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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-09-2015

Paz y reforma de la doctrina de seguridad del Ejrcito

Horacio Duque
Rebelin


Teniendo como referencia explcita las concepciones militares imperialistas y violentas de los Estados Unidos y la Otan, causantes de destruccin y muerte en diferentes lugares del globo, los generales colombianos anuncian una nueva doctrina estratgica para las Fuerzas Armadas. Desconocen los avances y demandas del proceso de paz y las nuevas realidades soberanistas de Amrica Latina, como la Unasur, que ha sido escenario para la solucin del grave conflicto en la frontera con Venezuela. 

Los altos oficiales de la institucin castrense nacional han anunciado la adopcin de una nueva doctrina militar de la seguridad para las Fuerzas Armadas.

El anuncio lo ha hecho el general Alberto Jos Meja, comandante del Ejrcito, quien ha sido acompaado de otros oficiales en condicin de retiro, como Bonet Locarno y Mora Rangel, con la asesora de expertos en temas estratgicos como Oscar Palma y Jean Carlos Meja (http://bit.ly/1NSJZ89).

No obstante que el tema est previsto para ser considerado en los dilogos de la Mesa de paz de La Habana, en el marco del denominado fin del conflicto, que incorpora puntos como los de la erradicacin del paramilitarismo y las adecuaciones institucionales del Estado a los acuerdos de paz, el gobierno y el Ministerio de Defensa, han tomado la determinacin de avanzar en el sentido indicado para proponer una nueva doctrina estratgica y un comando de educacin y pensamiento para la rama castrense del actual Estado colombiano.

Como es sabido la concepcin dominante en las entidades militares, durante ms de 50 aos, ha sido la contrainsurgente de la seguridad nacional cuyo contenido es el anticomunismo y la persecucin violenta de las organizaciones de izquierda y sociales adversas al rgimen poltico oligrquico y su Estado.

Esa doctrina ha sido la palanca central del paramilitarismo, los falsos positivos, las masacres campesinas, el desplazamiento forzado de millones de labriegos, el exterminio de la UP y la violacin sistemtica de los derechos humanos en las ltimas dcadas.

Se supone que la construccin de un nuevo esquema estratgico militar implica un riguroso diagnstico de los problemas que inducen la anunciada nueva etapa. Es lo que no parece reconocerse claramente en los anuncios hechos por los generales. Ms complicada todava es la inslita afirmacin en el sentido de mantener como puntos de referencia de los nuevos cambios el pensamiento militar imperial y el de la OTAN, origen de las guerras y atropellos ejecutados en diversos lugares del planeta por los dispositivos blicos de los poderes preponderantes en la globalizacin.

Tremendo error. Se desconocen abiertamente los contenidos de los consensos alcanzados en las conversaciones de paz, particularmente en asuntos como la democracia ampliada, el respeto por los derechos humanos y las garantas de seguridad para los nuevos movimientos polticos y sociales que surjan con la terminacin de la guerra.

Colombia est cambiando a grandes velocidades con los importantes avances del proceso de paz. La firma de unos acuerdos sobre el tema de la justicia entre el Presidente Santos y el jefe de las Farc, la determinacin de una fecha para la firma de un pacto final y la proyeccin de la dejacin de las armas por las guerrillas revolucionarias, indican que las cosas se han vuelto irreversibles, que la nacin por fin encontr la ruta de la convivencia y la concordia.

Bien puede ser que las instituciones militares, sustradas de la negativa influencia de la ultraderecha uribista y su discurso virulento, estn abriendo espacios de reforma en la esfera militar del gobierno, pero formularlas desconociendo los progresos de las conversaciones de La Habana y las nuevas realidades del mundo, como los procesos populares latinoamericanos, es un contrasentido que no augura nada bueno.

Centrarse exclusivamente en las orientaciones ideolgicas imperialistas americanas y de la Otan, es un absurdo. Una reforma para construir una nueva doctrina estratgica militar y un Comando de educacin, no puede omitir los enfoques que se derivan de las formulaciones surgidas desde los gobiernos progresistas de Venezuela, Argentina, Brasil, Ecuador, Bolivia, El Salvador, Cuba, Uruguay y otros. Es curioso que al tiempo que se establece esa orientacin de los generales oficialistas, el Presidente Juan Manuel Santos, el jefe supremo de las FM, tenga que descartar el procedimiento de la vieja OEA, manipulado por los gringos, y acoger el escenario soberano de Unasur, para dar salida en Quito al grave conflicto suscitado en la frontera con Venezuela con el cierre ordenado por el Presidente Nicols Maduro.

Si los militares quieren de verdad elaborar un nuevo referente estratgico para su funcionamiento, lo que procede es construir espacios de dialogo con la sociedad civil y con expertos de diferente orientacin terica para que lo que resulte refleje un amplio consenso de la nacin.

Insistir en los esquemas del antiterrorismo y la doctrina militar del gobierno del seor Obama, es meterle palos en la rueda al proceso de paz. Es colocar al cuerpo militar en otro campo de sabotaje a los dilogos y los consensos para poner fin a la vieja guerra civil nacional.


Notas

Nota 1. Con los acuerdos alcanzados en materia de justicia en La Habana entre el Presidente Santos y el jefe de las Farc, a Uribe Vlez solo le quedan criminalmente dos caminos frente al nuevo Tribunal de justicia que se creara. O se acoge a la nueva jurisdiccin y confiesa sus delitos, o recibir el peso implacable del nuevo sistema penal de paz que se constituir, el cual no tiene otra alternativa que adelantar los procesos penales correspondientes contra el caballista del Ubrrimo, objeto de miles de demandas por sus actos criminales como Alcalde de Medelln, gobernador de Antioquia, Jefe de la Casa de Nario, senador del Congreso y artfice del paramilitarismo. Le lleg la hora a este peligroso delincuente.

Nota 2. El proceso de paz de La Habana ha proyectado una coyuntura abierta con potente presencia del poder constituyente. Ese poder autnomo gravita en el Acto legislativo para conformar una Comisin legislativa especial y otorgar poderes especiales al Presidente Santos en materia de paz. De igual manera su incidencia ser determinante en la conformacin de una Asamblea Constituyente de paz y en una refrendacin plebiscitaria de los consensos fundamentales para terminar la prolongada y sangrienta guerra civil nacional.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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