Portada :: Palestina y Oriente Prximo
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-09-2015

Un nuevo momento Plaza Tahrir?

Vijay Prashad
Counterpunch

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez


Justo cuando las furias salvajes del sectarismo amenazan con desgarrar Asia Occidental, se producen de forma cvica protestas masivas en Bagdad y Beirut. En ambas ciudades, las poblaciones no pueden ya sentir mayor frustracin ante la falta de servicios bsicos y ante la corrupcin. Durante el trrido verano, los cortes elctricos asfixiaban Bagdad mientras la basura se apilaba por las calles de Beirut. Tanto en Iraq como en el Lbano, los dirigentes de diversos grupos sectarios viven cmodas vidas en zonas vigiladas. La brecha entre sus esplndidas existencias y las privaciones que sufre la gente normal enviaron a millones de iraques y libaneses a las calles. En Bagdad, una pancarta celebraba la tica de la calle: Desde Bagdad a Beirut: ni sunnes, ni chies. Nuestro Estado es un Estado civil. Era la expresin de un deseo, un deseo que sin embargo tom vida en las manifestaciones.

Tanto en Iraq como en el Lbano, las elites polticas admiten la frustracin que sienten sus pueblos. Por eso no podan limitarse a enviarles sus fuerzas de seguridad. Pocos lderes se atrevieron a despreciar las demandas, aunque desdearan a los activistas. La falta de servicios cvicos es un grave problema en Asia Occidental. Y las organizaciones extremistas son muy conscientes de ello. Cuando el Estado Islmico se apoder de Raqqa en 2013, lo primero que hizo fue asegurar la recogida de la basura. La ideologa es fundamental, pero carece de sentido si los servicios municipales bsicos brillan por su ausencia. El alto el fuego de 1989 en Lbano tras su guerra civil se construy a partir del principio de la mutua coexistencia de las diversas sectas, cuyos lderes se repartieron despus el botn del pas. En Iraq se elabor una constitucin sectaria bastante parecida durante la ocupacin estadounidense. Los contratos para generar electricidad, recoger las basuras y organizar las telecomunicaciones se repartieron entre los seores de la guerra. La corrupcin sectaria est enraizada en el sistema. No ser fcil desalojarla.

Encontrar los rescoldos del mundo post-sectario por toda Asia occidental no es precisamente una labor imposible. Tambin se encuentra en los campos de refugiados sirios. Dada la naturaleza de la guerra en Siria, uno temera que las pestilentes alambradas del sectarismo desgarraran el frgil sentido de la nacionalidad siria. No ha sido ese el caso, porque el principal objetivo es la supervivencia.

Sin embargo, el sectarismo la alambrada que divide a sunnes de chies y de otras minoras- sigue estando ah presente. El nacionalismo rabe de las dcadas de 1950 y 1960 fue til para superar las divisiones sociales y unir a la gente alrededor de la idea de lo rabe. Fue un artilugio poderoso que predomin durante al menos una generacin. Pero el nacionalismo rabe amenazaba las ideas saudes de realeza islmica, a su vez desafiadas por el republicanismo islmico de Irn. Estos embrollos geopolticos avivaron las ansiedades sectarias, que el nacionalismo rabe haba de alguna manera suavizado. Las tensiones entre Irn y Arabia Saud se reflejan en la aparicin del Estado Islmico (EI), que dirige su odio mucho ms contra los chies que contra Occidente. No es de extraar entonces que la actual guerra de Arabia Saud contra el Yemen que empez a finales de marzo- siga impertrrita adelante, totalmente cargada de veneno sectario, y con el armamento suministrado por EEUU. Nadie habla de alto el fuego ah, a pesar de las splicas de la ONU de que el pas est ya inmerso en una catstrofe humanitaria. La geopoltica sectaria alimenta los aviones saudes en Yemen, al igual que enciende la aversin de Riad a un acuerdo de paz en Siria. Los saudes prefieren arrastrar a un mundo rabe desangrado a travs de las cenizas de sus capitales que encontrar una va para reducir el sectarismo.

