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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-09-2015

Tensin neoliberal y territorializacin del poder: Un dilogo crtico con lvaro Garca Linera

Emiliano Tern Mantovani
Rebelin


Presenciamos en la actualidad a escala planetaria, una agudizacin sin precedentes de las histricas contradicciones sociales y ecolgicas del desarrollo capitalista mundial: peligros de una escalada blica internacional, en sus diferentes modalidades [1]; dramticas tensiones migratorias [2]; crecientes desajustes en el orden de los ciclos climticos [3]; ralentizacin del gran salvador de la economa mundial desde 2008, China, y tendencia a la deflacin global [4]; desbordamiento progresivo de las precarias democracias contemporneas y conexin cada vez ms fuerte entre la poltica formal y bandas criminales, narcotrfico, grupos extremistas, entre otros con mayor nfasis en periferias o el Sur Global [5]; desgarramiento de los tejidos sociales y reconfiguraciones de los lmites del pacto social; entre otras.

Cuando el pastel de la riqueza se hace cada vez ms pequeo y los apetitos crecen, las ilusiones de progreso se van vaciando, la acumulacin capitalista se vuelve an ms salvaje. El neoliberalismo ―como modo de acumulacin propio del capitalismo globalizado― se potencia, se reacomoda, busca ocupar espacios y mbitos que se resisten a su lgica, y as expandir an ms el despojo y la mercantilizacin de todo. No importa en qu parte del mundo usted se encuentre, no importa si el gobierno de su pas es considerado o no progresista, esta tensin neoliberal est presente, en diversos grados y formas, en cada proceso de acumulacin formal o informal de capital en la actualidad.

Pregunta de orden estratgico: quines, en este momento en Amrica Latina, son las fuerzas antagnicas capaces de detener el avance de la acumulacin por desposesin? Qu actores o sectores sociales y polticos pueden an encarnar hoy una alternativa, no solo a este neoliberalismo mutante  [6]  que ha coexistido verstilmente entre nosotros, sino al propio orden capitalista?

Aos atrs, pareca evidente que esta alternativa, entendida como posneoliberal [7], estaba centrada principalmente en los gobiernos progresistas de la regin, y en los lderes que los han guiado. Ya estos gobiernos no seran fundamentalmente dominacin, sino representacin no slo de los intereses populares, sino tambin de la construccin de la va hacia modelos que podran estar en un futuro, ms all del capitalismo y la dependencia. A estas alturas, sostener esta idea es ms que problemtico.

Desde varios meses atrs, venimos presenciando una aceleracin de la deriva regresiva en la regin, incluyendo claro est a todos los llamados gobiernos progresistas. Cuando baja la marea de las rentas obtenidas por los commodities un nuevo tiempo de vacas flacas, todo parece ms rido, ms tosco, se ve con ms claridad la topografa excluyente e insostenible de los modelos extractivistas.

Sumadas a las polticas ms conservadoras de la regin, que tienen a los gobiernos de Mxico, Colombia y Chile entre sus principales exponentes, resaltan las ms claras definiciones a favor del ajuste ortodoxo y flexibilizacin (Agenda Brasil) en las polticas econmicas del gobierno de Dilma Rousseff; en Argentina, se han impulsado reformas como la de la ley de hidrocarburos (oct. 2014), que propone una flexibilizacin favorable a las compaas petroleras transnacionales con una de las regalas ms bajas de la regin [8] para facilitar la extraccin de no convencionales; y el nuevo Cdigo Civil y Comercial (ago. 2015), en el cual se produce la prdida del acceso pblico a todos los ros del pas siendo para Viale y Svampa la mayor privatizacin de tierras de la historia de nuestro pas () en manos de la especulacin inmobiliaria [9]; sin dejar de tomar en cuenta la proyeccin an ms a la derecha en los horizontes de la poltica oficial argentina, dadas las candidaturas favoritas para las prximas elecciones presidenciales a fines de octubre de este ao.

