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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-09-2015

La izquierda y la necesidad de abrir un serio debate sobre el euro y la Unin Europea

Redaccin de Mientras tanto


Lector, lectora:

A la hora de analizar la crisis griega de este verano finalizada con la victoria del No en el referndum del 5 de julio y la posterior, y sorprendente, aceptacin por parte del gobierno de Alexis Tsipras del dursimo Memorndum que le present la Troika, pocos han prestado atencin al abandono de Yanis Varoufakis y James K. Galbraith de la propuesta que en su momento llamaron Modesta proposicin y que estaba pensada para ofrecer una solucin a la crisis del euro [1]. Hablamos de una propuesta tcnicamente brillante y probablemente viable, pero que en ningn momento fue tomada en consideracin por la Comisin Europea y los dems gobiernos de la zona euro. En una entrevista que concedi poco despus del giro poltico de Tsipras, Varoufakis admiti que su dimisin como ministro de Finanzas (oficializada el da 6 de julio) se debi a la negativa de Tsipras de iniciar, como respuesta a la actitud hostil de la Troika, la creacin de un sistema bancario paralelo a la moneda nica en el que los pagos se pudiesen efectuar en dracmas [2]. Por su parte, Galbraith afirm en una entrevista al diario italiano Il Manifesto que, en esos das de julio tan dramticos, el gobierno, para hacer frente a la Troika, no tena ninguna otra opcin que el Grexit [3]. Y en otro artculo volvi sobre el asunto pidiendo al gobierno de su pas que apoyase la salida de Grecia del euro como forma de supervivencia ante una UE que calificaba de reaccionaria, mezquina y perversa [4]. Ambos autores, pues, se haban dado cuenta de que era intil presentar planes intelectualmente sofisticados a socios que no queran dialogar y cuyo nico objetivo era tumbar a un gobierno helnico que se haba atrevido a cuestionar la feroz (e intil) austeridad; su sincero europesmo se estrellaba ante un sistema de gobernanza ademocrtico y hegemonizado por un gobierno alemn obsesionado con mantener su dominio poltico sobre el resto de la Eurozona. Y al tratarse de grandes intelectuales, los dos economistas no pudieron menos que aceptar la realidad y admitir, velis nolis, que para la izquierda se abra una nueva etapa basada en: A) el cuestionamiento de la moneda nica y de la misma Unin Europea (Galbraith); B) cuando menos la necesidad de no descartar a priori planes alternativos, como la introduccin de una moneda paralela al euro en caso de no contar con la colaboracin de la Troika (Varoufakis).

Desde luego, no fueron los nicos en llegar a esta conclusin. A partir de mediados de julio, muchos intelectuales radicales y progresistas pensemos, entre otros, en Paul Krugman, Wolfgang Mnchau y Oskar Lafontaine, pero tambin en Francisco Lou, Ignacio Ramonet, Owen Jones y Perry Anderson han pedido a la izquierda continental un replanteamiento general sobre su aceptacin de la moneda nica y su fe en el proyecto europesta. Y, lo que es ms importante, dentro de los mismos partidos de la izquierda se ha activado una discusin en torno a esta cuestin: Syriza se ha fracturado internamente y su ala izquierda, partidaria de la ruptura con la UE, ha fundado Unidad Popular, un partido que concurrir por su cuenta a las elecciones generales griegas de septiembre; en Portugal, el Bloco de Esquerda se ha sumado al Partido Comunista en rechazar ms sacrificios en nombre de la moneda nica; en Italia, el problema del euro est bien presente en los debates sobre cmo volver a activar a la alicada izquierda transalpina; y hasta en Alemania empiezan a surgir voces dentro de Die Linke que piden a sus dirigentes poner en tela de juicio el europesmo histricamente profesado por la organizacin [5]. En definitiva, la crisis griega ha abierto en la izquierda europea un debate que ser tan intenso como irreversible.

