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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-10-2015

Un espejo donde mirarse

Marcelo Colussi
Rebelin

Material aparecido en la Revista Anlisis de la Realidad Nacional , del IPNUSAC, (Universidad de San Carlos de Guatemala), ao 4, edicin digital No. 81, septiembre de 2015.


Sntesis

En Venezuela se han producido cambios muy importantes en estos ltimos aos. En el medio de la marea neoliberal que barre el mundo, cuando la palabra socialismo haba salido de circulacin, el proceso poltico que comenz a vivir el pas caribeo fue una fuente de esperanza. Buena parte, por no decir la totalidad de la izquierda del mundo, mir hacia Venezuela como una luz en la tiniebla, una puerta que se abra. El preconizado Socialismo del Siglo XXI dejaba ver que la historia no haba terminado. Hoy, muerto ya el principal artfice de ese proceso, Hugo Chvez, el proceso bolivariano est en una encrucijada. No retrocedi hasta su reversin, pero tampoco avanz como proyecto revolucionario transformador. Analizarlo puede ser sumamente importante para quienes siguen creyendo que otro mundo es posible, otro mundo no regido por la lgica del capital, del mercado, de la guerra. Guatemala tiene muchas diferencias con Venezuela, pero tambin rasgos comunes, en tanto nacin latinoamericana. En tal sentido, la revisin crtica de la situacin venezolana puede darnos luces para nuestro pas.

Palabras claves

Revolucin, socialismo, capitalismo, petrleo, imperialismo, renta petrolera, culto de la personalidad.

______________

I

El proceso abierto por la llegada al poder Ejecutivo en 1998, del teniente coronel Hugo Chvez a travs de elecciones democrticas, cambi bastante el panorama en Venezuela, y en buena medida, en toda la regin latinoamericana.

Debe partirse por entender que no fue una revolucin popular, socialista, espontnea, como las que se dieron a lo largo del siglo XX en Rusia, China, Cuba, Vietnam o Nicaragua. En realidad fue un proceso sui generis donde un militar formado en el anticomunismo (paracaidista de los cuerpos de lite de las fuerzas armadas), sin preparacin marxista, profundamente cristiano, se mont en el descontento popular que vena dndose desde 1989 con el Caracazo (primera reaccin popular en toda Amrica Latina a los planes neoliberales que se venan aplicando, violentamente reprimido por el gobierno de Carlos Andrs Prez con una cauda nunca determinada de muertos que va de 2,000 a 10,000). As, retomando la ira popular ante ese estado de cosas, y con un mensaje moralizante, lleg a la presidencia.

A partir de un discurso centrado en la lucha contra la corrupcin, Chvez gan las elecciones y comenz a construir un proyecto nacionalista. Para sorpresa de todos, an de la misma poblacin que lo haba votado, rpidamente comenz a hablar de un nuevo socialismo, formulando la crtica del socialismo real, ya cado para ese entonces. Fidel Castro inmediatamente le tendi una mano -o ms bien aprovech la circunstancia de encontrar un aliado latinoamericano que le ayudara a salir del perodo especial-, con lo que el discurso chavista fue tornndose ms radicalizado, ms cubanizado. Pero nunca hubo un planteo estrictamente socialista.

En sus alocuciones -y en su prctica poltica- Chvez pona en un pie de igualdad las figuras de Ernesto Guevara y de Cristo, citando indistintamente la Biblia o un texto de Plejnov. l mismo dijo muchas veces explcitamente que no era marxista. Su plan de gobierno era una mezcla voluntarista de buenas intenciones, ms cerca de la socialdemocracia o la caridad cristiana que de un proyecto revolucionario. Lo cierto es que las circunstancias lo fueron convirtiendo en un lder increblemente popular, con gran arraigo dentro y fuera de su pas, siendo una figura meditica como pocas veces se dio.

