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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-09-2015

EHBildu y Podemos: Asalto a los cielos o travesa en el desierto?

Gonzalo Fernndez Ortiz de Zrate
Rebelin


El artculo analiza el desempeo y las perspectivas electorales de EHBildu y Podemos en funcin de las estrategias polticas de ambas formaciones. Partiendo de matices y diferencias significativas, se defiende que ambas han optado fundamentalmente por el asalto a los cielos, tratando de alcanzar los resortes del gobierno en el corto plazo como medio para generar transformaciones, frente a una estrategia de mayor recorrido basada en la consolidacin y refuerzo del poder popular. En ambos casos, esta opcin de asalto a los cielos tiene bastantes posibilidades de no hacerse realidad, pudiendo convertirse en cambio en una travesa del desierto en la que se combina un notable peso institucional con cierta irrelevancia en trminos de emancipacin. Para evitar dicha travesa, se propone finalmente una reconsideracin estratgica a partir de sendos procesos re-constituyentes, que permitan navegar la complejidad de la poltica desde nuevas claves.

Comenzamos este curso poltico con la mirada puesta en dos nuevas citas electorales (estatales a finales de ao, al parlamento de Gasteiz en 2016). Estas cierran un largo ciclo que comenz con los comicios europeos en mayo de 2014 y que continu con las elecciones municipales, autonmicas y forales de la primavera pasada. Hemos vivido por tanto estos aos -y vivimos todava- en un estado de permanente campaa y anlisis electoral, en el que parece imponerse el mero seguimiento numrico de votos y encuestas como la frmula para entender nuestra realidad poltica.

Frente a esta dinmica tan extendida, este artculo pretende evaluar el desempeo y las perspectivas electorales de dos de las fuerzas de izquierda de mayor relevancia y recorrido en Euskal Herria y el Estado espaol (EHBildu y Podemos), pero desde el anlisis de la relacin entre votos y estimaciones, por un lado, y sus estrategias polticas, por el otro. De esta manera, se parte de la premisa de que slo se puede realizar un buen balance del desarrollo y perspectivas de una formacin si miramos sus resultados electorales en funcin de sus objetivos estratgicos (ms o menos explcitos), esto es, de sus principales seas de identidad. Por supuesto, este anlisis debe ser adems completado por toda una serie de elementos histricos, sociolgicos y polticos para ser riguroso, pero que s o s deben pasar por el filtro de la estrategia poltica como base para una reflexin slida.

En este sentido, es necesario huir tanto de miradas gerenciales que recuentan votos, evalan tendencias, y se afanan en la bsqueda de nuevos nichos de mercado electoral, como de enfoques voluntaristas en los que se destacan a discrecin unos elementos u otros del desempeo de cada organizacin, en funcin del optimismo o pesimismo de cada quin, de sus intereses y deseos de ver el vaso medio lleno o medio vaco, pero sin mayor sustento argumental. Precisamente desde estas perspectivas gerencial y voluntarista (ambas complementarias en muchos anlisis), podramos destacar tanto la capacidad de EHBildu para consolidarse como la segunda fuerza en Euskal Herria en un contexto muy complicado para la izquierda europea, como su descenso en votos en las elecciones municipales y forales, a la vez que la hegemona del PNV se reforzaba en un contexto de profunda crisis. Al mismo tiempo, podramos poner el nfasis en la posibilidad de que Podemos sorpasse no slo a Izquierda Unida sino tambin al PSOE -poniendo en riesgo el rgimen del 78-, pero tambin en sentido contrario podramos resaltar su evolucin negativa desde las encuestas que le daban como primer partido en intencin de voto hace slo unos meses, hasta convertirse en tercera fuerza en las elecciones de mayo pasado, lejos por tanto de romper con el bipartidismo.

