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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-10-2015

La industria del armamento nuclear se aduea del dinero del contribuyente
Privatizar el Apocalipsis

Richard Krushnic y Jonathan Alan King
TomDispatch

Traduccin del ingls para Rebelin de Carlos Riba Garca


El complejo corporativo nuclear

Introduccin de Tom Engelhardt

Han dirigido las empresas ms rentables de la historia y, para decirlo sin rodeos, estn destruyendo el planeta. En el pasado, dada la obsesin estadounidense con los terroristas, yo los llamaba terraristas. Me refiero, por supuesto, a los CEO de las empresas de la Gran Energa (Big Oil), quienes en estos aos han hecho lo indecible para encontrar nuevas formas de explotar todas las reservas imaginables de combustibles fsiles de la Tierra y colocarlas en la atmsfera en la forma de dixido de carbono. Hay una cosa que es cierta: tal como una vez lo hicieron los ms altos ejecutivos de la industria tabacalera, la del plomo y la de los productos a base de asbestos, ellos saben qu significa esa fuente de enormes ingresos para el resto de nosotros eche el lector una mirada a la estacin de los incendios de este ao en el oeste de la Amrica del Norte y nuestros hijos y nietos. Si usted piensa que ahora mismo el mundo est viviendo los mayores desplazamientos de refugiados, slo espere hasta que las sequas sean an ms extremas y que aumente la inundacin de las zonas costeras.

Lo escrib en 2013: Convenientemente, con estas tres industrias, los resultados negativos llegan despus de aos o incluso dcadas de la exposicin; de ese modo resulta difcil establecer la conexin entre causa y efecto. Cada una de las industrias saba que esa conexin exista. Cada una de ellas utilizaba esa desconexin temporal para protegerse. Una diferencia: si usted fuera un ejecutivo de la industria del tabaco, o del plomo, o del amianto, tendra la posibilidad de evitar que sus hijos y nietos estuvieran expuestos a su producto. En el largo plazo, esa posibilidad no existe cuando hablamos de los combustibles fsiles y el dixido de carbono, ya que todos vivimos en el mismo planeta (a pesar de que tambin es cierto que quienes gozan de una buena situacin econmica en las zonas templadas de la Tierra tienen menos probabilidades de ser los primeros en sufrir las consecuencias).

Increblemente, como Richard Krushnic y Jonathan Alan King lo dejan en claro hoy, los beneficios econmicos buscados por una segunda tanda de altos ejecutivos estn igualmente estrechamente vinculados con la posibilidad de destruir el planeta (al menos en su carcter de entorno habitable para el ser humano y muchas otras especies) y la eventual muerte de decenas de millones de personas. Esos ejecutivos son los que dirigen las empresas que desarrollan, mantienen y modernizan nuestro arsenal nuclear; al igual que con las empresas del sector de la energa, ellos utilizan sus grupos de presin y su dinero para conseguir ms de los mismo en Washington. Algn da, mirando hacia atrs, los historiadores (si todava existen) sin duda pensarn que las actividades de ambos grupos son ejemplos de la suprema criminalidad.

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Cmo es que la industria del armamento nuclear se queda con los dlares de los impuestos

Imagine usted un momento un autntico absurdo: en alguna parte de Estados Unidos las muy rentables operaciones de un conjunto de grandes empresas se basaran en la posibilidad de que ms pronto que tarde sus vecinos sean destruidos, y usted y todos sus vecinos fueran aniquilados. Y no solo usted y sus vecinos, sino tambin otras personas y sus vecinos en todo el planeta. Qu pensara usted de semejantes empresas, de semejante proyecto, de los enormes beneficios econmicos que obtendran de esa manera?

De hecho, esas empresas realmente existen. Son las de la industria del armamento nuclear y se ocupan del vasto arsenal de armamento capaz de destruir el mundo en manos del Pentgono. Con esa actividad consiguen extraordinarios beneficios econmicos, viven una vida confortable en nuestro propio barrio y desempean un activo papel en la poltica de Washington. La mayor parte de los estadounidenses saben muy poco o nada de ellos ni de sus ingresos a pesar de que el trabajo que realizan es al servicio de un futuro apocalptico casi imposible de imaginar.