II

Eso es, en definitiva, la llamada Revolucin Bolivariana: una indefinicin. Y as curs varios aos, con interesantes avances para el campo popular (mejoras en los niveles de vida a partir de una ms equitativa distribucin de la renta petrolera del pas), pero sin tocar nunca los resortes ltimos del capital. Muriendo, Chvez -que pas a ser figura sempiterna del proceso, abrindose forzosamente la pregunta de si puede haber socialismo basndose en el culto a la personalidad de un dirigente-, design sucesor.

Nicols Maduro, un ex sindicalista que proviene de las filas del Partido Socialista, fue el ungido. El Partido Comunista de Venezuela acompaa todo el proceso con una posicin crtica: acompaa, es parte, defiende la construccin de este experimento, sin haberse querido integrar plenamente al Partido Socialista Unido de Venezuela -el PSUV-, el cual en realidad es ms una maquinaria electoral que un verdadero partido revolucionario organizado de la clase trabajadora.

Hoy da la revolucin sigue en pie, aunque muy atacada (dbil?) en sus cimientos. Puede decirse que en Venezuela hoy se libra una guerra. Pero para ser exactos, hoy por hoy se acrecienta una guerra que, en realidad, se viene librando desde hace aos.

Seamos claros: la guerra en cuestin no es slo la situacin de ataque econmico a la que se ve sometido el gobierno de Nicols Maduro en este momento puntual. La guerra est desde el momento mismo en que Hugo Chvez puso en marcha un proceso en que se pretende tocar las estructuras de la sociedad.

La actual guerra econmica que sufre el proceso bolivariano no es sino la profundizacin de una lucha eterna que, siendo consecuentes con el anlisis del materialismo histrico, ha existido siempre en todos estos aos de intento de transformacin.

La guerra que vive la Revolucin Bolivariana, hasta ahora sin armas de fuego, no es muy distinta de la que padeci durante 64 aos Corea del Norte, durante 50 aos Cuba, durante 60 aos Palestina, durante 38 aos Irn. A pesar de amenazas, invasiones y una interminable batera de artilugios -en muchos casos s con armas de fuego- esos pases siguen ah. Se podr decir lo mismo de Venezuela en el futuro? Seguir ah?

Vale la pena preguntarnos, con un sentido crtico y constructivo!, por qu no se tomaron las precauciones elementales para librar esa guerra si se saba que el enemigo siempre ha estado y estar ah. En 15 aos que lleva el proceso, 840 mil millones de dlares generados por la renta petrolera pareciera que no fueron suficientes para fortalecer la transformacin iniciada con Hugo Chvez vivo. Por qu? Un proceso que se pretende socialista slo se puede fortalecer -dicho de otro modo: slo se puede ganar esta guerra- con ms socialismo, nunca con menos.

La lucha de clases, motor de la historia -en Venezuela y en cualquier parte del mundo- sigue estando al rojo vivo. Ahora, con estas iniciativas desestabilizadoras que est tomando la oligarqua nacional desde fines del 2014, centradas en la esfera econmica, la lucha cobra mayor fuerza; pero esto, si bien tiene caractersticas particulares, no es muy distinto en esencia de todos los ataques que ha venido sufriendo la Revolucin Bolivariana en su historia.

Si algo hubo en estos 15 aos de proceso bolivariano fue justamente pretender sentar las bases de un nuevo modelo, de una nueva sociedad. Evidentemente eso no es fcil. Y en estos momentos -es preciso reconocerlo con valenta para seguir creyendo en la utopa y continuar dndole forma- ese proyecto debe ser revisado con carcter crtico constructivo.

III

Es particularmente ms agresivo el ataque de la derecha ahora? Hay errores propios que se estn pagando? Hay una combinacin de ambas causas? Resulta imprescindible analizar a profundidad la situacin actual -conociendo la historia que le antecede- para buscar alternativas. No hacerlo podra llegar a significar el fin de esa hermosa utopa que llamamos socialismo del siglo XXI.