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Ms vale decirlo claramente: la izquierda espaola tiene que asumir que el euro, tal y como lo conocemos, es una moneda insostenible. Y ello tanto por motivos macroeconmicos como polticos. Los motivos macroeconmicos son fciles de describir y, en el fondo, ya fueron explicados en 1971 por el economista Nicholas Kaldor: que una zona monetaria no ptima es decir, cuando un grupo de Estados que deciden compartir moneda no presentan unas perfectas flexibilidad de precios y salarios y movilidad de los factores de produccin, no era viable sin una unin poltico-fiscal europea que garantizara fuertes transferencias de dinero de los pases ms ricos hacia los ms dbiles y sin un Banco Central Europeo que, adems de ocuparse de la estabilidad de los precios, actuara de prestamista de ltima instancia para cada uno de los Estados miembros [6]. Es ms, Kaldor fue proftico cuando afirm que pivotar un proceso de unificacin europea en torno a la moneda causara graves tensiones socioeconmicas entre los Estados del continente. A partir de entonces, decenas de economistas han venido denunciando la disfuncionalidad tcnica de la unin monetaria europea (UME) y las caractersticas ordoliberales que sta iba adquiriendo tras la aprobacin del Tratado de Maastricht (1992) y del Pacto de Estabilidad y Crecimiento (1997): independencia del Banco Central Europeo de los poderes pblicos; parmetros insostenibles y ultraliberales sobre inflacin, dficit y deuda pblica; imposibilidad para los Estados de intervenir seriamente en la economa, etc. En resumen, ya desde los aos noventa result evidente que la nica poltica econmica posible dentro de la UME era la neoliberal. Con el aadido de que, en los ltimos quince aos, se ha reforzado en la UE un sistema de gobernanza en manos de polticos y banqueros centrales no elegidos por nadie, y con un Parlamento Europeo sin poderes sustanciales para representar dignamente a los pueblos europeos y ejercer las funciones de un parlamento autntico.

Pero an ms graves son los problemas polticos: la creacin de la moneda nica, fuertemente deseada por Franois Mitterrand y la clase dirigente francesa en los aos 1989-1991 para sustraer el marco (y, por ende, para redimensionar) a la nueva Alemania reunificada [7], ha servido, paradjicamente, para aposentar una nueva hegemona teutnica en el continente. Y ello gracias a la fijacin del tipo de cambio, que solucion el crnico problema de la apreciacin del marco a causa de la fuerza exportadora de la economa alemana, y de una poltica de dumping social llevada a cabo por el gobierno de Gerhard Schrder (la famosa Agenda 2010), que se basaba en una presin sobre los salarios a causa de la cual y a diferencia de lo que ocurra en los pases del sur los costes unitarios laborales se movieron a un ritmo casi idntico al de la productividad; lo cual, sumado a una inflacin que se mantena ms baja que la del resto de la UME por una demanda agregada anmica, impuls de forma extraordinaria la competitividad alemana. En suma, el gobierno de Schrder realiz una autntica devaluacin interna, al tiempo que la llegada de capitales del norte, la mayora de los cuales procedan de Alemania, carcoma las economas del sur, endeudndolas (para comprar los productos alemanes ahora ya ms convenientes) y mermando su competitividad.

La historia de la crisis econmica actual, que comenz con la fallida de Lehman Brothers pero que en Europa se ha manifestado con mayor brutalidad por las dinmicas consustanciales a la UME, no ha sido otra que la paulatina transformacin de lo que era una crisis de deuda privada y exterior en una crisis de deuda pblica mediante el saneamiento de los bancos privados europeos con dinero de los contribuyentes. El caso de los primeros dos rescates de Grecia es paradigmtico: a travs del Fondo Europeo de Rescate, antes, y del Mecanismo Europeo de Estabilidad, despus, los ciudadanos europeos han pagado rescates que, lejos de mejorar las condiciones de vida de los griegos, slo han servido como hoy reconoce hasta el FMI para que el Estado griego devolviera sus deudas a los bancos franceses y alemanes. Como ha afirmado un agudo analista, la Eurozona se ha convertido en un paraso para los acreedores [8]. Y, aadimos nosotros, en un infierno para los deudores, o sea para unos pases perifricos que se han visto obligados a equilibrar sus cuentas pblicas y exteriores mediante medidas draconianas de austeridad y devaluacin salarial; una poltica que, adems de fracasar a la hora de reactivar el mercado laboral, tiene el grave inconveniente de profundizar la especializacin en actividades y productos de menor productividad y valor aadido que requieren bajos niveles de cualificacin de la fuerza de trabajo [9]. Dicho con otras palabras: el sistema del euro profundiza la actual divisin europea del trabajo, desplazando, en el caso de los pases del sur, recursos importantes que deberan destinarse a un cambio del modelo productivo hacia sectores como el turismo y la construccin.