A algo tan extrao agregue usted otra cosa improbable. Las armas nucleares han estado en los titulares durante aos; aun as, durante este perodo toda la atencin ha estado centrada en un pas que no posee ni una bomba nuclear y, al menos por lo que puede decirnos la inteligencia de Estados Unidos, en realidad no ha dado seales de estar construyendo una. Por supuesto, estamos hablando de Irn. Por otra parte, prcticamente nunca aparecen en las noticias los absolutamente reales arsenales nucleares que podran hacer estragos en la Tierra, sobre todo nuestro enorme arsenal y el de nuestro antiguo enemigo, Rusia.

En el reciente debate sobre si el acuerdo nuclear con Irn del presidente Obama evitar que ese pas desarrolle alguna vez armas atmicas, usted puede buscar y rebuscar para encontrar alguna autntica discusin sobre el arsenal nuclear de Estados Unidos, a pesar de que el Bulletin of the Atomic Scientists estima que consta de 4.700 ojivas nucleares activas. Esto incluye una variedad de artefactos como bombas areas, misiles basados en tierra y misiles embarcados en submarinos. Si, por ejemplo, un solo submarino del tipo Ohio la Armada de EEUU dispone de 14 de ellos, equipados con misiles nucleares lanzara sus 24 misiles Trident, cada uno de ellos portador de 12 cabezas nucleares de un megatn a las que se puede asignar blancos independientes, las principales ciudades del pas alcanzado en cualquier lugar del mundo podran ser arrasadas y moriran millones de personas.

Ciertamente, las explosiones y los incendios que se produciran enviaran a la atmsfera tanto humo y tantas partculas en suspensin que el resultado sera un invierno nuclear, lo que ocasionara una hambruna de alcance mundial y la muerte posible de cientos de millones de personas, entre ellas estadounidenses (independientemente del sitio dnde se hayan disparado los misiles). Aun as, como lo cuenta el clsico libro del doctor Seuss, habra que agregar: eso no es todo; oh no, eso no es todo. En este momento, la administracin Obama tiene planes para gastar hasta un billn de dlares [ha ledo bien: un 10 seguido de 11 ceros, o 1011, en la jerga de los matemticos] en los prximos 30 aos para modernizar y mejorar las fuerzas nucleares de Estados Unidos.

Dado que el actual arsenal de EEUU representa en el lenguaje de los militares una sobrecapacidad de exterminacin, es decir, podra destruir muchos planetas del tamao de la Tierra ningunos de los dlares adicionales del contribuyente aumentar perceptiblemente la capacidad de disuadir ni la seguridad. Para aumentar la seguridad nacional en las prximas dcadas si es que acaso eso importa algo, la precisin para dar en el blanco de unos misiles que matan a toda criatura viviente en un radio de unos cuantos kilmetros se ha reducido de 500 a 300 metros. Si semejante modernizacin no tiene ninguna importancia militar, para qu aumentar el gasto en las armas nucleares?

Hay un aspecto importante de las apuestas por un Estados Unidos nuclear que por lo general no se menciona en este pas: la corporacin que constituye la industria de las armas nucleares. Aun as, la presin que esta corporacin es capaz de ejercer en favor del gasto cada vez mayor est completamente subestimada en lo que se supone debera ser el debate de la cuestin.

La privatizacin del desarrollo de las armas nucleares

Empieza con este hecho tan sencillo: la produccin, el mantenimiento y la modernizacin de las armas nucleares son fuente de siderales beneficios econmicos para lo que, en esencia, es un crtel. Por supuesto, como tal no se enfrenta con competencia alguna de la industria de otros pases, ya que el arsenal nuclear de Estados Unidos del que estamos hablando y los contratos ofrecidos por el gobierno estn exentos de cualquier auditora con la excusa de la seguridad nacional. Ms an, el modelo de negocio utilizado es el de coste ms margen, que significa que aunque el coste final exceda al precio original ofertado, el contratista tiene garantizado un porcentaje por encima del coste de fabricacin. Los altos beneficios estn efectivamente garantizados y no importan la ineficiencia ni los mrgenes por encima de lo presupuestado en que el proyecto pueda incurrir. En otras palabras, no hay la menor posibilidad de que el contratista pierda dinero, con todo lo ineficiente que pueda ser (lo ms lejano que pueda imaginarse del modelo de produccin de libre mercado defendido por las corporaciones).

