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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-08-2015

Por una muerte digna (del PA)

Isidoro Moreno
Diario de Sevilla


Toda persona tiene derecho a una muerte digna, sin que sea prolongada artificialmente su vida de forma degradante. Tambin las organizaciones, incluidos los partidos polticos que no son (o no debieran ser) otra cosa que instrumentos para conseguir colectivamente determinados objetivos. Cuando avanzar hacia stos se demuestra imposible, lo adecuado es desechar el instrumento, que no necesariamente los objetivos, aunque tambin stos deberan analizarse a fondo, y tratar de construir otro instrumento distinto y eficaz. A pesar de que esto difcilmente puede ser contradicho, cun difcil es que los miembros de un partido acuerden democrticamente la desaparicin de ste! Ello se debe, en unos casos, al miedo casi religioso ante la orfandad sentida de no pertenecer a un "nosotros" que, aunque sea intil socialmente, pueda deparar una cierta confortabilidad psicolgica; en otros casos, al empeo en seguir siendo cabezas de ratn, o de mosquito, autorreconocidas y conocidas por unos cuantos; o, a veces, a la voluntad de aferrarse a algn cargo o carguillo institucional (aunque para esto ltimo siempre queda la opcin de "fichar" por otro partido, no importa cul sea su ideologa).

Viene esta reflexin al caso del congreso de disolucin?, congelacin?, refundacin? que va a celebrar prximamente el PA, un partido que tuvo, en su primera poca, un importante papel en la activacin de la conciencia andaluza pero que rpidamente tom un camino errtico, ambiguo ideolgicamente, oportunista polticamente y, sobre todo, al margen de las luchas sociales necesarias para conseguir que el pueblo andaluz tomara en sus manos su futuro, por s y en primer lugar para s, como sera la meta de todo verdadero andalucismo. Un partido que se encontr con un PSOE que, en Andaluca, ha estado siempre dispuesto a barrer cualquier obstculo que dificultara su conversin en Rgimen; por tanto, a la descalificacin por todos los medios del entonces PSA, luego PA, y a la vampirizacin a efectos electoralistas de buena parte de su discurso y de los smbolos del andalucismo (convenientemente desactivados).

Hacer un anlisis de la trayectoria de ese partido no cabe en estas lneas. Pero s hay que recordar que en un tiempo rcord, en poco ms de un ao (1979-80), concit un muy fuerte apoyo electoral (cinco parlamentarios en Madrid, dos en Catalua, importantes alcaldas, cientos de concejales) y rpidamente tambin un casi visceral rechazo (por el cambalache de las alcaldas de Granada y Huelva por la de Sevilla; por el apoyo a Adolfo Surez en su mocin de confianza; por la escena "del sof" con Martn Villa para visualizar el desatasque de la autonoma), para casi desaparecer en las primeras elecciones al Parlamento andaluz. En ese momento, 1982, los jerarcas (los dueos permanentes?) del partido decretaron una congelacin o hibernacin para preparar una resurreccin planificada que se concretara luego en la vuelta a la Alcalda de Sevilla y en los pactos a derecha e izquierda, con quien ms conviniera para acceder a cargos en las instituciones. Una deriva que culminara en el suicidio poltico de los ocho aos de vergonzante y estril funcin de muleta del PSOE (de 1996 a 2004) garantizando a ste que siguiera gobernando en la Junta. Qu qued de andalucismo tras aos de gobierno del PA en no pocos ayuntamientos e incluso en algunas consejeras?

La permanente ambigedad de su prctica poltica, la inconsistencia ideolgica de sus principales lderes -caso aparte fueron Jos Aumente y Jos Mara de los Santos-, las rivalidades internas y el oportunismo electoralista fueron los pilares de la falta de credibilidad que ha venido arrastrando el PA, desde hace dcadas, ante la gran mayora de los andaluces. Una imagen que no ha podido corregirse con algunos radicalismos verbales ni han podido revertir aquellos militantes que s se han esforzado por actuar como andalucistas. Por el bien de Andaluca, espero que no estemos ante un nuevo experimento de congelacin o una subasta de rganos del cadver poltico, sino ante un digno funeral laico para enterrar un instrumento que en su momento fue til pero que se construy de forma equivocada y casi siempre estuvo alejado de la lucha social sin comprometerse tampoco, a fondo, en la lucha nacional. La desaparicin del PA no equivale a la muerte del andalucismo poltico, sino que es un prerrequisito para una nueva poca de ste. Que no podr construirse simplemente juntando los restos de diversos naufragios sino a partir del municipalismo, del soberanismo andaluz, del enraizamiento en nuestros valores culturales y de formas de organizacin y participacin que se parezcan lo menos posible a las de un partido clsico.

Isidoro Moreno. Catedrtico emrito de la Universidad de Sevilla

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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