de su fundacin y sus pasos de reformulacin o, por lo menos, podramos conocerlos. Del Estado y del mercado no es posible conocer ningn fundador, porque no aparecen por un acto de fundacin. Fundando intencionalmente instituciones parciales, se fundan y se reformulan de una manera no-intencional el mercado y el Estado, la sociedad civil y la sociedad poltica.

No-intencional no significa, por supuesto, sin conflicto. Es un requerimiento a partir de problemas reales que en el marco de las instituciones parciales existentes no tienen solucin, pero que en caso de no solucionarse, se hacen presentes en la vida social con una fuerza siempre mayor a partir de los sujetos afectados. Esto impulsa el conflicto en funcin de una readecuacin institucional, hasta que el reordenamiento institucional es capaz de responder a la solucin de tales problemas. Se sienten los problemas, se proyectan instituciones para solucionarlos y de manera no-intencional se desarrollan el Estado y el mercado que se imponen siempre de nuevo. Por eso podemos decir que a la historia de las instituciones parciales subyace un desarrollo no-intencional de la institucionalidad del mercado y del Estado, sea cual sea la intencin de los actores de esta historia.

Los anlisis del progreso infinito por parte de Popper, indican muy bien esta, manera no-intencional del Estado y del mercado si se abstrae de conclusiones tales como la imposibilidad lgica de la planificacin. En la Unin Sovitica el primer proyecto intencional fue, efectivamente, una planificacin de todo con la sustitucin definitiva del mercado. El proceso de transformacin de este proyecto de la planificacin de todo en una planificacin de la sociedad como un todo, basada en las relaciones mercantiles y, por lo tanto, reconociendo la imposibilidad de la planificacin de todo, esta todava en curso y no es explicable sino como un desarrollo no-intencional de esta planificacin. Lo es, si bien cada paso de la transformacin tiene que darse en instituciones parciales y, por consiguiente, intencionalmente. Se trata de transformaciones inevitables, aunque nadie las quiera hacer, pero que tienen que hacerse si la sociedad quiere sobrevivir. No hacerlas, sera un suicidio colectivo.

Por lo tanto. transformaciones de este tipo son obligatorias; son leyes histricas, si se quiere, que no tienen nada que ver con esencialismos ni con fantasmas como el historicismo de Popper. Sin embargo, Popper parece rechazar su anlisis por un a priori anti-socialista dogmtico, lo que explicara su incapacidad de llegar a analizar el propio proceso de institucionalizacin. Porque hoy el mundo capitalista se encuentra frente a una crisis crisis ecolgica, crisis de desempleo, crisis de pauperizacin cuya solucin desborda los lmites de la sociedad capitalista, pues exige una planificacin de la sociedad y de la naturaleza como un todo e implica la transformacin de la sociedad capitalista misma. En el grado en que tal conclusin es cierta, se produce un desarrollo no-intencional que no puede sino romper a la sociedad capitalista misma y que resulta a partir de acciones intencionales dirigidas a la solucin de estas crisis fundamentales. Pero no se trata de leyes inexorables, dado que siempre existe la alternativa del suicidio colectivo, en el cual se puede buscar el ltimo testimonio de la libertad burguesa.

2. La lgica de la investigacin cientfica

 

A partir del anlisis de la planificacin, la competencia y el proceso de institucionalizacin desde el punto de vista de Popper, as como de nuestra crtica a sus planteamientos, podemos volver ahora sobre la critica de la metodologa popperiana. Se trata, ante todo, de sus dos conclusiones principales: su crtica de la induccin y su principio de demarcacin entre ciencia y metafsica. Las dos estn estrechamente vinculadas entre s y su discusin permite resumir la problemtica de la metodologa de Popper.

2.1. La crtica de la induccin por parte de Popper

Podemos partir de dos ejemplos que Popper considera de induccin. El primero afirma que el sol saldr maana y se pondr cada veinticuatro horas (40) y Popper sostiene que ha sido refutado. Ahora bien, notemos que se trata de una regla emprica y no de una ley cientfica. Ninguna ley de las ciencias empricas sostiene regularidades de este tipo que son modelos de la ley, pero jams la ley misma. Por lo tanto, si maana no sale el sol y se extingue, ninguna ley cientfica est cuestionada. La ley de gravedad nicamente sostendra que el sol no se puede extinguir sino en trminos de esta misma ley. As pues, el ejemplo es absolutamente irrelevante para la discusin de la induccin de las ciencias empricas.

El segundo ejemplo afirma que todos los hombres son mortales (41). Este enunciado es de induccin en cuanto sostiene que es imposible que un hombre sea inmortal, pero en este caso tampoco se trata de una ley; estamos ante un principio emprico general de imposibilidad cuyo juicio correspondiente tiene carcter apodctico. Popper, en cambio, argumenta que es falsable y, adems, que ya fue falsado. Sin embargo, su argumento (42) no es ms que un progreso infinito con su mala infinitud correspondiente. Por otra parte, es absolutamente contradictorio y linda en lo econmico.

Nuestra conclusin es que, en el caso en que la induccin tenga relevancia en las ciencias empricas, la tendr en la formulacin de los principios empricos generales de imposibilidad. Y si bien el enunciado de la mortalidad forma un principio de imposibilidad, no entra directamente en la formulacin de leyes empricas. Por consiguiente, hay que cambiar a otro enunciado para demostrar la incidencia de la afirmacin de imposibilidades en las ciencias empricas.

Otro ejemplo muy querido por Popper, es el enunciado segn el cual es imposible que el hombre construya un perpetuum mobile. Vamos a citar este principio en tres formulaciones diferentes, dos de las cuales son de Popper.

2.1.1. La posibilidad del Perpetuum Mobile

Con esta manera de formularlas vemos que las leyes naturales pueden compararse a vetos o prohibiciones... Y precisamente por esto es por lo que son falsables: si aceptamos que es verdadero un enunciado singular que como si dijramos infringe la prohibicin, por afirmar la existencia de una cosa (o la aparicin de un acontecimiento) excluida por la ley, entonces la ley queda refutada. (Tendramos un ejemplo con: En tal o cual sitio hay un aparato que es una mquina de movimeinto perpetuo) (43).

La tesis es unvoca: la imposibilidad del perpetuum mobile es considerada hipottica; el enunciado que afirma la existencia de un perpetuum mobile en tal o cual lugar es considerado un enunciado bsico, es decir, un enunciado que se refiere a un acontecimiento posible, aunque todava no se da. En consecuencia, Popper niega la imposibilidad del perpetuum mobile.

2.1.2. La imposibilidad del Perpetuum Mobile

Tonemos ahora la descripcin que un fsico hace de este mismo ejemplo:

As la termodinmica busca derivar a partir del resultado general de la experiencia, segn el cual un perpetuum mobile es imposible, de manera analtica relaciones fijas (Bindungen), a las cuales deben los acontecimientos singulares. (Traduccin nuestra) (44).

En otro lugar, el mismo Einstein habla en relacin a estos resultados generales de la experiencia de induccin a partir de la experiencia (45), refirindose al juicio segn el cual nuestro espacio de experiencia es euclidiano.

Aqu tambin la tesis es unvoca: la imposibilidad del perpetuum mobile es considerada apodctica; adems, se subraya el carcter categorial del juicio, cuando se afirma que se derivan de manera analtica relaciones fijas que deben seguir los acontecimientos.

2.1.3. La solucin ambivalente

Popper vuelve posteiormente al mismo ejemplo en estos trminos:

Por ejemplo, la ley de la conservacin de la energa puede ser expresada por: No se pude construir una mquina de movimiento continuo... (46).

Ahora la afirmacin es ambigua, pero, bajo un aspecto determinado, contraria a la de Einstein. No se puede construir..., puede significar una imposibilidad estricta, o bien una simple constatacin de que hoy todava no se puede. Solamente en el segundo caso se afirma la falsabilidad.

Por otro lado, Popper sostiene que de la ley de la conservacin de la energa se sigue que no se puede construir un perpetuum mobile. El fsico, en cambio, sostiene lo contrario: la formulacin de la ley se sigue de manera analtica de esta imposibilidad. A estas imposibilidades Einstein las llama principios, y a las leyes derivadas de tales imposibilidades leyes de principios (Prinziptheorien), y aade:

...la ventaja de las teoras de principios es su perfeccin lgica y la seguridad de sus fundamentos. (Taduccin nuestra) (47).

As pues, Popper resulta una especie de alquimista que busca el perpetuum mobile. Solamente puede reprocharle al alquimista que se haya apresurado demasiado, ya que el perpetuum mobile recin se podr construir en un futuro todava no determinado. En la visin de Popper, el alquimista aparece como el sastre de Ulmo que en el siglo XV construy una especie de avin: se lanz desde la catedral de Ulmo y se mat. Es decir, intent algo que recin siglos despus sera posible, pero su visin era realista. La ciencia emprica moderna, en cambio, surge a partir del momento en el cual se declara la bsqueda del perpetuum mobile como una bsqueda de algo definitivamente imposible. En efecto, con esta declaracin de imposibilidad radical se da lugar a la formulacin de la ley de conservacin de la energa como categora bsica de las ciencias naturales. El sastre de Ulmo era un realista prematuro; el alquimista, por el contrario, un ilusionista. Descubriendo la ilusin de uno, se descubre el realismo del otro.

Ahora bien, aunque la imposibilidad del perpetuum mobile se descubre por los muchos casos en los cuales el intento fracasa, se le formula como juicio por una evaluacin de todos los hechos posibles a partir de esta experiencia necesariamente puntual. No hay ninguna deduccin que pueda justificar tal juicio de imposibilidad, pero recin la formulacin apodctica del juicio permite una ciencia emprica. La prueba de la validez del juicio de imposibilidad implica, por lo tanto, la validez del conjunto de todos los conocimientos derivados a partir de l. Si este juicio fuera falso, el conjunto de conocimientos derivados de l en este caso, toda la ciencia natural sera falso.

Se establece, entonces, una relacin entre la totalidad del mundo fsico, la totalidad del conocimiento de este mundo fsico y el principio de imposibilidad del perpetuum mobile. Si este fuera falso, todo el conocimiento de las ciencias naturales sera falso; la imposibilidad de que esto sea as, afirma, inductivamente, el propio principio de imposibilidad del cual se parti. Por consiguiente, se desemboca en un crculo auto-validante en cuanto se declara a los conocimientos cientficos derivados del principio de imposibilidad y al espacio tecnolgico que abren, como el conocimiento verdadero del mundo. Como el principio de imposibilidad del perpetuum mobile describe todo el mbito de la accin tecnolgica humana, la generalizacin de este principio lleva a la reduccin de la accin humana a su aspecto tecnolgico. Luego, el principio de imposibilidad solamente vale para la accin tecnolgica, y esta accin lo verifica inductivamente. No existe la ms mnima razn para aceptarlo de por s y para la praxis humana total. La ciencia emprica deriva lo que el hombre puede hacer con el mundo en cuanto se acerca tecnolgicamente a ste.

En los anlisis anteriores, habamos visto ya en que trminos trata Popper los principios de imposibilidad en las ciencias sociales. En el caso de la imposibilidad del conocimiento humano ilimitado, abandona toda la ambigedad que sostiene cuando habla de las ciencias naturales. En lo referente a la negacin de los principios de imposibilidad, habla de utopismo y hasta del diablo y ofrece la democracia pensada en sus trminos metodolgicos como la llave para el control de los demonios. Condena, en los trminos ms dogmticos pensables, la consideracin de los principios de imposibilidad como principios hipotticos y falsables, como resultado del demonio.

Pero si la imposibilidad del perpetuum mobile es simplemente una hiptesis, por qu no lo ser tambin la imposibilidad del conocimiento ilimitado? Este utopismo no es ms que el resultado de su metodologa, la cual declara todos los enunciados cientficos como falsables y no puede admitir imposibilidades apodcticas, a no ser como derivadas de contradicciones de la lgica formal. Por esto su afirmacin de la imposibilidad de un conocimiento ilimitado es cierta, si bien la afirmacin contraria ni sera diablica ni se conoce a nadie que la haga. Pero esta afirmacin da al traste con su propia metodologa pues implicara si Popper fuera coherente la aceptacin de juicios apodcticos de imposibilidad cuya validez no puede ser sino inductiva, desembocando en un crculo autovalidante.

2.2. El criterio de la demarcacin

Para ver las implicancias del anlisis de la induccin sobre el criterio de la demarcacin que Popper propone, vamos a hacer un listado de los principios empricos generales de imposibilidad que este menciona explicitamente:

1) Es imposible que el hombre construya un perpetuum mobile.

2) Es imposible un hombre inmortal.

3) Es imposible que un hombre viva sin alimentos.

4) Es imposible que un hombre pueda tener conocimientos ilimitados.

5) Es imposible un hombre para el cual no valga la discursividad del tiempo.

6) Es imposible que para un hombre no valga la discrecionalidad del espacio.

Todas estas imposibilidades son fcticas, de validez inductiva y de afirmacin apodctica. Por lo tanto, su posibilidad imaginaria no contiene la ms mnima contradiccin lgica. Popper acepta estas afirmaciones como cientficas; de ah que las considere como falsables. Para la primera construye explcitamente el falsificador que l considera un enunciado bsico (48). Segn esta indicacin de Popper, podemos construir ahora los falsadores para cada una de estas imposibilidades:

1) Este es un perpetuum mobile.

2) Este hombre es inmortal.

3) Este hombre vive sin alimentos, o, alternativamente, este hombre tiene una productividad ilimitada del trabajo donde est y, por lo tanto, nunca le pueden faltar alimentos.

4) Este hombre tiene conocimientos ilimitados.

5) Este hombre se mueve en el tiempo segn su voluntad hacia atrs y hacia adelante y puede estar en varios momentos a la vez.

6) Este hombre se mueve segn su voluntad instantneamente en el espacio y puede estar en varios lugares a la vez.

Este es el mundo de los falsadores de los principios empricos generales de imposibilidad. Si exceptuamos la existencia de Dios, que en los falsadores no aparece, este mundo es el conjunto de todos los mundos metafsicos y religiosos hasta ahora pensados y, probablemente, posibles de pensar (excluyendo mundos lgicamente contradictorios).

Ahora bien, Popper declara explcitamente al primer falsador como enunciado bsico (49) e insina este carcter de enunciado bsico para el segundo (50). Por consiguiente, tiene que considerar a todos estos falsadores como enunciados bsicos en el sentido de su propia definicin, pero entonces todos los milagros pensados alguna vez por los hombres aparecen ahora como posibles enunciados bsicos. Se trata, sin duda, de un mundo maravilloso de los falsadores de lo imposible.

Si ahora resulta que estos falsadores son enunciados bsicos, por qu busca Popper un criterio de demarcacin entre las ciencias y la metafsica? La metafsica la tiene ya dentro de las ciencias por su tesis de la falsabilidad de todos los enunciados cientficos. El no descubre ni una diferencia seria entre estos falsadores maravillosos y el enunciado: este cuervo es blanco.

Veamos primero la definicin de enunciado bsico tal como Popper la explicita:

Los enunciados bsicos Son, por tanto, en el modo material de hablar, enunciados que afirman que un evento observable acontece en una regin individual del espacio y el tiempo (51).

Esta definicin parte ya de un tiempo discursivo y un espacio discreto; en consecuencia, el enunciado de estos caracteres del tiempo y del espacio que es un enunciado emprico no puede ser falsable pues, necesariamente, sus falsadores potenciales se encuentran fuera del tiempo discursivo y del espacio discreto. Luego, los falsadores correspondientes (Nos. 5 y 6 de nuestro listado) no son enunciados bsicos.

Pero quedan los otros cuatro, de los cuales por lo menos uno el referente al perpetuum mobilePopper sostiene explcitamente que es enunciado bsico. Por implicacin, los otros lo tienen que ser tambin. Siendo enunciados bsicos, formulan los posibles falsadores de los principios de imposibilidad correspondientes. Estos enunciados bsicos hay que considerarlos como acontecimientos posibles, aunque de hecho no ocurran:

En lugar de hablar de enunciados bsicos excluidos o prohibidos o por una teora, podemos decir que sta excluye ciertos acontecimientos posibles, y que quedar falsada si tales acontecimientos posibles acontecen realmente (52).

Los falsadores maravillosos describen, por tanto, acontecimientos posibles. Sin embargo, el principio de imposibilidad al cual tienen que falsear sostiene, precisamente, la imposibilidad de tales acontecimientos. La tesis de la imposibilidad del perpetuum mobile sostiene que el enunciado: Este es un perpetuum mobile, no es un enunciado bsico en el sentido de Popper. Lo mismo vale para todos los principios de imposibilidad. En cuanto forman juicios apodcticos, implican que sus posibles falsadores describen acontecimientos imposibles por lo que no pueden ser enunciados bsicos (que describen acontecimientos posibles, segn Popper).

Si restringimos ahora los enunciados bsicos a acontecimientos posibles dentro de los lmites del conjunto de los principios empricos generales de imposibilidad, podramos cambiar la definicin de Popper en el sentido siguiente: Los enunciados bsicos afirman que un evento observable acontece en una regin circunscrita por los principios empricos generales de imposibilidad, incluyendo en ellos el tiempo discursivo y el espacio discreto. Si efectivamente hay principios de imposibilidad en las ciencias empricas, los enunciados bsicos solamente se pueden definir en estos trminos. De esta forma, el enunciado: Este es perpetuum mobile, no es un enunciado bsico, pues se refiere a un acontecimiento imposible; mientras que el enunciado: Este es un cuervo blanco, si es un enunciado bsico.

En cuanto que Popper tiene que aceptar esta reformulacin, toda su metodologa se invierte. De los principios de imposibilidad se derivan de manera analtica leyes de las ciencias empricas, para usar la expresin citada de Einstein. As, la ley de la conservacin de la energa se deriva analticamente de la imposibilidad del perpetuum mobile. Su nica referencia emprica est en el principio de imposibilidad correspondiente, de ah que esta ley no es falsable pues su falsador potencial no se refiere a un acontecimiento posible sino imposible. Carcter falsable tienen exclusivamente las condiciones iniciales a travs de las cuales esta ley puede aparecer en la realidad, pero ella sola no informa nada sobre la realidad. Si llamamos a todas aquellas leyes que se derivan de manera analtica de algn principio de imposibilidad, leyes generales, se sigue entonces que las leyes generales de las ciencias empricas las leyes de principio de Einstein no son falsables en principio. Por lo tanto: si un enunciado cientfico es falsable, no puede ser una ley emprica general; y si es una ley emprica general, no puede ser falsable.

Esto es lo contrario de lo que afirma Popper:

En la medida que un enunciado cientfico habla acera de la realidad, tiene que ser falsable; y en la media en que no es falsable, no habla acerca de la realidad(53).

Pero las leyes empricas generales siguen siendo empricas y, en consecuencia, pueden se revaluadas en trminos empricos. Por otra parte, como se siguen analticamente de los principios de imposibilidad, su contenido emprico es el mismo que ya tienen estos principios. De este modo, experimentacin de las leyes generales es la base de experimentacin de estos principios, de ah que en el grado en que estos principios tienen validez por induccin, la tienen tambin las leyes generales. Son leyes de validez inductiva pero esta experimentacin no las puede falsar por cuanto, si se muestra su falsabilidad, dejan de ser leyes generales y tienen que ser sustituidas por otras formulaciones que resulten ser no-falsables, pues solamente en esta forma pueden indicar el lmite de posibilidad. Esta reformulacin puede ser necesaria nicamente por dos razones. La primera, se refiere al caso en que el principio de imposibilidad del cual se deducen resulta falsable, en cuyo caso ste tiene que ser reformulado hasta que deje de serlo para poder servir como principio. La segunda razn se refiere a la posibilidad de errores de deduccin en la derivacin analtica de la ley general. En el sentido de esta experimentabilidad son contrastables, pero no falsables. Falsables son nicamente las condiciones iniciales de modelos de tales leyes generales.

Podemos ver ahora como enfoca Popper este problema de los principios de imposibilidad que le fuera planteado por William Kneale (54). Popper acepta la expresin, no as el concepto (55). Siguiendo a Kneale habla de principios de imposibilidad o de principios de necesidad, siendo la necesidad la expresin positiva de la imposibilidad. Lo imposible y lo necesario cubren conceptualmente el mismo contenido, visto desde dos ngulos, y describen la imposibilidad como lmite necesario.

Sin embargo, Popper corta toda posibilidad de discusin por su insistencia en su nueva concepcin de la induccin, concepcin que sigue a la de Hume. Para Popper, induccin es la doctrina de la primaca de las repeticiones (56), en referencia a repeticiones de fenmenos del tipo: todos los das se sale el sol en tal lugar.

Pero notemos que aqu se trata de repeticiones de hechos positivos, mientras que los principios de imposibilidad se refieren a repeticiones de imposibilidades. En efecto, que los nuevos intentos de construir perpetuum mobiles siempre vuelven a fracasar, es algo distinto de la afirmacin: los manzanos todos los aos dan manzanas. La ciencia emprica slo est preocupada por la induccin a partir de imposibilidades, no de hechos, pues sus leyes se derivan de tales imposibilidades y no de la regularidad de hechos.

A todo esto Popper aade una confusin que torna vaca su metodologa. Que un enunciado emprico y enunciados empricos incluyen los principios de imposibilidad pueda ser falso en trminos empricos, no implica que sea falsable. Popper ha definido la falsabilidad por su definicin de enunciados bsicos que tienen que expresar acontecimientos posibles. Que un enunciado emprico sea falso, ya no implica necesariamente que sea falsable. Sin embargo, como con los principios de imposibilidad aparece el problema de enunciados empricos no falsables, l se apoya en el hecho de que tambin pueden ser falsos empricamente para deducir que sean falsables. Esto produce una confusin que recorre todo el captulo.

El problema clave sigue siendo el que Popper trate de negar una diferencia cualitativa inevitable en el anlisis metodolgico entre imposibilidades empricas y regularidades de los hechos empricos tales como este es un perpetuum mobile y este es un cuervo blanco, son de la misma ndole; como los dos son falsadores de enunciados universales que pueden ser expresados como prohibiciones, los identifica. No obstante, el enunciado universal: No es posible construir un perpetuum mobile, declara una imposibilidad; en tanto que el enunciado: Todos los cuervos son negros, declara una regularidad que establece una simple exclusin contingente de los cuervos blancos. Por esta razn, del primero se siguen leyes generales, mientras que del segundo solamente se siguen condiciones iniciales que pueden cambiar sin que est en juego ninguna ley general.

Podemos concluir entonces que en el grado en que sea necesario aceptar en las ciencias empricas la distincin entre dos tipos de induccin y entre dos tipos de enunciados empricos, de los cuales nicamente uno es falsable y el otro no, el criterio de demarcacin de Popper cae. El lmite entre enunciados falsables y enunciados no-falsables deja de determinar el lmite entre ciencias empricas y ciencias no empricas (que Popper suele llamar metafsica). De esta manera, la crtica que Popper hace a Carnap, a quien reprocha que su criterio de las ciencias deja afuera todas las ciencias, se dirige ahora contra el mismo Popper. Efectivamente, al excluir de la ciencia emprica todos los enunciados no-falsables, destierra de la ciencia los principios de imposibilidad y, consecuentemente, las leyes empricas generales que se derivan analticamente de ellos. Tratese de las ciencias naturales o de las ciencias sociales, el conjunto de ellas queda, segn el criterio de demarcacin de Popper, fuera de la ciencia en cuanto sus leyes generales quedan tambin excluidas.

Aparentemente, Popper evita esta conclusin mediante la declaracin de tales principios de imposibilidad como falsables. Sin embargo, la lgica de esta tesis hace perder a Popper toda la base de su crtica a las utopas. Ciertamente, al considerar los principios de imposibilidad como hipotticos y falsables, no puede enunciar sus falsadores los falsadores maravillosos como imposibles, sino que los tiene que tratar en el sentido de un todava no posible. Se abre as un campo infinito de metas humanas aparentemente posibles que incluye, por supuesto, todas las metas que Popper suele llamar utpicas. Luego, todas las utopas que el critica vuelven a ser factibles, por lo menos en principio, si bien ahora como resultado de un progreso tcnico indefinidamente largo. La radicalidad de este utopismo popperiano se anuncia ya expresamente en su tesis segn la cual el enunciado: Todos los hombres son mortales, ya est falsado. Si este enunciado ya est falsado, no hay meta, por infinita que sea, que no est al alcance del progreso tcnico.

As pues, Popper no supera la utopa ni logra una crtica de ella. Lo que hace es transformarla de una utopa de liberacin del hombre de una utopa de la praxis en una utopa del progreso tcnico: no hay metas que este progreso tcnico no pueda alcanzar. Traslada la fuerza utpica a la tecnologa y a la inercia objetiva de su progreso, y la hace actuar as en contra de la libertad humana. El cielo en la tierra no lo promete precisamente Marx; es Popper quien lo promete, pero lo promete por la fuerza ciega de la tecnologa, integrando incluso su mito de la inmortalidad en esta hipstasis del capitalismo desarrollado de hoy.

Estas dos ltimas crticas al pensamiento de Popper, aclaran ya lo que consideramos su aporte principal a la discusin cientfica de hoy. Se trata, por un lado, de su teora de la falsabilidad; por el otro lado, de su crtica del pensamiento utpico. En los dos casos se trata de pasos decisivos, sin embargo, en ninguno de ellos logra Popper coherencia en sus posiciones. Consideramos que una de las principales explicaciones de este hecho se halla en los prejuicios ideolgicos de Popper. Hay que ir ms all de sus planteamientos para poder dar sentido a los aportes que el hace.

2.3. El ncleo metodolgico de las ciencias empricas

Si bien se tiene que rechazar el criterio de demarcacin de Popper, los falsadores trascendentales de los principios de imposibilidad siguen siendo parte de las ciencias empricas. No siendo enunciados bsicos ya no son falsadores empricos, de lo que se sigue que los principios de imposibilidad resultan no-falsables en el sentido de la definicin de Popper. No obstante, en cuanto estos principios sostienen su imposibilidad estn presentes en su forma negada en los enunciados correspondientes, especialmente en las teoras generales de todas las ciencias empricas. Si el enunciado: Es imposible construir un perpetuum mobile es un enunciado emprico, entonces el perpetuum mobile es un concepto perteneciente a las ciencias empricas. Lo mismo vale para otros enunciados; si el enunciado: Es imposible que el hombre tenga un conocimiento ilimitado es cientfico, entonces el hombre con conocimientos ilimitados es un concepto de las ciencias empricas. Es decir, aunque los falsadores trascendentales sean considerados como radicalmente imposibles, su conceptualizacin es parte de la misma ciencia emprica.

Segn lo anterior, no podemos ya volver a pronunciar el criterio de demarcacin excluyendo los falsificadores trascendentales y su conceptualizacin de las ciencias empricas; ellos forman parte de stas pues las leyes empricas generales se formulan analticamente a partir de su negacin. A travs de este proceso de negociaciones la conceptualizacin de los falsadores trascendentales influye sobre el contenido de la ley general y, a la inversa, el contenido de la ley general influye sobre la conceptualizacin de estos falsadores trascendentales. Constituyen como dos caras de una misma medalla, y es imposible declarar una cara como cientfica y la otra como no-cientfica. Por consiguiente, si se declara a estos falsadores trascendentales como metafsicos, la metafsica pasa a ser parte de las ciencias empricas, con lo que el sentido mismo de un criterio de demarcacin herencia del positivismo austraco est en cuestin.

Aparece entonces una especie de espejismo en el interior de las ciencias empricas, por medio del cual lo posible es expresado como un espacio emprico por la negacin de lo imposible. Esto presupone, por supuesto, que la imposibilidad de lo imposible no sea una imposibilidad lgica. Las imposibilidades lgicas forman una frontera ciega del conocimiento y de la accin. En las ciencias empricas, En cambio, lo imposible es lgicamente coherente (en este sentido: lgicamente posible) pero, de hecho, imposible. Declarando su imposibilidad, aparece el mbito de lo posible que no puede ser expresado de ninguna otra manera. Trascendiendo lo posible se llega a lo imposible, y la toma de conciencia de este carcter imposible de lo imposible, marca el espacio de lo posible.

As pues, el conjunto de los mundos que entra en la reflexin de las ciencias empricas se divide en dos: un conjunto de mundos posibles y otro conjunto de mundos imposibles. Los dos conjuntos son lgicamente posibles. pero al conjunto de los mundos posibles lo conocemos por la negacin de la posibilidad del conjunto de los mundos imposibles, esto es, trascendiendo las posibilidades humanas Es decir, en vez de una demarcacin entre lo que es cientfico y lo que no lo es, aparece una demarcacin entre mundos posibles y mundos imposibles, en la que el conocimiento de lo posible pasa por la toma de conciencia de la imposibilidad de otro mundo que es el de los falsadores trascendentales. Ambos mundos pertenecen al mbito de las ciencias empricas. Quien no lo cree, que intente hacer una teora del equilibrio econmico sin recurrir al concepto del hombre con conocimientos ilimitados o una teora fsica sin recurrir a la conceptualizacin del perpetuum mobile. Ahora bien, si es cientficamente necesaria la referencia a un hombre con conocimientos ilimitados, entonces este concepto es parte de la ciencia; por el hecho de negar su posibilidad, este concepto de lo imposible no deja de pertenecer a la ciencia. Con esto el mito penetra en la ciencia, si bien, por la negacin de su posibilidad. aparentemente queda fuera.

Luego, vemos que el conjunto de todos los mundos concebibles en trminos de coherencia formal se divide en un conjunto de mundos posibles y otro de mundos imposibles, y que la negacin de la posibilidad del conjunto de los mundos imposibles es la manera de conocer lo que est en el conjunto de los mundos posibles. Entre los dos conjuntos hay, pues, una frontera que traza el lmite de lo posible a la condicin humana. Se trata de un lmite real que, sin embargo, no puede ser conocido por la reflexin pura. En efecto, se trata de un lmite experimentado, no deducible lgicamente de ninguna ley general de las ciencias empricas, pues la formulacin de estas leyes se sigue analticamente de principios de imposibilidad que no pueden ser deducidos de tales leyes ni de ningunas otras. Por consiguiente, la imposibilidad se experimenta y, en ese proceso, se descubre su relevancia categorial para la formulacin de leyes generales. Sin probar y experimentar la imposibilidad, no se la puede conocer ni introducir como categora de la ciencia emprica.

Por otro lado, parece que no existe ninguna posibilidad de formular algo as como un listado completo de tales principios de imposibilidad. Se los descubre y a partir de all se los hace valer, pero no puede haber un mtodo reglamentado para eso. As, por ejemplo, hemos visto como el principio de la imposibilidad del conocimiento ilimitado apareci en los ltimos cincuenta aos a travs del descubrimiento de su relevancia categorial a partir de ciertas experiencias polticas ocurridas, si bien el hecho de la imposibilidad de tal conocimiento ha sido universalmente conocido y aceptado a lo largo de toda la historia humana. Lo que se descubre y funda un nuevo principio, es el hecho de que se descubre la posibilidad de juzgar la validez de teoras y prcticas a partir de este principio. Una teora y una prctica incompatibles con tal principio son juzgadas ahora como invlidas, lo que implica la necesidad de su reformulacin. Todos los otros principios tienen una historia parecida. Ninguno de ellos aparece sin el descubrimiento de que representa un marco categorial vlido para la accin humana, y si bien expresan imposibilidades conocidas frecuentemente con mucha anterioridad a su aparicin, llevan a la precisin de la expresin de esta imposibilidad y empiezan a tener historia de reformulaciones y adaptaciones. Adems, nunca tienen una expresin definitiva por ms que aparezcan con un alto grado de seguridad.

Por esto, aunque a partir de los principios de imposibilidad surgen las categoras de la accin y del pensamiento emprico sobre esta accin, estas categoras no tienen ningn carcter a priori de la razn. S son a prioris prcticos, cuya existencia es la de la propia realidad y que se descubren en referencia a esta realidad; esto es, son a prioris existentes que se descubren a posteriori pero que impregnan la realidad ya antes de ser descubiertos. De ah que las categoras puedan tener historia.

Hasta ahora hemos visto los falsadores trascendentales como imposibilidades que entran en la ciencia emprica por la afirmacin de su imposibilidad. En los trminos hasta aqu discutidos no pasan de esta presencia negativa de la afirmacin de su imposibilidad, aunque de esta manera estn presentes en todas las leyes empricas generales derivadas analticamente del principio de imposibilidad en referencia. Sin embargo, tambin entran en su forma positiva en la formulacin de las leyes generales de la ciencia.

