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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-10-2015

La guerra de los relatos: desde el 15M

Jos Segovia Martn
Rebelin


Una de las lecciones sociolgicas que podemos extraer desde el nacimiento del 15M es que la voluntad popular donde residen los imaginarios heterogneos de democracia, libertad o igualdad puede ser secuestrada en cualquier instante. Solo hace falta un relato y un gran altavoz.

Quienes controlan los altavoces ya lo saban. A saber, que la Historia, siempre a nuestra espalda, se desgaita por hacernos llegar sus infinitos relatos, mientras un viento supersnico nos empuja a bordo de una actualidad eterna, cuyo destino pareciera nico, absoluto, inequvoco. Que apenas hay tiempo de echar la mirada atrs para entender un presente que ya es cosa del pasado.

Sin embargo, quienes desde hace mucho han manejado los altavoces conocen bien la Historia porque, entre otras cosas, se han encargado de contarla o -si se prefiere- de fabricarla. Y como tampoco era nuevo aquello de una protesta en la calle, quienes dirigen los altavoces saban tambin con qu relatos se seguira como siempre, con qu relatos se cambiara todo para que nada cambiara y con qu otros nada volvera a ser igual.

Por supuesto saban que el sistema entero, con sus relaciones de poder, se sostiene en un cuento bien contado, del cual emanen ideas, valores y moralejas con las que el pueblo comulgue para el mantenimiento de un cierto tipo de orden social. Y es por eso, y no por otra razn, que desde aquel 15 de mayo pudimos explicar el 15M como una herramienta eficaz para agitar la conciencia crtica y sealar las graves deficiencias de nuestro sistema democrtico y econmico, mientras que desde quienes soportan la lite meditica comenz a alimentarse el escepticismo y el miedo, en el mejor de los casos. Desde el principio, un contra-relato intentaba convencer de que aquel cuento disonante y diferente, tantas veces contado a lo largo de la Historia, no servira de nada. Lo que esta vez comenzaba a inquietarles es que el relato redactado en las plazas estaba llegando a mucha gente y competa con el relato hasta entonces contado. Y eso s que era peligroso. Ergo haba que desmentirlo.

Aunque muchos lo hayan olvidado, adems de ineficaz y fallido, desde los sectores ms conservadores se calific al 15M de fantico, antisistema o violento, muy a pesar de que sobre el terreno, jornada tras jornada, se constataran irreprochable y tenazmente las aspiraciones pacficas y solidarias de la mayora de los participantes. Pero, cul era el objetivo del relato anti-indignados? Acaso analizar las carencias del movimiento como herramienta para mejorar la sociedad? Reflexionar sobre las causas que hicieron posible tales niveles de rechazo a los partidos y las instituciones? Moleste o no, si miramos hacia atrs comprobamos que, desde un inicio, esa crtica analtica la abordaron fundamentalmente los medios de comunicacin alternativos y sin lugar a dudas, con ms decisin que nadie, la sociedad civil y el propio 15M en sus asambleas.

Muy lejos de ese estilo, el aparato meditico en el que se sostienen los grandes partidos polticos y las instituciones modernas marc una clara distancia con los indignados, aplicando diferentes estrategias, ya estuvieran basadas en el descrdito, la descalificacin o simplemente dando un espacio sobredimensionado a crticas sobre carencias que en forma alguna eran exclusivas de un movimiento ciudadano. No obstante, por momentos, todava se permitan cierta afinidad y la oposicin se realizaba con mucho cuidado y tiento, porque la simpata de la ciudadana por los indignados segua siendo alta y an habran de sondearse intentos retorcidos por atribuirse sus ideas. No hay que olvidar que la sociedad cambia tambin en la medida que -aunque fuera solo por puro afn electoralista- los partidos del rgimen asimilan polticas de alternativas que empiezan a restarles demasiada intencin de voto.

