Portada :: EE.UU. :: Katrina, con el neoliberalismo al cuello
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-09-2005

Norteamrica y su libertad

Jorge Sanmartino
Rebelin


Katrina nos ofreci un espectculo estremecedor. Dej en claro no slo la improvisacin, el descuido, la inoperancia sino que tambin mostr el desprecio del gobierno de blancos varones y anglosajones pudientes que habitan la Casa Blanca por los negros y los pobres. Katrina concentr y puso a la luz de todo el mundo el alcance brutal, chocante de las polticas y la cultura neoliberal, que arranca con Reagan, pero es perfeccionada y mejorada desde Clinton hasta nuestros das, cuando llega al estadio de lo grotesco. La cultura del mercado y la iniciativa privada restablecieron lo que se ha considerado desde el regreso del neoconservadurismo liberal, el estatuto natural del hombre.

El impulso de la iniciativa privada que durante ms de 30 aos domin la escena econmica e ideolgica norteamericana proclam su apoteosis cuando das previos al huracn el presidente de la nacin George W. Bush y las oficinas de prevencin de catstrofes recomendaron que cada ciudadano, impulsado por su propia iniciativa y medios, considerara, sopesando beneficios y costos, la huida de las ciudades amenazadas. Esta sugerencia cnica es la quintaesencia de la mano invisible del mercado, y representa, en realidad, slo una manifestacin cotidiana de la cultura norteamericana. El mercado gan ampliamente la batalla y la poltica pareci ms el vehculo para la administracin y el control de la libertad de mercado por tecncratas aspticos que un terreno de disputa con sus despreciables clientelas polticas y promesas de bienestar y empleo. As el orden del estado neoliberal se asent en la despolitizacin radical de la vida social. El mercado y la bolsa de valores pasaron a sustituir en diversas esferas de la vida al estado. El estado mnimo fue la consigna de transicin desde el capitalismo keynesiano al neoliberal, de acuerdo a las necesidades de la acumulacin de capital.

No se trata en particular de medidas puntuales de gobierno que se pudieran achacar al gorila de Bush. Por supuesto todos tenemos en mente su redistribucin de recursos ms estentreas, por ejemplo aquellas que reducen impuestos a los ricos y disminuye los gastos en la seguridad social o infraestructura urbana, para desviarlos en la guerra imperialista de Irak y Afganistn. Estas medidas han sido ltimamente criticadas por sus opositores gemelos, la aristocracia liberal reunida en el Partido Demcrata, que ha sido tan indiferente como ellos a la pobreza y a la situacin de sus otrora bases polticas, los trabajadores y los ms necesitados. En este campo tanto como en la guerra de Irak, fueron entusiastas socios de sus contrincantes republicanos. Mientras que en los aos 60 el republicano Nixon sentenciaba que todos somos keynesianos, en la fase abierta a fines de los aos 70 los demcratas, y en primer lugar Clinton se han vuelto paladines del credo neoliberal y su gobierno de las corporaciones.