Ambos enfoques de anlisis, en definitiva, representan miradas parciales que no nos ayudan a definir una fotografa poltica integral y equilibrada de ambas formaciones, ya que carecen de una referencia sobre la que sustentarse. Como ya se ha sealado, ese sustento reside en mi opinin en desentraar las estrategias polticas, esto es, en sintetizar cules son los objetivos fundamentales, cules son los principales puntos de la agenda, qu concepcin tienen de la accin y de la cultura poltica, y cmo entienden los procesos transformacin, para posteriormente analizar su desempeo en funcin de estas claves. Veamos a continuacin cules pudieran ser las principales caractersticas de sus estrategias polticas, en qu coinciden y en qu no, para posteriormente pasar a valorar sus perspectivas polticas.

 

Estrategias polticas: Asalto a los cielos y/o construccin de poder popular?

Como ya hemos repetido previamente, entendemos por estrategia poltica los hitos, las principales caractersticas que definen la identidad de una organizacin: objetivos prioritarios, agenda, prctica y manera de entender la poltica. Por lo tanto, es importante discernir lo que es identitario y lo que no, lo que marca bsicamente su accionar poltico y lo que es simplemente un elemento perifrico.

En este sentido, dos consideraciones previas. En primer lugar, es necesario realizar una distincin entre retrica poltica (el discurso que se traslada a la sociedad) y la prctica poltica real, ya que ambos no tienen por qu coincidir. Esto es, no siempre va de la mano lo que se dice que se persigue y lo que en realidad marca la prctica poltica. Y no me refiero en este caso a los lmites que impone el actual modelo de democracia de baja intensidad, o la propia complejidad de todo proceso de emancipacin -que por supuesto tienen una incidencia en el dislate entre discurso y accin-. No, me refiero concretamente a que el discurso puede ir para un lado o para muchos lados-, mientras que los nfasis polticos reales tienen su propio camino, no siempre convergente con los caminos de la retrica. De esta manera, la estrategia poltica no es slo un anlisis del discurso que tambin-, sino un anlisis de los patrones de actuacin, de las prioridades que se definen en la praxis. Y son estas prioridades, esas cestas donde fundamentalmente se ponen los huevos, lo que marca la estrategia de una organizacin. Esto sin menoscabo de que tambin se coloquen huevos en otras cestas, pero de menor relevancia poltica y siempre de manera asimtrica y puntual, por lo que no definen su identidad poltica sino que se convierten en excepciones que confirman la regla.

Relacionado con esto, y como segunda consideracin, es necesario tener en cuenta que, siguiendo como el smil anterior, es prcticamente imposible mantener una estrategia que cubra todos los frentes, esto es, que ponga huevos de manera simtrica en todos los cestos: luchar por la victoria electoral a corto plazo y a la vez por la hegemona poltica en el largo; primar la va institucional y a la vez tener una presencia firme en la calle; disputar y aliarse con partidos polticos y a su vez mantener agenda comn con los movimientos sociales; plantear la lgica de poder a la vez que la de contrapoder; primar la eficacia en la organizacin a la vez que la participacin, etc. Esta estrategia total puede formularse y defenderse retricamente, pero es muy complicado que pueda llevarse a cabo, ya que al final es necesario optar y tratar de navegar en la complejidad de estas decisiones. Y, normalmente, todas las organizaciones polticas optan, tambin EHBildu y Podemos.

Partiendo por tanto de estas dos consideraciones, vamos a analizar someramente las estrategias polticas de ambas fuerzas contraponiendo precisamente dos tipologas fundamentales [1] . Por un lado, la estrategia que podramos definir como la de acumulacin del mayor poder institucional en el menor tiempo posible como va para generar cambios estructurales. En este sentido, su agenda, su poltica de alianzas y su cultura y estructura organizativa se establecen al servicio del gran objetivo de conseguir en el corto plazo el mayor nmero posible de votos, a costa por tanto de otro tipo de metas a medio y largo plazo. Citando a Pablo Iglesias, se tratara de la estrategia de asalto a los cielos, de bsqueda de una victoria rpida y contundente que permita controlar los resortes institucionales para, de esta manera, posibilitar cambios profundos.

