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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-08-2015

Per
Dia de la vergenza nacional

Gustavo Espinoza M.
Rebelin


Si el 9 de octubre se celebr durante varios aos en el Per el Da de la Dignidad Nacional como una manera de recordar la fecha en la que las tropas acantonadas en el norte y comandadas por el general Fermn Mlaga Prado recuperaron los yacimientos de La Brea y Parias y la Refinera de Talara, expulsando a la IPC, el 1 de septiembre bien podra considerarse el Da de la Vergenza Nacional.

Y es que sa ser en el Per una fecha para el recuerdo. Est previsto el arribo del Portaviones George Washington, del que desembarcarn 3,200 Infantes de Marina, que -enviados por los Estados Unidos- tendrn la tarea de ayudar al Per en la lucha contra el terrorismo y el narcotrfico.

La injerencia militar yanqui en nuestro suelo no es nueva. Se dio antes, en distintas etapas de nuestra historia. En 1965 -an se recuerda- el gobierno de Fernando Belande Terry program la llamada Operacin Ayacucho, considerada una accin contrainsurgente cuando asomaran en el pas brotes guerrilleros liderados por Luis de la Puente y sus compaeros.

En esos aos -no hay que olvidarlo- se dispuso el bombardeo con Napalm de aldeas peruanas. Aunque nunca se report oficialmente el nmero de bajas civiles que produjo el hecho, la destruccin de poblaciones y el incendio de inmensas zonas forestales; permite suponer la consumacin de ingentes daos a la vida y al eco sistema, de los que el gobierno de entonces nunca quiso hacerse responsable. Hubo asistencia militar USA, pero no tropa.

Fueron aviones de los Estados Unidos los que actuaron en esa circunstancia. Su presencia, sin embargo, se cort abruptamente apenas cuatro aos ms tarde, cuando en 1969 el gobierno del general Juan Velasco resolvi cortar los vnculos de ese orden con USA, y expuls primero a la Estacin de la CIA y luego a la Misin Militar de los Estados Unidos.

Fue esa una respuesta digna a una poltica soberbia y hegemnica impuesta no slo al Per sino a todos los pases de la Regin tanto por la Casa Blanca como por el Pentgono, y que buscaba mover a los pases del continente como fichas en el tablero para enfrentar a la URSS y al Campo Socialista.

El fin de la experiencia militar patritica, envilecida por Morales Bermdez y el retorno de los partidos tradicionales a la conduccin del Estado, hizo que el gobierno norteamericano fuera recuperando poco a poco el viejo sitial que usara en los aos sesenta sobre nuestra institucin armada.

En 1980 logr abrir paso a una accin que poco despus permiti el establecimiento del primer enclave militar norteamericano en nuestro suelo: la Base de Santa Luca, ubicada en el Alto Huallaga, en el corazn de la selva peruana. Despus, vendran otras. Y, aunque nadie oficializ ni su identidad, ni su nmero, se sabe que son por lo menos siete las que actan en suelo peruano siempre bajo el mismo pretexto: combatir el narcotrfico, objetivo que nunca fue logrado. Contingentes poco numerosos, pero efectivos.

Hace 30 aos, el 1985, el Per era un importante productor de Pasta Bsica de Cocana. Pero desde la imposicin de las bases yanquis pas a ser al primer productor mundial de esa droga que se destina precisamente al primer mercado de consumo: los Estados Unidos de Norteamrica. Bien podra decirse, en estricto honor a la verdad, que la presencia de las tropas yanquis permiti el incremento de cultivo de la Coca, y el aumento de la produccin de la Cocana, que hoy alcanza niveles jams antes registrados.

Como dicen los especialistas, hoy en el Per, 15 regiones se dedican a la produccin de droga. El 60% de la produccin de esta termina en el mercado norteamericano. El transporte de tal cantidad de droga se realiza a travs de los 115 aeropuertos clandestinos ubicados estratgicamente en el territorio nacional. El narcotrfico mueve anualmente US$22 mil millones, lo que equivale al 17% de nuestro PBI. (www.otramirada.com)  

En lo que se refiere a lo que va del siglo XXI, han sido en extremo frecuentes las visitas al Per del Secretario de Estado para la Defensa, del Jefe del Comando Sur de los Estados Unidos, y de muchas otras autoridades militares y civiles que arribaron a nuestro suelo para tratar el mismo tema: la presencia militar norteamericana en el Per.

