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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-09-2005

De quin ser el siglo XXI?

Francisco Morote Costa
Rebelin


Suele afirmarse que el siglo XIX fue europeo, britnico sobre todo; que el XX fue americano, es decir, estadounidense, y quienes gustan de adjudicar los siglos a las grandes potencias de la historia se preguntan ya de quin ser el siglo XXI.

Las respuestas varan desde los que pretenden que sea un nuevo siglo americano ( consultar en cualquier buscador de internet, Proyecto para un Nuevo Siglo Americano, de los neoconservadores republicanos en el poder en Estados Unidos ), a los que, impresionados por el crecimiento econmico chino y hasta indio, pronostican que el siglo XXI ser asitico, o sea chino-indio o, simplemente, chino.

Lo inquietante de estas propuestas y conjeturas es que quienes las consideran imaginan un siglo XXI de naturaleza semejante a los pasados siglos XIX y XX. Es decir, estaremos, una vez ms, ante un orden poltico internacional en el que dos o ms grandes potencias, solas o en bloques poltico-militares, competirn entre s ( con todos los medios a su alcance? ) para lograr la hegemona e imponer a sus rivales y al mundo sus intereses y su modelo civilizatorio.

Que esa posibilidad exista, incluso que estemos inmersos ya en el proceso de transicin del orden unipolar estadounidense al orden multipolar internacional, no me parece imposible o inverosmil. Hay seales inequvocas de que el poder poltico-militar externo e interno americano ( Iraqnam? ) ha tocado techo. No tendra nada de extrao que se llegue a un orden mundial de seis, siete u ocho grandes potencias Estados Unidos, Unin Europea, Japn, pero tambin Rusia, China, India y, tal vez, Brasil y Repblica Surafricana -.

Sin embargo, an considerando positivo el paso del actual orden unipolar al futuro orden multipolar, no creo que se trate de una perspectiva que nos deba llenar de optimismo, ni que sea un esquema de orden internacional en s mismo tranquilizador.

En trabajos anteriores expuse mis dudas sobre lo improbable de nuevas guerras mundiales en el contexto del terror nuclear, aunque no exclu la posibilidad de nuevas guerras fras. Es ms, si el motivo central de las dos guerras mundiales fue la lucha por un nuevo reparto del mundo, esa posibilidad queda hoy descartada, como demuestra el fracaso de la recolonizacin de Iraq, o el hecho mismo de que del antiguo orden colonial y semicolonial emerjan, como potencias del futuro, pases como la India, China o Brasil. Los tiempos que vivimos no son propicios a la recolonizacin y hasta podra ser que un rea del mundo, Amrica Latina, que en su da pas del colonialismo al neocolonialismo, est viviendo actualmente el transito desde la descolonizacin a la desneocolonizacin ( considrense los casos de Venezuela, Bolivia, Uruguay, etctera ).

Por consiguiente, no parece fcil que el paso del orden unipolar al multipolar entrae directamente el riesgo de conflictos blicos similares a la primera y segunda guerras mundiales. Por el contrario, se puede pensar que la superacin de la Pax americana, mucho ms corta de lo previsto por los imperialistas estadounidenses, implicar el trnsito a un orden mundial ms compensado, ms equilibrado en la balanza de los poderes internacionales. En suma, cabe imaginar que existirn contrapesos capaces de moderar las ambiciones hegemnicas de los Estados Unidos o, en su caso, de China.

Sin embargo, an siendo preferible ese orden poltico internacional al presente, sera insatisfactorio, porque no aadira nada sustancialmente nuevo al orden mundial. El mundo seguira en manos de un puado de potencias, entrando en peligrosas contradicciones y poniendo en riesgo el inters general de la humanidad, puesto que el principio que rige ese juego es el de la competencia, que repite la experiencia probada de la lucha de todos ellos por derrotar a sus adversarios y alzarse con la victoria.

Un mundo as, regido por los valores del darwinismo poltico, no disipa los temores, ni despeja las incgnitas acerca de un futuro universal mejor para todo el gnero humano.

Por eso, lo pertinente es cambiar la pregunta. Lo importante no es preguntarse de quin ser el siglo XXI, sino de quin debera ser, asunto cuya respuesta no ofrece duda, porque nadie medianamente sensato negar que tendra que ser el siglo no de unas u otras potencias, continentes o civilizaciones, sino el del principio de toda la humanidad.

Qu hacer para conseguirlo?

No hay recetas mgicas, pero conscientes de que el paso de las ideas viejas a las nuevas no es fcil, ni sencillo, habra que expresar, en un primer momento, las mximas reservas frente a quienes defienden la conveniencia de un orden mundial fundado en la competencia. Y, luego, habra que reclamar el abandono del modelo de relaciones internacionales competitivas y la instauracin de un modelo de relaciones cooperativas. Las primeras conducen a la confrontacin e, incluso, a la guerra; las segundas a la integracin y a la paz, como ilustra, en ambos casos, el ejemplo de Europa en el siglo XX.

Queda una ltima cuestin por abordar. Si las grandes potencias, guiadas muchas veces por el inters de poderosas lites econmicas, polticas y militares, son incapaces de adoptar un modelo de relaciones internacionales y con ello un nuevo orden mundial, basado en los valores de la cooperacin, la solidaridad y la ayuda mutua, qu otro actor o actores reales del panorama internacional podran asumir esa responsabilidad?

A mi juicio dos. Por un lado, los pases, generalmente del Tercer Mundo, que desde hace aos vienen reclamando, en el seno de la ONU, un orden econmico y poltico internacional ms justo. Por el otro, los movimientos sociales que el profesor norteamericano I. Wallerstein llama antisistema. Es decir, los movimientos sociales, antiguos y nuevos que, desde Seattle y Porto Alegre, se han enfrentado al neoliberalismo y al neoimperialismo, proclamando que otro mundo es posible. En ellos, sobre todo, cabe depositar una buena parte de la esperanza en un siglo XXI que no sea una trgica repeticin de los siglos que le han precedido.

En definitiva, del protagonismo que unos y otros sean capaces de asumir, de su actividad, de sus iniciativas, puede depender, en buena medida, el rumbo que siga el siglo que est comenzando.



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