Por otro lado, y dentro de las muchas posibles, destacamos la estrategia poltica que plantea al partido como una herramienta ms del tablero poltico en pos de la emancipacin, y que sita su objetivo fundamental en la construccin en el medio y largo plazo de poder popular. A partir de esta apuesta prioritaria, se defiende una agenda poltica diversa, inclusiva y radical, construida colectivamente con otros agentes de forma dinmica, as como una prctica poltica basada en la pedagoga y en la participacin, que mide su desempeo en trminos de ampliacin de los espacios emancipadores. En este sentido, se prima la elaboracin colectiva, la formacin poltica, la alianza con sujetos diversos ms all de los partidos y, en definitiva, los avances desde ya en la construccin de poder social alternativo, siendo las instituciones un instrumento para dicha pedagoga poltica y no fines en s mismos.

Son por tanto estrategias con nfasis diferentes (tiempos, prioridades, alianzas, principios), que ponen huevos en cestos diferentes. Podemos encontrar en ambas tipologas huevos en los mismos cestos, pero las cestas que unos tienen repletos, las otras los tienen semivacos. Es una cuestin de opcin, y dicha opcin tiene en todos los casos unos pros y unos contras, ya que no hay recetas nicas que resuelvan el desafo de navegar en la complejidad poltica. En este sentido, es obvio que la estrategia de asalto a los cielos parece ms fcil de asimilar, es ms evidente, ms visible y evaluable, ya que se gana o no se gana, y tres son siempre ms que dos y dos ms que uno. Al contrario, una estrategia a largo plazo de construccin de poder popular es ms compleja (Cul es el tiempo idneo de una estrategia de este tipo? Cmo se miden los avances?).

En todo caso, el asalto tiene dos grandsimas complicaciones para una fuerza alternativa. En primer lugar, la misma posibilidad real de victoria, dadas las trampas que el propio sistema poltico impone, los ataques constantes de los medios de comunicacin hegemnicos, las claves culturales y sociolgicas de la ciudadana, as como su percepcin del momento poltico. En segundo lugar, e incluso si se alcanzara hipotticamente la victoria, otro problema relevante sera la capacidad real de poner en marcha procesos de transformacin desde los resortes institucionales, desde la distincin entre gobierno y poder, y desde las dinmicas, estructuras y medidas establecidas por el sistema para tener todo atado y bien atado (no hay ms que analizar el caso griego, por ejemplo), sobre todo si se cuenta con mucho votante pero con poco cuerpo militante.

Por otro lado, la opcin por la construccin popular tampoco est exenta de nudos significativos. As, en primer lugar, destacamos la posibilidad de la existencia de techos de cristal al crecimiento de espacios y agendas emancipadoras desde el mbito del contrapoder, si no existen espacios institucionales y formales que los faciliten. Adems, y en segundo lugar, es importante tener en cuenta que una lgica de poder popular en funcin de agendas radicales, inclusivas y ntidas pudiera conducir, en el extremo, a posiciones puristas y esencialistas, que reniegan del desafo que supone navegar en la complejidad poltica, y que por tanto pudieran perder toda su capacidad de impacto, llegando incluso a apuntalar al propio sistema desde una lgica inmovilista y sectaria.

En esta mar compleja navega la poltica, y con toda seguridad tambin EHBildu y Podemos han reflexionado sobre este asunto y, como decimos, optado. As, en mi opinin, y siendo muy consciente de las diferencias en lo que se refiere a orgenes, trayectorias, enfoques, propuestas y dems, ambas formaciones estn actualmente defendiendo dos versiones diferentes -pero no tanto, como despus explicaremos- de la misma estrategia poltica, que hemos denominado como asalto a los cielos.