Lo que ha salido a flote en esta crisis es la privatizacin de la vida y las necesidades colectivas de toda la sociedad. Todo en EEUU ha sido sometido y escrutado de acuerdo con su valor, desde la salud y la educacin, hasta los sistemas hdricos, la infraestructura, la vivienda, los servicios esenciales como la electricidad, el agua y el gas, los caminos, las redes de informacin y las comunicaciones, la cultura y el entretenimiento. El futuro de los inundados y de las familias que han perdido a sus seres queridos en Nueva Orlens y otras ciudades depende del contrato de la compaa de seguros, as como cada hombre que culmina sus 30 aos laborales depende de los vaivenes de la bolsa de valores cuya capitalizacin marcar su nivel de ingresos. En muchos otros pases del mundo los televidentes se sorprenden cuando en medio de la tragedia la CNN y otras cadenas televisivas pasan cada cinco minutos reportes sobre la solidez de las compaas de seguros, y colaboran con los damnificados explicando cmo se realizan los trmites para aquellos que se encuentran fuera de la ciudad, como refugiados y sin sus plizas a mano! Esos mismos televidentes se irn acostumbrando cada vez ms, porque el american way of life, con sus sistemas de capitalizacin de retiro y seguros personales sofisticados, se vuelven cada vez ms familiares en el sur y toda la periferia, a pesar de las resistencias populares en regiones como Amrica Latina. El 60% de las familias norteamericanas pasaron a tener, en el 2000, sus ahorros invertidos en las bolsas, entre acciones adquiridas y sus ahorros en los fondos de pensin, un porcentaje que once aos antes eran menor a un tercio. Fue una gran victoria del capitalismo norteamericano y de su ideologa hacer que la gran masa de la clase media, ms una fraccin de los trabajadores, pasasen a tener sus destinos, y el destino de sus familias bajo la dependencia de la bolsa de valores, y por lo tanto, del capital financiero [1] . Con su habitual instinto para captar el sentido popular que la ideologa liberal le dio al estado mnimo Merryl Lynch, la corporacin ms importante de fondos de inversin apuntaba como eslogan publicitario a que las familias tomen el futuro en sus propias manos.

Ningn rea de la vida ha sido apartada del proceso de mercantilizacin. La sociedad de los propietarios pareca ser la apoyatura de todo el andamiaje imperial y la expansin de la globalizacin empresaria y financiera, mientras Hollywood y las grandes cadenas de entretenimiento colonizaron la cultura de masas de gran parte del mundo, llevando consigo el mensaje de que no hay otra alternativa, amplificada por la ruidosa cada del muro de Berln.

Norteamrica se ha vuelto el terreno en el que las filosofas neoliberales ms extremas encontraron su constatacin emprica ms descarnada. Ella hizo realidad aquella sentencia Hayekiana de que el orden nace de la confluencia espontnea de infinitas voluntades autnomas, no depende del legislador, ni hay bien comn que puede nacer de una deliberacin colectiva. Se trata de garantizar el bienestar auto-realizado de cada individuo que es soberano en su propia ley, slo limitada por la potestad de los dems y su alcance monetario para satisfacer los apetitos e intereses particulares. Bush y su administracin han alcanzado el estatus que Hayek crey poda sostenerse slo como instancia terica y Margaret Thatcher lanzaba slo como consigna de propaganda: la sociedad no existe. La socializacin y las formas de comportamiento de toda la colectividad estn impregnadas de ese espritu privatista. Algunos comentaristas locales y extranjeros que permanecen en Nueva Orlens se sorprendieron de una comunidad que sometida a la catstrofe y dejada a su suerte durante tres o cuatro das por las autoridades y el estado federal, fue incapaz de auto-organizarse para cuidar de s misma, defender a sus seres queridos y vecinos, distribuir equitativamente el escaso alimento, darle prioridad a sus nios, ancianos y enfermos y resguardar a sus familias. Sin la autoridad brutal de las fuerzas represivas, la sociedad local pareca disgregarse sin remedio. Entre el mercado impersonal y egosta y el estado represivo hasta lmites terroristas, la colectividad no alcanz a organizarse y no pudo impedir los asesinatos, violaciones y la muerte de hambre y enfermedad en los mismos lugares de refugio. Los hroes de la velada no han sido los habitantes organizados de Nueva Orlens, sino cada polica y guardia nacional que trabaja sin descanso. Ahora parece que la comunidad negra, histricamente ms organizada comienza a constituir un comit del pueblo de Nueva Orlens.

La filosofa de Bush

La tradicin liberal que nace en John Locke haba buscado la manera en que se poda impedir que una conciencia universal superior al hombre mismo, un estado hobbesiano todo poderoso pudiera vencer la ltima resistencia de libertad. El derecho a la rebelin se volvi una trinchera en la defensa democrtica del derecho de reunin y opinin, amenazado hoy mismo en Norteamrica por la lucha contra el terrorismo. El neoliberalismo pervierte ese sentido para dirigirlo demaggicamente contra el estado intervencionista. La ideologa neoliberal participa y actualiza la premisa fundante del liberalismo: el estado slo debe actuar como derecho negativo, impidiendo el recorte de las libertades privadas. Hayek demoli la premisa fundamental de Rousseau para quin la libertad individual slo poda nacer de la voluntad general.

