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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-10-2015

Sala de mquinas

Beln Gopegui
Diagonal


Llegaron poco a poco. Saban cosas. Eran gente decente. Procuraban actuar con justicia. No abusaban. Repartan. Acogan. Queran evitar la catstrofe. No se aprovechaban de sus cargos. Paliaban la agona y la desolacin de muchos y, quiz con menor frecuencia, de muchas. Escuchaban. Alentaban multitud de iniciativas hermosas en cubierta. Contenan la corrupcin. Frenaban el despilfarro. Promovan un reparto ms equitativo de los cuidados.

Al mismo tiempo, cada da, en el barco se alimentaba la caldera porque haca mucho fro. La lea estaba hecha con pedazos de la vida de las personas. Por lo general, eran las personas quienes pedan ser enviadas por partes a la caldera. Preferan la explotacin, el fuego, antes que morir de fro lentamente. Y la caldera impulsaba el barco hacia la catstrofe.

Detengmonos, se oa decir. Pero si lo hacemos, cada vez ms gente morir.

No obstante, a veces, la caldera cesaba en su actividad. Y aumentaba el fro.

El pasaje bailaba, corra por la cubierta, durante horas se senta mejor y ms feliz produciendo su propio calor. Pero despus el fro se meta en el cuerpo y haca dao. Hasta que alguien deca: no temis, fogoneros, no vamos a impediros echar lea, os necesitamos. La caldera segua funcionando.

El barco avanzaba contra el iceberg. Haba quien culpaba a los fogoneros. Si echasen menos lea, habra calor suficiente, el barco se movera ms despacio y tal vez hubiera un modo de maniobrar para evitar la colisin. Los fogoneros replicaban que con poca lea la caldera no se encenda. Cierto que les gustaba obtener mucho beneficio de la caldera, pero si obtuvieran poco, la caldera no se pondra en marcha. Aunque algunos exageraban, no mentan: la caldera slo funcionaba as.

Llegaron poco a poco. Lo cambiaron casi todo. Cuando la crisis se extendi de tal modo que ya eran mayora quienes moran de fro pese a tener encendida la caldera que empujaba el barco hacia el iceberg, algunos y algunas dijeron que no entregaran su vida como lea. No alimentaran la caldera.

Pero moriremos! No, contestaron. Aunque lo hemos cambiado casi todo, nunca hemos querido tocar la caldera. Tenemos que destruirla y hacerla de nuevo. Funcionar con otro sistema. Habr pequeas fuentes de calor distribuidas. No sern propiedad de los fogoneros sino que todo el pasaje ser su dueo.

Fuente: https://www.diagonalperiodico.net/culturas/27821-sala-maquinas.html



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