De esta manera, las dos ponen especial nfasis en lo electoral-institucional como resorte de cambio; miden su desempeo y evolucin en funcin de los votos obtenidos o en perspectiva; centran sus agendas polticas para atraer al mayor nmero de votantes posible; priman la batalla comunicativa para hacer su discurso ms atractivo para el conjunto de la ciudadana y obtener as un mayor espacio poltico; definen su cultura y estructura organizativa en funcin de la eficacia, en detrimento de la participacin, de la formacin y de las lgicas a largo plazo; y mantienen una relacin no del todo naturalizada con los movimientos sociales, en ocasiones desde la consideracin de estos como actores polticos de segunda divisin; desde una lgica extractiva de aprovechar momentos sociales lgidos; desde una separacin muy categrica entre lo poltico y lo social; y desde relaciones ms bien puntuales y no en base a procesos colectivos y a largo plazo.

Teniendo en cuenta estos puntos en comn -a pesar de los necesarios matices-, veamos a continuacin un somero anlisis de cada formacin poltica. Comenzando por EHBildu, desde su exitosa irrupcin en 2011 se prioriz la va electoral e institucional como el espacio al que principalmente circunscribir su accin poltica, pensando que el abandono de la lucha armada por parte de ETA, la crisis profunda que vivimos y la descomposicin del rgimen espaol permitiran en un tiempo no demasiado largo ocupar un vasto espacio poltico, e incluso superar la hegemona del PNV. A partir de esta premisa, se define una agenda interclasista, transversal, socialdemcrata y limitada fundamentalmente a dos puntos: la soberana como medio para el cambio social, por un lado, y la apuesta por la resolucin del conflicto vasco (paralizado estratgicamente por el gobierno del Reino de Espaa), por el otro. Esta agenda marca su prctica poltica, que pretende el reconocimiento de la marca como una fuerza poltica seria, no radical ni especialmente confrontativa -en funcin de las coyunturas-, que puede llegar a acuerdos (como el de Kutxabank en 2011), y que traslade un mensaje vlido para el conjunto de la sociedad (optando fundamentalmente por modular el mensaje en funcin del sentido comn medio, frente a la apuesta por mantener un mensaje emancipador y hacer pedagoga con el mismo).

En esta clave pactista se producen los peridicos llamados pblicos al PNV (para la conformacin de lista unitaria para las elecciones estatales de 2011, o incluso para compartir espacios de gobierno si se apostara conjuntamente por la va vasca, trasladando a Euskal Herria la alianza catalana CIU-ERC), que se completan dentro de una multipolar poltica de alianzas con llamados a ERC a sumarse a una candidatura colectiva para los comicios europeos de 2014, as como la valoracin positiva a la actual propuesta de concurrir conjuntamente junto a otras fuerzas estatales de izquierda en una lista unitaria en Euskal Herria para las elecciones del prximo invierno. En realidad, esta estrategia de alianzas no es sino un indicador de una concepcin bastante clsica de la poltica, en la que priman las respuestas coyunturales, la bsqueda del tono y mensaje idneo ms que la construccin de una verdadera estrategia poltica, la eficacia comunicativa a la participacin, y todo ello aderezado por los lmites que establece una coalicin de partidos, cuyo sistema de cuotas impide la realizacin de prcticas cada vez ms extendidas como por ejemplo la de primarias para elegir candidaturas.

Este podra ser, en mi opinin, el resumen de la estrategia poltica seguida por EHBildu en estos ltimos 5 aos. Por supuesto, sin menoscabo de que esta visin general se complete con actividades o procesos puntuales en los que s se ampla la agenda (como en el caso de aspectos muy interesantes de la gestin de la Diputacin Foral de Gipuzkoa), s se trabaja en la calle, y s se dan espacios de participacin y formacin, pero que no marcan el trasfondo de su identidad fundamental.