Esos beneficios tan bien protegidos y las empresas que se los embolsan se han convertido en el factor principal de la promocin del desarrollo del armamento nuclear, deteriorando as cualquier esfuerzo realizado en pro del desarme nuclear. Ciertamente, parte de este proceso debera ser conocido ya que es un extensin de la clsica frmula del Pentgono descrita tan sorprendentemente por el economista industrial Seimour Melman, de la Universidad de Columbia, en sus libros y artculos; una perversa frmula que produca martillos de 436 dlares y cafeteras de 6.322 dlares.

Dados el proceso y los beneficios obtenidos, los contratistas del sector armamento tienen un gran inters en que la opinin pblica estadounidense viva una intensa sensacin de peligro e inseguridad (aunque sean ellos mismos la principal fuente de ese peligro e inseguridad). Recientemente, la Campaa Internacional de Abolicin de las Armas Nucleares (ICAN, por sus siglas en ingls) public un sorprendente informe, Dont Bank on the Bomb [No financie la Bomba], en el que se dio la lista de los principales contratistas corporativos y sus inversores, es decir, quienes recogern esos inmensos beneficios procedentes de la prxima modernizacin del arsenal nuclear.

Sin embargo, gracias a la opacidad de la seguridad nacional con que se cubren los programas de armas nucleares de Estados Unidos, el pblico no dispone de una autntica auditora de los contratos de esas empresas. No obstante, los beneficios obtenidos gracias a las armas nucleares de al menos las ms importante corporaciones ahora pueden ser rastreadas. En el sector de vectores de artefactos nucleares aviones de bombardeo, misiles y submarinos hay una cantidad de nombres conocidos: Boeing, Northrop, Grumman, General Dynamics, GenCorp Aerojet, Huntington Ingalls y Lockheed Martin. En otros sectores, como el de diseo y produccin de las armas nucleares, los nombres que estn en lo ms alto de la lista son algo menos conocidos: Babcock & Wilcox, Bechtel, Honeywell International y URS Corporation. Cuando pasamos al regln de los ensayos y el mantenimiento de armas nucleares, entre los contratistas estn Aecom, Flour, Jacobs Engineering y SAIC; y entre las firmas de los sistemas de seleccin de blancos y de gua estn Alliant Techsystems y Rockwell Collins.

Algunos pequeos ejemplos de contratos: en 2014, a Babcock & Wilcox se le asignaron 76,8 millones de dlares para trabajar en la mejora de los submarinos de la clase Ohio. En enero de 2013, a General Dynamics Boat Division se le adjudic un contrato de 4,6 millones de dlares para disear y desarrollar un submarino disuasorio estratgico de nueva generacin. Es posible encontrar ms informacin de contratos corporativos relacionados con armas nucleares en el informe ICAN, que tambin da los nombres de bancos y otras instituciones de inversin y financiacin vinculadas con las corporaciones del armamento nuclear.

Muchos estadounidenses ignoran que buena parte de la responsabilidad del desarrollo, produccin y mantenimiento de las armas nucleares no est confiada al Pentgono sino al Departamente de Energa (DOE, por sus siglas en ingls), que gasta ms en armas nucleares que en el desarrollo de fuentes sostenibles de energa. Para el proyecto nuclear del DOE son claves los laboratorios federales donde se disean, construyen y prueban los artefactos nucleares. Entre ellos estn el Sandia National Laboratory de Albuquerque, New Mexico; el Los Alamos National Laboratory (LANL) de Los Alamos, New Mexico; y los Livermore National Laboratories de Livermore, California. Estos, a su vez, reflejan una constante en los asuntos de la seguridad nacional: los llamados sitios GOCO (propiedad del gobierno pero operados por contratistas privados). En los laboratorios, este sistema representa una delegacin en las corporaciones de las polticas de disuasin nuclear y otras estrategias vinculadas a estas armas. Mediante contratos con URS, Babcock & Wilcox, la Universidad de California y Bechtel, los laboratorios de armas nucleares estn en gran medida privatizados. Solo el contrato del LANL llega a los 14.000 millones de dlares. Del mismo modo, la instalacin nuclear de Savannah River, de Aiken, South California, donde se fabrican cabezas nucleares, est dirigida conjuntamente por Flour, Honeywell International y Huntington Ingalls. Su contrato con el DOE, que funcionar durante todo 2016 llega a los 8.000 millones de dlares. En otras palabras, en estos aos en los que hemos visto el crecimiento de la corporacin blica y una significativa privatizacin de las fuerzas armadas y la comunidad de la inteligencia de Estados Unidos, en el mundo del armamento nuclear se ha ido dando un proceso similar.