En Ecuador, adems de la firma del Tratado de Libre Comercio (TLC) con la Unin Europea (dic. 2014, an no en vigor), resalta desde 2014 la ms agresiva poltica de endeudamiento de todo el gobierno de Correa casi 10.000 millones US$, de los 18.000 millones que se han adquirido desde el inicio de su mandato [10]; el desconocimiento y la omisin de obligacin de pago de casi 3.000 millones US$ con el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS) afectando el futuro de las jubilaciones [11]; o la apertura a la participacin privada en la prestacin de gestiones pblicas, a partir del proyecto de Alianzas Pblico-privadas (APP) [12]; en el marco general de una creciente conflictividad poltica interna.

En Uruguay, sobresale el ingreso en febrero de 2015 (de muy bajo perfil) del Acuerdo sobre el Comercio Internacional de Servicios (TISA) que el Frente Amplio ha repudiado recientemente [13], un acuerdo impulsado por los EEUU y la UE, que supone un TLC con varios pases, donde se propone la privatizacin de prcticamente todos los servicios pblicos [14].

En Bolivia, se ha abierto el camino a transnacionales para nuevas exploraciones petroleras en reas protegidas (Decreto 2366, mayo de 2015) [15], en el marco de progresivas flexibilizaciones en los trminos de negocios con las mismas, donde destaca el reciente anuncio del gobierno boliviano (ago. 2015) de "incentivos a la exploracin" para las petroleras, que implica un enorme subsidio de US$ 3.556 millones para elevar sus ingresos en 64% en los prximos diez aos [16]; tambin destaca el avance de proyectos de legislacin para una agresiva ampliacin de la frontera agroindustrial apuntando al "modelo cruceo de desarrollo", Agenda Patritica 2025 [17]. Todo esto, se desarrolla en un momento poltico en el cual, el gobierno de Evo Morales ha declarado irregulares a 38 ONG, entre ellas al CEDIB [18].

Y en Venezuela, ante la crisis del modelo rentista petrolero, y en el marco de una progresiva transformacin en las polticas del gobierno nacional, destacan, por un lado, el decreto 1425 de "Ley de Regionalizacin Integral" (nov. 2014), que plantea la figura de las Zonas econmicas especiales (ZEE) tomadas del modelo chino, las cuales representan una liberalizacin integral de regiones geogrficas del pas, para derribar obstculos al capital (IED) y as afianzar el desarrollo y enfrentar la pobreza estructural [19] la Faja Petrolfera del Orinoco fue declarada como una de las ZEE del pas [20] y sera una "vitrina de la Venezuela que se quiere construir" [21]; y por otro lado, el impulso de la Operacin para la Liberacin del Pueblo (OLP), que implica intervenciones de choque directas de los cuerpos de seguridad del Estado en diferentes territorios del pas (rurales, urbanos, barrios perifricos), para "combatir el hampa" al estilo de las operaciones en las favelas brasileas, lo cual tiene, y tendr, bajo este enfoque, serias implicaciones sociales y polticas [22]. Se tratan en ambos casos, y es fundamental decirlo, de territorializaciones de ajuste.

Pensar estratgicamente: preguntas para un tiempo de mutaciones

La recurrente idea del ataque exterior, encarnada por el imperialismo estadounidense, en articulacin con las derechas tradicionales de los respectivos pases, a pesar de tener asidero, pues representa actores importantes que ejercen presin en el avance de esta deriva regresiva en la regin, ha servido a algunos para querer explicarlo todo con ella. Pero como lo ha propuesto recientemente el propio Franois Houtart, La teora del complot tiene el peligro de velar las causas profundas del proceso [23]. Nos preguntamos: para convertir la direccin de un Estado en un gobierno de derecha, hace falta cambiar los actuales gobernantes, o tambin se puede ir configurando su mutacin desde adentro (sin cambio de gobierno)?

Es nica y obligatoriamente el ajuste, el horizonte prximo de todos los gobiernos de la regin? Podran los gobiernos progresistas tomar una serie de medidas que en teora haban combatido en sus inicios?

Si el consumo se ha convertido en el principal factor de consenso poltico nacional primordialmente en las ciudades, lo cual permite amortiguar el impacto de ciertas polticas de ajuste, hasta cundo y con qu alcance se podra mantener esta modalidad?

Tambin: los trabajadores y trabajadoras de la regin, campesinos y pueblos indgenas, prefieren el consenso de Beijing al consenso de Washington? Y de nuevo: quines detienen las restauraciones conservadoras, o bien las reformulaciones neoconservadoras? En cada vez ms mbitos, los pueblos van contando slo consigo mismos para defender sus reivindicaciones y territorios.

