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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-09-2015

Refugiados en Europa, rompiendo el silencio

Jess Gonzlez Pazos
Rebelin


Silencio: la peor receta, la ms inhumana, ante la llamada crisis de personas refugiadas y migraciones procedentes de Oriente Medio y de frica que atraviesa hoy Europa.

"Cambia, cambia"; palabras que con reiteracin se escuchan posiblemente demasiadas veces en estas semanas y en idiomas muy diversos, en miles de hogares de Europa. Se dicen cuando al ver los informativos televisivos nos asaltan imgenes de personas refugiadas que sienten desgarrados sus cuerpos por las alambradas en las fronteras europeas, ya sea en Ceuta, Melilla, Hungra o Calais; al ver cuerpos sin vida de bebes, mujeres, hombres y ancianos al vaivn de las olas en cualquier playa de Grecia o Italia; al contemplar como se gasea o golpea en estaciones de tren o reas fronterizas de Macedonia o Budapest. Al entender, en suma, que esa realidad nos altera nuestra tranquilidad, nos saca del ensimismamiento de nuestras preocupaciones diarias; al comprender que no vemos imgenes en el centro de frica, en Hait o en el Lejano Oriente, sino en las mismas puertas de Europa.

Cambiar el canal de televisin es un triste intento de borrar esa realidad, hacerla inexistente. Y de ah el trnsito al silencio (cmplice) se adivina ms fcil. A ese silencio que nos permite mirar a otro lado, pensar que este problema ya lo solucionarn los gobernantes europeos, aquellos que elegimos cada cuatro aos para cuestiones como stas. Por que, al fin y al cabo, no est su solucin en nuestras manos, ni es nuestra responsabilidad.

As, esos gobernantes seguirn por das y semanas discutiendo cuotas y cmo "cobrarse la solidaridad" mnima que pudieran estar dispuestos a poner en la mesa de negociaciones. No entienden la contradiccin que encierra unir la palabra cobrar y el concepto de solidaridad, tal y como reflejan las declaraciones de hace unas semanas de Mariano Rajoy: "una cosa es ser solidario, y otra es serlo a cambio de nada". Aunque se referan a la situacin en Grecia, reflejan con claridad su forma de entender la solidaridad y las relaciones humanas. Tambin se debaten en la ambivalencia entre medidas suaves, polticamente correctas aunque inoperantes, como si harn una conferencia europea para tratar el problema, o medidas brutales como nuevas vallas, muros fronterizos ms altos o, directamente, bombardear los puertos de salida de estas personas en frica.

Por eso, el silencio es la peor receta hoy ante esta situacin. Permite a los gobernantes no hacer nada y seguir manteniendo una discusin aparente que lo nico que pretende es defender el egosmo de los estados europeos y no la hipottica poltica comn y solidaria que esta vieja Europa dice defender. Pero, ese silencio anima tambin el crecimiento y envalentonamiento de las corrientes ideolgicas racistas y xenfobas, caldo de cultivo no solo de la extrema derecha, sino tambin de la derecha y de, incluso, alguna pseudoizquierda permisiva ante determinados discursos para ganar votos en las prximas elecciones.

Y a pesar de esto, afortunadamente, el silencio hoy vuelve a romperlo, empieza a romperlo, la solidaridad y cooperacin de los pueblos. stos empiezan a llenar campos de futbol o plazas de ciudades y pueblos dando la bienvenida a las personas que necesitan refugio. Entienden que los territorios de origen han tenido que ser abandonados como resultados de las guerras o de la explotacin hasta el agotamiento de sus recursos, cuyos beneficios van a manos de las lites econmicas y de las clases polticas tradicionales, mayormente de origen europeo o estadounidense. Por parte, de los pueblos demuestran una vez ms que entienden de contabilidad calculada, frialdad inhumana para preocuparse por cuntos podemos recoger en nuestro "cupo", y a cuntos recibimos anteriormente. Esto es para esas lites que olvidan que los pueblos que hoy tienen que recibir personas antes fueron tambin emigrantes por distintas razones y que les fue tan difcil, tan doloroso, dejar sus pases como hoy lo es para estas personas. lites que no comprenden el concepto de persona y su derecho a una vida digna, pues solo piensan en rditos econmicos o intereses geoestratgicos para poder seguir manteniendo su dominio.

Hay ciudades que ante el vaco e inaccin de los gobiernos nacionales y respondiendo, lo que les honra, tambin a esa llamada ciudadana a la solidaridad, deciden dar pasos inmediatos, reales, para establecer redes de acogida. O aprueban, a pesar de la crisis, pequeas partidas presupuestarias y declaraciones para exigir medidas profundas ms all de los meros e interesados clculos polticos. Ello, haciendo realidad lo dicho en muchas ocasiones, que las polticas y acciones de solidaridad deben de estar por encima de crisis econmicas. Y como subray hace ya muchos aos un lder poltico latinoamericano: la solidaridad es la ternura de los pueblos. Esperamos que este lema, as como los ejemplos y acciones que ya se dan en diferentes mbitos se extiendan y fortalezcan.

Por todo ello, nuevamente podemos afirmar que la sociedad, los pueblos, una vez ms muestran su sabidura, su ternura, y abren caminos y puertas rompiendo silencios, no cambiando el canal de televisin y aumentando la presin para que, sobre el clculo politiquero y economicista, domine la solidaridad entre las personas y pueblos.

Porque, a pesar de lo que nos digan las lites, "todos los pueblos de la tierra son iguales desde su nacimiento, todos los pueblos tienen derecho a vivir, a ser libres y felices". Complementemos, de forma humilde, en esta frase del lder vietnamita Ho Chi Minh, el trmino pueblos como referido, adems de a la entidad "pueblo" propiamente, tambin a "todos los hombres y mujeres, todos los seres humanos" y podremos comprender mejor la fuerza de dicha frase. Sin duda alguna, lograr esa igualdad entre pueblos, entre hombres y mujeres, abrira un nuevo tiempo para este mundo.

Por ltimo, si reconocemos que el origen de esta situacin crtica est en la estructura de la organizacin poltica, econmica y social del sistema dominante occidental y en su dominio y explotacin ejercida brutalmente durante, como mnimo, los ltimos doscientos aos, sobre los pueblos africanos y asiticos, la pregunta evidente es si pensamos que las soluciones residen en otro sitio (parches) que no sea nicamente en la transformacin de esas dimensiones. Dicho de otra forma, Europa debera eliminar radicalmente su forma de dominacin e intervencionismo permanente sobre la vida social, econmica y poltica de esos pueblos, para que realmente podamos empezar a hablar de soluciones verdaderas a sta y futuras crisis humanas.

Jess Gonzlez Pazos es miembro de Mugarik Gabe.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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