Adems de los contratistas nucleares de primera lnea hay cientos de subcontratistas, algunos de los cuales dependen de la subcontratacin para la mayor parte de sus negocios. Cualquiera de ellos puede tener entre 100 y varios centenares de empleados trabajando en componentes especiales o en sistemas; con su peso en las comunidades locales, estos subcontratistas ayudan a empujar los programas de modernizacin nuclear mediante sus representantes en el Congreso.

Una de las razones de que la rentabilidad del armamento nuclear sea tan extremadamente alta es que la Administracin Nacional de la Seguridad Nuclear (NNSA, por sus siglas en ingls) del Departamento de Energa, responsable del desarrollo y la operacin de las instalaciones de armas nucleares del DOE, no supervisa a los subcontratistas, lo que a su vez dificulta el control de los contratistas de primera lnea. Por ejemplo, cuando el Proyecto de Supervisin Gubernamental present una solicitud de informacin sobre Babcock & Wilcox, el subcontratista encargado de la seguridad en el complejo nuclear Y-12 de Oak Ridge, Tennessee, la NNSA respondi que no tena informacin acerca de ese contratista. En ese entonces, B&W estaba a cargo de la construccin de una instalacin de procesamiento de uranio en Y-12. A su vez, B&W subcontrataba las labores de diseo a otras cuatro firmas y no se ocup de fusionarlas ni de supervisarlas. Esto dio lugar a un diseo impracticable, que solo fue desechado despus de que los subcontratistas recibieran 600 millones de dlares algo inservible. El caso de Oak Ridge, en el pasado mayo, a su vez, puso en marcha un informe de la Oficina de Responsabilidad Gubernamental para el Congreso que sealaba que esos problemas eran algo endmico en las instalaciones de armas nucleares del DOE.

Los lobbyistas nucleares

Los dlares provenientes de los impuestos federales gastados en el mantenimiento y desarrollo de armamento nuclear son un componente importante del presupuesto de Estados Unidos. A pesar de que es difcil precisarlo, las sumas gastadas rondan los cientos de miles de millones de dlares. En 2005, la Oficina de Responsabilidad Gubernamental inform de que cuando se trata del costo del sector nuclear ni siquiera el Pentgono tiene cifras exactas; tampoco existe algn tipo de presupuesto separado que responda al rengln de las armas nucleares. El anlisis de los presupuestos del Pentgono y del Departamento de la Energa, de la Administracin Nacional de la Seguridad Nacional (NNSA), como el de la informacin extrada de la documentacin del Congreso acerca de esta cuestin sugieren que, entre 2015 y 2018, Estados Unidos gastar por lo menos 179.000 millones de dlares para mantener la trada nuclear actual misiles, bombarderos y submarinos y las armas nucleares asociadas a ella, en tanto comienza el proceso de desarrollo de sus reemplazos de prxima generacin. La Oficina del Presupuesto del Congreso proyecta que el costo de las fuerzas nucleares en el perodo 2015-2024 ser de 348.000 millones de dlares es decir 35.000 millones por ao, de los cuales el Pentgono gastar 227.000 millones de dlares y el departamento de Energa 121.000 millones.