Por otro lado, Podemos despliega la versin 2.0 de esta misma estrategia, una versin quiz ms explcita que en el caso de EHBildu (ya que se reconoce pblicamente), y que a su vez incorpora algunas novedades significativas: en primer lugar, la claridad con la que se busca el centro poltico -o la centralidad?- as como una lgica de victoria en el corto plazo; en segundo lugar, la apuesta por la construccin de una agenda mnima, basada incluso en significantes vacos que trasladen mensajes difanos para la sociedad -casta, los de abajo-; y en tercer lugar, una concepcin de la poltica que mira menos al resto de partidos y ms a la ciudadana, abriendo algunos espacios de participacin y decisin que alteran el concepto clsico de partido. En todo caso, y esto es importante tenerlo claro, Podemos no ha generado una revolucin en la forma clsica de entender la poltica, sino que simplemente ha planteado una reforma -y en algunos casos mejora- de la misma estrategia poltica que definamos como asalto a los cielos, y que est con mayor o menor xito muy extendida entre todos los partidos de izquierda.

En este sentido, Podemos ha definido de manera explcita su objetivo estratgico de alcanzar los resortes del gobierno espaol en las prximas elecciones estatales de finales de ao. Esta lgica de victoria electoral es parte de su ADN, ya incluso desde la valoracin de sus resultados en los comicios europeos (5 europarlamentarios/as), en la que sealaron que no era ni mucho menos suficiente ya que haban nacido para ganar, no para generar espacios para la ciudadana dentro el espectro poltico vigente. As, esta meta concreta ha definido claramente su identidad y su estrategia. De esta manera, como ya hemos dicho, su agenda poltica est ms centrada en significantes vacos, en palabras que apelen a sentimientos, indignaciones y hartazgos, que a contenidos especficos. Estos por supuesto existen y se concretan en programas electorales y otros documentos, que han ido evolucionando hacia el centro (como se observa en sus propuestas sobre la deuda y la renta bsica) buscando al ciudadano medio, tambin desde lgicas socialdemcratas, transversales (hasta incluir personas del ejrcito, de la guardia civil, etc.), y de superacin del rgimen del 78. Esta agenda marca su quehacer poltico -centrado en los medios de comunicacin principalmente-, y que huye de la lgica izquierda-derecha y por tanto del discurso y simbologa cultural clsicos de la izquierda.

Se plantea as la necesidad de generar una nueva poltica, entendida como confrontacin entre los de abajo y los de arriba, definiendo de esta manera, y en su opinin, un terreno de juego ms abierto de relacin directa con la ciudana, y en el que la vieja poltica no sabe moverse, acostumbrada fundamentalmente a relacionarse entre partidos y en espacios cerrados a las mayoras. Precisamente esta apelacin al vnculo con la ciudadana provoca que su poltica de alianzas haya sido la de evitar la suma de siglas, pero la realpolitik de pactos tras las elecciones municipales y autonmicas de la pasada primavera ha transformado la percepcin de esta apuesta, ya que sin entrar en gobiernos se ha constatado un apoyo relativo al PSOE para desbancar al PP de ciertos gobiernos locales. Finalmente, y tambin referido a su concepcin de la nueva poltica en base al vnculo ciudadano, han puesto en marcha tmidas apuestas por la participacin (fundamentalmente virtual) a la hora de seleccionar candidaturas en primarias, realizar debates polticos abiertos, as como tomar decisiones de cierto calado. No obstante, esta apertura de puertas interna contrasta como una estructura organizativa pensada para ganar, en la que prima la eficacia y en donde se vislumbra una lgica muy centralista de impulso a la estrategia general en base a un nmero muy limitado de personas con gran legitimidad, mientras que los crculos sufren una crisis de identidad y de definicin.

