Portada :: Amrica Latina y Caribe :: Lugo, la esperanza de Paraguay
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-09-2015

Trabajadores crucificados
Paraguay, el paraso liberal de aqu noms

Daniel Gatti
Brecha


Qu sucede en un pas para que trabajadores que pretenden formar un sindicato decidan que tienen que crucificarse sin ningn eufemismo, ni exageracin, ni metfora: clavarse a una cruz, sellarse la boca con clavos, y adems hacer una huelga de hambre para que alguien les preste atencin?

Qu ocurre en ese pas para que medidas de este tipo se vengan reiterando desde hace unos tres aos? Qu explica que los medios de comunicacin locales apenas traten el tema? Y qu pasa en la sociedad de ese pas para que por un lado algo tan tremendo sea posible y por el otro no conmueva hasta los tutanos a la gente, obligue a manifestaciones diarias, a protestas, a una bronca generalizada?

Pues pasa que estamos en Paraguay, y que Paraguay est muy, pero muy mal, dice a Brecha Juan Villalba, secretario general de la Federacin de Trabajadores del Transporte de Paraguay.

***

La historia chica de lo que llev a que un grupo de personas llegaran a clavarse a cruces de madera con clavos de ms de un palmo de largo, a coserse los labios con clavos curvos de seis centmetros y a dejar de alimentarse todo esto, en los casos ms extremos, desde hace 70 das puede hasta parecer banal. O en todo caso no rara para un pas como Paraguay, en el que la ausencia de normas laborales es la regla, en el que al sindicalismo se lo castiga, en el que los empresarios no encuentran arriba ningn lmite a su poder, dice Francisco de Paula Oliva, el pai Oliva, un cura jesuita largamente octogenario que lleg a Asuncin hace una punta de aos y que ha hecho una opcin por los pobres que lo ha llevado, entre otras cosas, a compartir con ellos vivienda en una de las zonas ms miserables de la capital. Que se llegue a este estado de cosas, a una crucifixin, habla mucho de una realidad, repite Oliva.

***

La historia chica, pues, de una de estas crucifixiones la ms imponente, por larga comenz a fines de junio, cuando trabajadores de la lnea 49 de mnibus de la empresa La Limpea, que hace el trayecto entre las ciudades de Luque y Limpio, en la periferia de Asuncin, decidieron formar un sindicato. No podan ms, estos trabajadores, de tolerar que el patrn de la empresa, el diputado liberal Celso Maldonado, hiciera lo que quisiera. En La Limpea las jornadas laborales podan llegar hasta las 18 horas con descansos de un da, mximo dos, entre ellas; el pago de horas extras era inexistente; las vacaciones dem; el sueldo estaba por debajo del laudo; el aguinaldo lo cobraban en cuotas; la patronal olvidaba un mes s y otro casi tambin realizar los aportes sociales; si los mnibus de la empresa tenan algn desperfecto mecnico, los trabajadores deban hacerse cargo del arreglo Frutilla de la torta: durante una campaa poltica los empleados fueron obligados a asegurar el traslado gratuito de una de las hijas del diputado, candidata a concejal. Alertado de todas estas irregularidades, el Ministerio de Trabajo haba enterrado las denuncias en un cajn. Apenas se enter de que en la empresa se estaba intentando armar un sindicato, el diputado despidi a los revoltosos: 51 de los 140 trabajadores de La Limpea marcharon ipso facto a la calle. El ministerio no se inmut: un empresario tiene derecho a despedir a quien quiera sin dar explicaciones, dijo el ministro Guillermo Sosa. Celso Maldonado tiene mucho poder y un acceso directo al ministro. Por ms que sea de un partido de oposicin, comparte casta con los gobernantes dice Juan Villalba. En cualquier pas medianamente serio bastara con que se denunciaran irregularidades como estas para que la empresa y su propietario fueran sancionados. En Paraguay no.

El 1 de julio algo ms de una decena de los despedidos de La Limpea y las esposas de dos de ellos se dijeron que si no hacan algo extremo nadie, pero nadie, les dara pelota. Tomaron algunos pocos de sus petates y se dividieron en dos grupos: unos se instalaron en unas carpas de plstico en el exterior de la sede de la empresa, en Luque; los otros frente al Ministerio de Trabajo, en Asuncin, a unos quince quilmetros de all, tambin en carpas. Sus propios compaeros los clavaron a las cruces. Dice una de las pocas crnicas que sobre el hecho se publicaron que se notaba un sufrimiento resignado en las caras de los crucificados, como si el dolor en ellos no fuera tanto por esta agresin fsica que se autoimponen sino anterior. Un periodista habl de la resignacin propia de los acostumbrados a la humillacin. Un sindicalista espaol de las Comisiones Obreras que los visit fue por los mismos carriles. Dijo no entender el gesto, pero por supuesto no lo reproch. Slo una desesperacin muy arraigada puede explicar algo de esta magnitud, declar. Y curiosamente compar a los crucificados paraguayos con los sirios que se lanzan al mar en barquitos destartalados y superpoblados. Estn igualmente desesperados, pens. Pero luego se corrigi. Siria es un pas en guerra del que la gente huye como sea para vivir. Paraguay no, y en principio aqu habra una democracia. No debera haber espacio para cosas tan extremas como una crucifixin por una protesta social, un conflicto as debera resolverse antes, y en todo caso nunca podra algo tan tremendo durar ms que unos das. En cierta manera es peor esto. Es inslito, horroroso. Y ms tremendo aun que no sea un escndalo.

