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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-09-2015

Ayotzinapa: el fuego, las cenizas

Luis Hernndez Navarro
La Jornada


El relato oficial sobre la tragedia de Iguala qued reducido a cenizas. La verdad histrica del ex procurador Jess Murillo Karam fue devorada por el fuego de las evidencias. El informe del Grupo Interdiciplinario de Expertos Independientes (GIEI) de la Comisin Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) demoli desde sus cimientos la versin gubernamental de los hechos. Como dijo una madre de familia: Sabamos que era mentira.

Segn el informe del GIEI, los ataques a los normalistas rurales de Ayotzinapa en Iguala, el 26 de septiembre pasado, buscaron impedir que los tres autobuses tomados por los jvenes en Iguala y los dos en los que haban llegado salieran de la ciudad. Tambin castigar a los muchachos.

Es falso que como dijo Murillo Karam los estudiantes pretendieran sabotear el acto de Mara de los ngeles Pineda como presidenta del DIF de Iguala. Cuando ellos llegaron a la ciudad el evento tena una hora de haber terminado.

La agresin contra los alumnos fue masiva, escalonada e indiscriminada. Se desarroll en nueve distintos lugares y en diferentes momentos (durante tres horas), bajo una direccin y coordinacin.

La magnitud y sofisticacin de los ataques requirieron de niveles complejos de comunicacin, infraestructura y coordinacin que ni remotamente corresponden a los que posee el grupo de Guerreros unidos en la zona. No hay en Iguala antecedentes de un operativo de esta magnitud ni en los asesinatos, ni en las desapariciones, ni en el ocultamiento de restos humanos en fosas. Alguien ms, con ms recursos, conocimiento y capacidad de actuar en el terreno, tuvo que hacerse cargo de esa tarea.

El operativo contra los normalistas tuvo dos etapas distintas: las dos caras de una misma moneda. En la primera, la del ataque a los autobuses y a quienes participaban en la conferencia de prensa para denunciar los ataques iniciales, los agresores no ocultaron su identidad y no les import actuar ante testigos. En la segunda, la de la desaparicin forzada de los jvenes, los perpetradores buscaron ocultar y borrar las huellas del crimen y su identidad. La decisin de desaparecer a los estudiantes tuvo continuidad con la violencia desatada contra ellos desde el inicio. Ambas fueron parte de una misma operacin.

Segn los especialistas de la CIDH, un peritaje calificado e independiente mostr, fehacientemente, que es insostenible la versin gubernamental de que los 43 normalistas fueron asesinados por un grupo de sicarios y sus restos incinerados en un basurero del municipio de Cocula. As, el corazn del relato gubernamental naufrag estrepitosamente.

El informe no slo muestra que la verdad histrica fue mentira. Tambin abre serias interrogantes sobre la responsabilidad de funcionarios pblicos e instituciones de seguridad en las ejecuciones extrajudiciales, las desapariciones forzadas y los atentados contra los alumnos de la Normal Rural Ral Isidro Burgos.

Las policas estatal, municipal y federal, as como el Ejrcito, estuvieron informados en tiempo real, y prcticamente en todo momento, de los trgicos acontecimientos del 26 de septiembre de 2014 en Iguala. Las fuerzas de seguridad tuvieron conocimiento a travs del Centro Estatal de Control, Comando, Comunicaciones y Cmputo (C4) de lo que los normalistas de Ayotzinapa hicieron desde su salida de su escuela, faltando un minuto para las 6 de la tarde, hasta que fueron atacados y detenidos.

A pesar de que agentes de diferentes fuerzas de seguridad o del Ejrcito supieron que los estudiantes de Ayotzinapa estaban siendo atacados violentamente por uniformados y por civiles armados, no hicieron nada por evitarlo. No obstante que policas y soldados se encontraban en el lugar mismo de los hechos, permitieron que los jvenes fueran salvajemente agredidos.

Sin embargo, hay dos momentos en que las comunicaciones en el C-4 en poder del GIEI desaparecieron. Curiosamente esa falta de informacin coincide con el tiempo posterior al primer ataque en la calle Juan N. lvarez y al instante en que se perpetra una segunda agresin en el mismo lugar. De acuerdo con un documento oficial de Proteccin Civil de la coordinacin de Chilpancingo, la transmisin de informacin a partir del C-4 se suspendi en ciertos periodos porque la comunicacin fue intervenida por la Secretara de la Defensa Nacional.

Esto significa que, por alguna razn que no se ha esclarecido, el Ejrcito bloque la comunicacin del C-4 justo en el momento en el que se efectuaron dos de los ataques claves contra los normalistas. El porqu lo hizo es una pregunta sin respuesta.

No son los nicos casos en que el informe seala la participacin de militares en la noche de Iguala. Elementos del 27 batalln de infantera estuvieron presentes en varias escenas del crimen, buscaron infructuosamente estudiantes detenidos en la comandancia de polica e interrogaron (y amenazaron) a los jvenes que se encontraban en la clnica Cristina solicitando que uno de sus compaeros fuera atendido.

La tragedia de Iguala es hoy un terreno de lucha entre la memoria y el olvido. El gobierno apost a dejar atrs los ataques, las ejecuciones extrajudiciales y las desapariciones forzadas de los normalistas. Los padres de familia de las vctimas no han cejado en que se llegue a la verdad de los hechos y se haga justicia. El informe del GIEI es un punto a favor de la lucha por la memoria. Un paso adelante en la bsqueda de la verdad y la justicia.

Twitter: @lhan55

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2015/09/08/opinion/018a2pol



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