Y en efecto, el tiempo pas y emergieron opciones polticas llamadas a encarnar algunas de las ideas del 15M. Cerca o lejos de la esencia original del movimiento indignado, el caso es que los partidos polticos que bebieron del mismo se presentaron como antagonistas de los partidos tradicionales. De entre todas estas encarnaciones polticas, la que ms apoyo ha obtenido hasta la fecha, restando un nmero significativo de votos al resto de opciones, es Podemos. Si para los menos pragmticos el 15M en s mismo ya haba servido para extender una mayor conciencia crtica y apoderar al pueblo, para los escpticos y los resultadistas, gustase o no, ahora haba una consecuencia directa en forma de representacin poltica, lo que evidenciaba que en efecto algo haba cambiado. Resulta curioso observar que desde entonces nadie ms volvi a contar el viejo cuento de que el 15M, para bien o para mal, no haba servido de nada. Casi podemos fijar la fecha exacta de la defuncin de ese relato.

Pero la guerra de los relatos es la historia interminable. Y extinguida la posibilidad de seguir contando el cuento de la nulidad, otros alegatos se hicieron ms constantes en la tradicin oral y escrita contra los indignados, ya fueran ciudadanos independientes o estuvieran organizados como partido poltico, movimiento ciudadano o asociacin. La guerra fue ganando en ardides y tecnicismos.

Para que un contra-relato tenga xito no siempre vale con lanzar invectivas o clasificar con adjetivos ms o menos insultantes. Hay tambin que utilizar algunos recursos estilsticos de tal manera que lo que se dice parezca verosmil, independientemente de que sea cierto. De todos los recursos utilizados en los ltimos tiempos, quiz el que mejor se ha sabido explotar es la sincdoque. Tomando la parte por el todo, unas cuantas ideas de los indignados se asimilaron a modelos fracasados, infundiendo duda o miedo ante propuestas para un orden social poco, algo o muy diferente.

As las cosas, al tiempo que una oleada nunca antes vista de protestas y propuestas surcaba Espaa y muy especialmente Madrid, una resaca ideolgica nunca antes vista iba asociando dichos movimientos a inseguridad, violencia, irresponsabilidad, catstrofes econmicas, estados dictatoriales o terrorismo. El relato indignado y el relato anti-indignado haban definitivamente marcado sus espacios, declarndose una guerra abierta, poniendo en marcha la propaganda, con muy diferentes estilos, intentando justificar cambios legislativos desde muy diferentes estratos de la sociedad y en clara desigualdad de medios. Y en el desenlace, cmo no, los cambios legislativos llegaron, materializando las ideas de una fbula cuya moraleja fue denominada Ley de Seguridad Ciudadana, y que no hace mucho sali al mercado. Una fantstica obra literaria que mediante una rizada metfora transform hbilmente una mordaza en Ley.

Una de las lecciones sociolgicas que podemos extraer desde el nacimiento del 15M es que la voluntad popular sigue tendencias. Que los relatos marcan tendencias y las tendencias definen polticas. Que al relato ms honesto puede sobreponerse el ms retorcido. Que el relato ms aceptado es el relato ms ledo, el relato ms extendido. Y que para extender un relato se necesita un altavoz.

Pero no nos engaemos. Este mismo artculo que tiene usted entre sus manos no es ms que otro relato, una historia que bien podra no estar en lo cierto, una versin de la realidad, una alternativa. Sin embargo, lo diferencian el contenido y el altavoz.

Hoy, la mayora de los grandes medios de comunicacin carecen de la independencia suficiente como para que un relato verdaderamente antagonista tenga cabida en sus pginas. Informan donde veladamente opinan, donde veladamente defienden posiciones e intereses econmicos. Informan protegiendo dependencias, devolviendo favores. Y son los mayores altavoces del pas.

Hay miles de relatos poco ledos, poco contados, que tienen su momento, para luego de ser violados y tergiversados pasar a perder aceptacin entre la poblacin porque resultan comprometidos para quienes solo gustan de un cierto tipo de populismo, para quienes prefieren que no exista alternativa al relato hegemnico.

Es una guerra sin cuartel la de los relatos, pero una guerra desigual para los que cuentan solo con la voz de la gente y los medios de comunicacin independientes. Una batalla incansable por intentar equilibrar la balanza desde el olvido, por dar una oportunidad para otro tipo de discursos.

En Sol, por aquellos das, un ya famoso recordatorio rezaba as: la revolucin no ser televisada. No s si es del todo cierto, pero en cualquier caso parece evidente quin har todo lo posible por no contarla.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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