De esta manera, ambas formaciones comparten versiones de la misma estrategia (primaca electoral e institucional, agenda transversal de mnimos, relevancia de la comunicacin y de lo coyuntural, estructuras organizativas pensadas en base a la eficacia, ncleo dirigente reducido, identidad centrada en la victoria rpida), con algunas diferencias (mayor claridad en el reconocimiento de su estrategia y mayores apuestas en favor de la participacin -aunque en una versin muy limitada- en el caso de Podemos, no renuncia al discurso y simbologa de izquierdas y un mayor peso militante relativo en el caso de EHBildu). Veamos a continuacin qu implicaciones tiene esto en el anlisis de las perspectivas de cada organizacin.

 

EHBildu y Podemos: desafos y amenazas de optar por el asalto a los cielos

Versiones diferentes de la misma estrategia poltica, que marca en ambos casos una senda coherente entre objetivos, agendas, prcticas y culturas organizativas. Huevos que se ponen en unas cestas determinadas, huevos por tanto que no se ponen en otras. En este sentido, es importante valorar qu se consigue con la opcin elegida (asalto a los cielos) y qu se desdea (construccin de poder popular), cmo se ven los resultados y perspectivas electorales desde estas seas de identidad, y qu elementos sociolgicos, histricos y polticos interactan con votos y estrategias.

Comencemos por EHBildu. Destacamos en primer lugar tres elementos histrico-sociolgicos que, en mi opinin, pudieran tener una relevancia especial a la hora de valorar la pertinencia de adoptar una estrategia u otra. La primera es que la afectacin de la crisis sobre la sociedad vasca ha sido muy importante, pero menor en trminos relativos que en el Estado espaol. Esto provoca que la tensin alternativa y la necesidad de cambio profundo no sea tan significativa, dndose el caso incluso de que el PNV ha conseguido desviar el hartazgo hacia el gobierno del PP e incluso al alemn, dentro de una Unin Europea crecientemente cuestionada. En definitiva, la sociedad vasca no parte en la actualidad de una sensacin generalizada de descomposicin, o al menos que esta afecta relativamente menos a las instituciones vascas y a sus eternos moradores, por lo que no hay un magma especialmente favorable a cambios estructurales. En segundo lugar, existe en una parte significativa de la sociedad vasca, tanto de derechas como de izquierdas, que vincula de una u otra manera a Sortu (principal partido dentro de EHBildu) con la violencia ejercida por ETA. Esta percepcin, pese al explcito rechazo de EHBildu a todo tipo de violencia, limita las posibilidades de crecimiento electoral de esta formacin, algo para lo que pudieran todava pasar aos incluso lustros. Finalmente, y en tercer lugar, la apuesta independentista de EHBildu no coincide con un momento social especialmente lgido en este sentido en Euskal Herria, con lo que esto puede suponer otro lmite importante a dicho crecimiento, ya que habra sectores retrados a un apoyo a una fuerza que prioriza este punto en su agenda.

Estas tres variables no coyunturales (no sensacin de descomposicin de las instituciones vascas; recelo respecto a Sortu de parte de la sociedad; tensin independentista en un punto templado) no hacen sino incidir en lo complicado de asaltar los cielos por parte de EHBildu, y parecieran acercarle ms a la necesidad de una estrategia de participacin y pedagoga para la construccin de poder popular en el medio y largo plazo. No obstante, esto no ha sido as y EHBildu ha sufrido, desde el punto de vista de su estrategia elegida, un lento pero progresivo desgaste en las sucesivas citas electorales. As, desde el xito obtenido en las elecciones celebradas en 2011 (municipales y forales en primavera, estatales en otoo), se produjo un estancamiento en las elecciones al parlamento de Gasteiz en 2012, que se ha mostrado ms notable en las municipales y forales de 2015, y cuya tendencia negativa parece que no se alterar en las estatales de este mismo ao.