De hecho, en realidad el precio del mantenimiento y desarrollo del arsenal nuclear es mucho mayor que cualquiera de esas estimaciones. Si bien esos guarismos incluyen la mayor parte del costo directo de las armas nucleares y los sistemas estratgicos de lanzamiento como los misiles y submarinos, as como la mayora de los costos del personal militar responsable de mantener, operar y ejecutar las misiones, no incluyen muchos otros gastos, entre ellos los derivados de la retirada del servicio de las armas caducadas y del de deshacerse del material declarado inservible. Tampoco incluyen las pensiones ni el costo de los cuidados mdicos asociados con el retiro de sus operadores.

En 2012, un informe de una comisin de alto nivel dirigida por el ex visepresidente del Estado Mayor Conjunto, general James Cartwright concluy que no se ha presentado ninguna razn sensata en favor del uso de las armas nucleares para solucionar ninguno de los principales problemas que enfrentamos en el siglo XXI [entre ellos] amenazas de pases fuera de la ley, estados fallidos, proliferacin [sic], conflictos regionales, terrorismo, ciberguerra, crimen organizado, trafico de drogas, desplazamientos de refugiados por conflictos armados, epidemias o cambio climtico. De hecho, en ltima instancia podra decirse que antes bien se han convertido en parte del problema que en alguna solucin.

Lgicamente, para el conjunto de las corporaciones implicadas en los programas nucleares de Estados Unidos, esto carece de importancia. De hecho, mantienen en activo elaboradas operaciones de lobbying para apoyar la continuacin de contratos de fabricacin de armas nucleares, En un estudio de 2012 realizado para el Centro de Poltica Internacional, Bombs vs. Budgets: Inside the Nuclear Weapons Lobby, William Hartung y Christine Anderson informaron de que, en relacin con las elecciones de ese ao, los 14 principales contratistas donaron cerca de tres millones de dlares directamente a los legisladores del Congreso. No debe sorprender que la mitad de esta suma fuera a parar a los miembros de las cuatro comisiones o subcomisiones claves que controlan el gasto destinado a las armas nucleares.

En 2015, la industria de la defensa moviliz un pequeo ejrcito de por lo menos 718 lobbyistas y reparti ms de 67 millones de dlares para presionar en el Congreso para conseguir incrementos en el gasto relacionado con las armas. Entre los principales contribuyentes estaban las corporaciones con importantes contratos para armas nucleares, entre ellos Lockheed Martin, Boeing y General Dynamics. Estas presiones pro-nucleares se vieron ayudadas por contribuciones y presin por parte de las empresas relacionadas con los misiles y los aviones que, en principio, no son del ramo nuclear. Sin embargo, algunos de los sistemas que producen estas empresas son de uso dual (convencional y nuclear), es decir, un vigoroso programa de armamento nuclear ampla su mercado potencial.

La presin continua de los legisladores republicanos para recortar los programas sociales en Estados Unidos es un mecanismo decisivo para asegurar la disponibilidad de fondos federales provenientes de los impuestos para que sean destinados a los lucrativos contratos militares. Para los 35.000 millones de dlares anuales o ms que el contribuyente estadounidense pondr en ese armamento satisfaciendo as los mezquinos intereses de un reducido nmero de empresas, el beneficio es el miedo a un futuro apocalptico. Despus de todo, a diferencia de los grupos de presin del resto de corporaciones, el de las armas nucleares (y del mismo modo los dlares del contribuyente de EEUU) pone en riesgo de rpida extincin la vida en la Tierra, ya sea por la destruccin directa producida por un holocausto atmico o por la drstica reduccin de la luz solar que llega a la superficie terrestre como consecuencia de una especie de invierno nuclear que seguira a un enfrentamiento nuclear. De momento, el complejo de las corporaciones nucleares est escondido entre nosotros, sus asignaciones presupuestarias y fondos blindados contra el escrutinio pblico y sus proyectos apenas percibidos. Esta es la frmula para el desastre.

Jonathan Alan King es profesor de biologa molecular en MIT y presidente de la Comisin por la Abolicin Nuclear de la organizacin Peace Action de Massachusetts.

Richard Krushnic fue gerente de prstamos inmobiliarios y analista de contratos de vivienda y negocios del Departamento de Desarrollo Barrial de Boston. Hoy da est trabajando en desarrollo comunitario en Amrica latina.

Fuente: http://www.tomdispatch.com/blog/176047/



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