Y ah debe arrancar el verdadero anlisis crtico: qu es este socialismo?

Insistamos con la idea: un socialismo jaqueado slo podr vencer no con concesiones y titubeos, sino con ms socialismo. Cmo pudo reconstruirse la Unin Sovitica devastada por la terrible Segunda Guerra Mundial, para llegar a ser superpotencia pocos aos despus? Con ms socialismo. Cmo pudo Cuba soportar el perodo especial una vez desaparecida la Unin Sovitica? Con ms socialismo. Las concesiones y titubeos no llevan por buen camino.

No cabe ninguna duda que luego de dcadas de capitalismo salvaje, extinguido el campo socialista sovitico, las ideas de justicia social y lucha por un cambio revolucionario de la sociedad quedaron debilitadas. Las luchas de clases no terminaron (cmo podran terminar acaso, si son lo que mueve la historia?), pero el discurso conservador dominante intent pasar al bal de los recuerdos todo lo que tuviera que ver con socialismo, revolucin obrera y campesina, poder popular y socializacin de los medios de produccin, lucha antiimperialista.

Fue la llegada de Hugo Chvez a la presidencia de Venezuela lo que permiti desempolvar esos anhelos. El proceso que l iniciara revitaliz esas dormidas y muy golpeadas esperanzas. La historia, por supuesto, no haba terminado. El campo popular all sigui estando, resistiendo como pudo las polticas neoliberales, diezmado, desorientado en su lucha poltica.

Lo que sucedi en Venezuela sucedi igualmente en todos los puntos de Latinoamrica. En algunos pases hubo respuestas que podramos caracterizar como socialdemcratas, tibias, reformistas (Argentina con los Kirchner, Brasil con el PT, Chile con Bachelet, Uruguay con los ex tupamaros, Ecuador con Correa. Lo de Bolivia merece un captulo aparte, porque es el punto donde ms se avanz en la respuesta socialista y popular). De todos modos, ninguno de esos planteamientos jaque al sistema capitalista de su nacin ni al amo imperialista estadounidense.

El caso de Venezuela es una piedra en el zapato para Washington dadas las enormes reservas de hidrocarburos que atesora, botn que el imperio no va a perder. Ese pareciera el elemento principal a considerar para entender la situacin del pas caribeo; un gobierno nacionalista que quiere manejar autnomamente sus recursos, y si a eso se suma un presidente dscolo (Hugo Chvez) que puede tratar de diablo en la cara al primer mandatario de la primera potencia mundial, llamando a una unidad latinoamericana con un talante al menos no capitalista, el resultado es lo que vemos: el imperio muestra los dientes.

Ahora, despus de la cada del muro de Berln y la extincin del campo socialista europeo, desde hace ya unos aos los viejos ideales de socialismo volvieron a la palestra. Volvieron no slo en Venezuela, sino que se expandieron por el continente, en muy buena medida, de la mano de este proceso que se abri en el pas caribeo, y bajo la perspectiva de un nuevo socialismo, el del siglo XXI.

Pero resta por definirse qu es eso: no es el socialismo clsico? No es la concepcin forjada un siglo y medio atrs a partir de la lectura crtica de la economa capitalista que hicieron sus fundadores?

Seamos rigurosos: cul es, en definitiva, la ideologa que mueve este proceso esperanzador que se abri en la Repblica Bolivariana de Venezuela? En qu consiste exactamente el socialismo del siglo XXI? En realidad, nunca se lo defini en sentido estricto. Si es la intencin de formular una crtica a la burocracia y el verticalismo de las experiencias soviticas: bienvenido! La constatacin de la realidad venezolana nos muestra que las prcticas burocrticas, verticales y corruptas no desaparecieron en su dinmica. Y lo que resulta ms importante, definitorio si se quiere: la propiedad de los medios de produccin (de quin son realmente?), nunca fue transformada en su raz.