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El drama reside en que, dado el rechazo tajante de los pases acreedores a hablar de transferencias fiscales entre Estados y de una hacienda pblica europea, la nica solucin europea a la crisis de la moneda nica, esto es, una solucin dirigida a transformar el euro en una divisa sostenible para todos los pases de la UME, pasara por un cambio radical en la poltica econmica alemana. Ms en concreto, por un subida consistente de los salarios de sus trabajadores y por lo tanto, de un aumento de la demanda agregada y de la inflacin y por la eliminacin de su monstruoso supervit comercial (8% del PIB). Ello favorecera el aumento de las importaciones alemanas y la reactivacin de las economas del Sur de Europa. Sera menester, pues, que Berln tuviera una actitud cooperativa que, sin embargo, ni est ni se le espera tanto por motivos histricos (el ordoliberalismo es una cultura profundamente arraigada en la cultura poltica alemana) como polticos (la arquitectura de la Eurozona blinda la hegemona alemana sobre Europa) y sociales (el marcado envejecimiento de la sociedad alemana slo puede paliarse a travs de continuas absorciones de mano de obra cualificada procedente del extranjero. Y un sur de Europa en permanente deflacin y con sistemas universitarios de buen nivel es un excelente depsito de trabajadores cualificados para Alemania).

As las cosas, el deber de las izquierdas de los pases del Sur de Europa es reconocer la irreformabilidad de la UME y la necesidad de aplicar polticas que defiendan los puestos de trabajo y ofrezcan una esperanza vital a los parados de sus pases. Pensar que sea posible hacer una poltica transformadora, o incluso otra mnimamente keynesiana, en el marco de los Tratados de la UE es caer en el puro autoengao. Insistimos: con el tipo de cambio fijo, y mientras el establishment alemn no cambie su poltica econmica mercantilista, cualquier tipo de poltica expansiva aplicada en nuestro pas llevara slo a un aumento de las importaciones y del dficit exterior. Lo cual nos obligara a imponer, tarde o temprano, ms austeridad para reequilibrar las cuentas del pas. Estamos en un callejn sin salida.

Del mismo modo, consideramos que en la izquierda se debe abrir un debate intelectualmente honesto sobre la necesidad de seguir defendiendo el proyecto de la Unin Europea. Un proyecto que en realidad no es europeo, sino euroatlntico, en tanto que intrnsecamente ligado a los Estados Unidos de Amrica desde finales de los aos cuarenta. Contrariamente a la retrica sobre el europesmo idealista de lderes como Felipe Gonzlez y Giscard DEstaing, sobre la cual Varoufakis tambin est estructurando su nuevo movimiento poltico y al que supuestamente tendramos que volver [10], el proceso de integracin europea tiene sus orgenes y desarrollo en la dinmica de la Guerra Fra: por un lado, acercar polticamente y robustecer econmicamente a los pases de Europa Occidental despus de su unificacin militar con la OTAN (1949) de cara a una ms eficaz contencin de la amenaza sovitica; y por el otro, insertar plenamente a la Repblica Federal de Alemania en Occidente para evitar cualquier tipo de conato revanchista tras la derrota de 1945. Bajo esta ptica, y no otra, ha de encuadrarse el Tratado de Roma de 1957, que instituy la llamada Comunidad Econmica Europea. Desde entonces, los gobiernos de la CEE-UE nunca pusieron en discusin la existencia de la alianza atlntica militar, ni siquiera tras la cada del Muro de Berln en 1989 y la disolucin del Pacto de Varsovia en 1991. Es ms: a la subalternidad poltica y militar, Bruselas y los gobiernos europeos han acentuado su subalternidad econmica a los Estados Unidos al aceptar el Acuerdo Transatlntico para el Comercio y la Inversin (conocido por el acrnimo en ingls TTIP), que como es sabido tendr consecuencias profundamente negativas para la economa europea. Pocas dudas pueden caber ya acerca de que el sueo de una Europa unida y geopolticamente autnoma, de la que se habl profusamente hasta hace poco, fue una gran mentira para atraer al electorado. Adems de recuperar todos los instrumentos macroeconmicos con vistas a realizar una poltica socialmente transformadora, necesitamos delinear una nueva poltica exterior no supeditada a los intereses imperiales de las clases dirigentes atlnticas y orientada a reconstruir puentes de dilogo con el este de Europa y todas las poblaciones del Mediterrneo.