Este descenso, que pudiera ser asumido con cierta naturalidad desde una perspectiva de construccin de poder popular (en base a una agenda ms radical, que quiz reduce votos pero que fortalece msculo militante y simpatizante), no lo es desde la perspectiva de asalto a los cielos, ya que se ve cmo se va perdiendo peso especfico y capacidad de incidencia, con lo que dicho asalto cada vez se constata ms difcil y lejano. Adems, la opcin por la victoria rpida y su consecuente agenda de mnimos, poltica coyunturalista de alianzas y cultura organizativa pensada en la eficacia y no en la participacin, generan un relativo desnimo en bases y simpatizantes, sobre todo aquellas que se sitan ms ntidamente en la izquierda.

De esta manera EHBildu, en su asalto a los cielos, ha obtenido resultados importantes (segunda fuerza en Euskal Herria), pero se enfrenta a un PNV slido (junto a sus aliados PSE y, si hiciera falta, el PP), que ha sabido fortalecerse incluso en la crisis; a unas bases menos ilusionadas y, en definitiva, a una falta de claridad de por dnde asaltar los cielos en estas condiciones. Pudiera ser en este sentido que su asalto a los cielos se transformara en una travesa del desierto, en la que contara con un relativo poder poltico e institucional -pero sin impacto notable, ms que en el mbito local-, insistiendo en un objetivo en el que no alcanza el xito a la espera de un golpe de suerte-, y a su vez no pone las bases para un asalto posterior en funcin de un slido bloque de poder popular, e incluso al contrario, desilusiona al que ahora todava mantiene.

Por otro lado, Podemos s se enfrenta a una sociedad espaola con un grado mayor de hartazgo. No obstante, y en primer lugar, el poso de esta sensacin de descomposicin y de la necesidad de cambio puede no ser tan slida como el de algunos pases de Amrica Latina en cuyo espejo Podemos se mira, aunque cada vez ms de reojo-, tras tres dcadas de polticas neoliberales. As, en el Estado espaol se est todava en el shock de la prdida progresiva de su exiguo estado del bienestar, y no siempre eso significa una apuesta por lo alternativo y lo por conocer. En segundo lugar, la derecha le ha devuelto con Ciudadanos la jugada de recoger indignaciones, de las agendas basadas en significantes vacos y de la nueva poltica centrada en caras nuevas y cambios formales, frenando la cosecha de votos de Podemos frente al bipartidismo. En tercer lugar, la ofensiva del miedo orquestada desde los medios hegemnicos algo que tambin ha sufrido EHBildu- genera una plaga constante de mentiras y medidas verdades que hace mella en los y las ciudadanas a la hora de plantearse entrar en lo desconocido frente a las opciones habituales.

Son tres tendencias importantes que hay que tener en cuenta a la hora de abordar el anlisis de las perspectivas de Podemos. As, esta formacin ha pasado en pocos meses de ser la primera fuerza en intencin directa de voto, a contentarse hoy con el papel de tercera fuerza, muy alejada de PP y PSOE. Esta posibilidad no es slo estimativa, sino que se ha plasmado en los resultados de las elecciones municipales y autonmicas de mayo pasado, aunque se confa que el efecto Pablo Iglesias pudiera revertir esta situacin. En este sentido, y pese a la desconfianza que debemos tener en las encuestas, Podemos podra enfrentarse ante un escenario en el que los cielos sigue ocupados por los mismos dioses de siempre (sean conservadores o social-liberales) y las expectativas generadas de victoria no se cumplen y se frustran.

Como en el caso de EHBildu, este escenario podra conllevar aparejado un peso poltico significativo (quiz de los mejores de la historia de la izquierda espaola), pero sin incidencia en la prctica de toma de poder institucional. Adems Podemos, debido a su menor cuajo poltico, pudiera ser menos resiliente ante la nueva etapa de realpolitik posterior a las elecciones de invierno, ya que cuenta con menos cuadros que los partidos tradicionales de izquierda, y por tanto pudiera sufrir deslegitimacin de manera ms incisiva. En definitiva, hablamos tambin de un asalto a los cielos convertido en travesa en el desierto a la espera de un golpe de suerte, mientras que apenas se contribuye a la construccin de poder popular, y se consolidan quiz formas y contenidos de un partido clsico.