Mientras Bush ha tendido a aplastar el viejo derecho liberal democrtico de rebelin, adopt en cambio el de la defensa de la libertad privada contra el estado totalitario y la burocracia ineficiente. Expres magnficamente el tipo de populismo conservador y liberal que culpa a la burocracia para llevar agua al molino del mercado. Sus asesores intelectuales le han dado un sabor americano, comunitario a las tesis neoliberales europeas. En una de sus intervenciones l ha dicho que Mi filosofa confa en que los individuos tomen las decisiones correctas con respecto a sus familias y sus comunidades, y esto es ms compasivo que una filosofa que busque soluciones en burocracias distantes [2] . Su principio rector fue gobernar si es necesario y no gobernar necesariamente. Pero mientras Bush ha sido un ferviente intervencionista en materia de matrimonios homosexuales, manipulacin gentica, aborto, condenas y asesinatos sin juicio y muchos otros temas, ha sido un liberal acrrimo en materia econmica y social.

Su frmula liberal-conservadora podra garantizar esa combinacin en la que se puede ser conservador en todo aquello que la iglesia y la derecha cultural han puesto en la agenda y liberal en todo lo que afecte la libre determinacin de las grandes corporaciones. En el debate presidencial celebrado en la Universidad de Washington en St. Luis, Bush dijo que se opona a la puesta en prctica de un plan para la sanidad pblica porque no quiero que el gobierno federal tome decisiones en nombre de todos [3] . Norteamrica se alz unvocamente bajo esta premisa, que inaugur hace treinta aos la era del ms puro individualismo y la desarticulacin de cualquier empresa colectiva. Las regulaciones estatales en la era del New Deal (funcionales en su momento a la propia dinmica capitalista) se transformaron para los idelogos neoliberales en fortalezas totalitarias a las que haba que tomar por asalto, para asegurar la libre circulacin de las mercancas, las transacciones irrestrictas de acciones y bonos y la plena vigencia de la libre contratacin de la mano de obra, salvada de las trabas impuestas por sindicatos y leyes laborales. Norteamrica est hoy prcticamente liberada de derechos sindicales. En los hechos la tasa de sindicalizacin ha bajado en estas dcadas del 35% a menos del 13%. Entre 1979 y 2002 aument 53 por ciento la productividad de la economa del pas mientras los salarios permanecieron estancados y la brecha entre ricos y pobres aument considerablemente. Es esta situacin la que llev a decir al especulador financiero Warren Buffet, el segundo hombre ms rico del mundo que a la gente rica en este pas le est yendo tan bien, digo, nunca hemos estado mejor. Es una guerra de clases, mi clase est ganando" [4] . Los ms perjudicados han sido los trabajadores inmigrantes, sobre todo los ilegales, as como empleados negros y latinos, los mismos que sufren las consecuencias catastrficas del huracn Katrina. La incapacidad de adoptar las mnimas acciones econmicas y sociales para prevenir y luego, para disminuir y paliar las consecuencias del huracn, son completadas como contracara, por la tendencia de la burocracia tecnocrtica y conservadora a la ocupacin y militarizacin de las zonas de riesgo. En primer lugar para conservar el orden all donde parecen convivir acciones violentas de sectores marginales con desesperacin y odio, resentidos por el racismo y la inaccin. Para la mentalidad liberal-policial de los dueos de la Casa Blanca la propiedad es el valor supremo que se encuentra por sobre la vida, la salud y el cuidado de la gente.