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En 1975, el Partido Comunista de Espaa afirm en su Manifiesto-Programa: Hemos hecho una opcin favorable a la articulacin de una Europa de los pueblos. Hoy conocemos la Europa de los monopolios y vemos sus lmites y su impotencia para resolver los problemas cardinales tanto en el terreno econmico como en el poltico y social. Por qu la clase obrera y la izquierda habran de dejar el monopolio de la accin para articular Europa, en manos del gran capital y de la derecha? [11]. Si citamos este documento es slo porque dicha posicin, salvo pocas excepciones, sera asumida por el resto de partidos y movimientos polticos de izquierdas del Estado espaol. Y porque refleja el optimismo con el que la izquierda, en general, encar esta cuestin.

Pero cuarenta aos han pasado desde la publicacin de este documento y no se ha producido ningn paso real hacia la construccin de aquella Europa social y de los pueblos a la que muchos aspiramos. Todo lo contrario: adems de la desposesin de soberana popular de la que estn siendo vctimas los pueblos europeos, del aumento de la desigualdad social y del desmantelamiento progresivo de las redes de proteccin social construidas despus de 1945, asistimos al renacer de pulsiones nacionalistas en cada uno de los pases de la UE y al fortalecimiento de numerosos partidos de extrema derecha. Liso y llano: la UE, y ms an la UME, estn minando tanto los niveles de democracia y paz como el bienestar alcanzados en las ltimas dcadas en el continente. Esta es la realidad, mal que pese. El seguir cultivando un europesmo naf basado en la certeza de que los trabajadores europeos, tarde o temprano, se unirn para dar vida a una Europa social, choca con una realidad en donde el demos europeo brilla por su ausencia y en cuya mayora de Estados (pensemos en los pases del Este y en los blticos) ni siquiera existe una izquierda digna de este nombre. Probablemente tiene razn el economista Dani Rodrik cuando afirma que la UE es una ilustracin perfecta del clebre trilema que present en su libro La paradoja de la globalizacin. A saber: que no se puede tener a la vez globalizacin econmica, democracia poltica y soberana nacional (que, en el caso de la izquierda, sera mejor llamar soberana popular). Debemos elegir dos de entre estos tres conceptos. Y, para Rodrik, el trilema es aplicable a escala europea en tanto que las dificultades econmicas y polticas que atraviesa Europa tienen su origen en el hecho de que la integracin monetaria y financiera ha ido muchsimo ms all de la integracin poltica. Por lo tanto, para salvar la democracia en Europa se necesitara o ms integracin poltica o menos integracin econmica [12]. Tertium non datur. Y de momento nadie, empezando por los pases acreedores, ha dado muestras de apostar seriamente por la primera opcin.

Es por ello por lo que ha llegado el momento de pensar y discutir sobre alternativas a la moneda nica y la Unin Europea. Desde luego, no partimos de cero: en los ltimos aos se han avanzado propuestas diferentes para superar el actual orden monetario y poltico europeos que partan todas de la premisa de que se trata de un paso indispensable pero insuficiente. Nadie afirma que ello ser fcil ni que solucionar todos nuestros problemas; sera slo el primer paso para restablecer un correcto y democrtico funcionamiento de nuestros sistemas polticos y sentar las condiciones para implementar un modelo productivo de plena ocupacin y ecolgicamente sostenible. Tiempo habr para criticar y enriquecer estas propuestas o para presentar otras. Ahora nuestro propsito es el de invitar a todos los partidos y movimientos sociales alternativos a sumarse a este debate. Y a hacerlo de forma colectiva, documentada y sincera. En fin, sin tremendismos ni tabes. La nica forma que nos permitir dar con respuestas slidas para encarar la situacin de emergencia social que vivimos hoy en da.