Como consecuencia de todas esas tratativas, y luego de un acuerdo adoptado en enero por el Congreso de la Repblica con el consenso de casi todas las fuerzas polticas all representadas, el 1 y el 15 de febrero, arribaron dos contingentes militares, enviados por el Pentgono. El primero, integrado por 58 soldados; y el segundo por 67. Ambos permanecern aqu hasta febrero del 2016 en la tarea de entrenar a los institutos armados peruanos en el cumplimiento de operaciones especiales

Pero lo que ocurrir el 1 de septiembre resulta ciertamente indito: nunca antes sucedi. Y slo aconteci en otros pases como una invasin militar norteamericana. As fue en buena parte del siglo XX, desde Puerto Rico, hasta Panam, pasando por Nicaragua, Honduras, Repblica Dominicana, Guatemala y otros pases. Ahora, se trata de tropa.

La que se avecina, ser una suerte de Operacin encubierta. Y estar destinada a afirmar la presencia norteamericana no slo en el Per, sino en America, en una circunstancia en la que el Imperio busca cambiar a como d lugar la correlacin de fuerzas imperante en la regin.

De esa voluntad, hay pruebas irrebatibles. Recientemente se denunci que la administracin norteamericana expuls de los Estados Unidos a miles de delincuentes integrantes de bandas criminales salvadoreas -las Maras- que se hallaban encarcelados en distintos penales de USA, borrndoles los antecedentes criminales, a fin facilitarles el retorno al El Salvador y minar all al gobierno de Snchez Cern.

Tambin, y con el apoyo activo de Alvaro Uribe, arm bandas que operan en el Estado de Tchira, en la frontera colombo-venezolana, con la idea de generar un conflicto armado entre estos dos pases.

Y por si fuera poco, alent a los grupos reaccionarios en Ecuador, promoviendo contra el gobierno constitucional del Presidente Rafael Correa, una campaa orientada a desacreditarlo y destituirlo. Eso, es lo que en otras condiciones, quiere hacer tambin con Dilma Rouseff, en Brasil.

Les encantara poder hacer lo propio contra Cristina Fernndez, en Argentina; pero todo indica que all, en los comicios de octubre, el pueblo ratificar su confianza en el rumbo patritico impuesto por los Kichner con la complacencia de las mayoras nacionales.

Y, claro, cmo no, contra Chile, deteriorando la imagen de Michelle Bachelet y resquebrajando la unidad del colectivo poltico que la sustenta. Y es que el Imperio no mira en pequeo. Busca lo grande, porque juzga que lo grande, envuelve riqueza.

Y a su manera, eso lo hace tambin en el Per, a travs de una prensa venal y amarilla que ataca saudamente al Presidente Humala y a su esposa, levantando contra ellos un cmulo de agresiones, fundadas e infundadas.

Recientemente, por las redes de Internet circul un chascarro: una foto de la esposa del Presidente mirando, en Paris, la Torre de Eiffel. Luego, el congresista fujimorista Oscar Becerril deca: Nadine quiere comprarse la Torre Eiffel!, e inmediatamente despus, el congresista aprista Mauricio Mulder exiga: qu se forme una Comisin Parlamentaria que investigue de dnde sacar la plata para comprarse la Torre! Luego, Jorge Del Castillo comentaba sin duda se trata de dinero proveniente del lavado de activos! Guardando las distancias, eso es, en buena medida, lo que ocurre.

Mientras la prensa grande distrae a los peruanos con las agendas de Nadine y las compras de la Primera Dama, la Fiscala y la investigacin, los soldados yanquis hollarn nuestro suelo en lo que bien podr pasar a la historia, como el dia de la vergenza nacional.

 

Gustavo Espinoza M. es miembro del Colectivo de Direccin de Nuestra Bandera / http://nuestrabandera.lamula.pe 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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