***

Al poco tiempo de llegar a la presidencia, en agosto de 2013 Horacio Cartes se reuni con inversionistas extranjeros y los agasaj por todo lo alto. Paraguay es como una mujer fcil y bonita con la que podrn hacer lo que quieran, les dijo. Para empezar, podrn repatriar casi todo lo que ganen, los impuestos que debern pagar sern mnimos, y sobre todo no tendrn que cargar con el lastre de los sindicatos. No son muchos, tienen pocos afiliados y el gobierno se encargar de mantenerlos a raya. Unos meses despus, en 2014, el agasajo fue reservado a un centenar de empresarios brasileos, que prcticamente dominan la economa paraguaya. Usen y abusen del Paraguay, porque este es un momento importante de oportunidades, les lanz el presidente. Dicen que fue ah pero si no lo fue podra haber sido en cualquier otra ocasin, porque al parecer es afecto a repetirlo que Cartes admiti por primera vez que en sus empresas (y tiene muchas y grandes, desde bancos hasta tabacaleras, pasando por equipos de ftbol de primera divisin) no permite que existan sindicatos. El pai Oliva dijo a Brecha que muchos en Paraguay piensan que Cartes toma a la poltica como una prolongacin de sus negocios. Lleg muy tarde a la poltica el presidente, recin en 2009, y es probable que lo haya hecho para conseguir cargos electivos que lo pusieran a salvo de cualquier proceso judicial (la Dea estadounidense lo investig por narcotrfico y lavado de dinero). En todo caso, lo cierto es que viene gobernando, sin remilgo ninguno, exclusivamente para los ricos.

***

A medida que fueron pasando los das, a la decena inicial de choferes crucificados se les fueron sumando otros, de a dos por semana. Los cuatro ltimos lo hicieron a comienzos del mes. Segn el sindicalista Villalba cont a Brecha, hoy son 24. Los que largaron la medida, hace ya 70 das, la continan. Nunca pensaron que pasaran tanto tiempo en estas condiciones, pero al ver la indiferencia del gobierno se han reafirmado en su decisin de continuar hasta el final. Un mdico, que es tambin concejal de la ciudad de Luque y un habitu de las luchas sociales locales, dice Villalba, los visita regularmente y controla su evolucin, pero hay un montn de detalles sanitarios que no es fcil asumir, apunta con pudor, pensando en la higiene de los crucificados.

Las visitas ms constantes que reciben en la carpa que es su casa desde hace ms de dos meses son de sus compaeros y familiares, de algunos vecinos, de algunos trabajadores de otros sindicatos, de unos pocos legisladores y dirigentes polticos y de curas que trabajan con las poblaciones ms pobres, como Oliva y el franciscano Juan Carlos Ayala. Pero es lamentable que no haya habido ms solidaridad, se queja el presidente del sindicato de transportistas. Es increble cmo Maldonado y el gobierno han comprado a la mayor parte de la prensa, a polticos, y tambin es lo ms penoso a sindicalistas. Se da el lujo no slo de despedir a empleados por pretender agruparse sino que estando la empresa en huelga contrat a 50 trabajadores, cosa que legalmente no puede hacer, y el Ministerio de Trabajo mira para otro lado. El ministro Sosa lleg a decir que los crucificados estaban montando un show y operando un chantaje, y que ante los chantajistas un gobierno en serio no puede ceder. Una crucifixin es una medida ilegal, declar el ministro en julio, y a los pocos das una fiscal de Luque imput a los crucificados por la ilegalidad.

Ha habido algunas movilizaciones importantes en solidaridad con los crucificados. Una marcha tuvo lugar a fines de agosto frente a la sede del Ministerio de Trabajo. La respuesta policial fue la esperable. La reprimieron con balines de goma que rociaron los cuerpos de dirigentes sindicales, entre ellos Julio Lpez, presidente de la Confederacin de la Clase Trabajadora, escribe a Brecha desde Asuncin el periodista Julio Csar Benegas Vidallet.