Notas

[1] Yanis Varoufakis, Stuart Holland, James K. Galbraith, A Modest Proposal for Resolving the Eurozone Crisis (2013). Consultable en: https://varoufakis.files.wordpress.com/2013/07/a-modest-proposal-for-resolving-the-eurozone-crisis-version-4-0-final1.pdf.

[2] Varoufakis admits plans for parallel payment system, denies Grexit goal, Ekathimerini, 27/7/2015. Consultable en: http://www.ekathimerini.com/199951/article/ekathimerini/news/varoufakis-admits-plans-for-parallel-payment-system-denies-grexit-goal.

[3] Galbraith: per Syriza missione impossibile, Il Manifesto, 16/7/2015.

[4] James K. Galbraith, Greece, Europe, and the United States, Harpers Magazine, 16/7/2015. Articulo consultable en: http://harpers.org/blog/2015/07/greece-europe-and-the-united-states/. Vase tambin, del mismo Gailbraith, The Future of Europe, The American Prospect, 14/8/2015. Consultable tambin en: http://prospect.org/article/future-europe.

[5] Sobre el nuevo partido griego Unidad Popular, consltese el texto de Stathis Kouvelakis, Nace Unidad Popular!, vientosur.info, 21/08/2015. Consultable en: http://www.vientosur.info/spip.php?article10409; Sobre el Bloco de Esquerda, vase la resolucin de la Mesa Nacional del da 26 de julio de 2015: http://www.bloco.org/media/mn20150726.pdf; Una buena muestra de cmo la cuestin del euro haya entrado en los discusiones sobre el futuro de la izquierda radical italiana son las intervenciones en el debate C vita a sinistra, organizado por el diario Il Manifesto y consultables en la pgina web del diario (www.ilmanifesto.info); En cuanto al debate que empieza a producirse en Die Linke sobre el euro y la UE, vase: Nicole Gohlke y Janine Wissler, Escaping the Euro Dream, Jacobin, 31/7/2015, consultable en: https://www.jacobinmag.com/2015/07/germany-greece-austerity-grexit/.

[6] Nicholas Kaldor, The Dynamic Effects Of The Common Market, The New Statement, 12/03/1971.

[7] Vase, al respecto, el libro de David Marsh, The Euro. The Battle For The New Global Currency, New Haven, Yale University Press, 2009.

[8] Mark Blyth, Acabar con el paraso del acreedor, Cxtx. Contexto y accin, 3/3/2015. Consultable en: http://ctxt.es/es/20150305/politica/520/Acabar-con-el-para%C3%ADso-del-acreedor-SPD-Merkel-Gabriel-Blyth-econom%C3%ADa-crisis-econ%C3%B3mica-Eurozona-Europa-Uni%C3%B3n-Europa-economista-austeridad.htm.

[9] Gabriel Flores, Se benefician los pases perifricos de formar parte de la Eurozona?, Nuevatribuna.es, 20/8/2015. Consultable en: http://www.nuevatribuna.es/articulo/europa1/benefician-paises-perifericos-formar-parte-eurozona/20150820182108119316.html.

[10] Claudi Prez, Yanis Varoufakis: El tercer rescate de Grecia est diseado para fracasar, El Pas, 2/8/2015.

[11] Partido Comunista de Espaa, Manifiesto-Programa del Partido Comunista de Espaa, Pars, Coleccin Ebro, 1975, p. 28.

[12] Vase el prefacio de Rodrik, dedicado a Europa, a la edicin italiana de 2015 del libro La paradoja de la globalizacin. Democracia y futuro en la economa mundial (publicado en Espaa en 2012 por Antoni Bosch editor; y en Italia, por la editorial Laterza).

Fuente: http://www.mientrastanto.org/boletin-138/notas/la-izquierda-y-la-necesidad-de-abrir-un-serio-debate-sobre-el-euro-y-la-union-euro



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