El economista venezolano Manuel Sutherland hizo notar que,

segn las Cuentas Nacionales, explicitadas por el Banco Central de Venezuela (BCV), el PIB privado (el porcentaje de la actividad econmica del pas en manos directas del empresariado) corresponde al 71% del total (ao 2010). En el ao de 1999 el PIB privado era de 68%. Es decir que, a pesar de las nacionalizaciones, el PIB sigue siendo mayoritariamente privado, y comparado con pases que nada tienen que ver con el comunismo como Suecia, Francia e Italia, donde el PIB es mayoritariamente pblico (estatal), el Estado venezolano no tiene en sus manos (salvo el petrleo) ningn resorte econmico importante de la economa ( Sutherland, 2013).

En otros trminos: el proceso de transformacin que se vive tiene como soporte ideolgico una mezcla algo ambigua de socialdemocracia, voluntarismo, caridad cristiana y, por all, algunos chispazos inspirados en el materialismo histrico. No hay dudas que algo est pasando, por eso la derecha (nacional e internacional) reacciona airadamente.

No hay duda que las clases populares, subalternas -el pobrero en sentido amplio, para decirlo con un trmino quiz no marxista- hoy da se sienten protagonistas de su propia historia. El poder popular, al menos en parte, comienza a ser un hecho: los negros de los barrios ahora entran triunfantes al Teatro Teresa Carreo, otrora un cono de la oligarqua verncula. Y donde quiera que se vaya est instalado el discurso popular.

En un pas acostumbrado por dcadas al espectculo meditico de la democracia (se votaba y se cambiaba el partido gobernante con una alternancia casi ensayada, pero no ms), ahora esa misma poblacin discute sus asuntos en asambleas comunitarias; una sociedad acostumbrada a la banalidad y a los concursos de belleza femenina, ahora pide cerrar los canales televisivos golpistas (como pas con Globovisin) y formar milicias populares armadas para defender su revolucin.

He ah los grmenes de lo que, si se potencia, puede ser una verdadera transformacin. Pero los resortes ltimos de la sociedad, la propiedad de los medios de produccin, siguen en manos de una de las clases enfrentadas a muerte con los productores reales de la riqueza: continan siendo de la burguesa! Si eso no cambia, el manejo estatal del petrleo no alcanza para crear esa nueva sociedad que se desea, la sociedad socialista. La guerra econmica actualmente vivida tiene su origen en esa dinmica, en esa contradiccin de base no superada todava.

En relacin a esto se preguntaba el Ministro del Poder Popular para la Cultura, Reinaldo Iturriza:

Respecto del gobierno, de nuestra responsabilidad, de la necesidad de reconocer nuestras incapacidades, cabra esperarse un ejercicio () [para ir] identificando lo que hemos hecho y lo que hemos dejado de hacer () . Identificar, por ejemplo, cundo y cmo permitimos que una nueva clase creciera al amparo de la revolucin, y cundo y cmo ella misma termin siendo un obstculo para liberarnos de las amarras de la economa rentista. Cmo y cundo, por accin u omisin, contribuimos a crear las condiciones para la aparicin del fenmeno del cadivismo * .

Por supuesto que dentro de las filas bolivarianas hay voces crticas. Quiz no todas las que debiera, pero las hay. En algunos, al menos, existe la intencin de preguntarse seriamente qu se hizo mal. Porque, siendo realmente revolucionarios, no puede pensarse que todos, absolutamente todos los problemas son consecuencia del accionar del enemigo. La CIA existe y complota, sin dudas; pero el campo bolivariano -e incluso el intocable comandante Chvez- pueden cometer errores. No debera ser la crtica continua un elemento que supere al burocrtico y anquilosado socialismo sovitico?

IV

Estas lneas en modo alguno pretenden ser una receta para corregir errores, pero s un honesto y transparente aporte para tratar de entender un poco ms lo que est pasando con la actual guerra econmica, que podra terminar frenando y haciendo caer el proceso.