Tambin circula una carta abierta a Horacio Cartes firmada entre otros por el padre Oliva. Se va cumpliendo lo que expres usted de que los sindicatos no hacen falta en la sociedad, con lo cual va confirmando lo que la mayora de los empresarios y autoridades manifiestan: que el trabajo humano es una simple mercanca, como en la Edad Media, dice el mensaje.

Vicente Pez, dirigente del Sindicato de Periodistas de Paraguay, coincide. Hay una composicin oligrquica, atrasada y preburguesa de las clases dominantes paraguayas que hace que las patronales, con proteccin del Estado, se avengan a cumplir las leyes slo cuando ellas quieren. El Estado de derecho no rige en Paraguay para los empleadores, no hay fuerza coercitiva que les imponga el respeto de los derechos laborales ms bsicos (diario Ea, Asuncin, 7-IX-15). De ah, medidas como las crucifixiones.

***

Lo inslito es que los choferes de Luque y Asuncin no son los nicos crucificados en este momento en Paraguay, ni fueron los primeros en hacerlo. Frente a la embajada de Brasil, en pleno centro de Asuncin, no muy lejos del Ministerio de Trabajo, seis ex trabajadores de la represa binacional de Itaip y la esposa de uno de ellos se clavaron a fines de junio exigiendo que se les pague lo que se les debe desde hace muchsimos aos y que las autoridades brasileas de la represa no les reconocen porque aducen que laboraban para una tercerizada. Ya lo haban hecho durante 50 das en 2014, y levantaron la medida en enero pasado porque al parecer habra una solucin. No fue as, y la retomaron a fines de junio. Pusimos el cuerpo en esa represa y bien duras eran las condiciones de trabajo all, dijo uno de los crucificados a una agencia de prensa. A los brasileos les pagaron todo. A nosotros no. Se hartaron de recorrer todas las vas legales sin encontrar respuesta en ninguna, y llegaron a esto. Nos movemos en nombre de los 5 mil trabajadores paraguayos de la represa, dicen. Cuando Jorge Bergoglio visit Paraguay, entre el 10 y el 12 de julio, esperaban que hiciera un alto ante su carpa. En el camino, el papa ensay paradas que parecan salidas de protocolo pero que tenan algo de guionado, porque los animadores de la tele las fueron anticipando, escribi el periodista Diego Geddes en la revista digital Anfibia. Pero los crucificados de la embajada no entraron en el guin de Francisco. Carlos Gonzlez, uno de los siete trabajadores que se traslad desde la frontera con Brasil hasta la capital para clavarse a una cruz de madera, dijo a la publicacin argentina que si la prensa local no les presta demasiada atencin (ms bien ninguna: tienen menos cobertura aun que sus colegas de suplicio del transporte) es porque Itaip (la segunda represa hidroelctrica ms grande del mundo) presiona a los medios con su pauta publicitaria.

Cuando la dictadura de Alfredo Stroessner, le cuenta Gonzlez a Diego Geddes, uno no poda formar un sindicato porque simplemente lo mataban. Despus de 1989 la cosa mejor, pero los riesgos no desaparecieron. Ms bien que no. Carlos, por ejemplo, vio morir ante sus ojos a dos compaeros durante una huelga reprimida a balazos por la polica, en plena democracia. Un informe de 2014 de la Coordinadora de Derechos Humanos del Paraguay cifr en 115 los campesinos y sindicalistas rurales asesinados en el pas entre 1989 y agosto de 2013. Los mat la polica o paramilitares que trabajan al servicio de empresarios, fundamentalmente sojeros, y en la casi totalidad de los casos los crmenes estn impunes, dijo el coordinador del informe, Hugo Valiente. Se pudo determinar la existencia de un plan sistemtico de ejecuciones vinculado a la lucha por la tierra, no muy distinto a cuando eran los militares los que mandaban.

***

Juan Villalba piensa que el gobierno apuesta a que los compaeros crucificados cesen su medida solos. No les importa que alguno muera. Ya hay un antecedente de algo as. Fue en 2013, cuando otros conductores de mnibus realizaron la primera crucifixin de que se tenga datos en Paraguay como forma de protesta social. Trabajaban en la lnea 30 de mnibus (de la que casualmente el diputado Celso Maldonado es accionista) y permanecieron unos 50 das clavados. Al tiempo, uno de ellos muri, en medio de una total indiferencia.

***

El martes 15, los crucificados de Itaip marcharon unos tres quilmetros desde su carpa ante la embajada brasilea hasta el Senado, donde iba a estar presente el director paraguayo de la represa binacional. Caminaron como en una procesin, pero con clavos reales. Orando cada tanto, porque lo que los mantiene es la fe y la certeza de que tienen razn, dice el padre Oliva. Esperando un no se sabe qu que seguramente no llegar.

http://brecha.com.uy/


Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter