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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-10-2015

Gambito ruso en Siria

Vijay Prashad
The Hindu

Traduccin por S. Segu.


La entrada en juego de las fuerzas armadas rusas parece dirigida a la vez a proteger los intereses de Mosc en el oeste de Siria y presionar a Ankara y Riad para que controlen a sus milicias asociadas.

En la primera jornada de la 70 sesin de la Asamblea General de las Naciones Unidas, el presidente estadounidense, Barack Obama, y el presidente ruso, Vladimir Putin, se dirigieron a la asamblea. Obama habl durante el doble de tiempo que tena asignado, pero hubo pocas novedades en su discurso. Y al final aadi, inquietantemente: En ninguna parte est siendo puesto a prueba nuestro compromiso con el orden internacional ms que en Siria. El antdoto a esta puesta a prueba lleg en una frase: Estados Unidos est dispuesto a colaborar con cualquier nacin, incluyendo a Rusia e Irn, para resolver el conflicto. Eso fue todo. Sugera as que la poltica occidental hacia Siria haba fracasado, que era necesario otro enfoque.

Putin no ofreci muchos detalles sobre una direccin alternativa, pero s propuso otra visin de las cosas. La crisis central en Asia Occidental, adelant, fue el surgimiento del Estado Islmico (IS, por sus siglas en ingls). Y lo que propici el surgimiento de IS, argument, fue la invasin ilegal de Iraq en 2003. Es ahora evidente que el vaco de poder creado en algunos pases de Oriente Prximo y Norte de frica llev a la creacin de bolsas de anarqua que, de inmediato, comenzaron a llenarse de extremistas y terroristas. Putin pide una resolucin del Consejo de Seguridad de la ONU que ponga en claro cul es el principal enemigo en Iraq-Siria. Con ello ha pillado a Occidente con el pie cambiado.

Armamento militar, tropas y asesores rusos han entrado en Siria para establecer bases en la provincia occidental de Latakia. Estos soldados llegaron con la misin declarada de hacer frente a IS. Mientras tanto, en el otro extremo de Siria, el ejrcito iraqu ha informado de que va a compartir informacin de inteligencia sobre IS con Rusia e Irn.

En febrero de 2012, cuando el conflicto en Siria acababa de empezar a tomar un sesgo brutal, el embajador ruso ante la ONU, Vitaly Churkin, pidi al diplomtico finlands Martti Ahtisaari que llevase un mensaje a las capitales occidentales. Los rusos, dijo Churkin, estaran dispuestos a negociar un acuerdo entre el gobierno y la oposicin, que poda incluir la eventual retirada de Bashar al Assad. Segn afirm recientemente Ahtisaari, Occidente rechaz el acuerdo. Parecan no conformarse con menos que la humillacin y la cada del gobierno de Assad. Su lema en ese momento era Assad debe irse. Tres aos ms tarde, Assad sigue controlando los centros urbanos ms importantes de Siria, aunque es mucho ms dbil. Pero en muchos aspectos Assad ya se ha ido. El apoyo militar de la milicia libanesa Hezbol, Irn y Rusia deja en claro que el ejrcito sirio ya no es capaz de mantener sus posiciones ante los rebeldes de IS.

IS ha hecho saber, con firmeza, que no est dispuesto a negociar. Ser preciso socavar su base de apoyo para que sus seguidores menos ideologizados se dispersen. Para ello, ser esencial la presin sobre Turqua para que cierre su frontera y sobre los jeques rabes del Golfo para que pongan fin a su financiacin individual a destacadas redes jihadi.

Los ejrcitos de la sombra

El ejrcito de Assad no ha actuado directamente contra IS. Sus enemigos estn ms cerca, son los ejrcitos de las milicias afines a Turqua (Ahrar as-Sham) y a Arabia Saudita (Jaish al-Islam), as como el feroz afiliado de al-Qaeda (Jabhat al-Nusra). La entrada de Rusia en Siria tampoco afectar directamente a IS. Entre las tropas rusas y ste hay una franja de terreno en manos de los citados ejrcitos afines. La reaccin de Riad y Ankara ante la eventualidad de un enfrentamiento de sus representantes con los rusos revelar el futuro rumbo de accin en Siria. La entrada de las tropas rusas persigue a la vez proteger los intereses de Mosc en el oeste de Siria y presionar a los poderes regionales para que controlen a sus fuerzas asociadas. Si pierden sus protectores externos estos grupos se desvanecern. He ah, probablemente, el gambito ruso. Mosc no quiere que se repita la humillacin afgana y tiene el objetivo de utilizar su presencia militar para impulsar un proceso diplomtico entre los adversarios regionales de Siria: Turqua y Arabia Saudita.

Lo que es cierto es que la narrativa sobre Siria que mantienen los pases rabes del Golfo, Turqua y Occidente se ha derrumbado. Los extremistas controlan ahora la lucha. Es una situacin peligrosa que ha permitido el crecimiento de IS, en s mismo un producto de la guerra ilegal de 2003 contra Iraq. La expansin de IS amenaza la integridad de Turqua y su poltica interna. El caos se ha extendido a Europa a travs de la crisis masiva de refugiados. Rusia e Irn han puesto sobre la mesa una nueva narrativa: concentrarse en la destruccin de IS y de la franquicia de al-Qaeda Jabhat al-Nusra. Es una narrativa cada vez ms atractiva, incluso en las capitales occidentales.

Pero an as la narrativa rusa es, no obstante, limitada. Tiene que reconocer que sea cul sea el gobierno que se forme a partir del alto el fuego entre Assad y las fuerzas militares delegadas ser un gobierno de base amplia de todo el pueblo sirio. Es fundamental una mayor generosidad. Es esencial ms democracia. Es preciso tener ms imaginacin hacia Siria, que necesitar generaciones de energa para reconstruirse del caos creado por una guerra peligrosa y equivocada.


Fuente original: http://www.thehindu.com/opinion/columns/russias-syria-gambit/article7707958.ece#sthash.Ezxx4C6Y.dpuf



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