Es slo la derecha la causante? Por supuesto que la guerra estuvo desde el primer da en que Chvez mostr que era algo ms que un militar golpista (igual que una amplia mayora de militares latinoamericanos). Hablar de socialismo despus de la Guerra Fra y del triunfo omnmodo del gran capital era una hereja. En Venezuela se comenz a hablar. Y se comenz, quiz con tibieza, a tratar de construirlo.

Ah comenzaron los primeros problemas: la derecha reaccion (as como sigue reaccionando ahora, por eso el golpe de Estado contra Chvez en el 2002, los sabotajes petroleros, los paramilitares, las guarimbas * * y toda la parafernalia de acciones que podrn venir en el futuro inmediato).

Pero la revolucin nunca tuvo claro (y parece que no lo tiene tampoco ahora) qu es eso del socialismo del siglo XXI. Que el enemigo de clase reaccione es lo esperable (por qu no habra de hacerlo?, pues la guerra no comenz con el mercado negro, la especulacin y el desabastecimiento actuales: la guerra es la lucha de clases, siempre presente desde que hay sociedades con propiedad privada). La otra parte del problema est del lado del movimiento bolivariano: hacia dnde se quiere ir realmente?

Si esto no est precisamente definido, ser difcil cuando no imposible, seguir caminando. El proyecto econmico de la revolucin es algo incierto, confuso incluso: es socialista? Es socialdemcrata? Capitalista con rostro humano? Control obrero de la produccin o asistencialismo gubernamental? Alguna vez el presidente Chvez ponder lo que l llam Mtodo Chaz-Az de resolucin de conflictos, en alusin a una negociacin que l mismo, en persona, mantuvo con el hacendado Carlos Azpura con motivo de la nacionalizacin de su propiedad ganadera en 2005. Negociacin dentro de los mrgenes de la empresa privada, con la garanta de un gigante poltico como Chvez, al que, pareciera, nada se le poda cuestionar, y mucho menos ahora, erigido ya en figura casi mtica (despus de su muerte comenz a llamrsele Comandante Supremo). Pero para un planteo socialista, es posible, o ms an: es deseable un proyecto de esas caractersticas, de resolucin amistosa de conflictos? Dilogo con el enemigo? Es para pensarlo. Qu puede salir de ah? Esa indefinicin, este cuestionable modelo asentado finalmente slo en las espaldas del Comandante que decida todo, no es sostenible. Alguna vez Fidel Castro, acompaando al presidente Chvez en una gira dentro de Venezuela y viendo cmo ste se ocupaba de resolver todos y cada uno de los detalles que cada ciudadano se acercaba a plantearle, le dijo sabiamente: Chico, no puedes ser el alcalde del pas! . Quiz es hora de comenzar a cuestionar crticamente mucho de lo hecho hasta ahora. El culto a la personalidad nunca es aconsejable. No era eso, entre otras cosas, lo que se deba superar en relacin al burocratizado socialismo sovitico?

V

Digmoslo claramente: en los 15 aos de proceso bolivariano no hubo una clara poltica econmica socialista. Se podra alegar que no era posible, por razones poltico-coyunturales, levantar banderas del socialismo clsico hoy. En un mundo globalizado por los grandes capitales y con Washington a la cabeza, sin campo socialista como reaseguro, tal como lo tuvo Cuba en su momento, es imposible.

Puede ser, pero ello abre la pregunta respecto a qu se ha estado construyendo estos aos. Lo cual lleva a conclusiones inexorables: 1) la economa, y el Estado que la administra, siguen siendo capitalistas. Y, no menos importante, 2) no se sali del rentismo petrolero. He ah un cuello de botella ineludible. Superar eso es la clave para ganar la guerra econmica. O, dicho de otro modo, para profundizar, de una buena vez por todas, la revolucin y construir el socialismo.