Los falsadores trascendentales entran positivamente en las teoras de la ciencia emprica, por las idealizaciones empricas mediante las cuales se formulan las leyes generales. Se trata de aquel mtodo que Popper llamaba el mtodo cero en las ciencias empricas (57). En todas las formulaciones de la teora del equilibrio econmico ya se trate de teoras de planificacin optimal o del equilibrio perfecto de mercadosaparece como un supuesto terico de su construccin racional el supuesto de la informacin completa. El principio de imposibilidad sostiene que tal conocimiento ilimitado es imposible y deriva de este hecho la propia inevitabilidad, ya sea de las relaciones mercantiles, de la existencia del Estado o de la planificacin. Es decir, si existiera tal informacin completa, ni las relaciones mercantiles ni la planificacin ni el Estado, haran falta; del principio de imposibilidad del conocimiento ilimitado se deriva la inevitabiliad de estas institucionalidades.

Sin embargo, en cuanto hacemos teoras del mercado o de la planificacin, introducimos como supuesto del anlisis aquel conocimiento completo cuya imposibilidad nos permite explicar el carcter inevitable tanto del mercado como de la planificacin. Efectivamente, aparecen modelos del mercado perfecto o de la planificacin perfecta que incluyen como supuesto terico, la posibilidad de aquel imposible del cual se deriva la inevitabilidad del fenmeno del cual se est hablando. En el grado en el que tales reflexiones aparecen, evidentemente aparecen tambin en el interior de la ciencia emprica los falsificadores trascendentales en forma afirmativa, aunque no necesariamente realizable. No se afirma que este conocimiento ilimitado sea factible; lo que se afirma en este conocimiento un supuesto terico que permite analizar tericamente el fenmeno. Pero en cuanto se establece tal supuesto, se introducen en la ciencia emprica los falsadores trascendentales en su forma afirmativa, aunque nicamente sean afirmados como supuestos cuya no-factibilidad se conoce.

Este mismo mtodo cero aparece igualmente en las ciencias naturales. Popper alude al hecho:

Incluso aqu se puede decir, quiz, que el uso de modelos racionales o lgicos en las ciencias sociales, o del mtodo cero tiene un vago paralelo en las ciencias naturales, especialmente en biologa y en termodinmica (la construccin de modelos mecnicos, y de modelos fisiolgicos de procesos y rganos) (58).

El ejemplo ms claro quiz es el de la mecnica clsica que se constituye casi enteramente por tales modelos. Si por perpetuum mobile entendemos una mquina que hace trabajo sin recibir energa de su exterior, podemos considerar entonces una mquina que est en movimiento continuo y efectuando un trabajo cero sin recibir energa de su exterior, como el caso lmite del perpetuum mobile. En esta forma aparece el perpetuum mobile en la mayora de los teoremas de la mecnica clsica. El pndulo matemtico es en este sentido un perpetuum mobile, pues es una mquina de movimiento continuo que efecta trabajo cero y que no recibe energa de su exterior. No obstante, el modelo del pndulo matemtico se construye sobre la base de la ley de la conservacin de la energa, que se deriva anliticamente del principio de imposibilidad de la construccin de un perpetuum mobile. Tambin la ley de la inercia describe un caso de perpetuum mobile del mismo tipo, as como la ley de la cada libre y otras. El falsador trascendental del principio de imposibilidad es interiorizado por la teora, y su forma afirmativa permite la derivacin de la ley (una excepcin la constituyen las leyes de la palanca, que no usan tales supuestos). Tambin en estos casos se reconoce la no-factibiliad de este caso lmite del perpetuum mobile, pero este conocimiento no obstruye la derivacin de la ley emprica.

En todas las ciencias empricas ciencias sociales y ciencias naturales aparecen tales idealizaciones empricas que transforman lo imposible enunciado por el principio de la imposibilidad, en un posible en trminos de supuesto terico que sirve como medio de derivacin de leyes. El falsador trascendental del principio de imposiblidad es transformado en supuesto terico del anlisis terico de la empira.

Hasta aqu los falsadores trascendentales siguen teniendo una funcin estrictamente terica, por ms que aparezcan en trminos afirmativos como supuestos del anlisis del mundo posible, y no solamente Como negados por el principio de imposibilidad. Pero hay un paso adicional que los transforma de nuevo en metas de la accin, y esto por el hecho de que los falsadores trascendentales, en su forma afirmada por los supuestos tericos abren espacios de posibilidades tanto reales como ilusorias. Ciertamente, a partir de ellos se descubren ahora espacios posibles de desarrollos tcnicos que permiten acercarse lo ms posible, aunque sea ilusoriamente, a aquello que el principio de imposibilidad enuncia como lo imposible. No se puede construir un perpetuum mobile, pero se pueden construir mquinas que se acerquen lo ms posible al perpetuum mobile y que tengan, por lo tanto, un gasto mnimo para hacer un trabajo determinado. El desarrollo tcnico hacia mquinas ms racionales est ahora abierto. Y si bien no se puede hacer una competencia perfecta, se puede extender la competencia lo ms posible y asegurar una informacin lo ms completa posible para que las empresas puedan competir racionalmente. Y si bien no se puede hacer una planificacin de todo, se puede hacer una planificacin lo ms eficiente posible. Es decir, los falsadores trascendentales, en su forma afirmativa, abren posibilidades tecnolgicas de cara al futuro que sin tales horizontes no pueden ser vistas.

Lo imposible deja de ser tajante, no paraliza sino que agita. Siempre hay una meta ms all de lo ya logrado. A partir de esta forma afirmativa aparecen, por lo tanto, los progresos infinitos orientados hacia aquellas metas implicadas en los falsadores trascendentales. Pero, al abrirse este espacio del desarrollo tecnolgico, aparece igualmente la ilusin infinita del progreso tecnolgico o social. A travs de la infinitud de este progreso tcnico aquellas metas, cuya declaracin de imposibilidad est en su origen, se vuelven aparentemente alcanzables. Parece haber algo as como un acercamiento asinttico a las metas trascendentales implicadas en los falsadores trascendentales, lo que da al desarrollo tecnolgico la fuerza mtica de un progreso infinito. Todo lo que los principios de imposibilidad niegan, se manifiesta de repente con la apariencia objetiva de la factibilidad por la magia del acercamiento asinttico.

La utopa de los cielos nuevos y las tierras nuevas parece ahora al alcance de la accin humana a travs del progreso tcnico infinito y para alcanzarla, no hace falta ms que empujar este progreso. As pues, aparece una verdadera ilusin trascendental, la magia del progreso infinito, a la luz de la cual todo lo imposible se vuelve posible.

La ciencia emprica tiene un trmino propio de apariencia realista para esta ilusion: lo posible en principio. Vistos en trminos del progreso infinito , los falsadores trascendentales se transforman en posibles en principio aunque se acepte que nunca se llegar a su realizacin. Pero este nunca siempre se deja en una cierta penumbra. La inmortalidad del hombre es imposible, pero es posible en principio a partir de un progreso infinito de la ciencia mdica (Popper). Viajar por telfono es imposible, pero posible en principio a partir de un progreso infinito de la ciberntica (Norbert Wiener). La competencia perfecta es imposible, pero posible en principio por la tendencia al equilibrio de un progreso infinito. E1 anarco-capitalismo con su ilusin de una competencia de propietarios privados prescindiendo de todo Estado es imposible, pero a la luz del progreso infinito resulta posible en principio (Hans Albert). Es imposible saberlo todo, pero a la luz del progreso infinito es posible en principio (Einstein). Y as para toda la ciencia emprica y para todas las imposibilidades negadas por los principios de imposibilidad que estn en su origen, tanto histrica como lgicamente. Toda esperanza humana es sacada de la interrelacin social y proyectada hacia la infinitud del progreso tcnico, a la luz de la cual resulta posible en principio. El que nadie va a tener ya que trabajar ms, resulta posible en principio; y el que las mquinas pensaran por nosotros es, otra vez, posible en principio.

Pero como la ilusin est en el propio mtodo de las ciencias empricas, resulta muy difcil detectarla. El mito no est fuera de la ciencia, sino que aparece en su interior. Pretende mostrar el camino al paraso, y celosamente cuida este su monopolio. No acepta teologa, pues es teologa. Pretende haber secularizado al mundo, cuando en realidad lo ha mitificado.

El mtodo de abstraccin mediante el cual se deriva el mito de lo posible en principio, es descrito por Einstein en los siguientes trminos:

Supongamos que un hombre que conduce un carrito en una calle horizontal deje de repente de empujarlo. Sabemos que el carrito recorrer cierto trayecto antes de parar. Nos preguntamos: sera posible aumentar este trayecto, y cmo? La experiencia diaria nos ensea que ello es posible y nos indica varias maneras de realizarlo: por ejemplo, engrasando el eje de las ruedas y haciendo ms liso el camino. El carrito ir ms lejos cuanto ms fcilmente giren las ruedas y cuanto ms pulido sea el camino... significa que se han disminuido las influencias externas. Se han aminorado los efectos de lo que se llama roce o friccin, tanto en las ruedas como en el camino... Un paso adelante ms y habremos dado con la clave verdadera del problema. Para ello imaginemos un camino perfectamente alisado y ruedas sin roce alguno. En tal caso no habra causa que se opusiera al movimiento y el carrito se morera eternamente.

A esta conclusin se ha llegado imaginando un experimento ideal que jams podr verificarse, ya que es imposible eliminar toda influencia externa. La experiencia idealizada dio la clave que constituy la verdadera fundamentacin de la mecnica del movimiento (Subrayados nuestros) (59).

El mtodo es el de una idealizacin de la empira que se piensa en trminos absolutamente perfectos, y es el mismo que vimos ya en los anlisis de la planificacin perfecta y de la Competencia perfecta. A objeto real se contrapone este mismo objeto en trminos perfectamente funcionales, idealizndolo. De esta su idealizacin se deriva el espacio de lo posible como una aproximacin a este objeto perfecto y absolutamente idealizado. Aparece, por un lado, la conceptualizacin de la ley que presupone tal idealizacin:

Un cuerpo en reposo, o en movimiento, se mantendr en reposo, o en movimiento rectilneo y uniforme, a menos que sobre l acten fuerzas exteriores que lo obliguen a modificar dichos estados (60).

Sin embargo, esta misma idealizacin abre un espacio tecnolgico de aproximacin: Cuanto ms fcilmente giren las ruedas y cuanto ms pulido sea el camino.

La construccin del mtodo pasa por un progreso infinito que, en trminos de un proceso infinito de abstraccin, llega a la empira idealizada en trminos de la cual se formula la ley y que, en trminos tecnolgicos, lleva a una aproximacin a esta empira idealizada infinitamente lejana y que ni siquiera en un tiempo infinito se puede alcanzar. Luego; la experiencia idealizada es tal que aunque jams podr verificarse, hacia ella tiende la aproximacin tecnolgica que enfoca esta meta infinitamente lejana como una meta posible en principio, si bien imposible de hecho. Se trata de una meta infinitamente lejana e imposible de alcanzar, hacia la cual, sin embargo, se avanza. Pero como se avanza hacia algo inalcanzable, tambin este proceso tcnico es de mala infinitud.

Tales progresos infinitos se descubren en los siglos XVI y XVII, tanto en las ciencias naturales (Galileo Galilei) como en las ciencias sociales (Hobbes). Llegan a transformar ntegramente la percepcin de la realidad al transformar todos los objetos en puntos de partida de progresos infinitos. Esta universalizacin de los progresos infinitos es la raz de las ciencias empricas, las cuales construyen alrededor del mundo real un mundo ideal resultante de un nmero indefinido de progresos infinitos En funcin de los cuales son interpretados los objetos reales, tanto los del mundo macrofsico como los del microfsico, los del mundo macrosocial como los del mundo intrasubjetivo.

Daremos solamente otro ejemplo, esta vez tomado de la qumica. El agua es transformada en H 2 O, lo que nuevamente es una experiencia idealizada. En efecto, el agua real es un determinado lquido de experiencia diaria; la construccin fsica parte de molculas de esta agua real y formula su composicin en trminos de tales molculas. Aparece de este modo un nuevo concepto de agua pura. En la percepcin del sentido comn intuitivo, agua pura es agua potable limpia, sin embargo, a partir de la qumica aparece otro concepto de agua pura: un lquido que se compone exclusivamente de molculas H 2 O. Tal lquido es tan imposible como la carretera plana de la ley de la inercia, pues an el agua qumicamente ms pura es siempre una determinada mezcla. No obstante, a partir del concepto H 2 O de una empira idealizada, aparece un espacio tecnolgico de aproximacin al agua qumicamente pura que es infinito y no puede alcanzar su meta jams. Se produce agua destilada que es agua qumicamente lo ms pura posible, pero nunca efectivamente agua pura. Para el hombre comn que clama por agua pura, el agua destilada es veneno. Al hombre que clama por agua pura no se le debe dar H 2 O; el agua pura del sentido comn y el agua pura de la qumica se excluyen. El agua potable es, desde el punto de vista qumico, agua tan impura como lo es el agua contaminada. As pues, nuevamente tenemos el progreso infinito en sus dos dimensiones: la idealizacin de la empira en trminos de la frmula qumica H 2 O y la apertura de un desarrollo tecnolgico infinito en trminos de agua destilada lo ms pura posible.

Al igual que en las ciencias naturales, en las ciencias sociales tambin aparecen estos progresos infinitos detrs de cualquier objeto real. En su metodologa de los tipos ideales, Max Weber lo declara como la forma cientfica de comprensin. En referencia a cualquier objeto de las ciencias sociales, se construyen tales tipos ideales como espacio de comprensin y en trminos de una racionalidad con arreglo a fines. El objeto real se vuelve entonces comprensible midiendo la distancia entre este y el tipo ideal construido alrededor de l. Y. nuevamente, este tipo ideal abre un espacio tecnolgico en funcin de una reestructuracin social hacia la accin con arreglo a fines, aunque nunca la pueda alcanzar perfectamente.

La empira idealizada abre espacios tecnolgicos en el sentido de hacer ver su posibilidad. No obliga a nadie a lanzarse a la carrera del progreso tecnolgico infinito, pero lo deja abierto. Por eso, antes de descubrir el mtodo de la empira idealizada no hay un desarrollo tecnolgico sistemtico y reflexionado, pues su misma posibilidad no es visible. Hay mejoras empricas, muchas veces casuales, pero no desarrollo tecnolgico conscientemente enfocado. El carruaje del que nos habla Einstein es dibujado con flores, si se lo quiere mejorar, pero no transformado tecnolgicamente.

Pero, si bien una ciencia emprica solamente hace visibles espacios tecnolgicos, sin llamar expresamente a llenarlos, de hecho destruye todas las razones posibles que se pueden interponer a tal desarrollo tecnolgico Pareciera no haber ninguna razn seria para no aprovechar cualquier posibilidad que se abre, sin discutir siquiera hasta qu grado tales espacios tecnolgicos podran ser aparentes o hasta destructores. As pues, la ciencia emprica implcitamente incita a la carrera tecnolgica cuya posibilidad ella misma abri; esto lo hace con base en la ya analizada ilusin trascendental. Esta vincula las ciencias empricas con la construccin tecnolgica de parasos perdidos que se quieren recuperar. A travs de la aproximacin cuantitativa aparece la ilusin de que estos parasos estn al alcance humano, aunque se aada que slo son aproximables. En trminos de la aproximacin cuantitativa del progreso infinito, estamos aparentemente acercndonos a la solucin de todos los problemas humanos; lo que hace falta es acelerar lo ms posible el desarrollo tecnolgico, sin consideraciones de ninguria otra ndole. De esta manera, la ilusin trascendental de los progresos infinitos empieza a devorar la propia realidad de cuya idealizacin parte.

Ciertamente, el progreso tecnolgico infinito de cualquier tipo empieza a subvertir la realidad reducindola a una simple empira que es campo de maniobras de los conceptos idealizados y su arrastre sobre la humanidad. No hay nada ms idealista que la ciencia-emprica sometida a la ilusin trascendental; y este idealismo, como todos los idealismos, es absolutamente destructor y de ninguna manera pragmtico o racional. En forma racional, desata la irracionalidad ms absoluta; es la forma en la cual el utopismo logra una destructividad absoluta desvinculado de las necesidades reales de los hombres. La empira subvierte a la realidad, al ser esta realidad reducida a la empira. As como aquel que si al sediento que pide agua pura, le da agua destilada en forma de H 2 O, lo mata; del misrno modo, una sociedad tecnolgica que al hombre que pide trabajo, pan y techo le da una ilusin trascendental del progreso tcnico, tambin lo mata.

Popper, que vive completamente en la ilusin trascendental, percibe esta voragine infinita como verdadera infinitud del hombre. En trminos del progreso cientfico lo llama el tercer mundo, y lo describe como un verdadero encuentro del tercer tipo.

Todos contribuimos a su desarrollo, si bien todas las contribuciones individuales son insignificantemente pequeas. Todos tratamos de aprehenderlo, ya que no podemos vivir sin entrar en contacto con l, ...Sin embargo, el tercer mundo ha ido creciendo hasta mas all del alcance, no slo de cualquier hombre, sino tambin de todos los hombres juntos... Sus efectos sobre nosotros se han hecho ms importantes para nuestro desarrollo y el suyo propio que los de nuestra accin creadora sobre l, ya que casi la totalidad de su crecimiento se debe a un efecto de retroalimentacin... Adems, siempre tendremos delante la tarea de descubrir problemas nuevos. ya que hay una infinidad de problemas que siempre quedarn sin descubrir (Subrayados nuestros) (61)

Se trata de un texto seudorreligioso y mtico: es preciso que l aumente y que yo disminuya. El progreso cientfico con su secuencia de progreso tcnico es erigido en el sujeto verdadero; el hombre simplemente aparece como el servidor de este sujeto colectivo, que esta ms all de cada uno y de la humanidad entera, aunque haya surgido de ella. Se trata del mito del mundo secularizado.

Una vez que se ha cado en la ilusin trascendental, todo mundo real y presente se desvanece. Vistos a la luz del carruaje sin frotacin y de la carretera perfectamente plana, cualquier carruaje y cualquier carretera se transforman en algo despreciable que slo recobra algn sentido como paso intermedio hacia el brillo de perfeccin de la meta absoluta. Vista con los anteojos del H 2 O. cualquier agua es sucia. Cualquier institucin revienta a la luz de las instituciones perfectas, y cualquier hombre resulta ser un pecador radical. Es decir, las races de la seguridad frente a la realidad, desaparecen; y el mismo presente, una vez enfocado en trminos del progreso infinito, tambin desaparece.

En trminos reales, el presente es una vivencia del hombre que se extiende entre el pasado y el futuro y que tiene una extensin propia entre estos dos polos, extensin que depende del horizonte de percepcin vivida de cada uno. A la luz del progreso infinito esto es totalmente diferente; no hay presente: todo es o pasado o futuro. Por qu? Porque el momento se va, y ya se ha ido en cuanto que reflexionamos sobre l. No existe el presente de un da, porque al medioda ya medio da pas y otro medio da queda por delante. Ni los minutos ni los segundos pueden medir el presente, pues este siempre se encuentra en la lnea del tiempo entre el pasado y el futuro. El presente se reduce a la parte infinitamente pequea del segundo, y deja de existir. Pero, entonces, si el presente es visto en trminos de tal progreso infinito, ningn presente se puede reivindicar; ninguna realidad tiene valor pues no es ms que un paso de acercamiento a la ilusin trascendental. Y como no se vive sino el presente, no se vive sino enfrentado a la muerte. Como ya no hay ms un presente, tampoco ya no hay ms vida, sino una muerte que todava no ocurri. Luego, la vida es una muerte provisoriamente postergada.

La falacia de la argumentacin implicada en la ilusin trascendental, quiz se pueda explicar por una analoga con un problema matematico que es slo una analoga. En la matemtica hay dos aproximaciones infinitas que nos pueden servir para tal analoga. Por un lado, la aproximacin asinttica en la cual una secuencia infinita se acerca a un valor finito. As, la secuencia 9,999... se acerca a 10, y como secuencia infinita es igual a 10. Hay otra secuencia que es una secuencia al infinito, y que en matemtica no se admite. Se trata del caso de la secuencia de los nmeros enteros en relacin al infinito; por ms que se diga infinitamente la secuencia de estos nmeros, no se llega nunca al infinito. El infinito no es un nmero sino una expresin ms all de cualquier nmero finito, por ms grande que este sea. Por lo tanto, la secuencia de los nmeros no se acerca cuantitativamente al infinito, y el nmero un milln no est ms cerca del infinito que el nmero 10, aunque el nmero un milln sea mayor que diez. Es decir, si bien hay nmeros ms grandes que otros, no hay nmeros ms cercanos al infinito que otros. Esto tampoco implica que se pueda decir que todos los nmeros tienen la misma distancia al infinito, pues hablar de una distancia al infinito no tiene sentido.

Con base en esta analoga, podemos decir que el mito tecnolgico aparece al interpretar un desarrollo tecnolgico como una aproximacin al infinito que toma una meta infinita como mta de aproximacin. El mito tecnolgico no es el de una aproximacin asinttica, dado que sta solamente tiene lugar con metas finitas. Ms bien, al dirigirse la ilusin trascendental a metas infinitas, argumenta una aproximacin al infinito queni en matemticas es admisible.

Si la meta infinita es un reloj exacto, ste puede ser posible en principio, pero sigue siendo absolutamente imposible. En consecuencia, la tecnologa de relojes siempre ms exactos no se acerca a la meta del reloj exacto, y el reloj de cuarzo no est ms cercano del reloj exacto que el reloj de la cocina de la abuela, si bien es mucho ms exacto que el reloj de la abuela. Interpetar la carrera de los relojes siempre ms exactos como una aproximacin al reloj perfectamente exacto, no es sino el paso decisivo para entrar de lleno en la ilusin trascendental de las ciencias empricas. El conjunto de los falsadores trascendentales y maravillosos entra en las ciencias empricas con este paso, y la ilusin trascendental se transforma en la idea de la humanidad que pone a esa misma humanidad a su servicio. En nombre de la empira se escapa de la realidad, se enfrenta a ella y hasta la puede destruir. En nombre de carreteras perfectamente planas, de carruajes sin frotamiento, de relojes exactos, de una medicina que hace la vida indefinidamente larga, de mquinas que piensan, de competencias y planificaciones perfectas, en fin, en nombre de la aproximacin infinita a estas metas maravillosas, se desprecia a la realidad, se la socaba y subvierte.

As pues, tiene pleno sentido un proyecto de liberacin que exija de las ciencias empricas el ponerse al servicio de la realidad en vez de estar al servicio de la ilusin trascendental. Y no solamente a las ciencias, sino tambin a la poltica y a toda la sociedad: que sirvan al hombre y no a tales ilusiones. Esto es tanto ms necesario cuanto que ha aparecido en Estados Unidos un gobierno y todo un movimiento poltico que, como nunca, est inmerso en la idea fija de la realizacin de ilusiones trascendentales y que amenaza la propia existencia del mundo.

Esta exigencia de la puesta al servicio de la realidad por parte de las ciencias empricas, choca con la creencia comn de que estas son, precisamente, las ciencias de la realidad. Pero ellas jams pueden decir nada sobre la realidad, pues reducen sta a una empira que es simple objeto de la accin tecnolgica. Las ciencias empricas no pueden decir sino lo que el hombre puede hacer tecnolgicamente y no pueden dar cuenta de la realidad; no tienen ninguna ley que pueda decir algo de sta sino en tminos de la accin tecnolgica del hombre sobre esta realidad. Ninguno de los conceptos claves de la ciencia emprica son conceptos reales; todos ellos son conceptos que idealizan la empira hasta el nivel de lo imposible, para volver sobre ella interpretndola como desviacin de esta perfeccin imaginaria. As. Por ejemplo, si cae una hoja de un rbol, esta cada es vista como una desviacin de la cada libre idealizada que jams puede darse. Como tal es tecnolgicamente interpretable y, por lo tanto, la ley tiene sentido objetivo; pero sobre la realidad no se habla.

Y es que la realidad es lo que es, y no la idealizacin de eso que es. Por esto, el carruaje real parece ser una desviacin del carruaje ideal sin frotamiento; la carretera real una desviacin de la carretera perfectamente plana; el agua real una desviacin del H 2 0; la competencia imperfecta una desviacin del mercado perfecto; etc. La empira es la interpretacin de la realidad como desviacin de una realidad idealizada en trminos funcionales. Y Como las leyes de las ciencias empricas son expresiones de esta idealizacin, no son reales sino que constituyen la empira a partir de la realidad. Por consiguiente, estas leyes no tienen existencia sin que el hombre las formule, pues son formuladas a partir de imposibilidades del hombre. No formulan imposibilidades de por s, sino exclusivamente del hombre.

Ahora bien, por el hecho de que las ciencias empricas derivan sus leyes generales en forma analtica a partir de principios de imposibilidad del hombre, son a la vez radicalmente antropocntricas y tecnolgicas. Esto no les quita su objetividad, pero si su monopolio de la realidad.

El cientfico puede muy bien decir que lo que l busca es la verdad y no aplicaciones tecnolgicas, pero esa es una cuestin de motivos y no del proceder. Lo que l efectivamente hace se decide a nivel de los criterios de verdad que usa, y estos criterios de verdad de la ciencia emprica son tecnolgicos pues consisten en controlar que el resultado cientfico sea tecnolgicamente aprovechable.

El que las ciencias empricas sean tecnolgicas no significa, en modo alguno, que solamente busquen tecnologas aplicables. Eso sera falso. Lo que buscan son conocimientos en una forma tal que sea posible aprovocharlos para tecnologas. Por esta razn, el punto de vista tecnolgico implica el antropocentrismo de las ciencias empricas: el criterio tecnolgico de la verdad es necesariamente un criterio que juzga a partir del hombre y sus posibilidades tecnolgicas, expresadas a travs de los principios de imposibilidad de la accin humana.

Por tal motivo, reivindicar la realidad frente a las ciencias empricas, la accin poltica y la sociedad entera, es un proyecto de liberacin con pleno sentido y que presupone una crtica de las propias ciencias empricas en su referencia a su ilusin trascendental.

2.4. Lo teolgico visto desde la perspectiva

de la metodologa de Popper

De los anlisis anteriores se desprenden ciertos criterios para el pensamiento teolgico que los tericos popperianos hacen explcitos en varias ocasiones.

Ya hemos visto dnde ubica Popper el infierno y el demonio. Para l, ah donde se intenta construir el cielo en la tierra se construye el infierno y, por lo tanto, quienes intentan eso son demonacos. Es as que la democracia enspirada en la metodologa de Popper aparece como llave para el control de los demonios. Esta demonologa popperiana, efectivamente onmipresente en sus escritos, es fcilmente detectable.

Sin negar que exista el problema del fracaso necesario de la construccin del cielo en la tierra y de sus consiguientes posibles resultados destructores, no se puede derivar de este hecho un juicio tan absoluto. Lo que se sigue es la necesidad del discernimiento de las utopas y de su mediatizacin institucional, pero no la necesidad de identificarlas con algn demonio. Si alguien quiere el infierno en la tierra lo tendr sin necesidad de pasar por la ilusin de construir algn ciclo, pues el infierno lo hace quien quiere el infierno. El infierno del nazismo no fue ningn intento de construir un cielo en la tierra; los nazis marcharon al infierno con los ojos bien abiertos.

Quien quiere el infierno, tendr el infierno por qu entonces necesariamente ha de tenerlo aquel que quiere el cielo Aunque lo produzca sin quererlo, mantiene la posibilidad de salir de l dado que el camino al infierno est asfaltado de malas intenciones, mientras que el camino al cielo lo est con buenas intenciones. Es sumamente difcil y exigente ser absolutamente malo; las buenas intenciones salvan. Esta es la nica manera de evitar el maniquesmo de la postura popperiana.

La idea de Popper de que el infierno lo hacen aquellos que quieren realizar el cielo en la tierra, es actualmente muy comn. Michael Novak la expresa en los siguientes trminos:

En el mundo como es y como Reinhold Niebuhr advirti durante su vida intelectual ejemplar los hijos de la luz forman en muchos aspectos una amenaza mayor a la fe bblica que los hijos de las tinieblas (Traduccin nuestra) (62).

Si eso fuera cierto, no estaramos de vuelta en el fascismo de los nazis y gritando con ellos: que vivan los hijos de las tinieblas y viva la muerte? El anti-utopismo radical desemboca en esta marcha al infierno; marcha que se realiza con los ojos abiertos y all donde ya Dante ubicaba el infierno: Ah, los que entris, dejad toda esperanza. Slo aquel que es capaz de soar con un cielo en la tierra podr construir una tierra mejor, sea su sueo como sea.

Por esta razn nuestra crtica a Popper no puede ser una simple inversin de su crtica a la utopa. Se puede interpretar la ingenuidad de las ciencias empricas frente a la ilusin trascendental como un intento de construir el cielo en la tierra con sus consiguientes tendencias destructoras sobre la tierra, pero de eso no se sigue que se trate de un camino que produce el infierno en la tierra.

Sin embargo, la ingenuidad frente a la ilusin trascendental conlleva igual ingenuidad frente a lo teolgico. Mediante la ilusin trascendental la ciencia emprica pasa a ser mtica, dado que todas las imposibilidades de los principios empricos generales de imposibilidad pasan a ser posibles en principio en vinculacin con sus progresos infinitos correspondientes. El mito se integra a la realidad y sta parece ser la realidad sin ms, siendo el mito su perspectiva real al futuro. No obstante, el cientfico emprico se siente el nico que se ha liberado del mito, cuando en realidad es quien ms ingenuamente est sometido a l. Es que el mito de la ilusin trascendental parece ser la realidad, y sta aparece entonces como realidad secularizada. Ciertamente no lo es, pero el hecho de que el mito sea percibido como realizable, aunque sea a la luz de un progreso infinito, hace aparecer el mundo como secularizado.

Por eso la ciencia emprica no es tan unidimensional como se piensa, por ms que tenga tal apariencia. El hombre unidimensional tiene tantos mitos como cualquier otro hombre, slo que, aparentemente, los tiene a la mano. Incluso el millonario que muere y se deja congelar por siglos para ser resucitado el da que la ciencia mdica haya progresado lo suficiente para hacerlo, no parece vivir un mito sino algo perfectamente real, aunque sumamente curioso. A travs de los progresos infinitos con su ilusin trascendental correspondientes tales hechos estn integrados a la realidad.

De ah que cuando la ciencia emprica quiere investigar el mundo mtico se dirija al mundo pasado, y preferentemente al mundo ms pasado posible, al perodo tribal de la pre-historia humana. All si se descubren mitos, pero jams se logra ni se trata de encontrar el mito moderno. Y cuanto ms se evita el anlisis del mito moderno, ms se destaca el mito antiguo y se constatan rescoldos marginales de estos mitos antiguos en el hombre moderno. Sin embargo, el que el mundo moderno sea mtico es algo que escapa totalmente a tales anlisis.

Lo interesante es que para el hombre prehistrico tampoco hay mito. Esto es algo que nosotros descubrimos observndolo a l, pero lo cierto es que ese hombre ve su realidad tal cual, del mismo modo que el hombre moderno ve la suya tal cual. El mito de una sociedad es parte de la realidad social y no es percibido como separado de ella, por lo que describir ese mito separadamente de la realidad equivale a despedirse de l, de manera que sea fcil descubrir el mito de sociedades prehistricas, pero que sea cada vez ms difcil descubrirlo cuanto ms nos acercamos a la poca actual. Y es que el mito es la esencia vivida de la realidad, que se percibe al ver esa realidad. pero que no se distingue de ella. Atacando abstractamente tales esencias lo nico que se logra es caer ingenuamente en ellas. La esencia moderna es la ilusin trascendental de los progresos infinitos, y no hay manera de evitar esta ilusin, si bien se puede tomar distancia crtica frente a ella. Sin embargo, se trata de una crtica al estilo de Kant y no de una crtica destructora al estilo de Popper.

Podemos ver esta dificultad del pensamiento de las ciencias empricas al seguir brevemente la crtica que hace Hans Albert (La miseria de la teologa) a la teologa de Hans Kng (Existiert Gott? Mnchen/Zrich, 1978, principalmente). Nos interesa especialmente su crtica a la tesis de la resurreccin de Jess:

Cmo soluciona nuestro autor el hecho de que en s la resurreccin y aparicin de un muerto, por lo general, no son aceptados como posibles, ya que sobre la base del estado actual de la ciencia no podemos contar con acontecimientos de este tipo? (Subrayado nuestro) (63).

Sigue diciendo que la fe en la Resurreccin es una radicalizacin de la fe en Dios, y concluye sobre tal fe en Dios:

Desde hace tiempo, la cosmo-metafsica en la que estaba anclada la fe en Dios ha sufrido la erosin producida por el desarrollo de las ciencias modernas y sus elementos constitutivos, relevantes para la conservacin de la fe en Dios, hace ya tiempo que no son componentes de nuestra concepcin del mundo. Por ello, en la actualidad, slo es posible conservar las suposiciones metafsicas de existencia que estn vinculadas con la fe en Dios, si se las asla suficientemente de nuestro restante saber, de manera tal que ya no juegen ningn papel para las explicaciones y pierdan su enraizamiento en nuestra concepcin total de la realidad (Subrayado nuestro) (64).

