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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-09-2015

La falseada cuestin de los migrantes y refugiados que llegan a la UE

Alberto Rabilotta
Alainet


Las reacciones que las olas migratorias de refugiados provenientes del Oriente Medio, de Siria y otros pases, estn causando en los pases de la Unin Europea (UE) confirma que las elites europeas nada aprendieron de su propia historia pasada y reciente, y que por esa razn son incapaces de pensar y proponer soluciones a problemas cruciales que afligen y afligirn a esa regin.

Nada aprendieron estas elites de las consecuencias de las polticas coloniales e imperiales en los pueblos de los otros continentes, ni en sus propios pueblos.

La rigidez del patrn oro y el liberalismo a ultranza que lanz una rebatia imperial y condujo a la Gran Depresin, al fascismo y a la segunda Guerra Mundial es reproducida en el euro, que est provocando depresiones econmicas y disolucin social en Grecia y otros pases de la UE con deudas impagables.

Tampoco aprendieron las lecciones del pasado de que no hay que coquetear con el fascismo, como muestra el apoyo (sin problema de consciencia) al rgimen oligrquico-fascista en Ucrania que est llevando a cabo la poltica anti-rusa de Washington.

Porque nada aprenden, para seguir la misma poltica, es que no quieren ver que los flujos de refugiados que llegan a las costas de Grecia o Italia, despus de haber dejado una espantosa estela de nufragos y muertos en el Mediterrneo, son el producto directo de las polticas de pases de la UE y de Estados Unidos (EEUU), de la creacin de extremistas y fanticos religiosos para luchar contra la Unin Sovitica en Afganistn y luego en Chechenia, y muy particularmente de las agresiones militares que destruyeron a los regmenes seculares en Irak y Libia, y que estn desestabilizando y destruyendo la economa y la sociedad secular en Siria.

Tampoco estas elites neoliberales quieren recordar que histrica y repetidamente las grandes potencias europeas y EEUU han impedido, en beneficio de sus empresas monopolistas y de sus objetivos geopolticos, que hubiera un desarrollo socioeconmico autctono en los pases del Oriente Medio, de frica y Nuestra Amrica, como desde los aos 60 y 70 los pases reclamaban los pases No-Alineados al proponer en la ONU la creacin de un Nuevo Orden Econmico Mundial.

Los pases del imperio, porque as debemos llamarlos, siguen sin cambiar sus polticas, como se ha visto recientemente en las abstenciones y oposiciones en la ONU, a partir de la propuesta argentina, para crear un marco internacional destinado a una ms justa y segura renegociacin de las deudas soberanas (1).

De nuestro lado, en los pases de Amrica, s conocemos muy bien las causas de los flujos de migrantes porque desde hace ya dos siglos hemos estado del lado receptor de esas migraciones que trajeron a nuestros pases a millones y millones de europeos huyendo del hambre, de las guerras y las persecuciones polticas, de las peridicas y destructivas crisis econmicas del capitalismo.

Y antes de esas migraciones bien definidas de los siglos 19 y 20 fueron las potencias coloniales europeas que trajeron a nuestro Continente a millones de africanos esclavizados para que trabajaran como bestias en las plantaciones (si no trabajo me matan, y si trabajo me matan, como deca Nicols Guillen), y eso tampoco parece formar parte de la consciencia europea cuando se habla de movimientos masivos de poblacin, de migraciones forzadas, prefiriendo en muchos casos seguir viendo esa sanguinaria etapa que marca la historia de frica como la poca en que el hombre blanco europeo llevaba sobre sus espaldas la pesada carga de la civilizacin al Continente africano.

Y no hablemos de la era colonial en la cual las potencias europeas y EEUU causaron tanto dao y destruccin social en los pases de Amrica, en particular en las sociedades de los pueblos originarios. Ni mencionemos lo que esas polticas neocoloniales e imperiales siguen causando en nuestros pueblos, en las heridas nunca cicatrizadas que aun tenemos, desde Las Malvinas hasta Puerto Rico.

Y a pesar de eso, o quizs por todo eso, la hermandad de los pueblos forjada durante las luchas por la independencia nos enseo a evitar las guerras entre nuestros pueblos, y las que hubo (preguntemos a los paraguayos) fueron bien preparadas por los intereses extranjeros y llevadas a cabo por los cipayos criollos, que aun no hemos erradicado.

Y aunque todava tampoco hemos erradicado el racismo y los polticos racistas de nuestros pases, es el masivo mestizaje y el despertar de los pueblos originarios lo que caracteriza la historia reciente de muchos pases de Nuestra Amrica.

La revolucin dirigida por Fidel Castro que cre la actual sociedad cubana nos mostr la direccin para estar en la vanguardia de una humanidad que se proclama pacifista, que busca resolver los problemas mediante el dilogo y no las armas, que brega por el progreso sin exclusin social, que lucha contra el racismo.

Las elites polticas e intelectuales del imperio capitalista deben asumir el pasado de toda una historia que, desde hace cientos de aos, estuvo basada en imponer el capitalismo mediante guerras, invasiones, colonizacin, esclavizacin y destruccin de pueblos en varios continentes.

Lo que tampoco quieren ver, las elites del imperio, es que las migraciones forzadas, de refugiados por los conflictos militares o la falta de medios de subsistencia que llegan a las costas europeas o a la frontera sur de EEUU, seguirn existiendo e irn aumentando a menos de que se ponga fin a las actuales polticas econmicas y militares.

Pero, y esto lo sabemos, la naturaleza del sistema capitalista actual no admite cambios. En lugar de solucionar los problemas los irn agravando, en el exterior y hasta en sus propias sociedades, como ocurre en las etapas finales de las decadencias imperiales.

A la vista de todos, la UE practica ahora la rapia colonialista en el interior de sus fronteras, como muestra el caso de Grecia. En este contexto y recordando que el imperialismo todo lo resuelve bombardeando, es difcil anticipar cambios reales, pacficos y destinados a hacer que nadie, en el Oriente Medio o en frica, tenga que arriesgar la vida para migrar o pedir refugio.

A nadie le gusta emigrar si vive en una sociedad pacfica, organizada, con una cultura incluyente y una economa al servicio de los intereses generales de la poblacin. Esa verdad la escuchamos de las bocas de nuestros abuelos que venan de Italia, de Espaa, de Alemania, Polonia y dems pases europeos, y que llegaban a Nuestra Amrica expulsados por la pobreza, las crisis econmicas, las guerras y persecuciones religiosas, tnicas y nacionales que han jalonado la historia europea.

Alberto Rabilotta es periodista argentino-canadiense.

Fuente: http://www.alainet.org/es/articulo/172242 



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