En el pas que ejerce la supremaca mundial se privilegi la idea de que cientos de miles de personas podran escapar en automvil por su propia cuenta y voluntad, o sea, abandonadas a sus propios recursos de la misma manera en que el consumidor practica su libertad de eleccin frente a la tienda. En las novelas de ciencia ficcin el futuro de decadencia y destruccin estuvo asociado a una esclavizacin espiritual y moral por parte de un estado omnipotente. Deberamos surtir el repertorio ficcional tambin con aquel argumento que nos habla de la disgregacin social y cultural provocada por una super-oligarqua de ricos y poderosos, bajo el emblema de la propiedad privada y la libre iniciativa.

En el filme canadiense, Las Invasiones Brbaras (2003), de Denys Arcand, el hijo de Rmy, Sbastien, un yupy ganador que trabaja en la city de Londres, regresa con su padre para asistirlo en su enfermedad terminal. El joven no escatima en recursos econmicos y prcticas ilcitas, ante la negativa del viejo idealista y ex militante Rmy de abandonar el decadente e impresentable hospital pblico de Montreal por una habitacin privada de lujo en la mejor clnica de New York. Rmy cree an que vale la pena mantener principios en la defensa de la salud pblica y ser consecuente con ellos incluso en sus das finales. Sebastin, que es un joven exitoso, que no comprende los valores de su padre ofrece espontneamente su afecto y compasin, inventando con el aporte sustancial de dinero, un mundo agradable en el infierno de un hospital tercermundista e invitando a los viejos alumnos de Rmy a visitarlo compasivamente a cambio de una mdica suma de dinero. En la poca neoliberal la salud ha sido depositada sobre las espaldas de la iniciativa personal, sometidas a las mismas compulsiones de productividad y precio de mercado como cualquier otra mercanca. Sbastien, un especulador profesional, cubre su cuota compasiva gracias a su ilimitada billetera. De la misma manera Bush y su administracin pulverizaron los sistemas de seguridad social dejando que cada uno se las arregle -libremente?- como pueda. Las invasiones brbaras, que parecen provenir no de un enemigo exterior islmico, sino de las entraas mismas del imperio, es la continuidad del primer filme, La decadencia del imperio americano, que en el siglo XXI no parece tanto expresarse como un mundo con sexualidad libertina y desordenada, sino como la desintegracin cultural y social mediante la ruptura de todo lazo de solidaridad. La fragmentacin y la libertad que pareca suministrar la desarticulacin de cualquier totalidad estructurada, de cualquier aspiracin universalizante, no parecen proporcionar un flujo de puntos de vista multiculturales, relativos y pragmticos, una otredad democrtica y pluralista, sino una nueva totalidad, una nueva relacin de poder, un nuevo estatuto poltico, en el que la despolitizacin radical del espacio pblico deja paso a la imposicin del poder de clase mediante el fetichismo de la eleccin libre proporcionada por el mercado.

Zigmund Bauman se pregunta si este individualismo-posmoderno-irresponsable no revela una desmoralizacin, egosmo y decadencia de la elite dirigente. En su libro En busca de la poltica [5] nos habla no ya de la invasin de lo privado por lo pblico, tema recurrente en la reflexin liberal anti-totalitaria de posguerra, sino de la forma en que lo privado se volvi pblico (Talk Show). Aqu el individuo expone sus asuntos privados ante el pblico, transformando lo curioso, la intimidad en algo de todos, aunque nadie puede ayudar a resolver las demandas privadas de la gente. Se va slo y se vuelve solo, mientras la colectividad slo puede alentar a que sea lo suficientemente osado, digamos competitivo para resolver sus asuntos, en los que la comunidad no puede ni desea intrometerse. Si en el Talk Show lo privado se hace pblico ya no como poltica sino como espectculo, en el hospital pblico de Montreal, en la catstrofe de Nueva Orlens o en la carencia de cobertura mdica o de pensin de millones, lo pblico deja paso a lo privado. El individuo queda finalmente slo, como Robinson Crusoe, atomizado, una monada de individuos desarticulados que sobreviven al hundimiento de la totalidad universalizante.