Las cenizas del sectarismo

La pasada semana, un malhadado encuentro en Doha confiaba en encontrar una salida a la volatilidad en Iraq. La ocupacin estadounidense prohibi el Partido Baaz e impidi que su gente pudiera entrar en la burocracia estatal. Esto fue un regalo para el apoderado de Irn en Iraq, el Partido Islmico Dawa, de mayora chi. Asentados en su exilio iran y sirio, el liderazgo del Partido Dawa vea el mundo a travs de la lente de la secta y la venganza. El prohibido Baaz permiti que Dawa y sus aliados dominaran la poltica iraqu, ahora marcada por el sectarismo gracias a la constitucin impuesta por EEUU en 2005. Los restos del Baaz, que ayud al Estado Islmico a llegar al poder en Mosul el pasado ao, han roto ya con sus improbables aliados. El gobierno qatar invit al miembro de la Hermandad Musulmana del Parlamento iraqu, Salim al-Yaburi, a sentarse con el liderazgo del ilegal Baaz para discutir la formacin de un nuevo bloque sunn anti-EI.

Aun contando con el apoyo inicial del gobierno iraqu, la reunin fue despus rechazada por Bagdad. No es fcil superar las viejas historias de enemistades entre Dawa y Baaz. Estn saturadas de recuerdos de torturas. El mejor resultado de la reunin de Doha estara no obstante lejos de los postulados de las protestas cvicas en Bagdad. Se limitara a seguir las lneas del sectarismo, un nuevo bloque sunn que se ala con el Partido Dawa contra el EI. Los manifestantes de Bagdad desconfan demasiado de su gobierno como para permitir que el primer ministro Haidar al-Abadi lance a Dawa detrs de ellos. Si va a recuperar algn tipo de nacionalismo iraqu, tendr que hacerlo a travs de la lgica del sectarismo. Pero la animosidad contra el Baaz, tanto desde Dawa como Irn, tiene bloqueada esa va. Tampoco siente mucho entusiasmo por permitir el retorno de su enemigo histrico.

El fracaso de la conferencia de Doha dice mucho acerca del declive de la autoridad de Qatar en la regin. Su poltica exterior ha fracasado mientras que la de Arabia Saud ha conseguido imponerse una vez ms. El rey saud Salman se fue a Washington cuando se estaba celebrando y cuando se intensificaban los bombardeos saudes y de los Emiratos rabes Unidos en Yemen. El tema principal de las discusiones fue el acuerdo nuclear con Irn. Washington se resiste a criticar a Arabia Saud por su guerra en Yemen, lo que es considerado por muchos como un regalo a Riad por su apoyo tcito al acuerdo nuclear. El rey Salman ha sugerido a sus confidentes que una vez que su campaa en Yemen llegue a su fin, pondr ms recursos en Siria. Pero, qu objetivos busca con eso? El apoderado de Arabia Saud en Siria Yaish al-Islam- no es tan audaz como el EI, pero es despiadadamente sectario. Una mayor involucracin saud no significa necesariamente que la violencia vaya a reducirse. Podra implicar precisamente lo contrario. Arabia Saud est empecinada en derrocar a Bashar al-Asad, aunque esto pueda significar la aniquilacin de Siria.

La alternativa militarista

Si bien las manifestaciones de las masas proporcionan una va alternativa (y utpica) al sectarismo, las formas ms antiguas de autoridad proporcionan otra hoja de ruta. Arabia Saud financia al gobierno de Egipto dirigido por Abd al-Fatah al-Sisi, quien sin embargo se rene con el presidente ruso Vladimir Putin, un aliado de Asad, para considerar una coalicin contra el EI. Sisi, hombre del ejrcito egipcio, tiene vnculos de empata con el ejrcito de Siria, ambos son hijos de la era del nacionalismo rabe. Les une el miedo al aumento del extremismo. Eso frustra el intento saud de mantener a sus aliados a su servicio. Ni Asad ni Sisi mantienen las promesas del nacionalismo rabe; estn manchados por los fantasmas de Daraa y Rabaa. Pero lo que les acerca es su antipata hacia al-Qaida y el EI. Esa es la alternativa de los soldados al sectarismo. Est muy alejada de las manifestaciones de masas de Bagdad y Beirut, que son una rplica del emblemtico levantamiento de El Cairo de 2011. En Manshiet Nasser, en El Cairo, o en Ouzai, en Beirut, los barrios pobres del Sur Global, las esperanzas no se cifran tanto en el pueblo quiere la cada del rgimen como en el pueblo quiere poder sobrevivir a la rabia del presente. El eslogan ms radical de la Plaza Tahrir ha vuelto a la vida en Bagdad y Beirut, recogiendo la esperanza contra el sectarismo y la guerra. En estos momentos, en Asia occidental, esa idea es una idea radical.

Este artculo apareci originalmente en The Hindu (India).

Vijay Prashad es director de Estudios Internacionales en el Trinity College y editor de Letters to Palestine (Verso). Vive en Northampton.

Fuente: http://www.counterpunch.org/2015/09/14/a-new-tahrir-square-moment/



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