Ante este cambio de poca en marcha en Amrica Latina, e incluso ante la reciente y dramtica capitulacin de Syriza en Grecia, o la vacilante propuesta de Podemos en Espaa, parece conveniente y profundamente estratgico, preguntarnos qu hemos aprendido como pueblos de estos procesos; insistir en un debate vital en torno a la forma Estado, y nuestra relacin con esta. Pueden los desencantos recientes potenciar no solo rabias coyunturales, sino nuevas disposiciones y cosmovisiones sobre la produccin de lo poltico?

Tambin parece conveniente insistir en que, ante la agudizacin de las contradicciones sistmicas mencionadas al principio, y de las manifestaciones de la crisis civilizatoria, podramos estar ante escenarios en los cuales se estn configurando radicales modificaciones de las estructuras de poder tal y como las conocemos, de las formas de la soberana, de las modalidades de control territorial apuntamos hacia nuevas feudalizaciones del poder? [24]. Si esto fuese as, los debates sobre el Estado se complejizan an ms, toman nuevos matices, aparecen nuevos elementos.

Fenomenologa del Estado y territorializacin del poder: un dilogo crtico con lvaro Garca Linera

Como hemos propuesto, la discusin sobre el Estado, y la idea de la autonoma desde abajo ante el mismo, es profundamente estratgica ante los tiempos actuales. Podemos afirmar que existe en la regin toda una lnea terico-poltica que insiste en la centralidad del Estado como alternativa de transformacin social, en la cual el vicepresidente de Bolivia, lvaro Garca Linera (AGL), aparece como uno de sus principales exponentes. La relevante propuesta de AGL intenta reactivar una nueva fe sobre lo estatal.

Para AGL, el debate Autonoma o Estado es un falso debate [25]. Nosotros en cambio, planteamos que la fusin (sic) que propone el autor, de integracin de las luchas desde abajo con el Estado, es inconveniente; que una lucha popular de mltiples escalas, no supone necesariamente la integracin de sus objetivos, formas y acciones con los de la mquina-Estado, que son claramente diferentes. En este sentido, mantener esta diferenciacin es estratgico en la agenda poltica de las luchas desde abajo, sin que en ningn sentido se lleve adelante una poltica de aislamiento o una propuesta maniquea. Se trata de pensar, antes que en un Estado Integral, en un horizonte de territorializacin del poder.

a) El Estado omnipresente y la subsuncin de lo comn en lo pblico en AGL

A partir de lo que AGL llama el principio de incompletitud histrica propuesto desde el Teorema de Gdel, el autor propone que la tradicin de la dominacin [26] del Estado no es ahistrica, que tiene grietas, y que la gente tiene la posibilidad de trascenderla. Siendo esto cierto, la necesaria pregunta subsiguiente es: cules son los lmites de esta posibilidad de transformar al Estado?

Y tambin: aunque es importante definir al Estado como un campo de lucha, como una construccin poltica en permanente movimiento, o una estructura de relaciones maleables, no es la contradiccin en s, el elemento que lo define. Algo debe darle forma, sentido. Y su especificidad histrica, su sentido de existencia es ser una maquinaria de dominacin y conduccin poltica, tomando el propio concepto de AGL [27].

Esta modalidad monoplica, centralizadora y abstractalizante de poder, esta forma poltica de hacer que es el Estado, en AGL es al mismo tiempo materia e idea, es tambin creencia colectiva [28], lo que permite evidenciar, de manera muy til, la forma fenomenolgica del Estado. Sin embargo, hay una especie de omnipresencia e irresistibilidad que otorga el autor al Estado-idea colectiva: si ste es, por tanto, las estructuras mentales, los esquemas simblicos, los sistemas de interpretacin del mundo que hacen que cada individuo sea uno con capacidad de operar y desenvolverse en ese mundo; si las luchas populares, los saberes colectivos, los esquemas de organizacin del mundo, y las propias identidades sociales no estn al margen del Estado, sino que ste los contiene; si ste es la subalternidad misma en estado institucional y simblico () es la comunidad social, los logros comunes, los bienes colectivos conquistados, aunque bajo una forma fetichizada; si la sociedad real () ha construido la estatalidad con sus logros y sus desdichas [29], parece pues, que el afuera del Estado es un desierto.

