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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-09-2015

Ayotzinapa y el fin del narcoestado

Arsino Orihuela
Rebelin


En entrevista con RompevientoTV, Omar Garca, sobreviviente de la masacre de Iguala, perfil un horizonte sugerente para el movimiento por Ayotzinapa: [Transitar] de un movimiento por los desaparecidos a un movimiento por la transformacin del pas. Este planteamiento, que ciertamente yace en germen en el nimo nacional (excepto en el de las oligarquas, polticos tradicionales, fuerza castrense de alto rango, y ciertas clases medias acomodaticias) es la condensacin de una consigna que hoy tiene un eco global: la conversin del ciudadano desposedo en sujeto poltico de cambio. Eso que Syriza arrebat a los griegos, o que otros gobiernos de presunta genealoga popular han robado a sus bases, es decir, la titularidad de la poltica, en Ayotzinapa es un componente activo, cuyo bro va en ascenso. Ayotzinapa es una coyuntura Ayotzinapa es la posibilidad de cambiar mucho. Qu es eso que Ayotzinapa tiene posibilidad de cambiar? La red de relaciones e intereses que rigen los destinos del pas. Luis Hernndez Navarro aclara: Lo que la tragedia de Ayotzinapa ha puesto en claro es hasta dnde el pas est invadido por este mal (narcopoltica), hasta dnde nuestras instituciones de representacin poltica y de procuracin de justicia estn capturadas por el crimen organizado (http://rompeviento.tv/RompevientoTv/?p=2581).

Ayotzinapa tiene una relevancia mayscula para la vida pblica del pas: signific una confesin involuntaria de la simbitica relacin crimen-Estado. Hasta antes de la masacre haban fuertes sospechas acerca de las componendas entre las instituciones y la delincuencia. Despus de los hechos en Iguala el pas cobr conciencia del alcance de ese compadrazgo. El Estado qued desnudo, expuesto crudamente sin las acostumbradas indumentarias ritualsticas o protocolarias. Bien dicen que no es lo mismo desconfiar de una pareja sentimental que encontrar a esa pareja en el acto de infidelidad. El segundo escenario obliga a la decisin o a la accin o a las dos.

De esta circunstancia resulta una doble leccin.

La primera leccin es que el Estado mexicano no es un Estado fallido sino un Estado criminal un narcoestado. El Estado se dijo en otra ocasin es el responsable de los crmenes en Guerrero por dos razones: uno, porque involucra directamente a personal estatal en los actos represivos-delictivos; y dos, porque el Estado es el facilitador de las empresas criminales, suministrando, a travs de las polticas que impulsa, la trama legal e institucional que permite el libre albedro de los negocios privados, an all donde tales intereses particulares entraan altos contenidos de criminalidad, horror e ilegalidad (http://lavoznet.blogspot.com/2014/11/fin-al-narcoestado.html).

Los incidentes en Iguala confirmaron una hiptesis: que el narcoestado es el modo de organizacin de los intereses dominantes en Mxico, y por consiguiente el responsable de los crmenes de lesa humanidad que enlutan al pas.

La segunda leccin es que es una falacia (dolosamente inculcada) que en Mxico el pueblo aguanta eso y ms. Principalmente las lites y clases gobernantes han cultivado la idea de un Mxico dcil, resignado. Falsa y vil es esa leyenda negra. Recientemente el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad (MPJD) lo enunci con rabia bronca: Estamos hasta la madre!. Despus irrumpi en el gora cibernutico un #YaMeCans viral. Y ahora el movimiento por Ayotzinapa exclama con tacto poltico e indignacin: No nos van a callar.

En su columna Navegaciones, Pedro Miguel desaprueba esta sugestin falsaria de un Mxico presuntamente amnsico e insensible; sugestin que se delata en los incontables episodios insurgentes de la historia poltica nacional: Nos queda claro que en las horas posteriores a la atrocidad ustedes (gobernantes o a quien corresponda) pensaron como piensan siempre: que los muertos y los desaparecidos eran unos pelados, unos muertos de hambre, unos indios de la prole que no iban a importarle a nadie y que el pas se iba a quedar contento con la explicacin de que aquello era un incidente menor y un asunto local El agravio s import y fue sentido en carne propia por millones de otros proles, de otros indios pelados, y recorri el pas y llen las calles y las plazas, y junto con l cundi la conviccin de que la barbarie no obedeca a la mera accin de un alcalde enloquecido y cooptado por la delincuencia, sino que involucraba, necesariamente, a las esferas superiores del poder pblico (http://www.jornada.unam.mx/2015/09/24/opinion/041o1soc).

Estos parntesis de movilizacin remiten a una feliz conjetura: a saber, que la poblacin no ha consentido ni claudicado ante la dominacin, an cuando el enemigo es un rgimen de terror escrupulosamente dirigido e impulsado (http://lavoznet.blogspot.com/2014/10/ayotzinapa-o-la-banalidad-de-la.html).

Ayotzinapa es la posibilidad de poner fin a un estado de cosas que se basa en el binomio crimen-Estado. Es la posibilidad de romper los impdicos pactos de impunidad. Es la oportunidad de mandar al carajo la simulacin, la espuria normalidad democrtica de las instituciones y sus monjes ideolgicos, los endmicos mecanismos de defraudacin del Estado, los aejos vicios de un sistema basado en el clientelismo, el influyentismo, el autoritarismo. De poner fin al neoliberalismo y su criatura verncula: el narcoestado.


Blog del autor: http://lavoznet.blogspot.com/2015/09/ayotzinapa-y-el-fin-del-narcoestado.html

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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