Nos interesa, obviamente, el procedimiento formal de la argumentacin y no la problemtica del contenido. No preguntamos, por tanto, si existe Dios o si ha habido resurreccin, sino que buscamos el mtodo por el cual Albert se enfrenta a tales preguntas.

Llaman la atencin enseguida, las referencias de juicio que l menciona. Por un lado, nuestra concepcin del mundo y nuestra concepcin total de la realidad y, por el otro, el estado actual de la ciencia.

Al considerar Albert que la fe en la resurreccin es una radicalizacin de la fe en Dios, nos podemos concentrar en su argumentacin referente a la resurreccin. Nos dice:

La resurreccin y la aparicin de un muerto, por lo general, no son aceptados como posibles, ya que sobre la base del estado actual de la ciencia no podemos contar con acontecimientos de este tipo.

Esto es claramente falso. En nuestra concepcin del mundo, tales acontecimientos se aceptan perfectamente como posibles; son parte del mito de las ciencias empricas. El millonario Hughes orden congelar su cadver despus de su muerte, para que sea resucitado algn da en el futuro cuando la medicina haya pogresado lo suficiente para volverlo a la vida y sanar su enfermedad hoy incurable. Deposit una suma de capital considerable para que los costos de su congelamiento sean cubiertos por los intereses, y para tener un capital de partida suficiente para volver a empezar sus negocios despus de su resurreccin. Y tiene la esperanza de volver a congelarse el da en el cual morir de nuevo a causa de otra enfermedad incurable en aquel futuro, para ser resucitado otra vez cuando la medicina pueda curar tambin esta otra enfermedad, etc. etc. Y siempre lo acompaar su fortuna, cuyos intereses devengados cubrirn con creces los costos de sus sucesivos congelamientos y resurrecciones. Y existen centenares de millonarios que proceden as.

Esto no es una simple curiosidad sino una actitud perfectamente realista a la luz del mito de las ciencias empricas, aunque no deje de ser curioso. Y nuestra concepcin del mundo, nuestra concepcin total de la realidad, aceptan tal fe en la resurreccin; es algo bien comn. Claro, al nivel del estado actual de la ciencia no pueden resucitar pero, no lo podrn hacer al nivel del estado futuro de la ciencia? No se ve ningn argumento que las ciencias empricas puedan esgrimir en contra de tal fe en la resurreccin, que es lo que hemos llamado la ilusin trascendental de las ciencias empricas. Y, por supuesto tampoco se vislumbra ningn argumento al que Albert quiera o pueda recurrir en contra de esta ilusin.

Lo que nuestra concepcin del mundo rechaza no es la resurreccin, sino la resurreccin de Jess. En efecto, esa concepcin no rechaza de ninguna manera, la resurreccin de Hughes ni la de Albert si se decide a dejarse congelar incluso los funcionarios pblicos alemanes podran pedir una jubilacin ms all de su muerte, para financiar su congelamiento hasta su futura resurreccin por la medicina en constante progreso. El Estado alemn rechazara la peticin por falta de fondos, pero jams por absurda, porque para nuestra concepcin del mundo eso no es absurdo sino tremendamente realista.

Segn la fe cristiana Jess fue resucitado de entre los muertos por Dios. Segn nuestra concepcin del mundo, el millonario Hughes ser resucitado de entre los muertos por hombres que vivirn en el futuro y sabrn como hacerlo. As pues, hay dos formas de esperanza de resurreccin en juego, y no simplemente la aparente alternativa de resurreccin o no-resurreccin admitida por Albert. Si ahora tomamos en serio la afirmacin de ste de que la fe en la resurreccin es una radicalizacin de la fe en Dios en verdad es al revs: la fe en Dios es una radicalizacin de la fe en la resurreccin, llegamos a una disyuntiva distinta: la fe en Dios es la radicalizacin de la fe en la resurreccin de Jess, y la renuncia a la fe en Dios es la radicalizacin de la fe en la resurreccin del millonario Hughes.

Entre estas alternativas no hay un criterio de verdad positivo. Que la resurreccin de los millonarios congelados sea una ilusin trascendental de las ciencias empricas sin ninguna visin realista del futuro, lo podemos argumentar nicamente recurriendo al argumento, originalmente hegeliano, de la mala infinitud de un progreso infinito que constituye proyecciones ilusorias trascendentales, pero ninguna realidad del futuro. Por otro lado, es imposible argumentar la realidad de la resurreccin de Jess. No se trata de una deficiencia de pruebas histricas sino de una imposibilidad metodolgica de concebir pruebas. Cualquier prueba tendra que pasar por el filtro de las ciencias empricas que, por su mtodo, no pueden aceptar ni concebir pruebas. Si se buscaran pruebas, ocurrira lo que ocurre con la prueba ontolgica de la existencia de Dios: cualquier prueba lo es slo para los creyentes. El Santo Sepulcro despus de la resurreccin est vaco, y si no lo estuviera, no habra resurreccin, pero el hecho de estar vaco no comprueba ninguna resurreccin, a no ser para los creyentes. Esta imposibilidad de concebir pruebas, es resultado del carcter autovalidante de las ciencias empricas. Un solo caso, que no sea repetible, no es prueba, y eso es perfectamente legtimo en las ciencias empricas. Si, en cambio, resucitara Hughes, s habra prueba.

Sin embargo, el problema es ms profundo. Albert apunta a tal dimensin cuando habla del pensamiento teolgico como un pensamiento guiado por necesidades que nada tienen que ver con el afn de conocimiento (65).

Precisamente una explicacin de la fe en poderes divinos de todo tipo, sobre bases naturales, es un desideratum urgente dentro del marco de una concepcin naturalista del mundo, una concepcin dentro de la cual las esencias supranaturales o extranaturales no juegan ya ningn papel para la explicacin de los fenmenos y contextos (66).

Igualmente habla de la fe especfica, enraizada en fuertes necesidades humanas de felicidad, lo que lleva a una situacin en la cual es difcil imponer la influencia del puro inters cognoscitivo para la conduccin del pensamiento (67). El pensamiento teolgico aparece como una racionalizacin de deseos de felicidad, en tanto que el cientfico aparece como un pensamiento guiado exclusivamente por el puro inters cognoscitivo, Intereses ajenos al conocimiento... dificultan... la bsqueda de la verdad (68). Aparece entonces, la alternativa entre la racionalizacin de deseos de pate de la teologa y del puro inters cognoscitivo de parte e las ciencias empricas. alguna harmona preestablecida hace que este puro inters cognoscitivo desemboque en puros conocimientos tecnolgicamente aplicables.

Ahora es evidente que el pensamiento teolgico racionaliza deseos, o, hablando con un trmino ms usual, esperanzas. La fe en la resurreccin de Jess corresponde a la esperanza en la resurreccin y, por tanto, en la vida eterna de todos. La resurreccin corresponde a una esperanza popular, un (desideratum urgente, y a la luz de la resurreccin esta esperanza se sostiene como una esperanza con sentido. Es muy difcil una fe que espere que todo siga igual de mal como est.

Algo muy distinto es la tesis segn la cual las ciencias empricas se derivan de un puro inters cognoscitivo. Se trata de una ilusin muy comn entre los cientficos naturales, y es tanto ms comn entre los cientficos sociales cuanto ms conservadores son. Ahora bien, el puro inters cognoscitivo tendra que saber por lo menos a dnde dirigirse, no obstante no tiene otro objeto al cual dirigirse que los mismos deseos o esperanzas hacia los cuales se dirige el pensamiento teolgico. Lo que es diferente es la manera de dirigirse a tales deseos, y su cumplimiento.

Para demostrar esto podemos empezar por la misma resurreccin y vida eterna, que tanto interesan a Albert. El comienzo de todo ocurre ya en los inicios de la civilizacin humana. Gilgamesch recorre el mundo en bsqueda de la fuente de la vida que lo puede salvar de la muerte. Esta bsqueda es efectivamente emprica, y Gilgamesch espera encontrar la fuente de la vida en un largo caminar por el mundo. Ni Gilgamesch ni aquellos que le seguan la encuentran, pero la esperanza de la vida eterna est presente como deseos.

La fe en la resurreccin de Jess puede ser entendida como una respuesta que no espera ya una fuente de la vida dentro del mundo inmanente, sino que espera ahora que Dios resucite al hombre de entre los muertos. Ya no hace falta buscar ms la fuente de la vida, y el mundo se abre entonces para otras bsquedas. Aparece, por tanto, un principio de imposibilidad humana: no es posible que el hombre logre inmortalizar al hombre. Sin embargo, una vez aparecido tal principio, puede aparecer tambin otra bsqueda: cmo prolongar la vida procediendo tecnolgicamente. Es decir, si bien la vida eterna es imposible, la prrroga de la vida es posible.

De esta manera aparece la medicina como ciencia emprica. La vida eterna que se logra por asalto, es sustituida ahora por una prrroga de la vida en trminos aproximativos. Es inters, o deseo o esperanza? Es exactamente lo mismo, pero se la racionaliza en trminos tecnolgicos. As pues, aparece la medicina como ciencia emprica y no se sabe lo que significa decir que es producto de un puro inters cognoscitivo. Adems, una vez surgida tal medicina produce su ilusin trascendental correspondiente. En efecto, cuando se logra prolongar la vida, y se la prolonga ms, y ms, y ms..., se llega, si se piensa tal proceso como un progreso infinito, a la vida eterna. Lo que Gilgamesch trat de conseguir por asalto, esta ilusin trascendental cree conseguirlo por un progreso infinito, al final del cual saludo a aquella fuente de la vida que se le escap a Gilgamesch. Se racionaliza por tanto, un deseo, transformndolo en la meta de un progreso tcnico de aproximacin.

Como ya vimos, todas las ciencias empricas proceden de una manera anloga. El deseo en su infinitud directa es negado por un principio de imposibildad humana, y a partir de esta imposibilidad, se constituye un proceso de aproximacin a tal deseo. La ciencia emprica estudia y analiza las leyes naturales o sociales objetivas que rigen tal aproximacin. Por eso estas ciencias son objetivas, no obstante, no tiene el ms mnimo sentido hablar de un puro inters cognoscitivo.

Aparece por consiguiente precisamente a partir de las ciencias empricas, un espacio mtico al cual tambin se dirige la teologa. Lo podemos describir en trminos de mundos posibles y mundos imposibles, pudiendo distinguir tres de tales tipos de mundos. Tenemos primero el conjunto de los mundos lgicamente contradictorios. Estos mundos son a priori imposibles y hacia ellos no se pueden dirigir deseos, porque tales deseos no se pueden ni imaginar ni expresar. En segundo lugar, tenemos el conjunto de los mundos tecnolgicamente posibles. Estos son los mundos reales en los cuales ocurre una aproximacin tecnolgica al cumplimiento de deseos. Y en tercer lugar, tenemos un conjunto de mundos lgicamente no-contradictorios, pero imposibles de hecho.

As pues, podemos hablar de mundos de posibilidad imaginaria, en los cuales los deseos se cumplen ms all de cualquier consideracin tecnolgica. Los mundos contradictorios no cuentan para la argumentacin del espacio mtico del pensamiento, porque no pueden ser objeto de ningn pensamiento. Quedan los mundos factibles y los mundos imaginarios. Como ambos son lgicamente no-contradictorios, no podemos describir el lmite entre ellos mediante leyes lgicas. Son los principios de imposibilidad los que los separan. Pero esta imposibilidad es imposibilidad de satisfacer deseos. En efecto, existen deseos imposibles de satisfacer que aparecen en los mundos de posibilidad imaginaria; por otro lado, existen deseos factibles que aparecen potencialmente satisfechos en los mundos reales.

Pero los deseos que aparecen en estos dos mundos no son cualitativamente distintos, sino que son los mismos. En los mundos de posibilidad imaginaria estos deseos son imaginados en la plenitud de su satisfaccin, mientras que en los mundos reales estos mismos deseos son satisfechos en trminos de aproximacin. Por lo tanto, el conjunto de los mundos de posibilidad imaginaria es el espacio mtico del pensamiento humano; el conjunto de los mundos de aproximacin en cambio, es el espacio de las ciencias empricas. Sin embargo, ambos conjuntos de mundos se interpenetran. El uno est en el otro y nadie se puede referir a uno sin referirse a la vez al otro.

Adems, todo pensamiento se origina a partir del mundo real de aproximacin a la satisfaccin de los deseos, sea un pensamiento de ciencias empricas o sea un pensamiento teolgico. Al mundo mtico se accede trascendiendo el mundo real, y no directamente. Por otro lado, tanto el pensamiento de las ciencias empricas como el teolgico trascienden efectivamente este mundo real. Las ciencias empricas lo trascienden por sus modelos trascendentales (o, como Popper lo llama, el mtodo cero) y el pensamiento teolgico por su reflexin sobre poderes sobrehumanos. Luego, ambos pensamientos trascienden lo real, pero lo trascienden de manera diferente.

Sin embargo, en este proceso de trascender lo real aparece la competencia entre ambos pensamientos. Las ciencias empricas ocupan el espacio mtico en el grado en que desarrollan la ilusion trascendental de los progresos infinitos, y en el grado en que esto ocurre, sobra la trascendencia teolgica. Cuando la ciencia emprica promete la resurreccin de los muertos, sobra un Dios que promete resucitar al hombre de entre los muertos. Si bien la ciencia emprica nunca hace esto en trminos explcitos, la ilusin trascendental que aparece a partir de ella da esta apariencia. Todo lo que Dios puede prometer al hombre como plenitud de la vida, la ilusin trascendental de los progresos infinitos de las ciencias empricas lo promete tambin y, aparentemente, con un realismo mucho mayor. Un compendio de tales ilusiones trascendentales lo brindan las publicaciones de Arthur Clark en los aos sesenta, o las de Toffler hoy (69). Por el contrario, cuanto ms se desarrolla la crisis del progreso tcnico, sea como crisis del subdesarrollo o como crisis ecolgica, la ilusin trascendental es destruida por la crtica de la mala infinitud del progreso tcnico. Entonces el trascender la realidad toma otras formas y surge el espacio para la trascendencia teolgica. As pues, la crtica de la ilusin trascendental es decisiva para el posible espacio que pueden tener los pensamientos teolgicos. La ilusin trascendental los desplaza, pero ellos vuelven en cuanto sta se desvanece.

Es precisamente en este punto en donde se juega el problema del sentido de la sociedad moderna. No se trata de un simple problema de legitimidad de sociedades, sino de todo un tipo de civilizacin. Corrientemente, cuando se discute la legitimidad, sea del capitalismo sea del socialismo, se suele suponer el sentido de la aproximacin infinita y la ilusin trascendental como su perspectiva de proyeccin infinita. Subyace siempre, como suelo comn, el progreso tcnico, y se escoge ms bien entre tipos sociales de aproximacin infinita sin poner en duda esta misma aproximacin. Se trata por eso de una discusin al interior de un tipo de civilizacin que es comn a ambos, a la que llamamos civilizacin occidental, y si es capitalista, civilizacin occidental-cristiana. Es decir, la confrontacin comparte una civilizacin comn cuyo carcter no es suficientemente descriptible por diferencias de la estructura de clase.

Sin embargo, cuando hablamos de una crisis de sentido nos referimos a una crisis de este tipo de civilizacin que pasa por todas las sociedades, y que surge de la percepcin de que el progreso infinito de cualquier ndole desemboca en la nada. Ni al comunismo ni al anarco-capitalismo o a la competencia perfecta, ni al viaje por telfono ni a una vida humana indefinidamente larga, ni a una abundancia derivada de una produccin completa, ente automtico que nos sirve todo en la boca. Esto no excluye la posibilidad de una sociedad mejor que la actual, pero si excluye una sociedad que ser maana mejor que hoy, pasado maana mejor que maana, y otra vez mejor, y otra vez y siempre ms, para proyectarse en la inmensa infinitud de un futuro infinitamente rico, hacia el cual nos acercamos por pasos aproximativos y que tiene como trmino la nebulosa esperanza de una ilusin trascendental del todo posible, que abarca todo el espacio del posible imaginario.

No obstante, los ltimos siglos de la sociedad occidental, que lleg a dominar y a explotar al mundo entero, han encontrado su sentido de vivir en esta perspectiva ilusoria. A travs de ella, se integr el conjunto de los mundos de posibilidad imaginaria en el interior del mundo real, en el cual se haba desencadenado un desarrollo tcnico que pareca ser del tipo de un progreso tcnico infinito. La sociedad moderna hizo lo que de alguna manera, hicieron todas las sociedades humanas al buscar el sentido de su existencia: integrar el espacio mtico del posible imaginario en el mundo real. Aunque todas las sociedades hagan esto de manera diferente, todas lo hacen para afirmar su sentido. Y se trata siempre de interpretar la sociedad presente no slo como una buena sociedad. Sino como la mejor de las sociedades posibles, donde este posible se integra y se conecta con lo posible imaginario de alguna plenitud humana. Aunque se busque la salida en la superacin de la propia tensin entre lo realmente posible y lo posible imaginario e ir hacia un Nirvana, el sentido se deriva de esta tensin entre dos mundos cuya solucin vivida da el sentido del vivir de una sociedad.

La sociedad occidental surge de una determinada manera de ocupar el espacio mtico del posible imaginario a partir del mundo real. Por eso es tan mtica como cualquier otra, pero especficamente diferente dentro de este marco comn. La conexin la hace por los progresos infinitos de aproximacin a lo posible imaginario, lo que da a su mito el carcter de un mundo secularizado, si bien la transforma a su vez en una sociedad sumamente dinmica. Pese a que los orgenes judeo-cristianos son obvios, tal tipo de sociedad se origina en realidad a partir del Renacimiento. Por supuesto, el surgimiento de esta sociedad se prepara desde antes, para la comprensin de lo cual no es suficiente, como algunos pretenden, un simple anlisis del calvinismo.

El sentido de la sociedad moderna aparece por una radicalizacin y posterior secularizacin de algo que haba aparecido ya muchos antes. Para explicar esto podemos hacer un pequeo desvo por la tradicin mesinica juda y por la esperanza cristiana de Nuevas Tierras y Nuevos Cielos, hasta llegar a la aproximacin tecnolgica a lo posible imaginario del espacio mtico.

La tradicin mesinica juda tiene, claro est, una esperanza terrestre, pero sumamente realista. Vamos a citar dos de sus elementos que nos parecen claves. En relacin a la vida larga y tranquila:

Ni habr ms all, recin nacidos que apenas vivan algunos das, o viejos que no vivan largos aos. Pues morir a los cien aos, ser morir joven... (70).

Se podr vivir sin ser explotado:

Harn sus casas y vivirn en ellas, plantar vias y comern sus frutos. Ya no edificarn para que otro vaya a vivir, ni plantar para alimentar a otro. Los de mi pueblo tendrn vida tan larga como los rboles y mis elegidos vivirn de lo que hayan cautivado con sus manos (Isaas, 65, 21-22).

Se trata de metas que se mantienen, en principio, dentro de las posibilidades del mundo real. Vida larga n(o es vida eterna, y no ser explotado en favor de otros no es abundancia. La imagen no es la de un posible imaginario, sino la de un posible real, aunque se espere la llegada de esta situacin por un Mesas mandado por Dios. Sin embargo, el posible imaginario existe, como sentido, alrededor de estas metas. Por un lado, tenemos el paraso perdido de hombres inmortales que viven en abundancia, pero al cual ya no se volver. Por otro lado, tenemos imgenes laterales de una harmona de la naturaleza que rebasa al mundo real, cuando leones y ovejas pastan juntos. No obstante, el ncleo de lo posible imaginario est concentrado en la imagen de Yahv que es inmortal y creador ex-nihilo, es decir, de abundancia absoluta. El vnculo entre este posible imaginario y lo posible real es el Mesas del cual, sin embargo, no se espera todava ser llevado ms all del mundo real hacia una humanidad que vive las posibilidades del mundo imaginario. Larga vida y satisfaccin de necesidades sin explotacin: eso es lo que el Mesas de Dios inmortal y de abundancia lleva a los hombres.

El cristianismo radicaliza esta esperanza. Dios promete ahora mucho ms, esto es, llevar al hombre al nivel en el cual El mismo est. El Dios creador ex-nihilo e inmortal, promete ahora el hombre llamarlo a una Nueva Tierra en la cual este hombre tenga la misma inmortalidad y una abundancia que corresponde al poder de Dios como creador ex-nihilo. Es decir, la esperanza mesinica se transforma en esperanza de ser llamado a ser como Dios. En el mundo real la esperanza real sigue siendo la de una vida larga sin explotacin, pero esta vida real ha recibido un horizonte radical de promesa en el cual el hombre llega a ser habitante del mundo de las posibilidades imaginarias; esto es, en trminos breves, inmortalidad y abundancia. As la vida en el cielo aparece como un banquete de hombres inmortales.

Lo realmente posible y lo posible imaginario se dividen ahora muy ntidamente en relacin a las posibilidades humanas. Toda posibilidad humana real conlleva como corolario una posibilidad real imaginaria proyectada en la Nueva Tierra, que representa la plenitud de las posibilidades reales limitadas. La conexin la brinda la esperanza en la Venida del Seor, lo que da sentido a una determinada actitud anticipatoria de esta venida, actitud que consiste, sobre todo, en el perfeccionamiento tico y la predicacin del Evangelio para que llegue a todo el mundo. Aunque esta esperanza sea espiritualista, conlleva una nueva dinmica de expansin, ciertamente muchas veces inauditamente agresiva.

De la postergacin de la parusa esperada por la sociedad cristiana medieval, aparece la ntida limitacin entre lo posible del mundo real una represin larga de la brujera y una frustracin del tipo de anticipacin de la Venida del Seor por el perfeccionamiento tico y la predicacin. Se abre as el espacio para una anticipacin activa en el mundo real a travs de la transformacin de la naturaleza y de la sociedad. La desesperacin por la parusa postergada se convierte en el punto de partida de la actividad para la transformacin del mundo, actividad que parte de la imposibilidad del asalto al mundo de las posibilidades imaginarias y que se transforma en motivacin de la aproximacin a tal mundo por va de la actividad humana frente a la naturaleza y la sociedad. El trnsito de la Edad Media al mundo moderno, por tanto, pasa por el ltimo y mss grande movimiento milenarista de la historia humana, cuya frustracin desemboca en la creacin de progresos infinitos de aproximacin tecnolgica al posible imaginario. El parlamento de los santos de los milenaristas pasa a ser parlamento burgus, y el alquimista, que busca por asalto el oro y el perpetuum mobile, se somete a los respectivos principios de imposibilidad humana en el marco de los cuales puede proceder a realizar ahora una aproximacin lo ms posible a este imposible. As pues, la sociedad moderna resulta ser la institucionalizacin del carisma milenarista del mesianismo cristiano.

Una vez ocurrido esto, los progresos infinitos ocupan el espacio mtico del posible imaginario y todo el proceso se seculariza. Pero el sentido del cual vive esta sociedad moderna sigue derivndose de este posible imaginario, si bien de una manera diferente. La capacidad tecnolgica recibe, a partir de su aparente propia infinitud inmanente, su base de sustentacin. La raz de sentido, por tanto, es secularizada, aunque no desaparezca toda vinculacin religiosa. De este modo, la muerte individual recurre a la consolacin religiosa, pues ninguna promesa de aproximacin a una vida indefinidamente larga puede borrar el hecho de que el hombre sigue muriendo exactamente como antes, por ms que su vida sea ms larga. Por otro lado, aparece tambin la religiosidad esttica que decora religiosamente este progreso infinito en marcha y le propicia sus rituales. Se trata de un humanismo tico-prctico que propicia fuerzas adicionales de motivacin del progreso y que nioviliza fuerzas religiosas de apoyo.

Sin embargo, se mantiene una funcin religiosa que se hace presente constantemente, especialmente en perodos de crisis de la legitimidad de las sociedades modernas. En toda sociedad moderna se presenta frecuentemente una sospecha, muchas veces muy popular, que hace falta controlar. Mticamente se expresa por la diabolizacin del progreso tcnico. La sospecha es la de un pacto con el diablo. A la par de la ilusin trascendental provocada por las proyecciones infinitas del progreso tcnico, se percibe la capacidad de destruccin de este progreso y se lo mitifica por la sospecha de un pacto con el diablo. Ahora bien, el Creador ex-nihilo puede salvar de toda la destructividad del progreso tcnico. A la luz de este Creador incluso la guerra atmica tiene solucin, porque El puede re-crear el mundo. Si ya lo cre una vez, por qu no lo puede hacer una vez ms.

La percepcin de la destructividad del progreso tcnico est presente ya en los mismos inicios de este progreso. Efectivamente, ya de Paracelsus se supona que tena un pacto con el diablo, pacto que al final lo haba destruido a pesar de todos sus xitos. Pero hay una figura, aparentemente apartada del problema, que es tratada de igual manera por la leyenda. Nos referimos a Don Juan, quien transforma la conquista de mujeres en un progreso infinito, pasando de una a otra y terminando en el infierno Se trata, en otro campo, de la aproximacin infinita a la femineidad aproximacin que desemboca en la desesperacin de Don Juan a quien se lo lleva el diablo. Una de las tradiciones ms fuertes la configur el pacto de Fausto con el diablo, cuyo prototipo es el pacto de Paracelsus.

Fausto promete no descansar jams en su viaje infinito, si bien dado el optimismo burgus del siglo XIX, su viaje termina feliz.

No obstante, aqu hay ya un elemento nuevo. Segn el pacto, el diablo puede llevarse a Fausto por cuanto ste se decide a descansar y a apreciar el momento presente. A Don Juan, por el contrario, el diablo se lo puede llevar por no ser capas de apreciar el momento presente. A la sospecha del pacto con el diablo sigue la sospecha del Anticristo. El capitalismo, el capital, el socialismo, la planificacin todas estas formas entran en la sospecha, muchas veces manipulada, del Anticristo y del pacto con el diablo. Tan secularizada que se presenta la sociedad moderna y sin embargo, tan religiosamente que expresa sus sospechas.

En la lnea opuesta al pacto con el diablo puede aparecer, aunque no siempre, el Dios que garantiza el buen trmino del progreso infinito. El Dios Desta; el Dios cristiano que instal la propiedad privada como derecho natural; la idea hegeliana; hasta llegar al Dios Seor de la Historia de las Juntas Militares de la Amrica Latina actual, inspiradas en la Doctrina de la Seguridad Nacional. Igualmente, el Dios que aparece en el dlar: In God We trust, y que cuida los depsitos del Banco del Espritu Santo. Sin embargo, incluso el socialismo sovitico, en su crisis extrema de la Segunda Guerra Mundial, evoc a Dios frente a las sospechas posibles.

La ilusin trascendental de la sociedad moderna secularizada nunca ha renunciado real y definitivamente a las legitimaciones religiosas. Pero, indudablemente: las ha reemplazado de su funcin central de sentido y las ha transformado en muleta de sustentacin Ciertamente, la ilusin trascendental daba sentido, no obstante tena que usar muletas para sostenerse, y son muchos los dioses que se apresuraron a servir como tales.

Cuando hoy aparece la duda en el sentido que ha sostenido la sociedad moderna en sus ltimos siglos, esta duda parece ser de otra ndole. No es la del pacto con el diablo, que participa todava de la ilusin trascendental con la nica diferencia que la pinta de negro. Se trata ms bien de la experiencia cada vez ms convincente de que el desarrollo tecnolgico, a partir de determinado nivel, tiene un tope ms all del cual no progresa. Como desarrollo tecnolgico continua, pero aun con todo su impulso lo ms que logra es mantener un nivel de productividad y de vida que ya se haba alcanzado, esto cuando no es que este nivel baja.

Es decir, el desarrollo tecnolgico deja de aadir algo a lo ya logrado y se transforma en una actividad de mantenimiento de lo logrado. Este mantenimiento de lo logrado necesita ms desarrollo tcnico porque la base natural de un nivel logrado se agota, y el nivel solamente se puede mantener con otras tcnicas que funcionan sobre otra base natural. As pues, mantener lo logrado se transforma en una aspiracin ambiciosa del desarrollo tcnico. Con esto el desarrollo tcnico pierde su apariencia centenaria de ser un progreso tcnico, y al perder esa apariencia pierde su magia derivada de la ilusin trascendental. Pierde por tanto, su capacidad de integrar por progresos infinitos el espacio mtico de lo posible imaginario. Esto es, pierde las flores. Se trata, en fin, de una nueva postergacin de la parusa, aunque sea de la parusa secularizada de la ilusin trascendental.

Esto implica el crepsculo de muchos dioses, sobre todo el de aquellos que cumplieron la funcin de muletas de la ilusin trascendental del progreso infinito. En la visin nihilista implica incluso el crepsculo de todos los dioses. Ya desde Nietzsche, esta visin perciba el desvanecimiento de la ilusin trascendental, con el consiguiente irracionalismo que puede llegar a amenazar la existencia misma de la humanidad. De aqu nace la preocupacin de Hans Kng por el sentido, si bien su discusin es, efectivamente, muy deficiente. Albert, en cambio, ni siquiera capta la situacin por su optimismo ciego y su fe pseudorreligiosa en la ilusin trascendental.

Una sociedad distinta no puede ser sino una sociedad orientada a la satisfaccin de las necesidades bsicas de todos. Es decir, una sociedad que legitime el desarrollo tcnico como parte integrante del esfuerzo de asegurar a todos una vida digna, y que sigue siendo lo que era ya en la antigedad: llegar a viejo sin ser explotado, pudiendo satisfacer sus necesidades a partir de su propio trabajo. Es lo que el Consejo Mundial de Iglesias llama una sociedad sostenible.

Sin embargo, eso no soluciona de por s el problema del sentido. Decir que la vida y la posibilidad de vivir tienen su sentido en s mismas, aunque cierto, no es respuesta. Asegurar un buen sistema de salud y asegurar las necesidades bsicas hace sostenible una sociedad y quizs aguantable, pero de ninguna manera elimina los sufrimientos ni la pobreza en su sentido ms existencial. Para que pueda existir una sociedad sostenible hace falta tambin darle su sentido en relacin al espacio mtico de lo posible imaginario, pues tambin tal sociedad mantiene la tensin de no ser una sociedad de plenitud humana. Como respuesta imaginaria a los sufrimientos conlleva la referencia al mundo del posible imaginario de la plenitud humana, pero no tiene ninguna ilusin trascendental para vincularse con l. Por eso es muy lgico esperar que volver a aparecer el sentido explcitamente religioso de la vida, una vez asumida la sociedad sostenible como nica posible.

La pregunta teolgica que se sigue es por la posible configuracin de tal sentido explcitamente religioso de la sociedad sostenible. A partir de esta situacin llega a ser comprensible el hecho de que en movimientos sociales orientados a una sociedad sostenible, vuelve a aparecer la imagen de Dios como aquel que resucit a Jess de entre los muertos y que resucitar a todos los hombres en la plenitud de los tiempos. Es el Dios del Reino. Esta fe es sumamente adecuada al esfuerzo por constituir una sociedad sostenible. Efectivamente, en cuanto esta sociedad necesita darle un sentido, el cual slo se puede derivar de una relacin con lo posible imaginario sin recurrir a los progresos infinitos de mala infinitud, tal configuracin religiosa resulta muy adecuada, si bien quizs no sea la nica.

Ahora bien, el hecho es que esta renovacin religiosa se ha dado y se est dando en pases de tradicin cristiana en cuanto aparecen movimientos sociales en favor de una sociedad sostenible de satisfaccin de las necesidades bsicas. Sin embargo, estos movimientos son socialistas pues la forma capitalista de producir es estructuralmente incapaz de sustentar una sociedad sostenible; por sus propias estructuras est condenada a seguir a la ilusin trascendental hasta la destruccin de todo. Por lo tanto, estos movimientos son socialistas, pero definindose por un socialismo que se libere l mismo por fin de esta ilusin trascendental, por lo menos en un grado tal que le permita dominar sus efectos ms dainos.

Esto no es una prueba de la verdad de tal fe, sino solamente la explicacin del contexto en el cual aparece. Si es prueba, lo es nicamente para creyentes. En cuanto Albert insiste frente a Kng en este hecho, lleva toda la razn. Kng no distingue suficientemente los niveles de la argumentacin. No obstante, al no profundizar Albert en su respuesta, no logra salir de la superficie de argumentos fciles que, al final de cuentas, no aportan a la discusin.