Estado no es igual a sociedad. No toda produccin molecular de lo poltico es Estado, o tributa a su constitucin, aunque coexista o se articule con l, aunque sufra su dominacin. Seguramente la constitucin popular de lo poltico est profundamente permeada por el Estado, pero ste no la configura de manera completa. Las exterioridades del Estado son mltiples, en el espacio, en las creencias, en los cuerpos, aunque puedan ser momentneas y contingentes.

La rebelin no solo proviene desde la propia experiencia de estatalidad [30] de los sujetos, sino al mismo tiempo de procesos productivos propios y territorializados que estn tambin ms all del Estado. AGL parece incluir todas las contradicciones socio-polticas en el seno estatal.

Es necesario entonces otro tipo de fenomenologa del Estado. Una que reconozca las diversas y mltiples formas de produccin de lo poltico que se encuentra en las afueras de ste, las otras formas de hacer que se distinguen de l; que d cuenta cmo sus objetivos, formas y acciones difieren de la forma de la estatalidad. La clave del cercamiento fenomenolgico que propone AGL, y que al mismo tiempo traba el desbordamiento popular de las fronteras estatales, est en la subsuncin que hace el autor de lo comn en lo pblico. Dice AGL:

El Estado solo puede producirse en la historia contempornea si produce (como fruto de las luchas y de las relaciones sociales) bienes comunes, recursos pertenecientes a toda la sociedad, como la legalidad, la educacin, la proteccin, la historia cvica, los aportes econmicos para el cuidado de los dems, etc.; pero este comn nicamente puede realizarse si al mismo tiempo de producirse, tambin se inicia el proceso de su monopolizacin, su concentracin y su administracin por unos pocos que, al realizar esa monopolizacin, consagran la existencia misma de los bienes comunes  [31].

En realidad el Estado solo produce bienes pblicos, no bienes comunes. El mbito de lo pblico ha aparecido tradicionalmente en el imaginario poltico moderno/occidental como el mbito por excelencia donde se manifiesta y organiza lo popular. Sin embargo, la forma de lo pblico se reproduce a travs de la representacin poltica trascendental del Estado, lo que supone una gestin monoplica y corporativa del poder territorial. Los bienes comunes, como materialidad de la vida, al ser un don de la misma otorgada a todos, preexiste a la apropiacin y monopolizacin que ejerce el Estado, a diferencia de lo planteado por AGL los bienes comunes son creados () pero solo existen si son a la vez monopolizados, dice el autor [32]. Las mltiples formas de lo comn se basan en otra valoracin de la Vida (si se quiere, de la naturaleza), en otras formas de gestionar los territorios (ecosistemas), en la accin colectiva dirigida a reproducir la vida inmediata aunque puedan ser frgiles, discontinuas, inestables, que en cambio son constitutivas de la dinmica social [33].

La distincin no es arbitraria ni insignificante. Es en el modo de gestin de los territorios, de la reproduccin de la vida, en la forma de su horizonte vital, donde se produce este importante deslinde. No hacemos referencia a una comunalidad inmaculada, a un tipo de pureza, o de formas ideales libres de contradicciones. No hablamos de sujetos impecablemente cooperantes, sino pueblos rurales, semi-rurales y urbanos que apelan persistentemente a gestiones colectivas para posibilitar, en primera instancia, el curso de su vida.

Lo que es tambin importante recalcar, es como la representatividad estatal siempre fluctuante, y en diversos grados dominante y represiva impide, en el corto o en el largo plazo, la gestin directa de lo comn. Los bienes pblicos (como la educacin, la vivienda, la salud, etc.) son usufructuados socialmente por la va de una intermediacin, y en numerosas ocasiones, se viven slo como idea, suspendidos en la promesa de un futuro desarrollo, o una futura mejor gestin. Nuevas posibilidades y horizontes de lo poltico en la regin, pasan por recuperar la centralidad de esta dimensin territorial inmanente de lo comn. Producir con el trabajo colectivo y la riqueza inmediata, desde abajo, el experimento poltico que en algn momento del ciclo progresista qued abortado.

b) Extractivismo y la entelequia del Estado Integral

Como ya es sabido, AGL plantea que el extractivismo es una fase temporal para generar condiciones para alcanzar una "futura fase social" [34], y en numerosas ocasiones ha propuesto que los crticos del extractivismo le hacen el juego al imperialismo, como lo ha expresado sobre ONGs como CEDIB (Bolivia) en su reciente carta Sobre el papel de las Organizaciones No Gubernamentales (ONG) en Bolivia y su financiamiento. Ya en otros espacios hemos intentado replicar esta idea de que para salir del extractivismo hace falta ms extractivismo , y hemos sealado el peligroso camino de la satanizacin de la crtica.

