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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-09-2015

CC.OO. y UGT: del silencio sospechoso al ruido meditico

Armando B. Gins
Rebelin


Los sindicatos mayoritarios, CC.OO. y UGT, han roto el silencio tctico en el que estaban refugiados durante los ltimos tiempos. Y lo han hecho trizas de forma elocuente a favor del nacionalismo espaol y en contra de la hipottica independencia de Catalua.

Extraan sobremanera tales declaraciones extemporneas de alto nivel tomando partido tan claramente por una opcin concreta, la que alientan y defienden los defensores a ultranza del orden establecido en la transicin posfranquista. Solo faltara ahora que ambos sindicatos se manifestaran proclives a una gran coalicin entre PP y PSOE como salvaguardia de los valores patrios y tradicionales de Espaa. Cosas veredes, como dijera Alonso Quijano a Sancho Panza, que te causarn honda impresin querido escudero del pueblo llano.

CC.OO. ha sido desde su nacimiento una fuerza sindical de clase, de izquierdas y de carcter sociopoltico. UGT, con el advenimiento del sistema parlamentario, siempre ha ido a la estela del citado sirviendo de apagafuegos institucional de la clase trabajadora para orientar sus reivindicaciones sociales en torno a las polticas contemporizadoras y ms que moderadas del PSOE. Pero desde la asuncin estratgica de la manida unidad de accin, las tesis ugetistas modulan a la baja el discurso real de las dos cpulas sindicales.

Con la precariedad laboral segando el terreno reivindicativo y el paso a trote neoliberal de las ideas retrgradas de Fidalgo y los suyos por la secretara general de CC.OO., esta formacin ha perdido bastante fuelle ideolgico, sindical y poltico. Su discurso de vaivn se construye sin modelo alternativo de sociedad, a impulsos de la coyuntura, instalndose en el mal menor de las negociaciones por arriba, estriles, inocuas o intrascendentes en la mayora de las ocasiones, reservando sus antiguas energas de clase para luchas puntuales en empresas importantes en crisis del sector industrial o del sector servicios.

Con la precariedad laboral y los derechos sindicales en mnimos histricos, CC.OO. se ha convertido de facto en un laboratorio de bellos documentos sociolgicos ms o menos acertados en sus anlisis y en un bufete gigantesco de abogados laboralistas para salvar los muebles a posteriori de los trabajadores y trabajadoras despedidos o con contenciosos particulares en sus empresas.

El campo sindical se ha cerrado de una manera evidente. Hacer sindicalismo a la ofensiva, sabiendo que existe un horizonte distinto al capitalismo, transformado en economa social de mercado por mor de la posmodernidad ideolgica, es una quimera solo al alcance de devotos francotiradores locos condenados a fracasar por obligacin.

Sin embargo, lo peor de todo es que da la triste sensacin de que la deriva de CC.OO. no es un resfriado de poca monta, sino una enfermedad txica que precisar remedios de mayor enjundia para sanar por completo y restablecer los fundamentos de un autntico sindicato de clase al servicio de la clase trabajadora y de un futuro diferente al de la presunta gestin de izquierdas del neoliberalismo, tan en boga en la actualidad, como tope mximo de las expectativas de la socialdemocracia clsica en sus distintas advocaciones: Syriza, PSOE, IU en sus recurrentes nuevas izquierdas en disputa semntica permanente, Podemos?...

La salida de pata de banco ltima a la que nos referamos al principio, la adhesin amable al nacionalismo espaol y contra la independencia catalana, tiene trampa, una treta aviesa basada en la premisa de que la clase trabajadora no tiene fronteras y es la misma en todo el mundo. Muy izquierdista y rompedora en su planteamiento, pero falsa en su desarrollo posterior y en su conclusin final.

Lo ms que deberan haber expresado CC.OO. y UGT es que la resolucin del conflicto cataln debe pasar inexcusablemente por un referndum popular para que la gente, con su voto democrtico, tenga la ltima palabra al respecto, aadiendo que tanto CDC como el PP utilizan la confrontacin nacionalista para tapar sus vergenzas propias de recortes salvajes en cuestiones sociales, econmicas y laborales. Tambin podran haber agregado que el plebiscito encubierto de estas elecciones autonmicas no servir para abrir nuevos espacios a polticas de izquierda coherentes que den la batalla a la troika y ofrezcan soluciones reales a las necesidades imperiosas de la clase trabajadora.