Democracia y capitalismo

Miles de hombres, mujeres y nios no tuvieron opcin. No pudieron escapar, sencillamente porque en la sociedad capitalista en la que vivimos la inmensa mayora de sus habitantes no son en esencia, libres. Hoy en da la libre disposicin de los hombres como seres privados e independientes, la libertad de que se dispone no es aquella que est basada en la autonoma de la gente, sometida a la dictadura de las necesidades sociales perentorias. Nadie ha podido an superar la explicacin de Marx sobre la distribucin diferencial de riqueza y poder que la propiedad privada (o la falta de ella) ejerce sobre las personas. Mientras la democracia capitalista ha extendido su dominio en las sociedades de occidente e incluso de oriente, la inmensa mayora de la poblacin mundial es pobre, no tiene esperanzas de vida mejor y deleg su potestad electoral a un juego vaco y sin sentido de elecciones formalistas donde absolutamente nada puede ser cambiado. La misma democracia del norte con su indiferencia criminal por los pobres demuestra como dice Born que tanto aqu como all a quines sirve el estado y el gobierno de las mal llamadas democracias capitalistas, que tienen casi nada de lo primero y demasiado de lo segundo [6] .

La idea de que el ser humano poda ser libre dentro y mediante la accin conciente y deliberada y la correccin de sus actos gracias a una gran empresa colectiva y democrtica ha sido completamente desacreditada por los regmenes estalinistas. No se trata de reivindicar, por supuesto, la idea de un socialismo burocrtico, donde la extincin del estado se troc en su omnipotencia opresora. Pero su hundimiento no result en ms libertad o justicia, sino en una combinacin infame de mafias, corrupcin, aumento de la mortalidad, desempleo y marginalidad, resultado de la instauracin de un tipo especial de libertad basada en la iniciativa capitalista privada.

La idea de que el rango de opciones de la sociedad neoliberal se ha ampliado por sobre la sociedad legislada y regulada se ha vuelto una falacia. En primer lugar porque dichas opciones no nacen espontneamente de lo que podran denominarse deseos naturales, sino previamente estipulados por el mismo mercado. Mientras que antes la regulacin, la educacin o la ley imponan severas restricciones al libre uso de los recursos, ahora bajo las polticas de desregulacin y privatizacin de lo pblico, ellas no desaparecen ni se hacen menos densas, simplemente son desplazadas desde el estado al mercado, donde el dominio poltico es directamente administrado de forma ms desptica an, por una centena de grandes mega-corporaciones de la industria, las finanzas y los servicios con un alcance soberano de carcter global. El desplazamiento de la toma de decisiones del campo de la poltica pblica a la esfera privada no implica que ella sea menos coercitiva, aunque tiene la ventaja de aparentar coincidir con el gusto y la eleccin cotidiana de millones de actores. Qu hay ms democrtico y libre que millones de consumidores formando en su choque amistoso una trama econmica resultante de sus gustos y deseos? Bajo la desregulacin privatizadora y la libertad posmoderna el poder poltico parece carecer de sentido o viene a restringir su esfera de influencia al control de la ley negativa. La planificacin o la educacin pueden parecer ahora interferencias perniciosas a la libre disposicin de la gente. El gobierno barato, una demanda progresista de carcter popular frente a la oligarqua poltica del estado, parece haber sido tomada como bandera por los grandes conglomerados econmicos que dominan despticamente su propia nacin: el mercado sin fronteras, para el cual pretenden un gobierno de tecncratas y un poder sustrado a los debates pblicos. La despolitizacin concomitante no slo volvi a los grandes partidos nacionales mquinas instrumentales de lobbistas corruptos, sino que gener un rechazo masivo de la poblacin, que oscil entre el clientelismo estatal y la desproteccin absoluta. El orden natural de individuos atomizados auto-gobernados no suplanta tampoco el aparato de estado, lo vuelve un campo de administracin tcnica ms represivo, ms denso, que redistribuye sus recursos a favor de los ricos y gasta miles de millones de dlares en subsidiar guerras, nueva tecnologa armamentista y mantiene a funcionarios parsitos que devoran el erario pblico. El keynesianismo poltico debe su ruina a que el estado hoy no ofrece ningn lugar para el mercadeo de favores y la acumulacin de poder en base a clientelas de masas. Estas son las condiciones del desarrollo capitalista hoy.