El rentismo petrolero constituye, quiz, el principal nudo gordiano. Valga retomar y profundizar la tesis de Juan Pablo Prez Alfonso (padre de la OPEP, como se le conoce): El petrleo hay que sacarlo de la economa, porque su presencia interfiere toda la actividad econmica y lo peor, obnubila las conciencias, destruye al individuo (Moraria: 2015).

En Venezuela toda actividad econmica productiva choca con el petrleo, el dios todopoderoso que todo lo puede, sin coto ni medida. La renta petrolera no se debe repartir: se debe dejar guardada igual que estaba cuando era petrleo.

Prez Alfonso deca que el petrleo es como una alcanca de la cual slo se puede sacar, pero no se le puede meter. Hay que sacar slo lo indispensable. A lo que se saca hay que darle utilidad como ahorro, no como gasto pblico ni menos como incentivo de la economa. La economa debe ser altamente productiva, no rentista; debe defenderse por sus propios medios, por sus propios mecanismos, por su propio dinamismo y no por la muleta de la renta petrolera.

Existe en Venezuela una economa ficticia, por cuanto todo, absolutamente todo est subsidiado. La construccin del socialismo, en tanto modelo de una sociedad de justicia donde todos producen y todos igualitariamente reciben una parte de esa riqueza social, no puede basarse en una dispendiosa chequera que subsidia todo, tal como vino haciendo el proceso bolivariano estos aos.

Los noruegos   siguieron las recomendaciones de Prez Alfonso y son la economa ms fuerte de Europa, sin las angustias de los dems pases de la Unin Europea, con reservas por 900 mil millones de dlares. Por qu no hizo lo mismo la Revolucin Bolivariana?

El analista econmico Claudio Katz (2006), citando a Modesto Guerrero, dijo con precisin: En Venezuela no faltan dlares. Lo que est en juego es el destino de la renta petrolera. Expresado de otro modo: en el pas no faltan recursos, de ningn modo. La cuestin est en cmo se reparte esa renta.

Histricamente la riqueza generada por la produccin qued mayormente en manos de la clase dirigente: una burocracia petrolera y el empresariado nacional (agrcola, industrial, de servicios), o retornaba a las casas matrices de las corporaciones multinacionales que operan en territorio venezolano. Muy buena parte de esa renta iba destinada a un consumo en cierta forma irracional, suntuario: est barato, deme dos!.

Con el proceso bolivariano ello no cambi sustancialmente, pero s en parte la forma en que se reparta, por cuanto comenz a llegar algo ms a los desposedos de siempre. Por eso la derecha reaccion (por razones ms viscerales, ideolgicas, que econmicas). De todos modos, los mecanismos ltimos de la economa (la propiedad de los medios productivos) no se expropiaron. Y lo mismo pas con el sistema financiero.

Sucede hoy que ese sistema, el capital bancario, es el que ms se beneficia del ingreso petrolero y de la produccin general del pas. Las divisas con que cuenta Venezuela terminan pasando por el sistema financiero privado, que es el que finalmente marca el ritmo de la economa. En tanto el Estado siga en esa dependencia, est atado de pies y manos.

El asistencialismo que permiti la renta petrolera en estos ltimos aos (Chvez me regal la casa es el ejemplo arquetpico) no construye socialismo. La ddiva no es socialista, as como la llamada cooperacin internacional (USAID, Unin Europea, JICA, etc.) no coopera ms que con quien la da.

Por otro lado, ese asistencialismo descansa en una dadivosa chequera, pero no en un genuino crecimiento econmico. As no se puede construir la sociedad socialista! La derecha puede hacer la guerra porque tiene servida en bandeja las facilidades con qu hacerla.

Citando una vez ms a Sutherland :

Lo que sucede en la Repblica Bolivariana de Venezuela es la fuga de capitales, la fuga de dlares fundamentalmente; eso se da junto o a travs de la importacin fraudulenta con el control de cambios. En Venezuela, desde el 2003 al 2013 se han fugado ms de 150 mil millones de dlares; eso equivale al 50% del PIB y hace que la moneda venezolana siga perdiendo valor, se deprecie y lamentablemente el gobierno no ha estatizado el comercio exterior (que es lo que como marxistas proponemos, la estatizacin de la banca y del comercio exterior) sino que ha respondido haciendo emisiones monetarias inorgnicas, es decir, imprimiendo ms dinero, presionando sobre los precios y que haya inflacin (Sutherland, 2013).

