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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-08-2015

Migraciones y refugio en la Europa de los valores

Jesus Gonzlez Pazos
Rebelin


Decir algo nuevo sobre lo que ocurre en los ltimos aos, y que se agudiza en las ltimas semanas, en el Mediterrneo no resulta fcil ni sencillo. Pero, adems, posiblemente no deba de ser ese el objetivo de cualquier nueva interpelacin sobre la llamada crisis de la emigracin en el sur de Europa. Bien al contrario, lo urgentemente necesario es sumar voces de denuncia ante la brutal violacin que reiteradamente se comete sobre los valores y derechos humanos ms elementales de miles de personas. Podramos hablar largo del derecho al libre trnsito de las personas, del derecho al asilo y de otros varios derechos recogidos en todas y cada de una de las declaraciones y convenios internacionales que Europa siempre ha firmado e incluso promovido con un importante protagonismo.

Sin embargo, hablamos y denunciamos la violacin del derecho ms bsico, pero al mismo tiempo del ms fundamental para el ser humano: el derecho a la dignidad como persona. El de no ser considerado como un animal al que se puede zarandear, encerrar, golpear, insultar o, simplemente, alargar en su agona tras sesudos anlisis de coyuntura y discusiones sin fin sobre cuotas o repartos de cupos.

El Mediterrneo se ha convertido en la mayor fosa comn de la historia y sus fondos van camino de ser una alfombra macabra de huesos humanos de todos los tamaos. Sus islas, que en el imaginario literario e histrico siempre las hemos pensado como puntos de transicin de culturas, pueblos y civilizaciones, o como pequeos espacios de tierra que salvan de naufragios, hoy se convierten en campos de concentracin y bases navales militares para la represin y la disuasin. A esto se suman alambradas y muros fronterizos que se levantan, o declaraciones grandilocuentes sobre los valores humanistas de la vieja Europa.

Pero mientras, esa misma Europa se sigue encerrando en s misma y trata de extender entre sus habitantes un cierto sentimiento de prevencin y temor hacia las oleadas de emigrantes africanos y asiticos que llegan exhaustos a playas y muros que bloquean su paso. Y en paralelo se busca hacer olvidar que precisamente este viejo continente es posiblemente el mayor migrante que ha tenido la historia del mundo. Emigracin en el interior de sus fronteras, desde el norte hacia el sur y viceversa, y hacia el exterior, siempre en funcin de las diferentes pocas, intereses y guerras que lo han asolado continuamente. Ejemplos viejos son las migraciones de los pueblos del norte (llamados brbaros) hacia el decadente imperio romano; ejemplos ms recientes, los movimientos de miles de personas de los pases del sur que en los aos 50 y 60 del siglo pasado emigraban hacia el norte en busca de trabajo y de una vida mejor y que en los aos ms recientes se repiten, especialmente entre nuestra juventud ante la falta de expectativas laborales y de vida, por los ajustes y recortes neoliberales. Ejemplos intermedios en ese tiempo histrico, pero tambin altamente ilustrativos, han sido tambin la salida migratoria masiva de espaoles, alemanes, irlandeses, suecos, escoceses o vascos, hacia el continente americano, y esto desde hace ms de cinco siglos, y con intenciones, en la mayora de las ocasiones, de sometimiento, conquista y explotacin de los pueblos que habitaban esos territorios.

Esto ltimo exactamente lo contrario de lo que hoy somales, libios, sudaneses, etopes, sirios, iraques o afganos pretenden. Pues stos no quieren conquistar nuevos espacios sino el derecho a una vida digna que se les ha arrebatado en sus pases. Simplemente recuperar su derecho a la dignidad como seres humanos y con l poder construir una existencia que les ha sido robada por guerras, hambrunas, sequias o explotacin de los recursos naturales de sus pases. Y por todo ello habr que recordar y reiterar, para que nadie lo olvide que, tanto en muchos de los casos europeos aludidos como simples ejemplos en el prrafo anterior como en los que posteriormente citamos para otros pueblos, nadie quiere abandonar su tierra, su familia, su pas; que las migraciones, en la inmensa mayora de los casos, solo se han dado, y se seguirn produciendo, cuando las personas no tienen opciones de vida en aquellos territorios donde nacieron y crecieron.

Por esto mismo, en esta denuncia sigue siendo urgente contar las verdades, romper con los silencios y redescubrir las razones que se ocultan pero que explican el por qu de esa salidas masivas de miles y miles de personas. Europa tiene una enorme responsabilidad por sus polticas coloniales desde el siglo XIX, pero tambin por las ms recientes de expolio econmico continuado en esos continentes. Y esto ltimo, explica tambin la realidad de estructuras sociales y polticas frgiles, ptimas para la guerra o los regmenes dictatoriales que bloquean o pretenden dictar el (sub)desarrollo de los pases africanos y del cercano y medio oriente.

Muchos dirn, especialmente la clase poltica y meditica tradicional, que no tiene sentido castigarnos con el ltigo por la culpa de los errores cometidos en pocas pasadas o que eso mismo no arregla el problema hoy en el Mediterrneo. En realidad son los mismos que tratan de seguir ocultando las causas reales y profundas de esta situacin. Aquellos que, sin embargo, para su solucin solo tienen recetas de represin y pretendida disuasin que no hacen sino aumentar el nmero de muertos en esa enorme fosa comn que es el mar. Y que, desde luego contribuyen, ms si cabe, a la prdida de la dignidad humana. Se manipula y explota a los pases, se les expolia haciendo que la explotacin de sus recursos no repercutan sino en el aumento de beneficios de las empresas transnacionales, de terceros ajenos a la vida de la gente, bloqueando una vez ms las posibilidades de desarrollo de estos pases, o se les incita a guerras fraticidas, que suelen esconder intereses comerciales o geoestratgicos europeos y norteamericanos, y cuando se acaba con las posibilidades a una vida digna de estas personas, se las prohbe buscar sta en aquellos pases que con sus polticas son los verdaderos responsables.

En las ltimas dcadas, esta vieja Europa de valores democrticos y humanistas ha intervenido militarmente en diferentes momentos en la prctica totalidad de los pases (y continentes) que hoy producen miles de migrantes y refugiados. Y en todos ellos, la tambin continua intervencin econmica y poltica nunca se ha basado en el respeto a sus propios procesos y culturas. Al contrario, siempre estuvieron basadas esas intervenciones en intereses econmicos y/o geoestratgicos, para mantener a esta Europa en una posicin dominante. Y luego, la clase poltica tradicional pretende ignorar los motivos y razones del resentimiento de stos y otros pueblos hacia este continente y explica todo en base nicamente a fundamentalismos y radicalismos sin sentido.

Por todo ello, se pueden tomar decisiones inmediatas para resolver las consecuencias ms duras de estos dramas humanos, pero mientras no se aborden en profundidad esas causas de los mismos y no se originen y desarrollen polticas estructurales que reviertan las mismas, la tragedia de la emigracin y el refugio seguir creciendo. Cambiar del Estrecho a Lampedusa, de las costas libias a las griegas, de Palestina a Macedonia, pero la vergenza para Europa y sus proclamados valores y derechos humanos seguirn mermando hasta quedar en una triste mueca, en un discurso vacio e hipcrita ante el resto del mundo.

 

Jesus Gonzlez Pazos es miembro de Mugarik Gabe.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


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