Ante ello, Cul es la mejor opcin en estos momentos? En mi opinin, tanto por voluntad propia como por el choque con la realidad, ambas fuerzas polticas deberan transformar su estrategia poltica lo antes posible. Como ya hemos dicho, no hay opcin ptima, pero s creo conveniente que, ante estos escenarios, giren su accionar poltico hacia las claves de una estrategia de construccin de poder popular: elaboracin colectiva de agendas; alianza horizontal con movimientos sociales; apuesta por fortalecer experiencias de poder popular alejadas del mbito clsico de la poltica; formacin poltica; y una poltica de comunicacin desde la pedagoga y no desde la vacuidad. De esta manera pondran su legitimidad, reconocimiento y recursos al servicio de una estrategia a medio y largo plazo, sin desmedro de alcanzar cotas de poder institucional al servicio de dicha estrategia, y sin ser subsumidos por las dinmicas cortoplacistas y simplistas de la realpolitik. Por poner algn ejemplo cercano, creo que algunas iniciativas de las CUP en Catalunya nos podran dar algunas pistas: el uso de las instituciones con carcter instrumental y pedaggico, la renuncia a participar en las elecciones europeas por razones internas y por no darse las condiciones externas -saliendo de la exigente rueda electoral-, o su capacidad para mantener con gran coherencia su apuesta independentista y radical de izquierdas, sin alianzas extraas y manteniendo un siempre complicado equilibrio.

Este viraje profundo de estrategias no evita los riesgos ya sealados respecto a la estrategia de construccin de poder popular, pero busca navegar la complejidad poltica desde nuevas bases ms adecuadas a las realidades histricas, sociolgicas y polticas de Euskal Herria y del Estado espaol. Exigira por tanto procesos re-constituyentes de ambas formaciones, ya que supondran cambios identitarios en lo referido a de objetivos, agendas, prcticas y culturas, y eso slo puede enfrentarse desde iniciativas de este tipo, que re-cuestionen sus pilares bsicos y resiten los huevos en otras cestas, perifricas, semiperifricas e incluso vacas hoy en da.

En estos procesos re-constituyentes, y hablando especficamente sobre Euskal Herria, sera importante tomar en consideracin que la unidad popular de las izquierdas parece la nica va para superar el actual statu quo. As, ms all de la idoneidad o no del actual llamado a una confluencia electoral, es preciso avanzar en el camino de compartir acciones y procesos polticos, as como de tender puentes y buscar sinergias -en vez de construir diques, como algunos se empean en hacer-, que permitan construir agendas inclusivas en los que la capacidad de Euskal Herria a decidir libremente su futuro, as como la superacin del modelo hegemnico actual, sean claves fundamentales. Y, sobre todo, hacerlo desde planteamientos alejados de la vieja poltica (tacticismo, coyunturalismo, electoralismo, corporativismo), y desde una perspectiva amplia e inclusiva, ms all de los partidos polticos, y desde un nuevo imaginario de lo que es la poltica.

En definitiva, no sabemos muy bien si la estrategia de asalto a los cielos defendida tanto por EHBildu como por Podemos alcanzar el xito, pero no lo parece. Ante este escenario probable, sera positivo que ambas formaciones pusieran en marcha procesos re-constituyentes que transformaran su estrategia poltica evitando una larga travesa en el desierto, que combina poder institucional con irrelevancia poltica para la emancipacin. Se tratara, en definitiva, de asumir que el poder popular es la mejor frmula para, en el futuro, asaltar los cielos.



[1] Para conocer ms en profundidad sobre las caractersticas de ambas tipologas de estrategia poltica, ver el artculo Redefinir la poltica, prioridad estratgica para la izquierda, disponible en: http://rebelion.org/noticia.php?id=185864



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