Hanna Arendt crea que la sociedad moderna se encaminaba a la abolicin de la esfera tanto privada como pblica, para conformar una esfera social en la que la acumulacin de riqueza sera ms importante y decisiva que la propiedad privada, pues se obtiene cada vez ms de un proporcin de las rentas globales anuales [7] . Aunque Marx crea que la socializacin debera ser precedida por una revolucin y expropiacin, en la posguerra una creciente nacionalizacin de ramas econmicas haba creado la ilusin de una planificacin social paulatina y la abolicin creciente de la propiedad. La exigencia de acumulacin de riquezas pareca haber hecho su trabajo marxista. En la medida en que esa extensin de las rentas y la creciente socializacin debieron asegurar un mercado ampliado de consumo y un pacto social pacificador, la tasa de ganancia deba llegar tarde o temprano a un declive. Lo que vivimos durante las ltimas dcadas no fue ms que una reversin de esa ficcin comunista socializada, donde la acumulacin de riquezas ya no pudo continuar su marcha sino mediante la restauracin del derecho pleno de propiedad. Socializacin creciente de las fuerzas productivas y plena vigencia de la propiedad indican una polaridad imposible de superar mediante el ms lento y no menos seguro marchitamiento de la esfera privada en general y de la propiedad privada en particular [8] .

Hoy la sociedad se enfrenta a la combinacin de una desarticulacin y desintegracin sociales provocada por la aguda polarizacin social, la alienacin del consumo, un feroz redoblamiento de la explotacin laboral en base a la mundializacin del mercado de trabajo y una creciente imposicin imperialista en todo el mundo, en procura de petrleo y otras materias primas y de asegurar su poder hegemnico.

El amplio espectro del movimiento anti-globalizacin y de resistencias que se est dando en todo el mundo debera tomar en cuenta estos desafos de la lucha terica, ideolgica y poltica que enfrentamos, puesto que una lucha anti-capitalista y anti-imperialista en las actuales condiciones no debera asumir sus mismas coordenadas anti-polticas y anti-estatalistas (tal como los herederos-herejes de John Locke han impuesto ideolgicamente) con la excusa, entendible por cierto, de no volver a cometer los errores del pasado. Una sociedad comunista no puede basarse en un estado omnipresente y la dictadura de una burocracia opresora, ni puede alcanzarse obviando la fecunda tarea que la revolucin debe ejercer sobre las fuerzas enormemente poderosas del estado capitalista y el imperialismo en todo el mundo.

El capitalismo ha hecho, como haba previsto Marx y remarc Hanna Arendt, su buen trabajo comunista, aunque para asegurar una nueva sociedad, no se requiere el trabajo silencioso de la conducta social automtica, sino la ms impertinente esfera de la accin conciente, de la poltica propiamente dicha, la que impone un quiebre social frente a la inercia de las fuerzas inconscientes del mercado, para introducir en la esfera de la regulacin social, algo que ya haban logrado los Griegos en la polis, la deliberacin, el debate y la ejecucin comn y planificada de las acciones sociales, de la voluntad colectiva, aquella en donde puede realizarse la libertad humana.



[1] Sader, Emir, 2004, La venganza de la historia. Buenos Aires, CLACSO, Pg. 70.

[2] Singer, Peter, 2004, El presidente del bien y del mal. Barcelona, Tusquest Editora, Pg. 105.

[3] Idem. Pg. 106.

[4] El papel del trabajo en Estados Unidos, David Brooks, Corresponsal en Nueva York de La Jornada. Suplemento de La Jornada, Mxico, 22/08/05.

[5] Bauman, Zygmunt, 2003, En busca de la poltica. Buenos aires, Fondo de Cultura Econmica.

[6] Born, El Katrina, made in USA. Pgina 12, 7-9-05.

[7] Arendt, Hanna, 1993, La condicin humana. Barcelona, Editorial Paids, Pg. 70.

[8] Idem. Pg. 77.



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