Pero esta prometida fase temporal del extractivismo se sostiene sobre la idea que suele ser recurrente de que, ahora s, hemos alcanzado un escalafn histrico de las luchas polticas, lo cual se traducir en una alianza progresiva entre el Estado y el pueblo, que construir el camino para deshacer al extractivismo. Esta alianza es lo que AGL ha llamado el Estado Integral [35].

Para AGL, a partir de la experiencia boliviana, en este Estado Integral se produce la presencia directa de representantes de los sectores sociales movilizados en distintos niveles del aparato estatal, y aade tambin la presencia directa de las organizaciones sociales en la definicin de las principales polticas pblicas [36]. El Estado en AGL es una trama cotidiana en la cual gobernantes y gobernados, con distintos niveles de influencia, intervienen en torno a la definicin de lo colectivo [37]. De ah que el autor afirme que Socialismo es entonces un largo proceso de transicin en el que estado revolucionario y Movimientos Sociales se fusionan para que da a da se democraticen nuevas decisiones; para que da a da ms actividades econmicas entren a la lgica comunitaria en vez de la lgica del lucro [38].

Conviene insistir en lo siguiente: el extractivismo es una modalidad de acumulacin capitalista que centraliza tanto el poder como la soberana sobre el territorio; esto es, estructura un tipo de soberana (nacional-estatal) que mercantiliza y monopoliza la decisin sobre los llamados recursos naturales. Esta racionalidad, esta forma poltica de hacer particular, esta modalidad de dominacin transnacionalizada y corporativa, que se superpone y evita que la gente realice una gestin directa de los bienes comunes, est dotada de sentido por los procesos de acumulacin de capital a escala global, por la Divisin Internacional del Trabajo y la Naturaleza.

La entelequia del Estado integral intenta fusionar modos de hacer, de producir de lo poltico, que se contraponen. Por medio de la coaccin y la manufactura de consensos (de diversas maneras), ste evita o pone lmites a la ocupacin, recuperacin y reapropiacin de lo comn (sea en espacios urbanos, tierras agrcolas, reas de reserva natural, etc), en nombre de la proteccin de la propiedad privada, de la soberana nacional y del mantenimiento del orden y la estabilidad. El Estado pues, no reconoce otra soberana que no sea la nacional-estatal no es casual que, por ejemplo, casi ninguna de las consultas previas en Amrica Latina respecto a proyectos extractivos o desarrollistas sea reconocida por los poderes constituidos [39]. Adicionalmente, en contextos de aguda crisis como las actuales, el Estado tiende a profundizar mecanismos polticos de acumulacin por desposesin como medidas de ajuste, por lo que su conflicto con lo comn se intensifica.

Pero sobre todo, es importante insistir en cmo, en las esferas ms altas del Estado, donde se concentran las decisiones sobre los bienes comunes para la vida ―los llamados recursos naturales―, sobre las Fuerzas Armadas nacionales, las grandes finanzas, se evidencia con ms claridad y crudeza la estructura jerarquizada, la modalidad corporativa transnacionalizada que posee la gestin de lo pblico (extraccin de naturaleza, infraestructuras urbanas, adquisicin de tecnologa militar, financiamiento externo, etc.), lo radicalmente excluyente que es respecto a lo comn, y lo complejo de delegar estas gestiones a unos cuantos representantes y voceros de movimientos sociales, para replicar los modelos de concentracin de poder y manejo centralizado de la riqueza colectiva. Bajo este modelo, estos mbitos son prcticamente intocables para las bases populares, por lo cual reformas progresistas sobre igualdad de gnero, aborto, derecho a la ciudad, figuras de participacin poltica formal, entre otras, se convierten en reformas cosmticas sino se produce un proceso social de re-apropiacin territorial.

