Portada :: Colombia :: Dilogos de paz 2012-2015
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-09-2015

Los invisibles

William Ospina
El Espectador


Un gran historiador nos deca hace poco: Por qu no hay un tren rpido entre Bogot y Tumaco? Podramos ir all en cinco horas, comer una cazuela de mariscos junto a los manglares, y volver aqu al anochecer.

Por qu, si es el principal puerto del pas sobre el Pacfico, no hay un vuelo directo entre Buenaventura y Tokio?. Por qu no hay una gran ciudad verde, pionera de una nueva relacin con la naturaleza, en la altillanura?.

Por qu, en un mundo donde las proezas tecnolgicas son hechos cotidianos y las soluciones de infraestructura son posibles y admirables, a nosotros nos acostumbraron a pensar que aqu todo es imposible? Ciudades con belleza, jvenes con empleo, pobres con dignidad, ricos con responsabilidad y un Estado eficiente resultan inconcebibles en Colombia. Por qu? Por una dirigencia que nos acostumbr a la mendicidad, a la resignacin, al odio y a no ver ms all de nuestras narices.

Desde hace mucho tiempo esa dirigencia busca y busca las causas de nuestros males, y cada cierto tiempo seala los sucesivos responsables de cada calamidad histrica. En los aos 50 los bandoleros de la Violencia, en los 60 los estudiantes rebeldes y los revolucionarios, en los 70 la multiplicacin de las guerrillas, en los 80 Pablo Escobar y los extraditables, en los 90 los paramilitares, en la primera dcada del siglo XXI las Farc.

Esta semana Juan Manuel Santos ha conseguido mostrarle al mundo, con gran cubrimiento meditico, que el acuerdo sobre justicia transicional al que ha llegado con las Farc es el punto clave de los dilogos de La Habana, quiz porque es el punto en el que las Farc parecen admitir que son las responsables de la guerra de estas cinco dcadas. Al menos es el nico punto que ha merecido ser presentado al mundo por los dos comandantes de ambos ejrcitos.

Pero aunque las Farc admitan ser las principales responsables de los crmenes y las atrocidades de esta guerra, yo tengo que repetir lo que tantas veces he dicho: que es la dirigencia colombiana del ltimo siglo la principal causa de los males de la nacin, que es su lectura del pas y su manera de administrarlo la responsable de todo. Responsable de los bandoleros de los 50, a los que ella arm y fanatiz; de los rebeldes de los 60, a los que les restringi todos los derechos; del M19, por el fraude en las elecciones de 1970; de las mafias de los 80, por el cierre de oportunidades a la iniciativa empresarial y por el desmonte progresivo y suicida de la economa legal; de las guerrillas, por su abandono del campo, por la exclusin y la irresponsabilidad estatal; de los paramilitares, que pretendan brindar a los propietarios la proteccin que el Estado no les brindaba; responsable incluso de las Farc, por este medio siglo de guerra intil contra un enemigo anacrnico al que se pudo haber incluido en el proyecto nacional 50 aos antes, si ese proyecto existiera.

Me alegra que el acuerdo entre Gobierno y Farc est prximo, aunque no pienso que sea un regalo que debamos agradecer de rodillas, sino algo que ambas partes nos deban desde hace mucho tiempo. Tampoco creo que un mero pacto entre lites guerreras, siendo tan necesario y tan til, vaya a garantizarnos una paz verdadera.

Lo que me asombra es que la astuta dirigencia de este pas una vez ms logre su propsito de mostrar al mundo los responsables de la violencia, y pasar inadvertida como causante de los males. A punta de estar siempre all, en el centro del escenario, no slo consiguen ser invisibles, sino que hasta consiguen ser inocentes; no slo resultan absueltos de todas sus responsabilidades, sino que acaban siendo los que absuelven y los que perdonan.

Una vez desaparecido del horizonte de la historia el episodio de la insurgencia, volver a ocurrir lo que ocurri cuando fueron abatidos los bandoleros de los 50 y sometidos los rebeldes de los 60, cuando se desmoviliz el M19, cuando fueron extraditados los extraditables y dado de baja Pablo Escobar, y cuando fueron desmovilizados y extraditados y amnistiados los paramilitares: que el extrao mal de la patria, del que todos ellos parecan los culpables, sigui vivo, y an nos tiene como nos tiene.

Pero tal vez est llegando la hora de que la causa verdadera, profunda, persistente y eficiente de los males de Colombia se haga visible por fin. Tal vez Juan Manuel Santos est contribuyendo sin proponrselo a remover el ltimo obstculo que nos impeda ver que la verdadera causa de todo es una dirigencia inepta, sin responsabilidad y sin grandeza, que nos ense a pensar en pequeo y a sentirnos mal por soar que el pas poda ser mejor y poda ser de todos.

El proceso de paz es importante, los dilogos de La Habana son fundamentales, los acuerdos entre guerreros son indispensables, pero la verdadera paz de Colombia exige una dirigencia distinta, un relato ms complejo del pas, un horizonte de propsitos ms amplio y ms patritico.

No habr paz sin un proyecto urbano adecuado a la poca, sin un proyecto de juventudes lcido y generoso, porque hoy los jvenes son la guerra, sin un proyecto cultural de creacin, de afecto y de reconciliacin, porque la cultura es nuestro mayor escenario de conflictos y de necesidades.

Tal vez ya no podrn impedir que el pas se aplique a soar y a construir una nueva poca. Tal vez ya no podrn llamar subversivo a todo el que pida un cambio, a todo el que quiera reformar las instituciones, a todo el que quiera ser protagonista de la historia.

Una paz sin enormes cambios sociales, sin proyecto urbano, sin una estrategia econmica generosa, sin un proyecto ambicioso de juventudes, podr ser una buena campaa de comunicacin, pero no llegar al corazn de millones de personas que necesitan ser parte de ella.

Claro que ya es ganancia que el discurso anacrnico de la guerra sin cuartel, al que las lites recurrieron siempre, vaya quedando arrinconado. Nadie protesta tanto contra la impunidad como el que se beneficia de la impunidad.

La dirigencia colombiana, empeada siempre en demostrar que slo los otros son culpables, tal vez no admita nunca su responsabilidad, pero ser cada vez ms visible en su mezquindad y su ineptitud, y ya ser bastante reparacin que se haga a un lado y deje pasar al pas.


Fuente original: http://www.elespectador.com/opinion/los-invisibles




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