Viviendo ingenuamente la ilusin trascendental, lo teolgico aparece como simple decoracin emocional de los progresos infinitos, de aquello que es posible en principio como infinitud de estos progresos tcnicos. Lo teolgico se reduce entonces a un humanismo tico-prctico (71), que en el fondo sobra, pero que es bienvenido si aparece. Se trata, pues, de un bizantinismo religioso referido a la ilusin trascendental; de una visin de lo teolgico que rechaza cualquier conceptualizacin de algo as como un reino de Dios que se opondra a la ilusin trascendental.

Hans Albert busca un antecedente para esta religiosidad decorativa del humanismo tico-prctico en la teologa de Albert Schweitzer. Quitndole a Schweitzer la referencia al Reino, espera encontrar la teologa adecuada a su ideologa del progreso tcnico:

Sin embargo, Schweitzer retom la idea del Reino de Dios y con ello intent crear una continuidad con la herencia cristiana, aunque desde luego de una forma que no puede resistir una investigacin crtica. El quid de su referencia a la herencia cristiana consista en que la llegada del Reino slo tena que ser introducida para que el Espritu de Jess tuviera poder en nuestros corazones y, a travs de nosotros, en el mundo. Cualquiera que se imagina como uno pueda juzgar esta interpretacin, el aspecto esencial de su teora y que es relevante para nuestra situacin me parece ser haber mostrado la posibilidad de una teologa que renuncia al abuso de la razn en aras de ansias humanas y seala a las Iglesias la va de una praxis que ya no obedece a dogmas religiosos (Subrayados nuestro) (72).

En este caso, el abuso de la razn en aras de ansias humanas no es precisamente de los telogos, sino de Albert mismo. La ilusin trascendental de las ciencias empricas que declara como posible en principio aquello que por los principios de imposibilidad es imposible, constituye tal abuso de la razn. Una referencia al Reino implica necesariamente el rechazo de la ilusin trascendental, de ah que si Albert rechaza tal referencia diciendo que no puede resistir una investigacin crtica, lo que sencillamente est haciendo es erigir la ilusin trascendental en criterio de la verdad. Su investigacin crtica es, precisamente, aquel mito que hace falta discernir. Sin embargo, llega al resultado:

Hay que suponer ms bien que un humanismo tico-prctico, tal como el que fuera representado y expresado en sus formas de vida por Albert Schweitzer, en gentes que han elegido la profesin de prroco puede, por lo menos, influir de una manera igualmente favorable que la fe en determinadas concepciones acerca de Dios, su Hijo y ciertos acontecimientos histricos que tuvieran lugar hace unos 2.000 aos (73).

Este atesmo decorado de herencia popperiana aparentemente se contradice con aquella referencia a Dios que encontramos en Hayek (74), y segn la cual se vea a Dios como aquel nico que puede tener la omnisciencia presupuesta en la teora del equilibrio econmico. Aqu Dios aparece como aquel personaje que es capaz de realizar lo que los principios de imposibilidad excluyen en cuanto a la factibilidad humana; es aquel personaje suprahumano que tiene omnisciencia, es creador, existe fuera del tiempo discursivo y del espacio discreto, tiene vida eterna y vive sin necesidad de alimentarse. En el otro caso. Dios aparece como la fuerza emocional de un humanismo tico-prctico que empuja progresos infinitos hacia estas mismas imposibilidades expresadas ahora en trminos de posibilidades en principio. Lo primero no es ms que la vuelta a la metafsica pura que se form a partir de la herencia filosfica griega; lo segundo es la transformacin de esta herencia en empuje emocional de la ilusin trascendental, que nicamente puede concebir a Dios en trminos pantestas sumamente ambiguos.

Pero, en cuanto al resultado, la contradiccin es slo aparente. En ambos casos, la concepcin de Dios excluye al reino de Dios como reivindicacin del hombre frente a una realidad depravada. En efecto ambos desembocan en una visin de lo teolgico que conlleva el reino de Dios del hombre necesitado, en nombre de una religin de un Dios metafsico, por un lado, y de una reduccin religiosa a lo emocional por el otro lado. En los dos casos, la ilusin trascendental conforma el centro de la conceptualizacin de Dios y de su voluntad.

2.5. El control de las ciencias en nombre

de la cientificidad: prescribir las preguntas

y admitir las pruebas

Nos queda todava por analizar una importante consecuencia de la metodologa popperiana. Se trata de los efectos de control de las ciencias que emanan del criterio de demarcacin desarrollado por Popper. Y es que este criterio establece una norma metodolgica y no una simple reflexin metodolgica de los caminos y resultados de las ciencias. Efectivamente, al declarar todo enunciado cientfico como hipottico, no declara que todo enunciado es dudoso; eso es obvio; lo que declara es que todo enunciado tiene la forma de falsabilidad, con lo que constituye un debe ser que es prescriptivo e impositivo. La exigencia de la forma de falsabilidad es introducida en forma apodctica y utilizada como marco categorial para juzgar la potencialidad de verdad cientfica. Resulta la exigencia de que cualquier enunciado, para ser cientfico, tiene que ser falsable, y de que slo los enunciados falsables pueden reclamar potencialmente el ser enunciados verdaderos en sentido cientfico.

Aparece, por tanto, una metodologa dogmtica y apriorstica. Popper la introduce siempre en trminos de proposiciones, negando la posibilidad de discusin cientfica sobre estas proposiciones. La ciencia no puede discutir sobre metodologa; solamente puede inscribirse en una metodologa, descartando, por un acto de decisin, cualquier pensamiento metodolgico alternativo. Sobre la metodologa no puede haber teoras y, por consiguiente, no puede haber discusin de argumentos, porque fuera de la metodologa popperiana no puede haber argumentos cientficos.

Ciertamente, esta metodologa establece un lmite de cientificidad que nada puede trascender y que tiene su validez en s mismo. Para que Popper pueda aceptar un argumento como cientfico, este tiene que haber aceptado previamente su metodologa; si no la acepta, demuestra, por el hecho de no aceptarla, que no es cientfico. Es decir, el hecho del desacuerdo con la metodologa popperiana demuestra el carcter no-cientfico del que la crtica; es ms, la crtica misma de esta metodologa es la prueba de no haberla comprendido. En la visin popperiana, criticar a Popper equivale a descalificarse e invalidar la crtica. Cualquier crtica es calificada a priori de metafsica, por lo que Popper no tiene por qu tomarla en cuenta, obviamente se trata de un crculo vicioso del que Popper no tiene ningn escape; simplemente puede repetir sus proposiciones y denunciar al crtico de ellas como esencialista, metafsico, utopista, etc. As pues, Popper sustituye la defensa argumentativa de su metodologa por la denuncia de cualquiera de sus crticos, una denuncia que repite siempre los mismos garabatos. De esta manera, su metodologa se transforma en solipsismo que ya no puede dar cuenta del mundo fuera de sus propias imaginaciones.

Este dogmatismo de la metodologa popperiana es quiz el peor de todos los dogmatismos que se han conocido en las ciencias. Cualquier otro dogmatismo anterior dej alguna razn a aquellos que no compartan el dogma, aunque rechazara sus argumentos. Pero lo cierto es que nunca se rechazo la posibilidad de que hubiera argumentos en contra. El dogmatismo de Popper, en cambio, es realmente completo por cuanto el hecho de argumentar frente a l es prueba inequvoca de no tener razn frente a l. El ejemplo clsico de tal procedimiento lo constituye la Introduccin a La miseria del historicismo, en la que ya, a priori, Popper denuncia a todos los posibles crticos de su libro como metafsicos esencialistas:

Con (esta) introduccin espero evitar discusiones meramente verbales, porque nadie, espero, sentir la tentacin de discutir sobre si cualquiera de los argumentos aqu examinados pertenecen o no real, propia o esencialmente al historicismo, o lo que la palabra historicismo real, propia o esencialmente significa (75).

Esta es la condena a priori de cualquier crtica. De hecho, su construccin del historicismo es meramente emocional; un saco en el cual Popper mete todo lo que no le gusta en la historia mundial. Es una especie de fantasma hipostasiado y el mismo Popper, sin quererlo, y nos dice en qu grado se trata de un fantasma:

Y no he dudado en constituir argumentos en su favor que, en mi conocimiento, nunca han sido propuestos por los propios historicistas. Espero que de esta forma haya conseguido montar una posicin que realmente valga la pena atacar. En otras palabras, he intentado perfeccionar una teora que ha sido propuesta a menudo, pero nunca quiz en forma perfectamente desarrollada. Esta es la razn por la que he escogido deliberadamente el rtulo poco familiar de historicismo (Subrayados nuestros) (76).

Como vemos, los argumentos que Popper ataca en los historicistas, nunca han sido propuestos por ellos; l es quien ha logrado montar una posicin y perfeccionar una teora que nunca ha existido en esos trminos; y, finalmente, el nombre historicismo ha sido deliberadamente creado por el.

Cualquiera se pregunta qu significa eso para la realidad, sin embargo, previendo esto, Popper denuncia a priori tal pregunta y nos la prohbe. Quien pregunta por el concepto historicismo y su significado real se autodescalifica, en tanto que Popper se lava las manos y simplemente se limita a poner en duda la capacidad mental del crtico. Pero, si tales preguntas no se pueden hacer, qu crtica queda? Por supuesto, ninguna: a Popper hay que sometrsele o, de lo contrario, exponerse a ser declarado demente. Claro est que este lenguaje no es el de las ciencias, sino ms bien el de los cuarteles. No sorprende, por tanto, que Popper suba al primer plano en aquellas sociedades en las que se impone la poltica de la Seguridad Nacional desde los cuarteles, y de all que se haya transformado en el principal filsofo de las dictaduras militares de Amrica del Sur.

Ahora bien, algunos popperianos llevan este espritu denunciatorio frente a cualquier crtica, al nivel del control poltico sobre las ciencias. Es decir, la normatividad implcita al criterio de demarcacin es llevada ahora a su nivel explcito. Podemos tomar el ejemplo de Mario Bunge, quien elabora la metodologa como instancia de control. Hablando indistintamente de metodologa y filosofa (para Bunge la filosofa se agota en la metodologa), nos dice:

La filosofa, lejos de ser ajena a la ciencia... toma parte de ella por el mero hecho de que el andamiaje del enfoque cientfico de cualquier investigacin tiene componentes filosficos. Pero adems de esta filosofa inherente a la ciencia esta la filosofa de la ciencia, que examina la labor cientfica y sus resultados desde la perspectiva filosfica. Esta otra filosfia es no slo descriptiva sino tambin crtica y por consiguiente prescriptiva (Ultimos subrayados nuestros) (77).

Al ser prescriptiva, esta filosofa examina a la ciencia con autoridad. Ella quiere ser juez con poder:

Por ejemplo, al examinar las principales corrientes de la psicologa actual hemos dicho no slo que la escuela X hace Y, sino tambin que hace bien o hace mal en hacer Y, puesto que el enfoque cientfico manda o prohbe hacer Y. Se analiza un trozo de ciencia con ayuda de herramientas filosficas en particular lgicas y semnticas y se lo enjuicia o valora contrastndolo tanto con otros resultados de la investigacin cuanto con teoras gnoseolgicas y ontolgicas (Subrayados nuestros) (78).

En cuanto que se manda o prohbe hacer, se puede descalificar ciencias enteras. Aparte del pensamiento marxista, los popperianos coinciden, sin excepcin, en excluir al psicoanlisis de la ciencia. Sin embargo, el mandar y prohibir de los popperianos no se refiere a los contenidos, sino exclusivamente a la forma de la ciencia:

En cambio, la filosofa cientfica favorece la elaboracin de tcnicas especficas en cada campo, con la nica condicin de que estas tcnicas cumplan las exigencias esenciales del mtodo cientfico en lo que respecta a las preguntas y a las pruebas. De esta manera es como puede entenderse la extensin del mtodo cientfico a todos los campos especiales del conocimiento (Subrayados nuestros) (79).

Todos son libres, pueden decir lo que quieran; slo existe una nica condicin: cumplir con las exigencias esenciales del mtodo cientfico. Nada ms. Sin embargo, lo que Bunge nos dice es, sencillamente, que hay que ser popperiano para poder hablar libremente; podemos decirlo todo, pero con la condicin de ser popperianos. En efecto, su referencia al mtodo cientfico, al que pone como condicin de la ciencia, se refiere simplemente a lo que l mismo y Karl Popper creen que es el mtodo cientfico. La condicin es, pues, someterse a los lmites metodolgicos que ellos postulan, y no reivindicar ninguna ciencia sino en cuanto Sir Karl Popper la reconozca como tal. Y Bunge nos dice muy bien en que se hace presente esta condicin de nuestra libertad cientfica: en respetar lo que estipula esta metodologa en cuanto a lo que respecta a las preguntas y a las pruebas. Esto es, no se deben hacer preguntas que esta metodologa no permita, ni aducir pruebas que Sir Karl Popper rechace.

Lo que se reivindica es el control efectivo de las ciencias y no ningn ethos personal de los cientficos. No es que slo se hable de prescribir, sino que efectivamente se quiere hacerlo. Esta metodologa popperiana reivindica el puesto de Secretario General de la Institucin Ciencia. Y el derecho del Secretario General que asume el poder, es el derecho de agenda, que consiste en prescribir a las preguntas y a las pruebas. Se reclama el derecho de agenda de la Institucin Ciencia, y con ello el poder sobre sta; un poder tal que se extienda por el derecho de agenda a todos los campos especiales del conocimiento: ni nada ms ni nada menos. Ellos, los popperianos, no son el primer Secretario General de este siglo que basa su poder en el derecho de agenda.

Que se trata de un control efectivo, nos lo dice claramente Bunge al referirse a la espistemologa:

Tiene importancia no slo terica sino tambin prctica porque, al permitirnos distinguir la ciencia de la no ciencia, nos da un criterio para evaluar proyectos de investigacin y, con ello, un criterio para saber si debemos o no apoyarlos(Subrayados nuestros) (80).

Y si no se ajustan a lo que esta metodologa moderna estipula, no debemos apoyarlos. Esto vale para toda la Institucin Ciencia, inclusive las universidades. Quien no es popperiano, no tiene cabida en ninguna parte porque no es capaz de asegurar la cientificidad de la ciencia; porque no hay garanta de que se mantenga en el marco del Secretario General que determina las preguntas y las pruebas.

De todo esto resulta una ideologa del control burocrtico de las ciencias que opera en nombre de la cientificidad. Ya no hace falta conocer un determinado campo de la ciencia para juzgar sobre l; tan slo hay que rastrear con los criterios de esta metodologa para saber si se trata de ciencia o no. No hace falta leer un libro para juzgar sobre su calidad: es suficiente con mirar por la observancia de algunos criterios propuestos para distinguir la ciencia de la no-ciencia, y si resulta ser no-ciencia no hace falta ni leerlo. Sin duda, esto es sumamente atractivo para ciertas instituciones que apoyan financieramente a las ciencias y para los diversos ministerios de cultura o educacin que quieren limpiar universidades. No tienen que conocer nada de nada; lo nico que hace falta es conocer las proposiciones de Popper. Hasta los militares pueden asumir legtimamente estos puestos, y los estn asumiendo.

El hecho de que la metodologa de Popper sea incapaz de analizar las ciencias empricas ms elementales no constituye ningn obstculo, por el contrario, desde el punto de vista del control, eso es una ventaja que la hace superior a aquel otro gran Secretario General de este siglo. Segn el criterio de falsabilidad, todas las leyes generales de las ciencias empricas son no-falsables y, por tanto, no-ciencia. En nombre de la cientificidad de Popper, el Secretario General de la Institucin Ciencia las puede prohibir a todas, pero no lo va a hacer. No obstante, en el caso de que se pongan incmodas, l las prohbe; y al cientfico que se pone incmodo, lo despide. Sin embargo, l jams persigue a la ciencia; simplemente asegura su cientificidad. En su tiempo, Orwell hablaba de 1984 y le asignaba un Ministerio de Verdad. Hoy ya no podra hacer eso; su Ministerio de Verdad ha cambiado de nombre y se llama Ministerio de Cientificidad. Este es el que da las garantas necesarias a la ciencia para que siga siendo cientfica, y su ministro bien puede ser un popperiano.

Aparece as, en nombre de la cientificidad asegurada, un antidogmatismo que es tanto ms antidogmtico cuanto ms ciegamente sigue los postulados de la filosofa popperiana de las ciencias. Se camina ahora con un certificado de antidogmatismo, con un carn de criticidad firmado por Sir Karl Popper. Quien tiene este carn, ha dejado de ser dogmtico, pues ha aceptado sin vacilaciones, sin dudas y sin escrpulos de ninguna ndole, esta moderna filosofa de la ciencia que jams falla. Este antidogmtico profesional se restringe con sus dudas exactamente a aquel espacio que el Secretario General de la Institucin Ciencia ha determinado por la prescripcin de las preguntas y las pruebas. Y no se puede equivocar nunca.

A primera vista, este resultado sorprende dado que Popper empieza su pensamiento con una real preocupacin por la libertad de la ciencia. Pero cuanto ms se opona al totalitarismo poltico, ms totalmente se le opona; al final, se opona tan totalmente, que desemboc en el postulado de la cientificidad total. Se trata del mismo camino que tom Hayek; se opona tan totalmente a la planificacin total, que desemboc en el mercado total. Lo cierto es que el nico totalitarismo que hoy da se combate agresivamente es el del mercado total y el de la cientificidad total, sin embargo, nadie ve este totalitarismo por ser un antitotalitarismo total.

 

Este control de las ciencias en nombre de la cientificidad, tiene una perspectiva ms radical an cuando asalta a la sociedad entera. Esto ocurre cuando se explicitan las consecuencias polticas de la cientificidad para el conjunto de la sociedad. Popper habla en este contexto de la paradoja de la libertad y de la paradoja de la tolerancia (81).

Esta dimensin poltica la subraya Hans Albert diciendo:

El modelo de racionalidad del criticismo es el proyecto de una forma de vida, de una praxis especial, y tiene por lo tanto significacin tica y, por encima de ellos, significacin poltica (82).

Flix von Cube expresa esta dimensin poltica en trminos ms abruptos, refirindose a la metodologa popperiana como Racionalismo Crtico:

1) Todos los sistemas dogmticos... estn en contradiccin con el... concepto de ciencias del Racionalismo Crtico.

2) Todos los sistemas dogmticos son necesariamente totalitarios.

3) Exclusivamente el concepto de ciencias del Racionalismo Crtico es compatible con una democracia libertaria... (Traduccin nuestra) (83).

As pues, el que critica a la metodologa de Popper se transforma en un enemigo poltico. El criticar esta metodologa se revela como dogmtico y, por tanto, como totalitario. La sociedad abierta, al defenderse de sus enemigos, tiene que perseguirlos poltica y policialmente. Nuevamente se trata de la inquisicin para que nunca ms haya inquisicin, que nos remite a aquellas guerras que se hacen para que nunca ms haya guerras.

Spinner, en el libro ya citado, cree que esto constituye una exageracin que abandona las buenas intenciones de Popper. No obstante, veamos lo que l mismo Popper nos dice respecto a la paradoja de la tolerancia:

Con eso no quiero decir que deberamos reprimir en todos los casos una filosofa intolerante violentamente: en cuanto que podemos limitarlos por argumentos racionales y podemos sostener lmites en la opinin pblica, sera altamente irracional su represin. Pero tendramos que reivindicar el derecho a reprimirlos violentamente en caso de necesidad; porque puede ocurrir que sus representantes no estn dispuestos a encontrarse con nosotros en el plano de una discusin racional y comiencen a rechazar la discusin misma... Por tanto, en nombre de la tolerancia deberamos reivindicar para nosotros el derecho de no tolerar a los intolerantes (Traduccin y subrayados nuestros) (84).

Sin negar que toda tolerancia tiene que tener lmites definidos, se trata aqu de los criterios de los lmites. Las filosofas intolerantes que Popper llama a reprimir, son todas las filosofas que no aceptan inscribirse en las preguntas y las pruebas admitidas por la filosofa popperiana. Si son dbiles, se las puede tolerar, pero, si ganan terreno, Popper reivindica el derecho de su represin violenta. El punto a partir del cual tal reaccin violenta es necesaria, es aquel en el cual tales movimientos ya no aceptan encontrarse con nosotros en el plano de una discusin racional. Slo que el nosotros son precisamente los popperianos, y la discusin racional es una discusin encerrada en las preguntas y las pruebas admitidas por el mismo Popper.

Se desemboca, entonces, en algo verdaderamente terrorfico: una teora metodolgica de un valor altamente dudoso, se arroga abiertamente el derecho a la represin violenta de sus contrarios y pide el apoyo estatal para sus acciones en nombre de la democracia libertaria. Se atribuye alguna consecuencia fatalmente totalitaria a los movimientos que no aceptan la teora de Popper, y se llama a la persecucin violenta de stos. Todo se polariza entre Popper y los otros, lo bueno y lo malo, el anti-dogmatismo con Carn de Popper y el dogmatismo de todos los otros, y, finalmente, la democracia de Popper y el totalitarismo de todos los otros. Muchos enemigos, mucho honor. El cmo llena Hans Albert este saco de todos los otros lo pueden mostrar las siguientes lneas:

Lo que ms bien importa aqu es que desde ciertos puntos de vista estructurales el catolicismo, el calvinismo, el comunismo y el fascismo van juntos... porque en ellos es efectivo, o lo fue, el extremo polo opuesto de la neutralidad postulada en el pensamiento analtico: el partidismo ciego, la fe obediente, el compromiso incorregible (Subrayados nuestros) (85).

Los enemigos polticos del Estado democrtico lo son ahora todos aquellos que no aceptan este famoso pensamiento analtico, que no es ms que otro eufemismo del pensamiento popperiano. Alguien que es capaz de polarizar el mundo en trminos tan maniqueos, tiene que transformarse l mismo hacia el partidismo ciego, la fe obediente, el compromiso incorregible. El llamado de los popperianos no es otro que: Inquisicin para los inquisidores. Y esto no es sino un llamado a la inquisicin.

Ya que se trata de extender el mtodo cientfico a todo conocimiento, tampoco la teolgia escapa a esta pretensin; ella entra al mbito de la discusin popperiana en los trminos del dogmatismo de este pensamiento. Ciertamente las teolgias cristianas actuales tienen tambin un carcter dogmtico, sin embargo, frente al dogmatismo popperiano que es un dogmatismo metodolgico y, por tanto, formal, el dogmatismo teolgico es un dogmatismo de contenidos. En el fondo esto representa una ventaja en relacin al dogmatismo metodolgico, pues el dogmatismo de contenidos no niega a sus crticos su capacidad racional sino sus resultados, mientras que el dogmatismo metodolgico les niega su capacidad racional misma, esto es, transforma a sus crticos en seres irracionales.

El hecho de que los dos sean dogmticos, lejos de unirlos los separa an ms. Hans Albert, con su carn de anti-dogmatismo en el bolsillo y con su ceguera caracterstica frente al dogmatismo que l mismo representa, se lanza contra la teologa en nombre de su anti-dogmatismo total. Como los teolgos se ponen incmodos, hace la pregunta del Secretario General de la Institucin Ciencia en cuanto a las preguntas y las pruebas:

Esta profesin de fe en favor de una autocensura voluntaria muestra claramente la posicin de las Facultades de teologa y plantea el problema de saber hasta qu punto la existencia de Facultades de este tipo es conciliable dentro del marco de universidades libres, con una constitucin en la que no est prevista una tal limitacin de la investigacin (86).

Dado que la teologa se est poniendo incmoda, esta preocupacin por asegurar la libertad de la reflexin teolgica se torna sumamente ambigua:

Si ha de realizarse rigurosamente el principio de libertad en toda la Universidad (y un Estado liberal de derecho no tiene motivo alguno de privilegios en sus Universidades a los partidarios de determinadas opiniones) entonces debera ser posible que se llamara tambin a estas ctedras teolgicas, a agnsticas y ateos. Est a la mano que ellos propondran soluciones a problemas teolgicos diferentes de las de sus colegas cristianos (87).

Estos agnsticos o ateos que Albert quiere llamar a las facultades de teologa, por supuesto no podran ser, por ejemplo, marxistas psicoanalistas, pues en este caso nuevamente seran tildados de dogmticos, esencialistas, utpicos, etc. Los agnsticos o ateos a los que Albert se refiere tienen que tener cientificidad, es decir, no puede ser sino popperianos; ellos si pueden hacer teologa porque tienen carn de anti-dogmatismo. Vemos como efectivamente la cientificidad total se hace presente en la totalidad del saber y lo reclama para s. Si bien podra ser preferible tal apertura de la teologa, no lo es bajo el control popperiano de las preguntas y las pruebas.

Sin embargo, la libertad de las ciencias implica otro tipo de tolerancia frente a los dogmatismos, incluso frente al dogmatismo metodolgico de los popperianos. Esto porque la forma dogmtica no excluye de por s la validez relativa de un pensamiento, en tanto que la exigencia de la cientificidad total no contiene ninguna tolerancia y destruye la posibilidad de la convivencia. No es ya ms libertad, sino el sometimiento de la ciencia y su consiguiente frustracin.

NOTAS

1 Popper, Karl, La miseria del historicismo (Madrid, Alianza Editorial, 1973), especialmente pgs. 78-79, 103-104, etc.

2 Ibid., pg. 93.

3 Ibid., especialmente pg. 93.

4 Ibid., pgs. 11-14.

5 Ibid., pgs. 93-94.

6 Ibid., pg. 93, nota 37.

7 Ibid., pg. 13.

8 Ibid., pg. 94.

9 Ibid., pg. 93.

10 Ibid., pg. 83.

11 Idem.

12 Idem.

13 Ibid., pg. 93.

14 Ibid., pgs. 95-96.

15 Popper, Karl, Das Elend des Historizismus. Tbingen, J. C. B. Mohr, 1974, pg. VIII.

16 Popper K., La miseria del historicismo, pg. 156.

17 Vase por ejemplo, Kantorovich, La asignacin ptima de recursos. Barcelona, Ariel, 1968.

18 Popper K, La miseria del historicismo, pg. 91 (la referencia entre parntesis es de la pg. 90).

19 Ibid., pg. 156, nota 38.

20 Ibid., pg. 131, nota 16.

21 Popper K., La sociedad abierta y sus enemigos. Buenos Aires, Ed. Paids, II, pg. 266.

22 Popper, K., La miseria..., op. cit., pgs. 74-75.

23 Ibid., pg. 77, nota 10.

24 Ibid., pg. 74.

25 Ibid., pg. 75

26 Popper K., La sociedad..., op. cit., 11, pg. 265. Su cautela la expresa, por ejemplo, en la pg. 169.

27 Hayek, Friedrich, El ideal democrtico y la contencin del poder, Estudios Pblicos, No 1, Santiago, Chile, pg. 36.

28 Ibid., pg. 40.

29 Popper, K., La miseria..., op. cit., pg. 60.

30 Popper, K., La sociedad..., op. cit., pg. 400.

31 Popper, K., La miseria...., op. cit., pgs. 105-106.

32 Ibid., pg. 156.

33 Ibid., pg. 79.

34 Idem.

35 Ibid., (nota 14).

36 Idem.

37 Ibid., pg. 79.

38 Ibid., pgs. 150-151.

39 Ibid., pg. 80.

40 Popper, K., Conocimiento objetivo. Madrid, Editorial Tecnos, 1974, pg. 23.

41 Idem.

42 Idem.

43 Popper K., La lgica de la investigacin cientifica. Madrid, Tecnos, 1980, pgs. 66-67.

44 Einstein, Albert, op. cit., pgs. 127-128.

45 Ibid., pg. 121.

46 Popper, K., La miseria..., op. cit., pg. 75.

47 Einstein, Albert, op. cit., pg. 128.

48 Popper K., La lgica..., op. cit., pg. 67.

49 Idem.

50 Popper, K., Conocimiento objetivo, op. cit., pg. 23.

51 Popper, K., La lgica..., op. cit., pg. 99.

52 Ibid., pg. 84.

53 Ibid., pg. 292.

54 Cf. Kneale, William, Probability and lnduction. Londres, 1949. 55. Cf. La lgica..., op. cit., (Nuevos apndices., X).

56 Ibid., pg. 392.

57 Popper, K., La miseri... op. cit., pg. 156.

58 Ibid., (nota 38).

59 Einstein, Albert; Leopold Infeld, La fsica: aventura del pensamiento. Buenos Aires, Losada, 1977, pgs. 14-15.

60 Ibid., pg. 15.

61 Popper, K., Conocimiento objetivo, op. cit., pg. 154.

62 Novak, Michael, The spirit of Democratic Capitalism. Nueva York, 1982, pg. 68.

63 Albert, Hans, La miseria de la teologa. Pg. 139.

64 Ibid.,pg. 148.

65 Ibid., pg. 151.

66 Idem.

66 Ibid., pg. 152.

68 Ibid., pg. 153.

69 Cf. Alvin Toffer, La tercera ola.Barcelona, 1980.

70 Isaas 65, 20.

71 Atbert, Hans, La miseria de la teologa, pg. 172.

72 Ibid., pgs. 167-168.

73 Ibid., pg. 172.

74 Hayek, F. A., (Esta referencia).

75 Popper K., La miseria..., op. cit., pg. 18.

76 Ibid., pgs. 17-18.

77 Bunge, Mario, Epistemologa. Barcelona. Ed. Ariel, 1980, pg. 138.

78 Ibid., pgs. 138-139.

79 Bunge, Mario, La ciencia, su mtodo y su filosofa. Buenos Aires, Ed. Siglo XX, 1980 pgs. 65-66.

80 Bunge, Mario, Epistemologa, op. cit., pg. 34.

81 Popper. K., Die offene Gesellschaft und ihre Feinde. Mnchen, Francke

Verlag, 1957, pg. 173, nota 4.

82 Albert. Hans, Tratado sobre la razn crtica. Buenos Aires, Ed. Sur, 1973, pg. 66.

83 Citado segn Helmut F. Spinner, Popper und die Politik. Berln, Bonn,

1978. pg. 514.

84 Popper, K., Die offene..., op. cit., pg. 173, nota 4.

85 Albert, Hans, Tratado sobre..., op. cit., pg. 14.

86 Albert, Hans, La miseria..., op. cit., pg. 170.

87 Albert, Hans, Tratado sobre la..., op. cit., pg. 181.

Captulo VI

 

Leyes universales, institucionalidad y libertad:

el sujeto humano y la reproduccin de la vida real

1. De la realidad trascendente a la empira:

sujeto cognoscente y sujeto actuante

El anlisis de los principios de imposibilidad obliga a ver todo el conocimiento de las ciencias empricas en trminos de una estrecha vinculacin entre accin y teora. Las categoras del pensamiento terico se derivan de los lmites de la accin y, por consiguiente, estos lmites de la accin determinan las formas del pensamiento. De este modo, las ciencias empricas no pueden hablar siquiera de la realidad sin implicar la accin humana sobre esa realidad como su referencia de verdad; por esta razn, son antropocntricas y subjetivas.

Los principios de imposibilidad se refieren a imposibilidades con las cuales choca la accin humana. No pueden hablar de imposibilidades de por s; estas aparecen solamente en el caso de mundos lgicamente contradictorios. Sin embargo, en el grado en el que los principios de imposibilidad excluyen mundos lgicamente no contradictorios, pero imposibles para la accin humana, la imposibilidad es humana. En cuanto de ella se derivan los marcos categoriales de la ciencia emprica, esta contiene como inherente el punto de partida desde un sujeto humano actuante y es radicalmente antropocntrica. No se trata del hombre como observador, sino del hombre como realizador que impregna toda ciencia emprica. En cuanto el hombre desarrolla finalidades ms all de lo inmediatamente dado, puede experimentar lmites de la imposibilidad y, por tanto, categoras del pensamiento derivadas de ellos.

As pues, en la raz de las ciencias empricas se encuentra el sujeto humano que se acerca a la realidad con determinados fines y la trabaja en funcin de esos fines. Slo para un tal sujeto la mquina de movimiento continuo puede ser un fin, y la imposibilidad de construirla la razn de una conceptualizacin de la empira en trminos de la ley de conservacin de la energa. Para un observador puro no existen fines; por lo tanto, no existe ninguna aspiracin al perpetuum mobile y, en consecuencia, ninguna experiencia de su imposibilidad y tampoco una ley de la conservacin. Las imposibilidades se experimentan porque se persiguen fines; luego, sin la persecucin de fines no pueden darse imposibilidades conocidas. Recin el conocimiento de tales imposibilidades permite hablar de lo posible, pero tambin este posible es nuevamente subjetivo, es decir, es posible en funcin de una accin especficamente humana. Por tanto si se quita al hombre de la ciencia emprica no hay ya ms ciencia emprica.