c) Alternativas, correlacin de fuerzas y territorializacin del poder: la centralidad de las luchas desde abajo

Aunque se puedan producir las condiciones ―que siempre sern temporales― para llevar adelante una gestin poltica articulada de las formas de lo pblico, entre el Estado y una masa crtica popular contrahegemnica organizada ―siempre en diferentes grados―; aunque se resalte la importancia de trastocar y transfigurar la forma Estado desde adentro de la maquinaria; lo que consideramos fundamental es quitarle centralidad poltica a la idea de que hay que, en primera instancia, ocupar el Estado.

En la medida en la que un movimiento poltico desde abajo, efervescente, numeroso, potente, otorga centralidad en su lucha a la toma de la esfera estatal, se introduce en un campo asimtrico en el que puede, paradjicamente, ocupar al Estado, mientras que el Estado, lo ocupa a l. Si el Estado es tambin una relacin social (dominante), entonces en sus formas se producen tipos de subjetividades, corporalidades, territorialidades, redes moleculares de poder, las cuales son finalmente funcionales a la reproduccin del capital. Se genera pues, algo que pudisemos llamar una dominacin productiva, a partir de sus estructuras de relacionamiento y sus formas de racionalidad.

El reconocimiento del Estado como mquina de dominacin, no supone un desentendimiento o abandono del mismo, del campo de lo pblico, cuando se trata de pensar horizontes anti y post extractivistas, rentistas y capitalistas. No solo porque el Estado no va a desaparecer de la noche a la maana, sino tambin porque su funcin en la escala del sistema interestatal mundial y la Divisin Internacional del Trabajo y la Naturaleza, puede variar polticamente, es relativamente maleable, dependiendo de diversas luchas domsticas. Es decir, no solo se configura un duopolio cooperativo entre Estado y Mercado, sino que se pueden desarrollar diferentes niveles de contradiccin entre ellos, que podran ser ms o menos favorables a procesos de luchas locales, lo cual puede ser an ms vital y relevante en los dbiles Estados-nacin perifricos. Se trata de la contradiccin planteada por David Harvey entre la lgica del capital y la lgica territorial [40] .

Pero lo fundamental, con miras a abrir o mantener las posibilidades de reproduccin de una poltica popular de lo comn resistencia y constitucin, es el estado de la correlacin de fuerzas en un espacio-tiempo especfico, la sntesis que se produce en el completo campo de la poltica (que puede ser en un pas, pero no nicamente), y que est determinada por las fuerzas y probabilidades de cumplir sus objetivos, por parte de los actores que disputan en dicho campo para lo que nos compete, las subjetividades contrahegemnicas. A esto lo podemos llamar la composicin poltica.

Esta composicin poltica pues, est fundamentalmente determinada por las luchas desde abajo. Todo proceso contrahegemnico de horizonte social emancipatorio, se mueve y produce a partir de la lucha popular ―es su factor constituyente y originario―, la cual puede generar una recomposicin que mejore las condiciones de disputa, la gestin comn de la vida y las posibilidades de transformacin social. Esto aplica en particular para el Estado, que posee internamente su propia composicin poltica que lo define, y que puede ser reformulada para que ejerza un rol ms favorable al proceso reproductivo de lo comn.

Es la lucha popular territorial el punto de partida, llevada adelante para reproducir la vida, sin que esto implique, de ninguna manera, el abandono de mbitos ms amplios de disputa poltica, de escalas municipales, biorregionales, nacionales, continentales o incluso globales. Se trata de la configuracin y el ejercicio de otras soberanas, de posibilidades para la autonoma material de pobladores y pobladoras, de produccin de narrativas propias, que en primera instancia no admitan lmites exteriores y anteriores a su propio despliegue y decisin como lo ha propuesto Raquel Gutirrez Aguilar [41], y que no detienen su movimiento territorial para esperar una supuesta resolucin histrica de la contradiccin Estado/movimientos sociales, orientada a la conformacin de un imaginado Estado integral.

