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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-09-2015

Abocados a la corrupcin material y simblica

Armando B. Gins
Rebelin


No habr medida poltica ni cautela legal alguna que pueda con la corrupcin en el sistema capitalista. El capitalismo es pura corrupcin desde sus orgenes: explotacin laboral e ideologa de la clase dominante para justificar los desmanes del rgimen. Corrupcin junto a capitalismo es un pleonasmo de libro.

 

Todos los discursos actuales son genuino artificio, palabrera altisonante para calmar las voluntades escandalizadas y lavar las heridas ms purulentas del rgimen. Las ideas de la izquierda plural son dbiles para luchar contra tamaa amenaza social. No es la corrupcin el enemigo a batir sino el sistema que la ampara. Y, a da de hoy, es inexistente una alternativa global que ponga en cuestin al sacrosanto capitalismo.

La izquierda se qued parada en la socialdemocracia redentora y pactista y la estacin trmino del Estado del Bienestar, asumiendo las tesis keynesianas de una bolsa estructural de paro y marginacin casi connatural a la sociedad de consumo y mercado. Ahora sucede que incluso ese bienestar subvencionado ha saltado por los aires de modo radical. Era de suponer, los ciclos de expansin, recesin y guerra son constitutivos de las esencias capitalistas. Romper ese ciclo infernal precisa de verdades revolucionarias todava por hacer.

En el Estado del Bienestar se corrompieron las ideas comunistas y socialistas por un mundo ms coherente, justo y solidario. Actualmente, detenindonos en Espaa, desde la Monarqua a los sindicatos de mayor peso especfico, pasando por los partidos polticos y la Iglesia catlica, casi todas las instituciones se han visto salpicadas por casos de corrupcin habitual o transitoria. El dinero negro y las cajas b han comprado a los agentes principales del teatro poltico y social. Por decirlo de una manera expresiva, los ha puesto en nmina, a su servicio, pagndoles un sobresueldo con el que sellar sus bocas y atemperar sus discursos pblicos. Y los que se retiran son premiados con sinecuras en el Senado, estamentos consultivos o consejos de administracin de seeras multinacionales de la rapia global. Las excepciones, confirma la tendencia.

Los bancos y las empresas han financiado la democracia espaola. Sus intereses priman sobre el bien colectivo. Las herramientas fiscales regresivas, injustas, ineficaces e insuficientes solo han servido para mantener en pie a las fuerzas represivas y para que el sistema financiero tuviera fondos con los que jugar a Bolsa y adquirir un poder omnmodo que marca las decisiones polticas de cada gobierno de turno. No hay administracin que no tenga que lidiar para sus proyectos pblicos con las ofertas bajo mano de cualquier empresa industrial, de construccin o de servicios. Los mrgenes de la competitividad dejan dinero sucio en las uas de muchos actores polticos. Es inherente al sistema, un mal estructural de imposible erradicacin con meras proclamas ticas o morales.

Esa situacin la ha vivido la izquierda desde la atona ideolgica y el quietismo poltico, con momentos sociales reivindicativos sin demasiado fuste ni conviccin propia, subidos por inercia a las ondas expansivas de las teoras econmicas capitalistas y socialdemcratas. La mayora de las veces el silencio calculado de los sindicatos mayoritarios y los partidos polticos a la izquierda del PSOE han acompaado con sumisin y complicidad pasiva las posturas de la derecha fctica y del PP. Primero se corrompieron los ideales, luego se instalaron en la impotencia y ms tarde solo respondieron con algaradas nerviosas de verbosidad puntual para aferrarse a los espacios mnimos asignados por el sistema para opiniones que se pretendan contracorriente o de izquierda representativa de la clase trabajadora.

El pramo actual se est rellenando a golpe de ocurrencias espontneas sin excesiva conexin entre ellas ni acordes con un cuerpo ideolgico que permita atisbar horizontes de futuro distintos a los que ahora habitamos. De hecho, las nuevas ideas de izquierda estn llegando a un tope registrado por todas las encuestas, mientras el PP se consolida y el PSOE aguanta la marea de la crisis con bastante decoro.

El bipartidismo inventado a la muerte del dictador Franco sigue muy vivo, representando a esa clase media amorfa que da sustento a la normalidad capitalista. La clase media por definicin siempre est a la defensiva, contra la mugre sediciosa y odiando los cambios repentinos. Su hbitat es la seguridad personal, el consumo diario de estatus y de expectativas de compra inmediata mediante la asuncin de deseos ftiles y de desecho rpido. Esa estabilidad existencial solo se la pueden dar el PP y el PSOE, los cantos de sirena del mejor de los mundos posibles (el suyo) y la emulacin constante en hbitos y gestos banales de las clases poseedoras.

El cambio real no vendr con medidas parciales y tmidos intentos de convencer a las elites de que deben ceder terreno y recursos para un mejor y equitativo reparto del poder y las riquezas. O se tiene in mente un mundo diferente o todo sern claudicaciones de mayor o menor entidad.

Que todo es consumo esttico y emocional lo atestiguan las actitudes generales y colectivas ante dramas como la inmigracin, el paro o la marginacin social. Los medios de comunicacin saben muy bien que toda la ira contenida y la mala conciencia social se pueden neutralizar, modificar o encauzar hacia la inaccin o lo polticamente correcto con mensajes urdidos con habilidad psicolgica. La emocin transformada en goce esttico es un seuelo casi irresistible para la inmensa mayora. La accin crtica se detiene de sbito en una imagen impactante que recoge una tragedia humana cualquiera convirtindola en preciosa y conmovedora obra de arte. As, un nio inmigrante muerto y a la deriva recogido en una playa annima; un pobre de solemnidad durmiendo en pleno amanecer sobre un banco urbano; un desempleado mirando a la nada en su soledad existencial. Y as, miles de mensajes elaborados con idnticos mimbres publicitarios.

Nuestra mirada capitalista est seriamente daada. Est corrompida; es corrupta. Y no nos apercibimos de ello. No solo de corrupcin material vive el capitalismo, tambin de corrupcin simblica, quiz la peor de todas.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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