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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-08-2015

Las manifestaciones en Brasil y el desencanto ciudadano

Ariel Goldstein
Cuadernos de Coyuntura


La disputa por el sentido de las manifestaciones y la heterogeneidad de sus demandas. La polarizacin poselectoral y el avance de posiciones de la derecha. Los rasgos histricos de las manifestaciones. La moralizacin de la poltica y los desafos para recuperar una agenda de polticas progresistas.

Las masivas manifestaciones en las principales ciudades de Brasil durante el domingo 16 de agosto evidenciaron la continuidad de una tendencia de los ltimos meses: el crecimiento del desencanto de la ciudadana con respecto a la clase poltica, que afecta principalmente al gobierno de Dilma Rousseff. Los escndalos de corrupcin, especialmente el llamado Petrolo, que involucra a distintos partidos en transacciones entre la empresa estatal Petrobras y grandes constructoras, impulsaron a la ciudadana hacia nuevas formas de representacin poltica ms horizontales, frente al desencanto con los polticos tradicionales. Esta bsqueda ya se haba observado durante las manifestaciones desarrolladas en junio de 2013 que alteraron la situacin poltica del pas. Los hechos de junio se presentaron, desde un principio, como un movimiento en disputa (como seal Lincoln Secco) que contena una cantidad de demandas heterogneas. Sin embargo, la dificultad del gobierno de traducirlas hacia el sistema poltico, por ejemplo con la Reforma Poltica -truncada por la inferioridad de fuerzas en el Congreso- habilit una redefinicin de los sentidos de las manifestaciones hacia la derecha del espectro ideolgico.

La eleccin de 2014 proporcion nueva profundidad poltica a una polarizacin que se vena acentuando a nivel geogrfico y social por lo menos desde 2006: Dilma obtuvo amplias votaciones en los Estados del Nordeste y el tucano Acio Neves en los Estados del Sur del pas. En la segunda vuelta, la derecha reforz su discurso sobre sobre determinadas temticas, como las acusaciones de corrupcin al gobierno. En esta eleccin, si bien ganaron las fuerzas de la coalicin hegemonizada por el PT, hubo un avance de posiciones de la derecha poltica representada por el Partido de la Socialdemocracia Brasilea (PSDB). As, el segundo gobierno de Dilma se inici condicionado.

Esta polarizacin poltica que emerge como resultado de las elecciones se fue expresando en marchas de rechazo al gobierno, con pedidos de impeachment a Rousseff, y contramarchas de apoyo de los petistas. El ciclo de marchas y contramarchas lo hemos visto tanto el 13 de marzo con una movilizacin convocada por la CUT En defensa de Dilma y Petrobras que buscaba anticipar la masiva manifestacin antigubernamental que se realiz el 15 de marzo en las principales capitales estaduales, como en las masivas manifestaciones del 16 de agosto por el impeachment , replicadas luego con la movilizacin pro-gubernamental del da 20. Las manifestaciones en defensa del gobierno, si bien expresivas de las crticas de la izquierda al llamado ajuste econmico aplicado por el ministro Joaquim Levy, evidenciaron en ciudades como Salvador, Rio de Janeiro y San Pablo la organizacin de los movimientos y grupos politizados frente a los avances de la derecha en las calles.

Con las manifestaciones antigubernamentales reaparecen ciertos rasgos histricos: San Pablo, epicentro de la revolucin constitucionalista de 1932 contra el gobierno de Getlio Vargas, se convierte nuevamente en un escenario de rechazo hacia un gobierno que permiti el ascenso social de los sectores ms pobres. La capital paulista, donde Acio obtuvo un altsimo caudal de votos en 2014, y los prejuicios que emergieron en las redes sociales contra los nordestinos por votar a Dilma, manifiestan la actualizacin subterrnea de histricas divisiones en la poltica brasilea. La crtica frente al ascenso de lo popular transmutada en crtica moralizante de los sectores medios a la corrupcin gubernamental es un rasgo que deber ser analizado. Se desarrolla en este marco la crtica a quienes viven de las bolsas y las limosnas frente a quienes seran autnomos, la diferenciacin entre los nordestinos desinformados que votaran al PT y quienes estn informados, segn la expresin utilizada por el ex presidente Fernando Henrique Cardoso.

En este marco ha tenido influencia el discurso meditico de moralizacin de la poltica , segn la definicin de Antonio Rubim, que lleva a la colonizacin de los asuntos pblicos por la distincin entre honestos y corruptos, lo que anula otras posibles agendas para el gobierno. Esta moralizacin ha aparecido en reiteradas ocasiones en la historia del pas, en la mayora de los casos llevando a una derechizacin de la agenda social y poltica. En este sentido, la agenda de la oposicin frente a los gobiernos de Lula y Dilma desde hace aos se ha activado desde la temtica de la corrupcin. La diferencia reside en que ahora hay condiciones para que esta agenda ample su capacidad de convocatoria hacia la calle, y esto s es un rasgo indito del tiempo que ha emergido con posterioridad a las ltimas elecciones presidenciales.

El problema para las organizaciones del campo progresista resulta en que una parte importante de la sociedad, como se ha visto en las masivas manifestaciones pro-impeachment, parece ganada por esta agenda de moralizacin de la poltica. Cmo revertir esta situacin en un contexto de crisis poltica y ajuste econmico? En la respuesta a esa pregunta residen las posibilidades para el Partido de los Trabajadores y el gobierno de Dilma de reconstruir un vnculo con amplios sectores sociales que pueda proporcionarle la capacidad de recuperar una agenda de polticas progresistas.

 Ariel Goldstein es autor del libro De la expectativa a la confrontacin: O Estado de S. Paulo durante el primer gobierno de Lula da Silva (Sans Soleil, 2015), [email protected]

Fuente: http://coyuntura.sociales.uba.ar/las-manifestaciones-en-brasil-y-el-desencanto-ciudadano/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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