De esto se sigue, que el sujeto actuante que reflexiona su accin trasciende la realidad, pero a la vez se encuentra sometido a ella en cuanto su accin est delimitada por el marco de lo posible. Si no hubiera un marco de lo posible, tampoco habra un lmite de la accin y sta no estara sometida a la realidad; sera libertad pura en correspondencia necesaria con la realidad. Por otro lado, si el sujeto no trascendiera el marco de lo posible no podra ir ms all de lo inmediatamente dado y estara limitado a lo ya existente. As pues, el trascender lo posible es condicin para conocer lo posible y, a la vez, conocer lo posible es condicin para poder trascender la realidad en el marco de lo posible. Sin embargo, toda tecnologa aparece en trminos de esta trascendencia al interior de lo posible.

Fuera de la teora marxista, las ciencias empricas suelen ms bien negar (o no reflexionar) esta subjetividad. Se trata de esconder lo mss posible la trascendencia del sujeto respecto a la realidad como elemento inherente y constituyente de las ciencias empricas. El hecho de que tales ciencias sean objetivas se interpreta en el sentido de tener una validez independientemente del sujeto humano. Sin embargo, eso resulta una ilusin en cuanto se revela el hecho fundante de que todo marco categorial de las ciencias empricas se deriva de principios de imposibilidad de la accin humana.

No obstante, la problemtica de la trascendencia aparece aunque sea de una manera sumamente limitada. Podemos ver esto primero a partir de una reflexin de Popper:

Las leyes universales trascienden la experiencia, aunque no sea ms que por ser universales y trascender, por ello, cualquier nmero finito de sus ejemplos observables; y los enunciados singulares la trascienden tambin debido a que los trminos universales que aparecen normalmente en ellos entraan disposiciones a comportarse de una manera legal, de suerte que entraan leyes universales... Segn eso, las leyes universales trascienden la experiencia al menos, de dos modos: debido a su universalidad, y por efecto de la aparicin en ellos de trminos universales... y tambin lo hacen en grado ms elevado si los trminos de disposiciones que se encuentran en ellas tienen ese carcter en grado ms alto o son ms abstractos (1).

En estos trminos el pensamiento trasciende a la realidad cuando usa conceptos universales que designan todos y, por tanto, un nmero ilimitado de casos, mientras los casos observables, y por consiguiente experimentables, son limitados. Esto es, el conjunto de los casos observables constituye una parcialidad en relacin a la cual el concepto universal designa una totalidad desconocida. Luego, el concepto universal trasciende cualquier conjunto de casos observables. De eso Popper concluye:

Naturalmente, las leyes o las teoras cientficas no son verificables por causa de dicha trascendencia, y debido a sta la contrastabilidad o refutabilidad es lo nico que las distingue, en general, de las teoras metafsicas (2).

Sin embargo, Popper no explicita aqu un hecho subjetivo implicado en sus afirmaciones: su caracterizacin del sujeto cognoscente. Este designa a travs de los conceptos universales la totalidad de los casos comprendidos por el concepto, mientras que como observador solamente puede referirse a los casos observables. El sujeto cognoscente de Popper tiene, pues, una doble dimensin: por una parte, en trminos abstractos se refiere, por sus conceptos universales, a la totalidad de casos comprendidos; por otra parte, como observador, es un sujeto limitado que solo tiene acceso a un nmero limitado de casos. Es decir, el nmero observado de casos es inferior a la totalidad de casos designados abstractamente por el concepto universal.

Por lo tanto, podramos deducir que la trascendencia de los conceptos universales en relacin a la experiencia descansa en el carcter limitado del sujeto cognoscente. En cuanto que ste no puede acceder por su conocimiento directo a la totalidad de casos, tiene que trascender abstractamente la realidad mediante conceptos universales y contraponer stos a un nmero limitado de casos observables.

Sin embargo, tomando este sujeto cognoscente como nuestro punto de partida, vemos que resulta lo contrario de lo que dice Popper. Efectivamente, desde el punto de vista del sujeto cognoscente, la realidad ilimitada trasciende la realidad limitada de los hechos observables que tal sujeto puede directamente percibir. La realidad trasciende a la experiencia y a la empira del observador, pero como ste aspira a la totalidad de la realidad, no lo puede hacer sino recurriendo a conceptos universales. Estos trascienden a la experiencia en el sentido de los casos observables, porque con anterioridad la realidad trasciende a la experiencia. De esta manera, la trascendencia de los conceptos universales corresponde a una trascendencia anterior de la realidad; la trascendencia de los conceptos universales en relacin a la experiencia designa la trascendencia de la realidad en relacin a ella. Luego, la realidad trasciende a la experiencia y los conceptos universales son instrumentos de bsqueda de esta realidad trascendente.

Esta realidad trascendente es siempre la totalidad de los casos, y de la cual solamente un nmero limitado de ellos forma la experiencia. As pues, es la limitacin del sujeto cognoscente la que obliga a recurrir a conceptos universales. Pero obliga nicamente por el hecho de que el sujeto cognoscente limitado aspira al conocimiento de la totalidad y, por tanto, porque sabe que hay una totalidad trascendente. Al aspirar a esta totalidad trascendente, el sujeto crea conceptos universales para conocerla.

Podemos aadir, entonces: si el sujeto cognoscente no estuviera limitado a la experiencia como una parcialidad, no recurrira a conceptos universales. Estos son una muleta del sujeto cognoscente en cuanto aspira a la totalidad, si bien se encuentra limitado a un nmero finito parcial de casos observables. O, diciendo lo mismo con palabras de Marx: si esencia y apariencia coincidieran, no hara falta una ciencia. Es decir, si la totalidad de los hechos constituyera la experiencia observable, la realidad no trascendera a los hechos observables y, entonces, no haran falta conceptos universales para aprehenderla. La razn humana sera una razn intuitiva.

Aunque todo esto podemos deducirlo de la cita de Popper, veamos a otro autor, Francisco Mir Quesada, para sacar conclusiones parecidas:

Hay un hecho, sin embargo, que parece mostrar una va de acceso hacia la comprensin de los mecanismos que producen la ideologizacin de las teoras: el rebasamiento de la teora por la realidad...

Basta darse cuenta de que la realidad rebasa el pensamiento debido a las limitaciones del sujeto cognoscente. El sujeto slo dispone de un conjunto finito de recursos para fundamentar y elaborar sus conocimientos, mientras la realidad es de dimensin inconmesurable (3).

Mir discute la realidad como totalidad de hechos y sostiene que sta trasciende al pensamiento terico, pero tampoco l refiere el circuito completo. Por el hecho de que la realidad trasciende los hechos observables, la experiencia y la empira, el pensamiento terico aborda la realidad por medio de teoras. Siendo estas teoras necesariamente inseguras teoras seguras suponen el conocimiento de todos los hechos, ellas trascienden la experiencia y son a la vez trascendidas por la realidad. Por tanto, la trascendencia mencionada por Popper es englobada por otra, esto es, si bien los conceptos universales trascienden la experiencia, estos, por su parte, son trascendidos por la realidad. As pues, lo que trasciende en ltima instancia, es la realidad y no el pensamiento. Sin embargo, esto es un hecho subjetivo dado que esta trascendencia se da por cuanto el sujeto cognoscente aspira a la totalidad sin poder conocerla directamente. El hecho objetivo refleja la limitacin del sujeto cognoscente y no existe independientemente de l. El sujeto cognoscente limitado, pero con la aspiracin de la totalidad constituye el hecho de que la realidad trasciende a la experiencia y, por consiguiente, a la teora. Aunque eso es objetivamente cierto es un producto de la subjetividad humana.

En cuanto al carcter del pensamiento terico. Mir saca la siguiente conclusin:

Debido al hecho de que la realidad rebasa la teora, una teora cienttica no puede considerarse nunca como algo terminado, sino como un conjunto de hiptesis (4).

Es la misma conclusin de Popper, no obstante, la teora cientfica es la afirmacin terica sobre hechos. Se dice que toda afirmacin terica sobre hechos es hipottica, sin embargo, esta afirmacin se deriva del hecho de que la realidad rebasa la teora, lo que no es sino la afirmacin terica sobre hechos y, en consecuencia, una teora que se supone es cientfica. Por tanto, esta afirmacin tiene que ser hipottica, pero si ella es hipottica, lo es tambin la conclusin de que todas las teoras cientficas son hipotticas. Ahora bien, si la afirmacin del carcter hipottico de todas las teoras cientficas es, por su parte, hipottica, la afirmacin en mencin es perfectamente gratuita. Tiene sentido slo si la afirmacin de que la realidad trasciende a la teora no es hipottica, pero en tal caso, el resultado segn el cual todas las teoras son hipotticas, es falso.

Mir desemboca en la paradoja del mentiroso. Existira quizs una salida puramente sofista, que tendra que insistir en que la afirmacin del hecho de la trascendencia de la realidad sobre la teora no es una afirmacin terica, en tanto que otras afirmaciones sobre hechos si lo son. Pero entonces habra que decir de que tipo de afirmaciones se trata. Por ser afirmaciones de hechos no pueden ser metodolgicas, pues una metodologa no podra hacer afirmaciones sobre hechos empricos. Por otro lado, se tratara de afirmaciones de hechos de las cuales se derivaran conclusiones metodolgicas segn las cuales todas las teoras son hipotticas. Sin embargo, en este caso la metodologa se seguir de la ciencia emprica como resultado y no como su programa.

Mir desemboca en esta situacin que no encuentra solucin; se enredan hechos con hechos y no se halla una salida de la paradoja, como no sea reformulando la metodologa misma. Popper salva este escollo mediante una solucin meramente dogmtica; introduce proposiciones tomadas del aire, segn las cuales la metodologa se constituye sin ninguna reflexin fundante. Mir, en cambio, renuncia a tal camino simplista y dogmtico y entra a reflexionar acerca de los fundamentos de la metodologa, pero el resultado es que llega a un callejn sin salida.

Volvemos, pues, a la tesis de que hace falta distinguir dos tipos de hechos: hechos fundantes (o meta-hechos) cuya afirmacin no es falsable, y hechos cuya afirmacin es falsable y, por tanto, hipottica. Los hechos fundantes son afirmados por principios de imposibilidad; constituyen el mbito de los hechos hipotticamente afirmados. Pero como tales, los hechos fundantes constituyen el punto de partida de la deduccin de las leyes generales de las ciencias empricas.

Sin embargo, de este modo llegamos a dos tipos de hechos fundantes. El primero y bsico es el hecho de que la realidad trasciende a la experiencia, del cual se deriva la necesidad de acceder a la realidad transformndola en empira por medio de los conceptos universales. Se constituye as el sujeto cognoscente de las ciencias empricas y, a la vez, su objeto: la empira.

Ahora bien, los conceptos universales no son conocimientos sino un instrumental de ste. Al conocimiento emprico llegamos recin cuando formulamos teoras generales o leyes universales, lo que presupone los conceptos universales. Por otra parte, a tales teoras generales arribamos tan slo si formulamos principios de imposibilidad de la accin humana, y no simplemente del conocimiento. En efecto, las teoras generales recin pueden aparecer cuando la accin humana sobre la realidad es enfocada como objeto del conocimiento; apoyndonos en conceptos universales, deducimos entonces, de tales principios de impoposibilidad de la accin humana, como el otro hecho fundante, las teoras generales. As, por ejemplo, si se trata de construir mquinas como fin de la accin, el principio de imposibilidad de la construccin del perpetuum mobile nos da el marco de lo posible del cual derivamos deductivamente la ley de la conservacin de la energa, y que ahora es una teora general. A su vez, de esta teora se pueden deducir otras teoras generales, asumiendo elementos empricos en el razonamiento.

Pero ya a este nivel es claro que si reducimos el sujeto al sujeto cognoscente, este sujeto no puede ni siquiera conocer. Ciertamente, un sujeto puramente cognoscente no tiene ningn acceso a la realidad emprica, por cuanto sta se transforma en objeto del conocimiento de las ciencias empricas exclusivamente por el hecho de que el sujeto acta con determinados fines sobre la realidad. De esta actuacin resultan los principios de imposibilidad y, por deduccin, las teoras generales; sin esta actuacin no se conoce ninguna imposibilidad de la accin humana, y sin esto no se conocen teoras.

Si el objeto del conocimiento emprico lo constituye el sujeto actuante, debemos aceptar entonces que este sujeto actuante trasciende tambin al sujeto cognoscente, y que solamente un sujeto actuante puede ser, a la vez, sujeto cognoscente. Ahora bien, as como la realidad trasciende la experiencia del mismo modo el sujeto actuante real trasciende al sujeto cognoscente. En ltimo trmino, el sujeto cognoscente es el nombre de la capacidad reflexiva del sujeto actuante que reflexiona sus capacidades de accin por medio de conceptos universales.

Este sujeto actuante con capacidad reflexiva, que aspira a la totalidad de la realidad pero que est imposibilitado de alcanzarla, es el sujeto de la tecnologa referida al mundo exterior del hombre. Luego, todo el conocimiento emprico es, en ltima instancia, conocimiento tecnolgico, y el criterio de verdad de todo conocimiento emprico es su transformabilidad en tecnologa. Sin embargo, tiene sentido distinguir entre ciencias puras y ciencias aplicadas, a pesar de que ambas estn tecnolgicamente orientadas. La ciencia pura aspira a teoras generales y, por tanto, al conjunto de todos fines posibles, mientras que la ciencia aplicada aspira a teoras especficas y, por tanto, al logro de fines especficos. La teora de la conservacin de la energa se refiere a todos los fines posibles y dice que, independientemente de que fines especficos se trate, las mquinas usadas no pueden ser mquinas de movimiento continuo. Una ciencia aplicada, en cambio, se dirige al desarrollo de mquinas especficas, pero mantenindose siempre dentro del marco general de lo que vale para todas las mquinas. En consecuencia, decir que las ciencias empricas puras se refieren al conjunto de todos los fines posibles, equivale a decir que sus leyes generales no pueden ser falsables y, por tanto, no tienen forma hipottica aunque puedan ser falsas.

Llamando a las ciencias empricas dirigidas hacia el mundo exterior del hombre, las ciencias naturales, podemos resumir lo anterior diciendo que: el sujeto de las ciencias naturales es un sujeto actuante con capacidad reflexiva, que se dirige hacia el mundo exterior del hombre en funcin de fines de la accin ms all de cualquier consideracin de factibilidad y que, en este sentido, aspira a la totalidad. Al chocar en su actuacin con imposibilidades expresadas en trminos de principios de imposibilidad, este sujeto actuante reflexiona a partir de ellos sobre el mbito de todos los fines tecnolgicamente posibles. De esta manera, anticipa la totalidad por medio de conceptos universales y procesos tecnolgicos infinitos, transformando la realidad en empira del sujeto actuante. Es decir, en cuanto la realidad trasciende a la experiencia, el sujeto actuante trasciende al sujeto cognoscente y transforma la realidad en empira.

2. Sujeto prctico y sujeto vivo:

preferencias y necesidades

Juzgando a partir del sujeto actuante, pareciera que los fines tecnolgicamente posibles son tambin indiferentemente elegibles. A partir de los principios de imposibilidad vendra dado el conjunto de todos los fines tecnolgicamente posibles, y el hombre elegira aquellos que ms le parecen. La neutralidad de las ciencias empricas se basa en la reduccin del hombre al sujeto actuante enfrentado al conjunto de todos los fines tcnicamente posibles.

Sin embargo, una vez aclarado el hecho de que el sujeto cognoscente es una instancia reflexiva del sujeto actuante, aparece una nueva dimensin tanto de la realidad como del sujeto enfrentado a ella: se trata de la dimensin del sujeto prctico. Al escoger los fines por realizar, aparece la escasez de medios para esa realizacin como el condicionante material de toda eleccin. As pues, el conjunto de los fines tecnolgicamente posibles no es de por s prcticamente posible; slo un subconjunto de esos fines puede ser realizado.

Luego, as como el conjunto de todos los fines posibles aparece a partir del conocimiento por las ciencias naturales del universo exterior al hombre, del mismo modo aparece ahora un universo econmico que condiciona los fines realizables por la necesidad de inscribirlos en el producto social de la economa. Es decir, todos los fines posibles tienen condiciones materiales de posibilidad, y el producto social es el universo en el cual los fines por realizar se disputan sus condiciones materiales. Independientemente de la voluntad humana y de las capacidades subjetivas de realizacin, las condiciones materiales de la posibilidad, cuyo conjunto es el producto social, obligan a una seleccin de los fines efectivamente enfocados y realizados. Proyectos tcnicamente posibles se vuelven econmicamente posibles, en cuanto pueden recurrir a un espacio en este universo econmico del producto social y, por tanto, contar con sus condiciones materiales de posibilidad.

Aparece, entonces, el lmite de los proyectos materialmente posibles que es ms estrecho que el lmite de los proyectos tcnicamente posibles. Ningn proyecto puede realizarse si no es materialmente posible, y la voluntad no puede sustituir jams las condiciones materiales de posibilidad. Donde hay voluntad, no por eso hay camino hacia la realizacin. Solamente si la voluntad logra movilizar condiciones materiales de la posibilidad de sus fines, aparece el camino, y el mximo absoluto para este camino es el tamao del producto social de medios materiales. No se puede usar lo que no se tiene, y fines para cuya realizacin no hay suficientes medios materiales, no se pueden realizar.

Nuevamente la realidad se presenta como trascendente. Ahora trasciende la empira de las ciencias naturales y el conjunto de los fines tcnicamente posibles que ella demuestra, sometindola al universo econmico del producto social. Sin embargo, este universo econmico del producto social no es esttico, sino que tiene su dinmica propia. El trabajo humano, al asumir las tecnologas posibles, puede aumentar su propia productividad y, de esta manera, aumentar el mbito de los proyectos posibles. Pero lo que ninguna tecnologa puede hacer es que desaparezca la escasez misma de medios, con el resultado de que, a cualquier nivel del producto social, aparece siempre el condicionamiento de la eleccin de fines por las condiciones materiales de su posibilidad. La abundancia de medios significara la directa determinacin del tamao del producto social por la voluntad e implicara, por tanto, un ms all de los propios principios de imposibilidad de las ciencias empricas.

Sin embargo, si desde este punto de vista tecnolgico todos los fines tcnicamente posibles parecen ser arbitrariamente elegibles, los que ahora ciertamente parecen ser arbitrariamente elegibles son todos los fines cuantitativamente posibles en el marco del producto social. La ciencia emprica parece no poder decir nada sobre qu fines hay que eligir; solamente puede hablar del hecho de que cualquier fin hay que realizarlo en el marco del producto social y, por consiguiente, de la escasez cuantitativa dada.

Ahora bien, el sujeto prctico no puede actuar a no ser que sea un sujeto vivo. Hay que vivir para poder concebir fines y encaminarse hacia ellos, pero no se vive automticamente ni por simple inercia. Vivir es tambin un proyecto que tiene condiciones materiales de posibilidad, y que fracasa si no las logra. Pero este proyecto de vida, no es un proyecto especfico. Ningn fin determinado se puede deducir del proyecto de vivir, sino que este se realiza a travs de los muchos proyectos encaminados hacia fines especficos. Son precisamente estos fines especficos los que conforman y posibilitan las condiciones materiales de la posibilidad del proyecto de vivir.

Por lo tanto, la decisin sobre los fines es una decisin sobre la concrecin del proyecto de vida de los sujetos, y no se agota en una relacin formal medio-fin. Toda esta relacin medio-fin es el medio en el cual se realiza un proyecto de vida, esto es, el proyecto de vida engloba esa relacin y la trasciende. Al nivel reducido de la relacin medio-fin puede haber neutralidad valrica, pero ella es imposible a nivel del proyecto de vida que la engloba. En efecto, dado que nicamente un sujeto vivo puede proyectar y realizar fines, la eleccin de estos necesariamente est subordinada a la vida del sujeto. En consecuencia, no todos los fines concebibles tcnicamente y realizables materialmente segn un clculo medio-fin , son tambin factibles; slo lo es aquel subconjunto de fines que se integran en algn proyecto de vida. Es decir, fines que no son compatibles con el mantenimiento de la vida del sujeto mismo, caen fuera de la factibilidad. Cuando se realizan, acaban con la vida de aquel que los realiza, con el resultado de que ya no se pueden realizar ms fines. As pues, se pueden realizar fines fuera de esta factibilidad, pero su realizacin implica la decisin de acabar con un proyecto de vida que engloba todos los proyectos especficos de fines. Es una decisin por el suicidio.

Por el contrario, englobar todos los fines en el proyecto de vida implica renunciar al suicidio. Renunciando al suicidio, aparece un marco de factibilidad de fines que est dado por algn proyecto de vida que enjuicia todos los fines en relacin a su factibilidad. La decisin de vivir segn algn proyecto de vida y que se concreta a travs de los fines hacia los cuales el sujeto se encamina, enjuicia a los fines y los somete a una racionalidad de vida que no permite una simplista neutralidad valrica. Luego, los fines no son neutrales sino que son los vehculos de la vida del sujeto, el cual ni siquiera puede perseguir fines sin la realizacin de su proyecto de vida.

Por otra parte, el sujeto vivo, al ser necesariamente a la vez sujeto actuante y sujeto prctico, es parte de la naturaleza sobre la cual acta persiguiendo sus fines. Es un ser natural que encaminndose hacia fines transforma a la naturaleza, y que se transforma a s mismo al integrar estos fines y los medios para alcanzarlos en su proyecto de vida. Ahora bien, a partir del hecho de que el sujeto es un ser natural, aparece una jerarquizacin necesaria de los fines; no cualquier combinacin de fines permite llevar a cabo un proyecto de vida. Siendo el sujeto un ser natural, la combinacin de fines se tiene que ajustar a las condiciones naturales de cualquier proyecto de vida. De este modo aparecen las necesidades: hay que satisfacer necesidades y, por tanto, dirigir la eleccin de los fines de una manera tal que satisfagan las necesidades para que el conjunto de la accin se pueda mantener en el marco de algn proyecto de vida.

En efecto, para vivir hay que poder vivir, y para ello hay que aplicar un criterio de satisfaccin de las necesidades a la eleccin de los fines. Y siendo el sujeto un ser natural, esta satisfaccin de necesidades tiene una raz insustituible basada en la propia naturaleza humana. Sea cual sea el proyecto de vida, ste no puede ser realizado si no asegura los alimentos para vivir, vestido, casa, etc. Pueden darse entonces variaciones en relacin a estos elementos, pero no pueden faltar; en consecuencia, el proyecto de vida, sea cual sea, presupone un ordenamiento forzado de los fines por realizar y no los puede combinar arbitrariamente. Por eso est sometido a necesidades. En tanto y en cuanto el sujeto vivo trasciende al sujeto prctico, las necesidades trascienden a la eleccin de los fines. As pues, la retroalimentacin por las necesidades da el marco de factibilidad de los fines.

No obstante, el sujeto no es libre para elegir, sino libre para satisfacer sus necesidades. El que las pueda satisfacer en trminos de sus preferencias forma parte de la libertad, pero, necesariamente, sta es una parte derivada y subordinada. Si hay necesidades, las preferencias o gustos no pueden ser criterio de orientacin hacia los fines. El criterio bsico slo puede serlo, precisamente, el de las necesidades.

Por esta razn, la negativa a la satisfaccin de las necesidades se encubre en nombre de la satisfaccin de las preferencias y esconde la reduccin del hombre al sujeto prctico enfrentado a fines, que se enjuician con neutralidad valorativa. Toda la teora econmica neoclsica y neoliberal hace hoy en da eso. En funcin de este encubrimiento se reduce al sujeto, se niega la retroalimentacin de la eleccin de fines por un proyecto de vida y, al fin, se niega toda legitimidad de cualquier proyecto de vida. Ciertamente no se pueden enjuiciar, tericamente, las preferencias o gustos, pero si se puede sostener tericamente que, independientemente de cuales sean los gustos, su factibilidad se basa en el respeto al marco de la satisfaccin de las necesidades. La satisfaccin de las necesidades, hace posible la vida; la satisfaccin de las preferencias, la hace agradable. Pero, para poder ser agradable, antes tiene que ser posible. Cada cual puede hacer su proyecto de vida segn su gusto, solamente en cuanto sus gustos y la realizacin de estos se basen en la satisfaccin de las necesidades.

El reconocer necesidades humanas o sofocar su satisfaccin en nombre de las preferencias, hace hoy la diferencia entre socialismo y capitalismo. Sin embargo, para hacer ver esto tenemos que volver una vez ms a la teora del mercado y de la planificacin.

Al hablar del sujeto prctico y del sujeto vivo como el sujeto que trasciende al sujeto prctico hemos dejado fuera hasta ahora las relaciones sociales entre los sujetos. Indistintamente podramos afirmar las tesis derivadas tanto para sujetos aislados del tipo Robinson, como para sujetos en sociedad. Pero el sujeto humano siempre existe en sociedad y, por tanto, los fines y los proyectos de vida aparecen en el marco de las relaciones sociales de sociedades determinadas. Por eso el producto mismo del proceso de produccin humano, solamente es concebible como un producto social de un conjunto de hombres producida por la divisin social del trabajo. No hay un sujeto humano, sino un conjunto de sujetos humanos que por sus interrelaciones forman la sociedad.

El sometimiento de la eleccin de los fines a los proyectos de vida de cada uno, es por consiguiente un proceso social en el cual, mediante la integracin de cada uno en la divisin social del trabajo y la distribucin de los ingresos, se determina el grado de satisfaccin de las necesidades de cada uno y, por tanto, su posibilidad de llevar a cabo algn proyecto de vida. Por otra parte, al ser el producto un producto social que contiene las condiciones materiales de vida de todos y cada uno aparece la posibilidad de la apropiacin de los medios de produccin por unos pocos o un grupo social ms amplio y de la consecuente reduccin de los otros, sea a la simple subsistencia, sea a la pauperizacin y hasta a la muerte, sin ms. Ciertamente, dado que la ltima instancia de cada uno de los proyectos de vida est en el acceso a los medios materiales de vida, el acceso a la divisin social del trabajo y la distribucin de los ingresos determina las posibilidades de vivir de cada uno. Aparece pues, la posibilidad de la explotacin y de la dominacin. Acaparar y concentrar los medios materiales de vida es destruir las posibilidades de vida del otro, ya que lo que se concentra y se quita no son simples riquezas sino medios de vida vveres en el sentido ms literal de la palabra. La dominacin hace posible la explotacin y sta da materialidad a la dominacin. Ninguna dominacin puede ser difinitiva sin el manejo de la distribucin de los medios materiales de la vida.

Tanto el concepto de explotacin como el de dominacin aparecen aqu como derivados del concepto de necesidad. Efectivamente, slo si hay necesidades, y no simples preferencias, pueden darse la explotacin y la dominacin. La dominacin equivale a limitar o quitar la posibilidad de vivir a travs de la explotacin y se vincula, por tanto, con el concepto de necesidades. Por su parte, la explotacin, en relacin a las necesidades, es muerte. En cambio, si alguien no ve ms que preferencias, las diferencias de ingresos simplemente suponen el problema de una vida ms o menos agradable, de mayores o menores gustos. Frente a simples preferencias no existen dominacin ni explotacin, ni puede haber plusvala como resultado de la explotacin; todo es un simple ms o menos. Por el contrario, donde hay necesidades est en juego una relacin de vida o muerte al decidir sobre la divisin social del trabajo y la distribucin de ingresos.

As pues, a la luz de las necesidades se trata de la posibilidad de vivir, mientras que a la luz de las preferencias se trata nada ms que de vivir a niveles cuantitativamente distintos, sean mejores o peores. Vemos entonces que el problema de la vida es eliminado por la manipulacin del concepto de preferencia. Frente a un simple juego de preferencias, la exigencia de cambios aparece como un resultado de la envidia. Frente a necesidades, aparece como una exigencia de la posibilidad de vivir y como raz de la legitimidad de todas las legitimidades.

3. Automatismo de mercado y planificacin econmica

Por eso, el cuestionamiento de las relaciones capitalistas de produccin aparece a partir de la exigencia de la satisfaccin de las necesidades. Si el problema fuera nicamente de preferencias no habra necesidad de cuestionar nada, pero por ser el hombre un ser natural que slo puede realizar un proyecto de vida a partir de la satisfaccin de las necesidades, el cuestionamiento de cualquier relacin de produccin que excluye sta resulta forzoso. Para ello no hace falta saber como el hombre llega a ser feliz; solamente hace falta saber que no puede ser feliz sin realizar su proyecto de vida, y que esto es imposible si no se juzga el conjunto de fines elegibles desde el punto de vista de la satisfaccin de las necesidades. Lo que si se sabe es que la orientacin primaria de la eleccin de fines por las preferencias, hace infelices a muchos hombres.

El cuestionamiento de las relaciones capitalistas de produccin aparece a partir de su tendencia inherente al desequilibrio y a la irracionalidad econmicos. Esta tendencia es producto del propio automatismo del mercado en el cual hay una interconexin entre venta del producto, rentabilidad e inversiones. La venta del producto determina la rentabilidad, en funcin de la cual se deciden las inversiones. La venta es guiada por las preferencias de los consumidores, en tanto que la rentabilidad es el criterio mximo de la racionalidad de las decisiones en general, y de las inversiones en particular. La demanda del consumidor y la rentabilidad de la oferta llevan a una situacin en la cual la rentabilidad determina la oferta y decide, por tanto, sobre qu demandas pueden ser satisfechas.

Pero como la rentabilidad se transforma a la vez en el criterio de las inversiones, toda decisin sobre el empleo de la mano de obra se transforma en un derivado del propio criterio de la rentabilidad. A travs de la rentabilidad se determina, pues, la distribucin de ingresos y la estructura del empleo sin que ambas puedan ser determinadas autnomamente. Al no existir ninguna garanta en cuanto a stas, el automatismo del mercado desemboca en una completa arbitrariedad de distribucin y empleo, arbitrariedad que implica ya de por s la existencia de una tendencia constante hacia distribuciones de ingresos y estructuras del empleo desequilibradas y econmicamente irracionales.

Consecuentemente, el automatismo del mercado se transforma en un mecanismo destructor, en cuanto imposibilita cualquier seguridad de integracin del sujeto econmico en la divisin social del trabajo a travs del empleo y la satisfaccin de sus necesidades. Incluso la propia subsistencia est constantemente amenazada y destruida. Estos desequilibrios bsicos se reproducen en todos los niveles de la sociedad capitalista, y en especial en la relacin entre el automatismo del mercado y el equilibrio ecolgico que es la base natural, a largo plazo, de cualquier posibilidad de satisfaccin de necesidades. En la medida que prima el criterio de rentabilidad, el equilibrio ecolgico es destruido al igual que el equilibrio econmico-social de la distribucin de ingresos y del empleo.

Esta tendencia automtica al desequilibrio y a la irracionalidad econmicos no es un producto intencional de nadie, sino que aparece como efecto no-intencional de la propia estructura del mercado. Se haga lo que se haga, en cuanto se lo haga en el marco de un automatismo del mercado la tendencia hacia el desequilibrio y la irracionalidad econmicos es el resultado, pues se destruye la seguridad de la estructura del empleo y de la distribucin de ingresos. En efecto, dado que el sistema econmico capitalista es determinado por el automatismo del mercado, el sistema es destructor, tanto del hombre como de la naturaleza. Todo el subdesarrollo existente hoy en da es solamente el resultado de esta tendencia automtica a la destruccin. El automatismo del mercado se transforma, pues, en un moloc que devora a sus hijos.

No obstante, por ser esta tendencia a la destruccin un producto no-intencional del automatismo del mercado, no tiene responsables directos. Los desastres que origina nadie los quiere o, por lo menos, no ocurren porque alguien los haya querido. Por esta razn se los puede presentar como si fueran el resultado de leyes naturales del mercado, que el hombre no tiene sino que aguantar. De este modo, el automatismo del mercado es representado como naturaleza porque, efectivamente, acta como si fuera naturaleza; produce catstrofes que nadie ha previsto ni querido, y que no tienen ni culpables ni responsables directos.

Sin embargo, existe una responsabilidad por tales catstrofes: la de dejar y seguir dejando actuar el automatismo del mercado. La existencia de ste es de responsabilidad humana y, por tanto, tambin lo es la destruccin que se deriva de su existencia. Aunque ninguna catstrofe originada por el automatismo sea de responsabilidad del hombre, el hecho de que tales catstrofes puedan ocurrir o puedan tomar las dimensiones que alcanzan, si es de responsabilidad humana. Posiblemente nadie ha querido u originado intencionalmente las catastrficas crisis que se han derivado de la escasez del petrleo desde 1973 o del actual proceso de automatizacin del proceso de produccin, no obstante, la pretensin de que tales problemas se solucionen por el automatismo del mercado con sus consiguientes catstrofes econmicas y sociales, sigue siendo de responsabilidad humana. Efectivamente, no hay ninguna razn definitiva para que eso sea as; la razn est en el rechazo de un ordenamiento distinto de las relaciones econmicas y sociales. En resumen, es el automatismo del mercado el que transforma problemas reales en catstrofes econmicas y sociales y, por tanto, es de responsabilidad humana el hecho de que esta transformacin catastrfica ocurra.