La territorializacin del poder se alimenta de esos otros cdigos y formas de hacer contrahegemnicos, de las cotidianas deserciones que producen los pueblos desde abajo, presentes en movilizaciones de diversos tipos, como la de los pueblos indgenas bolivianos o las expresiones cooperativas del chavismo popular urbano. Lo importante es pues, mantener el deslinde vital entre lo pblico y lo comn, entre lo que se instituye y lo constituyente.

Si las luchas masivas tienden inevitablemente a declinar, a agotarse, despus de una ola ascendente y efervescente, y con ello, la composicin poltica se hace ms adversa a la produccin y reapropiacin de lo comn, y el Estado se hace ms reaccionario y conservador, la nica alternativa ante esto es procurar el florecimiento territorial de lo comn, de la comunalidad vista como estabilizacin de lo comn, que permita que los procesos de lucha social, la configuracin de alternativas y transformaciones, se hagan ms orgnicas.

Si el Estado es tambin una creencia colectiva, es fundamental construir nuevos sentidos comunes, nuevas creencias sociales que busquen desplazar a la conciencia colectiva de su inevitabilidad, al fetiche del Estado, a su capacidad de abstractalizar el poder, a su esencia trascendente, para en cambio territorializar la posibilidad emancipatoria.

Notas:

[1] Sobre esto vase: Mike Whitney. The Pentagons 2015 Strategy For Ruling the World, en: http://www.counterpunch.org/2015/07/03/the-pentagons-2015-strategy-for-ruling-the-world/

[2] Vese: AFP. La peor crisis de refugiados en Europa desde la guerra mundial. https://www.youtube.com/watch?v=iVcy7cewwqY&feature=player_embedded

[3] Al respecto, recomendamos: Gerardo Honty. El estado del clima y el clima de los Estados. http://www.alainet.org/es/articulo/171525

[4] Vase sobre esto: Heather Stewart. The Guardian. China's currency devaluation could spark 'tidal wave of deflation', en: http://www.theguardian.com/business/2015/aug/12/chinas-currency-devaluation-could-spark-tidal-wave-of-deflation

[5] Al respecto, recomendamos: Ana Esther Cecea. Ayotzinapa, emblema del ordenamiento social del siglo XXI. http://www.alainet.org/es/active/79387

[6] Hemos planteado en otro espacio la idea que, a pesar de la llegada de los gobiernos "progresistas" en Amrica Latina, el neoliberalismo nunca se fue, y que en cambio se ha podido reproducir tambin en procesos moleculares, escurridizos, hbridos, pudiendo a su vez coexistir con formas de control estatal. El neoliberalismo post-consenso de Washington es un neoliberalismo mutante. Cfr. Teran Mantovani, Emiliano. La crisis del capitalismo rentstico y el neoliberalismo mutante (1983-2013). p.22.

[7] Idea muy difundida, por ejemplo, por el socilogo y politlogo brasilero Emir Sader. Vase: Posneoliberalismo en Amrica Latina. http://archivo.cta.org.ar/IMG/pdf/Posneoliberalismo-_Emir_Sader.pdf

[8] Sobre esta reforma, vase: Prez Roig, Diego. Y si la vaca se cae?

[9] Svampa, Maristella. Viale, Enrique. La megaminera no entra en la campaa. En concreto, Svampa y Viale advierten que a travs de la modificacin de un artculo de dicho cdigo, se elimin el camino pblico de 35 metros que exista en ambas mrgenes de los ros del pas y que permita su uso y goce por la poblacin. Esto supone una superficie total aproximada de 208 mil hectreas, ms de 10 veces la ciudad de Buenos Aires.

[10] Cfr. El Universo. Deuda de Ecuador creci en $ 18.000 millones.

[11] Cfr. Ospina Peralta, Pablo. Crisis y tendencias econmicas en el Ecuador de Rafael Correa.

[12] Cfr. El Comercio. Correa trabaja en proyecto de Ley de alianzas pblico privadas.

[13] Cfr. Telesur. Frente Amplio de Uruguay rechaza negociaciones del TISA.

[14] Recomendamos: Elas, Antonio. Por qu Uruguay se integr al Trade in Services Agreement en secreto?

[15] Cfr. Sena-Fobomade. El Decreto 2366 contra las reas Protegidas: arrasando con la legislacin ambiental. Vase tambin: Molina, Fernando. Bolivia abre a la exploracin petrolera reas protegidas.