Con todas esas medidas, que no son socialistas, quien se perjudica finalmente es la gran masa de asalariados, el pobrero de siempre.

Por otro lado, la edificacin de una sociedad nueva, con dignidad para todos, sostenible y respetuosa del medio ambiente, no se puede hacer sobre la base de la monoproduccin, de la venta de petrleo, quedando el pas en dependencia casi absoluta de la industria y la tecnologa extranjeras, incluida tambin la seguridad alimentaria.

Ello es una bomba de tiempo con la que, de ningn modo, es posible edificar una nueva sociedad alternativa. Si an persiste una extendida cultura consumista y el cono nacional continan siendo las reinas de belleza con implantes de silicona (hasta hubo un intento de crear una Misin para dotar de pechos plsticos a las mujeres que no podan pagarlos!), eso descansa en la cultura rentista desarrollada por casi un siglo. Construir algo alternativo sobre un socialismo petrolero, como se lleg a decir, abre ms interrogantes que las soluciones que aporta.

La guerra econmica actual existe, como parte de un ataque constante que sufre el pas, y de ningn modo se le puede restar importancia a las estrategias de desestabilizacin que hay tras ella.

Basten palabras de James Clapper, Director Nacional de Inteligencia de Estados Unidos en su Informe sobre Venezuela / 2012, para graficarlo de modo ms que elocuente: Explotar la alta inflacin del pas, la carencia de alimentos, la escasez de energa y los galopantes ndices de delincuencia. (Lanz Rodrguez:2015)

No hay dudas que se deben poner las barbas en remojo. La experiencia de Chile, en 1973, es un pattico recordatorio de lo que podra esperarle a la Revolucin Bolivariana.

Se produjo la angustia de la escasez, el pas estaba sacudido por oleadas de rumores contradictorios que alertaban a la poblacin sobre los productos que iban a faltar y la gente compraba lo que hubiera, sin medida, para prevenir el futuro. Se paraban en las colas sin saber lo que se estaba vendiendo, slo para no dejar pasar la oportunidad de comprar algo, aunque no lo necesitaran. Surgieron profesionales de las colas, que por una suma razonable guardaban el puesto a otros, los vendedores de golosinas que aprovechaban el tumulto para colocar sus chucheras y los que alquilaban mantas para las largas colas nocturnas. Se desat el mercado negro. (Allende, I. en TeleSur:2015)

As describe Isabel Allende la crisis preparatoria del golpe de Estado de Pinochet / CIA en su pas. Cuatro dcadas despus, lo que sucede en Venezuela es casi un calco de aquel escenario.

La guerra est abierta, es candente y urge tomar medidas para frenarla. De ello depende el destino de la revolucin en esta coyuntura. Pero tambin es imprescindible ver, pensando a futuro, que es consecuencia de no controlar las palancas ltimas del pas.

Una revolucin bonita, no violenta, amparada en un mtodo? como el Chaz-Az, abre enormes interrogantes. Hasta cundo se podrn seguir manteniendo los programas asistenciales? Qu pasar ahora con la baja de los precios internacionales del crudo, manipulados por las potencias occidentales del Consenso de Washington justamente para desestabilizar a Venezuela (junto a Rusia e Irn)?