El vivir este hecho de irresponsabilidad humana lleva al cuestionamiento del automatismo del mercado y, por consiguiente, del capitalismo mismo. Al ser este automatismo del mercado la raz del problema, se sigue que nicamente una adecuada planificacin econmica puede asegurar la racionalidad y una tendencia al equilibrio econmico, en los trminos de la distribucin de ingresos sobre la base de la satisfaccin de necesidades y de una estructura econmica que garantice la posibilidad del empleo de todos. As pues, la necesidad de asegurar la racionalidad econmica lleva a la inevitabilidad de una planificacin econmica correspondiente. No se trata de planificar por planificar, sino de que exista al menos un mnimo de racionalidad econmica en la distribucin de ingresos y en la estructura del empleo. Luego, la planificacin econmica se presenta como necesaria en la medida que se requiere asegurar una autonoma de decisin respecto a la distribucin y el empleo, dado que solamente ella puede asegurar que las decisiones correspondientes estn desvinculadas del clculo de rentabilidad.

Sin embargo, la discusin de la planificacin econmica resulta muy difcil por cuanto se la realiza a partir de una polarizacin excluyente y maniquea, y que hace aparecer entonces la alternativa: o mercado o planificacin. Ahora bien, aunque la discusin sobre mercado y planificacin con tales alternativas excluyentes empez en el siglo XIX, existe hoy una experiencia histrica suficiente como para ir ms all de tal polarizacin.

Para analizar este hecho, volvamos sobre los resultados de nuestra discusin anterior tanto del pensamiento neoliberal como del sovitico, concretamente sobre el anlisis de las razones tericas de la aparicin del mercado y, por tanto, de la constitucin terica de la existencia de relaciones mercantiles. Este anlisis no puede hacerse a partir de la gnesis histrica de las relaciones mercantiles, por cuanto el propio anlisis histrico presupone ya un anlisis de las razones tericas de su existencia. Es decir, el anlisis de la gnesis de las relaciones mercantiles pone a prueba el anlisis terico, pero esto no vale a la inversa.

El anlisis de las razones tericas para la existencia del mercado, desemboc en la tesis de que este aparece bsicamente a partir de un problema de conocimiento y no simplemente de una cierta forma jurdica de propiedad privada. Si bien la gnesis del mercado pasa por la propiedad privada, este hecho es explicable solamente por un problema de conocimiento. Al desarrollarse la divisin social del trabajo a niveles mayores de complejidad la coordinacin de sta no puede hacerse sin recurrir a las relaciones mercantiles, pero como esta coordinacin es un producto humano se encuentra limitada por las limitaciones del propio conocimiento humano. En efecto, por ser el sistema de divisin social del trabajo un sistema interdependiente en todos sus componentes, la coordinacin no puede recurrir a un conocimiento suficientemente grande como para coordinar directamente el sistema. Esta limitacin del conocimiento la suplen las relaciones mercantiles, que permiten una coordinacin indirecta del sistema dada la imposibilidad de la coordinacin directa.

As pues, en cuanto y por tanto la complejidad del sistema de divisin social del trabajo se escapa de la posibilidad del conocimiento de cualquier persona o institucin el mercado parece como el medio por el cual se puede lograr la coordinacin del sistema. Las interrelaciones se institucionalizan por medio del mercado. Cuanto ms progresa el proceso hacia una mayor complejidad de la divisin social del trabajo, ste es menos reversible, pues la reversin implica una vuelta a sistemas de produccin anteriores, menos eficientes en trminos de la productividad del trabajo.

Por otra parte, se afirma que si bien la forma jurdica de la propiedad privada juega un papel clave en este proceso, no lo puede explicar plenamente sin referencia a este problema de conocimiento. Luego, el mercado y el dinero deben ser explicados tambin, e inevitablemente, como mecanismos para suplir conocimientos que no se tienen, pues en caso contrario ninguna explicacin de las relaciones mercantiles puede ser satisfactoria.

Sin embargo, no por eso es necesario caer en la ilusin de Hayek y creer que el mercado sea un mecanismo de elaboracin de informacin o de conocimientos. El mercado suple la falta de conocimiento pero jams transmite ninguna informacin; no es ninguna calculadora sino simplemente un mecanismo que transmite reacciones. Mediante el mercado se pueden cortar ciertas actividades, pero sus indicadores no permiten sealar cuales actividades desarrollar. Los indicadores del mercado no indican sino que cierran caminos y, por tanto, el mercado es un simple sistema de reacciones ex-post. Para que sea un sistema de informaciones tendra que dar indicaciones ex-ante, lo que ningn mercado puede hacer.

Esta es la razn por la cual no puede existir una tendencia al equilibrio del mercado. Tal tendencia, presupone la posibilidad de derivar indicaciones de la accin ex-ante que sean fiables, de all que los modelos del equilibrio de mercados elaboren los supuestos tericos de tal tendencia al equilibrio, llegando siempre al supuesto del conocimiento perfecto como la condicin indispensable para poder sostener esa tendencia. No obstante, de esto se sigue precisamente la conclusin contraria: dada la imposibilidad de un conocimiento perfecto, la tendencia al equilibrio del mercado, es imposible.

Pero, a la vez, se tiene otra conclusin: si existiera tal conocimiento perfecto, no hara falta ningn mercado. Ciertamente, en este caso todos los participantes en el mercado podran tener un plan total de la economa y, en esta interdependencia realmente captada, decidir su comportamiento. Ya no se necesitaran indicadores reactivos que corten ex-post actividades que no encajan en el engranaje interdependiente de la divisin social del trabajo. Las relaciones mercantiles, por tanto, desapareceran, un hecho que el mismo Hayek demostr.

Sin embargo, Hayek presenta la solucin simplificada de que las relaciones mercantiles en la forma del automatismo del mercado son la nica alternativa existente. Pero, por el contrario, si queremos una tendencia al equilibrio tendramos que asegurarla, y esto no lo podemos lograr jams por la simple intensificacin de las relaciones mercantiles. Es a partir de este hecho que aparece la necesidad de la planificacin, la cual no sustituye a las relaciones mercantiles sino que cumple la funcin de asegurar una tendencia al equilibrio sobre la base de relaciones mercantiles, lo que ningn automatismo del mercado puede asegurar. As pues, a pesar de las relaciones mercantiles, la planificacin tiene que garantizar un marco econmico tal que queden aseguradas, por un lado, una distribucin de ingresos adecuada a la satisfaccin de las necesidades y, por otro lado, una estructura del empleo de todos. Recin en este marco planificado y tambin impuesto, las relaciones mercantiles subsisten y continuan siendo formas de accin insustituibles.

En consecuencia, solamente la planificacin global de la economa puede asegurar esta tendencia al equilibrio, y, aunque nunca logre un equilibrio pleno, si puede evitar las catstrofes econmicas y sociales producidas por el automatismo del mercado. Pero como ya dijimos, esta planificacin no sustituye al mercado sino a la incapacidad del automatismo del mercado de producir alguna tendencia al equilibrio; por lo tanto, presupone el mercado. Luego, as como el mercado aparece para suplir la falta de un conocimiento completo, del mismo modo la planificacin aparece para suplir la incapacidad del mercado para asegurar un equilibrio econmico. Por ello, la planificacin no aparece por la pretensin del conocimiento completo, como nos insina Hayek, sino por la imposibilidad de tal conocimiento. Ciertamente, si existiera un conocimiento completo no habra ni mercado ni planificacin institucionalizados; habra tan slo una simple relacin espontnea entre los sujetos, que les permitira coordinarse espontneamente entre ellos para encajar en la divisin social del trabajo. Es decir, habra una verdadera anarqua sin institucionalizacin alguna.

Pero como no existe un conocimiento completo, aparecen entonces las relaciones mercantiles. Por la misma razn aparece la imposibilidad de una tendencia del automatismo del mercado al equilibrio y, por lo mismo, aparece la planificacin como complemento del mercado y sin la cual ni la tendencia al equilibrio ni una cierta racionalidad econmica son posibles. As pues, las mismas razones que explican la inevitabilidad del mercado, explican igualmente la inevitabilidad de la planificacin, esto es, la imposibilidad del conocimiento origina tanto el mercado como la planificacin en relaciones de complementariedad.

Ahora bien, cuando Hayek se acerca a este problema lo soluciona mal. Constata con razn que las decisiones econmicas las tienen que tomar, en lo posible, aquellos que tienen ms conocimiento de la materia, pero concluye enseguida la superioridad del orden del mercado porque efecta

...a asignacin de recursos... (con base en)... un conocimiento de los hechos particulares (disperso entre innumerables individuos) superior al que una persona determinada puede poseer (5).

Sin embargo, los individuos particulares tienen un conocimiento superior solamente en el campo particular en el cual actan y, por tanto, un conocimiento de tipo particular. Es el que trabaja con las minas de carbn quien mejor sabe cmo se produce el carbn; es el zapatero el que mejor sabe como hacer zapatos, y as sucesivamente. Ningn planificador podra saber eso tambin como el propio productor y por eso ciertamente, es mejor que en estos campos decida el productor. No obstante, en las decisiones que se refieren a la insercin del producto en la divisin social del trabajo, eso es distinto. No es necesariamente el productor del carbn quien mejor sabe si maana se necesitar carbn o no y en qu cantidad; dado que no depende de l, no tiene como saberlo. Y tampoco el zapatero puede saber bien qu zapatos se pedirn maana. Esta inseguridad se hace presente en el mercado como inseguridad de los precios. El productor de carbn y el zapatero no tienen ningn conocimiento especial de cules sern los precios de maana, y los precios de hoy no dicen nada al respecto. Pero son ellos quienes ms ilusiones tendrn.

La planificacin, en cambio, no aparece porque se pretenda mejorar los zapatos ms all de lo que lo pueden hacer los zapateros. Su funcin es asegurar una coordinacin de la divisin social del trabajo sobre la base de tecnologas manejadas por los productores. La planificacin puede saber mucho ms que cualquier productor particular sobre las tendencias adecuadas de la economa en lo que respecta a la distribucin de ingresos, el pleno empleo y el equilibrio ecolgico, y puede propiciar indicadores positivos para la orientacin de las empresas, pues no se limita a los simples indicadores reactivos de los precios del mercado.

Sin embargo, tal equilibrio puede realizarse slo si hay un plan obligatorio. Este carcter obligatorio del plan implica la posibilidad de desvincular, especialmente, las decisiones de inversin de los criterios de rentabilidad, pero tambin la oferta de productos del propio criterio de rentabilidad. Es operante nicamente en cuanto efecta un control consciente de la ley del valor basndose, en ltima instancia, en los criterios del pleno empleo y de la distribucin adecuada de ingresos.

Tomando en cuenta estos criterios de racionalidad econmica, las sociedades socialistas planificadas incluso en el caso de aquellas que padecen efectivamente de graves problemas de burocratizacin tienen ms flexibilidad frente a las crisis econmicas que las sociedades capitalistas, las que en este campo decisivo parecen verdaderos dinosaurios. Ahora bien, aunque la planificacin puede dar indicadores fiables, stos tampoco son totalmente seguros. El plan anticipa siempre un futuro no completamente previsible y puede, por tanto, resultar equivocado; puede tambin estar mal hecho. En todo caso, frente a esta necesidad de rehacer los indicadores, la planificacin puede evitar los excesos hacia los cuales tiende el automatismo del mercado al provocar sus catstrofes. No es que ella pueda evitar cualqueir crisis, pero s puede asegurar que las crisis se mantengan dentro de marcos tolerables.

4. La delimitacin entre autonoma empresarial

y planificacin central: la praxis

Lo anterior nos permite formular un principio de delimitacin entre planificacin y autonoma de las empresas, principio que se puede ampliar a la delimitacin entre Estado y actividades de grupos autnomos y los sujetos mismos. La delimitacin entre pianificacin y autonoma empresarial se refiere a la relacin entre orientaciones bsicas del equilibrio econmico de la divisin social del trabajo y orientaciones que la empresa recibe del mercado orientndose autnomamente por ndices mercantiles es decir en ltima instancia por la ganancia. La delimitacin terica no puede ser aqu en trminos de propiedad pblica y privada aunque podemos suponer que la propiedad pblica se ubicar en los sectores en los cuales la planificacin se presenta en trminos directos, y la propiedad privada en aquellos en los cuales bastan medidas que influyen sobre los ndices mercantiles. En todo caso, la delimitacin terica solamente puede ser entre planificacin y autonom del mercado.

Los pensamientos neoliberal y sovitico no contienen ningn criterio de delimitacin. Al contrario, ambos expresan la ilimitacin de la vigencia de sus normas centrales institucionalizadas de comportamiento econmico. La ideologa liberal expresa este rechazo a una delimitacin por el principio: tanta iniciativa privada como sea posible, tanto Estado como sea necesario. El principio es totalmente vaco, porque no introduce ningn indicador en referencia al cual se pueda juzgar lo necesario el Estado y lo posible de la iniciativa privada, que es expresin de la autonoma empresarial. Se trata simplemente de un principio de valoracin, que valora positivamente la iniciativa privada y negativamente la actividad estatal. Para el anlisis de necesidades y posibilidades no sirve; slo expresa la ambicin empresarial de inundar la sociedad entera en funcin del poder burgus. La perspectiva es el mercado total (Lepage).

Interpretada la necesidad del Estado en trminos de un todava-necesario, aparece la ideologa anarco-capitalista del capitalismo radical. Sin embargo un criterio terico de delimitacin tiene que expresar el aporte del Estado que hace que su actividad sea necesaria. La ideologa liberal puede dar en el mejor de los casos un simple listado pero ni siquiera en el caso de la afirmacin de la funcin del Estado por las pautas de conducta del mercado resulta una delimitacin vlida. Se vuelve siempre al mercado como criterio del mercado es decir a un crculo vicioso de ah que la delimitacin nicamente podra ser vlida solamente en el caso en que se pueda comprobar una tendencia emprica al equilibrio. No obstante no siendo vlida tal tendencia el criterio de delimitacin derivado de ella tampoco lo es.

La enseanza social catlica repite, slo que con otras palabras, este principio liberal. Segn el principio de subsidiariedad, el plano social superior no debe asumir tareas que el plano inferior puede asumir. Ahora bien, como no existe una concrecin de las tareas, nuevamente se desemboca en el punto de vista liberal anti-estatal: lo que puede hacer Critas, no lo debe hacer el Ministerio de Bienestar Social. La orientacin hacia la privatizacin de las funciones pblicas es la misma que en el liberalismo, incluso en su forma extrema de anarco-capitalismo.

Tampoco el pensamiento sovitico tiene tal criterio de delimitacin, pero la sospecha es que, contrariamente al pensamiento liberal, la autonoma de la empresa aparece aqu como un mal necesario y la planificacin estatal como la garanta de un procedimiento racional de la economa. La perspectiva ltima es, por tanto, una planificacin que pueda prescindir de los criterios mercantiles. En efecto, este pensamiento tiene un argumento terico que afirma la actividad estatal de la planificacion: la necesidad de planificar el equilibrio econmico en sus orientaciones bsicas por el hecho de que el mercado no es capaz de producir tal equilibrio. Sin embargo, la planificacin no tiene la capacidad suficiente para sustituir el mercado; por consiguiente, este sobrevive en trminos de un residuo. Quedndose la reflexin en este punto, la planificacin tiene una legitimidad originaria para extenderse ilimitadamente sobre la sociedad, mientras que la autonoma empresarial aparece como un residuo frente al hecho de las imperfecciones de la planificacin. Esto es lo contrario del pensamiento liberal, en el cual el mercado tiene tal legitimidad originaria mientras que el Estado se debe a las imperfecciones que no permiten su eliminacin definitiva. Por tanto, por el lado liberal aparece el mercado como mbito de libertad (accin arbitraria) y el Estado como su limitacin inevitable; por el lado del pensamiento sovitico, en cambio, la planificacin del equilibrio econmico aparece como el mbito de la libertad (accin real) la base real de la libertad y el mercado como el mbito de limitacin de esta libertad que, por imperfecciones de la planificacin, no puede ser eliminado.

Pero la reproduccin de la vida real no es ella misma la libertad, sino la condicin de posibilidad de su ejercicio. Esto nos permite volver sobre la discusin inicial del criterio de delimitacin en la relacin entre planificacin y autonoma empresarial. Ni la planificacin es el mbito de la libertad frente a la autonoma de la empresa con una legitimidad originaria para extenderse ilimitadamente, ni, inversamente, el mercado es ese mbito originario de libertad frente a las actividades estatales. La relacin entre ambos la podemos concebir en trminos de un equilibrio entre sus actividades respectivas, equilibrio que delimita tanto la legitimidad de la planificacin como la de la autonoma empresarial. Desde este punto de vista, la planificacin tiene que extenderse en un grado tal que quede asegurado el equilibrio econmico de la divisin social del trabajo, en los trminos del pleno empleo garantizado para todos y una correspondiente satisfaccin de sus necesidades vitales como resultado de su trabajo. No hay ninguna razn para extender la planificacin econmica ms alla de este punto, pero de ninguna manera puede abarcar menos que eso. Este mismo criterio nos delimita la autonoma empresarial. Esta no puede reivindicar un mbito ms all de aquel que permite garantizar la reproduccin de la vida real de todos por medio de la planificacin, pero no hay tampoco ninguna razn para que sea menor que ste.

Orientaciones de la economa que tienden a llevar la planificacin ms all de este su grado necesario, o que llevan la autonoma empresarial ms all de su respectivo mbito posible, solamente pueden ser justificadas por argumentos ideolgicos inspirados en los respectivos espejismos de la planificacin o de la competencia perfecta. Pero estos son espejismos que nacen de un proceso de abstraccin a partir de sociedades especficas, y que cuando se transforman en metas de la accin, tan solo producen imaginaciones ilusorias sobre el paso de la historia. Sin embargo, lo que mueve la historia no son tales metas ilusorias; ellas pueden servir como motivaciones de la accin, si bien no indican de ninguna manera la direccin en la cual se marcha. Esta direccin se deriva nicamente de las necesidades de la reproduccin de la vida real, siendo la libertad trascendental el horizonte de un desarrollo puro de esta vida que es inaccesible a esta misma accin, aunque es su sueo objetivo. A partir de esta visualizacin de la vida plena, la reproduccin de la real slo permite derivar prximos pasos que el hombre tiene que dar en su historia, si efectivamente afirma la vida y rechaza someterse a las tendencias siempre presentes hacia la muerte.

La libertad socialista, esto es, una libertad humana en la sociedad socialista, solamente puede afirmarse por la orientacin de un criterio de delimitacin entre planificacin y autonoma empresarial. Esta es la tesis a la cual llegamos como resultado. Pero esto no es una especie de modelo de la sociedad socialista, sino ms bien un criterio de racionalidad o de discernimiento que, segn las circunstancias histricas, puede dar lugar a modelos socialistas sumamente diferentes. Es un criterio que se podra resumir en los siguientes trminos: la libertad de cada uno tiene que ser restringida de una manera tal que no ponga en peligro la base real del ejercicio de la libertad de ninguno otro. Por lo tanto, el lmite de la libertad de cada uno es la garanta de la base real de la reproduccin de la vida de cada uno. Por consiguiente, la libertad no debe interferir con las condiciones de la reproduccin de la vida real de cada uno; cualquier conflicto tiene que respetar estas condiciones de base y, slo puede ser legtimo, respetndolas.

As pues, el socialismo tiene que afirmar tanto la autonoma de la empresa como la planificacin del equilibrio del conjunto social. Para que tal afirmacin de contrarios no desemboque en una contradiccin sin solucin, debe existir una delimitacin que determine bajo que aspecto prevalece la planificacin del conjunto y bajo cual la autonoma. El consenso sobre el criterio de la reproduccin de la vida real de todos es esa delimitacin. El hace posible llevar ese conflicto inevitable a los trminos concretos de una delimitacin, enmarcndolo dentro de lmites que no ponen en cuestin esta orientacin bsica de toda la sociedad en funcin de la reproduccin de la vida real.

El que planificacin y autonoma se encuentren en una relacin complementaria, recin da la posibilidad definitiva del reconocimiento del hombre como el sujeto de la sociedad. En efecto, esta subjetividad del hombre no se garantiza ni por la planificacin en s ni por la autonoma empresarial de por s. Slo se puede realizar por la relacin de las dos en trminos tales que la reproduccin de la vida real de cada uno sea asegurada y que dentro de este marco cada uno y no solamente las empresas se puedan desarrollar autnomamente. En este sentido la democracia socialista no es deudora nicamente del pensamiento marxista sino tambin del pensamiento liberal-racionalista. Desde sus comienzos con Rousseau y la Iluminacin del siglo XVIII, este pensamiento est en pugna con aquel liberalismo anti-subjetivo que hoy en da es presentado especialmente por la corriente neoliberal chicagiana y popperiana. Nos referimos al liberalismo de la soberana popular, que si bien en sus trminos burgueses no llega hasta la concepcin de un derecho a la vida de cada uno en sus trminos concretos, posee sin embargo elementos que tienden hacia all.

Este liberalismo racionalista ya est presente en el propio pensamiento marxista. En efecto, no hay duda sobre la raz del pensamiento de Marx en la tradicin de Rousseau. No obstante, la conceptualizacin de la democracia socialista tiene hoy que hacer presente este liberalismo racionalista de una manera nueva en la crtica de un socialismo que no logr concebir la limitacin de la actividad estatal en funcin del sujeto y que difcilmente podr avanzar ms sin aceptar un criterio objetivo de delimitacin de un Estado ilimitado y, por tanto, aceptar su orientacin subjetiva que sin duda en los orgenes de este socialismo en especial en el pensamiento de Marx estaba plenamente presente y que se perdi en medida considerable en cuanto el socialismo sovitico tena que institucionalizar la utopa socialista original.

Ciertamente, una democracia socialista tiene hoy que cuestionar este tipo de institucionalizacin a travs de un Estado ilimitado para poder afirmar al sujeto frente a este Estado socialista sin destruirlo. Porque este Estado socialista, tal como existe actualmente, ha desarrollado la base real de la vida humana como ningn otro Estado o sistema social. Pero la base real de la libertad no es, en s misma, la libertad. Es necesario pasar a la afirmacin de la libertad en todas sus dimensiones sin destruir el Estado socialista y donde no existe, constituyndolo, pero llevndolo a su dimensin legtima: asegurar una base real de libertad, dejando desarrollarse esta libertad en este marco establecido. Esto es el sometimiento del Estado socialista a la soberana popular, y este hecho explica por qu el pensamiento socialista tiene que integrar de una manera nueva la tradicin liberal-racionalista.

Este no es ms que un anlisis del marco econmico-social del socialismo; no tratamos aqu los problemas del poder poltico y de su estructuracin. Solamente podemos decir que cualquier poder poltico socialista tiene que estructurarse dentro de este marco fundamental, fuera del cual la libertad humana no es posible, pero afirmaciones positivas sobre tal estructura poltica no son posibles al nivel del anlisis que estamos haciendo. Estas son tan imposibles como lo sera la derivacin positiva de un proyecto especfico de socialismo, que tiene que surgir siempre a partir de las condiciones especficas de los pases que se liberan. Y slo en el marco de tal proyecto especfico puede aparecer la afirmacin de una estructura especfica del poder poltico.

Como ya se dijo, el marco de referencia es la vida real como principio de organizacin de la sociedad. El permite discernir proyectos econmico-polticos en el sentido de fijar un lmite entre todos los proyectos que tienen contenido de liberacin y los que no lo tienen. Puede, por tanto, ayudar a apuntar hacia algo que en ninguna sociedad libre puede faltar, sin embargo no permite decir en qu forma concreta eso puede y debe ser especificado y realizado.

Habiendo llegado a esta perspectiva de institucionalizacin de la satisfaccin de las necesidades, parece el sujeto vivo como el sujeto de la praxis. Asegurar la vida por la transformacin de todo el sistema institucional en funcin de la posibilidad de vivir de cada uno, es el objetivo de la praxis. Esta, por tanto, no se reduce a simples prcticas. Significa asegurar al sujeto humano una institucionalidad que le garantice la posibilidad de su desarrollo y, por consiguiente, de realizar efectivamente un proyecto de vida en el marco de condiciones materiales garantizadas.

5. El sujeto como objeto y el sujeto

como sujeto: el sujeto libre

En el anlisis hecho anteriormente, por fuerza, el sujeto apareca como el objeto tanto del lenguaje como de las instituciones. Hablando del sujeto se lo trata como objeto hasta en el caso en que el sujeto hable de s mismo. Al actuar en el mbito de las instituciones, se acta sobre hombres transformados en objetos de las instituciones, an en el caso de que acte el hombre destacado como superior de todo el sistema institucional.

En cuanto que acta como rey o presidente, l acta como un sujeto transformado en objeto de s mismo y de los otros. En el lenguaje, el sujeto se transforma en objeto por la razn de no poder hablar sino en trminos universales. En el conjunto institucional, el sujeto es transformado en objeto porque las instituciones se dirigen fatalmente a categoras sociales, aunque tales categoras se compongan de un solo individuo. El sujeto es reducido a ser representante de una categora, para que l sea tratable en los trminos reducidos en los que las instituciones pueden funcionar. Como portador de una categora, un rol, un estrato, una clase, el sujeto recin es accesible a ser integrado en el sistema institucional.

Eso resulta de una falta de adecuacin al sujeto, que contiene cualquier teora o institucin. Siendo el sujeto un sujeto y no un objeto, su tratamiento como objeto es de por s inadecuado, porque no puede jams corresponder al ser subjetivo del sujeto, que es una plenitud inalcanzable. Por eso, toda teora es una mala teora, y toda institucin una mala institucin.

Este hecho ya lo afirmamos, aunque indirectamente. cuando constatamos que el lenguaje y las instituciones son productos no-intencionales del sujeto. Si son productos, el sujeto se tiene que encontrar fuera de ellos, a pesar de que como productos no intencionales es inevitable que el sujeto los produzca. Al entrar en relacin con otros sujetos, aparecen tales productos no-intencionales, y el mismo sujeto solamente existe porque entra en relaciones con otros sujetos.

El sujeto, por tanto, trasciende a todas sus objetivaciones, aunque no puede existir sin ellas. El sujeto trasciende tambin, por tanto, a todas las formas de sujeto que aparecen al tratar el sujeto como objeto. El sujeto cognoscente, el actuante, el prctico, el sujeto vivo y el sujeto de la praxis, son todos sujetos tratados como objetos. El sujeto como sujeto trasciende a todos ellos. Existe como tales sujetos objetivados, pero no coincide con ellos, siendo la objetivacin del sujeto un producto no-intencional del propio sujeto, al cual nunca pueden corresponder ntegramente las objetivaciones del sujeto (6).

Esta problemtica del sujeto trascendente de todas las objetivaciones del sujeto, aparece en la teora de tales objetivaciones de dos maneras anlogas. Por un lado, al nivel de la teora del lenguaje, por el otro, al nivel de la teora de las instituciones. Eso ocurre en los conceptos trascendentales referentes a estos dos objetos, que se elaboran por lo que Popper llama el mtodo cero.

Por la utilizacin de conceptos universales, ningn lenguaje puede interpretar el sujeto en su integridad. Sin embargo, la teora del lenguaje elabora conceptos trascendentales que son capaces de efectuar eso. El lenguaje perfecto o el lenguaje unvoco de la lingstica hace exactamente eso. Es idealmente un lenguaje suficientemente capaz para evitar todo malentendido. Pero tal lenguaje tendra que ser tal, que fuera capaz de describir en trminos objetivados, la subjetividad ntegra del sujeto. La objetivacin es tan perfecta, que refleja ntegramente el sujeto cuya objetivacin es. En la teora de las instituciones aparecen conceptos trascendentales anlogos, en la forma en la cual Parsons habla de institucionalidad perfecta. Se trata en especial, del modelo neoclsico del equilibrio econmico y del modelo de planificacin perfecta. Ambos tratan el sujeto como objeto, pero piensan la institucionalidad de una manera tan perfeccionada, que corresponde ntegramente a la subjetividad compleja del sujeto. No hay diferencia entre el sujeto como sujeto y el sujeto objetivado por las instituciones. Las instituciones ya no distorsionan, porque el sujeto est tratado por ellas como es en su integridad.

Tanto en el plano de un concepto trascendental del lenguaje unvoco como de una institucionalidad perfecta y, por tanto transparente, aparecen supuestos que Sirven como muletas de la construccin: los supuestos del conocimiento perfecto y de la velocidad infinita de reaccin de los factores de produccin. Como lo segundo es condicin de lo primero, los dos supuestos los podemos tratar como uno solo: el supuesto del conocimiento perfecto. Slo este supuesto permite concebir trascendentalmente una coincidencia entre la objetivacin del sujeto y el sujeto mismo.

Sin embargo, ya vimos la contradiccin dialctica que contienen tales conceptos trascendentales. Si la objetivacin del sujeto es tan perfecta que coincide con toda la complejidad del sujeto, tales objetivaciones ya no tienen ninguna razn de existencia. Idealmente, en el concepto trascendental de las objetivaciones, estas mismas objetivaciones son abolidas. Si existen en la realidad, este hecho se debe nicamente a que el sujeto visto como objeto es una reduccin del sujeto en su integridad. Podemos aadir que existen porque el conocimiento es limitado y no completo. Eso no niega de ninguna manera la utilidad cientfica de tales conceptos trascendentales para la explicacin, ya sea del lenguaje, o bien, de las instituciones. Son estrictamente necesarios e instrumentos imprescindibles, tanto del conocimiento como de la accin. Pero esta contradiccin dialctica de tales conceptos trascendentales, atestigua en los trminos tericos de las ciencias empricas, que el sujeto trasciende a todas sus objetivaciones.

Ahora este sujeto es siempre un sujeto en sociedad. Para que el sujeto sea tratado como objeto, tiene que haber alguien quien lo trate as. Solamente en sociedad el sujeto puede ser tratado como objeto. El sujeto humano en cuestin es un sujeto social, y si no fuera as, el problema no existira. Podramos preguntar entonces, como podemos hablar del sujeto que trasciende a todas las objetivaciones, si al intentar hablar de l lo estamos transformando por el lenguaje que empleamos en un sujeto como objeto. Obviamente, en trminos definitivos, este lmite es infranqueable. Es la pregunta por el sujeto trascendente, que se comunica sin lenguaje materializado y por tanto objetivado y sin instituciones. De tal sujeto no puede haber concepto, ni tampoco es posible describir alguna institucionalidad correspondiente, an de la forma mas arbitraria. Sin embargo, se trata del sujeto, que en realidad trasciende a todas las objetivaciones del sujeto en trminos de lenguaje o instituciones. Y como hace falta hablar de l, el lenguaje no puede ser sino de apelacin.

El sujeto, que trasciende a todas sus objetivaciones, lo podemos encontrar exclusivamente en la vivencia subjetiva entre sujetos. El lenguaje ms bien apelativo o hasta mtico objetiviza tales vivencias y por lo tanto no puede sino vislumbrar indirectamente aquel estado de cosas en el cual el sujeto es sujeto para el otro, sin transformarse nunca en su objeto. De lo que hablamos, por tanto, es tambin de una trascendentalidad, que es la contrapartida a partir de lo real de lo que son los conceptos trascendentales a partir de la teora de lo real.

Hay dos situaciones en las que se suele ver este sujeto que se enfrenta al otro como sujeto sin objetivarlo. La primera es descrita en la famosa parbola del Samaritano en el Evangelio de San Lucas (10, 25-37). El Samaritano encuentra al desgraciado y va a ayudarle en su sufrimiento. No espera a la ambulancia ni se limita a buenos consejos, sino que asume su desgracia y le hace posible salir de ella. No lo conoce y por tanto no calcula eventuales ventajas, y lo que hizo lo habra hecho con cualquier otro. La relacin es directamente subjetiva y pasa por debajo de cualquier comunicacin objetivada o institucin. Lo que hay es un reconocimiento entre sujetos, a travs del cual se produce la comunidad entre ellos, y que pasa por la comunidad de bienes que ellos tienen, en este caso, de bienes que uno tiene y el otro no. Es una situacin en la cual todo es fluido, se disuelve cualquier tuyo y mo, cualquier norma es suspendida y la comunicacin es directa por la captacin de una situacin, que pasa por debajo de cualquier lenguaje. Ocurre a partir del reconocimiento entre sujetos la identificacin de ellos.