[16] Cfr. Villca, Claudia. Prevn invertir 3.556   MM en incentivos para exploraciones

[17] El vicepresidente de Bolivia, lvaro Garca Linera, planteaba en agosto de 2013: "Estamos, yo dira, apoyando a consolidar un modelo cruceo de desarrollo econmico". Cfr. Osorio, Mara Julia. Soruco, Juan Cristbal. Los Tiempos. Estamos cosechando los frutos del auge econmico. Sobre un anlisis de la Cumbre Agropecuaria Sembrando Bolivia, celebrada en abril de este ao, vase: Montero, Lourdes. Sembrando Bolivia .

[18] Cfr. Pgina Siete. El Gobierno declara irregulares a 38 ONG, entre ellas al CEDIB.

[19] Gaceta Oficial de la Repblica Bolivariana de Venezuela. No. 6.151 Extraordinario. Decreto con rango, valor y fuerza de ley de Regionalizacin Integral para el Desarrollo Socioproductivo de la Patria.

[20] Cfr. Energa 16. PDVSA prev atraer 15.000 millones de dlares este ao para la Faja.

[21] Noticias 24. Menndez: La Faja Petrolfera del Orinoco es una vitrina de la Venezuela que se quiere construir.

[22] No deja de ser un tema espinoso. El propio ex vicepresidente de la Repblica, y connotada figura poltica del pas, Jos Vicente Rangel, ha planteado sus cuestionamientos a la forma de aplicacin de estas polticas de seguridad. Vase: Rangel, Jos Vicente. La Provocacin Exxon-Granger. Recomendamos la esclarecedora entrevista al investigador del Instituto de Ciencias Penales de la UCV, Andrs Antillano, acerca de las implicaciones de las OLP en el pas. Vase: Bujanda, Hector. Andrs Antillano: La recesin econmica y el aumento de la represin son una chispa eficaz para los estallidos sociales.

[23] Houtart, Franois. El Ecuador de 2015: el agotamiento de un modelo en un contexto de crisis mundial.

[24] Sobre esto, vase: Emiliano Teran Mantovani. Extractivismo delincuencial y la metstasis del capitalismo rentstico venezolano, en: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=195084. Tambin: Ral Zibechi. No hay diferencia entre narco, burguesa y lites, en: http://www.jornada.unam.mx/2014/11/14/opinion/027a2pol

[25] Cfr. Garca Linera, lvaro. Amrica Latina y Europa en espejo.

[26] Cfr. Garca Linera, lvaro. Estado, democracia y socialismo.

[27] Garca Linera, lvaro. El Estado en transicin. Bloque de poder y punto de bifurcacin, en: Garca Linera, lvaro, et al. El Estado. Campo de lucha. p.10

[28] Ibd. p.12

[29] Cfr. Garca Linera, lvaro. Estado, democracia y socialismo.

[30] dem

[31] dem

[32] Ibd.

[33] Para profundizar en los debates acerca de lo comn, recomendamos: Silvia Federici, La revolucin feminista inacabada. Escuela Calpulli.

[34] En Marinkovic U, Vesna. lvaro Garca Linera: El extractivismo es algo temporal.

[35] Cfr. Garca Linera, lvaro Tensiones creativas en la revolucin. p.14

[36] Garca Linera, lvaro. El Estado en transicin. Bloque de poder y punto de bifurcacin, en: Garca Linera, lvaro, et al. El Estado. Campo de lucha. p.21

[37] Garca Linera, lvaro. Estado, democracia y socialismo .

[38] Garca Linera, lvaro. "Los revolucionarios no hemos venido para administrar de mejor forma el capitalismo".

[39] Sobre esto, vase: Romero-Castillo, Evan. Extractivismo: consulta previa o conflicto asegurado.

[40] Cfr. Harvey, David. El nuevo imperialismo. pp. 79-110

[41] Gutirrez Aguilar, Raquel. Horizonte comunitario-popular. Antagonismo y produccin de lo comn en Amrica Latina. p.40

Emiliano Tern Mantovani es socilogo e investigador del Centro de Estudios Latinoamericanos Rmulo Gallegos (CELARG), autor del libro "El fantasma de la Gran Venezuela", mencin honorfica del Premio Libertador al Pensamiento Crtico 2015.

Fuentes consultadas

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