Ese hubiera sido un discurso ajustado. Pero no, han optado por aparecer como aclitos o cmplices del poder institucional. La va fcil, el camino de meras comparsas sociales de la realidad conservadora instalada en el bipartidismo que domina la escena poltica desde la muerte del dictador Franco.

El desprestigio de CC.OO. y UGT, adems del acoso del neoliberalismo y de su ideologa antisindical, se lo han ganado a pulso en las ltimas dcadas. Sus cpulas se han anquilosado en verlas venir desde despachos con ventanas cerradas a cal y canto donde no entraban las contradicciones sociales y polticas de la calle, la fbrica y el rgimen capitalista en su conjunto.

Tal vez sin pretenderlo, solo quiz por la inercia de la desidia y el no contacto con la realidad diaria, CC.OO. y UGT, a travs de un proceso sordo de adaptacin al medio ambiente dictado por el statu quo, del apego prolongado al cargo casi vitalicio y a la caza de subvenciones imprescindibles para soportar sus organizaciones intelectuales y fsicas, se han convertido de hecho en nicos y exclusivos representantes de la clase trabajadora que an mantiene empleos ms o menos estables. La precariedad laboral, un vasto territorio ocupado eventualmente y en condiciones lamentables por dos de cada tres personas, no puede ser representado por nadie en razn de la imposibilidad de defender sus derechos ante la espada de Damocles de renovar sus contratos a cambio de silencio y resignacin social y poltica.

CC.OO. y UGT han abandonado a su suerte a la clase trabajadora en precario. Su accin sindical resulta inoperante, subsidiaria, puntual, no representativa. Recuperar ese ocano de marginalidad absoluta requerir un esfuerzo sindical maysculo, de sutil inteligencia poltica y de la elaboracin colectiva de un discurso que vaya al tajo y que no espere pasivamente que la conciencia de clase surja por arte de magia individual.

Ver a CC.OO., y en menor medida a UGT, al rebufo del rancio nacionalismo espaol provoca pensamientos amargos. Claro que las fronteras existen para dividir a la clase trabajadora pero ahora tocaba un anlisis ms profundo y ponderado de la realidad. Mas, Rajoy y Snchez son portadores del mismo virus: el neoliberalismo y sus secuelas de recortes sociales y derechos polticos.

Catalua lleva tiempo solicitando un referndum sobre su posible independencia. Luchemos por ello para que se abran caminos en los que los nacionalismos emocionales desparezcan por completo. Ahora, tanto Mas como Rajoy se escudan en esas tapaderas formidables para llevar a cabo sus polticas derechistas contra lo pblico. Polticas similares que precisan de la oposicin esttica para que el pueblo pierda la referencia de lo verdaderamente importante: el empleo, la vivienda, la sanidad, la educacin, el transporte y el sistema capitalista que tiene secuestradas las ideas de izquierda y otro modelo de sociedad en comn ms justo, igualitario, democrtico y razonable.

Que CC.OO. volviera por sus fueros por donde sola sera una noticia de enorme resonancia para el futuro de Espaa. Y de Catalua. A veces, las fronteras mentales son ms gruesas o cierran ms puertas que las fsicas o territoriales.

Gran parte de lo somos se lo debemos a las luchas antifranquistas de CC.OO. En su alma guarda un tesoro histrico de izquierdas y combativo que, de momento, nadie sabe dnde est. Muchas personas ms que vlidas y de trayectoria impecable anidan en su seno pero, hoy por hoy, sus silencios elocuentes y su deriva dejndose llevar por la corriente de los mercados y del orden establecido las est convirtiendo en una referencia balda, dudosa cuando menos, para enfrentar los retos sociales y polticos del siglo XXI y liderar al tiempo a la fragmentada clase trabajadora. O CC.OO. gira a la izquierda en su prctica cotidiana y en su discurso sociopoltico o ser un mero apoyo ortopdico del gobierno de turno, al albur de un existencialismo oportunista sin personalidad propia.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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