La segunda situacin es complementaria. Se trata de la fiesta como identificacin entre sujetos en la alegra. Tambin la encontramos en una parbola descrita por Lucas (14, 15-24). Empieza con una fiesta formal, en la cual alguien da el banquete e invita a otros. Todo es objetivado por rituales. Al excusarse los invitados, la fiesta sobrepasa los lmites dados por las normas. Se transforma en una fiesta a la cual todos los que estn disponibles, estn invitados a participar. La fiesta es abierta, y hasta a aquellos que vacilan se los apresura a participar. Se trata de un banquete, es decir, una fiesta sensual, que pasa por debajo de cualquier norma social o ritual y pasa a ser un reconocimiento festivo de todos anulando todas las categoras sociales. La fiesta barre las desigualdades y hasta con la propiedad de aquel que invitaba.

En ambas situaciones el ncleo del comportamiento es el recono cimiento entre sujetos. Como no excluye a nadie y se dirige al sujeto como sujeto, se destruyen las objetivaciones del caso, se disuelven las normas y se comparte segn gusto o necesidad lo que hay. Todo se hace fluido una vez ocurrido el reconocimiento.

Si ambas situaciones se piensan hasta el lmite, tenemos la imaginacin de la felicidad humana en su plenitud. Los primeros cristianos ya llevaron a cabo esta imaginacin al lmite en trminos de una Nueva Tierra. La Nueva Tierra es esta tierra sin la muerte, en la cual todos los sufrimientos seran consolados y donde se celebra el reino de Dios en los trminos de un gran banquete. La Nueva Tierra es una gran fiesta sensual, que borra todos los lmites y todas las normas, una fluidez de todas las relaciones entre los sujetos y entre ellos y la naturaleza, que libera la sensualidad adecundola al deseo subjetivo de cada uno.

En su radicalidad esta imaginacin es trascendental y, por lo tanto, imposible. Pero parte de la realidad. Mientras los conceptos trascendentales parten de objetivaciones de las relaciones sociales entre los sujetos y los llevan al lmite de conceptos de perfeccin institucional, la imaginacin trascendental parte del reconocimiento entre sujetos efectivamente experimentados, trascendentalizndolo tambin en una situacin de perfeccin. Frente a la rigidez de las instituciones perfectas aparece la fluidez de la gran fiesta. Mientras los conceptos de las instituciones perfectas arrancan del sujeto tratado como objeto, la gran fiesta trascendental de sujetos, que por el reconocimiento se tratan como sujetos sin ms. Frente a las objetivaciones perfectas, el reino de la libertad como goce. Es un goce en el cual cada sufrimiento tiene su consolacin, y en el cual a la fiesta no sigue la goma sino el relajamiento. Marx habla con razn de una transformacin del trabajo en libre juego de las fuerzas fsicas y espirituales. Pero hace falta tambin explicitar tanto el amor al prjimo como el reconocimiento festivo entre los sujetos.

Esta imaginacin trascendental, que presenta el polo contrario de los conceptos trascendentales, es la imaginacin de una vida plena pensada a partir de la vivencia de plenitud que proporciona el reconocimiento entre sujetos en la vida real, que ocurre en determinadas situaciones, especialmente en el amor al prjimo y en la alegra festiva, en los cuales se vive o se cree vivir la identidad de estos sujetos y el mundo sensual dentro del cual ocurre el encuentro.

El hambre o cualquier sufrimiento, es consolado, y la satisfaccin resultante es vivida como fiesta. La imaginacin trascendental no apunta hacia la desaparicin del hambre, porque entonces apuntara igualmente a la imposibilidad de la satisfaccin del hambre y, por lo tanto, de la fiesta. Donde no hay hambre, tampoco hace falta comer, y el ritmo de la vida real desaparece y el cielo se transforma en un cielo de almas puras, propio de la expresin trascendente de los conceptos trascendentales. La imaginacin trascendental describe una situacin en la cual todo hambre ser satisfecho y todas las lgrimas secadas. Por eso tiene como contrapartida del hambre y del sufrimiento la fiesta sensual y el banquete. Se trata de la percepcin de un ritmo de vida en el cual el sufrimiento deja de desembocar en la muerte, y la consolacin posterior es ilimitada en trminos de la fiesta.

En realidad, lo malo de la pobreza no es el hambre. El hambre es algo bueno. Lo malo es la imposibilidad de satisfacer el hambre. El hambre es la contrapartida de la satisfaccin sensual, y el goce en su totalidad contiene como una parte el hambre. El hambre es parte del goce. Tener hambre es algo bueno, si este desemboca en una buena comida; sin el hambre anterior la mejor comida no sirve. La pobreza, como desesperacin por el hambre, se deriva de la imposibilidad de satisfacerlo. Ni hambre, ni sed, ni frio, ni calor constituyen algo malo. La maldad de la pobreza aparece recin cuando al hambre no sigue la comida, a la sed la bebida, al fro un calor agradable y al calor una buena brisa refrescante. El corte entre el hambre y su satisfaccin produce la desgracia. A partir de este corte entre hambre y satisfaccin aparece la pobreza y toda posibilidad de explotacin. La imaginacin trascendental piensa una vida humana plena, en la cual deja de existir este corte entre el hambre sensual y su satisfaccin igualmente sensual. En el grado en el cual da cuenta del hecho que la existencia de tal corte es la presencia de la muerte, piensa la vida humana sin la muerte: esta tierra sin la muerte. Se trata de una plenitud en cuya imaginacin no cabe ninguna institucionalidad: ni dinero, ni Estado. ni matrimonio. No es ni competencia perfecta, ni planificacin perfecta. Es la espontaneidad del reconocimiento de todos los sujetos, que no es pensable sino dentro de una imaginacin de una naturaleza fluida, amiga del hombre. Por lo tanto, la imaginacin trascendental describe la misma naturaleza sin la muerte, una naturaleza que responde a los propios deseos humanos, que sea hogar del hombre en el cual desaparece la propia dureza del trabajo transformndose en un juego de las fuerzas fsicas y espirituales, un trabajo fluido que sea pura creatividad, y que tenga el ritmo harmnico del cansancio y del descanso.

Esta imaginacin trascendental no excluye tampoco la historia sino que implica historicidad de la vida humana imaginada. Pero tambin se trata de una historia sin muerte, en la cual una situacin satisfactoria hoy deja de serlo y es reemplazada por otra. Es una historia en la cual se crean nuevas formas de ser.

Esta imaginacin trascendental no es, por tanto, ninguna utopa esttica. El caso ms famoso de la utopa esttica es la utopa de Toms Moro, que adems cre la palabra utopa. La utopa esttica combina en una sola imagen conceptos trascendentales e imaginacin trascendental. La historia parece detenida, y la perfeccin utpica es tal que todas las cosas estn a priori ordenadas. Por eso estas utopas pueden ser para unos una imagen de consuelo, mientras desde otro punto de vista ofrecen una imagen de terror. Su importancia est en ser antecedentes de los conceptos trascendentales modernos, mientras no tienen ninguna conexin directa con la imaginacin trascendental del reino de la libertad. La imaginacin trascendental arranca mucho antes que las utopas. Utopas estticas modernas son ms bien utopas inversas, que no pretenden sino provocar imgenes de terror frente a institucionalizaciones totalizantes (por ejemplo, Georges Orwell) o frente al progreso tcnico irrestricto (la inversin de la ilusin trascendental que hace Huxley en su Mundo Feliz). Pero siguen todava las utopas del tipo de Moro, aunque con menos impacto (por ejemplo, Skinnier, Walden Dos). Su enfoque siempre se centra en la institucionalidad, y jams elabora la vida plena como libertad. En la utopa esttica la libertad del sujeto siempre est negada, o por lo menos indiferente, lo que explica el hecho que siempre pueden ser elaboradas o comprendidas en trminos de imgenes del terror.

La imaginacin trascendental no tiene tal inversin en una imagen terrorfica. Como arranca de la espontaneidad de la libertad, no deja lugar a la transformacin en trminos de una libertad definitivamente perdida, como ocurre con las utopas estticas.

Sin embargo, tambin en la imaginacin trascendental aparece un problema de consistencia. Se trata de una imaginacin que parte de situaciones concretas, del reconocimiento entre sujetos dentro de su existencia corporal y sensual, que pasa por debajo de toda institucionalizacin. Se imagina la existencia corporal en su plenitud y, por fuerza, tiene que imaginarla sin la muerte: esta tierra sin la muerte es la nica expresin explcita resumida de la imaginacin trascendental. Recin esta explicitacin del sin la muerte evidencia el carcter trascendental de la imaginacin siendo a la vez la condicin de consistencia de la imaginacin.

El problema resulta obvio, si se interpretan imaginaciones trascendentales que no efectan tal explicitacin del sin la muerte. Se trata en especial del orden espontneo de los anarquistas y del reino de la libertad y del comunismo de Marx. Ambos imaginan un encuentro de sujetos en el cual estos se reconocen universalmente, y lo perciben como imaginacin sin institucionalizacin. Por eso, el orden espontneo es sin Estado y sin dinero, y el reino de la libertad un libre juego de las fuerzas fsicas y espirituales en un contorno social no institucionalizado. El principio comunista de la distribucin lo dice claramente: cada uno segn sus capacidades, a cada uno segn sus necesidades. Pero la ltima raz de la necesidad de las instituciones es precisamente la muerte, y la totalidad de las instituciones tienen en comn ser administracin de la muerte. Donde no hay muerte, no se puede obligar a nadie, y la ltima instancia de toda obligacin forzada es la administracin de la muerte. Por eso es inconsistente concebir una sociedad sin Estado y sin dinero, contando con hombres mortales. La raz de todos los males es la muerte, y la raz de la superacin de todos los males es la superacin de la muerte.

Por eso la imaginacin trascendental anarquista y marxista es inconsistente. Pero sta su inconsistencia es a la vez la condicin de su aparente factibilidad y de su presentacin como un posible fin emprico de acciones humanas que la pudieran realizar. En el momento en el cual Marx diera cuenta del carcter trascendental de su reflexin hacia el reino de la libertad y el comunismo, toda su conceptualizacin del socialismo tendra que cambiar y tendra que tomar en cuenta todo el difcil problema de su institucionalizacin. La interpretacin emprica del comunismo, en cambio, le hace posible pasar por encima del problema de la institucionalizacin del socialismo, como una tarea de existencia del propio socialismo. Su propia crtica a la religin no la habra podido sostener.

En cuanto la imaginacin trascendental es la imaginacin radical de la libertad, lleva a la identificacin de la libertad con la superacin de la muerte, y lleva a concebir la libertad humana en su radicalidad como una libertad trascendental. El hombre puede buscar su libertad relativa en el mundo dado, porque tiene como perspectiva imaginaria de posibilidad la libertad trascendental de una vida sin la muerte.

De hecho, tambin los conceptos trascendentales de la institucionalizacin perfecta topan con un problema parecido. All aparece como ltima instancia de la institucionalizacin la imposibilidad de un conocimiento perfecto de todos los hechos. Pero el supuesto de tal conocimiento se utiliza para construir los conceptos trascendentales, cuya perfeccin de la institucionalizacin consiste en la eliminacin terica del riesgo. Instituciones perfectas son instituciones pensadas en un mbito sin riesgo. A travs del uso del supuesto del conocimiento perfecto el concepto trascendental elimina tericamente el riesgo. Pero el riesgo clave en la vida humana es la muerte. Por lo tanto, los conceptos trascendentales de la institucionalizacin perfecta, por fuerza, se abstraen de la muerte. El sujeto de tales conceptos es inmortal. Pocos cientficos han hecho hincapi en esto. Uno de los pocos, sin embargo, es precisamente Max Weber.

Por tanto, la imaginacin trascendental se hace consistente si explcitamente imagina una tierra sin muerte, y este hecho atestigua su carcter trascendental.

Vimos ya como las utopas estticas adquieren su carcter ambivalente ser interpretables como promesas o como terror segn el ngulo desde el cual se las mira. Este carcter lo adquieren por ser utopas referentes a institucionalizaciones. Sin embargo, los conceptos trascendentales de la institucionalizacin no son utopas estticas, sino que asumen el dinamismo de la vida humana, viendo como esttica nicamente la especificidad institucional de la cual parten. Pero eso es suficiente para provocar la misma ambigedad de promesa y terror. Segn el ngulo desde el cual se lo mira, un mercado total en trminos de la competencia perfecta es terrorfico, porque toda libertad del sujeto desaparece y lo que queda es la pura dinmica de la institucin mercado, cuyo apndice son los sujetos. Lo mismo se puede demostrar en referencia a la planificacin total de la planificacin perfecta. Mercado total y planificacin total pueden ser, igualmente, vistos y experimentados como terrorficos. La ilusin trascendental es el medio para evitar que tal visin terrorfica se haga dominante.

La imaginacin trascendental no tiene este mismo tipo de ambigedad. Sin embargo, tampoco es inocente. Tambin con la imaginacin trascendental se combina lo terrorfico, en cuanto la relacin con ella es vista y tomada como accin directa. Lo potencialmente terrorfico no est en el interior de tal imaginacin, sino en la aproximacin hacia ella. A la potencial destructividad de los conceptos trascendentales de institucionalizacin, corresponde la potencial destructividad de la imaginacin trascendental, en cuanto toma la forma decidida y generalizada de la accin directa. Esta destructividad y, por tanto, lo terrorfico potencial de la imaginacin trascendental, por su parte se esconde detrs de un escudo mtico, que podramos llamar la mitificacin trascendental. Es el mito segn el cual la imaginacin trascendental es factible y una posible meta emprica, a la cual el hombre se acerca prescindiendo, en mayor o menor grado, de la institucionalizacin de las relaciones entre los sujetos.

Ya anteriormente habamos visto la crtica de la accin directa en la forma anarquista y la produccin de la imagen terrorfica referente a la imaginacin trascendental, por la secuencia anti-utpica como la usan neoliberales y conservadores. Pero el problema es mucho ms amplio. Se trata de plantear toda la relacin entre el hombre concreto que imagina sus necesidades en trminos de la imaginacin trascendental con la inevitable institucionalizacin de sus relaciones sociales, teoretizadas en trminos de conceptos trascendentales de institucionalizacin perfecta. Ya planteado en estos trminos, se excluye como posibilidad la accin directa anarquista.

Eso nos da ahora la posibilidad de plantear la relacin entre el sujeto tratado como objeto. que aparece en la institucionalizacin, y el sujeto que se relaciona con el otro sujeto como sujeto, que aparece en la relacin directa entre los sujetos, descrita anteriormente en las dos situaciones centrales del amor al prjimo y de la fiesta. Siempre se trata de sujetos corporales y sensuales, que no pueden relacionarse sino expresndose corporal y sensualmente. Dado este hecho, toda la relacin intersubjetiva no se puede dar sino a travs de la actividad transformadora de la naturaleza, que como trabajo es el medio a travs del cual el sujeto puede expresarse corporalmente. Las situaciones centrales del amor al prjimo y de la fiesta, por tanto, forman un slo conjunto, en cuanto damos cuenta del hecho que recin a partir de la actividad transformadora de la naturaleza por el trabajo humano pueden tener lugar. En cuanto estas situaciones son reconocimiento entre sujetos e implican establecer la fluidez de todo el medio circundante en el cual ocurren, implican tambin la fluidez de toda actividad de trabajo y de sus resultados. Llevado al nivel de la imaginacin trascendental, las dos situaciones centrales mencionadas, vistas en su unin por el trabajo humano, llevan a concebir en plenitud la satisfaccin de todas las necesidades, la posibilidad de vivir plenamente el ritmo de la vida compartiendo todo con todos.

A partir de la imposibilidad humana de vivir la vida en estos trminos, aparece la institucionalizacin como imprescindible. Es la necesaria mediatizacin de la vida humana, cuya libertad plena es no tener que recurrir a tal institucionalizacin. En relacin con la vida directa entre sujetos que se reconocen directamente tienen, por tanto, un carcter ms bien subsidiario. Aparecen como imprescindibles en el grado en el cual la vida humana no se puede mantener por una relacin subjetiva sobre la base de un simple reconocimiento de sujetos como sujetos. Esta subsidiariedad de las instituciones en relacin al sujeto humano en su reconocimiento por otros sujetos en el medio de una comunidad de bienes, implica especialmente la subsidiariedad del mercado en relacin al sujeto. La frmula burguesa anloga es distinta y significa exactamente lo contrario: subsidiariedad del Estado con respecto al individuo. Siendo el individuo una categora del mercado, esta frmula describe precisamente la hipstasis del mercado, y la deificacin de la institucin mercado, que devora al sujeto y lo destruye. Es una frmula para el moloc. En cambio, la humanizacin de las relaciones sociales no puede lograrse sino en el caso en el cual el sujeto que se reconoce en y por el otro sujeto implicando una comunidad de bienes entre ellos, es anterior a toda institucionalizacin, y por lo tanto la institucionalidad subsidiaria en relacin con l. Las instituciones son muletas imprescindibles dada la imposibilidad de una sociedad humana ordenada por esta espontaneidad de la relacin entre sujetos, que se tratan como sujetos. Por eso son subsidiarias. Si no son tratadas as, devoran al sujeto. Ni el mercado ni el Estado marcan el paso de Dios por la historia, sino el sujeto humano en cuanto logra situaciones de reconocimiento con otros sujetos, compartiendo lo que haya.

La institucionalidad, en cambio, se erige en Seor de la historia, y su deificacin en el Seor de la historia, en cuanto es vivida e interpretada en funcin de la ilusin trascendental. Por tanto, la crtica de la ilusin trascendental es el primer paso para poder dar al sujeto humano la posicin del centro de la historia, en relacin al cual toda institucionalidad es subsidiaria. Pero la crtica no es suficiente, sino solamente un paso necesario. De lo que se trata es de transformar el sistema institucional de una manera tal que de lugar a la vida personal subjetiva reconocida entre sujetos y compartida por ellos. Eso no simplemente en una forma admisible, sino de apoyo. Se trata de una institucionalidad que fomente las posibilidades efectivas del sujeto, de vivir una vida subjetiva.

Que el sujeto pueda vivir como sujeto, tendra que ser el sentido de la propia institucionalidad. Sin embargo, las instituciones no se pueden dirigir hacia el sujeto sin tratarlo como objeto. Las instituciones no pueden ser el mbito del reconocimiento entre sujetos, porque tal reconocimiento rompe, en cuanto ocurre, la lgica institucional. Pero si pueden asegurar la vida humana de una manera tal que dichas situaciones puedan producirse. Al transformar en funcin de esta meta el sujeto en su objeto, las instituciones se dirigen a l por su orientacin por las necesidades bsicas de la vida de todos. Orientar el sistema institucional por las necesidades bsicas es un tratamiento del sujeto como objeto, que promueve la posibilidad de una vida entre sujetos que se traten como sujetos. Sin embargo, orientar la institucionalidad por las necesidades bsicas, significa organizar la vida de una manera tal, que cada uno por su trabajo puede lograr un sustento digno. Eso implica un control consciente de la ley del valor y una planificacin socialista adecuada a tal finalidad, en los trminos que hemos analizado anteriormente. La condicin institucional subsidiaria en relacin con una vida subjetiva que se desarrolla lo ms posible, llega a ser, por tanto, este control consciente de la ley del valor en forma de la planificacin socialista. La razn es que la espontaneidad subjetiva no es capaz de asegurar por s misma tal satisfaccin de necesidades bsicas, y necesita, por lo tanto, como complemento, las relaciones mercantiles conscientemente controladas como muleta indispensable de su desarrollo. Es imprescindible que el sujeto sea tratado como objeto en estos trminos, para que se pueda recuperar como sujeto.

A eso se resiste la sociedad burguesa por la mitificacin trascendental. Agranda ciertos aspectos de la subjetividad humana mucho ms all de lo que efectivamente puede cumplir. Aparece el rechazo de la justicia expresada por la orientacin de toda institucionalidad, hacia las necesidades bsicas en nombre de la relacin subjetiva directa de la caridad del amor al prjimo. La caridad es presentada ahora como aquel remedio que hace prescindible la transformacin socialista de la sociedad. La sociedad burguesa es buena, los hombres son malos. Si fueran buenos los hombres, y tuvieran ms amor al prjimo, entonces la pobreza y el sufrimiento tendran su solucin. En vez de justicia, caridad. El argumento de esta caridad es la contrapartida piadosa de la deificacin del mercado en la versin liberal.

Pero se pide aqu a la caridad algo que no puede dar. En efecto, ella no puede alcanzar su fin de consolar los sufrimientos si rechaza las mediaciones institucionales que son condiciones objetivas para poder llegar a ese fin. De hecho, se trata de la forma burguesa de la accin directa que ya habamos visto antes en su forma anarquista. En sus consecuencias, esta accin directa burguesa es ms terrorfica que la de tipo anarquista que, por su rechazo de toda institucionalizacin, desemboca rpidamente en una situacin de la cual solamente una nueva institucionalizacin puede surgir. El mito de la accin directa de la caridad que se esconde detrs de la mitificacin trascendental piadosa de los sujetos buenos, produce una destruccin mayor porque puede encubrir, a muy largo plazo, el rechazo de la justicia como principio de estructuracin del sistema institucional mismo. Con esto, destruye precisamente aquella subjetividad en cuyo nombre se autoproclama. En su forma ms radical, incluso recuerda conscientemente la analoga con la accin directa del anarquismo: se llama entonces anarco-capitalismo.

Pero la satisfaccin de las necesidades bsicas poder contar a partir del propio trabajo con alimentacin, techo, salud, educacin, etc. no equivale a la satisfaccin de todas las necesidades. Ningn sistema institucional satisface jams el conjunto de todas las necesidades. A la satisfaccin de stas se llega por la relacin subjetiva entre sujetos que comparten lo que haya, sin excluir potencialmente a nadie. Ahora bien, para que esta satisfaccin de las necesidades pueda progresar, la satisfaccin de las necesidades bsicas es condicin objetiva, pero no es ms que eso. Por lo tanto, aparece una tensin entre el nivel de satisfaccin de las necesidades bsicas institucionalmente organizado, y la satisfaccin de las necesidades que, muchas veces, rompe institucionalizaciones y comparte la vida en el reconocimiento subjetivo. A partir de esta tensin se reproduce constantemente la imaginacin trascendental, y a la luz de ella es desarrollada la satisfaccin de las necesidades que tiene que recurrir a reformulaciones de la satisfaccin de las necesidades bsicas como mediacin institucional necesaria de su realizacin. Por esta razn la satisfaccin de las necesidades bsicas no es algo esttico, sino que se desarrolla con el proceso histrico mismo. Sin embargo, la dinmica de este proceso proviene de la imaginacin trascendental como idealizacin de la satisfaccin subjetiva de las necesidades, que plantea por la mediatizacin institucional, el cambio de las mismas instituciones.

De este mismo mbito nacen tambin los valores. Lograr conformar el sistema institucional segn las necesidades bsicas es condicin de la liberacin, no su cumplimiento. La libertad es mucho ms que eso pero en sus muchas dimensiones nace tambin de la contrastacin con la imaginacin trascendental. En la relacin subjetiva no slo se comparten objetos sino que se da tambin un reconocimiento. A partir de este reconocimiento surgen las emancipaciones y la imposibilidad de tolerar las opresiones, discriminaciones y explotaciones. Todas las emancipaciones surgen a partir del reconocimiento vivido entre sujetos, reconocimiento que va ms all de cualquier frontera discriminatoria erigida entre ellos, en cuanto es pensado hacia el lmite de la imaginacin trascendental. El sujeto, al compartir con otros y reconocerse mutuamente, rompe las fronteras y los lmites hacia la universalidad de todos los hombres. Ninguna discriminacin ni racial, ni de sexo ni de naciones, resiste a tal horizonte de liberacin.

Ahora bien, aunque ninguna de estas emancipaciones tendra factibilidad si no es en el marco de una institucionalidad orientada hacia la satisfaccin de las necesidades bsicas, en cuanto se hacen conscientes y las discriminaciones correspondientes insoportables, no pueden realizarse tampoco sin que la propia institucionalidad sea transformada en su apoyo. La mediatizacin institucional es siempre necesaria para que el sujeto, en sus relaciones subjetivas, pueda vivir libremente. Que la satisfaccin de las necesidades bsicas sea el centro de la institucionalidad, es solamente el comienzo. Ms all de esta satisfaccin, todas las emancipaciones humanas deben encontrar en el sistema institucional en desarrollo su contrapartida objetivada, pues si bien las emancipaciones aparecen como necesidad a partir de las relaciones entre sujetos que se reconocen, necesitan de una respuesta institucional para afirmarse y generalizarse.

Por tanto, no se trata nicamente de una institucionalidad que responda econmicamente a la satisfaccin de las necesidades bsicas. Se trata de una conformacin del sistema poltico que corresponda a los derechos bsicos que tienen que respaldar, institucionalmente, las emancipaciones que surgen a partir del desarrollo de las relaciones entre los sujetos que se reconocen. Sin embargo, la satisfaccin de las necesidades bsicas es ltima instancia en el sentido de que ningn derecho poltico es sostenible sin inscribirse en este marco material.

Habiendo llegado a este punto del anlisis, podemos sustentar ahora la tesis de que toda dinmica de la historia humana nace de la satisfaccin de las necesidades. pensada en referencia a la imaginacin trascendental de su plena satisfaccin. Pero la satisfaccin de las necesidades es slo una expresin para la relacin de reconocimiento entre sujetos que comparten lo que haya. De los sujetos que se reconocen mutuamente y llevan este reconocimiento hasta el nivel de la imaginacin trascendental, surge la dinmica de la historia. En cambio, del hecho de que esta relacin entre los sujetos no puede prescindir de la mediatizacin institucional, surge la dominacin.

Sin pretender abarcar el conjunto de las razones de la dominacin, tenemos que mencionar una que est vinculada con nuestros anlisis anteriores y que tiene una raz inevitable. Se trata de la funcin de la coordinacin de la divisin social del trabajo en los trminos de las relaciones mercantiles y de la planificacin, y cuya institucionalizacin se vincula con la imposibilidad de un conocimiento perfecto. Esta coordinacin contiene siempre un elemento de dominacin, a la vez que es la instancia de la organizacin de todo el proceso de produccin y, por tanto, de la organizacin de la eficacia formal y tcnica del proceso productivo. Del tipo de mediacin de esta dominacin con la satisfaccin de las necesidades, depende el grado y tipo de explotacin y opresin que esta dominacin genere. Al ser toda la sociedad, incluyendo la divisin social del trabajo, el mbito de la libertad humana, la realizacin de esta libertad y la consiguiente subordinacin del proceso de produccin a la satisfaccin de las necesidades bsicas de todos, genera una constante tensin con la dominacin que desemboca en situaciones de luchas de clases de varios tipos.

Desde el punto de vista de la satisfaccin de las necesidades, se trata de una reestructuracin de la dominacin tal que, efectivamente, sea posible minimizar la explotacin y opresin resultantes de la dominacin a partir de la satisfaccin de las necesidades bsicas. Efectivamente, en sentido estricto no se puede plantear con realismo la abolicin de la dominacin, sino tan slo su transformacin en el sentido de que la vida de todos sea lo mas digna y humana posible. Ms que del control consciente de la ley del valor, se trata del control consciente de todo el proceso de institucionalizacin y, en este sentido, del control democrtico de la dominacin. La abolicin de la dominacin en sentido estricto es la ilusin trascendental de progresos infinitos, o es la mitificacin trascendental de acciones directas. Estos son los dos ngeles que impiden el ingreso al paraso definitivo, y que lo impiden con espada.

Ocurre una inversin en el interior mismo de la sociedad humana. Por un lado, solamente a partir de la vida que se revela en el reconocimiento de los sujetos en comunidad, se percibe que esta vida tiene sentido y que en la imaginacin trascendental tiene el sentido de una vida plena. Por otro lado, solamente en medio de la inevitabilidad de la mediacin institucional, que es dominacin, y como tal, administracin de la muerte, esta misma vida puede ser afirmada. Por consiguiente, la muerte no es slo parte de la vida, sino que, en cierto sentido, es tambin su soporte. Es decir, se trata de una vida que se vive por la inversin de ella misma y que se sustenta pasando por su contrario. Se trata del mundo invertido en un sentido que ya fuera enfocado por Hegel al hablar de verkehrte Welt.

Esto nos permite una ltima reflexin sobre el mtodo seguido. Al iniciar nuestra discusin de la metodologa de Popper, insistimos en el hecho de que a partir de las ciencias empricas aparecen dos tipos de mundos imposibles, uno de los cuales es rechazable a priori. Se trata, por un lado, de los mundos imposibles por ser lgicamente contradictorios, los que se rechazan a priori y, por tanto deductivamente, por su imposibilidad. Por consiguiente, la crtica de esta imposibilidad es exclusivamente negativa y no contiene ninguna superacin. Por el otro lado, se trata de los mundos imposibles a partir del descubrimiento de los respectivos principios de imposibilidad humana, y de los cuales dijimos que siendo imposibles, no son lgicamente contradictorios. Su imposibilidad es inductiva y, en consecuencia, lgicamente a posteriori, aunque subyace a priori a toda actividad tecnolgica humana.

A este conjunto de mundos imposibles lo llamamos conjunto de mundos imaginariamente posibles. En las ciencias empricas aparecen por negacin de los principios de imposibilidad humana y positivamente, por los supuestos tericos implcitos de los conceptos trascendentales de estas mismas ciencias empricas. En el conjunto de mundos de posibilidad imaginaria existen, por tanto, el perpetuum mobile, hombres omniscientes, una productividad ilimitada del trabajo humano, un tiempo no sucesivo y un espacio no discreto. La crtica de estos mundos no puede ser puramente por negacin, porque su imaginacin forma parte metodolgica de la propia ciencia emprica. Como contrapartida a estos mundos de posibilidad imaginaria encontramos los mundos de la imaginacin trascendental que resultan de un proceso de idealizacin progresiva infinita a partir de la experiencia subjetiva de la relacin libre entre sujetos que se reconocen mutuamente.

Nuestro anlisis ha mostrado que los mundos de posibilidad imaginaria y los de imaginacin trascendental coinciden en el sentido de que los conceptos trascendentales de las ciencias empricas contienen una contradiccin dialctica, cuya eliminacin los transforma en la imaginacin trascendental. Luego, la ciencia emprica, mediante sus principios de imposibilidad humana y sus conceptos trascendentales, desemboca, siguiendo exigencias de consistencia, en la imaginacin trascendental por intermedio de la posibilidad imaginaria.

Ahora bien, tomando en cuenta el paso de la posibilidad imaginaria a la imaginacin trascendental por la eliminacin de la contradiccin dialctica de los conceptos trascendentales de las ciencias empricas, el punto de partida de las ciencias empricas resulta aparente. El verdadero punto de partida lo constituye la imaginacin trascendental, y el acercamiento a la realidad va posibilidad imaginaria y su transformacin en ciencia emprica, es la consecuencia. Efectivamente, la realidad es la que est en el origen de la ciencia emprica; no la empira. Dentro de esta realidad aparece la imaginacin trascendental que va penetrando por transformaciones todo lo otro, hasta llegar a una ciencia emprica que transforma la realidad en empira y que correspondientemente, la restringe. As pues, la imaginacin trascendental es la trascendentalidad originaria; las otras trascendentalidades se derivan de ella.

Sin embargo, es este hecho de que la imaginacin trascendental est implicada en las propias ciencias empricas y su mtodo, el que recin nos permite afirmar definitivamente que ella no puede ser lgicamente contradictoria. Si lo fuera, las ciencias empricas tendran que serlo tambin; y, a la inversa, si las ciencias empricas no lo son, la imaginacin trascendental tampoco puede serlo.

La importancia de esta reflexin reside en el hecho de que el mundo imaginario por la imaginacin trascendental no se puede describir sino en trminos universales. Dado que todo lenguaje descansa sobre trminos universales y no nos podemos comunicar sin lenguaje, la imaginacin trascendental solamente la podemos efectuar en forma apelativa, esto es, una forma de lenguaje que es ms propia del lenguaje potico y mtico. Si el mundo as descrito fuera lgicamente contradictorio, sera a priori descartable. Por lo tanto, hace falta una reflexin propia para mostrar que no es lgicamente contradictorio, aunque no sea posible describirlo en los trminos conceptuales en referencia a los cuales es desarrollada la lgica formal. En el grado en que la ciencia emprica es lgicamente consistente, lo es tambin la imaginacin trascendental. Evitamos as tener que discutir el problema de hasta qu punto el propio concepto de consistencia lgica es un concepto trascendental de la lgica, y no algo, que efectivamente en alguna teora emprica est dado.

6. El espacio teolgico de la reflexin metodolgica

A partir de nuestra reflexin metodolgica, aparece un posible espacio teolgico en cuanto tenemos que aceptar, tericamente, un espacio intermedio entre lo humanamente posible y lo lgicamente contradictorio. Ese es nuestro resultado. Los principios de imposibilidad de las ciencias empricas describen imposibilidades para la accin humana, y lo que afirman como imposible, no es lgicamente contradictorio. Detectamos de esta manera un conjunto de mundos pensables que se intercala entre lo humanamente posible y lo lgicamente contradictorio.