Ahora que el desabastecimiento y el mercado negro campean, sin llegar todava a ser el Chile del ltimo perodo de Salvador Allende, pero recordndolo, es urgente retomar aquella imagen que nos legara Rosa Luxemburgo en 1918 cuando analizaba la revolucin bolchevique:

No se puede mantener el justo medio en ninguna revolucin. La ley de su naturaleza exige una decisin rpida: o la locomotora avanza a todo vapor hasta la cima de la montaa de la historia, o cae arrastrada por su propio peso nuevamente al punto de partida. Y arrollar en su cada a aquellos que quieren, con sus dbiles fuerzas, mantenerla a mitad de camino, arrojndolos al abismo. (Luxemburgo:1918)

En sntesis: el socialismo slo puede mejorarse con ms y mejor socialismo!

Marcelo Colussi es psiclogo y Licenciado en Filosofa e Investigador del IPNUSAC

 

Bibliografa

Born, Atilio (2004 a) "La izquierda latinoamericana a comienzos del siglo XXI: nuevas realidades y urgentes desafos"; Material disponible en www.rebelion.org. Visitado el 4/10/14.

Born, Atilio (2004 b) "Actualidad del 'Qu hacer?'"; Material disponible en: www.rebelion.org. Visitado el 25/11/14.

Caballero, M. (1988) "La Internacional Comunista y la revolucin latinoamericana", Caracas: Editorial Nueva Sociedad.

Colussi, M. (compilador) (S/F) "Sembrando utopa. Crisis del capitalismo y refundacin de la humanidad". Edicin digital en Revista Albedro. Material disponible en: http://www.albedrio.org/htm/documentos/vvaaSembrandoutopia.pdf. Visitado el 2/6/15

Iturriza, R. (2015) "Guerra econmica: novedades en el frente" Material disponible en https://elotrosaberypoder.wordpress.com/2015/01/20/guerra-economica-novedades-en-el-frente/. Visitado el 11/4/15

Katz, C. (2006) "El porvenir del socialismo". Caracas: Monte vila Editores.

Lanz Rodrguez, C. (2015). "Desabastecimiento programado: motor principal de la estrategia rollback". Material disponible en http://www.aporrea.org/contraloria/a201655.html. Visitado el 27/1/15.

Luxemburgo, R. (1918) "La revolucin rusa". Edicin digital disponible en http://www.tiemposcanallas.com/la-revolucion-rusa-rosa-luxemburgo-1918/. Visitado el 6/4/15

Moraria, L. (2014) "La guerrilla de La Azulita. (Leyenda y realidad). Circunstancias histricas de la lucha social en Venezuela y su trascendencia en la llamada Revolucin Bolivariana (1958-2013)". Caracas: Ediciones Leonardo Moraria.

Rodrguez Elizondo, J. (1990) "La crisis de las izquierdas en Amrica Latina". Caracas: Editorial Nueva Sociedad.

Sutherland, M. (2013) "La burguesa en Venezuela: Especulacin, poca industria y escasas empresas en manos del Estado". Material disponible en http://www.irteen.net/la-burguesia-en-venezuela-especulacion-poca-industria-y-escasas-empresas-en-manos-del-estado-por-manuel-sutherland/. Visitado el 25/7/15.

TeleSur (2015). Citando a Allende, I: "La guerra econmica se repite". Material disponible en: http://www.telesurtv.net/analisis/Venezuela-y-Chile-La-Guerra-Economica-se-repite-20150127-0014.html. Visitado el 5/2/15.

Varios autores (1999) "Fin del capitalismo global. El nuevo proyecto histrico". Mxico: Editorial Txalaparta.


[email protected] , https://www.facebook.com/marcelo.colussi.33


* CADIVI ( Comisin de Administracin de Divisas ) es el ente encargado del manejo de las divisas en el pas. Si bien hay un estricto control cambiario, existen diversas maneras de burlar el mismo, siendo CADIVI (el cadivismo) el ncleo del problema, por burocratismo y malos manejos. La fuga de capitales es un problema muy serio en la economa venezolana.

** Guarimba: trmino popular que designa movilizaciones callejeras, barricadas, disturbios. La derecha, asesorada por la CIA y la NED, ha realizado infinidad de ellas para desestabilizar al gobierno.



Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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