Este conjunto de mundos pensables pero humanamente imposibles, se nos desdoblaba en dos: a partir de los principios de imposibilidad el mundo de lo posible imaginario que es humanamente imposible y a partir del reconocimiento intersubjetivo dentro de un conjunto material y sensual, fluidamente compartido, la imaginacin trascendental. En el marco de este desdoblamiento aparecan ilusiones humanas, que pese a esta imposibilidad, sostienen la posibilidad humana de ocupar este espacio de lo imposible. Segn el desdoblamiento indicado, aparece la ilusin trascendental que pretende poder realizar lo posible imaginario por progresos infinitos, o la mitificacin trascendental que pretende poder realizar el objeto de la imaginacin trascendental por la accin directa. En ambos casos se trata de formas ilusorias de ocupar lo imposible en nombre de posibilidades humanas, las cuales desembocan siempre en destructividad frente a la vida humana al imposibilitar una sociedad humanamente sostenible.

Dentro de este anlisis habra que buscar el lugar teolgico correspondiente. No pretendemos que las ciencias empricas tengan o puedan tener una teologa. Ciertamente, no la tienen. Sin embargo, pueden tener lugares de reflexin en los cuales se puede ubicar racional y responsablemente una reflexin teolgica. Podemos acercarnos al problema a partir de una afirmacin muy comn entre los cientficos empricos, que sostiene que existe algo as como un atesmo metodolgico de las ciencias empricas. Segn esto, las ciencias empricas hacen abstraccin de cualquier referencia a una accin extrahumana o extramundana para la explicacin de los fenmenos empricos. Ninguna explicacin es aceptable a no ser que recurra a causas inmanentes del propio mundo emprico. Sin negar el fondo de tal postulado metodolgico, es dudosa la expresin con la cual se introduce. Al afirmar un atesmo metodolgico se hace una pura afirmacin negativa que excluye tipos inaceptables de explicacin. Bajo este escudo negativo se introduce una afirmacin positiva por pura contradiccin: buscar las causas netamente inmanentes.

Ahora bien, en trminos de esta generalidad las ciencias empricas no hacen eso. Preguntan ms bien cuales son las leyes de la naturaleza, si vemos la naturaleza bajo el punto de vista de las posibilidades humanas. Lo que resulta imposible desde el punto de vista de la accin humana metdica, lo consideramos como leyes de la naturaleza. La polarizacin no es entre causas extramundanas y causales inmanentes sino entre accin extramundana y accin humana. La ciencia emprica investiga tericamente los alcances posibles de la accin humana, y determina, a partir de estos alcances, las causas de la accin humana posible. Si se quiere seguir hablando en trminos negativos de un atesmo metodolgico de las ciencias empricas, habra que hablar entonces en trminos positivos del antropocentrismo de estas ciencias. En la otra formulacin se identifica sin ms una ciencia de las posibilidades de la accin humana con un conocimiento de la naturaleza como tal, como cosa en s.

Pero de esta forma la ciencia emprica asume aspiraciones metafsicas ilcitas. Pretende hablar de la naturaleza, cuando slo habla de las posibilidades de la accin humana frente a sta. Por eso no llega a leyes de la naturaleza, sino a leyes de validez objetiva de la accin del hombre en relacin a esa naturaleza. Que tal antropocentrismo de las ciencias empricas sea un atesmo metodolgico puede ser, o una manera de hablar o un a priori metafsico que no cabe en las ciencias empricas. En el primer caso no tiene importancia, aunque sea inconveniente por posibles malentendidos; en el segundo caso, no es lcito desde el punto de vista de la metodologa.

Dado este antropocentrismo de las ciencias empricas, aparece un posible lugar teolgico a partir de las imposibilidades humanas que no sean lgicamente contradictorias, es decir, a partir de los principios de imposibilidad que son de imposibilidad de la accin humana. Este espacio teolgico aparece a partir de un juicio ontolgico que no va en contra de las ciencias empricas, si bien tampoco se sigue de ellas. Es este juicio constitutivo del espacio teolgico el que afirma que es realmente posible para una accin humana lo que desde el punto de vista de los principios de imposibilidad no lo es. Una prueba ontolgica de Dios dira: dado el hecho de que es necesario pensar este imposible, y que sin pensarlo, no se puede conocer lo posible, este imposible tiene que ser posible. Pero como no lo es a partir de la accin humana, debe haber un Dios para el cual es posible. Como ya dijimos varias veces, la prueba ontolgica lo es slo para creyentes y, por tanto, no le vamos a adjudicar el carcter de prueba sino simplemente el de un juicio constitutivo que aparece en respuesta a problemas del sentido de la vida humana.

Sin embargo, las ocupaciones del espacio teolgico no son necesariamente explcitamente teolgicas y se mezclan con ocupaciones humanas ilusorias. Prescindimos aqu de posiciones humanas que seran inmunes a cualquier ocupacin de este espacio por un desinters profundo, aunque parece que las hay menos de lo que se cree.

Ms importante es la ocupacin del espacio teolgico por ilusiones humanas del tipo de la ilusin trascendental o de la mitificacin trascendental. El atesmo moderno se desarrolla ms bien sobre la base de tales ilusiones, y no como el resultado de un desinters humano en la posibilidad de lo humanamente imposible. Aqu radican el atesmo marxista y el atesmo metafsico de las ciencias empricas camuflado como atesmo metodolgico; tambin el atesmo que vimos en Albert y, en general, el atesmo burgus que aparece con la revolucin francesa. Todos estos atesmos se sostienen o en la ilusin trascendental o en la mitificacin trascendental. Pero estas ilusiones no son necesariamente explcitamente ateas; muchas veces usan la religin y la teologa como decoracin trascendente de las ilusiones que estn en su raz. La teologa decorativa puede tener muchas formas. Ya hemos visto aquella de Albert que identifica lo religioso con lo tico-prctico, siendo lo tico-prctico una motivacin de progresos infinitos de mala infinitud que se refuerza con motivaciones religiosas y trascendentes. En general, tambin las teologas pantestas tienden a tener tal funcin decorativa de ilusiones.

La ocupacin teolgica del espacio teolgico ocurre, con toda nitidez, recin cuando se ha pasado por la crtica de las ilusiones, sea del tipo de la ilusin trascendental o de la mitificacin trascendental. Aparece entonces pura y simplemente la imposibilidad humana de realizar lo humanamente imposible, y, limitndonos aqu al anlisis de la tradicin cristiana, a partir del juicio constitutivo del espacio teolgico aparece Dios como aquel para el cual es posible realizar eso que es humanamente imposible. Efectivamente, en la teologa actual se ha operado una ruptura con un cristianismo decorativo y motivante de ilusiones trascendentales. A pesar de ello, tambin es cierto que, sobre todo en los pases capitalistas del centro, este tipo de cristianismo bizantino sigue siendo el dominante, tiene a su disposicin gigantescos medios de propaganda, apoyo del gran capital y de los gobiernos, y todos siguen a la mitificacin de los progresos infinitos de mala infinitud y sus ilusiones trascendentales correspondientes. Siguen al In god we trust, a condicin de que se trate de aquel que est impreso en el dlar.

Sin embargo, detrs de este impresionante poder de un cristianismo que glorifica el poder, aparece una ruptura teolgica que rompe con la degradacin de la religin como una simple decoracin y motivacin de ilusiones trascendentales. En parte es una ruptura ms bien de la teologa acadmica, pero especialmente en el Tercer Mundo, y en su forma cristiana, particularmente en Amrica Latina como aquel continente del Tercer Mundo que tiene ms tradiciones cristianas, la ruptura aparece a partir de movimientos populares de liberacin que se expresan en el mbito de las Iglesias cristianas y son acompaados por pensamientos teolgicos de ruptura con el cristianismo decorativo del poder burgus. Esta teologa aparece como teologa de la liberacin.

Las rupturas de la teologa acadmica en los pases del centro y de la teologa de la liberacin en el Tercer Mundo, tienen muchos elementos en comn, pero tambin algunas diferencias fundamentales. Dado que esta ruptura aparece en trminos de las imposibilidades humanas, las diferencias indicadas las podemos analizar a partir del desdoblamiento de estas imposibilidades en la posibilidad imaginaria y la imaginacin trascendental. Suponemos que en relacin a ambos la crtica de las ilusiones se ha llevado de una manera tal que se excluye tanto la ilusin trascendental como la mitificacin trascendental, es decir, los progresos infinitos y la accin directa como camino para hacer posible tales imposibilidades.

Aparece entonces una reflexin teolgica a partir de la posibilidad imaginaria en tanto espacio de la imposibilidad humana. Como ya vimos anteriormente en la discusin acerca de las posiciones teolgicas de Albert, una teologa correspondiente, si se hace en trminos cristianos, puede afirmar su posibilidad solamente en cuanto afirma a Dios como aquel que algn da transformar esta tierra en otra que ser una tierra sin muerte, y que puede serlo porque las posibilidades imaginarias se han hecho reales por la accin de Dios. En trminos sintticos se expresa a este Dios como aquel que resucita a los hombres de entre los muertos. Para poder hacerlo tiene que ser todopoderoso y por tanto, el creador del mundo, y para hacerlo efectivamente tiene que ser el Dios del amor que por su amor a los hombres al fin los salva. Se trata, por un lado, de una teologa objetiva en la cual Dios aparece como sujeto actuante y, por el otro, de una teologa que sustituye la ilusin trascendental como racionalizacin de las posibilidades humanas ms all de lo posible, por una racionalizacin de Dios que puede hacer aquello a lo que la ilusin trascendental solamente puede aspirar.

La teologa que aparece a partir de la imaginacin trascendental y su imposible respectivo, en cambio, no contradice a esta teologa objetiva pero la modifica radicalmente. En esta teologa Dios no es, en primera instancia, un sujeto actuante. Sujetos actuantes son los hombres, y sujetos actuantes empricamente dados son solamente los hombres. Esta teologa parte de la relacin entre sujetos humanos que se reconocen en medio de la comunin y comunidad de lo que tienen, a partir tanto del amor al prjimo, del trabajo y de la fiesta como de situaciones en las cuales tal reconocimiento se produce. En el grado en que tal reconocimiento se produce, Dios est presente en la relacin entre estos sujetos. As pues, Dios no es primordialmente una construccin objetiva a la cual uno se acerca con la pregunta: existe Dios? sino que es alguien que est presente en cuanto los sujetos se tratan como sujetos. Es decir, la presencia de Dios se acta; la relacin primordial no es entre un hombre-sujeto y un Dios-sujeto, sino entre hombres-sujetos que al tratarse como tales obran la presencia de Dios. Si en la parbola del samaritano el pobre que cay entre los ladrones y el samaritano mismo son ateos, en su reconocimiento obran la presencia de Dios. Aunque tengan toda las ilusiones trascendentales del mundo juntas, en su reconocimiento como sujetos obran la presencia de Dios. Por supuesto existen problemas de tomar conciencia de eso, pero el hecho fundamental de la presencia de Dios se ha producido.

Si bien en este reconocimiento hay, por tanto, liberacin junto con la presencia de Dios, para tal teologa la transformacin de la sociedad es consecuencia necesaria de esta liberacin, y debe ser tal que la nueva sociedad sea un apoyo estructural a esta liberacin. De ah su insistencia en la satisfaccin de las necesidades bsicas y su tendencia socialista en el grado en que esta transformacin socialista, con su posibilidad de una planificacin global del proceso productivo, permite tal satisfaccin de las necesidades bsicas y, consecuentemente, puede ser apoyo objetivo a la liberacin y la presencia de Dios en las relaciones subjetivas.

Esta es la razn por la cual la teologa de la liberacin insiste tanto en no distinguirse de la teologa objetiva tal cual, sino en cuanto al mtodo empleado. Insiste ms bien en ser una forma diferente de hacer teologa; teologa desde los pobres, teologa desde la predileccin de los pobres, teologa desde una praxeologa. Pero en cuanto esta liberacin para universalizarse aspira a la transformacin social, es tambin evidentemente, teologa poltica.

Sin embargo, aunque la presencia de Dios es una obra que resulta del reconocimiento entre sujetos, por analoga hay que hablar necesariamente del Dios-sujeto. Aunque l sea el sujeto en el interior del cual sujetos humanos se reconocen, no se puede hablar sobre este Dios sino en trminos que lo presenta como sujeto. El mbito del reconocimiento entre sujetos es entonces el reino de Dios en la historia donde se obra la presencia de Dios, que no se puede concebir sino como el Dios-sujeto (7).

Por esta razn aparece un puente con la teologa objetiva, puesto que tambin la imaginacin trascendental a partir de sujetos que se reconocen en su aspiracin universal es una imposibilidad humana. La esperanza va a considerar al Dios-sujeto como aquel que en contra de las posibilidades humanas la llevar a su plenitud.

Sin embargo, esta plenitud implica todos los elementos de la teologa objetiva, en especial, que Dios sea aquel que resucitar a los hombres de entre los muertos. Por eso no hay una contradiccin radical pero s una profunda diferencia en el punto de partida de la reflexin. La teologa objetiva reflexiona a partir de un Dios por encima de los hombres que por su amor se dirige a estos. La teologa de la liberacin, en cambio, es subjetiva y reflexiona a partir de un amor entre sujetos humanos, que es amor de Dios. El amor de Dios no viene de afuera; se hace efectivo en cuanto hay amor entre los hombres. Por eso, desde este punto de vista, es exactamente lo mismo decir que el reino de Dios es obra de Dios o es obra de los hombres, aunque el Dios-sujeto sea considerado como aquel que lo puede realizar en su plenitud. Lo puede, porque los hombres se humanizan a travs del amor.

Esto nos permite una ltima reflexin metodolgica generalizada. Del antropocentrismo de las ciencias empricas se sigue una regla metodolgica, que podemos resumir segn Feuerbach: El hombre crea a Dios segn su imagen. Todo nuestro anlisis anterior sigui esta regla. Al hablar teolgicamente el hombre crea un espacio teolgico y lo llena pensando a Dios a partir de las imposibilidades humanas, y por tanto en conceptos de posibilidades humanas, aunque llevados a sus lmites trascendentales.

Si en vez de partir del antropocentrismo de las ciencias empricas se parte de un postulado de atesmo metodolgico de las ciencias, interpretando este atesmo en trminos metafsicos, la tesis de Feuerbach, implica tambin una tesis metafsica segn la cual Dios es una ilusin del hombre. En efecto, Feuerbach la entenda en este ltimo sentido.

Sin embargo, el partir del antropocentrismo de las ciencias empricas, es una regla metodolgica a la que sigue necesariamente cualquier ciencia de la religin, en cuanto toma el fenmeno religioso como su objeto emprico. Por eso una ciencia emprica de la religin no es teologa. Sin embargo, tambin cualquier teologa que sostiene a Dios como una verdad, parte de la regla metodolgica de que el hombre cre a Dios segn su imagen.

Sin embargo, el punto de vista teolgico tiene que ampliar esta afirmacin. Esta ampliacin la podemos enfocar primero por una ampliacin de la expresin de Feuerbach en un sentido, en el cual coincide con lo que l quiere decir. Entonces diramos: El hombre crea a Dios segn la imagen que el hombre se hace de s mismo. De la idea que el hombre se hace de Dios, se puede derivar la idea que el hombre se hace de s mismo. De eso se deriva la teora de la alienacin de Feuerbach, que presupone una interpretacin metafsica del atesmo metodolgico de las ciencias empricas. Por tanto Feuerbach podra decir: En cuanto el hombre se hace una imagen verdadera de s mismo, deja de crear un Dios segn esta su imagen. Por tanto, el hecho de que el hombre se crea un Dios, atestigua que el hombre todava no se conoce a s mismo. El hombre, entonces, se realiza a s mismo, y Dios est de ms. Evidentemente, all otro supuesto es la afirmacin de la ilusin trascendental en la que el hombre es dueo de todas sus posibilidades imaginarias, lo cual desemboca en la afirmacin de progresos infinitos de mala infinitud.

Superada esta ilusin trascendental, el hombre sigue creando a un Dios tambin en el caso en el cual se conoce a s mismo. En cuanto el hombre se enfrenta a la posibilidad imaginaria y a la imaginacin trascendental, estas imposibilidades no desaparecen por el hecho de que el hombre se reconozca a s mismo y acte correspondientemente. Entonces el hombre que se conoce a s mismo y que sabe lo que es, sigue creando un Dios que ahora refleja adecuadamente lo que el hombre es. Sin pasar todava a la verdad teolgica, podemos distinguir entonces inclusive en los trminos de Feuerbach entre Dioses falsos y Dioses verdaderos: en cuanto el hombre no se conoce a s mismo crea un Dios que refleja una falsificacin del hombre, y si se conoce a s mismo, crea un Dios que refleja el hombre en lo que realmente es. Lo que sigue es que si el hombre nunca llega a conocerse a s mismo adecuadamente, tampoco producir nunca una imagen de Dios que refleje adecuadamente al hombre lo que es. La creacin de Dioses es ahora una creacin de imgenes de Dios, en la cual la bsqueda humana para llegar a saber y ser lo que el hombre es, es a la vez la bsqueda de una imagen de Dios que refleje adecuadamente al hombre en lo que efectivamente es, aunque la bsqueda no llega a un fin determinado.

Hasta este punto seguimos dentro de la regla metodolgica segn la cual el hombre crea a Dios segn la imagen que el hombre tiene de s mismo. Evidentemente, cuando el punto de vista teolgico introduce una afirmacin de verdad, tiene que pasar ms all de esta regla metodolgica, sin abolirla.

En la visin teolgica aparece ahora Dios que crea al hombre segn su imagen de una manera tal, que el hombre, sin conocimiento directo de Dios, busca a Dios crendose imgenes de l segn su propia imagen. Pero, creado segn la imagen de Dios, la bsqueda de Dios por la creacin humana de imgenes de Dios, tiene que tender a la imagen del Dios verdadero en el grado en el cual el hombre logra una imagen y realizacin de esta imagen de s misma, que corresponde con lo que el hombre es. En esta visin, el hombre que se afirma a s mismo afirma la imagen de Dios. Hacindose una imagen de Dios se hace una imagen de s mismo, que coincide con la imagen de Dios, que el hombre es y que es el Dios verdadero. De esta manera, el desarrollo de la crtica de la religin de Feuerbach desemboca ms bien en la teologa subjetiva de la teologa de liberacin.

Por supuesto, se trata de un resultado cuya validez depende completamente de lo que llamamos el juicio constituyente del espacio teolgico, segn el cual lo humanamente imposible, a pesar de todo, es posible. Se trata de un juicio ontolgico no justificable a partir de las ciencias empricas, pero que sin duda se encuentra en una relacin de coherencia y complementariedad con ellas.

NOTAS

1 Popper, K., La lgica..., op. cit., pg. 397.

2 Idem.

3 Mir Quesada, Francisco, Conocimiento cientfico, dialctica e ideologa en Guillermo Hoyos (ed.). Epistemologa y poltica. Bogot, 1980, pg. 95.

4 Idem.

5 Hayek, F. A., La pretensin..., op. cit., pg. 17.

6 Lechner, Norbert, El consenso como estrategia y como utopa. Documento de Trabajo, Nmero 189, Septiembre, 1983, FLACSO. Santiago, Chile.

7 Gutirrez, Gustavo, Teologa de la Liberacin. Salamanca, 1972.

Assmann, Hugo, Teologa desde la praxis de Liberacin. Salamanca, 1973.

Richard, Pablo, La Iglesia Lafinoamericana.

Tamez, Elsa, La Biblia de los oprimidos. San Jos, 1979.

Juan Luis Segundo, El hombre de hoy ante Jess de Nazaret. Madrid, 1982.

Vidales, Ral, Desde la tradicin de los pobres. Mxico D. F., 1978.

de Santa Ana, Julio, El desafio de los pobres a la Iglesia. San Jos, 1977.

Dussel, Enrique, Mtodo para una filosofa de la liberacin. Salamanca, 1974.



[1] C. F. Hegel, Filosofa del Derecho, prrafo 258.

[2] Sin embargo, la maquinaria no acta solamente como competidor invencible e implacable, siempre al acecho para dejar sobrante al obrero. Como potencia hostil al obrero, la maquinaria es proclamada y manejada de un modo tendencioso y ruidoso por el capital. Las mquinas se convierten en el ms poderoso medio de guerra para derrotar las sublevaciones obreras peridicas, las huelgas y dems movimientos desatados contra la autocracia del capital. Segn Gaskell, la mquina de vapor fue desde el primer da un antagonista de la fuerza humana que permiti a los capitalistas despedazar las exigencias crecientes de los obreros, las cuales amenazaban con empujar a la crisis al incipiente sistema fabril. K. Marx, El capital I, 361. Ver tambin Hinkelammert, Franz J.: Las Armas Ideolgicas de la Muerte. DEI, San Jos, 1981. Segunda Edicin revisada y ampliada con introduccin de Pablo Richard y Ral Vidales. Parte I: Fetiche que matan. P.7-162

La conclusin de Marx es:

"Por tanto, la produccin capitalista slo sabe desarrollar la tcnica y la combinacin del proceso social de produccin socavando al mismo tiempo las dos fuentes originales de toda riqueza: la tierra y el trabajador". Marx, El Capital, FCE, Mxico, p. 423/424

[3] Dice sobre la sociedad, que sostiene, que no hay alternativa para ella:

"Los participantes de la discusin actual... deben recordar, digo yo, todo lo que se ha podido justificar por frases hechas y, por tanto, todo lo que tambin se podr justificar y santificar en el futuro - por medio de frases hechas generales referentes al realismo poltico y a la nica alternativa, a la cual, supuestamente, est condenado el mundo."

Kolakowski, Leslek: Der Mensch ohne Alternative. (El hombre sin alternativa) Piper. Mnchen, 1960. S.85 nota.

[4] Max Weber, Economa y sociedad. Mxico, FCE, 1944, pg. 79.

[5] Ibid., pgs. 741-742.

[6] En el siguiente texto el mismo Weber usa en trminos bastante claros el argumento del materialismo histrico para explicar el ocaso del imperio romana:

"La paz significaba el gradual agotamiento de la oferta de esclavos: para un desgaste humano, como las plantaciones deberan realizar segn el ideal de Varros, y como las minas lo requeran, la cra especulativa y el comercio pacifico de esclavos no eran suficientes. Al comienzo el precio de los esclavos subi rpidamente, porque faltaba abastecimiento del mercado - en el tiempo tardo del imperio al contrario este precio es sumamente bajo, porque por mientras las transformaciones de la organizacin econmica haban bajado grandemente la demanda." "Weber, Max: Wirtschaft und Gesellschaft im Rom der Kaiserzeit. Aus: Max Weber. Soziologie, weltgeschichtliche Analysen, Politik. Krner, Stuttgart,1956. S.51 (traduccin del autor)

Exactamente as ya haba argumentado Marx mucho antes de Weber, para explicar este ocaso de Roma. En ambos casos se usa el argumento de la imposibilidad de la reproduccin de la vida real, que en ltima instancia explica el socavamiento del imperio romano.

[7] Popper dedica su libro "La miseria del historicismo" a "los incontables hombres y mujeres de todos los credos, naciones o razas que cayeron victimas de la creencia fascista y comunista en las Leyes Inexorables del Destino Histrico." Popper, Karl: La miseria del historicismo. Alianza. Madrid, 1973. Dedicatoria.

Esta dedicatoria es reveladora. Es notable, que el fascismo nunca ha hablado de Leyes Inexorables del Destino Humano". El fascismo rompe intencionalmente con eso y es irracionalista. Se habla de estas Leyes Inexorables nicamente en la tradicin del racionalismo occidental. Efectivamente, al estalinismo se lo puede imputar, siendo un racionalismo.

Pero hay otro problema. Los que hoy hablan de tales Leyes Inexorables del Destino Humano, son precisamente los idelogos de la actual estrategia de acumulacin y de remodelacin de la sociedad humana entera, cuando hablan de la globalizacin y el pretendido fin de la historia. En Amrica Latina fueron las dictaduras de Seguridad Nacional, que eran verdaderos Estados totalitarios, que conformaron sociedades correspondientes a esta estrategia. Pero el filsofo de la corte de estas dictaduras - sobre todo en Brasil, Uruguay y Chile - era el mismo Sir Karl Popper. Eran totalitarismos de la sociedad abierta de Popper. Popper nunca se opuse a este uso de su pensamiento.

Hoy una dedicatoria de este tipo tendra que hablar de las pretendidas Leyes Inexorables de la globalizacin y del mercado total y referirse a sus tambin incontables vctimas.

[8] ver tambin p..e. Rufin, Jean-Christophe: L'Empire et les nouveau Barbares. Ed., J.C.Latts. Paris, 1991.

Justificndolo por fuerzas compulsivas de los hechos, Rufin llama a construir un nuevo limes para impedir el acceso a los brbaros, que sta vez vienen del sur y del este.

[9] Hinkelammert, Franz J.: Capitalismo sin Alternativas? Sobre la sociedad que sostiene que no hay alternativa para ella. Pasos, Nr.37 Set./oct. 1991. DEI. San Jos.

[10] "Este fenmeno: el que una orientacin por la situacin de intereses escuetos, tanto propios como ajenos, produzca efectos anlogos a los que se piensa obtener coactivamente muchas veces sin resultado por una ordenacin normativa, atrajo mucho la atencin, sobre todo en el dominio de la economa; es ms, fue precisamente una de las fuentes del nacimiento de la ciencia econmica." Weber, Max: "Conceptos sociolgicos fundamentales" 4, en Economa y sociedad, op. cit., pg. 24.

[11] ver Hinkelammert, Franz J.: El mapa del imperador. Determinismo, caos, sujeto. DEI. San Jos, 1996.

[12] ver Mat 5,14 y Ap 21,10. Reagan combina estas dos citas, para llegar a su expresin.

[13] Tambin en los documentos de la iglesia catlica, desde el siglo XIV en adelante aparece la idea de la iglesia como societas perfecta. Sin ella no se puede entender al dogma de la infalibilidad (Unfehlbarkeitsdogma) de 1870. Correspone a la razn moderna y no es simplemente un relicto del pasado. Los papas Leo XIII., Pius X y Pius XI de manera explicita han llamado a la iglesia una societas perfecta.

[14] Vease la tica del discurso de Apel en Apel, Karl-Otto, Dussel, Henrique, Fornet Betancourt, Ral: Fundamentacin de la tica y filosofa de la liberacin. Siglo XXI. Mxico, 1992.

[15] Como lo dice Hans Albert: "Pero el sueo de la abolicin del poder estatal hoy ya no funciona exclusivamente como una parte de la visin socialista del futuro. Por otra parte apareci por el lado derecho del espectro poltico una conceptualizacin radical capitalista, que sostiene a este respecto conceptos similares. Esta unin de anarquismo y capitalismo es ms plausible que el anarquismo romntico de observancia socialista, porque en ella se hacen claros los mecanismos de conduccin, que canalizarn el que hacer social en la sociedad libre del Estado. El monopolio de la aplicacin legtima de la fuerza segn esta opinin debe ser superado, aplicando a la sociedad entera los mecanismos de conduccin del mercado, con el resultado de que las funciones hasta ahora centales del Estado -especialmente: la proteccin del ciudadano contra la fuerza en cualquier forma- sean entregadas a organizaciones privadas y organizadas segn reglas mercantiles.

...evidentemente se puede hacer plausible que por la privatizacin de las hasta ahora funciones del estado una meta tal (la anarqua) es por lo menos alcanzable en principio". (El subrayado y traduccin nuestros). Albert, Hans, Traktat ber rationale Praxis, p. 87/88 (subrayos de nosotros).

En nombre de leyes de las ciencias empricas, la haluzinacin del anarco-capitalismo la machinery of liberty de David Friedman - llega a ser el supuesto realismo. El utopismo de Albert, como se lo muestra aqui, est fundado en el mismo anlisis de las ciencias empricas. Pasa por encima de toda conditio humana. Pero no se puede criticarlo dentro del marco de estas ciencias empricas. Por lo demas, el Traktat ber rationale Praxis de Albert puede ser vlido como ejemplo modelo de un utopismo no-crtico en nombre de las cienicas empricas.

[16] En cambio, la modernidad occidental siempre persigue algunos culpables, en los cuales antes ha projectado sus propios problemas. Ella misma, se ve siempre inocente por las catstrofes producidas por ella. Para ella, otros son responsables, los cuales, naturalmente, luego tienen que ser perseguidos. Para Solschenyzin, "Asia", que se intrometi furtivamente en la moderna Russia, tiene la culpa del stalinismo. Para Popper, el atavismo de una aoranza de la vuelta a la tribu, tiene la culpa de las catstrofes de la modernidad. En un libro de Micha Brumlik, recientemente pblicado, la gnosis. Sin embargo, las catstrofes producidas por el occidente de la esclavitud y el colonialismo al stalisnimo, nacismo y la poltica actual del mercado total - tienen que ser explicados a partir de la modernidad occidental misma. No se puede atribuirlas a influencias externas cualesquieras, de la manera de una histoire fatal. Tambin el dualismo maniqueo, que pasa por toda modernidad y seguramente tuvo su expresin ms catastrofal en el nacismo, no es una consecuenica necesaria del pensamiento de Mani. La modernidad misma, una y otra vez produce y reproduce tal dualismo. De la misma manera, el antisemitismo descende ni de la gnosis ni del evangelio de Juan, como se afirma tantas veces. Es ms bien el suelo de cimiento, sobre el cual la sociedad occidental ha fundado su estabilidad. Si el antisemitismo para su legitimacin se basa en el evangelio de Juan o en la gnosis, abusa de ambas fuentes. Yo no veo ningn indicio del antisemitismo en el evangelio de San Juan, pero reconozco la posibilidad, de abusar de l para propaganda antisemitica, tergiversando su terminologa. Pero eso no es el problema de San Juan sino el problema de los que lo abusan. Para la interpretacin de ste captulo vease Hinkelammert, Franz J.: Grito del sujeto. DEI. San Jos, 1998, Hinkelammert, Franz J.: La fe de Abraham y el Edipo Occidental. DEI, San Jos, 1989, Hinkelammert, Franz J.: Sacrificios Humanos y Sociedad Occidental: Lucifer y la Bestia. DEI. San Jos, 1991.

[17] Precisamente un conservadurismo, como en la republica federal de Alemania de hoy lo representan Joachim Fest o Hermann Lbbe y en los aos setenta Gerd Klaus Kaltenbrunner, est en conflicto con la conditio humana. Gerd Klaus Kaltenbrunner (Ed.), Die Herausforderung der Konservativen, Absage an Illusionen. Herder, Mnchen 1974. Hermann Lbbe, Philosophie nach der Aufklrung, Dsseldorf 1989. Joachim Fest, Der zerstrerische Traum. Vom Ende des utopischen Zeitalters. Siedler, Berlin 1991. Joachim Fest, Die schwierige Freiheit. ber die offene Flanke der offenen Gesellschaft. Siedler, Berlin 1993

[18] Vease Franz J. Hinkelammert, El cautiverio de la utopa: las utopas conservadoras del capitalismo actual, el neoliberalismo y la dialctica de las alternativas. Pasos. Nr. 5. San Jos, Costa Rica. Noviembre, diciembre 1993, S. 1ff

[19] Weber, Max: La "objetividad" cognoscitiva de la ciencia social y de la poltica social. (1904) en Weber, Max: Ensayos sobre metodologa sociolgica. Amorrortu. Buenos Aires, 1958 p.80/81

El problema consiste precisamente en que una utopa como tal siempre es imposible. Por eso es cuestionable la pregunta por cun cerca o lejos de esta imagen ideal est la realidad. Habra que preguntar ms bien hasta qu punto se puede entender la realidad en referencia a un tipo ideal. Pero eso no es un problema de la mayor o menora distancia. Si el tipo ideal es una utopa, es imposible y por eso siempre es infinita su distancia con la realidad.

[20] Karl-Otto Apel, Ist die Ethik der idealen Kommunikationsgemeinschaft eine Utopie? Zum Verhltnis von Ethik Utopie und Utopiekritik. En: Wilhelm Vosskamp (Ed.), Utopieforschung. Interdisziplinre Studien zur neuzeitlichen Utopie. Suhrkamp, Frankrfurt 1985. Erster Band, S. 325ff. En relacin a la crtica a Apel, vease Franz J. Hinkelammert, tica do discurso e tica de responsabilidade: Uma tomada de posio crtica. En: Antnio Sidekum (ed.), tica do discurso e filosofia da libertao. Modelos complementares. Ed. Unisinos, So Leopoldo, RS, Brasil 1994

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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